
Pues Lena Pappá continĂşa, a estas alturas de la semana, siendo aĂşn un enigma para mĂ. Aparte de que naciĂł en Atenas y forma parte de la segunda generaciĂłn poĂ©tica griega de la postguerra no pude averiguar nada más sobre ella. Ni siquiera la amable colaboraciĂłn de Luis González de Alba, tan cercano a todo lo que es griego, pudo ayudarme a esclarecer el misterio. Él la menciona como autora de canciones pero, en los mismos discos en que aparece su nombre en Internet, hay tambiĂ©n canciones firmadas por poetas como Giorgos Seferis. La cuestiĂłn es ÂżLena Pappá se dedica a escribir letras de canciones o escribe poemas a los que algunos compositores ponen mĂşsica? Espero en estos dĂas un correo de mi editor en Atenas, el querido Giorgos Miresiotis, para hacer tal vez un poco más de luz sobre el asunto. Sin embargo, poetisa, poeta o compositora, nada me privará esta semana del placer de transcribirles algunas muestras de su obra al final de esta entrada.
Por cierto, en su misiva, Luis González de Alba me comenta que no comprende a las feministas: “nos dicen que debemos usar el femenino la doctora, la ingeniera, la licenciada, la diputada, etc, pero imponen el masculino poeta. Poeta no es del gĂ©nero llamado “comĂşn de dos”, como dentista: el dentista, la dentista; es masculino, con femenino poetisa, como sacerdote, sacerdotisa. Dicen que les suena despectivo. Pues no lo es, como poetucha, poetastra…”
El tema tiene miga. El popular Libro de Estilo del periĂłdico El PaĂs, le da la razĂłn al afirmar que la voz poetisa es el “femenino correcto de poeta”. JosĂ© MartĂnez de Sousa en su Diccionario de Usos y Dudas del Español Actual, comparte con Luis su extrañeza: “no se entiende por quĂ© esta forma (poetisa) es rechazada precisamente por las mujeres que escriben poesĂa, algunas de las cuales tienden a decir de sĂ que son poetas. Esto ha creado la necesidad de hablar de poetas hombres y poetas mujeres, para distinguir los gĂ©neros”. Y llega aĂşn más lejos: “el peligro que se corre con estas decisiones es que dentro de un tiempo a alguien se le ocurra convertir poeta masculino en poeto… Ya se ha dado con una pareja como modista/modisto”.
Pero el Diccionario de la Real Academia Española sĂ define la palabra poeta como del gĂ©nero comĂşn: “persona que compone obras poĂ©ticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas”. En su Diccionario Panhispánico de Dudas parece dar un ligero salto atrás cuando añade que el femenino tradicional más usado es poetisa “aunque modernamente se utiliza tambiĂ©n la forma poeta como comĂşn en cuanto al gĂ©nero”. En esto da un traspiĂ©s porque ya desde principios del XVII Lope de Vega utilizaba la palabra poeta en femenino. En el soneto A la noche escribe: «Noche, fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / [...] / la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,/ solĂcita, poeta, enferma, frĂa,/ manos de bravo y pies de fugitivo». Lauren Mendinueta quien asomaba de cuando en cuando por encima de mi hombro mientras escribĂa estas lĂneas y prefiere poetisa a poeta por la evidente cacofonĂa con su apellido, recurriĂł al prĂłlogo de Leticia Luna en la TrilogĂa PoĂ©tica de las Mujeres en HispanoamĂ©rica para explicarme por quĂ© algunas de sus colegas prefieren lo segundo: “En el siglo XIX el tĂ©rmino poetisa comenzĂł a manejarse de manera peyorativa para designar a aquellas mujeres cursis que escribĂan poesĂa melosa, de tal forma que muchas escritoras quisieron deslindarse de esa situaciĂłn”. Como si no bastara me remitiĂł tambiĂ©n a Pilar GarcĂa MoutĂłn en “AsĂ hablan las mujeres. Curiosidades y tĂłpicos del uso femenino del lenguaje”: “Cada vez son más las mujeres que se dicen poetas y se niegan a ser llamadas poetisas, tĂ©rmino tan cargado de sentido peyorativo que se ha vuelto imposible de usar para algunas de ellas”.
¿Qué les parece? ¿Qué opinan Coral Bracho, Carmen Yáñez, Silvia Favaretto, Carmen Villoro, Leticia Luna, Juana Rosa Pita? ¿Prefieren que las llamen poetisas o poetas?
Como Lena Pappá no tiene, desde luego, ninguna culpa de mi ignorancia sobre su biografĂa, y ella misma, con sus versos, demuestra una vez más que los sustantivos poeta, poetisa o compositora no tienen importancia alguna cuando se es un arista verdadero, aquĂ va lo prometido. Las traducciones son de JosĂ© Ruiz.
DESDE SIEMPRE
Caro se paga
todo aquĂ abajo.
Pesando, calculando
el más pequeño aliento
el movimiento más insignificante,
pesando, calculando
con la pasiĂłn amarga del avaro
nos cobraron la existencia:
Tanto el perfume malva de la violeta,
los segundos fragantes de la menta,
tanto por la blandura del céfiro
y el zafiro del mar,
tanto los pájaros, tanto los árboles,
tanto la mano de la caricia,
tanto el pie del baile,
lo poco –como roce de ala- del amor,
tanto el placer del rojo fruto entre los dientes
tanto por el Lucero del alba de agosto.
Caro, caro se paga.
Con la sangre tibia, con el cuerpo,
con el alma impagable,
con nuestra vida irrepetible, Ăşnica,
en deuda con la muerte anticipadamente pagada.
ESPEJOS (X)
En los espejos oxidados de la memoria
vi
cĂłmo la verde risa, mis frescos
ojos extáticos
el lozano Ădolo del mundo
brillaba como luna
en los telarañosos espejos muertos
vi
cĂłmo me esperaban inmarchitables
la menta de mi madre
los besos mentolados de los azules amores
en los viejos mutilados espejos
vi
la onĂrica mirada de mi blanco
ángel bueno
antes de que la oscureciera el negro tiempo.
AMOR PRESTIDIGITADOR
Qué profundamente
están todas las cosas dentro de mĂ: TĂş
como prestidigitador
las vas sacando a luz
una a una:
Ruiseñores y nieves
Pañuelos amargos y rojas sonrisas;
-me espanto de ver
galaxias color malva
heliantos y aguas negras
miro sorprendida
cuán llena estoy
de azules cataratas
de primitivas pinturas, dulces frutas,
muertos resucitados
fieras desconocidas
rosas de cristal, arcos iris
entre tus manos
extática descubro de mi existencia
la perdida Atlántida.
HIPOCRESĂŤA
Debajo de mi cama escondo
mi amarga bestia
de dĂa la encierro de noche
me asomo la saco le hablo
dejo que me desgarre
-nadie
sospecha mi profunda
fosa del alma
con una sonrisa encubierta.
Cada mañana salgo
menguada, cada mañana
encuentro en torno a mĂ
multitud de sonrisas semejantes
-aderezadas, para el consumo-
se las enfundan y pasean al parecer felices
pero yo estoy segura
bajo sus camas esconden también ellos
su propia
mortal bestia salvaje.
OSCILACIÓN
De noche cuando la lechuza de Selene
sube a mi árbol plateada y el rocĂo
perplejo
-Âżcaerá aquĂ, caerá allĂ?- tiembla redondo
la flor nocturna de la memoria abre
su aroma encendiendo y apagando
palabras venturosas de amoroso gusto:
“Muero porque te amo”
“Siempre Siempre”
a mi juventud profundamente susurradas.
Tiembla, enloquece el tiempo
y la rueda implacable al revés girando
me devuelve
a la casa de los geranios y las begoñas
mañanas recién lavadas en el añil del cielo
y abiertas las ventanas
a los gorjeos de las flores
corriendo por las grandes encaladas cámaras
dentro del amplio amor y del sol de la madre
una chiquilla aĂşn, que no sabĂa
de lazos y espesas sombras
que aĂşn no sabĂa
lo irreparable del tiempo, los mortales augurios.
Nada, nada en efecto se ha olvidado
y si no se ha olvidado –no está perdido:
las bermejas losetas del patio con que jugábamos a coxcojita
las palomas de la vecina
que se posaban en nuestros hombros niños
carga de paz tan tierna.
La noche entera paseando sonámbulo por el pasado
giras y giras inconsolable;
Âżun castigo, una vana gracia, un renacer,
una burla amarga,
-qué es, pues, la memoria?
Hasta que de repente rompiéndose la luz cual granada
fulgente ilumina tu abismo
y en medio de la escarcha matinal como un conjuro
el humo negro de la nostalgia
empieza a disiparse hacia arriba
en tanto que debajo de los párpados
percibes pesadas dos lágrimas –regalo
que a escondidas dejĂł en ti la noche
al huir de puntillas.
MODUS VIVENDI
A la barahĂşnda de los sentidos
a las aves de presa del deseo
a los sueños carnĂvoros –no tengo que oponer
sino la pequeña albahaca olorosa de mi maceta
mi pecho transparente de fĂşlgidas heridas
y la piedra desnuda de mi paciencia.
Al yatagán del tiempo a la voraz
boca de la vanidad, al garfio sombrĂo
de la soledad –no tengo que oponer
más que el mineral de mis versos,
los susurros de la memoria, la arena
movediza de mis amores.
Al hambre de Eternidad, al pánico de la muerte
a la fascinaciĂłn del odio
al cuchillo de los asesinos –no tengo que oponer
más que mis entrañas de dolor fulgentes
de mi esperanza el conjuro,
el radiante gorjeo de una infantil sonrisa
y mi pequeña oración de niña.
Y llegĂł carta de Ediciones Opera en Grecia. En ella mi entrañable amigo Giorgos Miresiotis, quien incluso nos envĂa esta foto,
me informa que Lena Pappá naciĂł en Atenas en 1932, hizo estudios de Historia y de ArqueologĂa en la universidad de Atenas, de Letras en el Instituto FrancĂ©s de Atenas, de Historia del Arte en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad, y obtuvo una beca para seguir un curso de Historia del Arte Moderno en la Sorbonne.
Actualmente dirige la Biblioteca de Bellas Artes de Atenas y es miembro de la AsociaciĂłn Nacional de Hombres (y mujeres) de Letras Griegas. Está casada con el vicepresidente del Consejo Nacional de Estado, señor Tassos Marinos, y tiene una hija. A muchos de sus versos han puesto mĂşsica distintos compositores. Servidos. MuchĂsmas gracias, Giorgos.
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