Posts Tagged “Luis Sep√ļlveda”

JulioCortzar3.jpg picture by antoniosarabia“Yo llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga”, le o√≠ decir hace unos d√≠as a mi amigo Daniel Mordzinski en el Hay Festival de Cartagena de Indias, donde ambos estuvimos invitados. √Čl a√ļn vive en Par√≠s. En lugar de la Maga encontr√≥ a su hermosa e incomparable Viviana, pero sus palabras rozaron un arrinconado diapas√≥n en mi memoria. Par√≠s hab√≠a significado tantas cosas en mi adolescencia que yo tambi√©n llegu√© ah√≠ buscando huellas: de d’Artgnan a Lagardere, de Jean Valjean a Montecristo, de Auguste Dupin al inspector Maigret, de Esmeralda a la Maga. Del convento de las Carmelitas Descalzas, a cuyas espaldas se bat√≠an los mosqueteros y el atrio de Notre Dame, donde bailaba la gitanilla, hasta el quai de Conti y el Pont des Arts, donde Oliveira distingu√≠a a la Maga a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. S√≠, yo tambi√©n llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga y me encontr√© con que ah√≠ fallecer√≠a Julio Cort√°zar (Bruselas, B√©lgica, 1914-1984) unos meses despu√©s de mi llegada.

Foto23.jpg picture by antoniosarabiaYo no lo conoc√≠. Mi primera novela no ser√≠a publicada sino hasta siete a√Īos m√°s tarde y yo, ilustre desconocido, no me atrev√≠ a llamarle por tel√©fono y confesarle cu√°nto le admiraba. Hice mal. Me lo han dicho ahora amigos, algunos muy queridos, que lo conocieron y trataron en la intimidad. Sin embargo, en los quince a√Īos que luego pasar√≠a en la capital de Francia lo visit√© a menudo en su √ļltima morada del cementerio Montparnasse, en la tumba que comparte junto a su querida Carol Dunlop. Cuando mi gran amigo el chileno Luis Sep√ļlveda estaba en la ciudad √≠bamos a hacerle compa√Ī√≠a. Le encend√≠amos un cigarrillo bien acomodado sobre el m√°rmol y, fumando tambi√©n nosotros, convers√°bamos los tres hasta que Julio conclu√≠a el suyo. Agrego, para obviar dudas sobre la salud mental de Lucho y m√≠a, que aunque le sab√≠amos presente en el coloquio jam√°s le o√≠mos responder. Participaba en la conversaci√≥n, dir√≠a Borges, intercalando silencios significativos mientras chupaba placenteramente su tabaco hasta consumirlo. A veces, intuyendo que no bastaba uno le prend√≠amos otro y ¬Ņpor qu√© no? hasta un tercer cigarrillo del insomnio -√©l fue siempre un enorme fumador- y continu√°bamos la charla. Al final apag√°bamos las colillas, nos desped√≠amos y ya solos, sinti√©ndonos medio desamparados, remat√°bamos la tarde en cualquier caf√© del bulevar.

CasaJC.jpg picture by antoniosarabiaEn otra ocasi√≥n, junto con mis dos queridos futuros compinches de Primeras Noticias de Noela Duarte, Jos√© Ovejero y Jos√© Manuel Fajardo, acompa√Īados -no pod√≠a ser menos- por el mismo Daniel Mordzinski, hice un viaje a Bruselas en busca del preciso lugar de nacimiento del gran Julio quien vio la luz ah√≠ durante la primera guerra mundial, con la ciudad reci√©n ocupada por las tropas alemanas. Los resultados de la excursi√≥n los narr√© ya en otro post de este mismo blog: encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podr√≠an haberlo asaltado, entramos a un departamento que pudo ser el del propio Cort√°zar porque no se sabe con certeza en qu√© piso vivi√≥. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro us√≥ √©l de ni√Īo. A√Īado, como en la otra ocasi√≥n, algunas de las fotos que Daniel tom√≥ del viaje. Para los cuatro fue una experiencia formidable.

ElevadorCortzar.jpg picture by antoniosarabia

Ahora escribo estas l√≠neas en v√≠speras del vig√©simo quinto aniversario de su muerte, que se cumple este jueves catorce de febrero.¬†Ese d√≠a, esta semana, todos los medios de informaci√≥n verter√°n carretadas de merecidos elogios sobre quien es considerado ya uno de los pocos cl√°sicos de nuestro tiempo. Si he narrado algunas de mis correr√≠as con Sep√ļlveda, Fajardo, Ovejero y Mordzinski en torno a Cort√°zar, ha sido solo para ilustrar la afici√≥n, la adhesi√≥n, la devoci√≥n, la admiraci√≥n y muchos otros ciones m√°s que √©l supo despertar en las generaciones de escritores que le siguieron.¬†S√© de algunos que incluso sol√≠an dibujar con tiza una rayuela en la rue de l’Hirondelle y la saltaban cada aniversario.¬†S√≠, todos nos sentimos abrumados ante Cien A√Īos de Soledad, pero ninguna otra novela nos hizo so√Īar, sentir y reflexionar lo que¬†Rayuela. Nunca fuimos a Macondo. Todos, de un modo u otro, hemos estado en Par√≠s buscando a la Maga.

Cortázar fue, además, uno de los grandes maestros del cuento. Tanto La autopista del Sur como El Perseguidor son relatos cumbre de la literatura universal. Nos dejó varios ensayos sobre ese género en el que tanto excedió. Mi favorito es el que reproduzco más abajo. El mejor Cortázar en un texto casi de preceptiva literaria. Que lo disfruten.

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soriano2.jpg picture by antoniosarabiaOsvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) naci√≥ en enero de 1943 y muri√≥, tambi√©n en el mes de enero, cincuenta y cuatro a√Īos m√°s tarde dejando como herencia algunas de las novelas m√°s originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa¬†que transcribo m√°s abajo, Un Adi√≥s a Soriano, fue escrita por m√≠ hace once a√Īos y publicada en el peri√≥dico El Mundo, de Madrid, Espa√Īa y en El P√ļblico, de Guadalajara, M√©xico un par de d√≠as despu√©s de su muerte, ¬†ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires.¬†Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrar√° un cuento de Soriano titulado Mec√°nicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasi√≥n por la vida.

Aclaro que las ideas expresadas en mi art√≠culo de hace once a√Īos sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para m√≠, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.

UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia

No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy le√≠do en M√©xico. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribuci√≥n de la obra de un autor m√°s all√° de sus fronteras nacionales, impidieron que el com√ļn de los lectores apreciara en este pa√≠s el socarr√≥n humor porte√Īo del Gran Gordo. El jueves por la ma√Īana, advertido desde la v√≠spera por un fax de Luis Sep√ļlveda y un correo electr√≥nico de Mempo Giardinelli, busqu√© in√ļtilmente una menci√≥n luctuosa en los peri√≥dicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sent√≠ que Osvaldo se extingu√≠a discretamente, dej√°ndonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empa√Īa los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendr√° bien merecido. Si alguien har√° falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.

soriano1.jpg picture by antoniosarabiaNo me puedo jactar, aunque me encantar√≠a, de que fu√©semos √≠ntimos amigos. Compartimos, eso s√≠, multitud de camaradas, agente literario, editores en Am√©rica Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas l√≠neas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada m√°s natural entonces que nos conoci√©ramos, primero por tel√©fono en la ciudad de Buenos Aires y m√°s tarde en persona en el festival franc√©s de San Mal√≥. Supe entonces, aunque su hipocondr√≠a era proverbial, que en verdad hab√≠a estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asist√≠an al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo cre√≠ restablecido. No sospech√©, ni por asomo, la mancha asesina extendi√©ndose en su pulm√≥n de antiguo fumador, mancha que √©l conoc√≠a y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de a√Īos mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboraci√≥n con Cort√°zar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una ma√Īana intercambiamos direcciones electr√≥nicas y no par√≥ de darme consejos de inform√°tica.
El jueves por la tarde nuestro com√ļn editor en la Argentina me proporcion√≥ algunos detalles de su muerte. Le hab√≠an extirpado, con √©xito, el tumor, y fue una infecci√≥n pulmonar postoperatoria la que le empuj√≥ hacia la tumba. El viernes apareci√≥, por fin, en los peri√≥dicos locales, una breve rese√Īa del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jam√°s se ir√° totalmente. Nos dej√≥, en un pu√Īado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, D√≠a de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro a√Īos. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habr√° m√°s penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.

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Daniel3.jpg picture by antoniosarabia“Fot√≥grafo entre escritores” es el t√≠tulo de la exposici√≥n con la que la Casa de Am√©rica celebra y rinde homenaje a los treinta a√Īos de trabajos del fot√≥grafo argentino Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960). Abierta al p√ļblico del 17 de julio al 30 de septiembre en Paseo de Recoletos 2, Madrid 28001, Espa√Īa, la muestra re√ļne una amplia, singular y soberbia, colecci√≥n de retratos de los m√°s notables autores de la lengua espa√Īola.
Nosotros queremos unirnos al acto dedicando a Daniel un par de entradas que ilustraremos con algunas de las fotos que se están exponiendo en Madrid. Para introducir la primera he seleccionado varios fragmentos del hermoso texto con el que Rosa Montero participa en el catálogo de la exposición. La segunda lleva como prólogo el final de un capítulo de El Refugio del Fuego, el libro de viajes que narra mis dos expediciones con Mordzinski a las laderas del Volcán de Colima, en Jalisco, México, en una de las cuales Daniel me contó una anécdota de infancia en la que tal vez esté el germen de su vocación de fotógrafo.
Comencemos con La huella transparente de las palabras, las l√ļcidas consideraciones de Rosa Montero al contemplar las fotos:
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Daniel2.jpg picture by antoniosarabia“Ah√≠, entre una copa y otra, me cont√≥ Mordzinski un episodio de su infancia, del cual nunca me hab√≠a hablado antes, en el que tal vez est√© impl√≠cito el germen de su vocaci√≥n de fot√≥grafo. Ocurri√≥ en su nativa Buenos Aires cuando ten√≠a unos seis a√Īos de edad. Su padre le hab√≠a llevado a un espect√°culo para ni√Īos y, en la funci√≥n, se sorteaba una camarita fotogr√°fica. Una de esas instamatic de pl√°stico, sin controles de luz, ni de velocidad, ni de distancia, de las que ahora regalan con la suscripci√≥n al peri√≥dico, en las que no hay mas que mirar por el objetivo y oprimir el obturador, pero que a √©l le pareci√≥ magn√≠fica. Despu√©s de un breve pre√°mbulo en el que el presentador quiso, sin mucho √©xito, ganarse la voluntad del auditorio, dio comienzo a la rifa y el hombre extrajo sin tardanza el n√ļmero premiado: el catorce, anunci√≥ de viva voz. Mordzinski ni√Īo brinc√≥ en el asiento. Recordaba a la perfecci√≥n su n√ļmero, todav√≠a lo recuerda ahora: el catorce. Se lo requiri√≥ a su padre urgi√©ndolo con una emoci√≥n contenida, llena de infantiles expectativas, nosotros tenemos el catorce, pap√°, d√°melo, le dijo, y el padre empez√≥ a registrarse los bolsillos. Al cabo de un instante que al cr√≠o pareci√≥ eterno encontr√≥ un boleto √ļnico: el trece. Ese es uno, le reclam√≥ su hijo, pero tenemos dos, el otro es el catorce, yo lo vi, d√≥nde lo pusiste, b√ļscalo. El padre volvi√≥ a hurgar in√ļtilmente entre sus ropas, no sab√≠a d√≥nde estaba el otro boleto, s√≥lo ten√≠a ese. El ni√Īo se puso en pie mostr√°ndolo desesperado, era el trece, cierto, pero era tambi√©n la prueba irrefutable de que ellos tambi√©n pose√≠an el catorce aunque su pap√° no lo hallara, por eso nadie m√°s reclamaba el regalo. El catorce era de ellos pero lo hab√≠an extraviado. El animador, un hijo de puta seg√ļn lo recuerda mi amigo, ignor√≥ la suprema l√≥gica de aquel mocoso que para entonces estaba al borde de las l√°grimas. Si nadie ten√≠a el catorce habr√≠a que sacar otro n√ļmero, dijo. No, no, suplic√≥ Mordzinski ni√Īo, por favor, el catorce era suyo y por lo tanto el premio, la camarita de mierda que √©l ve√≠a entonces como un tesoro que se le iba de entre las manos, le pertenec√≠a tambi√©n. Lee el resto de esta entrada »

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El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog.
El Sal√≥n transcurri√≥ durante toda la semana en ese ambiente de convivialidad y buen humor que saben propiciar sus organizadores Carmen Y√°√Īez y Luis Sep√ļlveda. Fue un enorme placer el reencontrarse con los viejos amigos al tiempo que se creaban nuevos lazos de fraternidad con otros, como con el mexicano Daniel Pupko, el salamantino Eloy Santos, el argentino Lucas Chiappe, el italiano Alberto Masala y, last but not least, el guatemalteco Eduardo Halfon y su bella esposa Luc√≠a con quienes nos habr√≠a gustado departir m√°s tiempo, pero de los que nos separamos sabiendo que habr√° nuevas oportunidades de vernos en un futuro pr√≥ximo.

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El Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n es algo m√°s que un evento en donde se re√ļnen algunos de los nombres m√°s famosos en la literatura de este y aquel lado del Atl√°ntico. Es un acontecimiento estelar que libreros, traductores, agentes literarios, directivos de editoriales y escritores aguardamos cada a√Īo con impaciencia y nostalgia. El Instituto Jovellanos, ese noble, vetusto y tradicional sitio de reuni√≥n, est√° como hecho a la medida para salvaguardar los afectos, simpat√≠as, correspondencias y complicidades con los que el oficio nos ha ligado a todos a trav√©s de los a√Īos. Ah√≠ me encuentro siempre con algunos de mis mejores amigos. Ah√≠ conoc√≠ hace alg√ļn tiempo a Lauren Mendinueta, la poetisa colombiana que con el tiempo llegar√≠a a ser mi pareja.
Carmen Y√°√Īez y Luis Sep√ļlveda (aqu√≠ en una foto tomada por Daniel Mordzinski) son los generosos anfitriones de esta gran fiesta entra√Īablemente compartida con los lectores de dentro y fuera de Gij√≥n que, durante una semana completa, disfrutan de charlas, conferencias, lecturas de poes√≠a, talleres literarios para adultos (el organizado por Graciela Litvak), o para j√≥venes (el dirigido por Lauren Mendinueta), adem√°s de las presentaciones de algunas de las √ļltimas novedades aparecidas en las vitrinas de las librer√≠as tanto espa√Īolas como latinoamericanas. Este a√Īo, el und√©cimo de su existencia, el Sal√≥n del Libro Iberoamericano se centrar√° en un homenaje a Salvador Allende, a cien a√Īos de su nacimiento, y en la exploraci√≥n de las relaciones entre literatura y medio ambiente. Con este tema, ‚ÄúLa Tierra Somos Todos‚ÄĚ, me gustar√≠a compartir con los lectores de Los Convidados una colaboraci√≥n personal escrita especialmente para la revista Literastur que circular√° durante el evento.

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Cuando se habla de Claude Couffon (Caen, Francia, 1926) se habla de la larga y fecunda correspondencia de la lengua francesa con una buena parte de lo mejor que ha producido la literatura en Espa√Īa y Am√©rica Latina.
Claude Couffon comenz√≥ su carrera de hispanista siendo a√ļn muy joven, desde mediados de los a√Īos cuarenta, divulgando en peri√≥dicos y revistas de su pa√≠s la obra de algunos de los m√°s grandes poetas de la lengua espa√Īola: Federico Garc√≠a Lorca, Miguel Hern√°ndez, Juan Ram√≥n Jim√©nez, C√©sar Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Nicol√°s Guill√©n, por mencionar s√≥lo a unos cuantos de los m√°s grandes. Con varios de ellos establecer√≠a despu√©s una profunda amistad, lo mismo que con narradores de la talla de Julio Cort√°zar con quien sostuvo, adem√°s, una fugaz y simp√°tica rivalidad amorosa. Primer traductor de Gabriel Garc√≠a M√°rquez al franc√©s, ha colaborado tambi√©n con Juan Carlos Onetti, Camilo Jos√© Cela, Miguel √Āngel Asturias y Mario Vargas Llosa con quien le he escuchado compartir recuerdos con la complicidad de viejos camaradas.
Entre sus √ļltimas novelas traducidas al franc√©s est√°n Los Convidados del Volc√°n, en 1997, y El Cielo a Dentelladas, en 2001, ambas del autor de este blog. Que un hispanista de su talla se ofreciera a trabajar en ese par de obras m√≠as es, y ha sido siempre, para m√≠ motivo de asombro, orgullo y gratitud.
Entre sus numerosas distinciones se cuentan el Gran Premio de Traducci√≥n Halp√©rine-Kaminski, el Gran Premio Nacional de Traducci√≥n del Ministerio de la Cultura, el Premio de Artes y Letras y el nombramiento de Caballero de la Legi√≥n de Honor. El premio a la traducci√≥n que todos los a√Īos concede El Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n que convoca Lu√≠s Sep√ļlveda se llama, en su honor, Premio Claude Couffon.
Un hombre tan ligado a las letras no pod√≠a m√°s que escribir √©l mismo. Sus trabajos de poeta, sin embargo, han quedado oscurecidos por su colosal labor de traductor. Una gran injusticia que repararemos esta semana, al menos en una m√≠nima parte, reproduciendo algunos de sus propios poemas. Las versiones al espa√Īol son de Lina Zer√≥n a quien agradecemos la gentileza de facilitarlas para este blog.

LA CONFESI√ďN

Puedo a√ļn escribir
y, con la mano temblorosa
deshojando sílabas,
mofarme de la muerte
¬ŅPero de qu√© me sirve?
¬Ņde cara a qui√©n?
¬ŅPara qu√© hablar,
incluso en voz baja,
de la soledad?

ELLA

Como todos, claro que pienso en ella,
sin angustia puesto que sé
por haberla frecuentado a menudo
que ella es sólo un símbolo.

Es triste, cierto, pero tranquilizador
ya que todos terminaremos ahí,
grandes o peque√Īos, nutrientes
de unas briznas de hierba en el cementerio.

Visto que los poetas
la han celebrado tanto, renunciemos.
Entremos en la muerte y dejemos
que el silencio nos sonría, burlón, en la tumba.

VIAJES II

Llegué a la edad en la que se viaja dentro de un cuarto
en aviones que piloteamos solitarios
hacia islas imaginarias
de continentes cercanos al cielo
o al infierno
pero poco importa:
se asemejan en su salvaje libertad.
Emparejarse aqu√≠ es so√Īar
con todos esos cuerpos que fueron nuestros
y que el tiempo no puede envejecer
¬°Ah, los viajes sin regreso
en los que me hundo cada noche!

BALANCE III

Vivir es una crueldad si sabemos
que todo lo que fue ya no ser√°
o es tan sólo un destello
del azar o de la suerte escasa.
Ya no poder ser el hombre
aquel seductor seguro de sí
que volvía reales los excesos
de los m√°s ardientes fantasmas.
Ahora andrajo que a veces
concretiza el sue√Īo loco
de ser todavía ya sin nada
la imagen de un duende estéril
de una vida que fue larga y breve.

NOMBRE

Me hubiera gustado ser otro.
No aquél a quien se conoce
e incluso a veces se reconoce.

Ser Bosquet o Sabatier.
Alberti o Neruda.
Louis Aragon o Paul Eluard.
O bien
tantos otros que ríen en sus barbas…

Pero yo sólo quiero ser
‚ÄĒdisculpen si me ufano‚ÄĒ
aquél que todos llaman Couffon.

DE PASO

¬ŅS√≥lo somos materia que se transmite
consciente
o inconscientemente?
La edad lo afirma
o lo rechaza
si se trata de juventud
o de extinción
pero de qué nos sirve plantearnos tantas preguntas
si vivir es la maravilla de un tiempo
a lo m√°s pasajero.

Nos gustaría terminar con una reflexión del propio Couffon después de traducir Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda:
‚Äú¬ŅPor qu√© todos, en cierta medida, mentimos al contar nuestras vidas? Cierto: nos toc√≥ una vida privilegiada, ¬Ņy qu√©? Aunque hayamos tenido esa vida llena de experiencias, √©sta no lleg√≥ a ser nunca la que habr√≠amos querido. Por eso le agregamos un poco de pimienta y ese poco la convierte de veras en literatura. Todos sabemos que la literatura no existe, que es pura ficci√≥n. Un sue√Īo de absoluto y de imposible.‚ÄĚ

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Tengo un especial afecto por la foto que ustedes pueden ver arriba a su derecha. Fue tomada en el boulevard de Saint Germain por mi querido amigo, el fot√≥grafo argentino Daniel Mordzinski, all√° por el a√Īo de 1993. Yo, como ustedes pueden observar, me estrenaba de autor novicio e imberbe (mi primera novela reci√©n hab√≠a aparecido en Espa√Īa el a√Īo anterior). √Ālvaro Mutis (Bogot√°, 1923) acababa de recibir el premio Roger Callois, m√°ximo galard√≥n que conceden las letras francesas a un escritor extranjero, y tanto Luis Sep√ļlveda como yo lo hab√≠amos acompa√Īado la v√≠spera a la ceremonia en Paris, ya no s√© si anterior o posterior a la de Reims. Para festejar nos metimos la tarde siguiente en aquel bar del barrio latino del que nos sac√≥ Mordzinski para tomar la foto. Ese rotundo abrazo de oso c√°lido y bonach√≥n con el que Mutis nos arropa, simboliza para m√≠ la naturaleza profunda del creador de Maqroll el Gaviero. Porque por encima de los honoris causa y las √≥rdenes al m√©rito, muy pero muy por encima de todos los reconocimientos recibidos, los Medicis, Noninos, Caillois, Principes de Asturias y Cervantes, incluso m√°s all√° de su tremendo talento narrativo y su maravillosa, turbulenta y descorazonada poes√≠a, √Ālvaro es, ante todo y sobre todo, un buen hombre. Y uno de los personajes m√°s generosos con que me he topado en la vida. En eso fuerte competencia del siempre desprendido chileno que nos acompa√Īa en la foto, lo que no es poco decir. Son incontables las presentaciones de √Ālvaro en las que supuestamente deb√≠a promover alg√ļn libro suyo y √©l dedicaba su tiempo a ensalzar las virtudes de alg√ļn oscuro poeta centroeuropeo del que nadie hab√≠a o√≠do hablar pero que a √©l le parec√≠a admirable. Por lo que a m√≠ respecta, me consta que en esa √©poca hubo autores que jam√°s se habr√≠an tomado el trabajo de leerme de no mediar su recomendaci√≥n personal.
La segunda foto me es tambi√©n muy querida porque √Ālvaro pos√≥ con el uniforme de su alter ego Maqroll, el gaviero. Fue tomada en Saint Mal√≥ tambi√©n por Mordzinski -¬Ņel mismo a√Īo?, ¬Ņal siguiente de la de Saint Germain?, yo contin√ļo sin barba, ay√ļdame Daniel-. Otra vez, y no es por azar, ah√≠ est√° de nuevo Sep√ļlveda. En aquel tiempo Lucho, como le llamamos sus amigos, y yo √©ramos inseparables. Si se acuerda, y me env√≠a alguna cosa desde su retiro gijon√©s, tal vez pronto le dediquemos una entrada en el blog. El caso es que en la foto √Ālvaro Mutis aparece vestido como lo estar√≠a Maqroll o, mejor dicho, Maqroll asoma disfrazado de √Ālvaro Mutis porque, y en eso est√° el meollo del asunto, √Ālvaro es en la vida real el gaviero, y Maqroll el poeta. S√≥lo Maqroll es capaz de escribir esa poes√≠a l√ļcida, desgarrada, en la que la selva amaz√≥nica y la urbana son una y la misma. Una poes√≠a a la que no se puede llamar desilusionada o desesperanzada porque no viene precedida de ninguna ilusi√≥n o esperanza. Una poes√≠a de lo mejor que se ha escrito en Am√©rica durante la segunda mitad del siglo veinte.

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