Posts Tagged “William Shakespeare”

Antes que nada, pido disculpas a los lectores de Los Convidados por haber abandonado este blog durante los √ļltimos meses. Las vicisitudes de una nueva novela, de la que apenas estoy terminando la primera de dos partes, m√°s el ajetreo de otros trabajos por desgracia ya no tan ligados al quehacer literario me han mantenido lejos de esta p√°gina, pero vuelvo ahora con la intenci√≥n de mantenerla viva.
festiparola-1.jpg picture by antoniosarabiaNada mejor que reabrir el gusto por la buena prosa con una colaboración de Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), sin duda una de las figuras más destacadas de la nueva narrativa hispanoamericana.
Sergio se ha distinguido, adem√°s de por la excelencia de su trabajo literario, por su incansable actividad en la vida pol√≠tica de su pa√≠s. Encabez√≥ el grupo de los doce intelectuales y empresarios nicarag√ľenses que se unieron en 1977 para derrocar a Anastasio Somoza. Acto seguido, al triunfo de la revoluci√≥n sandinista, Sergio ocup√≥ la direcci√≥n del Consejo Nacional de Educaci√≥n en el nuevo gobierno y, m√°s tarde, la vicepresidencia de la rep√ļblica.

cartelliberaapalabra.jpg picture by antoniosarabiaSu obra ha recibido numerosos premios literarios entre los que se cuentan, en 1988, el Hammet por Castigo Divino; el Laure Bataillon a la mejor novela extranjera, Francia 1998, por Un Baile de Máscaras; el Alfaguara 1998 y el José María Arguedas 2000 por Margarita está Linda la Mar.
En su más reciente novela, El Cielo Llora por Mí, Sergio Ramírez aborda, a través de una trama policiaca, temas tan actuales como la integración de los guerrilleros a la vida civil de un país y sus posteriores relaciones con el poder y el narcotráfico.
Con Sergio Ram√≠rez hemos coincidido en un par de ocasiones durante los √ļltimos meses. A principios de mayo fue en el Festival de la Palabra, de San Juan de Puerto Rico, y en el reciente junio en la III Bienal Internacional de escritores en Santiago de Compostela. En el primero Sergio tuvo a su cargo una de las charlas magistrales del evento y, en el segundo, particip√≥ con el texto que ha tenido la generosidad de ceder a Los Convidados y que ahora reproducimos m√°s abajo. Gracias, Sergio, por tu deferencia. Hasta pronto. Lee el resto de esta entrada »

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Comments 13 Comentarios »

OspinayAS.jpg picture by antoniosarabiaWilliam Ospina (Padua, Colombia, 1954) y yo somos amigos, hermanos, si ese lazo existe fuera de la consanguineidad, desde hace m√°s de quince a√Īos. Un verso suyo, del poema Lope de Aguirre, ‚ÄĚDonde los hombres solos, desprendidos del barco de los siglos, aprenden a ser crueles, / a combatir el cielo a dentelladas, a recelar en el amor la emboscada‚ÄĚ, titul√≥ una novela m√≠a El Cielo a Dentelladas.¬†Cuando nos conocimos yo apenas empezaba a publicar y William, a pesar de ser bastante m√°s joven que yo, ya era reconocido como uno de los m√°s brillantes exponentes de la nueva poes√≠a hispanoamericana. Me lo present√≥ √Ālvaro Mutis en una feria del libro de Guadalajara, M√©xico, y nuestra conversaci√≥n de aquella noche se prolong√≥ muchas horas despu√©s de que √Ālvaro se hubo retirado, hasta ya bien entrada la ma√Īana. No ha sido la √ļnica de nuestras charlas que ha visto nacer el sol. Y no es s√≥lo porque a veces pase el tiempo sin vernos y luego tengamos mucho que contarnos. William es uno de los mejores conversadores que conozco. No s√© de nadie que se sepa m√°s poemas de memoria y que los traiga a cuento cuando vienen tan al caso. Adem√°s de su cultivada inteligencia, de su asombrosa sensibilidad po√©tica y de su visionaria imaginaci√≥n, su talento para versificar llega a extremos prodigiosos.
En una ocasi√≥n, hace ya varios a√Īos, nos encontramos una ma√Īana en la feria del libro de Madrid.¬†A mediod√≠a nos sentamos, acompa√Īados de nuestra mutua y querida amiga la editora colombiana Ana Cristina Mej√≠a, ante una botella de Ribera del Duero y una hilera de tapas en una las muchas tabernas que bordean el parque de El Retiro. William me entreg√≥ entonces un libro que me hab√≠a tra√≠do de Bogot√°. Se trataba de Veinte Sonetos de su tocayo William Shakespeare que reci√©n hab√≠a √©l traducido y que le acababa de publicar la revista N√ļmero. Cuando se dispon√≠a a poner la dedicatoria yo detuve su mano con una broma: ‚ÄúWillie, le dije, ese es un libro de sonetos, ah√≠ no cabe m√°s que un soneto‚Äú. √Čl me mir√≥ sin decir palabra, dej√≥ la pluma de lado, pensativo, apur√≥ un nuevo trago de vino y ante mi azoro tom√≥ otra vez el libro y escribi√≥:

Yo sé bien que te había prometido
Antonio, en estas líneas un soneto,
no sé por qué razón ni con qué objeto
ni sé si esto se verá cumplido.

Pero estoy intent√°ndolo, el sentido
es menos importante a nuestro objeto
que la monotonía del sonido
para salir, cual Lope, del aprieto.

A estas alturas la cosa ya esta seria
pero como tu vas para la feria
bajo el sol madrile√Īo tan radiante

sé que harás de mis yerros poco caso;
la versión es morosa, vacilante,
y no ser√° de Shakespeare el fracaso.

Sarabia_Ospina_01.jpg picture by antoniosarabiaHace unos d√≠as, durante mi noche lisboeta, ya muy entrada la tarde en Bogot√°, le envi√© un email para decirle que deseaba tenerlo esta semana en Los Convidados y que me gustar√≠a mucho compartir aquella an√©cdota y el soneto madrile√Īo con los lectores del blog. Aunque el poema era m√≠o, √©l me lo hab√≠a obsequiado y la √ļnica versi√≥n escrita est√° en mi propia biblioteca, era consciente de que se trataba de un texto in√©dito suyo y no me atrev√≠a a usarlo sin su expreso consentimiento. Al abrir mi buz√≥n la ma√Īana siguiente en Lisboa, la madrugada en Bogot√°, me encontr√© con su respuesta:

Sólo un soneto, Antonio, no es suficiente. Creo
que hay que esforzarse un poco, y aquí lo estoy haciendo.
Pero el soneto in√ļtil que en esta tarde emprendo
es m√°s falaz, sin duda, m√°s endeble y m√°s feo.

No obtendrá de tu pluma ni hermenéutica loa
ni la ilímite fama que va a tientas buscando,
porque para las rimas ya no hay dónde ni cuándo,
ni en Bogot√°, ni en Soacha, ni en Sintra, ni en Lisboa.

Pasó el tiempo de Byron. Es la edad de la prosa.
Se va despetalando ya la lírica rosa
y cada vez el verso cae m√°s hondo y m√°s bajo.

Aunque tal vez… quien sabe… puede ser que m√°s tarde,
en Portugal, y a c√°ntaros, la musa nos aguarde
y nos abra la aurora del corazón de un Tajo.

william_ospina_grande.jpg picture by antoniosarabiaHoy, domingo dos de marzo, cumple William cincuenta y cuatro a√Īos.¬†No tengo para ofrecerle sino estos recuerdos en los que va impl√≠cito el testimonio de mi admiraci√≥n y afecto. En esta terraza que mira al Tajo levanto una copa de ese Ribera del Duero que tanto aprecia y brindo porque viva muchos a√Īos m√°s, aunque me mueva tambi√©n el ego√≠sta pensamiento de que as√≠ continuar√° llenando este planeta de versos tan inolvidables como los que aqu√≠ transcribo. Felicidades, querido amigo, salud, y que nos veamos pronto.

.

EL AMOR DE LOS HIJOS DEL √ĀGUILA

En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo ya est√°, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado ya tiemblan invisibles las ondas del estanque.
En mis labios ya est√°n, invisibles, tus labios

.

LA LUNA DEL DRAG√ďN

Habl√°bamos de los dones de la tiniebla,
de los amores muertos,
cuando se perfiló por el Oeste
el oro espeso de la media luna.
‚ÄúMira, es la luna del Drag√≥n‚Äú ‚Äďme dijiste.
Y los dos la miramos
como si algo terrible pesara sobre el mundo.

El hemisferio gris parecía lleno
de hondos presentimientos.
No había una estrella sobre el mar en calma
de humaredas y torres.

Nadie dijo: “Es la luz que hace al Dragón visible“.
Nadie dijo: “Es la casa donde el Dragón habita“.
Nadie dijo: “Es la luna que ampara a los dragones“.

Miramos simplemente el cuerno rojo,
la sobrehumana forma que doblega al cielo,
y pensamos acaso en los terrores
de la culpa y la fiebre.

‚ÄúS√≥lo es la Luna del Drag√≥n ‚Äďme dijiste.
Pero algo negro ascendió de mi infancia
y di gracias a Dios de no estar solo.

Seguimos en silencio
mientras las nubes negras cercaban en la hondura
aquel objeto de alta magia y belleza

-“Tal vez el nombre viene de las baladas celtas“.
-‚ÄúYo no s√© por qu√© pesa y aflige como un sue√Īo‚Äú.

Era la Luna del Dragón, y nadie
parecía comprenderlo.
Iban las multitudes bulliciosas, urgentes,
atentas s√≥lo a su peque√Īo misterio,
mientras sobre las hondas avenidas
un oro atroz vertía su inmortal influjo,
y algo terrible y bello batía sus alas rojas
como un polvo impalpable sobre las tristes tierras.

.

LOPE DE AGUIRRE

Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado.
Aparto con las manos los enormes ramajes,
Miro a solas las encendidas flores con forma de p√°jaros,
La extrema contorsión de la serpiente herida
Que las nubes parecen reflejar en el cielo.

Nada es piedad aquí, nada es dulzura.
¬ŅSi son crueles los monjes en los penumbrosos claustros de Espa√Īa,
Si son degolladores los reyes y envenenadoras las reinas
En sus artísticos salones llenos de lienzos y de lámparas,
Si son perversos los obispos y lascivos los papas
En la nube de m√°rmol de sus tronos romanos,
Si son despiadados los clérigos, que leyeron a Homero y a Séneca,
Si son salvajes los capitanes que comen la carne cocida,
Salpicada de jerez y de orégano,
Si bajo Europa entera a√ļllan las mazmorras,
Cómo puedo ser manso en estas tierras,
Ce√Īido por las selvas impracticables,
Lejos de esos palacios tapizados por la letra y la m√ļsica?

He decidido ser un tigre.
La selva invade el alma como un vino.
Aquí no hay bien ni mal sino el zarpazo,
La rauda flecha del halcón hacia la comadreja de aguas,
El estupor del conejo salvaje ante el bostezo de la enorme serpiente,
El salto de la hormiga roja escapando un instante de las fauces de la salamandra,
La innumerable y cíclica y recíproca voracidad
De la gran selva de oscuros dioses que se alimenta de sí misma como un dragón de fiebre.

El rey est√° muy lejos, gobernando sus yermos de Castilla,
Sus puertos que miran al √Āfrica, sus chambelanes obsequiosos,
Sus espejos prietos de cortesanos, sus olivares retorcidos como doctrinas,
Su orgullo salpicado de galeones, sus panoplias marchitas (en cada daga sangre de un viejo amigo)
Y la tierra gime de leones espa√Īoles desde el r√≠o Sacramento hasta los arrozales de Manila,
Desde las charcas f√©tidas del infierno hasta las √ļltimas plumas de los √°ngeles.
El rey es rey del mundo, pero la selva es mía,
Y ese ojeroso príncipe de piel de cera y manos puntiagudas
No podría avanzar con sus tacones de nácar por estos riscos de tristeza
Donde la carne pierde toda esperanza;
No podría aventar con sus abanicos de pavo real
En los h√ļmedos aires a estos mosquitos rojos que prodigan la fiebre,
No hundiría jamás sus tobillos lechosos
En los pantanos infestados de dientes.

Déjame a mí el palacio de estos atardeceres de tormento que se parecen a mi alma,
Donde bestiales tropas me adoran de miedo,
Donde debo mirarlos como un buitre para que no me maten,
Donde los √ļltimos √°ngeles de mi infancia se descomponen en las ci√©nagas tibias,
Donde los hombres solos, desprendidos del barco de los siglos, aprenden a ser crueles,
A combatir el cielo a dentelladas, a recelar en el amor la emboscada.

Selva monumental, aire de flechas s√ļbitas,
Humaredas que traen olor de extra√Īas carnes,
Ancianos indios extasiados de ojos amarillos
Que miran como reyes o santos las vacías regiones del cielo;
Y diente de jaguar para la suerte,
Y montones de rojas semillas maceradas que me harán fértil,
Y los senos oscuros que penden como frutos,
Y la rana que se hunde en su reflejo, y bóvedas de frondas meciéndose en el agua.

Descendemos gritando por los ríos violentos en barcazas pesadas de odio;
Sé que al darles la espalda, estos hombres me miran como perros,
Sé que estoy afilando el cuchillo que pasarán por mi garganta.

Hemos dejado un rastro de cadáveres desde las sierras de Mérida,
Por los llanos resecos, por las enloquecidas serranías,
Un rastro de caseríos en llamas, alaridos de madres ya sin destino,
Rostros atónitos debajo del agua que un remo empuja hacia el fondo,
Pero qué puedo hacer si la selva me ha trastornado,
Me reveló las bestias que habitaban mi carne,
Si sólo sé mandar y codiciar todo lo que pueda ser mío
Y aquí cada ramaje se opone a mis designios;
Qué puedo hacer sino amasar el oro de estos pueblos brutales,
Y ser el rey de sangre de estas tardes de l√°stima,
Y poner al tuc√°n de pico extravagante sobre mi hombro,
Y coronar de flores como incendios mi cabeza aturdida,
Y declarar la guerra a las escuadras imperiales que cubren los océanos,
Con esta voz que grita en la selva y que jam√°s los alcanza,
Y ser el rey de ultrajes de estos soldados rencorosos
Hasta que sus cuchillos se apiaden.

.

FRANZ KAFKA

Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al‚Ä® durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches m√°s con el √°ngel,
ven a contarme historias junto al fuego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere venderme
 un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que est√° oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y
 de laca,
¬Ņhacia d√≥nde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis manos,
y a lo lejos, atroces, los ca√Īones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus p√°ginas son de ceniza.
Milena, digo luego, tal vez t√ļ puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo
Pero ella se afantasma entre miles de seres escu√°lidos
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¬ŅEntonces es delirio todo esto? ¬ŅA qui√©n puedo llamar que me‚Ä® salve?
Su reino es de este mundo. Todos est√°n aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros.
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.
Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprender√°s que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber dónde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprender√°s qui√©n sostiene todo este sue√Īo.

Etiquetas: , , , ,

Comments 1 Comentario »