Posts Tagged “Mexique. Conflits r√™ves et miroirs”

Nstor.jpg picture by antoniosarabiaAdem√°s de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde ense√Īa lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, N√©stor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entra√Īable contacto en Francia: forma el eje del pol√≠gono Argentina, M√©xico, Francia, Portugal, Colombia que me provee, s√≥lo Dios y √©l saben c√≥mo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastron√≥micamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.

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En octubre de 2008, despu√©s de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Val√©ria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa p√°gina “Los Convidados”. Pocas semanas m√°s tarde, sal√≠a all√≠ mi cuento El d√≠a del amigo. Entre tanto, el coraz√≥n me hab√≠a andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a M√©xico. Pero la p√°gina de Antonio me permiti√≥ hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. All√≠ dej√≥ un mensaje que todav√≠a pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Est√°bamos en la misma divisi√≥n y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de f√ļtbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llev√≥ la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canci√≥n, “S√≥lo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomod√≥ el Negro.
Despu√©s se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El d√≠a del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se qued√≥ en La Plata y se recibi√≥ de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por tel√©fono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del a√Īo pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telef√≥nica y le cont√© en detalle mi problema card√≠aco. Parec√≠a como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todav√≠a siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.

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