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	<title>Los Convidados &#187; Luis de Góngora</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>El humor en el Siglo de Oro (II)</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2008 14:58:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Podría iniciar esta entrada como Antoine de Saint Exupéry su novela Piloto de Guerra: <span style="font-style:italic;">Sin duda sueño. Estoy en la escuela. Tengo quince años. Resuelvo con paciencia mi problema de geometría</span>. Sólo que yo no me recuerdo de quince años sino de doce, y no me veo tampoco resolviendo un problema de geometría, para los que además nunca tuve paciencia alguna, sino ante el borroso rostro de un profesor del que he olvidado el nombre. Sospecho que ni siquiera enseña literatura aunque, no sé por qué motivo, nos habla de un personaje del que yo aún no sabía nada: don Francisco de Quevedo y Villegas, poeta de una época para mí entonces oscura y remota: el siglo XVII. Por otra confusa razón que tampoco recuerdo ahora, el rey -entonces yo los imaginaba sentados en su trono al dirigirse a sus súbditos- intenta burlarse de él. Le dice que se murmura por ahí que es capaz de componer versos al instante y le exige una demostración. Don Francisco responde con sencillez: “Majestad, deme pie”. El monarca medita unos momentos. En vez de aportar la rima requerida, levanta una pierna ante las risas de sus cortesanos y extiende hacia Quevedo su fina zapatilla de cuero. El poeta, medio cojo, se inclina para rodear con un brazo el pie del monarca y le dice:<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFOSMdt_I/AAAAAAAAAO4/ZXaETUO5JxE/s1600-h/1981-1200-francisco-quevedo.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFOSMdt_I/AAAAAAAAAO4/ZXaETUO5JxE/s200/1981-1200-francisco-quevedo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158316166159906802" /></a><br />En esta humilde postura<br />parece ser, oh señor,<br />que yo soy el herrador<br />y vos la cabalgadura.</p>
<p>Nunca olvidé ni los versos ni la anécdota. ¿De dónde los habrá sacado aquel mágico maestro de mi infancia? Porque en todo lo que he leído después sobre el Siglo de Oro Español, y tarde cinco años estudiándolo a fondo para escribir mi novela Amarilis, nunca encontré la anécdota ni los versos atribuidos a Quevedo. Ahora me parece poco plausible que un rey tan ceremonioso como Felipe IV se hubiese prestado a ese tipo de chanzas con sus cortesanos y menos verosímil aún que cualquiera de ellos, aunque se tratara del mismísimo Quevedo, se atreviera a faltarle al respeto. Sin embargo aquella historia bastó para encandilarme. Mi amor por el siglo de oro nació, pues, y fue creciendo como una catedral alta y tortuosa, apoyada sobre una piedra falsa. Pero me impulsó a explorar poco después el teatro de la época. Las comedias de Tirso de Molina, por ejemplo, las leí, las devoré, en la biblioteca de la escuela como si fueran teveos.<br />No tardé mucho en toparme de nuevo con Quevedo. Tampoco recuerdo en dónde leí otra de sus pullas, ésta dirigida a un tal doctor don Juan Pérez de Montalbán, de quien ahora sé fue discípulo y amigo de Lope de Vega, al quien al morir éste dedicó una apología, la Fama Póstuma. A Quevedo no debe de haberle simpatizado mucho porque le escribió:</p>
<p>El doctor tú te lo pones,<br />el Montalbán no lo tienes,<br />con que, quitándote el “don”,<br />vienes a quedar… Juan Pérez</p>
<p>De aquellos días de infancia recuerdo también otra -que me suena a siglo de oro aunque tampoco he visto escrita y desconozco al autor- que oí decir a mi padre ante una efigie de San Martín de Tours que, a caballo, rasga su capa para compartirla con un mendigo que está muriendo de frío.<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGuiMduCI/AAAAAAAAAPQ/CF3uveDf5zw/s1600-h/SanMartinDeTours.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGuiMduCI/AAAAAAAAAPQ/CF3uveDf5zw/s200/SanMartinDeTours.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158317819722315810" /></a><br />Yo no soy como aquel santo<br />que dio media capa a un pobre,<br />toma de mi amor el manto<br />y si te sobra… que sobre.</p>
<p>Con Quevedo aprendí a gozar también el humor de su archienemigo, don Luis de Góngora y Argote, más fino y punzante pero igualmente implacable:</p>
<p>A don Diego del Rincón,<br />cojo, ciego y corcovado,<br />un hábito el Rey le ha dado<br />con encomienda en León.<br />Bien le vino al andaluz<br />que en tal Rincón, cosa es clara<br />que cualquiera se meara<br />si no le viera la cruz.</p>
<p>Esta otra, también de Góngora, se refiere a un fiasco íntimo. Las malas lenguas de la época sugerían que narraba el primer intento hecho por Felipe IV para consumar el matrimonio con su esposa doña Isabel de Borbón, recién desempacada de Francia.</p>
<p>Con Marfisa en la estacada<br />entrastes tan mal guarnido<br />que su escudo, aunque hendido,<br />no lo rajó vuestra espada.<br />Qué mucho, si levantada<br />no se vio en trance tan crudo,<br />ni vuestra vergüenza pudo<br />cuatro lágrimas llorar,<br />siquiera para dejar<br />de orín tomado el escudo.</p>
<p>Merecen también una mención sus riñas con Lope de Vega, de quien Góngora copiaba los romances moriscos cambiado los versos para burlarse de ellos. Por ejemplo, Lope concibe un personaje heroico, el moro Azarque, y le hace dirigirse a sus vasallos cuando está a punto de partir para la guerra:<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGEiMduBI/AAAAAAAAAPI/O2uhW8wDvKY/s1600-h/10ctos-lope-vega.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGEiMduBI/AAAAAAAAAPI/O2uhW8wDvKY/s200/10ctos-lope-vega.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158317098167810066" /></a><br />Ensíllenme el potro rucio<br />del alcalde de los Vélez, <br />denme la adarga de Fez<br />y la jacerina fuerte, <br />una lanza con dos hierros, <br />entrambos de agudo temple, <br />aquel acerado casco<br />con el morado bonete…</p>
<p>Góngora pone a un villano en la misma situación:</p>
<p>Ensíllenme el asno rucio <br />del alcalde Antón Llorente, <br />denme un tapador de corcho <br />y el gabán de paño verde, <br />el lanzón en cuyo hierro <br />se han orinado los meses <br />el casco de calabaza<br />y el vizcaíno machete… </p>
<p>Y en la parte en la que el héroe se despide de su amada, Lope dice:</p>
<p>Acuérdate de mis ojos <br />que muchas lágrimas vierten <br />¡a fe que lágrimas suyas<br />pocas moras las merecen! </p>
<p>Y el villano de Góngora no se queda atrás:</p>
<p>Acuérdate de mis ojos <br />que están, cuando estoy ausente, <br />encima de la nariz<br />y debajo de la frente…</p>
<p>Al mismo Góngora se debe esta décima en la que hace mofa de las tercerías de Lope de Vega para con su amo, el duque de Sessa y de la voz popular que señala siempre lo mejor con la frase “es de Lope”.<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFjCMduAI/AAAAAAAAAPA/dp02N_i5kv8/s1600-h/25ctos-luis-gongora.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFjCMduAI/AAAAAAAAAPA/dp02N_i5kv8/s200/25ctos-luis-gongora.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158316522642192386" /></a><br />Dícenme que terceros disolutos<br />cual suelen las livianas y ligeras <br />mujeres dar de putas en terceras,<br />aquestos, de terceros, dan en putos. <br />Si esto es verdad, aconsejarte quiero <br />que tu ingenio tercero y peregrino<br />en cosa que es tan vil no de ni tope. <br />Porque si das en puto de tercero <br />tomando lo nefando por divino <br />dirán luego en Castilla, &#8220;esto es de Lope&#8221;.</p>
<p>De Lope siempre me ha gustado esta octavilla. No resisto el incluirla, aunque pueda traerme alguna que otra protesta de las lectoras: </p>
<p>Hablando cierta persona<br />de los zapatos decía<br />que era bien hacerlos grandes<br />a las mujeres muy finas,<br />porque chicos hacen callos<br />y las damas resentían<br />que las hiciesen callar<br />aunque fuese solo un día.</p>
<p>Para terminar, lo que podría ser un epitafio burlesco para don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias. Acusado por Felipe III de utilizar su cargo público para enriquecerse, el marqués hizo gala de valor y entereza al ser decapitado en la Plaza Mayor. Está escrito por el conde de Villamediana</p>
<p>Aquí yace Calderón.<br />Pasajero, el paso ten,<br />Que en hurtar y en morir bien<br />Se parece al buen ladrón.</p>

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		<title>Poemas para despedir el año</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Dec 2007 15:43:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana quería dedicar el blog a una poeta griega, Lena Pappá, de la cual poseo apenas un librillo, Palabras de Vidrio, publicado por la editorial Los Vientos, en 1984.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R3Zr364_aBI/AAAAAAAAAN4/mG4kYJhOdf8/s1600-h/IMG_1458+copy.JPG" rel="lightbox[14]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R3Zr364_aBI/AAAAAAAAAN4/mG4kYJhOdf8/s320/IMG_1458+copy.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5149421832390010898" /></a> En él hay algunos poemas que habría querido compartir con los lectores este fin de año. Por desgracia, por más que he revuelto bibliotecas y librerías, incluyendo los acostumbrados canales de Internet en los pocos idiomas que domino, aparte de que nació en Atenas no he podido averiguar nada más sobre ella, ni siquiera la fecha de su nacimiento. Continúo mis pesquisas y les prometo muestras de su extraordinario quehacer literario para la semana que viene. Si alguno de ustedes, lectores de este blog, -tal vez tú, Luis González de Alba, tan enamorado de Grecia y su cultura- tiene algún material o información que proporcionarme se le agradecería infinito.<br />Para sustituirla, mal, yo lo sé, pero el tiempo apremia y esta entrada lleva ya un día de retraso, les ofrezco algunos poemas míos, ojalá los disfruten.<br />Comienzo con uno inédito, garabateado sobre una servilleta del bar del hotel Frankfurterhoff allá por el 93 o el 94, que Carmen Balcells se llevó como recuerdo a Barcelona.</p>
<p>Nostalgia de Góngora en la Feria del Libro</p>
<p>Que animen damas hermosas<br />el vaivén de tales cosas<br />bien puede ser</p>
<p>Más que así levanten olas<br />y que luego duerman solas<br />no puede ser</p>
<p>Que se aleguen mil razones<br />para nuevas ediciones<br />bien puede ser</p>
<p>Más que acierte tanta ciencia<br />sin cierta concupiscencia<br />no puede ser</p>
<p>Pequeño poema (n)e(u)rótico</p>
<p>El ratón que nos comió la lengua <br />cuando niños<br />(¿recuerdas?)<br />persigue aún esa palabra <br />que se escabulle.</p>
<p>Silencio, <br />entre tú y yo sólo silencio, <br />y el novicio rozar <br />de los labios y los cuerpos.<br />La palma de mi mano <br />toqueteando el vacío<br />sobre tu púber vello eléctrico.<br />Y tu boca crispándose torpemente <br />en mi boca,<br />amordazando promesas que nos prohibía <br />la infancia,<br />mientras el sinvergüenza ratón <br />rondaba su agujero<br />en busca de esa palabra <br />que se escabulle.</p>
<p>Descuido</p>
<p>Se me extravió tu nombre en el recuerdo.<br />He perdido tu nombre<br />en ese sitio ambiguo en donde quedan<br />aún tantas cosas tuyas.<br />Ahí está tu sonrisa, por ejemplo, <br />-¿era esa tu sonrisa?-, y tus ojos cansados<br />de mis intemperancias,<br />y la esquiva tibieza de tu carne,<br />y tu silueta desnuda recortada<br />contra la tenue cortina de donde provenía<br />la incierta luz del alba.<br />Tú fumabas junto a la ventana,<br />recuerdo tus pechos desafiantes,<br />sus altivos pezones expuestos a mis ansias,<br />tu perfil pensativo que exploraba<br />por entre los traslúcidos pliegues de la gasa<br />el difuso contorno de los árboles<br />en la indecisa madrugada.<br />Recuerdo también que te volviste<br />y el timbre de tu voz y tu mirada<br />al decirme que ya no era posible<br />continuar con lo nuestro, que deseabas<br />ser libre como antes y seguir con tu vida<br />lejos de nuestras incongruencias cotidianas.<br />Ser libre, me dijiste pero, mira, <br />te me quedaste presa en el recuerdo,<br />aunque he olvidado tu nombre.</p>
<p>Ruinas</p>
<p>La luna cae<br />por la abertura de la chimenea<br />cual redonda moneda<br />dentro de una alcancía.<br />Se ilumina la casa<br />Pero no hay ya quien vea<br />el esplendor del astro<br />en la pieza vacía.</p>
<p>Brote</p>
<p>Algo germina en mí, <br />algo me crece<br />en el oscuro ámbito <br />del cuerpo,<br />algo como una sombra <br />densa y dulce<br />en mi interior asciende <br />a mi cerebro.<br />¿Será tal vez un yo <br />que aún no conozco<br />caminando hacia mí <br />desde mi centro<br />como una mansa bestia silenciosa?<br />¿O es una mariposa azul <br />que hizo capullo<br />entre el alto andamiaje <br />de mis huesos<br />y anhela deshacerse <br />de su cárcel<br />y volar como vuela <br />el pensamiento…?</p>
<p>Alimaña</p>
<p>Aquello que se me quedó en el inconsciente,<br />                   <span style="font-style:italic;">alacrán arrancado de su nido</span>,<br />lo que quiero y no puedo recordar,<br />                   <span style="font-style:italic;">todo lo vivido y olvidado,</span><br />viene hacia mí desde la infancia,<br />                    <span style="font-style:italic;">avanza con la cola levantada.</span></p>
<p>  ¿Cuándo llegará por fin a mí?<br />  ¿Cuándo tocará,<br />  con su aguijón en llamas,<br />  mi frente?</p>

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