Posts Tagged “Blogs literarios en espa√Īol”

Me encontr√© a Paco Ignacio Taibo II (Gij√≥n, Espa√Īa, 1949) durante el reciente Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n. Paco, pese a que lo conozco muy bien, se trata de uno de mis amigos m√°s antiguos y queridos, nunca deja de sorprenderme. C√≥mo le alcanza el tiempo para participar en el Sal√≥n, escribir, promocionar sus novelas por el mundo y mantener activo el bien aceitado engranaje que destapa cada a√Īo, durante el mes de Julio, una nueva edici√≥n de la Semana Negra es para m√≠ un misterio.
Foto07.jpg picture by antoniosarabiaPaco es infatigable, es cierto, pero ante todo es tambi√©n un visionario. Y lo es en todas sus empresas, tanto literarias como extraliterarias. S√≥lo √©l puede concebir un libro con la fuerza, la calidad, la magnitud, el aliento y la ambici√≥n de la biograf√≠a de Pancho Villa, por ejemplo, que lleva ya vendidos no s√© cu√°ntos miles y miles de ejemplares. O ese extraordinario acontecimiento entre verbena popular, feria de pueblo, circo, maroma, teatro y acontecimiento cultural, que es la Semana Negra de Gij√≥n en la que cada a√Īo recibe una oleada de excelentes escritores y m√°s de un mill√≥n de visitantes.
Fue bueno compartir con √©l la mesa y la conversaci√≥n. Me obsequi√≥, adem√°s, su m√°s reciente novela, De Paso, que me le√≠ de un tir√≥n en el camino de vuelta a Lisboa. Cuando le escrib√≠ proponi√©ndole hacer algo con ella en Los Convidados su escueto email de respuesta fue: “haz lo que m√°s te guste con eso”.
Pues esto es lo que me gustó hacer, Paco: elegí tres capítulos para los lectores del blog y sé que los van a disfrutar. Gracias, y suerte en la vigésimo segunda edición de la Semana Negra.

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CAP√ćTULO ONCE
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El patrón de la Cantabria me dijo:
-¬ŅQuieres mil pesos, Tom√°s?
Yo le dije que sí y le pregunté:
-¬ŅA qui√©n mato?
-Al gachupín anarquista, al San Vicente ese.
-Mitad y mitad -le dije, y él entendió luego luego, porque era una fiera para los negocios.
-Trecientos ahora y el resto cuando los periódicos saquen la foto del muerto.
-¬ŅY si no hay foto?
-Con la nota me conformo -dijo extendiendo los trecientos pesos sobre la mesa como un abanico.
El cabrón me daba puros billetes de a peso y de a cinco, para que parecieran muchos, y muchos parecían. Recogí el abanico y saludé llevándome dos dedos al sombrero.
Me fui a la cantina a pensar, y pens√©: Si voy a La Guadalupana a lo mejor el patr√≥n de all√≠ me da otros trescientos, y si hablo con los amarillos de Puebla, a lo mejor me dan doscientos por todo, y si hablo con el arzobispo a los mejor saco indulgencias desde antes; si le vendo la historia al Universal a lo mejor saco otros trescientos. Porque yo mato por dinero, pero no soy ning√ļn pendejo, y mi tirada es poner una curtidur√≠a en Ju√°rez, en Jim√©nez, lejos de aqu√≠, alg√ļn d√≠a.
En ésas estaba cuando llegó San Vicente. Yo hice como que estaba curándome de amores con unas copas, pero vino derecho a la mesa y se me sentó enfrente.
-Me dijeron que te dieron unos billetes para matarme -dijo en seco y sin saludar.
Ten√≠a la mano en el bolsillo de la chaqueta, y ten√≠a, “ten√≠a que tener” el dedo en el gatillo y la autom√°tica amartillada. De manera que le fui de frente y asent√≠.
-¬ŅCu√°nto?
-Trescientos -le dije. Y me quedé pensando quién habría sido el chismoso, que más habían tardado en darme la lana que en írselo a contar.
-Con dos deditos saca el dinero del chaleco y ponlo arriba de la mesa -me dijo.
La gente se iba juntando pero nada babosa, se pon√≠a detr√°s de √©l. Y estaba claro que si iba a haber plomazos, iban a la salir todos pa’ mi lado.
Extendí el dinero en abanico, tal como lo había recibido.
-Sabes que no es para mí, que yo no tocaría ni un centavo.
Asentí de nuevo. Y entonces supe todo.
-Gracias -me dijo, y se levantó.
-¬ŅSabes qui√©n me lo dijo y por qu√©? -me pregunt√≥ antes de salir.
-Creo que ya lo adiviné. Gracias.
San Vicente salió de la cantina sin mirar para atrás. Yo me tome el tequila que estaba a medio apurar y salí caminando despacio.
El cabr√≥n patr√≥n de la Cantabria le hab√≠a soltado el pitazo con alg√ļn empleado. As√≠, si yo no lo mataba, el me mataba a m√≠, y entonces le echaban a la polic√≠a encima y lo refund√≠an. Me dol√≠a, m√°s que la trampa, la falta de confianza.
Entonces, fui a las oficinas de la Cantabria, y le metí un tiro en la frente al tipo. La sangre se le mezcló con la baba arriba del escritorio de caoba. Los muertos hacen cosas raras.
Por eso ando por aquí, por la frontera, en lugar de tener una curtiduría.
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Encontrarse con Elsa Osorio (Buenos Aires, Argentina, 1952)¬†dedmordzinzkyquaiesdeseine.jpg picture by antoniosarabiacuando el azar, ese ir y venir por aqu√≠ y por all√° inherente a nuestro quehacer literario,¬†nos permite coincidir en alguna parte del mundo es una felicidad muy grande.¬†Elsa es una mujer dulce, inteligente, curiosa, bien informada, con quien es un placer compartir desde una charla de caf√© hasta una mesa redonda.¬†Eso acaba de suceder en el XII Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n donde pasamos algunas muy agradables jornadas juntos. Elsa es una √°vida lectora de Los Convidados, “los domingos por la tarde en Buenos aires, me dice, antes de meterme en la cama”, y ya hemos publicado comentarios suyos en una que otra entrada. Hoy la tenemos por fin entre nosotros participando con un excelente relato de su libro Callej√≥n con Salida, que ofrece con much√≠simo gusto a los lectores de Los Convidados.

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Entre los invitados a la Primera Semana Internacional de Novela Hist√≥rica, celebrada del siete al diez de mayo en el marco de la feria del libro de Valladolid, me encontr√© con Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, Espa√Īa, 1960) al que me une una vieja y estrecha amistad y con quien tuve el placer de compartir una mesa redonda el s√°bado 9 por la noche.

Alfonso.jpg picture by antoniosarabiaAlfonso es tambi√©n un apasionado del siglo de oro espa√Īol; ha publicado dos hermosas novelas sobre el tema, Ladrones de Tinta (Ediciones B, 2004) y El Gabinete de las Maravillas (Ediciones B, 2006) cada una ganadora de un premio Espartaco de novela hist√≥rica. El s√°bado ambos nos divertimos en grande, espero que nuestro auditorio tambi√©n, tomando partido entre bromas y veras √©l por Cervantes y yo por Lope de Vega en las desavenencias que ambos sostuvieron durante sus vidas en aquel maravilloso y agitado siglo XVII.
Sin embargo, la más reciente novela de Alfonso, Las Caras del Tigre, publicada hace pocas semanas por Seix Barral, ocurre en pleno siglo XX y nada tiene que ver con la historia. Es un relato apasionante que anuda una intriga casi policiaca al origen de la especie humana y del que, sin traicionar los pormenores, ofrezco con la conformidad del autor uno de los primeros capítulos a los lectores de Los Convidados.
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AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA

En una f√°bula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripci√≥n de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la m√ļsica est√° en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegr√≠a, pero la m√ļsica es la tristeza y es la alegr√≠a. Tal vez la poes√≠a sea ese soplo de inspiraci√≥n misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusi√≥n a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten m√°gicamente en esa realidad que est√°n nombrando.
aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabiaLos pa√≠ses americanos de habla espa√Īola vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caim√°n en el flanco de la canoa. Esas cr√≥nicas tempranas ya viv√≠an el anhelo de encontrar en la geograf√≠a ignota de America un hogar, una patria, y s√≥lo as√≠ podemos entender la emoci√≥n de estas palabras de las “Eleg√≠as”: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardar√≠a mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ning√ļn poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivi√≥ una de las aventuras m√°s secretas y conmovedoras de la lengua castellana en Am√©rica, y gracias a ella construy√≥ con el lenguaje lo que √©l mismo llamar√≠a su “Morada al Sur”.
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en Jos√© Hern√°ndez y en Oth√≥n, en Bello y en Guti√©rrez Gonz√°lez. Y despu√©s de la aventura magn√≠fica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufon√≠a a la lengua, pero que se propon√≠an menos ser la voz de un territorio que el temblor de una √©poca, algunos poetas de Hispanoam√©rica de los a√Īos treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los espa√Īoles de la generaci√≥n del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. As√≠ vimos aparecer a L√≥pez Velarde en M√©xico, a C√©sar Vallejo en el Per√ļ, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.
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julio2.jpg picture by antoniosarabiaLa editorial Alfaguara acaba de publicar Papeles Inesperados, un compendio de once relatos, tres historias de cronopios y un capítulo desconocido del Libro de Manuel, junto con varias autoentrevistas, poemas, ensayos, prólogos, discursos y otros textos inéditos de Julio Cortázar. La publicación plantea, es cierto, el problema moral de qué tan lícito es el dar a conocer escritos que el propio autor desestimó en vida. A mí en lo personal, y supongo que a muchos de mis colegas, me aterra la perspectiva de que alguna vez se lean borradores que yo no encuentro a punto y que he dejado cocinando para futuras revisiones en el disco duro de mi ordenador o, ya impresos, en lo más hondo de un cajón. Sin embargo Cortázar es Cortázar y para sus admiradores, entre quienes me cuento, cualquier de sus textos tiene un interés especial que tal vez él mismo nunca previó. Por eso, y esperando contar con el tácito perdón y la venia del Gran Julio, me apresuro a compartir con los lectores de Los Convidados uno de los cuentos reciéntemente aparecidos.IMAGEN-5122208-1jpg.jpg picture by antoniosarabia

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Ayer por la noche en Albox, Almer√≠a, se entreg√≥ el Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos 2009 a Rub√©n D√≠ez Tocado y, como es costumbre, se present√≥ al mismo tiempo la edici√≥n impresa del libro galardonado el a√Īo anterior, De Ida y Vuelta, de la poeta andaluza radicada en Par√≠s Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, Espa√Īa 1980).

SARAT3.jpg picture by antoniosarabiaSara tuvo a bien invitarme a escribir el pr√≥logo de su poemario, solicitud a la que acced√≠ gustoso porque, adem√°s de la simpat√≠a personal que me inspira su autora, De Ida y Vuelta es una obra espl√©ndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras espa√Īolas.

El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.

Saludo, pues, la aparici√≥n en las librer√≠as espa√Īolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos, De Ida y Vuelta, publicando el pr√≥logo que le escrib√≠ junto a tres poemas del mismo.

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PR√ďLOGO

La √©pica de Gilgamesh menciona un pasaje subterr√°neo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las monta√Īas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El h√©roe, abatido por la idea de la muerte, se empe√Īa en tomarlo y despu√©s de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la √°rida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del √ļtero marchito y agotado a la resurrecci√≥n.
Imagen1.png picture by antoniosarabiaUna vez cre√≠ que la vida estaba muerta dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el h√©roe de la antigua √©pica, desciende -me adentr√© en el t√ļnel escaleras abajo- para cumplir el mismo antiguo ritual inici√°tico en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que se√Īalan los nombres de las paradas en la l√≠nea seis del metro de Par√≠s. De Nation a Charles de Gaulle-√Čtoile. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar l√ļcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevar√° a la salida y, al alcanzarla, a la iluminaci√≥n. Sus vivencias dan cuenta de un periplo m√°s moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquet√≠pico. Su testimonio no corrompe el s√≠mbolo, lo actualiza.
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un aut√©ntico “libro de poes√≠a”, con una unidad tem√°tica particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesi√≥n y a una l√≥gica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poes√≠a iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en alg√ļn momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ah√≠, en ese terreno inasequible para el com√ļn de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuici√≥n, donde nace la poes√≠a de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve a√Īos, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los dem√°s miembros espa√Īoles de su generaci√≥n: Carlos Contreras Elvira, Mart√≠n L√≥pez Vega, √Ālvaro Tato, Fruela Fern√°ndez y Elena Medel.
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta, apunta. Los t√≠tulos de estos otros poemas corresponden a los r√≥tulos que las compa√Ī√≠as a√©reas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estaci√≥n del Metro. El viaje, el desconsolado mon√≥logo, contin√ļa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, la civilizaci√≥n escondida en los bolsillos. Y al final del camino, en una celebraci√≥n que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.
Antonio Sarabia

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Lauren Mendinueta public√≥ hace unos d√≠as en su blog Inventario un post que no he podido resistir la tentaci√≥n de transcribir, tanto por la injusticia cometida por un hom√≥nimo, que adem√°s comparte el mismo rango militar, del c√©lebre y entra√Īable personaje de Gabriel Garc√≠a M√°rquez como por la belleza del poema de Ignacio Urdaneta de Brigard, su v√≠ctima. Con el consentimiento expreso de Lauren lo reproduzco ahora para los lectores de Los Convidados. Abajo, una foto de Ignacio Escobar Urdaneta, despu√©s el texto de Lauren y luego el poema ya mencionado.

IgnacioEscobar1-1.jpg picture by antoniosarabiaCUANDO EL CORONEL AURELIANO BUEND√ćA MAT√ď A IGNACIO URDANETA DE BRIGARD yo ni siquiera hab√≠a nacido. Sin embargo la historia de esta infamia no deja de darme vueltas en la cabeza. Demasiada sangre ha corrido sobre Colombia, demasiadas vidas se han perdido por nada en un pa√≠s que merece una mejor suerte. No crean que estoy hablando de un hecho literario sacado de las p√°ginas de Cien A√Īos de Soledad. En absoluto. La coincidencia en el nombre y el rango de los militares es apenas un hecho anecd√≥tico y desafortunado.
Ignacio Escobar Urdaneta naci√≥ en Bogot√° en 1943. Seg√ļn datos recopilados por √©l mismo, sus ascendientes se remontaban a Teresa de √Āvila y Calder√≥n de la Barca. Hijo de una familia acomodada, pas√≥ buena parte de su juventud en Espa√Īa. Era un joven rebelde y contestatario que viv√≠a en confrontaci√≥n con la clase social a la que pertenec√≠a. Simpatizante del Bloque Socialista, pronto llam√≥ la atenci√≥n del gobierno represor de Misael Pastrana Borrero. El 23 de abril de 1974, a la salida de una corrida de toros en Zipaquir√°, fue capturado por las fuerzas secretas del gobierno. Esa misma noche fue asesinado por el coronel Aureliano Buend√≠a. Casi parece una broma de mal gusto que el nombre de su verdugo sea el de un personaje de la literatura y que su muerte haya coincidido con el aniversario de la de Miguel de Cervantes.
Est√©ticamente hizo parte de la Generaci√≥n Desencantada, movimiento literario colombiano que surgi√≥ en los a√Īos 70, y al que tambi√©n pertenecen Giovanni Quessep, Mar√≠a Mercedes Carranza, Jos√© Manuel Arango y Ra√ļl G√≥mez Jattin, por mencionar s√≥lo algunos nombres. El poema que publico a continuaci√≥n apareci√≥ en el √ļltimo n√ļmero de la revista de poes√≠a Alquitrave que dirige en Colombia el poeta Harold Alvarado Tenorio.
Ignacio Escobar Urdaneta ten√≠a apenas 31 a√Īos aquel fat√≠dico 23 de abril de 1974. Su muerte fue injusta, cruel, in√ļtil y nos priv√≥ de mucho.

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…………………………………..Jos√© Manuel Fajardo

………………………………….SEGUNDAS PARTES

…………………………………………………….a Antonio Sarabia

Se la presentaron en la inauguraci√≥n de una exposici√≥n de pintura, durante un viaje a Puerto Vallarta. Era alta y flaca, llevaba el pelo corto y te√Īido de rubio y un breve y ajustado vestido rojo cerrado por una provocadora cremallera que ascend√≠a, desde los muslos hasta el escote, como una invitaci√≥n al pecado. Me cont√≥ que al verla casi se qued√≥ sin aliento.
-Ten√≠a la boca grande y sonriente- me explic√≥ mientras su propia boca se abr√≠a en una sonrisa evocadora- y los ojos le brillaban de un modo que ni te imaginas. Y me miraba a m√≠. As√≠, directamente, como dici√©ndome: ¬Ņa qu√© esperas?
Fajardo3.jpg picture by antoniosarabia√Čl no quiso esperar ni un minuto m√°s. La invit√≥ a tomar una copa despu√©s de la inauguraci√≥n y ella dijo que s√≠. Acabaron subiendo las escalinatas del Caf√© des Artistes para platicar mientras sorb√≠an una magarita bien cargada de tequila y esperaban que les asignaran mesa. Por la ventana se ve√≠an las luces de las camionetas rancheras que circulaban por las estrechas calles amenazando con llevarse en sus parachoques la cal de las paredes. Ella le dijo que se llamaba Marieta justo en el momento en que dos conductores se enzarzaban en una agria disputa a la puerta del caf√©, y √©l pens√≥ que aquel nombre s√≥lo pod√≠a designar a quien viviera bajo los dictados de la pasi√≥n.
-Siempre me han perdido las pel√≠culas rom√°nticas- me confesar√≠a m√°s tarde-, esas mujeres que se entregan en cuerpo y alma y que tienen nombres que invitan a so√Īar. Como Ilsa o Lara, ya sabes, Casablanca, Doctor Zhivago… Es que tengo alma de atole, no lo puedo evitar.
Tantos a√Īos de vida en Guadalajara hab√≠an terminado por llenarle el habla de t√©rminos mexicanos y apenas si quedaba ya rastro alguno de su original acento espa√Īol. As√≠, entre ni modos y √≥rales, me vino a decir que aquella noche prometedora, tras la cena en el Caf√© des Artistes, hab√≠a terminado sin otra cosecha que un beso de despedida a la puerta de la casa donde ella viv√≠a, eso s√≠, tan apasionado como si estuviesen sentados al borde mismo de la cama. √Čl hubiera querido ir mas all√°, pero al menos era un primer paso.
Sin embargo, lo que prometía ser la obertura de un romance se convirtió en el continuo de una relación que no llevaba a ninguna parte. A veces, ella recostaba la cabeza sobre su hombro y apretaba con fuerza el brazo de él contra su pecho palpitante, sentados ante la imagen arrebolada del atardecer del Pacífico. Pero, de un modo u otro, la velada se resolvía sin ir más allá de unos besos apasionados.
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RUBN.jpg picture by antoniosarabiaEl VIII Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos recay√≥ este a√Īo en Rub√©n D√≠ez Tocado, un joven poeta madrile√Īo que particip√≥ con el seud√≥nimo de “Herbert Casiopea”. Su poemario, La Nada Discont√≠nua, se impuso a un nutrido grupo de competidores de todo el mundo (un total de 110 poemarios) entre los cuales concursaban algunos autores de renombre.
Díez Tocado, licenciado en derecho y profesor de inglés en un colegio de Torrejón de Ardoz, tampoco es un primerizo en distinciones literarias. En 1999 fue finalista en los premios Adonais e Hiperión de poesía y en el certamen Maria Agustina, de relato. En el 2002, obtuvo también un reconocimiento en el de la Fundación Barbara-Ansón.
El nuevo galardón se le entregará dentro de unos días en Albox, sede del Instituto Martín García Ramos, que patrocina el evento, A continuación presentamos algunos poemas del libro premiado.

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HIGADO DE GANSO

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Mi amigo Salim no es especialmente masoquista. Nunca, entre sus contadas perversiones, ha practicado la de experimentar placer a trav√©s de la humillaci√≥n o del dolor. Por eso le perturba esa oscura debilidad que le atrae una y otra vez hacia ese pretencioso y bien iluminado establecimiento de su vecindario parisino donde lo tratan siempre mal. Salim es colombiano, de origen liban√©s, y vive en Francia porque a s√≠ se dan hoy las cosas en el mundo, donde los descendientes de antiguos emigrados se convierten a su vez en emigrantes, como si un ancestral precepto n√≥mada les mantuviera en perpetuo movimiento. Mi amigo es un alma de Dios, pero se dir√≠a que el tinte moreno de su piel o su peculiar semblante entre √°rabe y sudaca, pusieran en marcha todas las se√Īales de alerta del local. La due√Īa es una mujer alta, enjuta y hosca, de ojos peque√Īos y juntos, que desde que √©l aparece en el umbral del negocio lo persigue de lejos con su mirar desconfiado. En alguna ocasi√≥n lo acompa√Ī√© a comprar pimienta verde, el aderezo imprescindible de sus pechugas de pato, y me constan los esfuerzos de la ce√Īuda mujer por no abandonar su puesto junto a la caja registradora para vigilarlo mejor. √Čl se introduce con algo de verg√ľenza por entre los bien provistos y ordenados anaqueles procurando mantenerse siempre al alcance de su vista, no vaya a pensar que se est√° robando algo. No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, me recomend√≥ aquella vez recordando el apocado refr√°n que otros igual de timoratos, aunque m√°s viejos que √©l, le inculcaron en la infancia.
DSC07676.jpg picture by antoniosarabiaA m√≠, el distrito donde vive me resulta insoportable, pero Salim tuvo que avenirse a √©l porque est√° cerca del liceo donde da clases de espa√Īol. Lo mejor que pudo alquilar con su exiguo salario de ense√Īante es una buhardilla, en realidad un cuartucho de sirvientas con su ruinosa cocinita, en un elegante edificio de cantera frente a su tienda predilecta. Se la subalquila, a espaldas del verdadero propietario, el rico inquilino de uno de los departamentos de abajo.
Su vecindario no es como otros distritos de Par√≠s en los que se respiran aires menos turbios. Ah√≠ la gente es brusca y altanera. Incluso se dir√≠a que sus habitantes comparten un vago aire familiar. Como si el barrio fuera un suburbio aparte y a trav√©s de qui√©n sabe cu√°ntos ancestrales matrimonios entre vecinos los genes hereditarios les hubieran marcado el semblante y el car√°cter con el mismo acre sedimento. Ciertos rasgos se habr√≠an vuelto entonces dominantes y terminado por imponer su sa√Īuda ley en todas las fisonom√≠as: el ment√≥n levantado, las comisuras de los labios arqueadas hacia abajo, en una mueca de disgusto, los ojos ariscos, posando desde lo alto una mirada indiferente hacia las cosas, cuando no fr√≠a y lejana hacia sus semejantes.
Mi amigo vive, a su pesar, entre ellos. Y a su pesar compra a menudo en ese expendio de la esquina, donde nadie aprecia su presencia. Ah√≠ gasta casi todo su salario porque a Salim le encanta cocinar, tiene dotes para ello, y no es de los que titubean en hacerlo para s√≠ mismos cuando se encuentran a solas. Le ayuda a matar el tiempo, me dice, a distraerse. Por eso le fascina el olor y la limpieza del sitio, la disposici√≥n de frascos y paquetes. Las etiquetas de las botellas impecablemente alineadas en los estantes. Los soberbios vinos, con las grandes cosechas de Borgo√Īa y de Burdeos. Las hileras de fina later√≠a en las que se pueden encontrar desde trufas perigurdinas hasta huitlacoches mexicanos. La esmerada selecci√≥n de los productos naturales, su frescura y pulcritud. Se le hace agua la boca en cuanto entra. Tienen, me dice arrobado, los mejores esp√°rragos que ha comido en su vida.
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