Posts Tagged “Coral Bracho”

Un buen editor es la mancuerna indispensable del autor para ganar lectores. Ésto, que hace unos años podía parecer una verdad de Perogrullo, hoy no lo es. Los buenos editores están desapareciendo en un mundo regido por los intereses del mercado y son uno a uno sustituidos en las grandes editoriales por ejecutivos de ventas que manejan los libros como si fueran jabones mientras sueñan con encontrar a su propio Dan Brown o J.K. Rowlling, y que Dios y J.K. Rowlling me perdonen por poner a los dos primeros en la misma cacerola.
En una de mis recientes visitas a la Agencia Literaria de Carmen Balcells, una de sus asistentes me decía que si en esta época les hubiera llegado el manuscrito de Cien Años de Soledad no les sería fácil venderlo.
También se están acabando los libreros que conocían su oficio, amaban la lectura y eran capaces de recomendar libros a sus clientes. Hace un par de meses, a mi paso por Madrid, intenté comprar las aventuras de Sherlock Holmes en una aparentemente bien provista librería del Corte Inglés para obsequiárselas al hijo de una buena amiga. El empleado que me atendió no sólo no tenía la menor idea de quién fue Sir Arthur Conan Doyle sino que tampoco había oído hablar de Sherlock Holmes. Hubo que deletrearle pacientemente el nombre para que lo buscara en su computadora y, aún así, fue incapaz de dar con el libro.
Pero volviendo a los editores de antaño, éstos se distinguían por su interés por educar a los lectores. Los nutrían con inteligencia para despertarles apetitos mayores. Les enseñaban a leer, en verdad a leer. Esta labor que deberían continuar, por su propio beneficio, las grandes editoriales, se circunscribe ahora a las más pequeñas. Sus propietarios, que cuando ganan, ganan poco y, cuando pierden, pierden mucho, continúan sin embargo picando piedra para forjarse un verdadero público.
Ese es el caso de Daniel Pupko, en México, y su editorial Salida de Emergencia, y el de César Sanz en Valladolid, con Difácil. Ésta última acaba de publicar una bella e inteligente “antología de la poesía latinoamericana al siglo XXI” titulada Una Gravedad Alegre. La selección es del también poeta y doctor en literatura latinoamericana por la Universidad de Pittsburg, Armando Romero (Cali, Colombia, 1944). Su trabajo, un excelente panorama de lo que hoy sucede en nuestros países, reune a casi sesenta poetas nacidos a partir de 1940. A Colombia le corresponde el honor de presentar al más veterano, Jotamario Arbeláez (1940), y a la más joven, Lauren Mendinueta (1977).
Estas son unas cuantas muestras de los participantes y de sus obras. Felicidades a César y que continúe así. Hacen falta más editores como él.

Elsa Cross (México D.F., México, 1946). Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1989) y Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines (1992).

Las piedras

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El sol restalla en los mármoles desnudo.
Las inscripciones
ocultan y alumbran sus mensajes:
letras como pórticos,
triglifos,
propileos vibrantes
y allí donde chocan los nombres con las cosas
se abren vetas en el mármol
como entradas a otros sueños.

Se desmoronan los templos de palabras,
el sentido se vuelve
un trazo incongruente
partícula que casa con el polvo.

Oscuridad completa bajo el sol.
Ignorancia completa.

No hay marcas de la vía.
El dios abre y cierra los destinos
igual que el viento azota los postigos
hasta romperlos.

Los pasos se repiten.
y las preguntas ciegas,
el balbuceo,
el tumbo,
el azoro de pájaro
en espera de algo.

Caen palabras
como monedas:
fulgura su reflejo en estas piedras
que existían aquí,
antes de nosotros,
y seguirán después
como los dioses.

Corte traversa del sentido.
se mira el oráculo sin comprender.

Todo comienza donde se cierran los ojos.

Antonio Cisneros (Lima, Perú, 1942). Premio Casa de Las Américas 1968.

AntonioCisneros-1.jpg picture by antoniosarabiaImitación de Horacio

a)
Si quieres un amor (más o menos) eterno, no descuides
detalle ninguno.
Afánate porque tenga la claridad y el peso de lo escrito.
Algo que puedas reclamar.
Estipula los plazos. No te fíes de una sonrisa amable y sin
motivo,
ni de un deseo mayor que lo previsto en las horas del amor.
No brindes la confianza, ni la tomes. Ama y sospecha del
latido del día,
del suspiro de la noche donde todo está escrito. Igual que
en el papel.

b)
Si optas en cambio, por un amor ligero (olor de hierba
Que cambia con la brisa)
sumérgete en el caos de amar y ser amado.
Y siente que cada media hora es (a su modo) una consistente
Eternidad.

Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977) En su país ha ganado el Premio Internacional de Poesía de Medellín, 2000, el Premio Nacional de Poesía Universidad Metropolitana, 2000. En España el Premio Martín García Ramos 2007. Su nuevo poemario, La Vocación Suspendida, será publicado en breve por otra de esas editoriales de las que estamos hablando: Point de Lunettes.

Poética

La que sin ser yo
No es otra
La de tirantes dedos para acariciar
El espino
Escribe
Pocos años Pocas horas
No menos de mil
No más de mil
Recoge
La herida de la tierra amarga
Para protegerse
De la orgullosa espesura
Sostenida por siete pájaros azules
Su soledad
No derrama pájaros
Árboles con amplias miradas
Antigua huella de adioses
Guardaron para ella la señal
Y las flores
Grandes triunfadoras
Le cortaron el suspiro inocente
Joven aún
No la conozco
Ella y yo
Dos manos de trazo libre
Para esquivar la espera
Dos pies en forma de pies
Para marchar al combate
Dos ojos
Que siempre miran recuerdos
Diosa y mujer
nosotras

Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947-2006) Además de la poesía cultivó la creación artística en los campos de la poesía visual y las artes plásticas.

Noche

Atardece como un amanecer
A la inversa
Retrocediendo hacia la noche.

Y cuando la noche cae,
Nadie sabe
Si abre o cierra los ojos,
Si se desnuda o se viste,
Si se levanta o se acuesta.

Nadie sabe si llega o sale,
Si abre o cierra la puerta,
Si éstos son los sueños de ayer
O las pesadillas del mañana.

Coral Bracho (México D.F., México 1951). Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1982, y Javier Villaurrutia, 2003.

Una piedra en el agua de la cordura

Una piedra en el agua de la cordura
abisma las coordenadas que nos sostienen
entre perfectos círculos

Al fondo
Pende en la sombra el hilo de la cordura
entre este punto
y aquel
entre este punto
y aquel

y si uno
se columpia
sobre sus rombos,
verá el espacio multiplicarse
bajo los breves arcos de la cordura, verá sus gestos
recortados e iguales
si luego baja
y se sienta
y se ve meciéndose.

Fabio Morábito. Aunque nació en Alejandría, Egipto, (1955) y pasó su infancia en Italia, se ha hecho poeta en México donde reside desde los quince años. Ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1992, y el Antonin Artaud en 2006 con un libro de cuentos, Grieta de Fatiga.

Hay una bestia

Hay una bestia adentro que me seca,
se mueve por arterias,
no por venas,
pero soy incapaz de dibujarla,
sólo la intuyo.
Un verso bastaría para matarla
pero es astuta
se mueve en lo profundo.
Me abro las venas
para que caiga, para que se disperse
y me conozca
pero ella ayuna
y a veces creo que se ha ido
y me ha dejado libre.
Y sin embargo sigue ahí
como una raspadura inocua,
como quien hace un túnel,
y puedo oírla en mis mejores versos.
Ella también está cautiva,
está en mi círculo vicioso.
¿En qué momento se desbordará
para ocuparme,
para integrarme más a lo que soy,
para volverme idéntico a mí mismo
y encarcelarme en todo lo que he escrito
hasta dejarme mudo?

Marco Antonio Campos (México D.F., México, 1946) Ha ganado en México los premios Javier Villaurrutia, 1992, y Netzahualcóyotl, 2005. En España el premio Casa de América (2005).

Los poetas modernos

¿Y qué quedó de las experimentaciones
del “gran estreno de la modernidad”,
del “enfrentamiento con la página en blanco”,
de la rítmica pirueta y
del contrángulo de la palabra,
de ultraístas y pájaros concretos,
de surrealizantes con sueños de
náufragos en vez de tierra firme,
cuántos versos te revelaron un mundo,
cuántos versos quedaron en tu corazón,
dime, cuántos versos quedaron en tu corazón?

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Pues Lena Pappá continúa, a estas alturas de la semana, siendo aún un enigma para mí. Aparte de que nació en Atenas y forma parte de la segunda generación poética griega de la postguerra no pude averiguar nada más sobre ella. Ni siquiera la amable colaboración de Luis González de Alba, tan cercano a todo lo que es griego, pudo ayudarme a esclarecer el misterio. Él la menciona como autora de canciones pero, en los mismos discos en que aparece su nombre en Internet, hay también canciones firmadas por poetas como Giorgos Seferis. La cuestión es ¿Lena Pappá se dedica a escribir letras de canciones o escribe poemas a los que algunos compositores ponen música? Espero en estos días un correo de mi editor en Atenas, el querido Giorgos Miresiotis, para hacer tal vez un poco más de luz sobre el asunto. Sin embargo, poetisa, poeta o compositora, nada me privará esta semana del placer de transcribirles algunas muestras de su obra al final de esta entrada.
Por cierto, en su misiva, Luis González de Alba me comenta que no comprende a las feministas: “nos dicen que debemos usar el femenino la doctora, la ingeniera, la licenciada, la diputada, etc, pero imponen el masculino poeta. Poeta no es del género llamado “común de dos”, como dentista: el dentista, la dentista; es masculino, con femenino poetisa, como sacerdote, sacerdotisa. Dicen que les suena despectivo. Pues no lo es, como poetucha, poetastra…”
El tema tiene miga. El popular Libro de Estilo del periódico El País, le da la razón al afirmar que la voz poetisa es el “femenino correcto de poeta”. José Martínez de Sousa en su Diccionario de Usos y Dudas del Español Actual, comparte con Luis su extrañeza: “no se entiende por qué esta forma (poetisa) es rechazada precisamente por las mujeres que escriben poesía, algunas de las cuales tienden a decir de sí que son poetas. Esto ha creado la necesidad de hablar de poetas hombres y poetas mujeres, para distinguir los géneros”. Y llega aún más lejos: “el peligro que se corre con estas decisiones es que dentro de un tiempo a alguien se le ocurra convertir poeta masculino en poeto… Ya se ha dado con una pareja como modista/modisto”.
Pero el Diccionario de la Real Academia Española sí define la palabra poeta como del género común: “persona que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas”. En su Diccionario Panhispánico de Dudas parece dar un ligero salto atrás cuando añade que el femenino tradicional más usado es poetisa “aunque modernamente se utiliza también la forma poeta como común en cuanto al género”. En esto da un traspiés porque ya desde principios del XVII Lope de Vega utilizaba la palabra poeta en femenino. En el soneto A la noche escribe: «Noche, fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / [...] / la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,/ solícita, poeta, enferma, fría,/ manos de bravo y pies de fugitivo». Lauren Mendinueta quien asomaba de cuando en cuando por encima de mi hombro mientras escribía estas líneas y prefiere poetisa a poeta por la evidente cacofonía con su apellido, recurrió al prólogo de Leticia Luna en la Trilogía Poética de las Mujeres en Hispanoamérica para explicarme por qué algunas de sus colegas prefieren lo segundo: “En el siglo XIX el término poetisa comenzó a manejarse de manera peyorativa para designar a aquellas mujeres cursis que escribían poesía melosa, de tal forma que muchas escritoras quisieron deslindarse de esa situación”. Como si no bastara me remitió también a Pilar García Moutón en “Así hablan las mujeres. Curiosidades y tópicos del uso femenino del lenguaje”: “Cada vez son más las mujeres que se dicen poetas y se niegan a ser llamadas poetisas, término tan cargado de sentido peyorativo que se ha vuelto imposible de usar para algunas de ellas”.
¿Qué les parece? ¿Qué opinan Coral Bracho, Carmen Yáñez, Silvia Favaretto, Carmen Villoro, Leticia Luna, Juana Rosa Pita? ¿Prefieren que las llamen poetisas o poetas?
Como Lena Pappá no tiene, desde luego, ninguna culpa de mi ignorancia sobre su biografía, y ella misma, con sus versos, demuestra una vez más que los sustantivos poeta, poetisa o compositora no tienen importancia alguna cuando se es un arista verdadero, aquí va lo prometido. Las traducciones son de José Ruiz.

DESDE SIEMPRE

Caro se paga
todo aquí abajo.
Pesando, calculando
el más pequeño aliento
el movimiento más insignificante,
pesando, calculando
con la pasión amarga del avaro
nos cobraron la existencia:

Tanto el perfume malva de la violeta,
los segundos fragantes de la menta,
tanto por la blandura del céfiro
y el zafiro del mar,
tanto los pájaros, tanto los árboles,
tanto la mano de la caricia,
tanto el pie del baile,
lo poco –como roce de ala- del amor,
tanto el placer del rojo fruto entre los dientes
tanto por el Lucero del alba de agosto.

Caro, caro se paga.
Con la sangre tibia, con el cuerpo,
con el alma impagable,
con nuestra vida irrepetible, única,
en deuda con la muerte anticipadamente pagada.

ESPEJOS (X)

En los espejos oxidados de la memoria
vi
cómo la verde risa, mis frescos
ojos extáticos
el lozano ídolo del mundo
brillaba como luna
en los telarañosos espejos muertos
vi
cómo me esperaban inmarchitables
la menta de mi madre
los besos mentolados de los azules amores
en los viejos mutilados espejos
vi
la onírica mirada de mi blanco
ángel bueno
antes de que la oscureciera el negro tiempo.

AMOR PRESTIDIGITADOR

Qué profundamente
están todas las cosas dentro de mí: Tú
como prestidigitador
las vas sacando a luz
una a una:
Ruiseñores y nieves
Pañuelos amargos y rojas sonrisas;
-me espanto de ver
galaxias color malva
heliantos y aguas negras
miro sorprendida
cuán llena estoy
de azules cataratas
de primitivas pinturas, dulces frutas,
muertos resucitados
fieras desconocidas
rosas de cristal, arcos iris

entre tus manos
extática descubro de mi existencia
la perdida Atlántida.

HIPOCRESÍA

Debajo de mi cama escondo
mi amarga bestia
de día la encierro de noche
me asomo la saco le hablo
dejo que me desgarre
-nadie
sospecha mi profunda
fosa del alma
con una sonrisa encubierta.

Cada mañana salgo
menguada, cada mañana
encuentro en torno a mí
multitud de sonrisas semejantes
-aderezadas, para el consumo-
se las enfundan y pasean al parecer felices
pero yo estoy segura
bajo sus camas esconden también ellos
su propia
mortal bestia salvaje.

OSCILACIÓN

De noche cuando la lechuza de Selene
sube a mi árbol plateada y el rocío
perplejo
-¿caerá aquí, caerá allí?- tiembla redondo
la flor nocturna de la memoria abre
su aroma encendiendo y apagando
palabras venturosas de amoroso gusto:
“Muero porque te amo”
“Siempre Siempre”
a mi juventud profundamente susurradas.

Tiembla, enloquece el tiempo
y la rueda implacable al revés girando
me devuelve
a la casa de los geranios y las begoñas
mañanas recién lavadas en el añil del cielo
y abiertas las ventanas
a los gorjeos de las flores
corriendo por las grandes encaladas cámaras
dentro del amplio amor y del sol de la madre
una chiquilla aún, que no sabía
de lazos y espesas sombras
que aún no sabía
lo irreparable del tiempo, los mortales augurios.
Nada, nada en efecto se ha olvidado
y si no se ha olvidado –no está perdido:
las bermejas losetas del patio con que jugábamos a coxcojita
las palomas de la vecina
que se posaban en nuestros hombros niños
carga de paz tan tierna.

La noche entera paseando sonámbulo por el pasado
giras y giras inconsolable;
¿un castigo, una vana gracia, un renacer,
una burla amarga,
-qué es, pues, la memoria?

Hasta que de repente rompiéndose la luz cual granada
fulgente ilumina tu abismo
y en medio de la escarcha matinal como un conjuro
el humo negro de la nostalgia
empieza a disiparse hacia arriba
en tanto que debajo de los párpados
percibes pesadas dos lágrimas –regalo
que a escondidas dejó en ti la noche
al huir de puntillas.

MODUS VIVENDI

A la barahúnda de los sentidos
a las aves de presa del deseo
a los sueños carnívoros –no tengo que oponer
sino la pequeña albahaca olorosa de mi maceta
mi pecho transparente de fúlgidas heridas
y la piedra desnuda de mi paciencia.

Al yatagán del tiempo a la voraz
boca de la vanidad, al garfio sombrío
de la soledad –no tengo que oponer
más que el mineral de mis versos,
los susurros de la memoria, la arena
movediza de mis amores.

Al hambre de Eternidad, al pánico de la muerte
a la fascinación del odio
al cuchillo de los asesinos –no tengo que oponer
más que mis entrañas de dolor fulgentes
de mi esperanza el conjuro,
el radiante gorjeo de una infantil sonrisa
y mi pequeña oración de niña.

Y llegó carta de Ediciones Opera en Grecia. En ella mi entrañable amigo Giorgos Miresiotis, quien incluso nos envía esta foto, me informa que Lena Pappá nació en Atenas en 1932, hizo estudios de Historia y de Arqueología en la universidad de Atenas, de Letras en el Instituto Francés de Atenas, de Historia del Arte en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad, y obtuvo una beca para seguir un curso de Historia del Arte Moderno en la Sorbonne.
Actualmente dirige la Biblioteca de Bellas Artes de Atenas y es miembro de la Asociación Nacional de Hombres (y mujeres) de Letras Griegas. Está casada con el vicepresidente del Consejo Nacional de Estado, señor Tassos Marinos, y tiene una hija. A muchos de sus versos han puesto música distintos compositores. Servidos. Muchísmas gracias, Giorgos.

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