Posts Tagged “Autores mexicanos”
El miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de Primeras Noticias de Noela Duarte (Dernieres nouvelles de Noela Duarte, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel Fajardo y este servidor. En la celebración estuvieron, desde luego, también presentes los otros dos autores. José Ovejero tenía una doble razón para estar feliz: además de Noela en Francia, acaba de aparecer en España, con el sello de Alfaguara, su más reciente novela, La Comedia Salvaje, una estrambótica, alucinante y dramática farsa ambientada en la guerra civil española que pone de manifiesto, con un humor acre y absurdo, la trágica realidad inherente a todas las guerras. No resistí la tentación de aprovechar el encuentro, y la vieja complicidad que nos une, para pedirle un capítulo del libro para Los Convidados. Este es el texto que me envió, con personaje mexicano incluido. Muchas gracias, José, espero que los lectores lo disfruten tanto como yo.
. Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Alfaguara, Antonio Sarabia, autores españoles, Autores mexicanos, Derniers Nouvelles de Noela Duarte, José Manuel Fajardo, José Ovejero, La Comedia Salvaje, Moisson Rouge, Noela Duarte, Primeras Noticias de Noela Duarte
8 Comentarios »
HIGADO DE GANSO
.
Mi amigo Salim no es especialmente masoquista. Nunca, entre sus contadas perversiones, ha practicado la de experimentar placer a través de la humillación o del dolor. Por eso le perturba esa oscura debilidad que le atrae una y otra vez hacia ese pretencioso y bien iluminado establecimiento de su vecindario parisino donde lo tratan siempre mal. Salim es colombiano, de origen libanés, y vive en Francia porque a sí se dan hoy las cosas en el mundo, donde los descendientes de antiguos emigrados se convierten a su vez en emigrantes, como si un ancestral precepto nómada les mantuviera en perpetuo movimiento. Mi amigo es un alma de Dios, pero se diría que el tinte moreno de su piel o su peculiar semblante entre árabe y sudaca, pusieran en marcha todas las señales de alerta del local. La dueña es una mujer alta, enjuta y hosca, de ojos pequeños y juntos, que desde que él aparece en el umbral del negocio lo persigue de lejos con su mirar desconfiado. En alguna ocasión lo acompañé a comprar pimienta verde, el aderezo imprescindible de sus pechugas de pato, y me constan los esfuerzos de la ceñuda mujer por no abandonar su puesto junto a la caja registradora para vigilarlo mejor. Él se introduce con algo de vergüenza por entre los bien provistos y ordenados anaqueles procurando mantenerse siempre al alcance de su vista, no vaya a pensar que se está robando algo. No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, me recomendó aquella vez recordando el apocado refrán que otros igual de timoratos, aunque más viejos que él, le inculcaron en la infancia.
A mí, el distrito donde vive me resulta insoportable, pero Salim tuvo que avenirse a él porque está cerca del liceo donde da clases de español. Lo mejor que pudo alquilar con su exiguo salario de enseñante es una buhardilla, en realidad un cuartucho de sirvientas con su ruinosa cocinita, en un elegante edificio de cantera frente a su tienda predilecta. Se la subalquila, a espaldas del verdadero propietario, el rico inquilino de uno de los departamentos de abajo.
Su vecindario no es como otros distritos de París en los que se respiran aires menos turbios. Ahí la gente es brusca y altanera. Incluso se diría que sus habitantes comparten un vago aire familiar. Como si el barrio fuera un suburbio aparte y a través de quién sabe cuántos ancestrales matrimonios entre vecinos los genes hereditarios les hubieran marcado el semblante y el carácter con el mismo acre sedimento. Ciertos rasgos se habrían vuelto entonces dominantes y terminado por imponer su sañuda ley en todas las fisonomías: el mentón levantado, las comisuras de los labios arqueadas hacia abajo, en una mueca de disgusto, los ojos ariscos, posando desde lo alto una mirada indiferente hacia las cosas, cuando no fría y lejana hacia sus semejantes.
Mi amigo vive, a su pesar, entre ellos. Y a su pesar compra a menudo en ese expendio de la esquina, donde nadie aprecia su presencia. Ahí gasta casi todo su salario porque a Salim le encanta cocinar, tiene dotes para ello, y no es de los que titubean en hacerlo para sí mismos cuando se encuentran a solas. Le ayuda a matar el tiempo, me dice, a distraerse. Por eso le fascina el olor y la limpieza del sitio, la disposición de frascos y paquetes. Las etiquetas de las botellas impecablemente alineadas en los estantes. Los soberbios vinos, con las grandes cosechas de Borgoña y de Burdeos. Las hileras de fina latería en las que se pueden encontrar desde trufas perigurdinas hasta huitlacoches mexicanos. La esmerada selección de los productos naturales, su frescura y pulcritud. Se le hace agua la boca en cuanto entra. Tienen, me dice arrobado, los mejores espárragos que ha comido en su vida.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores mexicanos, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Cuentos, literatura mexicana
1 Comentario »
Osvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) nació en enero de 1943 y murió, también en el mes de enero, cincuenta y cuatro años más tarde dejando como herencia algunas de las novelas más originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa que transcribo más abajo, Un Adiós a Soriano, fue escrita por mí hace once años y publicada en el periódico El Mundo, de Madrid, España y en El Público, de Guadalajara, México un par de días después de su muerte, ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires. Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrará un cuento de Soriano titulado Mecánicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasión por la vida.
Aclaro que las ideas expresadas en mi artículo de hace once años sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para mí, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.
UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia
No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy leído en México. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribución de la obra de un autor más allá de sus fronteras nacionales, impidieron que el común de los lectores apreciara en este país el socarrón humor porteño del Gran Gordo. El jueves por la mañana, advertido desde la víspera por un fax de Luis Sepúlveda y un correo electrónico de Mempo Giardinelli, busqué inútilmente una mención luctuosa en los periódicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sentí que Osvaldo se extinguía discretamente, dejándonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empaña los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendrá bien merecido. Si alguien hará falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.
No me puedo jactar, aunque me encantaría, de que fuésemos íntimos amigos. Compartimos, eso sí, multitud de camaradas, agente literario, editores en América Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas líneas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada más natural entonces que nos conociéramos, primero por teléfono en la ciudad de Buenos Aires y más tarde en persona en el festival francés de San Maló. Supe entonces, aunque su hipocondría era proverbial, que en verdad había estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asistían al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo creí restablecido. No sospeché, ni por asomo, la mancha asesina extendiéndose en su pulmón de antiguo fumador, mancha que él conocía y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de años mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboración con Cortázar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una mañana intercambiamos direcciones electrónicas y no paró de darme consejos de informática.
El jueves por la tarde nuestro común editor en la Argentina me proporcionó algunos detalles de su muerte. Le habían extirpado, con éxito, el tumor, y fue una infección pulmonar postoperatoria la que le empujó hacia la tumba. El viernes apareció, por fin, en los periódicos locales, una breve reseña del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jamás se irá totalmente. Nos dejó, en un puñado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, Día de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro años. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habrá más penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores argentinos, Autores mexicanos, Blogs literarios, Blogs literarios en español, El Mundo, Kafka, Luis Sepúlveda, Macintosh, Mempo Giardinelli, Osvaldo Soriano, Público
3 Comentarios »
Conocí a Guillermo Fadanelli (México, D.F., 1960) hace varios años, durante una Feria del Libro de Guadalajara, y no lo había vuelto a ver sino hasta este octubre pasado cuando la revista Belles Latinas nos invitó a realizar una larga y a ratos fatigosa gira por Francia. Compartimos un par de mesas redondas, una de ellas muy divertida en el Instituto México de París, y pasamos largas horas charlando en donde mejor se podía, incluyendo una vez su habitación de hotel en Lyon cuando la madrugada nos cerró todos los bares de los alrededores.
Contra lo que pueda pensarse por su aspecto exterior y sus maneras a veces huidizas y hoscas, Guillermo es un personaje tímido y sensible además de un fino y brillante prosista que utiliza con humor, talento y lucidez la provocación para sacudir de la cabeza del lector las telarañas del pensamiento anquilosado y obligarle a mirar con ojos nuevos algunas de las propuestas características de la contracultura contemporánea.
Fundador de la revista Moho y del Movimiento cerebrista, Guillermo ha escrito un puñado de novelas entre las que destacan La Otra Cara de Rock Hudson, con la que ganó el premio IMPAC/CONARTE en 1998, Lodo con la que obtuvo también el Premio Nacional de Narrativa Colima 2002 y Educar a los topos, publicada en el 2007.
Guillermo ha tenido la gentileza de enviar, en exclusiva para Los Convidados, este ensayo inédito que formará parte de un trabajo mayor titulado Elogio a la Vagancia. El tema, la conversación, no podía venir más al caso porque nos parece continuar así, de manera vicaria, la que dejamos pendiente en Francia. Si me permite aplicarle a él las palabras con que se refiere a Spinoza en el texto que presentamos “Spinoza, uno de los filósofos más extravagantes que han existido jamás -es decir: más serios- …” yo diría que él mismo, dentro de esa extravagancia tan típicamente fadanelliana, es uno de los escritores más inteligentes y serios que conozco. Muchas gracias, Guillermo, por la amistad y la colaboración. Hasta la próxima.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Autores mexicanos, Guillermo Fadanelli
4 Comentarios »
Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 – México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía.
“El jefe”, como se le llamaba afectuosamente, llegó a México a fines de los años cincuenta en compañía de su esposa Maricarmen y de su hijo mayor, el pequeño Paco Ignacio, entonces de nueve años de edad. Los otros dos hijos del matrimonio, Benito y Carlos, nacerían posteriormente en México.
Fundador de la sección cultural de El Universal, el diario más antiguo de México, ejerció con extraordinaria soltura, talento, humor, inteligencia y lucidez tanto el periodismo como la narrativa o el ensayo. Entre sus amigos se contaron muchos de los grandes nombres de la literatura como León Felipe, Pedro Garfias, Ángel González y Gabriel García Márquez, y del espectáculo como Luis Buñuel, María Félix, Agustín Lara o Joan Manuel Serrat. En el 2006 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil, en España y, en 2008, el Premio nacional de periodismo, en México. Una calle de Gijón lleva su nombre.
De sus columnas en la parte inferior izquierda de su página en El Universal, a la que con su fino humor había titulado Esquina Baja, en alusión al “¡esquina, bajan!” que usaban los usuarios y conductores de autobús en la ciudad de México para pedir o anunciar una parada, hemos rescatado estas cuatro viñetas como homenaje a un hombre que fue modelo de generosidad y honradez profesional e intelectual para cuantos le conocimos. Descanse en paz.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: autores españoles, Autores mexicanos, Paco Ignacio Taibo I
5 Comentarios »
Un día 8 de noviembre igual que ayer, solo que en 1519, el año Uno Caña según el calendario azteca, Hernán Cortés se detuvo a contemplar, estupefacto, la capital del imperio mexicano en el centro de una extensa laguna. “Una ciudad tan grande, escribe más tarde el mismo conquistador, como Sevilla o Córdoba”, “que parecía cosa de encantamiento, añade su subalterno Bernal Díaz del Castillo, de las que se cuentan en el libro de Amadís”, tan imponente, “por las grandes torres y templos y edificios que tenían dentro del agua, todos de calicanto”, que algunos de los soldados llegan incluso a preguntarse si lo que ven no es un sueño. No lo es, aunque aquella señorial urbe casi tres veces mayor que Venecia y, como ella, surcada de canales y puentes, así lo parezca a la mayoría de los sorprendidos españoles habituados a las toscas aldeas de Andalucía, Extremadura o Castilla.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores mexicanos
5 Comentarios »
Delfín Beccar y Alejandro Gelaz, dos jóvenes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, están ganando cada vez más adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, Minificciones, en el que día a día van dando cuenta de las mejores muestras del género corto en la literatura universal. Desde su propio trabajo hasta el celebérrimo “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” de Monterroso, reputado como el relato más breve de la lengua castellana. Cuatro palabras más conciso, aunque no por eso más bello, del que a continuación reseñaremos de Borges. Junto a ese relámpago Borgiano tenemos microtextos de Bioy, Huidobro, Cocteau, otro de Monterroso, uno muy famoso de Chuang-Tzu y, para terminar, una pequeña joya de mi paisano Arreola.
Cada cuento viene acompañado de una bella ilustración alusiva al tema o al autor. Al permitirnos el uso de las Minificciones, Delfín y Alejandro tuvieron la amabilidad de enviarnos las imágenes correspondientes con lo que los lectores de Los Convidados tendrán una idea más cabal de su trabajo. Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Adolfo Bioy Casares, Augusto Monterroso, Autores argentinos, Autores chilenos, Autores chinos, Autores franceses, Autores mexicanos, Chuang-Tzu, Jean Cocteau, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Narrativa hispanoamericana, Vicente Huidobro
6 Comentarios »
Mi novela, Troya al Atardecer, fue galardonada durante la Semana Negra de Gijón con el premio Espartaco 2008 a la mejor novela histórica publicada el año pasado. Desde este blog literario deseo dar las gracias a los organizadores de la Semana Negra, con Paco Ignacio Taibo II a la cabeza, y a los distinguidos miembros del jurado Alfonso Mateo-Sagasta, Juan Bolea y Fermín Goñi, quienes tuvieron a su cargo la ingrata tarea de seleccionar un ganador entre otras obras de excelente calidad escritas por colegas de reconocido prestigio como El Secreto del Oráculo, de José Angel Mañas, El Agua y la Tierra, de Julio Murillo, El Naufragio del Imperio, de Juan Esteban Constaín, Ars Magica de Nerea Riesco y El Juglar, de Rafael Marín.
Gracias también a la gente de Gijón que cada año recibe a los autores con tanto entusiasmo, generosidad, afecto y algarabía. Ojalá que la Semana Negra continúe siempre con el empuje que la ha convertido en uno de los festivales de la cultura más importantes de España.
A continuación les ofrezco tres fragmentos de la novela premiada. Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores mexicanos, Narrativa hispanoamericana, Premios
8 Comentarios »
Conocí a Juan José Arreola (Zapotlán el Grande, México, 1918-2001) hace más de cuarenta años. Yo era a la sazón estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana, allá en la ciudad de México, y Arreola vino a darnos una conferencia que se titulaba Estoy Escribiendo un Libro. No me acuerdo de qué libro se trataba, los años no pasan en vano, ni si Arreola llegó a publicarlo o no. Tal vez se refería a Palindroma, aparecido en 1971, cuatro largos años después de aquella charla, aunque, conociéndolo, no se puede descartar el que en aquel momento no estuviera escribiendo nada y que el título le hubiese venido a la cabeza sólo para despertar el interés del público.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Autores mexicanos, Juan José Arreola, Narrativa hispanoamericana
3 Comentarios »
Entre el erotismo y la pornografía, igual a un péndulo que oscilara entre el espíritu y el cuerpo por lo que podríamos llamar las gradaciones de lo explícito, se mece la imaginación. Me refiero aquí al espíritu concebido como la sede del entendimiento y, al cuerpo, visto sólo en su aspecto genital. El erotismo está hecho de sugerencias y apela a nuestra fantasía. Nos interesa lo que oculta, no lo que descubre. La pornografía, por el contrario, no aspira a símbolos representativos. Se recrea a sí misma en la exhibición del aparato reproductor. Para el sexo puro y duro no hace falta la imaginación.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores mexicanos, Erotismo, Joanoto Martorell, Jorge Luis Borges, Literatura Española, Mickey Spilline, Narrativa hispanoamericana, Tirante el Blanco
3 Comentarios »
|