Posts Tagged “Juan Rulfo”

as1bis.jpg picture by antoniosarabiaEste fin de semana estuve de vuelta en la regi√≥n de Colima, M√©xico, donde ocurre la trama de mi novela Los Convidados del Volc√°n. Tuve dos buenas razones para ir: la primera fue encontrarme all√° con mi querido amigo el editor portugu√©s de la Oficina do Livro, Marcelo Teixeira, quien habiendo le√≠do lo que yo he escrito sobre el sitio ard√≠a en deseos de conocerlo y, la segunda, refrescar mi propia memoria, empaparme una vez m√°s del hablado y los h√°bitos de las gentes, adem√°s de la textura, los aromas y colores del paisaje que les rodea antes de hundirme de lleno en el texto que tengo planeado y que se encuadra de nuevo en el pueblo de Guayac√°n, una m√°gica aldea imaginaria constru√≠da con el l√°piz y papel de la imaginaci√≥n en lo m√°s alto de la pendiente del volc√°n con el √ļnico objeto de convertirla en el espacio esc√©nico de aquella novela.
Comparto ahora con los lectores de Los Convidados algunas fotos de la jornada, tomadas por mi hermano √ďscar, cuya compa√Ī√≠a fue uno m√°s de los placeres del viaje, y a√Īado como estampas literarias dos fragmentos del texto de la novela original en la que se describen no s√≥lo los detalles de la flora y la fauna sino la magia en la que viven sumergidos los pobladores de la regi√≥n.

PanormicaAs.jpg picture by antoniosarabia

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Esta semana quiero tocar de nuevo el microrelato por varios motivos. Primero por que en el post anterior dej√© fuera informaci√≥n importante sobre los autores de Minificciones, Delf√≠n Beccar (Buenos Aires, 1980) y Alejandro Gelaz (Gij√≥n, 1963). Ambos colaboran en el √°rea de comunicaci√≥n y proyectos de Internet vinculados a la gesti√≥n p√ļblica en Buenos Aires, donde Alejandro reside desde el 2001. Adem√°s del trabajo comparten una misma pasi√≥n por la literatura.Delfn.jpg picture by antoniosarabia¬†Delf√≠n ha publicado ya un libro de cuentos, Esclavos de Sombra, del que se agot√≥ la edici√≥n. Alejandro se mueve tambi√©n entre los artistas pl√°sticos y, aparte de pintar digitalmente √©l mismo, est√° a punto de salir a la luz con una trilog√≠a po√©tica de la que esperamos tener m√°s noticias y darles tal vez, con la cooperaci√≥n del propio Alejandro, alguna primicia en Los Convidados. El segundo motivo es que √ļltimamente han publicado nuevas minificciones, entre las que hay una m√≠a y otra de Lauren Mendinueta que no puedo resistir la tentaci√≥n de compartir con ustedes. Y, tercero, por que el blog de Delf√≠n y Alejandro lleva como subt√≠tulo Los Mecanismos de la Brevedad y creo firmemente que en esos mecanismos reside la clave de alguna literatura mayor.agelaz2.jpg picture by antoniosarabia¬†Todos guardamos en la memoria lo que hac√≠amos en determinados momentos cruciales de nuestro devenir colectivo. Para m√≠ estar√° siempre presente qu√© hac√≠a y d√≥nde me encontraba cuando asesinaron a los Kennedy, por ejemplo, tanto a John como a Bobby, cuando el hombre puso por primera vez pie en la luna, cuando cay√≥ el muro de Berl√≠n, cuando derribaron las Torres Gemelas o cuando me top√© con las siguientes l√≠neas: Vine a Comala porque me dijeron que aqu√≠ viv√≠a mi padre: un tal Pedro P√°ramo. La contundencia de esa frase me dej√≥ helado. Esa quincena de palabras constituyen por s√≠ mismas un formidable microrelato. Yo las descubr√≠ hojeando por casualidad una peque√Īa edici√≥n del Fondo de Cultura Econ√≥mica sobre la mesa de novedades en una librer√≠a de la Alameda Central, en M√©xico D.F. hace m√°s de cincuenta a√Īos. Leer la frase y pagar el libro fue uno. Sal√≠ como en trance y continu√© leyendo mientras caminaba por lo que entonces era la avenida San Juan de Letr√°n. Y Rulfo prosigue as√≠, de microrelato en microrelato, la construcci√≥n de su obra maestra. Veamos c√≥mo la contin√ļa: Mi madre me lo dijo. Y yo le promet√≠ que vendr√≠a a verlo en cuanto ella muriera. Le apret√© sus manos en se√Īal de que lo har√≠a, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo, -me recomend√≥-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar√° gusto conocerte” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que as√≠ lo har√≠a, y de tanto dec√≠selo se lo segu√≠ diciendo aun despu√©s que a mis manos les cost√≥ trabajo zafarse de sus manos muertas. Y as√≠ sucesivamente, cada relato contenido a su vez en otro un poco mayor, como una suerte de cajas chinas, o mu√Īecas rusas, que se van ensamblando del interior al exterior hasta que el √ļltimo p√°rrafo engloba a la novela entera del mismo modo que, a la inversa, la novela entera est√° contenida en aquellas inolvidables primeras palabras de Juan Preciado.

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