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AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA

En una f√°bula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripci√≥n de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la m√ļsica est√° en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegr√≠a, pero la m√ļsica es la tristeza y es la alegr√≠a. Tal vez la poes√≠a sea ese soplo de inspiraci√≥n misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusi√≥n a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten m√°gicamente en esa realidad que est√°n nombrando.
aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabiaLos pa√≠ses americanos de habla espa√Īola vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caim√°n en el flanco de la canoa. Esas cr√≥nicas tempranas ya viv√≠an el anhelo de encontrar en la geograf√≠a ignota de America un hogar, una patria, y s√≥lo as√≠ podemos entender la emoci√≥n de estas palabras de las “Eleg√≠as”: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardar√≠a mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ning√ļn poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivi√≥ una de las aventuras m√°s secretas y conmovedoras de la lengua castellana en Am√©rica, y gracias a ella construy√≥ con el lenguaje lo que √©l mismo llamar√≠a su “Morada al Sur”.
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en Jos√© Hern√°ndez y en Oth√≥n, en Bello y en Guti√©rrez Gonz√°lez. Y despu√©s de la aventura magn√≠fica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufon√≠a a la lengua, pero que se propon√≠an menos ser la voz de un territorio que el temblor de una √©poca, algunos poetas de Hispanoam√©rica de los a√Īos treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los espa√Īoles de la generaci√≥n del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. As√≠ vimos aparecer a L√≥pez Velarde en M√©xico, a C√©sar Vallejo en el Per√ļ, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.
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Cuando se habla de Claude Couffon (Caen, Francia, 1926) se habla de la larga y fecunda correspondencia de la lengua francesa con una buena parte de lo mejor que ha producido la literatura en Espa√Īa y Am√©rica Latina.
Claude Couffon comenz√≥ su carrera de hispanista siendo a√ļn muy joven, desde mediados de los a√Īos cuarenta, divulgando en peri√≥dicos y revistas de su pa√≠s la obra de algunos de los m√°s grandes poetas de la lengua espa√Īola: Federico Garc√≠a Lorca, Miguel Hern√°ndez, Juan Ram√≥n Jim√©nez, C√©sar Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Nicol√°s Guill√©n, por mencionar s√≥lo a unos cuantos de los m√°s grandes. Con varios de ellos establecer√≠a despu√©s una profunda amistad, lo mismo que con narradores de la talla de Julio Cort√°zar con quien sostuvo, adem√°s, una fugaz y simp√°tica rivalidad amorosa. Primer traductor de Gabriel Garc√≠a M√°rquez al franc√©s, ha colaborado tambi√©n con Juan Carlos Onetti, Camilo Jos√© Cela, Miguel √Āngel Asturias y Mario Vargas Llosa con quien le he escuchado compartir recuerdos con la complicidad de viejos camaradas.
Entre sus √ļltimas novelas traducidas al franc√©s est√°n Los Convidados del Volc√°n, en 1997, y El Cielo a Dentelladas, en 2001, ambas del autor de este blog. Que un hispanista de su talla se ofreciera a trabajar en ese par de obras m√≠as es, y ha sido siempre, para m√≠ motivo de asombro, orgullo y gratitud.
Entre sus numerosas distinciones se cuentan el Gran Premio de Traducci√≥n Halp√©rine-Kaminski, el Gran Premio Nacional de Traducci√≥n del Ministerio de la Cultura, el Premio de Artes y Letras y el nombramiento de Caballero de la Legi√≥n de Honor. El premio a la traducci√≥n que todos los a√Īos concede El Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n que convoca Lu√≠s Sep√ļlveda se llama, en su honor, Premio Claude Couffon.
Un hombre tan ligado a las letras no pod√≠a m√°s que escribir √©l mismo. Sus trabajos de poeta, sin embargo, han quedado oscurecidos por su colosal labor de traductor. Una gran injusticia que repararemos esta semana, al menos en una m√≠nima parte, reproduciendo algunos de sus propios poemas. Las versiones al espa√Īol son de Lina Zer√≥n a quien agradecemos la gentileza de facilitarlas para este blog.

LA CONFESI√ďN

Puedo a√ļn escribir
y, con la mano temblorosa
deshojando sílabas,
mofarme de la muerte
¬ŅPero de qu√© me sirve?
¬Ņde cara a qui√©n?
¬ŅPara qu√© hablar,
incluso en voz baja,
de la soledad?

ELLA

Como todos, claro que pienso en ella,
sin angustia puesto que sé
por haberla frecuentado a menudo
que ella es sólo un símbolo.

Es triste, cierto, pero tranquilizador
ya que todos terminaremos ahí,
grandes o peque√Īos, nutrientes
de unas briznas de hierba en el cementerio.

Visto que los poetas
la han celebrado tanto, renunciemos.
Entremos en la muerte y dejemos
que el silencio nos sonría, burlón, en la tumba.

VIAJES II

Llegué a la edad en la que se viaja dentro de un cuarto
en aviones que piloteamos solitarios
hacia islas imaginarias
de continentes cercanos al cielo
o al infierno
pero poco importa:
se asemejan en su salvaje libertad.
Emparejarse aqu√≠ es so√Īar
con todos esos cuerpos que fueron nuestros
y que el tiempo no puede envejecer
¬°Ah, los viajes sin regreso
en los que me hundo cada noche!

BALANCE III

Vivir es una crueldad si sabemos
que todo lo que fue ya no ser√°
o es tan sólo un destello
del azar o de la suerte escasa.
Ya no poder ser el hombre
aquel seductor seguro de sí
que volvía reales los excesos
de los m√°s ardientes fantasmas.
Ahora andrajo que a veces
concretiza el sue√Īo loco
de ser todavía ya sin nada
la imagen de un duende estéril
de una vida que fue larga y breve.

NOMBRE

Me hubiera gustado ser otro.
No aquél a quien se conoce
e incluso a veces se reconoce.

Ser Bosquet o Sabatier.
Alberti o Neruda.
Louis Aragon o Paul Eluard.
O bien
tantos otros que ríen en sus barbas…

Pero yo sólo quiero ser
‚ÄĒdisculpen si me ufano‚ÄĒ
aquél que todos llaman Couffon.

DE PASO

¬ŅS√≥lo somos materia que se transmite
consciente
o inconscientemente?
La edad lo afirma
o lo rechaza
si se trata de juventud
o de extinción
pero de qué nos sirve plantearnos tantas preguntas
si vivir es la maravilla de un tiempo
a lo m√°s pasajero.

Nos gustaría terminar con una reflexión del propio Couffon después de traducir Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda:
‚Äú¬ŅPor qu√© todos, en cierta medida, mentimos al contar nuestras vidas? Cierto: nos toc√≥ una vida privilegiada, ¬Ņy qu√©? Aunque hayamos tenido esa vida llena de experiencias, √©sta no lleg√≥ a ser nunca la que habr√≠amos querido. Por eso le agregamos un poco de pimienta y ese poco la convierte de veras en literatura. Todos sabemos que la literatura no existe, que es pura ficci√≥n. Un sue√Īo de absoluto y de imposible.‚ÄĚ

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