Posts Tagged “Jorge Luis Borges”

El s√°bado 22 de agosto a las once de la ma√Īana en el marco de la feria del libro de Bogot√°, Sala Jos√© Eustacio Rivera, la editorial Traves√≠as, en combinaci√≥n con el Ministerio de Cultura de la rep√ļblica de Colombia, presentar√° el poemario La Vocaci√≥n Suspendida de Lauren Mendinueta, ganador del Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos en 2007.
Mendinueta_6404_M-5.jpg picture by antoniosarabiaEl poemario ya vio la luz en Europa, publicado en 2008 por la editorial sevillana Point de Lunettes, y fue el libro m√°s vendido durante el Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n ese mismo a√Īo. Ahora es una editorial colombiana, con el patrocinio del Ministerio de Cultura, la que se lanza a publicarlo en Am√©rica Latina. Desde Los Convidados felicito a Lauren por esta nueva edici√≥n de su hermoso poemario y a los editores de Traves√≠as cuya incipiente colecci√≥n Palabra de Poeta cuenta ya con autores de la talla de Aurelio Arturo, Homero Aridjis y Giorgios Seferis. Para celebrar el acontecimiento ofrezco a los lectores de Los Convidados el pr√≥logo del libro, redactado por William Ospina quien se encuentra hoy en Caracas, Venezuela, recibiendo el R√≥mulo Gallegos, y algunos poemas de La Vocaci√≥n Suspendida. Que los disfruten.

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chess1.jpg picture by antoniosarabiaEl ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el domin√≥, no desde√Īa cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida.¬†Durante los a√Īos en que coincid√≠ en Par√≠s con el colombiano Santiago Gamboa, √≠bamos por las noches al¬†acogedor bar del hotel Ritz, el¬†Hemingway, donde entonces hab√≠a instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ah√≠ jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y √©l cierta bebida ex√≥tica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero hab√≠a ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomod√°bamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repet√≠a una frase que se ha hecho c√©lebre entre los dos: “¬Ņc√≥mo quedamos la √ļltima vez… dos a uno, verdad?”.

Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasi√≥n por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poes√≠a, hasta se entreten√≠a componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eter√≥nimo Ricardo Reis, me encontr√© con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduci√©ndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez alg√ļn lector portugu√©s me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice E o de marfim pe√£o mais avan√ßado / pronto a comprar a torre, ¬ŅQu√© significa en portugu√©s, en t√©rminos ajedrec√≠sticos comprar a torre? Yo tuve la opci√≥n de traducir listo a tomar la torre, pero pens√©, mala intuci√≥n tal vez, que como era el pe√≥n m√°s avanzado estaba a punto de llegar a la √ļltima hilera y convertirse en torre. Cualquier aclaraci√≥n al respecto ser√° m√°s que bienvenida. Se me ocurre publicar la traducci√≥n ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le pod√≠a considerar un verdadero fan√°tico del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la p√°gina. Lee el resto de esta entrada »

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AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA

En una f√°bula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripci√≥n de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la m√ļsica est√° en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegr√≠a, pero la m√ļsica es la tristeza y es la alegr√≠a. Tal vez la poes√≠a sea ese soplo de inspiraci√≥n misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusi√≥n a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten m√°gicamente en esa realidad que est√°n nombrando.
aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabiaLos pa√≠ses americanos de habla espa√Īola vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caim√°n en el flanco de la canoa. Esas cr√≥nicas tempranas ya viv√≠an el anhelo de encontrar en la geograf√≠a ignota de America un hogar, una patria, y s√≥lo as√≠ podemos entender la emoci√≥n de estas palabras de las “Eleg√≠as”: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardar√≠a mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ning√ļn poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivi√≥ una de las aventuras m√°s secretas y conmovedoras de la lengua castellana en Am√©rica, y gracias a ella construy√≥ con el lenguaje lo que √©l mismo llamar√≠a su “Morada al Sur”.
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en Jos√© Hern√°ndez y en Oth√≥n, en Bello y en Guti√©rrez Gonz√°lez. Y despu√©s de la aventura magn√≠fica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufon√≠a a la lengua, pero que se propon√≠an menos ser la voz de un territorio que el temblor de una √©poca, algunos poetas de Hispanoam√©rica de los a√Īos treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los espa√Īoles de la generaci√≥n del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. As√≠ vimos aparecer a L√≥pez Velarde en M√©xico, a C√©sar Vallejo en el Per√ļ, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.
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JulioCortzar3.jpg picture by antoniosarabia“Yo llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga”, le o√≠ decir hace unos d√≠as a mi amigo Daniel Mordzinski en el Hay Festival de Cartagena de Indias, donde ambos estuvimos invitados. √Čl a√ļn vive en Par√≠s. En lugar de la Maga encontr√≥ a su hermosa e incomparable Viviana, pero sus palabras rozaron un arrinconado diapas√≥n en mi memoria. Par√≠s hab√≠a significado tantas cosas en mi adolescencia que yo tambi√©n llegu√© ah√≠ buscando huellas: de d’Artgnan a Lagardere, de Jean Valjean a Montecristo, de Auguste Dupin al inspector Maigret, de Esmeralda a la Maga. Del convento de las Carmelitas Descalzas, a cuyas espaldas se bat√≠an los mosqueteros y el atrio de Notre Dame, donde bailaba la gitanilla, hasta el quai de Conti y el Pont des Arts, donde Oliveira distingu√≠a a la Maga a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. S√≠, yo tambi√©n llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga y me encontr√© con que ah√≠ fallecer√≠a Julio Cort√°zar (Bruselas, B√©lgica, 1914-1984) unos meses despu√©s de mi llegada.

Foto23.jpg picture by antoniosarabiaYo no lo conoc√≠. Mi primera novela no ser√≠a publicada sino hasta siete a√Īos m√°s tarde y yo, ilustre desconocido, no me atrev√≠ a llamarle por tel√©fono y confesarle cu√°nto le admiraba. Hice mal. Me lo han dicho ahora amigos, algunos muy queridos, que lo conocieron y trataron en la intimidad. Sin embargo, en los quince a√Īos que luego pasar√≠a en la capital de Francia lo visit√© a menudo en su √ļltima morada del cementerio Montparnasse, en la tumba que comparte junto a su querida Carol Dunlop. Cuando mi gran amigo el chileno Luis Sep√ļlveda estaba en la ciudad √≠bamos a hacerle compa√Ī√≠a. Le encend√≠amos un cigarrillo bien acomodado sobre el m√°rmol y, fumando tambi√©n nosotros, convers√°bamos los tres hasta que Julio conclu√≠a el suyo. Agrego, para obviar dudas sobre la salud mental de Lucho y m√≠a, que aunque le sab√≠amos presente en el coloquio jam√°s le o√≠mos responder. Participaba en la conversaci√≥n, dir√≠a Borges, intercalando silencios significativos mientras chupaba placenteramente su tabaco hasta consumirlo. A veces, intuyendo que no bastaba uno le prend√≠amos otro y ¬Ņpor qu√© no? hasta un tercer cigarrillo del insomnio -√©l fue siempre un enorme fumador- y continu√°bamos la charla. Al final apag√°bamos las colillas, nos desped√≠amos y ya solos, sinti√©ndonos medio desamparados, remat√°bamos la tarde en cualquier caf√© del bulevar.

CasaJC.jpg picture by antoniosarabiaEn otra ocasi√≥n, junto con mis dos queridos futuros compinches de Primeras Noticias de Noela Duarte, Jos√© Ovejero y Jos√© Manuel Fajardo, acompa√Īados -no pod√≠a ser menos- por el mismo Daniel Mordzinski, hice un viaje a Bruselas en busca del preciso lugar de nacimiento del gran Julio quien vio la luz ah√≠ durante la primera guerra mundial, con la ciudad reci√©n ocupada por las tropas alemanas. Los resultados de la excursi√≥n los narr√© ya en otro post de este mismo blog: encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podr√≠an haberlo asaltado, entramos a un departamento que pudo ser el del propio Cort√°zar porque no se sabe con certeza en qu√© piso vivi√≥. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro us√≥ √©l de ni√Īo. A√Īado, como en la otra ocasi√≥n, algunas de las fotos que Daniel tom√≥ del viaje. Para los cuatro fue una experiencia formidable.

ElevadorCortzar.jpg picture by antoniosarabia

Ahora escribo estas l√≠neas en v√≠speras del vig√©simo quinto aniversario de su muerte, que se cumple este jueves catorce de febrero.¬†Ese d√≠a, esta semana, todos los medios de informaci√≥n verter√°n carretadas de merecidos elogios sobre quien es considerado ya uno de los pocos cl√°sicos de nuestro tiempo. Si he narrado algunas de mis correr√≠as con Sep√ļlveda, Fajardo, Ovejero y Mordzinski en torno a Cort√°zar, ha sido solo para ilustrar la afici√≥n, la adhesi√≥n, la devoci√≥n, la admiraci√≥n y muchos otros ciones m√°s que √©l supo despertar en las generaciones de escritores que le siguieron.¬†S√© de algunos que incluso sol√≠an dibujar con tiza una rayuela en la rue de l’Hirondelle y la saltaban cada aniversario.¬†S√≠, todos nos sentimos abrumados ante Cien A√Īos de Soledad, pero ninguna otra novela nos hizo so√Īar, sentir y reflexionar lo que¬†Rayuela. Nunca fuimos a Macondo. Todos, de un modo u otro, hemos estado en Par√≠s buscando a la Maga.

Cortázar fue, además, uno de los grandes maestros del cuento. Tanto La autopista del Sur como El Perseguidor son relatos cumbre de la literatura universal. Nos dejó varios ensayos sobre ese género en el que tanto excedió. Mi favorito es el que reproduzco más abajo. El mejor Cortázar en un texto casi de preceptiva literaria. Que lo disfruten.

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Este lunes 19 de enero celebramos los doscientos a√Īos del nacimiento de Edgar Allan Poe (Boston, Massachusetts, E.U.A 1809-1849). Su vida, extra√Īa y atormentada, es digna de los cuentos que le har√≠an famoso.

Poe4.jpg picture by antoniosarabiaCuando √©l llega¬†apenas¬†al¬†a√Īo de edad, su padre, William Henry Leonard Poe, abandona a su madre, la actriz Elizabeth Arnold Hopkins, lo que ocasiona la muerte de esta pocos meses despu√©s. El peque√Īo Edgar es recogido entonces por John Allan un rico negociante escoc√©s de Richmond, Virginia, y su esposa Frances Valentine quien no pod√≠a tener hijos. Durante unos pocos a√Īos, a partir de 1815, se instala con ellos en el Reino Unido. Asiste a cursos elementales en una escuela de Irvine, en Escocia, m√°s tarde en un internado de Chelsea y finalmente en Stoke Newington, al norte de Londres. De vuelta a Richmond en 1920, se enamora perdidamente, a los 14, de la madre de uno de sus compa√Īeros de escuela, Helen Stanard, que a la saz√≥n tiene 30 y que morir√° un a√Īo despu√©s. A los 16, Poe se compromete sentimentalmente con su vecina Sarah Elmira Royster y se inscribe para estudiar lenguas en la Universidad de Virginia, pero ser√° expulsado un a√Īo m√°s tarde a causa de su debilidad por la bebida y el juego. Logra sostenerse un tiempo con trabajos eventuales, de tendero a periodista, hasta que Sarah Elmira rompe su compromiso con √©l y se casa con Alexander Shelton. Poe se alista entonces en el ej√©rcito de los Estados Unidos bajo el nombre de Edgar A. Perry afirmando que tiene 22 a√Īos cuando en realidad cuenta apenas 18. Ese mismo a√Īo, 1827, inicia su carrera literaria con la publicaci√≥n de Tamerlane y otros poemas que firma con el simple seud√≥nimo de “un bostoniano”. Liberado del servicio dos a√Īos m√°s tarde con el grado de sargento mayor de artiller√≠a, Poe se anima a entrar en la academia militar de West Point pero no soporta ni un a√Īo en ella y se hace expulsar despu√©s de una corte marcial.

poe2.jpg picture by antoniosarabiaA la edad de 26 a√Īos Poe se casa con su prima Virginia Clemm que apenas tiene 13 y que morir√° doce a√Īos m√°s tarde a consecuencias de una tuberculosis. La enfermedad hace crisis mientras ella canta y toca el arpa para Poe y sus amigos. La velada se trunca cuando una nota aguda la enmudece de pronto provoc√°ndole una hemorragia de sangre que le mana por la boca. La muerte de su adorada “mujer-ni√Īa” lo hunde a√ļn m√°s en el alcoholismo. Mis enemigos atribuyen la locura a la bebida en vez de la bebida a la locura, dec√≠a.
En 1849 se reencuentra en Richmond con Sarah Elmira Royster, aquel gran amor de su juventud y se compromete de nuevo con ella. La boda se fija para el 17 de octubre. Se dice que Poe estaba entusiasmado y feliz pero no vuelve a saberse nada de él sino hasta el 3 de octubre en que aparece delirando en una calle de Baltimore, misteriosamente vestido con harapos que ni siquiera le pertenecen. Es llevado al Washington College Hospital donde fallece durante la madrugada del 7.

Las incomprensibles circunstancias de su muerte no hacen sino acrecentar la leyenda negra de este autor, uno de los grandes pioneros de la narrativa contemporánea. El relato corto no sería lo que es sin sus aportaciones. Los modernos géneros policiaco, gótico y de terror, se fundamentan en sus escritos. Toda la arquitectura de los relatos de Sherlock Holmes, por ejemplo, la mirada del comparsa que narra los casos en primera persona y el método deductivo que hizo famoso al inquilino de Baker street fueron copiados por sir Arthur Conan Doyle de los cuentos de Auguste Dupin, el detective de Poe.
Admirado sin ambig√ľedades por autores como Kafka, Dostoyevsky, Lovecraft, Maupassant, Bierce, Mann y Borges, Edgar Allan Poe goz√≥ de traductores de lujo: Charles Baudelaire al franc√©s y Julio Cort√°zar al castellano.
En 1845 Poe escribió El Cuervo lo que le valió un éxito instantáneo. De su método de trabajo y de cómo ideó las famosas estancias que lo componen nos habla él mismo más abajo.

La traducción a los fragmentos de El Cuervo es de Antonio Pérez Bonalde. Los grabados son de Gustavo Doré, especialmente realizados en 1853 para ilustrar el celebérrimo poema de Poe.

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Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 1850-1894) es sin ninguna duda uno de los escritores de aventuras m√°s celebrados de todos los tiempos. Algo debe haber hecho mal, o no ser√≠a tan famoso es una frase que se le atribuye pero que dif√≠cilmente puede aplic√°rsele ya que la lista de sus admiradores incluye nombres de la talla de Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Rudyard Kipling y Vladimir Nabokov, por citar s√≥lo algunos de los m√°s ilustres. Ser√≠a interminable mencionar a todos los que alguna vez nos dejamos fascinar por La Isla del Tesoro o por El Extra√Īo Caso del Doctor Jekyll y M√≠ster Hyde, es decir a la casi totalidad de los escritores que conozco.

370px-Robert_louis_stevenson.jpg picture by antoniosarabiaAunque sus padres, fieles y devotos presb√≠teros, no fueron particularmente estrictos, Stevenson creci√≥ en un severo ambiente religioso dominado por su nana, Alison Cunningham, ferviente calvinista, quien le entreten√≠a con sus cuentos y a la que √©l llamaba afectuosamente Cummy, y su abuelo por la l√≠nea materna, predicador de la Iglesia de Escocia en Colimnton, donde el peque√Īo Robert Louis pasaba gran parte del tiempo.
De naturaleza delicada -algunos autores han aventurado que padec√≠a tuberculosis aunque probablemente se trataba m√°s bien de un caso de bronquitis cr√≥nica-, Stevenson sufr√≠a ataques de tos y fiebre que se exacerbaban durante el invierno. Esto le oblig√≥ siempre a rehuir el fr√≠o y la humedad y emigrar hacia climas m√°s propicios para su salud. No existen tierras extra√Īas, sol√≠a decir, lo √ļnico extra√Īo es el viajero. Esa b√ļsqueda constante le llev√≥ hasta los mares del sur, a las islas Samoa, donde los nativos le bautizaron como Tusitala “el que narra historias” y donde pas√≥ los √ļltimos a√Īos su vida. Falleci√≥ a los cuarenta y cuatro a√Īos de edad a consecuencia de una hemorragia cerebral y est√° enterrado en la cima de una monta√Īa cerca de Valima, su hogar samoano.

A continuaci√≥n, para celebrar esta fecha, les presentamos un cuento de Navidad de su autor√≠a. Disfr√ļtenlo. Felices fiestas.

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Este mes se celebra un aniversario m√°s del natalicio de Emily Dickinson (Amherst, Massachusets, 1830-1886), la gran poeta norteamericana cuyos poemas nos asombran a√ļn hoy por su grado de experimentaci√≥n y su modernidad.
EmilyDickinson1.jpg picture by antoniosarabiaEn una carta dirigida a su amigo Thomas Wentworth Higginson, a quien hab√≠a enviado algunos versos para que se los criticara, Emily le participaba su percepci√≥n personal de la poes√≠a: si f√≠sicamente siento que me arrancan la cabeza, eso es poes√≠a. Esa es mi √ļnica manera de saberlo. ¬ŅHay otra?
Sin embargo, para Emily Dickinson el quehacer literario era inseparable de las demás actividades que colmaban su vida cotidiana. La vivía con la misma intensidad con la que se ocupaba del jardín, tejía o cocinaba. Vivir es tan sorprendente, escribió en 1871 al mismo Higginson, que deja poco espacio para otras ocupaciones.
Apenas una media docena de poemas aparecieron en vida de la autora, todos dados a conocer en forma anónima o sin su consentimiento, y sólo fueron publicados después de ser corregidos por los editores.
La suya es una metaf√≠sica dom√©stica y particular, nos dice Margarita Ardanaz en su introducci√≥n a las Cartas Po√©ticas e √ćntimas (1859-1886), y contin√ļa m√°s adelante:
EmilyDickinson3.jpg picture by antoniosarabiaSus poemas tienen una frescura especial porque ella emplea las palabras de cada d√≠a como nadie las hab√≠a empleado antes. Nos sit√ļa en el umbral mismo del canto y nos invita, mediante fragmentos inacabados, a completar la ruta hacia ninguna parte. Eso es la poes√≠a. La pura posibilidad. El poema es para ella lo que ya no es tanto como lo que todav√≠a no es. Es en ese espacio incierto que media entre lo todav√≠a no dicho y lo ya recordado donde se sit√ļa el poema. El poema es el presente eternizado.
Acaso sea en este grado de experimentaci√≥n l√©xica donde radique la modernidad de su obra. Un sentido de la experimentaci√≥n que no tiene mucho que ver con su √©poca. Por eso no es casual que prefiera el poema breve y el fragmento en prosa como medios de expresi√≥n. El nivel de concentraci√≥n concede a cada una de las palabras un valor objetual imprescindible. El discurso se concentra en torno a una serie de palabras motrices. Por eso su sintaxis se ve frecuentemente reducida al nombre, suprimiendo al m√≠nimo los elementos unitivos y reduciendo los verbos en un af√°n de supresi√≥n del tiempo. Esta t√©cnica favorece las posibilidades de la elipsis, que es la aut√©ntica protagonista de la ret√≥rica dickinsoniana. Lo no dicho, los espacios en blanco, la insinuaci√≥n, el lenguaje oblicuo y la ambig√ľedad tienen tanto valor en su discurso como los elementos expl√≠citos. Y es que el silencio es para Emily Dickinson tan subversivo como la palabra.

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En estas √ļltimas semanas hemos venido reflexionando en Los Convidados sobre el tema de las minificciones. Con ese motivo recopil√© aqu√≠ relatos brev√≠simos de Borges, Bioy, Cort√°zar, Arreola, Huidobro y varios m√°s. Sin embargo, ayer me di cuenta de que, sin pensarlo, hab√≠a dejado fuera a otro gran maestro del g√©nero: el poeta mexicano Octavio Paz (ciudad de M√©xico, 1914-1998), premio Nobel de la Literatura el a√Īo de 1990.octavio_paz2.jpg picture by antoniosarabia¬†Paz es m√°s conocido por su vasta producci√≥n po√©tica y ensay√≠stica pero, exceptuando la novela, su escritura abarca todos los dem√°s g√©neros literarios. Trabajos del Poeta, de 1949, es una admirable incursi√≥n surrealista entre la prosa po√©tica y el microrelato. Ninguno de sus espl√©ndidos textos rebasa los treinta renglones. ¬Ņ√Āguila o Sol?, de 1950, contin√ļa por el mismo camino con pasajes apenas un poco m√°s largos. Tenemos un bello ejemplo en el titulado Dama Huasteca:

Ronda por las orillas, desnuda, saludable, reci√©n salida del ba√Īo, reci√©n nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volc√°n. En su vientre un √°guila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del pa√≠s h√ļmedo. Pocos la han visto. Dir√© su secreto: de d√≠a, es una piedra al lado del camino; de noche, un r√≠o que fluye en el costado del hombre.
Y es de otro de sus libros de esa misma época, Arenas Movedizas, del que transcribimos para ustedes este otro cuento corto, una auténtica joya que está entre nuestros favoritos de siempre.

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Delf√≠n Beccar y Alejandro Gelaz, dos j√≥venes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, est√°n ganando cada vez m√°s adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, Minificciones, en el que d√≠a a d√≠a van dando cuenta de las mejores muestras del g√©nero corto en la literatura universal. Desde su propio trabajo hasta el celeb√©rrimo “Cuando despert√≥ el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠” de Monterroso, reputado como el relato m√°s breve de la lengua castellana. Cuatro palabras m√°s conciso, aunque no por eso m√°s bello, del que a continuaci√≥n rese√Īaremos de Borges. Junto a ese rel√°mpago Borgiano tenemos microtextos de Bioy, Huidobro, Cocteau, otro de Monterroso, uno muy famoso de Chuang-Tzu y, para terminar, una peque√Īa joya de mi paisano Arreola.

Cada cuento viene acompa√Īado de una bella ilustraci√≥n alusiva al tema o al autor. Al permitirnos el uso de las Minificciones, Delf√≠n y Alejandro tuvieron la amabilidad de enviarnos las im√°genes correspondientes con lo que los lectores de Los Convidados tendr√°n una idea m√°s cabal de su trabajo. Lee el resto de esta entrada »

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Entre el erotismo y la pornografía, igual a un péndulo que oscilara entre el espíritu y el cuerpo por lo que podríamos llamar las gradaciones de lo explícito, se mece la imaginación. Me refiero aquí al espíritu concebido como la sede del entendimiento y, al cuerpo, visto sólo en su aspecto genital. El erotismo está hecho de sugerencias y apela a nuestra fantasía. Nos interesa lo que oculta, no lo que descubre. La pornografía, por el contrario, no aspira a símbolos representativos. Se recrea a sí misma en la exhibición del aparato reproductor. Para el sexo puro y duro no hace falta la imaginación.

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