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	<title>Los Convidados &#187; Paco Ignacio Taibo I</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>Murió Paco Ignacio Taibo I, descanse en paz.</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Nov 2008 21:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
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		<description><![CDATA[Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 &#8211; México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía. &#8220;El jefe&#8221;, como se le llamaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 &#8211; México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 230px; height: 249px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/PITI1-1.jpg?t=1226871916" alt="PITI1-1.jpg picture by antoniosarabia" />&#8220;El jefe&#8221;, como se le llamaba afectuosamente, llegó a México a fines de los años cincuenta en compañía de su esposa Maricarmen y de su hijo mayor, el pequeño Paco Ignacio, entonces de nueve años de edad. Los otros dos hijos del matrimonio, Benito y Carlos, nacerían posteriormente en México.<br />
Fundador de la sección cultural de <em>El Universal</em>, el diario más antiguo de México, ejerció con extraordinaria soltura, talento, humor, inteligencia y lucidez tanto el periodismo como la narrativa o el ensayo. Entre sus amigos se contaron muchos de los grandes nombres de la literatura como León Felipe, Pedro Garfias, Ángel González y Gabriel García Márquez, y del espectáculo como Luis Buñuel, María Félix, Agustín Lara o Joan Manuel Serrat. En el 2006 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil, en España y, en 2008, el Premio nacional de periodismo, en México. Una calle de Gijón lleva su nombre.<br />
De sus columnas en la parte inferior izquierda de su página en <em>El Universal</em>, a la que con su fino humor había titulado <em>Esquina Baja</em>, en alusión al &#8220;¡esquina, bajan!&#8221; que usaban los usuarios y conductores de autobús en la ciudad de México para pedir o anunciar una parada, hemos rescatado estas cuatro viñetas como homenaje a un hombre que fue modelo de generosidad y honradez profesional e intelectual para cuantos le conocimos. Descanse en paz.</p>
<p><span id="more-281"></span></p>
<p><em>TODOS SOMOS JOTOS</em> (Diciembre 20 del 2006)<br />
Como bien saben todos ustedes, en los últimos días se ha librado una dura batalla en la Cámara de Diputados para sacar adelante el Presupuesto de Egresos de este gobierno que apenas empieza. Ante la amenaza de un posible recorte que afectaría sustancialmente a la cultura, hubo grandes movilizaciones y cientos de personas vinculadas con el arte y la cultura nos manifestamos acremente ante la posibilidad de que hubiera cada vez menos dinero para este sector.<br />
Finalmente sucedió lo que todos nos temíamos. La tijera cumplió con su cometido y nos enfrentaremos a un presupuesto que si bien no fue cortado a rape, sí sufrió lo suficiente para que el sector tenga una fisonomía completamente diferente.<br />
Pero aquí viene la parte más inquietante del asunto.<br />
Parece ser que un diputado por Tamaulipas, apellidado Bernal, dijo lo suficientemente alto como para ser oído, mientras se discutían los presupuestos, esta joya lexicográfica: &#8220;¿Para que darle dinero a esa bola de jotos?&#8221;.<br />
Y yo, desde esta Esquina Baja, quisiera decirle al señor Bernal que el dinero que queremos la bola de jotos es para que nuestras zonas arqueológicas sigan abiertas y cuidadas, para que los programas de fomento a la lectura no se detengan, para que la música y la danza puedan ser escuchadas, vistas y disfrutadas por un número mayor de gente cada día, para que la poesía, la novela, el teatro florezcan, para que nuestros museos presenten mejores exposiciones. En resumen, para que la cultura siga siendo sinónimo de identidad, de soberanía, de raíces inquebrantables.<br />
También quiero recordarle al señor Bernal que la bola de jotos a la que se refiere, produce por varios conceptos ligados a la cultura, 6.7 por ciento del Producto Interno Bruto; cifra que está sólo por debajo de lo que logran el petróleo y las reservas que los emigrantes ingresan al país. Por lo tanto, somos una fuerza productiva ejemplar, y no sólo eso; sin duda, también combativa. Somos el único sector de la sociedad que hasta ahora ha salido a la calle a pelear contra los recortes y lo seguiremos haciendo cada vez que sea necesario.<br />
En cuanto a su lamentable exabrupto, que a mí, personalmente, me lleva a risa, si no revistiera la gravedad que conlleva en su intención, habría que decir que en estos tiempos de equidad de géneros, tan aparentemente lejanos a otros donde se quemaban libros en las plazas y se descalificaba, por miedo e ignorancia, al que pensara, actuara o quisiera a otro de manera diferente, sólo puedo decir que todos somos jotos; yo, mis hijos, cientos de mis amigos y amigas y miles de muchachos que salieron a la calle para hacer de éste, un país mejor, más justo, más noble, con una mayor capacidad para que todos puedan acceder libremente la cultura.<br />
Alguien me propuso que le regaláramos al señor Bernal un libro para sensibilizarlo. No vale la pena, me enteré por fuentes confiables que ya tiene uno.</p>
<p> </p>
<p><em>LOS LIBROS BUSCAN A LOS NIÑOS</em> (enero 5 del 2004)<br />
En el camellón de Álvaro Obregón en la colonia Roma, la mayor oferta de libros especializados es aquella que busca en sus posibles clientes a los niños.<br />
Y son los niños los que observan con más atención y más tiempo los cuentos que se ofrecen día a día.<br />
Hemos venido aprendiendo, desde que nos acercamos por primera vez a un libro de cuentos, que en estas historias que parecen ingenuas y que en ocasiones no lo son tanto, se centra la clave para comenzar a entender el mundo.<br />
Los tres cerditos, si bien se leen, son un mensaje acucioso que va entrañando en nosotros una idea de la justicia y de los infractores.<br />
También son libros ejemplares aun aquellos que parecen ingenuos y que no intentan mostrarnos los verdaderos peligros que acechan al hombre.<br />
Una lectura atenta y cuidadosa de las viejas historias está lejos de ser aquella interpretación piadosa a la que se le confiaban los consejos más oportunos para el adulto.<br />
Los libros de cuentos han sido celosamente custodiados por los periódicos de diaria lectura, y no hay nada más que nos pueda enseñar de la vida actual que el comportamiento de las grandes potencias, de las grandes fábricas de armas, de los robos y de los desfalcos.<br />
Tarde o temprano, el niño lector tendrá que asociar las noticias de la vida diaria con los viejos cuentos que la realidad pone al día.<br />
El lobo vestido de ancianita acecha desde el fondo de la anécdota para enfrentarnos a las historias más crueles de la vida.<br />
No importa que los libros de los niños estén dibujados por artistas dados a los bellos colores y a los personajes chistosos.<br />
No importa que todo se disfrace de sonrisas, tarde o temprano el lector que va madurando se sorprende ante el mensaje oculto y va abandonando su niñez.<br />
La guerra de Irak se irá convirtiendo en una lección sangrante y dolorosa.<br />
Los cuentos infantiles, aunque sean leídos por ancianas dulces y cansadas, serán una lección que adquiere su verdadera importancia, cuando el hombre madura y se hace sensible a la realidad.<br />
Los tres cerditos a estas alturas son gigantes que amenazan con comernos a todos</p>
<p> </p>
<p><em>NACIMIENTO IMPOSIBLE</em> (noviembre 8 del 2005)<br />
Cientos de veces, amigos y enemigos, me pidieron que les contara cómo había conocido a Agustín Lara. Yo mismo de narrar cada acontecimiento lo fui olvidando a fuerza de inventarlo.<br />
Un día mi amigo Eulalio Ferrer me pidió que escribiera una serie de encuentros con el llamado Flaco de Oro que a su vez sirvieran para un programa de televisión.<br />
Acudí a una cita con Agustín, en su casa, y él apareció bajando una interminable escalera forrada de tela roja. Yo comencé a adelantar mi mano para saludarle; pero Agustín inició otro nuevo desplazamiento desviándose de mi camino y avanzando hacia un monumental mueble bar.<br />
El tal mueble era como una biblioteca colmada de botellas de todo tipo; las últimas tocaban el techo.<br />
Llegó al bar, tomó dos copas y las llenó de coñac; colocó las copas entre los dedos centrales de la mano derecha, sosteniendo la palma de la mano en dirección al suelo.<br />
Así avanzó hacia mí y me ofreció en silencio las dos copas; yo tomé una, brindé, también, en silencio y a las 12 de la mañana expuse mi estómago a un brandy que estaba entre el fuego y la lija.<br />
Entonces Lara entrecerró los ojos y afirmó: &#8220;Me han dicho que usted es un caballero español.<br />
La connotación que yo siempre he dado a los caballeros españoles tiene mucho de cursi y de petulante. Jamás había pensado que tenía algo en común con el caballero español, extraño a todos mis intereses políticos y sociales. Ser nombrado caballero español al pie de una escalera alfombrada de rojo, tomando brandy a mediodía y de pie frente al inmenso bar de madera, resultaba por lo menos extraño.<br />
Sonreí y volví a tomar un trago. Luego creo que tuve que toser.<br />
El trato entre caballeros no duró mucho; a los pocos días nos hablábamos de tú y él bajaba las escaleras quejándose de un fuerte dolor en los riñones.<br />
Fue el mío un trabajo muy pintoresco. Agustín Lara afirmaba que todas sus canciones habían sido inspiradas por una mujer; esa mujer era su musa y la musa tenía casi siempre unas caderas grandes y una cintura estrecha.<br />
Pasado el tiempo llegué a conocer a casi todas sus musas y a bromear sobre ese personaje a quien debemos las más singulares canciones.<br />
Bien sé que entre mis inventos yo podría haber inventado un descenso por tan singulares escaleras, pero por una vez en mi vida quiero ser realista y auténtico.<br />
Lo único que yo podría añadir, hoy, es que Agustín Lara al bajar las escaleras de su casa tenía la majestuosidad de Jean Cocteau.<br />
Así conocí a Agustín Lara, más o menos, no lo he olvidado. Sigo queriendo su recuerdo.</p>
<p> </p>
<p>Finalmente, el mismo día de su muerte sólo que tres años antes, en el 2005, y con motivo del Día de los Muertos que en México se celebra el 2 de noviembre, Paco Ignacio Taibo I escribió una bellísima nota sobre una de las festividades más sorprendentes y representativas de la cultura mexicana.</p>
<p><em>COMERSE A LA MUERTE</em> (noviembre 13 del 2005)<br />
Nadie estableció jamás las fórmulas para honrar a los que se fueron; nadie dijo qué flores han de cosecharse, qué cantos han de elegirse y qué oraciones debemos pronunciar.<br />
Todo ha llegado a la aldea a través de una tradición constante, pero transparente, y ni siquiera los propios curas, que siguen fielmente todo el laborioso trabajo, saben por qué en ciertos lugares la calaca ríe y en otros la calaca llora.<br />
Estas son las grandes tradiciones que llaman a cientos de cumplimientos reiterativos y que la niña que hoy corre entre las tumbas del camposanto repetirá cuando los dolores reumáticos le impidan correr.<br />
El hecho que nadie recuerde la vez primera que recortó el rostro de una calaca en un papel de china no impedirá que los nietos hereden esa misma calaca, ese mismo papel de china y esas mismas tijeras.<br />
En los pueblos más apartados la comunidad entera es fiel al llamado del más allá.<br />
A pesar de que a través de la televisión se insiste en mostrarnos otro tipo de reverencias extranjeras, otras danzas distintas, otra música nueva, la tradición se impone y seremos fieles a una herencia que no queremos olvidar.<br />
Si algún día descubrimos que se ha dejado de hablar de ofrendas y de cantos nos asombraríamos ante el hecho de que la tradición se manifiesta surgiendo de sí misma como quien nace de su propia sombra, de referencias que ignoramos de dónde partieron y por qué han llegado a nosotros.<br />
No hay en el mundo un cementerio que se parezca a un cementerio mexicano en estos días de celebración.<br />
La novia, tomando la calavera de azúcar, le pide al marchante que ponga en la frente el nombre del amado.<br />
Comerse a la muerte es una forma, durante estos días, de decirle al mundo que aún estamos vivos.</p>
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