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	<title>Los Convidados &#187; traductores</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>Pavese a los cien años</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 10:42:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura Italiana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía italiana contemporánea]]></category>
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		<description><![CDATA[Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural. Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural.<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/pavese1-1.jpg?t=1221344825" alt="pavese1-1.jpg picture by antoniosarabia" /> Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por la literatura norteamericana marcaron para siempre su obra. Tradujo a Steinbeck, Dos Pasos, Hemingway y Faulkner, entre otros grandes autores estadounidenses junto al irlandés James Joyce por quien profesaba también una admiración sin límites. Sus lecturas y estudios sobre el mito, los símbolos y los arquetipos se volvieron una influencia recurrente en su trabajo. En 1930 se licenció en letras por la universidad de Turín con una tesis sobre Walt Whitman. En 1935 fue detenido por sus ideas políticas y desterrado al sur de Italia donde permaneció hasta su perdón en 1936. Pasó los últimos años de la segunda guerra mundial viviendo con la familia de su hermana en Serralunga &#8220;como un recluso en las colinas&#8221;. En 1945 ingresó en el partido comunista y en 1950, el 24 de junio, se le confirió el cotizado premio Strega por <em>The Political Prisioner</em>. El 27 de agosto de ese mismo año, víctima de una de sus habituales depresiones, Césare Pavese se quitó la vida en el hotel Roma de Turín con una sobredosis de somníferos. Le faltaban pocos días para cumplir cuarenta y dos años de edad. Algunos de sus trabajos más notables fueron publicados póstumamente.</p>
<p><span id="more-63"></span></p>
<p>Comenzamos este post con un poema que no podía faltar en la entrada, <em>Vendrá la Muerte y tendrá tus Ojos</em>, tal vez el más célebre de los escritos por Pavese. Pero es en <em>Los Mares del Sur</em>, otro gran favorito nuestro, donde mejor se observan su inclinación por el mito, la vuelta al pasado y los juegos de la memoria. En él hay también un guiño a una de sus novelas preferidas, una de las primeras que tradujo del inglés: <em>Moby Dick</em>.</p>
<p> </p>
<p>VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos <br />
esta muerte que nos acompaña <br />
de la mañana a la noche, insomne, <br />
sorda, como un viejo remordimiento <br />
o un vicio absurdo. Tus ojos <br />
serán una vana palabra, <br />
un grito callado, un silencio.<br />
 Así los ves cada mañana <br />
cuando a solas te inclinas<br />
 ante el espejo. Oh querida esperanza,<br />
 ese día sabremos aun nosotros<br />
 que eres la vida y eres la nada. <br />
Para todos tiene la muerte una mirada.</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.<br />
Será como renunciar a un vicio,<br />
 como observar en el espejo <br />
el resurgir de un rostro muerto,<br />
 como escuchar unos labios cerrados.<br />
 Mudos, descenderemos al abismo.</p>
<p> <br />
LOS MARES DEL SUR</p>
<p>Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,<br />
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo<br />
mi primo es un gigante vestido de blanco,<br />
que se mueve despacio, el rostro bronceado,<br />
taciturno. Callar es nuestra virtud.<br />
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo<br />
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-<br />
para enseñar a los suyos tanto silencio.</p>
<p>Mi primo me ha hablado esta tarde para preguntarme<br />
si subiría con él: desde la cumbre se avista<br />
en las noches serenas el reflejo del faro<br />
lejano, de Turín. &#8220;Tú que vives en Turín&#8230;&#8221;<br />
me ha dicho &#8230;pero tiene razón. &#8220;La vida hay que vivirla<br />
lejos del terruño: se aprovecha y se goza<br />
y después, al regreso, como yo a los cuarenta,<br />
se encuentra nuevo todo. Las Langas no cambian de sitio&#8221;.<br />
Todo esto me ha dicho y no habla italiano,<br />
sino que usa pausado el dialecto que, como las piedras<br />
de esta misma colina, es tan áspero<br />
que veinte años de idiomas y diversos océanos<br />
no le han limado. Y asciende la cuesta<br />
con la vigilante mirada que vi, de pequeño,<br />
en labriegos un poco cansados.</p>
<p>En veinte años le ha dado la vuelta al mundo.<br />
Se fue siendo yo un niño de brazos<br />
y le dieron por muerto. Después oí hablar de él<br />
a las mujeres, a veces, como una leyenda;<br />
los hombres, más serios, lo olvidaron.</p>
<p>Un invierno a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta<br />
con un gran sello verdoso de barcos en un puerto<br />
y votos por una buena vendimia. El estupor fue grande,<br />
pero el niño crecido explicó ávidamente<br />
que la postal venía de una isla llamada Tasmania,<br />
rodeada de un mar azulísimo y de escualos feroces<br />
en el Pacífico, al sur de Australia. Añadió que sin duda<br />
pescaba perlas el primo. Y arrancó el sello.<br />
Todos opinaron y todos concluyeron<br />
que, si aún no estaba muerto, moriría.<br />
Después lo olvidaron y pasó mucho tiempo.</p>
<p>Oh, desde que jugaba a los piratas malayos<br />
cuánto tiempo ha pasado. Y, desde la última vez<br />
que bajé a bañarme en un sitio mortal<br />
y tras un compañero de juegos monté en un árbol<br />
quebrando sus ramas y le rompí la cabeza<br />
a un rival y fui vapuleado,<br />
cuánto ha acontecido. Otros días, otros juegos,<br />
otros arrebatos de la sangre ante rivales<br />
más escurridizos: los pensamientos y los sueños.<br />
La ciudad me ha enseñado infinitos pavores:<br />
una multitud, una calle me han hecho temblar,<br />
un pensamiento espiado alguna vez en un rostro.<br />
Siento aún en los ojos la burlona luz despectiva<br />
de millares de lámparas sobre el gran barullo de pasos.</p>
<p>Mi primo volvió, terminada la guerra,<br />
gigantesco, entre los pocos. Y tenía dinero.<br />
Los parientes decían por lo bajo: &#8220;en un año, a lo sumo,<br />
lo disipa todo y se larga de nuevo.<br />
Los desesperados acaban así&#8221;.<br />
Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró un local de cemento<br />
en el pueblo e hizo prosperar un garaje<br />
con una flamante pompa para aprovisionar gasolina<br />
y un gran anuncio bajo la curva del puente.<br />
Después puso un mecánico dentro a recibir el dinero<br />
y recorrió las Langas enteras fumando.<br />
Entretanto se había casado en la aldea. Desposó a una muchacha<br />
grácil y rubia como las extranjeras<br />
que de seguro había encontrado algún día por el mundo.<br />
Mas salía aún solo. Vestido de blanco,<br />
con las manos en la espalda y el rostro bronceado,<br />
iba de mañana a las ferias y con aire burlón<br />
adquiría caballos. Después me explicó,<br />
al fracasar el proyecto, que su plan consistía<br />
en suprimir todas las bestias del valle<br />
y obligar a la gente a comprarle motores.<br />
&#8220;Mas la bestia más grande de todas, decía,<br />
he sido yo al pensarlo. Debería saber<br />
que aquí bueyes y gentes son una misma raza&#8221;.</p>
<p>Llevamos andando más de media hora. La cima está cerca,<br />
el fragor y el silbido del viento aumentan de tono.<br />
Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: &#8220;este año<br />
escribo en el cartel: -Santo Stefano<br />
ha sido siempre el primero en las fiestas<br />
del valle de Belbo- y que digan lo que quieran<br />
los de Canelli&#8221;. Reanuda después el ascenso.<br />
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,<br />
algunas luces distantes: chozas, automóviles<br />
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza<br />
que me ha restituido a este hombre, arrancándolo al mar,<br />
a las tierras lejanas, al silencio que dura.<br />
Mi primo no habla de los viajes cumplidos.<br />
Dice lacónico que ha estado en tal lugar o en tal otro<br />
y piensa en sus motores.</p>
<p>Sólo un sueño<br />
le ha quedado en la sangre: una vez se embarcó<br />
como fogonero en un barco de pesca holandés, el Cetáceo,<br />
y vio volar al sol los pesados arpones,<br />
y huir las ballenas entre espumas de sangre<br />
y perseguirlas y alzarse las colas y luchar con la lancha.<br />
Me lo evoca a veces.</p>
<p>Pero cuando le digo<br />
que está entre los afortunados que han visto la aurora<br />
sobre las islas más bellas de la tierra,<br />
sonríe ante el recuerdo y responde que el sol<br />
se levantaba cuando el día era ya viejo para ellos.</p>
<p>Traducciones del italiano de Antonio Sarabia</p>
<p> </p>
<p>Nuria Ruiz de Viñaspre, desde <em><a onclick="window.open('Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/','','');return false;" href="Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/">El Rascacielos</a></em>, y Antonio Serrano Cueto, desde <em><a onclick="window.open('http://antonioserranocueto.blogspot.com/','','');return false;" href="http://antonioserranocueto.blogspot.com/">El Baile de los Silenos</a></em>,<img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/premio-al-esfuerzo-personal.png?t=1221388784" alt="premio-al-esfuerzo-personal.png picture by Laurenblog" /> han tenido la bondad de otorgar, ambos al mismo tiempo, a <em>Los Convidados</em> el <em>Premio al Esfuerzo Personal 2008</em>. Ella &#8220;por la profundidad y la poesía&#8221;, él por considerarlo &#8220;la literatura con mayúsculas&#8221;. Lo acepto por venir de dos colegas a quienes aprecio y respeto. La distinción me obliga a mencionar a los otorgantes y vincularlos con un enlace (ya está hecho), a reproducir la imagen del premio y a entregarlo a mi vez a otros cinco blogs que a mi juicio se lo merezcan. La imagen la tienen a su izquierda. Los blogs que selecciono, y recomiendo, son:</p>
<p><a onclick="window.open('http://notasmoleskine.blogspot.com/','','');return false;" href="http://notasmoleskine.blogspot.com/"><em> Moleskine Literario</em></a>, de Iván Thays<br />
<a onclick="window.open('http://www.tradicionclasica.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.tradicionclasica.blogspot.com/"><em> Tradición Clásica</em></a>, de Gabriel Laguna<br />
<a onclick="window.open('http://www.apostillasnotas.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.apostillasnotas.blogspot.com/"><em> Apostillas Literarias</em></a>, de Magda Díaz Morales<br />
<a onclick="window.open('Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/','','');return false;" href="Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/"><em> Desde Aquí</em></a><em>,</em> de Reinaldo Escobar<br />
<a onclick="window.open('http://trianarts.com/','','');return false;" href="http://trianarts.com/"><em>Trianarts</em></a>, de Triana</p>
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		<title>Un toque de color a la poesía en francés</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2008 23:23:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía Antillana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Francesa Contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[traductores]]></category>
		<category><![CDATA[Agustí Bartra]]></category>
		<category><![CDATA[Aimé Césaire]]></category>
		<category><![CDATA[André Bretón]]></category>
		<category><![CDATA[Autores Antillanos]]></category>
		<category><![CDATA[Leopold Senghor]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Francesa]]></category>

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		<description><![CDATA[Aimé Césaire (Basse Pointe, Martinique 1913-2008) llegó a París en 1931 con una beca estudiantil para terminar su bachillerato en el liceo Louis le Grand. Cuando volvió a su país natal ocho años después, en 1939, casado con una compatriota suya, Suzanne Roussi, y con el pequeño hijo de ambos, Aimé había dejado una profunda huella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aimé Césaire (Basse Pointe, Martinique 1913-2008) llegó a París en 1931 con una beca estudiantil para terminar su bachillerato en el liceo Louis le Grand. Cuando volvió a su país natal ocho años después, en 1939, casado con una compatriota suya, Suzanne Roussi,<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/AiimeCsaire2.jpg?t=1220829233" alt="AiimeCsaire2.jpg picture by antoniosarabia" /> y con el pequeño hijo de ambos, Aimé había dejado una profunda huella de su paso por la Ciudad Luz. Ahí había conocido a Leopoldo Senghor y a León Damás con quienes fundó la revista literaria <em>L&#8217;Etudiant Noir</em> y el célebre movimiento poético de la &#8220;negritud&#8221;. Estuvo también muy cerca de los poetas surrealistas especialmente de André Bretón, a quien le ligó una estrecha amistad sobre todo durante el tiempo que éste último pasó en la Martinica a causa de la segunda guerra mundial. Bretón, en la introducción a <em>Cahier d&#8217;un retour au pays natal</em>, calificaría esta obra de Césaire como &#8220;nada menos que el mayor monumento lírico de nuestro tiempo&#8221;.</p>
<p>A continuación, en la excelente traducción de Agustí Bartra, unas muestras del quehacer literario de uno de los más grandes poetas nacidos en Las Antillas y, sin lugar a dudas, uno de los mayores exponentes de la poesía en lengua francesa del siglo veinte.</p>
<p><span id="more-62"></span></p>
<p>BATUCA (Fragmentos)<br />
&#8212;<br />
batuca<br />
cuando el mundo será desnudo y rojo<br />
como una matriz calcinada por los grandes soles del amor<br />
batuca<br />
cuando el mundo carezca de encuesta<br />
un corazón maravilloso donde se imprime el decorado de las miradas<br />
rotas en astillas<br />
por la primera<br />
vez<br />
cuando los atractivos hagan caer en la trampa a las estrellas<br />
cuando el amor y la muerte sean<br />
una misma serpiente coral vuelta a soldar alrededor de un brazo sin<br />
joyas<br />
sin hollín<br />
sin defensa<br />
batuca del río hinchado de lágrimas de cocodrilo y de látigos a la<br />
deriva<br />
batuca del árbol de serpientes de los danzarines del prado<br />
rosas de Pensilvania miran los ojos la nariz las orejas<br />
las ventanas de la cabeza aserrada<br />
del ajusticiado<br />
batuca de la mujer de brazos de mar y cabellera de fuente submarina<br />
la rigidez cadavérica transforma los cuerpos en lágrimas de acero<br />
todos los fantasmas hojosos forman un mar de yucas azules y de almadías<br />
todos los fantasmas neuróticos han tomado el freno con los dientes<br />
batuca<br />
cuando el mundo sea una abstracción seducida y retoños de sal gema<br />
los jardines del mar<br />
por la primera y última vez<br />
un mástil de carabela olvidada arde almendro de naufragio<br />
un cocotero un baobab una hoja de papel<br />
un descho de apelación<br />
batuca<br />
cuando el mundo sea una mina al aire libre<br />
cuando el mundo sea desde lo alto de la pasarela<br />
mi deseo<br />
tu deseo<br />
conjugados en un salto en el vacío respirado<br />
en el colgadizo de nuestros ojos rompen<br />
todas las polvaredas de soles pobladas de paracaídas<br />
de incendios voluntarios de oriflamas de trigo rojo<br />
batuca de los ojos podridos<br />
batuca de los ojos de melaza<br />
batuca de los ojos cortocircuito sorprendido de leche de vaca<br />
batuca de los ojos azucarados de fiebre<br />
batuca de la noche de sexo de berenjena señalado de mercurio<br />
batuca de la noche a la noche de cigarro<br />
batuca de mar doliente encostrado de islas<br />
el Congo es un salto de sol levante al extremo de un hilo<br />
un cubo de ciudades sangrantes<br />
una espesura de cidronelas en la noche forzada<br />
batuca<br />
cuando el mundo sea una torre de silencio<br />
donde seremos la presa y el buitre<br />
todas las lluvias de loros<br />
todas las dimisiones de chinchillas<br />
batuca de trombas rotas de pájaros de aceite de chorlitos virulentos<br />
batuca de la lluvia muerta finalmente hendida de orejas enrojecidas purulencia y vigilancia</p>
<p>habiendo violado hasta la transparencia el sexo angosto del crepúsculo<br />
el gran negro de la mañana<br />
hasta el fondo del mar de piedra estallada<br />
espera los frutos de hambre de las ciudades anudadas<br />
Serpiente de las serpientes el follaje de pubis mecidos en los largos<br />
azares marinos<br />
Gaviotas olas bayúes por la mirada ráfaga del paisaje<br />
pacanas dos suaves ceñidoras herbosos brazaletes hartos<br />
besos besos<br />
frescura de río en el cuello de mujeres tambaleantes<br />
&#8212;<br />
batuca<br />
cuando el mundo sea un vivero donde yo pescaré mis ojos en el<br />
sedal de tus ojos<br />
batuca cuando el mundo sea el látex largo de las calles de sueño<br />
bebido<br />
batuca<br />
la caja de los clavos la caja de granizo corazón de sorpresa<br />
corazón de cizalla<br />
la caja de los clavos enjambres de mosquitos y vuelo de dientes<br />
la caja de la lluvia tristemente corta las alambradas del trombón<br />
y la paja de las semanas<br />
la caja de la lluvia<br />
la caja de los clavos<br />
la caja de los cisnes<br />
la caja de las hojas lentamente muertas<br />
batuca<br />
batuca de las manos<br />
batuca de los senos en furia de bejucos y de selva virgen<br />
batuca de los siete pecados decapitados<br />
batuca del sexo de beso de pájaro de huída de pez<br />
batuca de princesa negra con diadema de sol derretido<br />
batuca de la princesa que atiza a mil guardianes<br />
mil jardines olvidados debajo de la arena y del arco iris<br />
batuca de la princesa de muslos de Congo<br />
de Borneo<br />
de Caracas<br />
nieve negra de muslos de río que despliega sus sueños<br />
de absurdo ventisquero bajo la mano del sol de medianoche<br />
batuca<br />
la princesa se ahoga en su sonrisa de agua ausente<br />
batuca<br />
en su sonrisa de acequia<br />
batuca<br />
en sus ojos de sol macerado de ciruelas<br />
batuca<br />
en su justicia magnética<br />
batuca batuca<br />
la princesa en el corazón virgen del verano en el dintel de las<br />
campánulas<br />
se ha retirado ahogada del corazón reventado de las tierras<br />
reclusa algo oculta en el silencio de las olas<br />
batuca de noche sin carozo<br />
de noche sin labios<br />
con la corbata del surtidor de mi galera sin nombre<br />
de mi pájaro de bumerang<br />
he lanzado mi ojo al oleaje a la guinea de la desesperación y de la<br />
muerte<br />
todo lo extraño se cuaja isla de Pascua, isla de Pascua<br />
todo lo extraño interceptado por las caballerizas de la sombra<br />
un riachuelo de agua fresca fluye en su mano sargazo de gritos fundidos<br />
Y el navío desnudado cavó en el cerebro de las noches testarudas<br />
mi exilio minarete-sed-de-las ramas<br />
grito a la sal lunar del gran pez de lágrimas de piedra labrada<br />
Las corrientes enrollaron espesuras de sables de plata<br />
y cucharas de náuseas<br />
y el viento agujereado de los dedos del SOL<br />
esquiló el fuego de la axila de las islas de cabelleras de espuma<br />
olvidados pulmones de los repiques y de las sedas<br />
de los orgullosos tuyas susurrados sangre en los labios ardientes del<br />
blizzard macho<br />
batuca de tierras grávidas<br />
batuca del mar amurallado<br />
batuca del ukelele asesinado bajo las hierbas<br />
cuando los dedos golpeaban la hora de minutos sin fibras<br />
batuca de Burgos jorobados de pies podridos de muertos deletreados<br />
en la desesperación sin precio del recuerdo<br />
Punta-baja, Diamante, Tartana y Carabela<br />
sekeles de oro, garlopas de flotaciones atacadas por gavillas y añublos<br />
cerebros tristes donde se arrastran orgasmos<br />
armadillos humeantes<br />
Oh los crúmenos que divierten a mi timón<br />
el sol ha saltado de las grandes bolsas marsupiales del mar sin<br />
tragaluz en plena álgebra de falsos caballos y de raíles sin tranvía;<br />
batuca, los ríos son grietas en el yelmo desatado de los barrancos<br />
las cañas naufragan en los balanceos de la tierra llena de jorobas de<br />
camella las ensenadas derriban luces irresponsables las vejigas sin reflujo<br />
de las piedras<br />
¡Sol, a las gargantas!<br />
Negro rugidor, negro carnicero, negro corsario batuca desplegado de<br />
especias y de moscas<br />
Dormida manada de yeguas bajo la espesura de bambúes<br />
sangra, sangra manada de carambas<br />
Asesino te absuelvo en nombre de la violación<br />
te absuelvo en nombre del Espíritu Santo<br />
Te absuelvo de mis manos de salamandra<br />
El día pasará como una ola con las ciudades en bandolera en su<br />
alforja de conchas hinchadas de pólvora<br />
Sol, roja serpentaria acodada en mis angustias<br />
de pantano con dolores de parto<br />
el río de culebras que yo llamo mis venas<br />
El río de almenas que yo llamo mi sangre<br />
el río de azagayas que los hombres llaman mi rostro<br />
el río a pie alrededor del mundo<br />
golpeará la roca artesiana con cien estrellas de monzón</p>
<p>Libertad mi único pirata, agua del año nueve mi única sed<br />
amor mi único sampán<br />
deslizaremos nuestros dedos de risa y de calabaza<br />
entre los dientes helados de la Bella Durmiente del Bosque.</p>
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		<title>Pino Cacucci, autor y traductor</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Aug 2008 16:40:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Pino Cacucci]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta entrada podría muy bien titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221;, -traductor, traidor-, porque tiene como Convidado al excelente novelista y traductor italiano, Pino Cacucci (Alessandria, 1955), gran &#8220;cuate&#8221;, diríamos en México, de este autor, y Pino sabe muy bien lo que esa palabra significa porque también es responsable de la brillante traducción de mi novela Le Arance [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta entrada podría muy bien titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221;, -traductor, traidor-, porque tiene como Convidado al excelente novelista y traductor italiano, Pino Cacucci (Alessandria, 1955), gran &#8220;cuate&#8221;, diríamos en México, de este autor<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/pinocacuccimontanaro.jpg?t=1218384302" alt="pinocacuccimontanaro.jpg picture by antoniosarabia" />, y Pino sabe muy bien lo que esa palabra significa porque también es responsable de la brillante traducción de mi novela <em>Le Arance Amare di Sviglia</em> (Ugo Guanda Editore, 2003) y otros varios textos míos a la lengua del Dante. Si digo que esta entrada debería llamarse &#8220;tradutore, traditore&#8221; no es, desde luego, por causa suya, ya que su trabajo, siempre preciso y fidelísimo, le ha merecido varios premios internacionales, entre ellos, este año, el <em>Claude Couffon</em> que otorga el Salón de Libro Iberoamericano patrocinado por Luis Sepúlveda en inteligente y amistoso contubernio con el ayuntamiento de Gijón y el Principado de Asturias.</p>
<p>Si digo que debe titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221; es porque hace unas semanas pedí a Pino que me mandara algo suyo para incluirlo entre <em>Los Convidados</em> y él correspondió a mi solicitud enviándome un relato, -en el fondo una bella parábola sobre la inmigración-, pero lo hizo, como es natural, en su nativo italiano, poniéndome en el comprometido y comprometedor aprieto de tener que traducirlo yo mismo. Esa es la razón por la que esta entrada, aparte de &#8220;tradutore, traditore&#8221;, podría llamarse también &#8220;El autor prueba una sopa de su propio chocolate&#8221; o, &#8220;Cuando los patos le tiran a las escopetas&#8221;.<br />
Así pues, esta semana yo traduzco a mi traductor, y le pido disculpas de antemano a él y a ustedes los habituales del blog por las posibles meteduras de pata porque su hermoso texto, <em>La Resurrezione della Vite</em> se merecía alguien con mayores conocimientos de la lengua italiana que yo. </p>
<p>Añado, como resarcimiento, una evocación de nuestro querido México donde Pino vivió tantos años. Se trata de un cuadro poco conocido de Diego Rivera, el gran pintor mexicano sobre cuya persona y época mi gran amigo y traductor ha escrito muchísimas páginas. Se titula, no faltaba más, <em>En el Viñedo</em>. Es de 1920.</p>
<p><span id="more-57"></span></p>
<p>LA RESURRECCIÓN DE LA VID</p>
<p>Padre e hijo fueron de los últimos en abordar el barco. Bastia se volvió a mirar el muelle, hacia los parientes de su mujer emigrados a Chile diez años antes que los despedían conmovidos. Les hizo un rápido gesto de adiós y se apresuró a buscar un espacio en el puente donde resguardar a Tonino del sol y, más que nada, al saquito de tela que contenía todas sus esperanzas. Cuando se soltaron las amarras y la nave comenzó lentamente a separarse del puerto, Bastia contempló la soleada Valparaíso en medio verano austral y pensó: &#8220;en casa estará nevando ahora&#8230; Bien, al menos hará frío para proteger lo que resta de mi pobre viñedo abandonado&#8221;.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/1920EnelViedoDiegoRivera.jpg?t=1218385081" alt="1920EnelViedoDiegoRivera.jpg picture by antoniosarabia" />El año nuevo de 1900 lo pasaron doblando el Cabo de Hornos, ahí donde el Pacífico y el Atlántico se encuentran en una incesante lucha proclive a tempestades. Tonino fue a vomitar varias veces por encima de la borda la mísera cena que se había ofrecido a los pasajeros de cubierta. Bastia le sostenía la cabeza mientras le hablaba para reanimarlo:  &#8220;aquí hay una leyenda, ¿sabes?: en lo más hondo de este abismo el diablo yace encadenado y se esfuerza en liberarse, por eso el mar está siempre revuelto&#8221;. Después volvía al rincón de un bote salvavidas bajo cuyo amparo rociaba con los dedos un poco de agua sobre la andrajosa bolsita de la que brotaban ya pequeños protuberancias de raíces retorcidas. Ahí dentro estaba su preciosa cepa madre envuelta en terrones de aquella baldía tierra americana, arena compacta del sur del fin del mundo, capaz de hacerla inmune a la filoxera. Feliz año nuevo, papá, le dijo Tonino limpiándose la boca mientras los pasajeros de cabina, &#8220;los señores&#8221;, festejaban descorchando champagne y Bastia sentía en el paladar el gusto de la última botella de Barbera o, más bien, la penúltima porque había guardado una postrera en su bodega y la conservaba para celebrar con ella la esperanza recuperada, el resurgimiento de sus vidas. &#8220;Quizás&#8221;, reflexionó, y de inmediato apartó la sombra del desaliento diciéndose a sí mismo: &#8220;los franceses lo comprendieron antes que nadie: la solución es ésta&#8221;, y acarició el saco que contenía el porvenir.<br />
Mar del Plata, Montevideo, Río de Janeiro y después la larga travesía transocéanica. Primero la escala en Cabo Verde, luego las Canarias y finalmente&#8230; el estrecho de Gibraltar. Meses de navegación con un solo pensamiento en la cabeza: &#8220;los portainjertos tienen que mantenerse vivos&#8221;. Y mantener también a Tonino a raya cuando, en cada puerto, preguntaba por qué todos descendían a tierra menos ellos. &#8220;No puedo dejarlos aquí ni tampoco llevarlos a la espalda, podrían morírseme&#8221;, respondía siempre Bastia señalando el saco húmedo.<br />
Cuando desembarcaron en Génova, Tonino estaba eufórico y Bastia taciturno y tenso. Ahora venía lo peor, según él. Las horas de tren le preocupaban. La cepa madre, la raíz de la nueva vida podría sufrir un trauma irreparable. Al día siguiente estaban en casa. El recuento de las maravillas se lo dejó todo a Tonino. Él abrazó a su mujer bañada en lágrimas, estrechó a sus dos niñas pequeñas, y en seguida se precipitó a la viña a intentar la consumación del milagro.<br />
Había sido un barco de vapor el culpable de difundir la peste. En 1869, venido de quién sabe dónde, desembarcó un bichito casi invisible, una larva. La Filoxera, criatura americana, que no había causado daños a las viñas llevadas por los conquistadores españoles debido a la tierra arenosa en la que se plantaron, en Europa se convirtió en un flagelo, provocó una carestía, corroyó las raíces y destruyó todos los viñedos comenzando por Francia y extendiéndose al resto del continente. No existía veneno capaz erradicarla. A la vuelta de pocos años muchos viñedos legendarios desaparecieron para siempre. A Italia la plaga de Filoxera llegó un poco más tarde, pero con efectos igualmente devastadores. El vino parecía a punto de convertirse en un recuerdo del pasado. Pero los franceses descubrieron la cura: el camino de la conquista a la inversa. Importaron raíces de Sudamérica, donde las plantas habían generado defensas que las hicieron inmunes a la filoxera. Los viñedos descendientes de aquellos que tres o cuatro siglos antes habían cruzado el Atlántico en carabelas y galeones volvían para restaurar la vida a sus distantes progenitores. De ahí en adelante, todos los vinos europeos tuvieron su origen en vinos sudamericanos. Funcionaba. Y Bastia quiso hacer la prueba.<br />
Pasó la primavera, con la familia en pleno escrutando las heridas de los injertos y los débiles retoños. Luego, en verano, las pocas hojas y algunas míseras ramitas. Después otro largo invierno rezando y merodeando aquella última botella de Barbera. Pero al llegar de nuevo el verano Bastia le sacó el corcho y todos brindaron por la resurrección. En septiembre las uvas no fueron muchas pero sanas. El maldito parásito se había roto los dientes contra las cepas del lejano Chile. Qué rara la vida, pensaba Bastia, y qué rara la vid. Quién iba a decir que después de tantos siglos llegaría a producir como máximo un poco de vinagre. Y ahora, mira nada más, si nos habíamos puesto de nuevo a vendimiar y apisonar la uva con los pies desnudos se lo debíamos a los inmigrantes.<br />
Pino Cacucci</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
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		<title>Claude Couffon, poeta y traductor</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Feb 2008 12:10:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando se habla de Claude Couffon (Caen, Francia, 1926) se habla de la larga y fecunda correspondencia de la lengua francesa con una buena parte de lo mejor que ha producido la literatura en España y América Latina.<br />Claude Couffon comenzó su carrera de hispanista siendo aún muy joven, desde mediados de los años cuarenta, divulgando en periódicos y revistas de su país la obra de algunos de los más grandes poetas de la lengua española: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, César Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Nicolás Guillén, por mencionar sólo a unos cuantos de los más grandes. Con varios de ellos establecería después una profunda amistad, lo mismo que con narradores de la talla de Julio Cortázar con quien sostuvo, además, una fugaz y simpática rivalidad amorosa. Primer traductor de Gabriel García Márquez al francés, ha colaborado también con Juan Carlos Onetti, Camilo José Cela, Miguel Ángel Asturias y Mario Vargas Llosa con quien le he escuchado compartir recuerdos con la complicidad de viejos camaradas.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R67qeqeNUTI/AAAAAAAAAQo/EHF-rKx1_lM/s1600-h/Couffon+y+A.S.jpg" rel="lightbox[20]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R67qeqeNUTI/AAAAAAAAAQo/EHF-rKx1_lM/s200/Couffon+y+A.S.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5165323635158503730" /></a><br />Entre sus últimas novelas traducidas al francés están <span style="font-style:italic;">Los Convidados del Volcán</span>, en 1997, y <span style="font-style:italic;">El Cielo a Dentelladas</span>, en 2001, ambas del autor de este blog. Que un hispanista de su talla se ofreciera a trabajar en ese par de obras mías es, y ha sido siempre, para mí motivo de asombro, orgullo y gratitud.<br />Entre sus numerosas distinciones se cuentan el Gran Premio de Traducción Halpérine-Kaminski, el Gran Premio Nacional de Traducción del Ministerio de la Cultura, el Premio de Artes y Letras y el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor. El premio a la traducción que todos los años concede El Salón del Libro Iberoamericano de Gijón que convoca Luís Sepúlveda se llama, en su honor, Premio Claude Couffon.<br />Un hombre tan ligado a las letras no podía más que escribir él mismo. Sus trabajos de poeta, sin embargo, han quedado oscurecidos por su colosal labor de traductor. Una gran injusticia que repararemos esta semana, al menos en una mínima parte, reproduciendo algunos de sus propios poemas. Las versiones al español son de Lina Zerón a quien agradecemos la gentileza de facilitarlas para este blog.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R67q0aeNUUI/AAAAAAAAAQw/4Ld6bvW1o4Q/s1600-h/Claude+Couffon.jpg" rel="lightbox[20]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R67q0aeNUUI/AAAAAAAAAQw/4Ld6bvW1o4Q/s200/Claude+Couffon.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5165324008820658498" /></a></p>
<p>LA CONFESIÓN</p>
<p>Puedo aún escribir<br />y, con la mano temblorosa <br />deshojando sílabas,<br />mofarme de la muerte<br />¿Pero de qué me sirve?<br />¿de cara a quién?<br />¿Para qué hablar,<br />incluso en voz baja,<br />de la soledad?</p>
<p>ELLA</p>
<p>Como todos, claro que pienso en ella,<br />sin angustia puesto que sé<br />por haberla frecuentado a menudo<br />que ella es sólo un símbolo.</p>
<p>Es triste, cierto, pero tranquilizador<br />ya que todos terminaremos ahí,<br />grandes o pequeños, nutrientes<br />de unas briznas de hierba en el cementerio.</p>
<p>Visto que los poetas <br />la han celebrado tanto, renunciemos.<br />Entremos en la muerte y dejemos<br />que el silencio nos sonría, burlón, en la tumba.</p>
<p>VIAJES  II</p>
<p>Llegué a la edad en la que se viaja dentro de un cuarto<br />en aviones que piloteamos solitarios<br />hacia islas imaginarias<br />de continentes cercanos al cielo<br />o al infierno<br />pero poco importa:<br />se asemejan en su salvaje libertad.<br />Emparejarse aquí es soñar<br />con todos esos cuerpos que fueron nuestros<br />y que el tiempo no puede envejecer<br />¡Ah, los viajes sin regreso<br />en los que me hundo cada noche!</p>
<p>BALANCE III</p>
<p>Vivir es una crueldad si sabemos<br />que todo lo que fue ya no será<br />o es tan sólo un destello<br />del azar o de la suerte escasa.<br />Ya no poder ser el hombre <br />aquel seductor seguro de sí<br />que volvía reales los excesos<br />de los más ardientes fantasmas.<br />Ahora  andrajo que a veces<br />concretiza el sueño loco<br />de ser todavía ya sin nada<br />la imagen de un duende estéril<br />de una vida que fue larga y breve.</p>
<p>NOMBRE</p>
<p>Me hubiera gustado ser otro.<br />No aquél a quien se conoce<br />e incluso a veces se reconoce.</p>
<p>Ser Bosquet o Sabatier.<br />Alberti o Neruda.<br />Louis Aragon o Paul Eluard.<br />O bien<br />tantos otros que ríen en sus barbas…</p>
<p>Pero yo sólo quiero ser<br />—disculpen si me ufano—<br />aquél que todos llaman Couffon.</p>
<p>DE PASO</p>
<p>¿Sólo somos materia que se transmite<br />consciente <br />o inconscientemente?<br />La edad lo afirma <br />o lo rechaza<br />si se trata de juventud <br />o de extinción<br />pero de qué nos sirve plantearnos tantas preguntas<br />si vivir es la maravilla de un tiempo<br />a lo más pasajero.</p>
<p>Nos gustaría terminar con una reflexión del propio Couffon después de traducir <span style="font-style:italic;">Confieso que he vivido</span>, las memorias de Pablo Neruda:<br />“¿Por qué todos, en cierta medida, mentimos al contar nuestras vidas? Cierto: nos tocó una vida privilegiada, ¿y qué? Aunque hayamos tenido esa vida llena de experiencias, ésta no llegó a ser nunca la que habríamos querido. Por eso le agregamos un poco de pimienta y ese poco la convierte de veras en literatura. Todos sabemos que la literatura no existe, que es pura ficción. Un sueño de absoluto y de imposible.”</p>
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		<title>Traducciones del Portugués</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Dec 2007 09:27:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Poesía portuguesa contemporánea]]></category>
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		<category><![CDATA[Marcelo Teixeira]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Qué nos mueve a la traducción? ¿El deseo de compartir con otros de nuestra misma lengua lo que nos conmovió en una ajena? ¿El sentirnos de modo vicario coautores de un texto que admiramos? No lo sé, tal vez en cada traducción haya un poco de ambas cosas. En mi caso influye además la necesidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué nos mueve a la traducción? ¿El deseo de compartir con otros de nuestra misma lengua lo que nos conmovió en una ajena? ¿El sentirnos de modo vicario coautores de un texto que admiramos?<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R2OgUK4_Z_I/AAAAAAAAANo/azbGlD1N5HU/s1600-h/_MG_7509.JPG" rel="lightbox[12]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144131467768457202" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R2OgUK4_Z_I/AAAAAAAAANo/azbGlD1N5HU/s320/_MG_7509.JPG" border="0" alt="" /></a> No lo sé, tal vez en cada traducción haya un poco de ambas cosas. En mi caso influye además la necesidad de mantener el lápiz afilado y el brazo caliente entre las pausas de mis propios escritos. Los poemas que siguen, todos traducidos por mí, son acaso lugares comunes para muchos lectores de habla portuguesa pero, como no son tan conocidos fuera de ese ámbito, me complace presentar ahora su versión castellana en este blog. Desde luego su elección obedece a una terrible arbitrariedad a su vez regida por el azar: el azar de una lectura, de una afinidad estética o literaria y hasta del afecto instintivo por determinados autores vivos o muertos.<br />
El primero es una deliciosa composición de José Gomes Ferreira (Porto, 1900-1985). Gomes Ferreira aunque nació en Porto, vivió desde muy niño en Lisboa, compuso música y despertó la admiración de sus contemporáneos tanto por sus dones como poeta como por sus compromisos sociales y políticos. Llegó a ser cónsul en Noruega de 1925 a 1929, tal vez conoció ahí a su &#8220;amor del Norte&#8221;.</p>
<p>VIVIR SIEMPRE TAMBIÉN CANSA.</p>
<p>El sol es siempre el mismo, y el cielo azul<br />
ora es azul, nítidamente azul,<br />
ora es ceniza, negro, casi verde…<br />
mas nunca de color inesperado.</p>
<p>El mundo no se modifica.<br />
Los árboles dan flores,<br />
hojas, frutos, pájaros,<br />
como máquinas verdes.</p>
<p>Los paisajes tampoco se transforman.<br />
No cae nieve escarlata,<br />
ni planean las flores,<br />
la luna no tiene ojos<br />
y nadie va a pintarle ojos a la luna.</p>
<p>Todo es igual, mecánico, exacto.</p>
<p>Y por supuesto los hombres son los hombres.<br />
Eructan, beben, ríen y digieren<br />
sin imaginación.</p>
<p>Y hay barrios miserables, siempre iguales,<br />
discursos de Mussolini,<br />
guerras, orgullos desquiciados,<br />
autos de carreras…</p>
<p>!Y me obligan a vivir hasta la muerte!</p>
<p>¿Qué no sería más humano<br />
morir un pedacito<br />
de cuando en cuando<br />
y recomenzar más tarde<br />
hallando todo nuevo?</p>
<p>¡Ah! Si pudiese suicidarme por seis meses,<br />
morir encima de un diván<br />
con la cabeza puesta en una almohada,<br />
y la confianza y la serenidad que da saber<br />
que me velabas tú, mi amor del Norte.</p>
<p>Cuando alguien viniera a preguntar por mí,<br />
le dirías con esa tu sonrisa<br />
donde arde un corazón en melodía<br />
“matose esta mañana<br />
y no va a resucitar ahora<br />
por una bagatela.”</p>
<p>Y vendrías después, muy suavemente,<br />
a velar por mí, sutil y cuidadosa,<br />
andando de puntillas para no despertar<br />
a la muerte aún pequeñita en mi garganta.</p>
<p>Este otro, un soneto de David Mourão-Ferreira (Lisboa, 1927-1996), me atrajo por la musicalidad y la profunda nostalgia que emana del poema. Mourão-Ferreira estudió Filología Románica y fue profesor emérito de la universidad de Lisboa. En los años sesentas estuvo vinculado a varios programas culturales de radio y de televisión. Llegó a Secretario de Cultura entre el 76 y el 78.</p>
<p>Y A VECES</p>
<p>A veces las noches duran meses<br />
Y a veces los meses son océanos<br />
Y a veces los brazos que apretamos<br />
nunca más son los mismos Y a veces</p>
<p>encontramos de nos en pocos meses<br />
lo que la noche nos hizo en muchos años<br />
Y a veces fingimos que añoramos<br />
Y a veces añoramos que a veces</p>
<p>al tomarles el gusto a los océanos<br />
sólo heces de noches no de meses<br />
al fondo de las copas encontramos</p>
<p>Y a veces sonreímos o lloramos<br />
Y a veces a veces ah a veces<br />
En un segundo se fugan muchos años.</p>
<p>Quisiera terminar con dos de Marcelo Teixeira (Pinhal do Norte, 1964). Su especialidad es la historia pero se ha dedicado más que nada a la literatura, primero en el programa radiofónico Las Márgenes del Silencio allá en los años ochentas y, actualmente, en su trabajo de editor.</p>
<p>MOVIMIENTO PERPÉTUO</p>
<p>Estas son las cosas más simples<br />
los más conocidos secretos nocturnos, dirás<br />
en vano me escribes poemas, plantas rosas<br />
sé que es de ti de quien hablas al evocarme,<br />
de tu gente, de lo que no soy<br />
de lo que no hago a esta hora.<br />
Es muy cierto, no sé quién eres<br />
los días en que me ocultas la mirada,<br />
o el ardor que me profesan tus manos.<br />
¿Conoces Goa? ¿Monte Albán?<br />
¿Cómo saber en qué cuerpos te extraviaste?<br />
Esas son las sombras de mi canto<br />
los mejores gestos inútiles de estos días<br />
pero no me detengas si te invento;<br />
es por saberte imperfecta en los versos de ayer<br />
que recomienzo cada día tu retrato.</p>
<p>SI TE ABRO LA PUERTA</p>
<p>Si te abro la puerta<br />
no olvides<br />
que todas las noches exigen un sacrificio.</p>
<p>Nada receles<br />
mas no esperes almíbar en la boca<br />
ni armisticio al cuerpo<br />
ni baño en la mañana.</p>
<p>Nada receles<br />
mas no esperes palabras inocentes<br />
acostumbro mentir en los días pares<br />
y faltar a la verdad en los restantes.</p>
<p>Si te abro la puerta<br />
llámame sólo por mi nombre<br />
y sé bienvenida al trono de un reino saqueado.</p>
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		<title>Traducciones del griego de Luis González de Alba.</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Nov 2007 23:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía griega contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Autores griegos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[Konstantinos Kavafis]]></category>
		<category><![CDATA[Luis González de Alba]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Griega]]></category>
		<category><![CDATA[Tasos Leivadítis]]></category>
		<category><![CDATA[traductores]]></category>

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		<description><![CDATA[El texto de Odisseus Elytis originó un alud de correos entre los que destacan varios de mi compatriota, colega y muy querido amigo Luis González de Alba (Charcas, Mexico, 1944), quien al escribirme señala la correcta grafía y pronunciación del nombre del ganador del premio Nobel de la literatura de 1979: Odiseas Elítis, me insiste [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El texto de Odisseus Elytis originó un alud de correos entre los que destacan varios de mi compatriota, colega y muy querido amigo Luis González de Alba (Charcas, Mexico, 1944),<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/Rz4kUxaQ1SI/AAAAAAAAACE/r9NMCcK7DMs/s1600-h/DSC00295.JPG" rel="lightbox[8]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133580564528420130" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/Rz4kUxaQ1SI/AAAAAAAAACE/r9NMCcK7DMs/s200/DSC00295.JPG" border="0" alt="" /></a> quien al escribirme señala la correcta grafía y pronunciación del nombre del ganador del premio Nobel de la literatura de 1979: Odiseas Elítis, me insiste él.<br />
Luis González de Alba fue miembro destacado del Consejo Nacional de Huelga, que encabezó el movimiento estudiantil en México a fines de los sesentas, y por eso testigo ocular de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. Fue aprehendido ahí mismo, en Tlatelolco, y encarcelado en el siniestro Palacio de Lecumberri donde escribiría lo que para mí es el mejor testimonio de aquellos hechos, la novela &#8220;Los días y los años&#8221;.<br />
Además del genero novelístico, Luis González de Alba cultiva el análisis político, el ensayo histórico y el de divulgación científica. Sus colaboraciones en los diarios mexicanos le hicieron acreedor al primer Premio Nacional de Periodismo en el año de 1997.<br />
El sabroso material que nos ha enviado incluye, aparte de su propia traducción, versiones estrictamente fonéticas de los poemas en griego para apreciar mejor su musicalidad. Todo ello será motivo de futuras publicaciones en esta página. Por lo pronto nos estrenamos con su traducción a un bello poema de Konstantinos Kavafis (Alejandría, 1863-1933) que el mismo Luis ha escogido, nos dice, “por breve, emotivo y náutico”.</p>
<p>SÚPLICA</p>
<p>El mar en sus profundidades tomó a un marino.<br />
Su madre, sin saber, va y planta</p>
<p>a la Virgen enfrente una alta vela<br />
para que vuelva pronto y tenga buenos tiempos;</p>
<p>y todo hacia el viento alza el oído.<br />
Pero mientras reza y suplica ella,</p>
<p>la imagen escucha, seria y triste,<br />
sabiendo que no volverá ya el hijo que espera.</p>
<p><span id="more-8"></span></p>
<p>Continuamos con Las Trompetas del Apocalipsis, poema en prosa de Tasos Leivadítis (1921-1988), quien, después de combatir en la Resistencia contra la ocupación alemana de Grecia durante la segunda Guerra Mundial, sufrió persecución, exilio y cárcel con los gobiernos de post-guerra hasta su muerte en Atenas en 1988.</p>
<p>LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS</p>
<p>Algún día destruiré todos estos manuscritos que dejó sobre mi mesa el diablo y de los que me apropié sin vergüenza &#8211;y sólo aquel que pasó de noche muchas veces el mismo camino, sólo aquel supo que no existió jamás camino</p>
<p>y si continúo viviendo es porque no quiero olvidar o salgo con un hacha a la puerta hacia la gloria de mi siglo &#8211;con frecuencia llegaba una mujer a mi recámara, todo retenía algo como de inocencia, luego escribíamos en un papel nuestro nombre y lo tirábamos por la ventana (quizá era la hora en que pasaba la fama).</p>
<p>Ahora la mujer habrá envejecido como la madre* o el acorazado Potemkin, en las esquinas los borrachos con las botellas en la boca como las trompetas del Apocalipsis y la nieve que cae sin ruido desde la mañana como si alguien estuviera sacudiendo el borrador de la vieja escuela&#8230;</p>
<p>Y mi amigo Ignacio llegaba a las horas más variables, pobre pero notorio, con frecuencia a cambio de pequeña gratificación representaba al muerto en algún teatro ambulante &#8211;aquella noche en cuanto hubimos salido hacia un bar, “bebes como ángel” le digo, “¿cómo lo supiste?” se hizo el sorprendido, reí, “sé aún más, le digo, como por ejemplo: cuántos porteros tiene el Infierno y cuántas putas Novorozinski”, bebimos toda la noche, “¿escuchas esa excelente música?” le pregunté, “no es música, me dice. Yo destruyo mi vida.”</p>
<p>Pues bien, ¿quién era Ignacio? pero y quién no se equivoca o quién no se doblegó con los años. Y de verdad, ¿qué sabemos de nosotros mismos? Vivimos en el azar y el peligro, y cada día nos desgasta, así que poco abajo de nuestro nombre no estará nadie (y sólo el anonimato nos conserva lejos de mitos y pillajes) &#8211;no obstante hoy desperté con un destino más bello, y aquella mujer en el parque tan afligida que la seguían las Estaciones y más atrás llegaban como pequeñas alas los manuscritos de los poetas que murieron jóvenes, antes que llegara la gloria &#8211;también yo debí admitir mi culpa para salvar quizá algo más acerca de mí, por eso ya me veis aquí en la esquina de la calle, listo cada instante para atenderos—</p>
<p>un pequeño expedicionario de lo inaccesible en los siglos olvidados&#8230;</p>
<p>¿Recuerdas? Tu padre estaba muerto en el féretro &#8211;tú algo buscabas y entraste a otro cuarto, sola, te seguí, por la ventana abierta llegaba el aroma del jardín (oh, estaremos muertos y la primavera volverá otra vez y otra vez) &#8211;te me acerqué, me miraste a los ojos y entonces te besé, te besé por todos los años que pasarán, por todas las esperanzas que se perderán, te besé y te sostuve encima de mí &#8211;y como poco antes habías abrazado para despedirte al muerto, tus cabellos olían</p>
<p>eternidad&#8230;</p>
<p>Y luego una noche encontré a mi hermano el muerto, sentado en una esquina lloraba, “¿qué tienes?” le digo, “¿por qué no volvió don Mario a casa?” me dice, era un viejo maestro de violín con un chistoso gabán, “no le habíamos pagado, mi niño, le digo &#8211;nos arruinamos”, luego como si se enojara, agarró con sus dos manos el autobús y lo levantó en alto, “mira lo que puede un muerto” pensé con asombro, al fin, mientras volvía comenzó a llover, “por esto fue crucificado cristo” dije dentro de mí e hice mi cruz.</p>
<p>En cuanto a las enfermeras limpiaban con aplicación los dormitorios, no obstante yo estaba siempre triste, “maté la eternidad, doctor” decía, el médico reía, “no ocurren tales cosas” decía, “ocurren doctor” le digo y le narré las desdichas de mi tía, se llamaba Buena Voluntad, finalmente salmodiamos todos juntos el “a la buena voluntad de los hombres”** &#8211;desde entonces amo los días de invierno que son breves o me metamorfosean en héroe (para evitar los peligros verdaderos) así también detrás de nuestras más desenfrenadas acciones se esconde el odio a nosotros mismos, ¿qué nos hizo culpables? nadie lo sabrá,</p>
<p>ah, amigos míos, vivimos en un sueño que no se verificará sino únicamente dentro de otro sueño, no obstante de noche los astros tienen siempre algo turbador que decirnos, y el homicida levanta con frecuencia su mano</p>
<p>como una mujer su seno marchito.</p>
<p>Finalmente nadie veía aún la terrible advertencia, murciélagos se colgaban arriba del lavabo, los mohos se comían poco a poco las paredes y sólo Dorotea*** se daba con audacia a los de paso &#8211;el más deplorable no obstante era el tercero, “¿por qué me persiguen?” preguntó, “y no obstante yo velaba” dijo otra vez como si fuera eso una coartada, porque existen cosas que esperas por años y otras que ocurren al instante, determinando para siempre tu vida y como soy precavido, por las noches arreglo las palabras con los otros fantasmas &#8211;y de pronto el reloj se detuvo, yo me encontraba en el sótano, “¿por qué bajé aquí?” dije tranquilamente.</p>
<p>Pero no había nadie que respondiera&#8230;</p>
<p>*la madre, si bien con minúsculas y sin diversa tipografía, es de seguro La Madre, novela de Gorki que todo comunista leía (y, en efecto, ha envejecido). El Acorazado Potemkin (o Potiomkin), película muda de Einsenstein, fue otro hito del comunismo universitario.<br />
**Como el Kyrie Eleyson, parte de la misa ortodoxa.<br />
***Dorotea significa “regalo de Dios”&#8230; que se ofrece a los de paso.</p>
<p>Traducción del griego y notas: Luis González de Alba</p>
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		<title>Homenaje a los Traductores</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Oct 2007 18:55:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya desde pequeño, durante aquellas lejanas lecciones de catecismo a las que me arrastraba mi madre, me parecía difícil creer que en el jardín del Paraíso, cuando Dios permitió a Adán nombrar a sus criaturas, éste llamara al perro, perro y, al gato, gato. Incluso entonces mi ecumenismo hispanoamericano no llegaba a tanto. Me preguntaba, eso sí, ¿cómo las habría denominado?, ¿en qué lengua, tal vez ahora impronunciable, les dio sus verdaderos nombres?, ¿y qué había sido de ella? Mi persistente rencor al padre Adán data de esa época. ¿En qué cabeza cupo heredarnos el pecado original y excluirnos de aquel lenguaje formidable?<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R9fU3X8eZgI/AAAAAAAAASI/GbQfm5LoWo0/s1600-h/Close+up+5.jpg" rel="lightbox[4]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5176840344471234050" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R9fU3X8eZgI/AAAAAAAAASI/GbQfm5LoWo0/s200/Close+up+5.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Años más tarde, desacreditado el mito de Babel, otra cuestión comenzó a rondarme por la mente: ¿por qué hay tantos idiomas? Esta pregunta, en apariencia idiota, no lo es tanto cuando nos detenemos a reflexionar en ella. ¿Qué pensaríamos nosotros, por ejemplo si, al comprobarse que se comunican los delfines, descubriésemos que no se entienden entre sí porque unos frecuentan West Palm Beach y otros Varadero? ¿Por qué tendrían que hablar distintos lenguajes los delfines si, al fin y al cabo, son delfines? Esto, que nos sorprendería en otras especies, nos parece de lo más ordinario en la nuestra, a pesar de que compartimos las mismas estructuras neurológicas y dependemos de idénticos dispositivos para emitir y captar sonidos, sin contar con que la constitución de nuestras cuerdas vocales no nos permite reproducir más que una misma uniforme, y bastante limitada, gama de voces. ¿No sería más natural que, al abrir la boca por primera vez, llamáramos todos sin excepción, en la misma lengua de Adán, al perro, perro y, al gato, gato?</p>
<p><span id="more-4"></span><br />
Lo más extraño es que esta curiosa perversión humana ni siquiera se confina a los habitantes de regiones dispares o muy alejadas entre sí. La incompatibilidad en el lenguaje puede alcanzar a miembros de una misma sociedad e incluso hasta a los de una misma familia. En la Mongolia del siglo XVIII, por ejemplo, los sacerdotes hablaban tibetano, los gobernantes manchú, los mercaderes chino y los literatos mongol, mientras que el pueblo llano se comunicaba en dialecto khalka. Los caribes de las antillas prehispánicas utilizaban dos idiomas diferentes: uno para que se expresaran las mujeres y, el otro, los hombres. Los hijos varones crecían usando el lenguaje de la madre hasta que, a una cierta edad, lo desechaban para continuar comunicándose únicamente en el del padre.<br />
Algo de este caos imaginé yo encontrarme al llegar a Gijón, a participar en el taller organizado por el premio Grinzane Cavour para traducir mi cuento “El Ángel de la Guarda”. Y, al principio, pensé no haberme equivocado. Las cuatro lenguas elegidas estaban ampliamente representadas: de Portugal llegaron Luis Filipe Sarmento y Pedro Abreu. A Petra Zickman y Manel Pérez Espejo, mis traductores alemanes, se unieron la austriaca Hannelore Biricz y la suiza Stine Lehmann. Con mi querida Ilide Carmignane, de Italia, vino su camarada Elena Rolla, y a mi viejo amigo francés Claude Couffon le asistió la belga Marie-Anne Henneuse. Desde luego, todos hablaban castellano, idioma en el que se llevaban a cabo las sesiones y en el que se planteaba y resolvía cualquier duda relativa al texto original. Acto seguido, se sumergían todos en la intimidad de sus respectivos grupos para cocinar entre ellos el guiso en su lenguaje correspondiente. Yo, a falta de un corrillo español al que adherirme y con el cual parlamentar, me quedaba sólo, especie de árbitro evaluando con atención simultáneas partidas de ajedrez, oyéndolos discutir en voz alta en sus distintos idiomas, e imaginando que algo por el estilo había sucedido en Babel cuando la famosa historia de la torre. A fuerza de observarlos, y oírlos, descubrí que en realidad compartíamos bastante más de lo que a primera vista podía parecer. No sólo porque algunos de ellos sean escritores por méritos propios, Claude Couffon es un excelente poeta y Filipe Sarmento ha publicado novelas, sino porque todos, sin excepción, repetían de alguna manera los pasos que yo había dado antes, al escribir la historia. Eso me hizo comprender que no había una gran diferencia entre sus quehaceres de traductores y el mío propio. Ellos también se devanaban los sesos en busca de la palabra justa. La que representara con mayor fidelidad lo que yo había querido decir. Aquello que hice yo a partir de ciertas imágenes, situaciones o ideas, ellos lo recomenzaban a parir de la palabra que les había heredado, explorando la idea o la imagen inicial que asomaba las orejas detrás para encontrarle un cabal equivalente en sus respectivas lenguas. A menudo recurrían a mí para plantearme algún problema traduciéndome alternativas y significados. Al adentrarme yo en su trabajo, implicándome en los idiomas que más o menos conozco y tratando de imaginar posibilidades en los que apenas me atrevo a asomarme, me animó la sensación de reemprender un camino que había recorrido antes en la más absoluta soledad acompañado esta vez por nuevos y extraordinarios compañeros de viaje.<br />
Este amistoso contubernio se vio bien reforzado cuando, al salir del trabajo, nos sentábamos a conversar tras una bebida en el animado café del Instituto Jovellanos antes de almorzar juntos, o nos íbamos a ver el mar haciendo restallar sus olas como un látigo contra el alto muro del malecón. Como todos los buenos escritores que conozco ellos son también grandes lectores y fue una verdadera delicia escucharlos intercambiar juicios e ideas sobre toda la literatura habida y por haber. Nunca les podré agradecer lo suficiente el tiempo que me dispensaron, ni tantas cosas como aprendí en su compañía, ni mucho menos la paciencia con que urden esos nudos cómplices entre mi lengua y la de todos esos lectores con quienes me sería imposible comunicar sin su concurso. Ahora sé que en los fundamentos del Premio Grinzane Cavour, y en el generoso apoyo que confieren al nunca suficientemente valorado papel del traductor, alienta una vocación de concordancia universal que yo creí perdida cuando la primitiva lengua del padre Adán se despeñó bajo los escombros del derrumbamiento de Babel. Ello nos hace a nosotros, los autores, partícipes de la gracia de Pentecostés y permite que nuestras palabras se derramen por el mundo.</p>
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