Entre el erotismo y la pornografÃa, igual a un péndulo que oscilara entre el espÃritu y el cuerpo por lo que podrÃamos llamar las gradaciones de lo explÃcito, se mece la imaginación. Me refiero aquà al espÃritu concebido como la sede del entendimiento y, al cuerpo, visto sólo en su aspecto genital. El erotismo está hecho de sugerencias y apela a nuestra fantasÃa.
Nos interesa lo que oculta, no lo que descubre. La pornografÃa, por el contrario, no aspira a sÃmbolos representativos. Se recrea a sà misma en la exhibición del aparato reproductor. Para el sexo puro y duro no hace falta la imaginación.
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