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	<title>Los Convidados &#187; Carmen Yáñez</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>Joumana Haddad, talento, pasión y belleza en la poesía árabe</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Feb 2009 18:52:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía árabe]]></category>
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		<description><![CDATA[De vuelta del Hay Festival en Cartagena de Indias y del encuentro de Corrientes d&#8217;Escritas en Póvoa de Varzim, siento aún los pulmones invadidos por la salada brisa de los distintos mares que acabo de dejar. Mi regreso a Lisboa, la ciudad de las saudades, me llena precisamente de eso: saudades de los viejos conocidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="line-height: 12px;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 213px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Haddad_4763.jpg?t=1235244942" alt="Haddad_4763.jpg picture by antoniosarabia" /></span>De vuelta del Hay Festival en Cartagena de Indias y del encuentro de Corrientes d&#8217;Escritas en Póvoa de Varzim, siento aún los pulmones invadidos por la salada brisa de los distintos mares que acabo de dejar. Mi regreso a Lisboa, la ciudad de las saudades, me llena precisamente de eso: saudades de los viejos conocidos que vi en esos dos coloquios, que deberían llamarse no encuentros sino &#8220;rencuentros&#8221; literarios, y saudades también de los nuevos amigos que hice en ellos y que ahora, espero, me durarán para siempre.</p>
<p>Entre éstos últimos, algunos de los cuales ya han tenido la generosidad de enviarme material para <em>Los Convidados</em>, está la bellísima poeta libanesa Joumana Hadddad (Beirut, 1970) una de las estrellas en la noche de gala poética del Hay Festival de Cartagena en la que también leyeron poemas Carmen Yáñez, William Ospina, Giovanni Quessep, Craig Arnold, Ramón Cote y Juan Felipe Robledo.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 213px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/_MG_4894.jpg?t=1235245395" alt="_MG_4894.jpg picture by antoniosarabia" />Joumana, quien en el 2006 obtuvo el premio árabe al peridismo gracias a la entrevista que hizo a Mario Vargas Llosa considera su vocación literaria como &#8220;una gran historia de amor que, un día u otro, tenía fatalmente que suceder&#8221;. Habla siete idiomas, ha vertido varios poetas árabes al italiano, francés y español. Su propia obra está traducida al francés, italiano, portugués, turco, polaco, griego, inglés y español. Colabora desde 1997 en la sección cultural del periódico libanés <em>An Nahar</em>, y es también redactora en jefe de la revista literaria <em>J</em><em>asad</em>, que significa <em>Cuerpo</em> en árabe.<br />
Las fotos son de Daniel Mordzinski, quien también estuvo presente en el Hay.</p>
<p>He dividido la colaboración de Joumana en dos partes. La primera consiste en fragmento seleccionados por mí de su poema <em>El Retorno de Lilith</em>, traducidos del francés por Héctor Fernando Vizcarra.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 213px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/_MG_4786.jpg?t=1235245627" alt="_MG_4786.jpg picture by antoniosarabia" />Tal vez sea necesario acotar que Lilith, la protagonista de este primer poema, fue según una leyenda judía basada en el Génesis, la primera mujer sobre la tierra. Creada del polvo al mismo tiempo que Adán era igualmente libre y fuerte y no quiso colocarse por debajo de él ni para hacer el amor. Prefirió fugarse del Paraíso y luego se rehusó a volver. Dios la transformó entonces en demonio y creó a Eva de una costilla de Adán para garantizar su obediencia.</p>
<p>La segunda parte, E<em>l espejo de Marina</em>, es un extracto de <em>Espejos del Fugaz,</em> una colección de poemas dedicados a doce poetisas suicidas, traducido por José María Lopera. La selección es de la propia Joumana para <em>Los Convidados</em>. Muchas gracias, linda, hasta la próxima.</p>
<p><span id="more-576"></span></p>
<p>EL RETORNO DE LILITH</p>
<p>Luego Dios creó a la mujer a su imagen. De la tierra Él la creó el séptimo día. La creó del exceso de vida. Frente a su idea Él la creó, creó a Lilith, cuyos ojos son como un amor devuelto</p>
<p>La orgullosa como una nube y, como una nube, modesta.</p>
<p>Aquella que bebe la luna en un plato de leche y de la palma de sus manos se come el cielo.</p>
<p>La tierna en su violencia, la poderosa en sus derrotas.</p>
<p>La poeta de los demonios y el demonio de los poetas.</p>
<p>Drénenla de mí, de los sueños redondeados como el color azul. Y nunca tengan suficiente.</p>
<p>No tengo miedo de Satán,</p>
<p>pues Satán me sueña.</p>
<p>Cada vez que cierro los ojos y me balanceo frente al espejo, él me ve.</p>
<p>Yo soy Lilith, la diosa de las noches que vuelve de su exilio.</p>
<p>Soy lilith, la mujer selva. No supe de espera deseable pero sí de leones y de especies puras, de monstruos. Fecundo todos mis flancos para fabricar el cuento. Reúno las voces en mis entrañas para que se complete el número de esclavos. Devoro mi cuerpo para que no me digan famélica y bebo de mi agua para nunca sufrir sed. Mis trenzas son largas para el invierno y mis maletas no tienen cubierta. Nada me satisface ni me sacia y aquí estoy de regreso para ser la reina de los extraviados del mundo.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 213px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Haddad_4737.jpg?t=1235246219" alt="Haddad_4737.jpg picture by antoniosarabia" />Diosa de dos noches y reunión de los opuestos,<br />
sólo relumbro en lo negro,<br />
sólo asciendo al abismo,<br />
sólo en el borde me sostengo,<br />
sólo vuelvo de la muerte.<br />
Soy la guardiana del pozo.<br />
Ningún suspiro se eleva de una garganta<br />
si no es lavado por la brasa de mis dedos.</p>
<p>Soy Lilith, el secreto de los dedos que insisten. Perforo el sendero, divulgo los sueños, destruyo ciudades de hombres con mi diluvio. No reúno dos de cada especie para mi arca. Más bien los transformo a todos para que el sexo se purifique de toda pureza.</p>
<p>Soy el vuelo del grito, el fluir de los perfumes.<br />
Y vine a despertar al bosque y a los navegantes del bosque.<br />
Me llevo sus fuentes para abrasarme.<br />
Y por todas partes mi mano azul se posa.<br />
Ustedes me escucharon antes de que hablara.<br />
Me vieron antes de que yo me levantara.<br />
Y me amaron antes de que me vertiera. Soy la salvación y el verdugo.<br />
Soy todas las direcciones.<br />
¿A dónde huyen si es a mí que se dirigen?</p>
<p>Yo, versículo de la matanza. Los libros me han escrito aunque ustedes no me hayan leído. El deseo desenfrenado, la esposa rebelde, la realización de la lujuria que conduce a la ruina total. En la locura se entreabre mi vestimenta. Los que me escuchan merecen la muerte y los que no me escuchan morirán de despecho.</p>
<p>No soy la remisa ni la yegua dócil,<br />
soy el estremecimiento de la primera tentación.<br />
No soy la remisa ni la yegua dócil,<br />
soy el desvanecimiento del último pesar.</p>
<p>La que fue concebida bajo el signo de la delicia,<br />
cuya obsesión está hecha para crecer,<br />
cuya lengua es una colmena,<br />
La que será devorada quedando intacta.<br />
Que es un hambre para gritar.<br />
Que nació para preservar el delirio.</p>
<p>Soy el orgullo de los senos pequeños para que crezcan y rían.<br />
Para que reclamen y se los coman. Salados son mis senos.<br />
Tan altos que no los puedo alcanzar: bésenlos por mí.</p>
<p>Dos linternas para que sugieran dos resplandores.<br />
Dos pequeños para que su retozo les sea perdonado.</p>
<p>Yo soy el ángel desvergonzado. La primera yegua de Adán y la corruptora de Satán. El imaginario del sexo reprimido y su más alto grito. Tímida, pues soy la ninfa del volcán, celosa, pues soy la dulce obsesión del vicio. El primer paraíso no me pudo soportar y me arrojaron de él para que siembre la discordia sobre la tierra, para que dirija en los lechos los asuntos de los que a mí me someten.</p>
<p>Dejen que muera de hambre para que se inflamen los bálsamos.<br />
Hostíguenme para que me derrame.<br />
La tierna, como un albaricoque al punto.<br />
La rebelde, como una granada que no lo está.<br />
Estrújenme,<br />
luego unten con el óleo de mis poemas los pies de las virtuosas.</p>
<p>Yo, la leona seductora, regreso para cubrir de vergüenza a las sumisas y reinar sobre la tierra. Regreso para sanar la costilla de Adán y liberar a cada hombre de su Eva.</p>
<p>EL ESPEJO DE MARINA</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 213px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Hadad_4694.jpg?t=1235245782" alt="Hadad_4694.jpg picture by antoniosarabia" />Contemplo mi cadáver acostado y me encuentro bella. Bella como una leyenda herida. Bella como solo cualquier otra puede ser bella.</p>
<p>Contemplo mi cadáver y mi cadáver es una cuerda. Soy su funámbula y su rehén. Vibra y amenaza con precipitarme. Me cuelgo de ella, la maldigo. Luego se convierte en escala, arruga, caída donde no dejo de decir adiós a todas las montañas que se van sin mi.</p>
<p>Se bailará en mi entierro, seguro. Habrá una palabra para cada boca, un nuevo odio para cada cráneo partido.</p>
<p>Se bailará en mi entierro y la hierba pesará bajo los pasos. Despiadada,  la colina que se deberá escalar (o descender), como el vientre de una madre  que ya lo dio todo.</p>
<p>Esta cuerda sobre la cual voy inmóvil es mi cadáver: Es inútil ponerla en una caja de madera. Extended sobre ella vuestra ropa, e invitad a los pájaros a que se posen. No le cantéis salmos y, sobre todo, no plantéis flores a su alrededor. Poneos más bien de rodillas y pedid perdón a las ramas que os dan sombra, a los vestidos que os cubren, al cielo que soporta vuestras inmundicias humanas.</p>
<p>Enderezo mi cabeza, mi espléndida cabeza de muerta, y busco el camino por el cual volveré, busco la piedra deshabitada que entenderá mi ausencia. Alguien duerme en mí y lo despierto. Alguien duerme en mí y es lo que yo no fui: la mejor vida posible que no supe vivir.</p>
<p>No espero nada. No espero nada de vosotros:<br />
Mi cadáver sonríe, mi cuello es casi transparente, y estoy en marcha hacia el olvido. Sí, soy bella, y sólo mis uñas sucias me traicionan.</p>
<p>¡Vamos, vamos, ahora a bailar!</p>
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		<title>Daniel Mordzinski, fotógrafo entre escritores (2)</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 15:27:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Daniel2.jpg?t=1217777669" alt="Daniel2.jpg picture by antoniosarabia" />&#8220;Ahí, entre una copa y otra, me contó Mordzinski un episodio de su infancia, del cual nunca me había hablado antes, en el que tal vez esté implícito el germen de su vocación de fotógrafo. Ocurrió en su nativa Buenos Aires cuando tenía unos seis años de edad. Su padre le había llevado a un espectáculo para niños y, en la función, se sorteaba una camarita fotográfica. Una de esas instamatic de plástico, sin controles de luz, ni de velocidad, ni de distancia, de las que ahora regalan con la suscripción al periódico, en las que no hay mas que mirar por el objetivo y oprimir el obturador, pero que a él le pareció magnífica. Después de un breve preámbulo en el que el presentador quiso, sin mucho éxito, ganarse la voluntad del auditorio, dio comienzo a la rifa y el hombre extrajo sin tardanza el número premiado: el catorce, anunció de viva voz. Mordzinski niño brincó en el asiento. Recordaba a la perfección su número, todavía lo recuerda ahora: el catorce. Se lo requirió a su padre urgiéndolo con una emoción contenida, llena de infantiles expectativas, nosotros tenemos el catorce, papá, dámelo, le dijo, y el padre empezó a registrarse los bolsillos. Al cabo de un instante que al crío pareció eterno encontró un boleto único: el trece. Ese es uno, le reclamó su hijo, pero tenemos dos, el otro es el catorce, yo lo vi, dónde lo pusiste, búscalo. El padre volvió a hurgar inútilmente entre sus ropas, no sabía dónde estaba el otro boleto, sólo tenía ese. El niño se puso en pie mostrándolo desesperado, era el trece, cierto, pero era también la prueba irrefutable de que ellos también poseían el catorce aunque su papá no lo hallara, por eso nadie más reclamaba el regalo. El catorce era de ellos pero lo habían extraviado. El animador, un hijo de puta según lo recuerda mi amigo, ignoró la suprema lógica de aquel mocoso que para entonces estaba al borde de las lágrimas. Si nadie tenía el catorce habría que sacar otro número, dijo. No, no, suplicó Mordzinski niño, por favor, el catorce era suyo y por lo tanto el premio, la camarita de mierda que él veía entonces como un tesoro que se le iba de entre las manos, le pertenecía también.<span id="more-53"></span></p>
<p class="MsoNormal"><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Foto18.jpg?t=1217840810" alt="Foto18.jpg picture by antoniosarabia" />El presentador sacó un nuevo papelillo y la instamatic se la llevó algún otro pequeño cuyo padre conservaba bien guardados sus boletos en el bolsillo. Mordzinski lloró toda la tarde y ya ni la actuación del mago, ni la de los payasos que animaron el resto de la función fueron capaces de consolarlo. Todavía esa noche en Colima, al contarlo, en su rostro se reflejaba el disgusto y la frustración producidas por aquel lejano episodio. Miré la imprescindible Leica, siempre pendiente de su cuello, la diminuta Contax de titanio y lente Zeiss metida en un estuche prendido al cinturón, la voluminosa valija con la Canon y la infinita variedad de filtros y objetivos que siempre trae en ella. Me pregunté cuántas más tendría que comprar aún para sustituir aquella Kodak de juguete de la que se le había privado en los irrecuperables años de la infancia.</p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.antoniosarabia.net">Antonio Sarabia </a></p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.antoniosarabia.net"></a>(Tomado de El Refugio del Fuego, Ediciones B, 2003)</p>
<p class="MsoNormal"><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Literastur_3186.jpg?t=1217776846" alt="Literastur_3186.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p class="MsoNormal">Lauren Mendinueta, Juana Rosa Pita, Carmen Yáñez, Jeanet Nuñez</p>
<p class="MsoNormal"><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Sepulveda_Yanez_2898.jpg?t=1217776719" alt="Sepulveda_Yanez_2898.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p class="MsoNormal">                                                                                                                        Luis Sepúlveda y su esposa Carmen Yáñez</p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Suarez_karla.jpg?t=1217776940" alt="Suarez_karla.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Karla Suárez</p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Jaramillo_8612.jpg?t=1217777063" alt="Jaramillo_8612.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Darío Jaramillo</p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<title>Recuerdos del Salón del Libro</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2008 23:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Masala]]></category>
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		<description><![CDATA[El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog. El Salón transcurrió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-diLc4iI/AAAAAAAAAW8/j6cNDVqFfH8/s1600-h/Cartel+Literastur.jpg" rel="lightbox[33]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201866984213242402" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-diLc4iI/AAAAAAAAAW8/j6cNDVqFfH8/s200/Cartel+Literastur.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
El Salón transcurrió durante toda la semana en ese ambiente de convivialidad y buen humor que saben propiciar sus organizadores Carmen Yáñez y Luis Sepúlveda. Fue un enorme placer el reencontrarse con los viejos amigos al tiempo que se creaban nuevos lazos de fraternidad con otros, como con el mexicano Daniel Pupko, el salamantino Eloy Santos, el argentino Lucas Chiappe, el italiano Alberto Masala y, last but not least, el guatemalteco Eduardo Halfon y su bella esposa Lucía con quienes nos habría gustado departir más tiempo, pero de los que nos separamos sabiendo que habrá nuevas oportunidades de vernos en un futuro próximo.</p>
<p><span id="more-33"></span><br />
Durante la semana se vendieron doce mil libros y la sorpresa la dio el poemario La Vocación Suspendida, de Lauren Mendinueta, al ser declarado en la última rueda de prensa como el libro más vendido del evento.<br />
Entre los momentos a recordar nos quedan también la gran lectura de poesía que se realizó en el Jardín Botánico, y de ésta, muy especialmente, la participación de Francisco Álvarez Velazco,<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-zyLc4jI/AAAAAAAAAXE/hXJ5fv_o5NY/s1600-h/Francisco_Velasco.jpg" rel="lightbox[33]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201867366465331762" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-zyLc4jI/AAAAAAAAAXE/hXJ5fv_o5NY/s320/Francisco_Velasco.jpg" border="0" alt="" /></a> algunos de cuyos poemas reproducimos más abajo.<br />
En la poesía actual, la imagen y la idea priman sobre la música del verso. No es así en los trabajos de Álvarez Velazco cuyo fino oído acompaña y subraya siempre lo que escribe. Sus versos tienen un sutil influencia juanramoniana y se caracterizan por concluir siempre con un delicado pincelazo.<br />
Durante su presentación, Francisco Álvarez Velazco leyó, entre otros, algunos poemas de su libro Noche, ganador del Premio Antonio Machado 2005. Por desgracia no pudimos encontrar ningún ejemplar en librerías para reproducirlos aquí. Los que leerán a continuación son igualmente hermosos y pertenecen a su último poemario, Las Aguas Silenciosas, publicado por Ediciones Trea en 2007.</p>
<p>2</p>
<p>COMO pozo vacío, tu silencio.<br />
Donde arrojas la piedra<br />
suena a cascajo y polvo.</p>
<p>A veces el silencio<br />
es un fresno sin pájaros ni tarde.</p>
<p>5<br />
COMPAÑERA del alba,<br />
dame<br />
la luz, los ojos, dame la invisible <br />
trompeta que convoca la raíz<br />
poderosa, <br />
la brisa de los álamos,<br />
el vuelo de campanas, <br />
el zumbar de la abeja.</p>
<p>Desvela la palabra ignorada, <br />
que en los nidos despierta<br />
 el latir de la vida.</p>
<p>Porque ésta es la hora,<br />
 y ya los ríos parten <br />
y abril se abre glorioso<br />
 con dientes de león en las praderas, <br />
dame la mano y sube<br />
 al caballo que aguarda ante la puerta.</p>
<p>11</p>
<p>CUERPO en naufragio que las aguas<br />
de la noche abandonan<br />
a la orilla del sueño.</p>
<p>Ya debes levantarte,<br />
que habrá que darle cuerda<br />
al viejo corazón de la mañana.</p>
<p>12<br />
ATARDECER JUNTO A LA MAR</p>
<p>Luminosa la tarde y la mar,<br />
limpia<br />
la brisa de las seis.<br />
A sorbos lentos,<br />
el vino y las palabras.<br />
Contemplábamos<br />
cómo, al caer, el sol iba lamiendo<br />
el vuelo de gaviota y la cinta<br />
blanca de las espumas<br />
y en las rocas<br />
las verdes cabelleras de los musgos.</p>
<p>Sucedió de repente.<br />
A corazón<br />
abierto alguien sacó<br />
contra la tarde su dolor oculto<br />
y lo puso en la mesa<br />
-servilleta arrugada entre los vasos-.<br />
Dimos tiempo a su angustia, espacio<br />
para la soledad sin mengua de su rostro,<br />
cauces le abrimos para el tedio oscuro<br />
que en su sangre corría.</p>
<p>Apuramos los vasos<br />
y la tarde<br />
se hizo amarga en la turbia frontera de la noche.</p>
<p>15</p>
<p>RELOJ DE ARENA</p>
<p>Siglo a siglo,<br />
los ríos fabricaron su arenas,<br />
y palpitan ahora relumbrantes<br />
y acompañan mis pulsos.<br />
El tiempo fluye en ellas.<br />
Busca y busca, incesante,<br />
El pozo de la muerte.</p>
<p>Ya marzo está pasando y apresura<br />
Sus nubes altas.<br />
(¿A qué tierras sus sombras llevarán,<br />
amor, que las verás cruzar<br />
sobre el mar de los trigos<br />
en lentas oleadas?)</p>
<p>por ti clamé en el corazón azul de la mañana,<br />
te busqué por el día,<br />
y en un rincón oscuro de la tarde<br />
con su puerta entreabierta<br />
me encontré con la noche.</p>
<p>¡Solamente la noche!<br />
Y, al fondo,<br />
la plena luna nueva y su rostro de nada.</p>
<p>La vida, amor, nos llama<br />
para beber su vino.<br />
Amargo sabe cuando tus labio no se acercan<br />
ni la lenta lengua que la piel espera,<br />
porque, a solas, el vino<br />
es triste y es amargo<br />
como los verdes jugos de la antigua hiedra…</p>
<p>Hasta la blanca escarcha de este silencio<br />
Llégate, amor, y escucha<br />
Cómo en la noche crujen las arenas del tiempo.</p>
<p>20</p>
<p>FINAL DE FIESTA</p>
<p>Es ya de madrugada.</p>
<p>Junto al espejo quedan<br />
los dientes, la peluca<br />
y la máscara viva<br />
de mirar a los otros.</p>
<p>Un rostro sobre el lecho<br />
mirando hacia la muerte.</p>
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		<title>El Salón del Libro Hispanoamericano, del 7 al 12 de mayo, la undécima edición.</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2008 10:43:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
		<category><![CDATA[Carmen Yáñez]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Mordzinski]]></category>
		<category><![CDATA[Lauren Mendinueta]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Sepúlveda]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>El Salón del Libro Iberoamericano de Gijón es algo más que un evento en donde se reúnen algunos de los nombres más famosos en la literatura de este y aquel lado del Atlántico.<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SB7lKIpGKsI/AAAAAAAAAWs/2s4YkGJkWTY/s1600-h/Cartel+Literastur.jpg" rel="lightbox[32]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5196842982313437890" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SB7lKIpGKsI/AAAAAAAAAWs/2s4YkGJkWTY/s200/Cartel+Literastur.jpg" border="0" alt="" /></a> Es un acontecimiento estelar que libreros, traductores, agentes literarios, directivos de editoriales y escritores aguardamos cada año con impaciencia y nostalgia. El Instituto Jovellanos, ese noble, vetusto y tradicional sitio de reunión, está como hecho a la medida para salvaguardar los afectos, simpatías, correspondencias y complicidades con los que el oficio nos ha ligado a todos a través de los años. Ahí me encuentro siempre con algunos de mis mejores amigos. Ahí conocí hace algún tiempo a Lauren Mendinueta, la poetisa colombiana que con el tiempo llegaría a ser mi pareja.<br />
Carmen Yáñez y Luis Sepúlveda (aquí en una foto tomada por Daniel Mordzinski) son los generosos anfitriones de esta gran fiesta entrañablemente compartida con los lectores de dentro y fuera de Gijón que, durante una semana completa,<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SB7ldopGKtI/AAAAAAAAAW0/svyvBE5g3-M/s1600-h/Lucho+y+Pelusa.jpg" rel="lightbox[32]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5196843317320886994" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SB7ldopGKtI/AAAAAAAAAW0/svyvBE5g3-M/s200/Lucho+y+Pelusa.jpg" border="0" alt="" /></a> disfrutan de charlas, conferencias, lecturas de poesía, talleres literarios para adultos (el organizado por Graciela Litvak), o para jóvenes (el dirigido por Lauren Mendinueta), además de las presentaciones de algunas de las últimas novedades aparecidas en las vitrinas de las librerías tanto españolas como latinoamericanas. Este año, el undécimo de su existencia, el Salón del Libro Iberoamericano se centrará en un homenaje a Salvador Allende, a cien años de su nacimiento, y en la exploración de las relaciones entre literatura y medio ambiente. Con este tema, “La Tierra Somos Todos”, me gustaría compartir con los lectores de Los Convidados una colaboración personal escrita especialmente para la revista Literastur que circulará durante el evento.</p>
<p><span id="more-32"></span></p>
<p>UN SABIO JUDÍO DEL SIGLO XIV Y LA HIPÓTESIS DE GAIA.</p>
<p>El tema de literatura y medio ambiente me permite compartir con los lectores de esta revista, y con los participantes del XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, un pensamiento que puede parecer absurdo a unos y difícil de aceptar a otros, pero que a mí me ha inquietado desde la adolescencia y que, aunque nunca me había atrevido a expresarlo con esta franqueza, se transparenta en buena parte de mi literatura. Está implícito en El Cielo a Dentelladas, y Los Convidados del Volcán no es más que una vasta parábola del mismo concepto, pero donde se resume mejor y más explícitamente es en una escena de mi primera novela escrita, la que se publicaría en América como Banda de Moebius y más tarde en España como El Retorno del Paladín. En ella, Samuel, el médico judío del sultán de Granada, explica al principal protagonista del libro el verdadero sentido de los millares de astros que se observan en lo alto. Le dice que son esferas perfectas, de diferentes tamaños y coloraciones. Algunos como el sol son enormes piedras de fuego, brasas ardientes más grandes que los reinos de Granada y Castilla juntos. Y concluye: la Tierra, según lo demostraron los experimentos de Erastótenes hace mil años, es redonda y forma parte de la misma colectividad de estrellas y planetas que se mueven en el cielo.<br />
Y ahí mismo, sin que yo hubiera entonces leído a Lovelock o a Vernadsky, sin conocer ni una sola palabra sobre la teoría de Gaia, que define a la Tierra como un organismo vivo, aquel sabio judío de mi invención se suelta el pelo afirmando que las estrellas se encienden y se apagan, nacen y mueren. Los planetas florecen y se secan, nacen y mueren también: machos y hembras celestiales que se acercan y se alejan eternamente teniendo como campo de reposo el espacio infinito&#8230; Ellos son los verdaderos habitantes del universo. Forman familias, sociedades, naciones enteras que se desplazan por el firmamento en busca de su propia tierra prometida. Son los ángeles y arcángeles, las verdaderas criaturas de Dios, el pueblo elegido. ¿Qué somos nosotros comparados con esos admirables moradores del cosmos? No somos nada: piojos que nos arrastramos sobre una cabeza celeste, parásitos que infestamos el cuerpo de un dios. Somos su enfermedad, somos su lepra, somos su mal, el mal que tal vez le conduzca a la muerte.<br />
Después de aquellos primeros intuitivos alegatos, y evitando caer en antropomorfismos para niños, me he venido enterando de que, en efecto, hay científicos serios que coinciden en la actualidad con mi sabio judío del siglo XIV y que, para investigar sobre la posible existencia de vida en otros rincones del universo, se vieron obligados a puntualizar primero en qué consistía estar vivo. Al determinar esos parámetros se dieron cuenta, con no poca sorpresa, de que nuestro planeta, como tal, satisfacía todos los requisitos con que intentaron cuantificar el evento. Ese puntito azul pálido, como alguna vez llamó Carl Sagán a la Tierra, es en realidad un ser vivo suspendido en un soplo de luz como si el sol lo sostuviera en la mano. Un ente frágil, en realidad, desde el punto de vista cósmico, que utiliza la energía solar para mantener su propio equilibrio biológico, químico y térmico. Sí, la Tierra respira y transpira, como pensaba el viejo Samuel.  En lo que ya no estoy de acuerdo con la tesis del sabio judío –yo era entonces mucho más joven e ignoraba ciertas cosas cuando puse aquellas subversivas palabras en su boca- es en que los seres que pueblan la superficie del planeta sean un accidente externo al mismo como “piojos que se arrastran sobre una cabeza celeste” o “parásistos que infestan el cuerpo de un dios”. No, muy al contrario, lo que nosotros llamamos vida está íntimamente relacionada con la constitución del planeta mismo, forma parte de su propia estructura y ejecuta funciones orgánicas de importancia primordial sin las cuales le sería imposible existir. Eso naturalmente incluye, tal vez más que a ninguna otra, a la especie inteligente que la habita. Alterar una simple preposición al punto de vista que tradicionalmente se nos ha inculcado sobre nosotros mismos podría generar un cambio radical en nuestra visión de la historia y el destino del género humano: el hombre no es la más evolucionada de las manifestaciones de la vida en la tierra sino la más evolucionada de las manifestaciones de la vida de la tierra.<br />
Desde luego que nadie es eterno y que nuestra existencia como astro, aunque se mida en millones y millones de años es también perecedera. Y aquí me es imposible no citar a Pessoa refiriéndose al dueño del expendio de frente su casa que está a punto de sonreírle bajo el letrero de la tabaquería: Él morirá y yo moriré. / Él dejará el letrero, yo dejaré versos. / En cierto momento morirá el letrero también, y los versos también. / Después de algún tiempo morirá la calle donde estaba el letrero, / y la lengua en que fueron escritos los versos. / Morirá más tarde el rotante planeta en que todo esto se dio. / En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente / continuará haciendo cosas como versos y viviendo bajo cosas como letreros…<br />
Eso ya lo precisaba asimismo Samuel, aunque de una manera más burda, en su apasionado discurso al héroe de El Retorno del Paladín. Lo que no decía es que aquellos que hacemos “cosas como versos” y vivimos “bajo cosas como letreros” personificamos la consciencia del planeta, somos hasta donde sabemos la única manifestación de su vida pensante, y aún tenemos mucho que reflexionar sobre cómo prolongar al máximo nuestra existencia en el cosmos y qué vamos a hacer con ella. Para eso estamos obligados a pesar y sopesar con responsabilidad e inteligencia, como hacía el sabio judío en su laboratorio, lo que erigimos cada día con lo que él llamaba la materia misma del universo: polvo, tierra, fuego, líquidos, gases, minerales, la sustancia viva de la que están hechas las estrellas y los planetas: la sagrada carne de los dioses.<br />
Antonio Sarabia</p>
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		<title>Lena Pappá, ¿poeta o poetisa?</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2008 15:43:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R3-mOiMdt4I/AAAAAAAAAOA/5q0e-7NBJAk/s1600-h/DSC_0136.JPG" rel="lightbox[15]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R3-mOiMdt4I/AAAAAAAAAOA/5q0e-7NBJAk/s200/DSC_0136.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5152019267362600834" /></a><br />Pues Lena Pappá continúa, a estas alturas de la semana, siendo aún un enigma para mí. Aparte de que nació en Atenas y forma parte de la segunda generación poética griega de la postguerra no pude averiguar nada más sobre ella. Ni siquiera la amable colaboración de Luis González de Alba, tan cercano a todo lo que es griego, pudo ayudarme a esclarecer el misterio. Él la menciona como autora de canciones pero, en los mismos discos en que aparece su nombre en Internet, hay también canciones firmadas por poetas como Giorgos Seferis. La cuestión es ¿Lena Pappá se dedica a escribir letras de canciones o escribe poemas a los que algunos compositores ponen música? Espero en estos días un correo de mi editor en Atenas, el querido Giorgos Miresiotis, para hacer tal vez un poco más de luz sobre el asunto. Sin embargo, poetisa, poeta o compositora, nada me privará esta semana del placer de transcribirles algunas muestras de su obra al final de esta entrada.<br />Por cierto, en su misiva, Luis González de Alba me comenta que no comprende a las feministas: “nos dicen que debemos usar el femenino <span style="font-style:italic;">la doctora</span>, <span style="font-style:italic;">la ingeniera</span>, <span style="font-style:italic;">la licenciada</span>, <span style="font-style:italic;">la diputada</span>, etc, pero imponen el masculino <span style="font-style:italic;">poeta</span>. Poeta no es del género llamado &#8220;común de dos&#8221;, como dentista: el dentista, la dentista; es masculino, con femenino <span style="font-style:italic;">poetisa</span>, como sacerdote, <span style="font-style:italic;">sacerdotisa</span>. Dicen que les suena despectivo. Pues no lo es, como poetucha, poetastra&#8230;”<br />El tema tiene miga. El popular Libro de Estilo del periódico El País, le da la razón al afirmar que la voz poetisa es el “femenino correcto de poeta”. José Martínez de Sousa en su Diccionario de Usos y Dudas del Español Actual, comparte con Luis su extrañeza: “no se entiende por qué esta forma (poetisa) es rechazada precisamente por las mujeres que escriben poesía, algunas de las cuales tienden a decir de sí que son poetas. Esto ha creado la necesidad de hablar de <span style="font-style:italic;">poetas hombres</span> y <span style="font-style:italic;">poetas mujeres</span>, para distinguir los géneros”. Y llega aún más lejos: “el peligro que se corre con estas decisiones es que dentro de un tiempo a alguien se le ocurra convertir poeta masculino en <span style="font-style:italic;">poeto</span>… Ya se ha dado con una pareja como <span style="font-style:italic;">modista/modisto</span>”. <br />Pero el Diccionario de la Real Academia Española sí define la palabra <span style="font-style:italic;">poeta</span> como del género común: “persona que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas”. En su Diccionario Panhispánico de Dudas parece dar un ligero salto atrás cuando añade que el femenino tradicional más usado es <span style="font-style:italic;">poetisa</span> “aunque modernamente se utiliza también la forma <span style="font-style:italic;">poeta</span> como común en cuanto al género”. En esto da un traspiés porque ya desde principios del XVII Lope de Vega utilizaba la palabra poeta en femenino. En el soneto <span style="font-style:italic;">A la noche</span> escribe: «Noche, fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / [...] / la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,/ solícita, poeta, enferma, fría,/ manos de bravo y pies de fugitivo». Lauren Mendinueta quien asomaba de cuando en cuando por encima de mi hombro mientras escribía estas líneas y prefiere poetisa a poeta por la evidente cacofonía con su apellido, recurrió al prólogo de Leticia Luna en la Trilogía Poética de las Mujeres en Hispanoamérica para explicarme por qué algunas de sus colegas prefieren lo segundo: “En el siglo XIX el término <span style="font-style:italic;">poetisa</span> comenzó a manejarse de manera peyorativa para designar a aquellas mujeres cursis que escribían poesía melosa, de tal forma que muchas escritoras quisieron deslindarse de esa situación”. Como si no bastara me remitió también a Pilar García Moutón en “Así hablan las mujeres. Curiosidades y tópicos del uso femenino del lenguaje”: “Cada vez son más las mujeres que se dicen poetas y se niegan a ser llamadas poetisas, término tan cargado de sentido peyorativo que se ha vuelto imposible de usar para algunas de ellas”.<br />¿Qué les parece? ¿Qué opinan Coral Bracho, Carmen Yáñez, Silvia Favaretto, Carmen Villoro, Leticia Luna, Juana Rosa Pita? ¿Prefieren que las llamen poetisas o poetas?<br />Como Lena Pappá no tiene, desde luego, ninguna culpa de mi ignorancia sobre su biografía, y ella misma, con sus versos, demuestra una vez más que los sustantivos poeta, poetisa o compositora no tienen importancia alguna cuando se es un arista verdadero, aquí va lo prometido. Las traducciones son de José Ruiz.</p>
<p>DESDE SIEMPRE</p>
<p>Caro se paga <br />todo aquí abajo.<br />Pesando, calculando<br />el más pequeño aliento <br />el movimiento más insignificante,<br />pesando, calculando<br />con la pasión amarga del avaro<br />nos cobraron la existencia:</p>
<p>Tanto el perfume malva de la violeta,<br />los segundos fragantes de la menta,<br />tanto por la blandura del céfiro<br />y el zafiro del mar,<br />tanto los pájaros, tanto los árboles,<br />tanto la mano de la caricia,<br />tanto el pie del baile,<br />lo poco –como roce de ala- del amor,<br />tanto el placer del rojo fruto entre los dientes<br />tanto por el Lucero del alba de agosto.</p>
<p>Caro, caro se paga.<br />Con la sangre tibia, con el cuerpo,<br />con el alma impagable,<br />con nuestra vida irrepetible, única,<br />en deuda con la muerte anticipadamente pagada.</p>
<p>ESPEJOS (X)</p>
<p>En los espejos oxidados de la memoria<br />vi<br />cómo la verde risa, mis frescos<br />ojos extáticos<br />el lozano ídolo del mundo<br />brillaba como luna<br />en los telarañosos espejos muertos <br />vi<br />cómo me esperaban inmarchitables<br />la menta de mi madre<br />los besos mentolados de los azules amores<br />en los viejos mutilados espejos <br />vi<br />la onírica mirada de mi blanco<br />ángel bueno<br />antes de que la oscureciera el negro tiempo.</p>
<p>AMOR PRESTIDIGITADOR</p>
<p>Qué profundamente<br />están todas las cosas dentro de mí: Tú<br />como prestidigitador<br />las vas sacando a luz<br />una a una:<br />Ruiseñores y nieves<br />Pañuelos amargos y rojas sonrisas;<br />-me espanto de ver<br />galaxias color malva<br />heliantos y aguas negras<br />miro sorprendida<br />cuán llena estoy<br />de azules cataratas<br />de primitivas pinturas, dulces frutas,<br />muertos resucitados<br />fieras desconocidas<br />rosas de cristal, arcos iris</p>
<p>entre tus manos<br />extática descubro de mi existencia<br />la perdida Atlántida.</p>
<p>HIPOCRESÍA</p>
<p>Debajo de mi cama escondo<br />mi amarga bestia<br />de día la encierro de noche<br />me asomo la saco le hablo<br />dejo que me desgarre<br />-nadie<br />sospecha mi profunda<br />fosa del alma<br />con una sonrisa encubierta.</p>
<p>Cada mañana salgo<br />menguada, cada mañana<br />encuentro en torno a mí<br />multitud de sonrisas semejantes<br />-aderezadas, para el consumo-<br />se las enfundan y pasean al parecer felices<br />pero yo estoy segura<br />bajo sus camas esconden también ellos<br />su propia<br />mortal bestia salvaje.</p>
<p>OSCILACIÓN</p>
<p>De noche cuando la lechuza de Selene<br />sube a mi árbol plateada y el rocío<br />perplejo<br />-¿caerá aquí, caerá allí?- tiembla redondo<br />la flor nocturna de la memoria abre<br />su aroma encendiendo y apagando<br />palabras venturosas de amoroso gusto:<br />“Muero porque te amo”<br />“Siempre Siempre”<br />a mi juventud profundamente susurradas.</p>
<p>Tiembla, enloquece el tiempo<br />y la rueda implacable al revés girando<br />me devuelve<br />a la casa de los geranios y las begoñas<br />mañanas recién lavadas en el añil del cielo<br />y abiertas las ventanas<br />a los gorjeos de las flores<br />corriendo por las grandes encaladas cámaras<br />dentro del amplio amor y del sol de la madre<br />una chiquilla aún, que no sabía<br />de lazos y espesas sombras<br />que aún no sabía<br />lo irreparable del tiempo, los mortales augurios.<br />Nada, nada en efecto se ha olvidado<br />y si no se ha olvidado –no está perdido:<br />las bermejas losetas del patio con que jugábamos a coxcojita<br />las palomas de la vecina<br />que se posaban en nuestros hombros niños<br />carga de paz tan tierna.</p>
<p>La noche entera paseando sonámbulo por el pasado<br />giras y giras inconsolable;<br />¿un castigo, una vana gracia, un renacer,<br />una burla amarga,<br />-qué es, pues, la memoria?</p>
<p>Hasta que de repente rompiéndose la luz cual granada<br />fulgente ilumina tu abismo<br />y en medio de la escarcha matinal como un conjuro<br />el humo negro de la nostalgia<br />empieza a disiparse hacia arriba<br />en tanto que debajo de los párpados <br />percibes pesadas dos lágrimas –regalo<br />que a escondidas dejó en ti la noche<br />al huir de puntillas.</p>
<p>MODUS VIVENDI</p>
<p>A la barahúnda de los sentidos<br />a las aves de presa del deseo<br />a los sueños carnívoros –no tengo que oponer<br />sino la pequeña albahaca olorosa de mi maceta<br />mi pecho transparente de fúlgidas heridas<br />y la piedra desnuda de mi paciencia.</p>
<p>Al yatagán del tiempo a la voraz<br />boca de la vanidad, al garfio sombrío<br />de la soledad –no tengo que oponer<br />más que el mineral de mis versos,<br />los susurros de la memoria, la arena<br />movediza de mis amores.</p>
<p>Al hambre de Eternidad, al pánico de la muerte<br />a la fascinación del odio<br />al cuchillo de los asesinos –no tengo que oponer<br />más que mis entrañas de dolor fulgentes<br />de mi esperanza el conjuro,<br />el radiante gorjeo de una infantil sonrisa<br />y mi pequeña oración de niña.</p>
<p>Y llegó carta de Ediciones Opera en Grecia. En ella mi entrañable amigo Giorgos Miresiotis, quien incluso nos envía esta foto, <a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4AvoSMdt7I/AAAAAAAAAOY/7MIHbdoFKvQ/s1600-h/image002.jpg" rel="lightbox[15]"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4AvoSMdt7I/AAAAAAAAAOY/7MIHbdoFKvQ/s400/image002.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5152170342837237682" /></a>me informa que Lena Pappá nació en Atenas en 1932, hizo estudios de Historia y de Arqueología  en la universidad de Atenas, de Letras en el Instituto Francés de Atenas, de Historia del Arte en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad, y obtuvo una beca para seguir un curso de Historia del Arte Moderno en la Sorbonne.<br />Actualmente dirige la Biblioteca de Bellas Artes de Atenas y es miembro de la Asociación Nacional de Hombres (y mujeres) de Letras Griegas. Está casada con el vicepresidente del Consejo Nacional de Estado, señor Tassos Marinos, y tiene una hija. A muchos de sus versos han puesto música distintos compositores.  Servidos. Muchísmas gracias, Giorgos.</p>
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		<title>Los poetas de Daniel Mordzinski</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Dec 2007 20:34:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mi amistad con el gran fotógrafo argentino afincado en París Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) data de hace casi quince años y nos hemos acompañado por tantos rincones de éste y de aquel lado del Atlántico que su estéril recuento desafiaría nuestra memoria conjunta. Esa larga complicidad nos llevó a plasmar en un libro común, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi amistad con el gran fotógrafo argentino afincado en París Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) data de hace casi quince años y nos hemos acompañado por tantos rincones de éste y de aquel lado del Atlántico que su estéril recuento desafiaría nuestra memoria conjunta. Esa larga complicidad nos llevó a plasmar en un libro común, El Refugio del Fuego, nuestras correrías por la ladera del volcán de Colima, en México, a fines de los años noventas y principios del 2000.<br />
Daniel se ha forjado una brillante carrera como fotógrafo profesional. Además de colaborar en los más importantes periódicos y semanarios europeos, lleva una docena de libros publicados y las exposiciones de su trabajos se han venido realizando, cito de memoria sólo de las que me he enterado, en distintas ciudades de México, Colombia, Argentina, Portugal, España, Francia y Rusia.<br />
Dado que este es un blog literario, Daniel ha tenido la bondad de corresponder a mi invitación enviándonos las fotos de algunos de sus poetas preferidos.<br />
<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cOEhgKfAI/AAAAAAAAANQ/wQxiG_wQk-I/s1600-h/Jorge+Luis+Borges.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592970542251010" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cOEhgKfAI/AAAAAAAAANQ/wQxiG_wQk-I/s320/Jorge+Luis+Borges.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Comenzamos con una espectacular e inédita de quien alguna vez aseguró que “citar es citarse”, Jorge Luis Borges (“El hoy fugaz es leve y es eterno / otro cielo no busques / ni otro infierno”). Tal vez al enfrentar rodeado de autores la lente de su joven paisano, el poeta razonara que, si citar es citarse, fotografiar debe por fuerza ser fotografiarse.<br />
<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cN5RgKe_I/AAAAAAAAANI/Vl6ezbvxGhk/s1600-h/Olga+Orozco.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592777268722674" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cN5RgKe_I/AAAAAAAAANI/Vl6ezbvxGhk/s320/Olga+Orozco.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Porque Mordzinski capta en aquellos que retrata algo muy hondo de sí mismo. Como si su cámara accionara un mecanismo de diapasones que hicieran vibrar al mismo tiempo y en la misma frecuencia a las personas en ambos lados del objetivo. Es él entonces, Mordzinski, quien se recarga al ropero atestado de libros de Olga Orozco (“como aquellas que saben que la vida es ausencia amordazada, / y el silencio una boca cosida que simula olvido”).<br />
<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNtRgKe-I/AAAAAAAAANA/76OJGojBCpc/s1600-h/Ospina+William.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592571110292450" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNtRgKe-I/AAAAAAAAANA/76OJGojBCpc/s320/Ospina+William.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Es él quien busca en el mapa los verdes tigres del mar y no William Ospina (“nadie sino yo los ha visto. A nadie he contado que existen. / Volverían a decir que estoy loco, que mi madre murió en un asilo, / que mi padre era un borracho sin remedio”).<br />
<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNZxgKe8I/AAAAAAAAAMw/6f93YX1_8-M/s1600-h/Roberto+Juarroz.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592236102843330" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNZxgKe8I/AAAAAAAAAMw/6f93YX1_8-M/s320/Roberto+Juarroz.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Y nos observa a través de la ventana por donde asoma Roberto Juarroz (“debemos conseguir que el texto que leemos / nos lea. / Debemos conseguir que la música que escuchamos / nos oiga. / Debemos conseguir que aquello que amamos / parezca por lo menos amarnos”).<br />
<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNjxgKe9I/AAAAAAAAAM4/CJGCry-e4pU/s1600-h/Lauren+Mendinueta.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592407901535186" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNjxgKe9I/AAAAAAAAAM4/CJGCry-e4pU/s320/Lauren+Mendinueta.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Él se esconde tras el hermoso y pensativo perfil de Lauren Mendinueta (“¿cómo interpretar las señales / si los clavos son tan de este mundo?”).<br />
<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNSBgKe7I/AAAAAAAAAMo/l1bROLRlQZU/s1600-h/Carmen+Yanez.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140592102958857138" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNSBgKe7I/AAAAAAAAAMo/l1bROLRlQZU/s320/Carmen+Yanez.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Es suya esa sonrisa entre irónica y tierna que apenas curva los labios de Carmen Yáñez (“así comenzó la escritura el mudo. / Llovía a cántaros. / De la tierra surgieron los seres / y hablaban por él”).</p>
<p><a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNJxgKe6I/AAAAAAAAAMg/63nmlyUFeGk/s1600-h/Mario+Benedetti.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140591961224936354" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cNJxgKe6I/AAAAAAAAAMg/63nmlyUFeGk/s320/Mario+Benedetti.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Contempla al niño sentado en la pelota con los ojos de Mario Benedetti (“te dejo frente al mar / descifrándote sola / sin mi pregunta a ciegas / sin mi respuesta rota”)<br />
<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cM_RgKe5I/AAAAAAAAAMY/TjWmTQU7_kU/s1600-h/Gonzalo+Rojas.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140591780836309906" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cM_RgKe5I/AAAAAAAAAMY/TjWmTQU7_kU/s320/Gonzalo+Rojas.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>y nos mira recostado en el sofá donde yace Gonzalo Rojas (“¿qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte?”).<br />
<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cM3BgKe4I/AAAAAAAAAMQ/921k5XMkVC0/s1600-h/Chantal+Maillard.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140591639102389122" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cM3BgKe4I/AAAAAAAAAMQ/921k5XMkVC0/s320/Chantal+Maillard.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Es el propio rostro de Daniel el que se refleja ante el espejo al que se mira Chantal Maillard (“doy un paso y despierto al agua / a punto de ser agua, / se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto / de ser negra…”)<br />
<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMrRgKe3I/AAAAAAAAAMI/WaV9_f_6M8E/s1600-h/Alvaro+Mutis.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140591437238926194" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMrRgKe3I/AAAAAAAAAMI/WaV9_f_6M8E/s320/Alvaro+Mutis.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>y, en esa playa de Saint Maló, son él y Maqrol el gaviero quienes comparten la apariencia de Álvaro Mutis (“a la vuelta de la esquina / te seguirá esperando / ese que nunca fuiste, ese que se murió / de tanto ser tú mismo lo que eres”).<br />
<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMShgKe2I/AAAAAAAAAMA/6i3OKittp34/s1600-h/Blanca+Varela.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140591012037163874" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMShgKe2I/AAAAAAAAAMA/6i3OKittp34/s320/Blanca+Varela.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Es otra vez Daniel Mordzinski quien acompaña los pasos de la niña por la escalinata y no Blanca Varela (“digamos que ganaste la carrera / y que el premio / era otra carrera”)<br />
<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMIRgKe1I/AAAAAAAAAL4/jMgJQ9sKPmo/s1600-h/Antonio+Gamoneda.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140590835943504722" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMIRgKe1I/AAAAAAAAAL4/jMgJQ9sKPmo/s320/Antonio+Gamoneda.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>y podemos ver su sombra recortada a contraluz en el balcón de Antonio Gamoneda (“llevo colgados de mi corazón / los ojos de una perra y, más abajo / una carta de madre campesina”).<br />
<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMAhgKe0I/AAAAAAAAALw/ANlIwOqL-HM/s1600-h/Juan+Gelman.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140590702799518530" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cMAhgKe0I/AAAAAAAAALw/ANlIwOqL-HM/s320/Juan+Gelman.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Es de nuevo él, en México, de pie en esa esquina de la colonia Condesa donde vive el flamante ganador del premio Cervantes, Juan Gelman (“a este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego”),</p>
<p>y observa hacia una alta ventana medio oculta tras el follaje en lugar de Darío Jaramillo (“ese otro que también me habita / acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos”).<br />
<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cL2xgKezI/AAAAAAAAALo/feEgQhHYYgs/s1600-h/Dario+Jaramillo.jpg" rel="lightbox[11]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140590535295793970" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R1cL2xgKezI/AAAAAAAAALo/feEgQhHYYgs/s320/Dario+Jaramillo.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
¿Pero no es ahí donde reside el arte: en expresar mejor la humanidad de otros expresando al mismo tiempo la parte más humana y mejor de nosotros mismos? Y ese claroscuro perímetro, en el que Mordzinski se mimetisa y hasta podría intercambiarse con cada uno de sus sujetos es la prueba definitiva de su talento y universalidad como artista.</p>
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