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	<title>Los Convidados &#187; Poemas Reyes Magos</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>Poemas para despedir el año (Joseph Brodsky)</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Dec 2008 01:50:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poetas rusos contemporáneos]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Brodsky]]></category>
		<category><![CDATA[Poemas de año nuevo]]></category>
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		<category><![CDATA[Poemas Reyes Magos]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos de los poemas que Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940-1996) escribió durante los inviernos pasados en Venecia los últimos años de su vida están dedicados a la Navidad. Algunos de ellos fueron reproducidos aquí el año pasado y, esta Navidad, Lauren Mendinueta les consagró una más extensa y variada antología en su blog Inventario. Sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 162px; height: 227px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/brodsky.jpg?t=1230513702" alt="brodsky.jpg picture by antoniosarabia" />Muchos de los poemas que Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940-1996) escribió durante los inviernos pasados en Venecia los últimos años de su vida están dedicados a la Navidad. Algunos de ellos fueron reproducidos aquí el año pasado y, esta Navidad, Lauren Mendinueta les consagró una más extensa y variada antología en su blog <a onclick="window.open('http://www.laurenmendinueta.com','','');return false;" href="http://www.laurenmendinueta.com">Inventario</a>.<br />
Sin embargo, algunos de aquellos versos escritos por el poeta ruso antes y durante sus vacaciones decembrinas en la Perla del Adriático, no se refieren sólo a la Navidad sino al transcurrir de un año a otro y, en especial, a La Adoración de los Reyes, tema por el que profesaba una especial predilección desde que se topó en una revista polaca con una ilustración representando a los tres magos de oriente ante el humilde pesebre de Belén, y la recortó para pegarla sobre la estufa de cerámica en su dacha de Komarovo.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 300px; height: 365px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/brindis.jpg?t=1230513946" alt="brindis.jpg picture by antoniosarabia" />Los poemas con los que hoy deseamos celebrar la llegada del nuevo año, son anteriores al exilio de Brodski en 1972, a su arribo a los Estados Unidos y a sus clases de literatura en el Mount Holyoke college de Nueva York. Preceden también su primer viaje a Venecia, ciudad de la que el futuro premio Nobel de la literatura 1987 se enamoró y en la que escribiría la mayor parte de sus célebres poemas de Navidad. Tienen la intensidad y la pasión del Brodsky joven con el fervor y la reflexión que caracterizaron los de su madurez. Aquí están. Desde Los Convidados les deseo a los amigos y lectores, salud, éxitos y toda la felicidad posible en el difícil año que se avecina.</p>
<p><span id="more-379"></span></p>
<p>UNO DE ENERO DE 1965</p>
<p>Los Reyes Magos olvidarán tu dirección.<br />
No habrá estrellas sobre tu cabeza.<br />
Acaso sólo el ronco bramido del viento<br />
escuches como en otros tiempos.<br />
A tus hombros cansados les quitarás la sombra,<br />
cuando apagues la vela, antes de acostarte,<br />
pues el calendario nos promete<br />
más días que velas.</p>
<p>¿Qué es esto? ¿Tristeza? Tal vez sea tristeza.<br />
Una canción que te sabes de memoria.<br />
Que se repite. Pues que se repita.<br />
Que se repita desde ahora.<br />
Que suene también a la hora de la muerte,<br />
como gratitud de labios y ojos,<br />
hacia lo que, a veces, nos obliga<br />
a perder la mirada en la lejanía.</p>
<p>Y mirando en silencio al techo,<br />
porque el calcetín, claro, está vacío,<br />
comprenderás que la avaricia sólo es garantía<br />
de que eres demasiado viejo.<br />
De que ya es tarde para creer en milagros.<br />
Y lanzando tu mirada al cielo,<br />
sentirás de repente que tú mismo<br />
eres un regalo sincero.</p>
<p> </p>
<p>ANNO DOMININI</p>
<p>La providencia celebra la Navidad.<br />
El palacio del Gobernador está engalanado con muérdago,<br />
y las antorchas humean en el portal.<br />
En los callejones, empujones y diversión.<br />
Alegre, ocioso, sucio y alucinado,<br />
el gentío se amontona detrás de la mansión.</p>
<p>El Gobernador está enfermo. Yace en su lecho,<br />
cubierto con un chal, traído del Alcázar,<br />
donde prestó servicio y piensa en<br />
su mujer y en su secretario,<br />
que, abajo en el salón, reciben a los invitados.<br />
En verdad, no está celoso. Para él<br />
lo más importante ahora es encerrarse en la coraza<br />
de sus males, sus sueños o del aplazamiento de<br />
su traslado a la metrópoli. Ya sabe<br />
que la libertad no es necesaria para que<br />
el pueblo celebre su fiesta;<br />
por la misma razón permite<br />
que su mujer le engañe. ¿En qué pensaría<br />
si no le perturbaran<br />
la tristeza o sus achaques? ¿Y si la amara?<br />
Sin querer, estremeciendo el hombro como si sintiera frío,<br />
aparta los malos pensamientos.</p>
<p>&#8230;En el salón, languidece el fulgor de la alegría,<br />
aunque aún perdura. Muy borrachos,<br />
los jefes tribales fijan sus ojos vidriosos<br />
en una lejanía carente de enemigo.<br />
Sus dientes, la expresión de su ira,<br />
como una rueda mordida por los frenos,<br />
se traban en una sonrisa, y el criado<br />
sirve más comida. Entre sueños grita un mercader.<br />
Suenan retazos de canciones.<br />
La mujer del Gobernador y el secretario<br />
se deslizan hacia el jardín. En la pared,<br />
como un murciélago, el águila imperial<br />
devora el hígado del Gobernador&#8230;</p>
<p>Y yo, un escritor que ha visto mundo,<br />
que ha cruzado el ecuador sobre un asno,<br />
miro por la ventana las colinas dormidas<br />
y pienso en la semejanza de nuestras desgracias:<br />
a él no le quiere ver el Emperador;<br />
a mí, ni mi hijo ni Cyntia. Pero nosotros<br />
pereceremos aquí. El orgullo<br />
no convertirá nuestro amargo destino en una prueba de<br />
que venimos de la imagen del Creador.<br />
Todos seremos iguales en el ataúd.<br />
¡Tengamos en vida rostros diferentes!<br />
¿Para qué intentar escapar del palacio?</p>
<p>No somos jueces de la patria. La espada del juicio<br />
se hundirá en nuestra propia deshonra:<br />
los herederos y el poder están en manos ajenas&#8230;<br />
¡Qué bien que las naves no naveguen!<br />
¡Qué bien que el mar no se congele!<br />
¡Qué bien que los pájaros entre las nubes<br />
sean sutiles con cuerpos tan pesados!<br />
nada hay que reprochar.<br />
Pero tal vez nuestro peso esté en<br />
proporción de su canto.<br />
¡Que vuelen, entonces, a la patria!<br />
¡Que griten, entonces, por nosotros!</p>
<p>Mi patria&#8230; extraños señores<br />
visitan a Cynthia, se inclinan sobre la cuna<br />
como nuevos Reyes Magos.<br />
El niño duerme. La estrella parpadea<br />
como carbón bajo la fría pila bautismal.<br />
Y los visitantes, sin tocarle la cabeza,<br />
truecan su nimbo por una aureola de mentiras,<br />
y la Inmaculada Concepción por un cotilleo,<br />
por pasar en silencio sobre la figura del padre&#8230;<br />
El palacio se vacía. Se apagan las luces en las plantas.<br />
Primero, una. Luego, otra. Por fin, la última.<br />
Y solo dos ventanas en todo el palácio<br />
tienen luz: la mía, donde de espaldas a la antorcha<br />
miro como el disco de la luna se desliza<br />
sobre el escueto bosque, y veo a Cynthia y la nieve;<br />
y la del Gobernador, que, al otro lado de la pared<br />
lucha en silencio con la enfermedad durante la noche<br />
y alumbra el fuego para distinguir al enemigo.</p>

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