No es fácil hacerse de amigos en este mundo virtual en el que uno bucea a veces como en las aguas de un opaco océano para encontrar uno que otro individuo estimable en medio de la variedad de inmundicias que va dejando la resaca humana. Blogueros y otras especies que sólo persiguen influencia, celebridad o poder. Y fallidos don juanes que utilizan su blog como anzuelo para sorprender mujeres que serÃan incapaces de conquistar de otro modo.
Pero cuando topamos con alguien real allá en el fondo, nos damos cuenta de que no es necesario verse cara a cara con una persona para intuir cómo es y congeniar espontáneamente con ella.
Eso me ha sucedido con Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1966). Sólo nos hemos encontrado en la red pero, a mà en lo particular, los bien escogidos textos que publica en su blog, El Baile de los Silenos, y los contados correos electrónicos que he intercambiado con él me bastan para desear su simpatÃa y amistad.
Sé que es Profesor Titular de FilologÃa Latina de la Universidad de Cádiz y que ha dedicado los últimos veinte años a la investigación universitaria, sobre todo en el ámbito de la literatura latina de los siglos XV y XVI. Tiene varios libros publicados en ese campo, el último de los cuales es una traducción moderna al Libro de Proverbios que el sacerdote y humanista italiano Polidoro Virgilio escribió en latÃn hace ya unos quinientos años. Actualmente, por encargo de la editorial Akal, prepara la traducción española de los Adagia de Erasmo de Rotterdam.
Sé también que en sus ratos de ocio cultiva la poesÃa y el relato y que, como verán ustedes al leer el texto que les presentaré en seguida, no lo hace nada mal aunque ninguna editorial se ha puesto a mirar todavÃa con suficiente detenimiento su obra de ficción. El relato forma parte de una novela corta que escribió hace tiempo y que aún permanece inédita. Ojalá alguno de los varios editores que leen este blog tomen nota y se pongan en contacto con él.EL REY DE LOS GALLOS
Facundo GarcÃa soñaba con ganar la Copa Estival del concurso de pesca que cada año coronaba la fiesta de la patrona, pero un asunto de amores prohibidos lo obligó a embarcarse en un carguero rumbo a La Habana. Allà lo pescó en un casino una mulata, tremenda mulata, que lo sedujo primero con el dardo de sus ojos gatunos y después con sus labios rellenos de caramelo. Facundo sintió vértigo al verse mecido por las aguas enloquecidas de la mulata y, temiendo naufragar en medio de un mar bravÃo, optó por dejarse llevar como un leño a la deriva. El calor húmedo de la isla, el abrazo arrullador de los danzones y el aguardiente de caña hicieron el resto. Tres meses más tarde, la mulata lucÃa una diadema de pedrerÃa, herencia de su abuela, en la cumbre de un velo blanco salpicado de diminutas margaritas. Facundo vestÃa traje blanco, camisa blanca, calcetines blancos y zapatos blancos. Sobre tanta blancura, corbata y pañuelo rojos y un bigotito negro que crecÃa en libertad.
Del altar del matrimonio al canastillero de santerÃa sólo mediaron unas semanas. La mulata llenó la casa con amuletos y fotografÃas de familiares difuntos, y organizó una sesión de desvarÃo y convulsiones, donde un negro espigado se dejó poseer por el orisha de un muerto cercano. La mulata hizo de intérprete de la jerga criolla que proferÃa el médium, pero sólo alcanzó a ver a un gallo con blanco plumaje.
No se equivocó el orisha. Un compatriota andaluz de Facundo le propuso participar en la exportación a las Antillas de gallos de pelea criados en Jerez de la Frontera. Su trabajo era sencillo: hacer el seguimiento de los gallos viajeros, controlándolos desde que desembarcaban hasta que llegaban a manos del comprador. DebÃa pesarlos, medir su altura y complexión, por ver si en la travesÃa del Atlántico se habÃa producido alguna merma, y controlar la alimentación y la monta de gallinas. Facundo no sólo ganó buenos pesos, sino que se granjeó la amistad de los propietarios de las grandes galleras. Su éxito fue tal, que lo titularon el Rey de los Gallos. Y el rey se enseñoreó de las salas de baile y de los prostÃbulos más selectos de la isla.
Pero la vida disipada del Rey de los Gallos fue efÃmera, pues su mujer y su jefe no dudaron en cortarle las alas fugándose juntos a Miami con buena parte de los ingresos de la empresa. El Rey de los Gallos perdió el tÃtulo y volvió a ser Facundo GarcÃa. Buscó las palmaditas en las galleras, pero ya no habÃa razón para adularle; requirió a las prostitutas en los casinos, pero éstas pasaban a su lado como sombras intangibles. Cuentan en la isla que dejó La Habana y se fue en dirección al sureste, y que su rastro se perdió en la ciénaga de Zapata.
Años más tarde un conocido que acababa de regresar de Cuba trajo noticias de Facundo. VivÃa cerca de Trinidad, en un bohÃo en la playa, junto con una vieja negra pescadora de langostas. De España apenas le quedaban vagos recuerdos. Sin embargo, a la hora de la despedida, preguntó a su paisano, con la mirada perdida en las aguas azules, si aún se celebraban bailes en la playa después del concurso de pesca.


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Querido Antonio, mil gracias no sólo por la publicación de mi cuento en tu blog, sino, especialmente, por el cariño con el que hablas de mÃ. Es todo un gesto de generosidad. Gracias.
Enhorabuena por tu blog Antonio. Créeme, si digo, que lo anoto como un punto donde siempre encontraré las justas referencias, para llegar a ese paÃs al que llaman Lucidez. Todo un abanico de ideas, musas, y aprendizajes, se desprenden de tus páginas, de forma agradable y amena. Enhorabuena.
Un saludo,
Eduardo Flores.
Puerto Real,
Cádiz.
Muchas gracias, Eduardo, por tu comentario. Son palabras que animan. Un abrazo
Conocà El Baile de los Silenos a través de Los convidados y desde el primer dÃa es una de mis visitas imprescindible de cada noche a los blogs amigos.
El blog de Antonio Serrano es de los mejores que conozco, pero además coincido contigo en que además de sus cualidades con la pluma, es, estoy segura, como decimos en AndalucÃa “buena gente”
Por cierto, despues de no se cuantos meses recorriendo librerias y de intentar me lo localizaran en varias de las grandes, al final, hace dos dÃas La casa del libro me ha conseguido Troya al atardecer, que por cierto ha debido estar desde que salió en una estanterÃa y llegó todo amarillito… este fin de semana, me pongo con él.
Un fuerte abrazo.
Último post en el blog de…Triana…Fátima Fernandez Mendez. ¿Donde empieza el maltrato?
Triana querida, gracias por los trabajos que te tomaste con Troya al Atardecer. Lo amarillito debe de ser porque a la estanterÃa donde estaba le pegaba el sol. Si fue el del atardecer será, siguiendo el pensamiento griego, un buen omen para su lectura. Ojalá te guste. Espero tus comentarios.
Un gran beso
Si, son palabras que animan sobretodo a aquellos que estan fuera de su paÃs. Y naturalmente de vez en cuando entra un poco de nostalgia…