Traducciones del griego de Luis González de Alba.
Escrito por: admin en PoesÃa griega contemporáneaEl texto de Odisseus Elytis originó un alud de correos entre los que destacan varios de mi compatriota, colega y muy querido amigo Luis González de Alba (Charcas, Mexico, 1944), quien al escribirme señala la correcta grafÃa y pronunciación del nombre del ganador del premio Nobel de la literatura de 1979: Odiseas ElÃtis, me insiste él.
Luis González de Alba fue miembro destacado del Consejo Nacional de Huelga, que encabezó el movimiento estudiantil en México a fines de los sesentas, y por eso testigo ocular de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. Fue aprehendido ahà mismo, en Tlatelolco, y encarcelado en el siniestro Palacio de Lecumberri donde escribirÃa lo que para mà es el mejor testimonio de aquellos hechos, la novela “Los dÃas y los años”.
Además del genero novelÃstico, Luis González de Alba cultiva el análisis polÃtico, el ensayo histórico y el de divulgación cientÃfica. Sus colaboraciones en los diarios mexicanos le hicieron acreedor al primer Premio Nacional de Periodismo en el año de 1997.
El sabroso material que nos ha enviado incluye, aparte de su propia traducción, versiones estrictamente fonéticas de los poemas en griego para apreciar mejor su musicalidad. Todo ello será motivo de futuras publicaciones en esta página. Por lo pronto nos estrenamos con su traducción a un bello poema de Konstantinos Kavafis (AlejandrÃa, 1863-1933) que el mismo Luis ha escogido, nos dice, “por breve, emotivo y náuticoâ€.
SÚPLICA
El mar en sus profundidades tomó a un marino.
Su madre, sin saber, va y planta
a la Virgen enfrente una alta vela
para que vuelva pronto y tenga buenos tiempos;
y todo hacia el viento alza el oÃdo.
Pero mientras reza y suplica ella,
la imagen escucha, seria y triste,
sabiendo que no volverá ya el hijo que espera.
Continuamos con Las Trompetas del Apocalipsis, poema en prosa de Tasos LeivadÃtis (1921-1988), quien, después de combatir en la Resistencia contra la ocupación alemana de Grecia durante la segunda Guerra Mundial, sufrió persecución, exilio y cárcel con los gobiernos de post-guerra hasta su muerte en Atenas en 1988.
LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS
Algún dÃa destruiré todos estos manuscritos que dejó sobre mi mesa el diablo y de los que me apropié sin vergüenza –y sólo aquel que pasó de noche muchas veces el mismo camino, sólo aquel supo que no existió jamás camino
y si continúo viviendo es porque no quiero olvidar o salgo con un hacha a la puerta hacia la gloria de mi siglo –con frecuencia llegaba una mujer a mi recámara, todo retenÃa algo como de inocencia, luego escribÃamos en un papel nuestro nombre y lo tirábamos por la ventana (quizá era la hora en que pasaba la fama).
Ahora la mujer habrá envejecido como la madre* o el acorazado Potemkin, en las esquinas los borrachos con las botellas en la boca como las trompetas del Apocalipsis y la nieve que cae sin ruido desde la mañana como si alguien estuviera sacudiendo el borrador de la vieja escuela…
Y mi amigo Ignacio llegaba a las horas más variables, pobre pero notorio, con frecuencia a cambio de pequeña gratificación representaba al muerto en algún teatro ambulante –aquella noche en cuanto hubimos salido hacia un bar, “bebes como ángel†le digo, “¿cómo lo supiste?†se hizo el sorprendido, reÃ, “sé aún más, le digo, como por ejemplo: cuántos porteros tiene el Infierno y cuántas putas Novorozinskiâ€, bebimos toda la noche, “¿escuchas esa excelente música?†le pregunté, “no es música, me dice. Yo destruyo mi vida.â€
Pues bien, ¿quién era Ignacio? pero y quién no se equivoca o quién no se doblegó con los años. Y de verdad, ¿qué sabemos de nosotros mismos? Vivimos en el azar y el peligro, y cada dÃa nos desgasta, asà que poco abajo de nuestro nombre no estará nadie (y sólo el anonimato nos conserva lejos de mitos y pillajes) –no obstante hoy desperté con un destino más bello, y aquella mujer en el parque tan afligida que la seguÃan las Estaciones y más atrás llegaban como pequeñas alas los manuscritos de los poetas que murieron jóvenes, antes que llegara la gloria –también yo debà admitir mi culpa para salvar quizá algo más acerca de mÃ, por eso ya me veis aquà en la esquina de la calle, listo cada instante para atenderos—
un pequeño expedicionario de lo inaccesible en los siglos olvidados…
¿Recuerdas? Tu padre estaba muerto en el féretro –tú algo buscabas y entraste a otro cuarto, sola, te seguÃ, por la ventana abierta llegaba el aroma del jardÃn (oh, estaremos muertos y la primavera volverá otra vez y otra vez) –te me acerqué, me miraste a los ojos y entonces te besé, te besé por todos los años que pasarán, por todas las esperanzas que se perderán, te besé y te sostuve encima de mà –y como poco antes habÃas abrazado para despedirte al muerto, tus cabellos olÃan
eternidad…
Y luego una noche encontré a mi hermano el muerto, sentado en una esquina lloraba, “¿qué tienes?†le digo, “¿por qué no volvió don Mario a casa?†me dice, era un viejo maestro de violÃn con un chistoso gabán, “no le habÃamos pagado, mi niño, le digo –nos arruinamosâ€, luego como si se enojara, agarró con sus dos manos el autobús y lo levantó en alto, “mira lo que puede un muerto†pensé con asombro, al fin, mientras volvÃa comenzó a llover, “por esto fue crucificado cristo†dije dentro de mà e hice mi cruz.
En cuanto a las enfermeras limpiaban con aplicación los dormitorios, no obstante yo estaba siempre triste, “maté la eternidad, doctor†decÃa, el médico reÃa, “no ocurren tales cosas†decÃa, “ocurren doctor†le digo y le narré las desdichas de mi tÃa, se llamaba Buena Voluntad, finalmente salmodiamos todos juntos el “a la buena voluntad de los hombresâ€** –desde entonces amo los dÃas de invierno que son breves o me metamorfosean en héroe (para evitar los peligros verdaderos) asà también detrás de nuestras más desenfrenadas acciones se esconde el odio a nosotros mismos, ¿qué nos hizo culpables? nadie lo sabrá,
ah, amigos mÃos, vivimos en un sueño que no se verificará sino únicamente dentro de otro sueño, no obstante de noche los astros tienen siempre algo turbador que decirnos, y el homicida levanta con frecuencia su mano
como una mujer su seno marchito.
Finalmente nadie veÃa aún la terrible advertencia, murciélagos se colgaban arriba del lavabo, los mohos se comÃan poco a poco las paredes y sólo Dorotea*** se daba con audacia a los de paso –el más deplorable no obstante era el tercero, “¿por qué me persiguen?†preguntó, “y no obstante yo velaba†dijo otra vez como si fuera eso una coartada, porque existen cosas que esperas por años y otras que ocurren al instante, determinando para siempre tu vida y como soy precavido, por las noches arreglo las palabras con los otros fantasmas –y de pronto el reloj se detuvo, yo me encontraba en el sótano, “¿por qué bajé aquÃ?†dije tranquilamente.
Pero no habÃa nadie que respondiera…
*la madre, si bien con minúsculas y sin diversa tipografÃa, es de seguro La Madre, novela de Gorki que todo comunista leÃa (y, en efecto, ha envejecido). El Acorazado Potemkin (o Potiomkin), pelÃcula muda de Einsenstein, fue otro hito del comunismo universitario.
**Como el Kyrie Eleyson, parte de la misa ortodoxa.
***Dorotea significa “regalo de Dios  que se ofrece a los de paso.
Traducción del griego y notas: Luis González de Alba

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