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	<title>Los Convidados &#187; César Sáenz</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>De Ida y Vuelta</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 12:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, De Ida y Vuelta, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, <em>De Ida y Vuelta</em>, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España 1980).</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 238px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/SARAT3.jpg?t=1240675425" alt="SARAT3.jpg picture by antoniosarabia" />Sara tuvo a bien invitarme a escribir el prólogo de su poemario, solicitud a la que accedí gustoso porque, además de la simpatía personal que me inspira su autora, <em>De Ida y Vuelta</em> es una obra espléndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras españolas.</p>
<p>El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.</p>
<p>Saludo, pues, la aparición en las librerías españolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, <em>De Ida y Vuelta</em>, publicando el prólogo que le escribí junto a tres poemas del mismo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>PRÓLOGO</p>
<p>La épica de Gilgamesh menciona un pasaje subterráneo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las montañas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El héroe, abatido por la idea de la muerte, se empeña en tomarlo y después de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la árida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del útero marchito y agotado a la resurrección.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 214px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Imagen1.png?t=1240675294" alt="Imagen1.png picture by antoniosarabia" /><em>Una vez creí que la vida estaba muerta </em>dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el héroe de la antigua épica, desciende -<em>me adentré en el túnel escaleras abajo</em>- para cumplir el mismo antiguo ritual iniciático en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que señalan los nombres de las paradas en la línea seis del metro de París. De <em>Nation</em> a <em>Charles de Gaulle-Étoile</em>. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar lúcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevará a la salida y, al alcanzarla, a la iluminación. Sus vivencias dan cuenta de un periplo más moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquetípico. Su testimonio no corrompe el símbolo, lo actualiza.<br />
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un auténtico &#8220;libro de poesía&#8221;, con una unidad temática particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesión y a una lógica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.<br />
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poesía iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en algún momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ahí, en ese terreno inasequible para el común de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuición, donde nace la poesía de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve años, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los demás miembros españoles de su generación: Carlos Contreras Elvira, Martín López Vega, Álvaro Tato, Fruela Fernández y Elena Medel.<br />
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.<br />
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. <em>La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta</em>, apunta.  Los títulos de estos otros poemas corresponden a los rótulos que las compañías aéreas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estación del Metro. El viaje, el desconsolado monólogo, continúa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, <em>la civilización escondida en los bolsillos</em>. Y al final del camino, en una celebración que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.<br />
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.<br />
Antonio Sarabia</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-747"></span><br />
</span><a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s1600-h/images-1.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180795570569538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s200/images-1.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[16. EDGAR QUINET]</p>
<p>Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,<br />
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,<br />
la rutina afrodisíaca.</p>
<p>Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.<br />
Y en el andén, mientras todos permanecemos,<br />
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.</p>
<p>No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.<br />
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.</p>
<p>La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.<br />
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,<br />
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.</p>
<p>Y han ido a parar al fondo del océano.<br />
Han contado minutos.<br />
Son precipicios enfrentados.</p>
<p>Ya son andén. Ya son distancia.<br />
Ya no son nada.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>[17. GARE MONTPARNASSE]</p>
<p>Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.</p>
<p>La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles<br />
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.</p>
<p>Saber que donde estemos podremos recordar<br />
es el consuelo de los expatriados.</p>
<p>La voz no queda lejos de cualquier rincón<br />
del mundo:</p>
<p>la ciudad no habría sido ésta,<br />
ni sus figuras, ni sus autores.</p>
<p>Yo llegué sin tiempo limitado,<br />
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.</p>
<p>Y ahora me ven recorrer aceras,  pasar por el cielo y por la tierra,<br />
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado<br />
el aire con la fuerza del miedo<br />
y la memoria.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s1600-h/images-3.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183181177822658898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s200/images-3.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]</p>
<p>Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.</p>
<p>Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos<br />
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos<br />
y los granos del adolescente.</p>
<p>Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,<br />
de los pájaros inventados, de los animales impuros.</p>
<p>Éstos son los símbolos y ésta la luz.</p>
<p>Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.<br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,<br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.</p>
<p>Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia<br />
y yo, que no hablo de agonía,  que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,<br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.</p>
<p>Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.<br />
Los cielos nos protegerán.</p>
<p>Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.</p>
<p>Yo creo en todo eso.<br />
Y más, allá, aún.</p>
<p>Sara Herrrera Peralta</p>
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