Posts Tagged “Salón del Libro Iberomericano de Gijón”

Me encontré a Paco Ignacio Taibo II (Gijón, España, 1949) durante el reciente Salón del Libro Iberoamericano de Gijón. Paco, pese a que lo conozco muy bien, se trata de uno de mis amigos más antiguos y queridos, nunca deja de sorprenderme. Cómo le alcanza el tiempo para participar en el Salón, escribir, promocionar sus novelas por el mundo y mantener activo el bien aceitado engranaje que destapa cada año, durante el mes de Julio, una nueva edición de la Semana Negra es para mí un misterio.
Foto07.jpg picture by antoniosarabiaPaco es infatigable, es cierto, pero ante todo es también un visionario. Y lo es en todas sus empresas, tanto literarias como extraliterarias. Sólo él puede concebir un libro con la fuerza, la calidad, la magnitud, el aliento y la ambición de la biografía de Pancho Villa, por ejemplo, que lleva ya vendidos no sé cuántos miles y miles de ejemplares. O ese extraordinario acontecimiento entre verbena popular, feria de pueblo, circo, maroma, teatro y acontecimiento cultural, que es la Semana Negra de Gijón en la que cada año recibe una oleada de excelentes escritores y más de un millón de visitantes.
Fue bueno compartir con él la mesa y la conversación. Me obsequió, además, su más reciente novela, De Paso, que me leí de un tirón en el camino de vuelta a Lisboa. Cuando le escribí proponiéndole hacer algo con ella en Los Convidados su escueto email de respuesta fue: “haz lo que más te guste con eso”.
Pues esto es lo que me gustó hacer, Paco: elegí tres capítulos para los lectores del blog y sé que los van a disfrutar. Gracias, y suerte en la vigésimo segunda edición de la Semana Negra.

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CAPÍTULO ONCE
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El patrón de la Cantabria me dijo:
-¿Quieres mil pesos, Tomás?
Yo le dije que sí y le pregunté:
-¿A quién mato?
-Al gachupín anarquista, al San Vicente ese.
-Mitad y mitad -le dije, y él entendió luego luego, porque era una fiera para los negocios.
-Trecientos ahora y el resto cuando los periódicos saquen la foto del muerto.
-¿Y si no hay foto?
-Con la nota me conformo -dijo extendiendo los trecientos pesos sobre la mesa como un abanico.
El cabrón me daba puros billetes de a peso y de a cinco, para que parecieran muchos, y muchos parecían. Recogí el abanico y saludé llevándome dos dedos al sombrero.
Me fui a la cantina a pensar, y pensé: Si voy a La Guadalupana a lo mejor el patrón de allí me da otros trescientos, y si hablo con los amarillos de Puebla, a lo mejor me dan doscientos por todo, y si hablo con el arzobispo a los mejor saco indulgencias desde antes; si le vendo la historia al Universal a lo mejor saco otros trescientos. Porque yo mato por dinero, pero no soy ningún pendejo, y mi tirada es poner una curtiduría en Juárez, en Jiménez, lejos de aquí, algún día.
En ésas estaba cuando llegó San Vicente. Yo hice como que estaba curándome de amores con unas copas, pero vino derecho a la mesa y se me sentó enfrente.
-Me dijeron que te dieron unos billetes para matarme -dijo en seco y sin saludar.
Tenía la mano en el bolsillo de la chaqueta, y tenía, “tenía que tener” el dedo en el gatillo y la automática amartillada. De manera que le fui de frente y asentí.
-¿Cuánto?
-Trescientos -le dije. Y me quedé pensando quién habría sido el chismoso, que más habían tardado en darme la lana que en írselo a contar.
-Con dos deditos saca el dinero del chaleco y ponlo arriba de la mesa -me dijo.
La gente se iba juntando pero nada babosa, se ponía detrás de él. Y estaba claro que si iba a haber plomazos, iban a la salir todos pa’ mi lado.
Extendí el dinero en abanico, tal como lo había recibido.
-Sabes que no es para mí, que yo no tocaría ni un centavo.
Asentí de nuevo. Y entonces supe todo.
-Gracias -me dijo, y se levantó.
-¿Sabes quién me lo dijo y por qué? -me preguntó antes de salir.
-Creo que ya lo adiviné. Gracias.
San Vicente salió de la cantina sin mirar para atrás. Yo me tome el tequila que estaba a medio apurar y salí caminando despacio.
El cabrón patrón de la Cantabria le había soltado el pitazo con algún empleado. Así, si yo no lo mataba, el me mataba a mí, y entonces le echaban a la policía encima y lo refundían. Me dolía, más que la trampa, la falta de confianza.
Entonces, fui a las oficinas de la Cantabria, y le metí un tiro en la frente al tipo. La sangre se le mezcló con la baba arriba del escritorio de caoba. Los muertos hacen cosas raras.
Por eso ando por aquí, por la frontera, en lugar de tener una curtiduría.
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Encontrarse con Elsa Osorio (Buenos Aires, Argentina, 1952) dedmordzinzkyquaiesdeseine.jpg picture by antoniosarabiacuando el azar, ese ir y venir por aquí y por allá inherente a nuestro quehacer literario, nos permite coincidir en alguna parte del mundo es una felicidad muy grande. Elsa es una mujer dulce, inteligente, curiosa, bien informada, con quien es un placer compartir desde una charla de café hasta una mesa redonda. Eso acaba de suceder en el XII Salón del Libro Iberoamericano de Gijón donde pasamos algunas muy agradables jornadas juntos. Elsa es una ávida lectora de Los Convidados, “los domingos por la tarde en Buenos aires, me dice, antes de meterme en la cama”, y ya hemos publicado comentarios suyos en una que otra entrada. Hoy la tenemos por fin entre nosotros participando con un excelente relato de su libro Callejón con Salida, que ofrece con muchísimo gusto a los lectores de Los Convidados.

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