Posts Tagged “Mario Vargas Llosa”

William Ospina (Padua, Colombia, 1954) tiene ya un nicho propio dentro de la poesía colombiana. Su enorme talento y la amplitud y calidad de su obra lo convierten en una de las grandes referencias del género (ver William Ospina y el soneto al instante, marzo 2, 2008, en este mismo blog).
Pero William es incapaz de quedarse quieto, y menos aún tratándose de literatura. Por eso en el 2005 hizo una primera incursión en la narrativa con su novela Ursúa, la cual tuvo una excelente acogida entre el público y la crítica. Ahora, este jueves 4 de junio, con El País de la Canela, la segunda parte de lo que apunta ser una extraordinaria trilogía, acaba de hacerse acreedor al XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.
William_Ospina_imagen_archivo.jpg picture by antoniosarabiaAl presentarla la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid, Ospina afirmó que El País de la Canela propone una mirada sin maniqueísmo sobre la conquista de América. El protagonista-narrador es un mestizo, hijo de un español y de una indígena. De ese modo le es posible ofrecer una novela con la perspectiva de aquellos dramáticos acontecimientos desde la sensibilidad de alguien que pertenece a los dos mundos.
El 2 de agosto se le hará la entrega oficial del galardón que consiste en cien mil euros en efectivo y una medalla de oro. El premio fue creado en 1964 por el entonces presidente Raúl Leoni para honrar la obra de Rómulo Gallegos, autor del clásico costumbrista Doña Bárbara y en su momento también presidente de Venezuela. Entre otros ganadores del certamen, que cumple cuarenta y cinco años, están el peruano Mario Vargas Llosa, quien ganó la primera edición en 1967, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, además del español Javier Marías, el también colombiano Fernando Vallejo y el mexicano Carlos Fuentes.
William, viejo cómplice de Los Convidados y amigo personal de este autor, nos ofrece uno de los capítulos de la obra ganadora para deleite de los lectores del blog.
Otra vez felicidades, Willie, y gracias por el texto. Hasta muy pronto.
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Cuando se habla de Claude Couffon (Caen, Francia, 1926) se habla de la larga y fecunda correspondencia de la lengua francesa con una buena parte de lo mejor que ha producido la literatura en España y América Latina.
Claude Couffon comenzó su carrera de hispanista siendo aún muy joven, desde mediados de los años cuarenta, divulgando en periódicos y revistas de su país la obra de algunos de los más grandes poetas de la lengua española: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, César Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Nicolás Guillén, por mencionar sólo a unos cuantos de los más grandes. Con varios de ellos establecería después una profunda amistad, lo mismo que con narradores de la talla de Julio Cortázar con quien sostuvo, además, una fugaz y simpática rivalidad amorosa. Primer traductor de Gabriel García Márquez al francés, ha colaborado también con Juan Carlos Onetti, Camilo José Cela, Miguel Ángel Asturias y Mario Vargas Llosa con quien le he escuchado compartir recuerdos con la complicidad de viejos camaradas.
Entre sus últimas novelas traducidas al francés están Los Convidados del Volcán, en 1997, y El Cielo a Dentelladas, en 2001, ambas del autor de este blog. Que un hispanista de su talla se ofreciera a trabajar en ese par de obras mías es, y ha sido siempre, para mí motivo de asombro, orgullo y gratitud.
Entre sus numerosas distinciones se cuentan el Gran Premio de Traducción Halpérine-Kaminski, el Gran Premio Nacional de Traducción del Ministerio de la Cultura, el Premio de Artes y Letras y el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor. El premio a la traducción que todos los años concede El Salón del Libro Iberoamericano de Gijón que convoca Luís Sepúlveda se llama, en su honor, Premio Claude Couffon.
Un hombre tan ligado a las letras no podía más que escribir él mismo. Sus trabajos de poeta, sin embargo, han quedado oscurecidos por su colosal labor de traductor. Una gran injusticia que repararemos esta semana, al menos en una mínima parte, reproduciendo algunos de sus propios poemas. Las versiones al español son de Lina Zerón a quien agradecemos la gentileza de facilitarlas para este blog.

LA CONFESIÓN

Puedo aún escribir
y, con la mano temblorosa
deshojando sílabas,
mofarme de la muerte
¿Pero de qué me sirve?
¿de cara a quién?
¿Para qué hablar,
incluso en voz baja,
de la soledad?

ELLA

Como todos, claro que pienso en ella,
sin angustia puesto que sé
por haberla frecuentado a menudo
que ella es sólo un símbolo.

Es triste, cierto, pero tranquilizador
ya que todos terminaremos ahí,
grandes o pequeños, nutrientes
de unas briznas de hierba en el cementerio.

Visto que los poetas
la han celebrado tanto, renunciemos.
Entremos en la muerte y dejemos
que el silencio nos sonría, burlón, en la tumba.

VIAJES II

Llegué a la edad en la que se viaja dentro de un cuarto
en aviones que piloteamos solitarios
hacia islas imaginarias
de continentes cercanos al cielo
o al infierno
pero poco importa:
se asemejan en su salvaje libertad.
Emparejarse aquí es soñar
con todos esos cuerpos que fueron nuestros
y que el tiempo no puede envejecer
¡Ah, los viajes sin regreso
en los que me hundo cada noche!

BALANCE III

Vivir es una crueldad si sabemos
que todo lo que fue ya no será
o es tan sólo un destello
del azar o de la suerte escasa.
Ya no poder ser el hombre
aquel seductor seguro de sí
que volvía reales los excesos
de los más ardientes fantasmas.
Ahora andrajo que a veces
concretiza el sueño loco
de ser todavía ya sin nada
la imagen de un duende estéril
de una vida que fue larga y breve.

NOMBRE

Me hubiera gustado ser otro.
No aquél a quien se conoce
e incluso a veces se reconoce.

Ser Bosquet o Sabatier.
Alberti o Neruda.
Louis Aragon o Paul Eluard.
O bien
tantos otros que ríen en sus barbas…

Pero yo sólo quiero ser
—disculpen si me ufano—
aquél que todos llaman Couffon.

DE PASO

¿Sólo somos materia que se transmite
consciente
o inconscientemente?
La edad lo afirma
o lo rechaza
si se trata de juventud
o de extinción
pero de qué nos sirve plantearnos tantas preguntas
si vivir es la maravilla de un tiempo
a lo más pasajero.

Nos gustaría terminar con una reflexión del propio Couffon después de traducir Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda:
“¿Por qué todos, en cierta medida, mentimos al contar nuestras vidas? Cierto: nos tocó una vida privilegiada, ¿y qué? Aunque hayamos tenido esa vida llena de experiencias, ésta no llegó a ser nunca la que habríamos querido. Por eso le agregamos un poco de pimienta y ese poco la convierte de veras en literatura. Todos sabemos que la literatura no existe, que es pura ficción. Un sueño de absoluto y de imposible.”

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