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	<title>Los Convidados &#187; Juan José Arreola</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>El ajedrez en la literatura</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 09:33:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago [...]]]></description>
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<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 211px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/chess1.jpg?t=1245515561" alt="chess1.jpg picture by antoniosarabia" />El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago Gamboa, íbamos por las noches al acogedor bar del hotel Ritz, el Hemingway, donde entonces había instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ahí jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y él cierta bebida exótica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero había ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomodábamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repetía una frase que se ha hecho célebre entre los dos: &#8220;¿cómo quedamos la última vez&#8230; dos a uno, verdad?&#8221;.</p>
<p>Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasión por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poesía, hasta se entretenía componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eterónimo Ricardo Reis, me encontré con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduciéndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez algún lector portugués me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice <em>E o de marfim peão mais avançado / pronto a comprar a torre, </em>¿Qué significa en portugués, en términos ajedrecísticos<em> comprar a torre? </em>Yo tuve la opción de traducir<em> listo a tomar la torre, </em>pero pensé, mala intución tal vez, que como era el peón más avanzado estaba a punto de llegar a la última hilera y<em> convertirse en torre.</em><em><span style="font-style: normal;"> Cualquier aclaración al respecto será más que bienvenida. S</span><span style="font-style: normal;">e me ocurre publicar la traducción ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le podía considerar un verdadero fanático del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la página.</span></em><span id="more-961"></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>LOS JUGADORES DE AJEDREZ<br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
Oí contar que otrora, cuando Persia<br />
tenía no sé qué guerra<br />
mientras la invasión ardía en la ciudad<br />
y las mujeres gritaban<br />
dos jugadores de ajedrez jugaban<br />
su juego continuo.</p>
<p>A la sombra del amplio árbol escrutaban<br />
el antiguo tablero<br />
y, al lado de cada uno, esperando sus<br />
momentos más holgados<br />
cuando había movido la pieza, y ahora<br />
le tocaba al adversario<br />
una jarra de vino refrescaba<br />
frugalmente su sed.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">&#8230;</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 480px; height: 366px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chessarabs-2.jpg?t=1245518192" alt="Chessarabs-2.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Ardían casas, se saqueaban<br />
las arcas y los nichos,<br />
violadas, las mujeres eran puestas<br />
contra muros caídos,<br />
traspasadas por lanzas, las criaturas<br />
eran sangre en las calles&#8230;<br />
Mas donde estaban, cerca la ciudad<br />
y lejos su ruido,<br />
los jugadores de ajedrez jugaban<br />
el juego de ajedrez.</p>
<p>Aunque en los mensajes del infértil viento<br />
les viniesen los gritos<br />
y, al reflexionar, supiesen en su alma<br />
que en verdad a las mujeres<br />
y a las tiernas hijas se violaban<br />
en la contigua distancia,<br />
y aunque en el momento en que pensaban<br />
una sombra ligera<br />
les cruzase la frente, ajena y vaga,<br />
pronto a sus ojos calmos<br />
retornaba su confianza atenta<br />
con el tablero viejo.</p>
<p>Cuando el rey de marfil está en peligro<br />
¿qué importan la carne y los huesos<br />
de las hermanas, las madres o los niños?<br />
Cuando la torre no cubre<br />
la retirada de la reina blanca,<br />
poco importa el saqueo.<br />
Y cuando la mano confiada pone en jaque<br />
al rey del adversario,<br />
poco pesa en el alma que allá lejos<br />
estén muriendo hijos.</p>
<p>Aunque de repente, sobre el muro,<br />
asome la sañuda cara<br />
de un guerrero invasor y en breve deba<br />
en sangre ahí caer<br />
el jugador genuino de ajedrez,<br />
el momento antes de ese<br />
(concentrado en el cálculo de un lance<br />
que hará horas después)<br />
sigue entregado al juego predilecto<br />
de los muy indiferentes.</p>
<p style="text-align: center;"><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 400px; height: 318px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess4-1.jpg?t=1245519325" alt="Chess4-1.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Caigan ciudades, sufran pueblos, cese<br />
la libertad y la vida.<br />
Los haberes tranquilos y heredados<br />
ardan y se despojen,<br />
más cuando la guerra interrumpa las partidas<br />
esté el rey sin jaque<br />
o el blanco peón más avanzado<br />
listo a volverse torre.</p>
<p>Mis hermanos en amar a Epicuro<br />
y en entenderlo más<br />
de acuerdo a nosotros mismos que a él<br />
en la historia aprendamos<br />
de los calmos jugadores de ajedrez<br />
cómo pasar la vida.</p>
<p>Todo lo que es serio poco importe<br />
lo grave poco pese<br />
y el natural impulso del instinto<br />
que ceda al gozo inútil<br />
(a la sombra tranquila de los árboles)<br />
de jugar un buen juego.</p>
<p>Lo que sacamos de esta vida inútil<br />
da lo mismo si es<br />
gloria, fama, amor, ciencia o vida,<br />
como si fuese apenas<br />
la memoria de ganar la partida<br />
a un jugador mejor.</p>
<p>La gloria pesa como grueso fardo,<br />
la fama como fiebre,<br />
el amor cansa porque es serio y busca,<br />
la ciencia nunca encuentra,<br />
y la vida pasa y duele porque sabe&#8230;<br />
El juego de ajedrez<br />
prende el alma toda y, perdida, poco<br />
pesa, pues no es nada.</p>
<p>¡Ah! bajo las sombras que sin querer nos aman<br />
con un jarro de vino<br />
al lado, sólo atentos a la inútil tarea<br />
del juego de ajedrez<br />
Aunque el juego sea apenas sueño<br />
y no haya compañero<br />
imitemos los persas de esta historia,<br />
y mientras allá afuera<br />
cerca o lejos, la guerra patria y vida<br />
nos llaman, toleremos<br />
que nos llamen en vano, cada uno<br />
bajo sombras amigas<br />
soñemos, él los compañeros, y el ajedrez<br />
su indiferencia.</p>
<p>Ricardo Reis</p>
<p>(traducción Antonio Sarabia)</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;">EL REY NEGRO</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ChessMagritte.jpg?t=1245516048" alt="ChessMagritte.jpg picture by antoniosarabia" />Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable que sacrificó la última torre para llevar un peón femenino hasta la séptima línea, frente al alfil y el caballo de las blancas.  Hablo desde mi base negra. Me tentó el demonio en la hora tórrida, cuando tuve por lo menos asegurado el empate. Soñé la coronación de una dama y caí en un error de principiante, en un doble jaque elemental&#8230;  Desde el principio jugué mal esta partida: debilidades en la apertura, cambio apresurado de piezas con clara desventaja&#8230; Después entregué la calidad para obtener un peón pasado: el de la dama. Después&#8230;  Ahora estoy solo y vago inútil de blancas noches y de negros días, tratando de ocupar casillas centrales, esquivando el mate de alfil y caballo. Si mi adversario no lo efectúa en un cierto número de movimientos, la partida es tablas. Por eso sigo jugando, atenido en última instancia al Reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez, que a la letra dice: Inciso 4) Cuando un jugador demuestra que cincuenta jugadas, por lo menos, han sido realizadas por ambas partes sin que haya tenido lugar captura alguna de pieza ni movimiento de peón.  El caballo blanco salta de un lado a otro sin ton ni son, de aquí para allá y de allá para acá. ¿Estoy salvado? Pero de pronto me acomete la angustia y comienzo a retroceder inexplicablemente hacia uno de los rincones fatales.  Me acuerdo de una broma del maestro Simagin: el mate de alfil y caballo es más fácil cuando uno no sabe darlo y lo consigue por instinto, por una implacable voluntad de matar.  La situación ha cambiado. Aparece en el tablero el Triángulo de Deletang y yo pierdo la cuenta de las movidas. Los triángulos se suceden uno tras otro, hasta que me veo acorralado en el último. Ya no tengo sino tres casillas para moverme: uno caballo rey y uno y dos torre. Me doy cuenta entonces de que mi vida no ha sido más que una triangulación. Siempre elijo mal mis objetivos amorosos y los pierdo uno tras otro, como el peón de siete dama. Ahora tres figuras me acometen: rey, alfil y caballo. Ya no soy vértice alguno. Soy un punto muerto en el triángulo final. ¿Para que seguir jugando? ¿Por qué no me dejé dar el mate pastor? ¿O de una vez el del loco? ¿Por qué no caí en una variante de Legal? ¿Por qué no me mató Dios mejor en el vientre de mi madre, dejándome encerrado allí como en la tumba de Filidor?  Antes de que me hagan la última jugada decido inclinar mi rey. Pero me tiemblan las manos y lo derribo del tablero. Gentilmente mi joven adversario lo recoge del suelo, lo pone en su lugar y me mata en uno torre, con el alfil.  Ya nunca más volveré a jugar al ajedrez. Palabra de honor. Dedicaré los días que me queden de ingenio al análisis de las partidas ajenas, a estudiar finales de reyes y peones, a resolver problemas de mate en tres, siempre y cuando en ellos sea obligatorio el sacrificio de la dama.</p>
<p>Juan José Arreola</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>AJEDREZ</p>
<p>1<br />
En su grave rincón, los jugadores<br />
rigen las lentas piezas. El tablero<br />
los demora hasta el alba en su severo<br />
ámbito en que se odian dos colores.</p>
<p>Adentro irradian mágicos rigores<br />
las formas: torre homérica, ligero<br />
caballo, armada reina, rey postrero,<br />
oblicuo alfil y peones agresores.</p>
<p>Cuando los jugadores se hayan ido,<br />
cuando el tiempo los haya consumido,<br />
ciertamente no habrá cesado el rito.</p>
<p>En el Oriente se encendió esta guerra<br />
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.<br />
Como el otro, este juego es infinito.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #ffffff;">..</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 472px; height: 199px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess61.jpg?t=1245516755" alt="Chess61.jpg picture by antoniosarabia" /><br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
2<br />
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada<br />
reina, torre directa y peón ladino<br />
sobre lo negro y blanco del camino<br />
buscan y libran su batalla armada.</p>
<p style="text-align: left;">No saben que la mano señalada<br />
del jugador gobierna su destino,<br />
no saben que un rigor adamantino<br />
sujeta su albedrío y su jornada.</p>
<p>También el jugador es prisionero<br />
(la sentencia es de Omar) de otro tablero<br />
de negras noches y blancos días.</p>
<p>Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.<br />
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza<br />
de polvo y tiempo y sueño y agonías?</p>
<p>Jorge Luis Borges</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">P.S. Antes de montar esta entrada, escribí a Santiago Gamboa preguntándole si recordaba el nombre de aquella pócima extraña que con tanto deleite consumía en el Hemingway. Acabo de recibir su respuesta:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Querido Antonio, no solo no la he olvidado (perdona, no tengo tildes, estoy en el aeropuerto de Bangkok) sino que hace poco me tome uno: es el Singapur Sling. Collins, el tenderman del Ritz, que es norteamericano, habia ganado el concurso bianual de Singapur Sling que por lo general ganaba siempre el Hotel Raffles de Singapur, donde fue inventado.</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Un abrazo y otro muy fuerte a Lauren,</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Santiago</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Queda, pues, hecha la aclaración. Tanto en el nombre de la bebida como en el del sitio en que ganó el certamen: Singapur y no Shanghai como yo dije antes. Evidentemente, al enviarme su email, Santiago no había leído aún Los Convidados de esta semana y por eso no hay referencia a los resultados de nuestras partidas de ajedrez. Ahí me toca a mí hacer la corrección. No es cierto que vayamos dos a uno como siempre recuerda Santiago. En nuestra amistad siempre ha habido un empate.</span></p>
<p><!--EndFragment--></div>

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		<title>Octavio Paz, el poeta en la minificción</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 18:12:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En estas últimas semanas hemos venido reflexionando en Los Convidados sobre el tema de las minificciones. Con ese motivo recopilé aquí relatos brevísimos de Borges, Bioy, Cortázar, Arreola, Huidobro y varios más. Sin embargo, ayer me di cuenta de que, sin pensarlo, había dejado fuera a otro gran maestro del género: el poeta mexicano Octavio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estas últimas semanas hemos venido reflexionando en <em>Los Convidados</em> sobre el tema de las minificciones. Con ese motivo recopilé aquí relatos brevísimos de Borges, Bioy, Cortázar, Arreola, Huidobro y varios más. Sin embargo, ayer me di cuenta de que, sin pensarlo, había dejado fuera a otro gran maestro del género: el poeta mexicano Octavio Paz (ciudad de México, 1914-1998), premio Nobel de la Literatura el año de 1990.<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/octavio_paz2.jpg?t=1223229245" alt="octavio_paz2.jpg picture by antoniosarabia" /> Paz es más conocido por su vasta producción poética y ensayística pero, exceptuando la novela, su escritura abarca todos los demás géneros literarios. <em>Trabajos del Poeta</em>, de 1949, es una admirable incursión surrealista entre la prosa poética y el microrelato. Ninguno de sus espléndidos textos rebasa los treinta renglones. <em>¿Águila o Sol?</em>, de 1950, continúa por el mismo camino con pasajes apenas un poco más largos. Tenemos un bello ejemplo en el titulado <em>Dama Huasteca</em>:</p>
<p><em>Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye en el costado del hombre.</em><br />
Y es de otro de sus libros de esa misma época, <em>Arenas Movedizas</em>, del que transcribimos para ustedes este otro cuento corto, una auténtica joya que está entre nuestros favoritos de siempre.</p>
<p> <span id="more-143"></span><br />
EL RAMO AZUL</p>
<p>Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando la escalera pintada de verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó:</p>
<p>-¿Dónde va señor?<br />
-A dar una vuelta. Hace mucho calor.<br />
-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/OCTAVIOPAZ3.png?t=1223229733" alt="OCTAVIOPAZ3.png picture by antoniosarabia" />Alcé los hombros, musité &#8220;ahora vuelvo&#8221; y me metí en lo oscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopló un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.<br />
Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar la calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes percibí unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:<br />
-No se mueva , señor, o se lo entierro.<br />
Sin volver la cara pregunte:<br />
-¿Qué quieres?<br />
-Sus ojos señor -contestó la voz suave, casi apenada.<br />
-¿Mis ojos? ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme.<br />
-No tenga miedo señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos.<br />
-Pero, ¿para qué quieres mis ojos?<br />
-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules y por aquí hay pocos que los tengan.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Ptzcuaro1.jpg?t=1223229518" alt="Ptzcuaro1.jpg picture by antoniosarabia" />-Mis ojos no te sirven. No son azules, sino amarillos.<br />
-Ay, señor no quiera engañarme. Bien sé que los tiene azules.<br />
-No se le sacan a un cristiano los ojos así. Te daré otra cosa.<br />
-No se haga el remilgoso, me dijo con dureza. Dé la vuelta.<br />
Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma la cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.<br />
-Alúmbrese la cara.<br />
Encendí y me acerqué la llama al rostro. El resplandor me hizo entrecerrar los ojos. El apartó mis párpados con mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de los pies y me contempló intensamente.<br />
La llama me quemaba los dedos. La arrojé. Permaneció un instante silencioso.<br />
-¿Ya te convenciste? No los tengo azules.<br />
-¡Ah, qué mañoso es usted! -respondió- A ver, encienda otra vez.<br />
Froté otro fósforo y lo acerqué a mis ojos. Tirándome de la manga, me ordenó.<br />
-Arrodíllese.<br />
Mi hinqué. Con una mano me cogió por los cabellos, echándome la cabeza hacia atrás. Se inclinó sobre mí, curioso y tenso, mientras el machete descendía lentamente hasta rozar mis párpados. Cerré los ojos.<br />
-Ábralos bien -ordenó.<br />
Abrí los ojos. La llamita me quemaba las pestañas. Me soltó de improviso.<br />
-Pues no son azules, señor. Dispense.<br />
Y despareció. Me acodé junto al muro, con la cabeza entre las manos. Luego me incorporé. A tropezones, cayendo y levantándome, corrí durante una hora por el pueblo desierto. Cuando llegué a la plaza, vi al dueño del mesón, sentado aún frente a la puerta.<br />
Entré sin decir palabra.<br />
Al día siguiente huí de aquel pueblo.</p>

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		<title>El Arte de la Minificción</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Aug 2008 22:16:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Bioy Casares]]></category>
		<category><![CDATA[Augusto Monterroso]]></category>
		<category><![CDATA[Autores argentinos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores chilenos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores chinos]]></category>
		<category><![CDATA[Autores franceses]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[Chuang-Tzu]]></category>
		<category><![CDATA[Jean Cocteau]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Luis Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Arreola]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Huidobro]]></category>

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		<description><![CDATA[Delfín Beccar y Alejandro Gelaz, dos jóvenes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, están ganando cada vez más adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, Minificciones, en el que día a día van dando cuenta de las mejores muestras del género corto en la literatura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal">Delfín Beccar y Alejandro Gelaz, dos jóvenes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, están ganando cada vez más adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, <em><a onclick="window.open('http://minificciones.com.ar/','','');return false;" href="http://minificciones.com.ar/">Minificciones</a></em>, en el que día a día van dando cuenta de las mejores muestras del género corto en la literatura universal. Desde su propio trabajo hasta el celebérrimo &#8220;Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí&#8221; de Monterroso, reputado como el relato más breve de la lengua castellana. Cuatro palabras más conciso, aunque no por eso más bello, del que a continuación reseñaremos de Borges. Junto a ese relámpago Borgiano tenemos microtextos de Bioy, Huidobro, Cocteau, otro de Monterroso, uno muy famoso de Chuang-Tzu y, para terminar, una pequeña joya de mi paisano Arreola.</p>
<p>Cada cuento viene acompañado de una bella ilustración alusiva al tema o al autor. Al permitirnos el uso de las <em><a onclick="window.open('http://minificciones.com.ar/','','');return false;" href="http://minificciones.com.ar/">Minificciones</a></em>, Delfín y Alejandro tuvieron la amabilidad de enviarnos las imágenes correspondientes con lo que los lectores de <em>Los Convidados</em> tendrán una idea más cabal de su trabajo.<span id="more-60"></span></p>
<p>Con la idea de compartir lectura y escritura, <em><a onclick="window.open('http://minificciones.com.ar/','','');return false;" href="http://minificciones.com.ar/">Minificciones</a></em> proponen otras áreas del blog en las que pueden participar sus visitantes, ya sea con escritos propios o, incluso, archivos audiovisuales. Están inaugurando, además, un concurso de microrelatos al mes. El ganador podrá ver su texto publicado en el blog, con su nombre completo y la ilustración adecuada, al lado de los consagrados.</p>
<p>Quiero felicitar a Delfín y Alejandro por este esfuerzo común. Es un honor tenerlos esta semana entre <em>Los Convidados</em>. Les deseamos suerte en el blog, en el concurso de minicuentos, y en su incipiente vida de escritores. Comienzo con un par de muestras de su propio quehacer literario para que ustedes vean también lo que, en este ámbito, ambos son capaces de hacer.</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/delfin.jpg?t=1219361346" alt="delfin.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>LABERINTO</p>
<p>La mujer lo mira agonizar. Él, sumido en una espantoso sueño, recorre los largos  pasillos de una oscura mazmorra. Detrás de cada puerta aparecen distintos escenarios,  una cadena de círculos infernales. Sin un Virgilio que lo guíe por ese submundo corre desesperado buscando una salida. A lo lejos, en medio de la bruma, puede ver como la única luz que existe se apaga.  Ella vierte amargas lágrimas&#8230; su marido acaba de expirar.  Él, a oscuras intenta buscar la salida de aquella prisión.</p>
<p>Delfín Beccar Varela</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Alejandro.jpg?t=1219361431" alt="Alejandro.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>REVERBERA EL RUEDO</p>
<p>El sol de la tarde templa la arena, el clavel, el mantón, el tendido.</p>
<p>Sentada, observa la ceremonia en el ruedo. El cortejo comienza la dupla; los pases abanican, el lomo restriega y ensangrienta lo viril al maestro. Ella mimetiza el baile del animal en su cuerpo. El clavel vibra ahora entre los pechos y el mantón se desliza por sus muslos. La lozana comulga con el frote, la sangre y la espada que penetra e inunda el laberinto.</p>
<p>La muerte grande que ronda; y la pequeña, que aflora tensándole la cara y el bajo vientre.</p>
<p>Alejandro Gelaz</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/bioy.jpg?t=1219361489" alt="bioy.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>                                                           LA SALVACIÓN</p>
<p>Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. &#8220;¿Cómo un ser tan ínfimo&#8221; sin duda estaba pensando el tirano &#8220;es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?&#8221;. Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. &#8220;Por humildes que sean&#8221; dijo indicando al pájaro &#8220;hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros&#8221;.</p>
<p>Adolfo Bioy Casares</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/borges.jpg?t=1219361589" alt="borges.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>BORGIANA</p>
<p>¿Es un imperio esa luz que se apaga o una luciérnaga? </p>
<p>Jorge Luis Borges</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/huidobro.jpg?t=1219361690" alt="huidobro.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>TRAGEDIA</p>
<p>María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.</p>
<p>Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.</p>
<p>Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.</p>
<p>Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.</p>
<p>¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?</p>
<p>Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.</p>
<p>Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.</p>
<p>Vicente Huidobro</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/cocteau.jpg?t=1219361754" alt="cocteau.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>                                                     EL GESTO DE LA MUERTE</p>
<p>Un joven jardinero persa dice a su príncipe: -¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan. El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta: -Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza? -No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.</p>
<p>Jean Cocteau</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/chuang.jpg?t=1219361818" alt="chuang.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>                                                         EL SUEÑO DE LA MARIPOSA</p>
<p>Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.</p>
<p>Chuang Tzu</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/monterroso2.jpg?t=1219361915" alt="monterroso2.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>                                                         LA TORTUGA Y AQUILES</p>
<p>Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.  En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.  En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles. </p>
<p>Augusto Monterroso</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/arreola.jpg?t=1219361964" alt="arreola.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>ARMISTICIO</p>
<p>Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala invitándonos a entrar. Se alquila paraíso en ruinas.</p>
<p>Juan José Arreola</p>

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