Posts Tagged “Autores mexicanos”

Noela-Duarte.jpg picture by antoniosarabiaEl miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de Primeras Noticias de Noela Duarte (Dernieres nouvelles de Noela Duarte, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel Fajardo y este servidor. En la celebración estuvieron, desde luego, también presentes los otros dos autores. José Ovejero tenía una doble razón para estar feliz: además de Noela en Francia, acaba de aparecer en España, con el sello de Alfaguara, su más reciente novela, La Comedia Salvaje, una estrambótica, alucinante y dramática farsa ambientada en la guerra civil española que pone de manifiesto, con un humor acre y absurdo, la trágica realidad inherente a todas las guerras. No resistí la tentación de aprovechar el encuentro, y la vieja complicidad que nos une, para pedirle un capítulo del libro para Los Convidados. Este es el texto que me envió, con personaje mexicano incluido. Muchas gracias, José, espero que los lectores lo disfruten tanto como yo.

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LA COMEDIA SALVAJE (fragmento)

Sólo entonces descubrieron que quizá el perro no había escapado por algo que hubiera hecho Benjamín. De no muy lejos, al parecer del zaguán, llegaba el sonido amortiguado de pasos, un rozar de ropas, comentarios hechos en voz muy baja, algún ruido metálico de hebillas o de armas.
Desde luego, estaban armados: fueron asomando uno a uno hasta sumar cinco, con las caras pintadas de tizne y verde, ramas y hojarasca entretejidas en las redecillas que cubrían sus cascos y entremetidas en correajes, ojales y presillas, uniformes con incontables y abultados bolsillos, granadas bamboleándose en pechos, perneras y cinturas, fusiles apuntados hacia la pareja más boquiabierta que asustada. Se quedaron en el quicio de lo que una vez fue una puerta de doble hoja. De aspecto feroz pero de gesto reverente. El único movimiento durante un rato fue el de las pestañas. Cinco estatuas vegetales; las Ménades convertidas por Liceo en árboles, pero en macho.
-¿Son los Reyes Magos? -preguntó Julia a Benjamín al oído.
-Los Reyes Magos eran tres, uno de ellos negro.
-Dos pueden ser pajes, Y como vienen pintados no se distingue bien el color.
Los cinco se fueron adentrando a pasos breves, con tanta parsimonia que de verdad parecía que se iban a arrodillar y adorar a la pareja.
-¡Qué mina más hermosa! -exclamó uno.
-¿Por qué dice que esto es una mina? -susurró Julia.
-Otro loco, como el perro.
-O es ruso, porque habla raro.
-¿Son de verdad? ¿Puedo tocar? -preguntó un segundo tiznado acercándose a palpar los cabellos de Julia.
retrato4.jpg picture by antoniosarabia-Aguas; pueden estar armados -dijo un tercero.
-¿Qué es eso de aguas? Hablá español. Además, qué van a estar armados. ¿Viste la cara de pelotudo de éste? ¿Y la cara de ángel de ella?
-Como me siga manoseando le pego una cuchillada -volvió a susurrar Julia.
-Somos amigos -respondió Benjamín.
-Si fuesen enemigos no estarían tan juntos -respondió el cuarto soldado.
-Perdonen a este boludo -dijo el primero-, es que es chileno.
-Bueno, ¿pero quiénes son estos dos? -preguntó el único que llevaba bigote y que recordaba vagamente al daguerrotipo de un revolucionario.
-Yo soy Benjamín, ella Julia.
-Pues mucho gusto, mi cuate, pero si no me dices algo más te saco el mole a plomazos.
-Estate tranquilo, que ellos lo están. Estos no son combatientes, son población civil. Vengan, siéntense todos -dijo el que parecía el comandante porque todos se dirigían a él y él a todos, aunque ninguno llevaba galones ni insignias de mando.
Vistos de cerca, los recién llegados no parecían tan bien pertrechados como en el momento de su aparición. Los cascos eran de minero, forrados con redecillas de mujer. Los uniformes, monos de mecánico teñidos de verde. Y las caras pintadas, con los colores corridos por el sudor, daban más lástima que miedo. Se quitaron cascos y correajes y dejaron sus armas en el suelo.
-Ustedes no son españoles -dijo Benjamín.
-Mejor, porque son los españoles los que están requetejodiendo su país -dijo el que había tocado el pelo a Julia.
-Somos el Comité Antiimperialista Revolucionario Latinoamericano -dijo el del bigote.
-¿Ustedes solos?
-¿Y para qué más? Yo soy argentino -dijo el que había hablado en primer lugar-. Aunque ellos no.
-Yo soy mexicano.
-Yo chileno.
-Yo colombiano.
El quinto no hizo intención de abrir al boca. Se estaba quitando las botas sin prestar atención a la conversación. El argentino le dio una palmada en la espalda.
-¡Che, nos estamos presentando! Perdónenlo. Es mudo. Y paraguayo. Las desgracias nunca vienen solas -aclaró el argentino.
-¿Y puede un mudo ir a la guerra? -se asombró Julia.
-Si fuera sordo o ciego, no, pero a quién le molesta que sea mudo -explicó el chileno.
-Además -dijo el argentino-, ¿a quién le importa lo que diga un paraguayo? Ser paraguayo es como ser belga. Los belgas participaron en la Gran Guerra, ¿y se enteró alguien? Un paraguayo mudo es una tautología, porque aunque no lo esté nadie lo escucha.
-¿Y qué hacen en esta guerra? -preguntó Julia.
Todos interrumpieron un momento lo que estaban haciendo porque a sus espaldas había sonado un ruido.
-Ése debe de ser el cubano. Se nos perdió hace un rato. Se pierde tres veces por día -explicó el argentino.
Al cabo de unos momentos entró en la habitación otro hombre, con uniforme similar al de sus compañeros, negro sin necesidad de pinturas, que llegaba arrastrando un fusil por la correa.
-¿Dónde ustedes se habían metido? Coño, media hora los llevo buscando -Y se dejó caer derrotado contra un trozo de colchón. Entonces descubrió a Julia y Benjamín; consultó a sus compañeros con la mirada.
-Dos gachupines -dijo el mexicano.
-Dos gallegos -explicó el argentino.
-Yo soy vasco.
-Por eso es que sos gallego.
-Les preguntaba qué hacen en esta guerra.
El paraguayo echó unos trozos de madera al fuego y se puso a soplar para avivarlo. Los demás intercambiaron miradas como quienes comparten un secreto que no se deciden a revelar. Fue el mexicano quien tomó la palabra:
-Yo recién estuve en París. No chinguen, eso sí que es una capital. Y Londres, híjole, Londres es de poca madre.
portadacomedia3-5.jpg picture by antoniosarabiaLos seis hispanoamericanos se volvieron hacia Julia y Benjamín; parecían querer descubrir en ellos el efecto de esas palabras, pero ambos estaban esperando la continuación de la historia.
-Las culturas indígenas -dijo el colombiano- también estaban en decadencia cuando llegaron los conquistadores.
-Un puñao de gallegos muertos de hambre -dijo el cubano.
-Les voy a decir la verdad, yo me embarqué en Buenos Aires porque quería ayudar a los republicanos; en el barco me encontré con todos éstos, y bueno, las noches a bordo son largas, uno bebe, habla pavadas.
-Bueno, el que hablaba era él, ya saben cómo son los argentinos -dijo el chileno.
-No seás boludo, ahí hablábamos todos menos el paraguayo. Discutimos si lo que realmente necesita este país es que triunfe la República. Claro, ya sé lo que me van a decir, mejor la República que los fascistas, eso es verdad, pero ya digo, no teníamos nada que hacer, y nos pusimos a discutir si no había otras posibilidades, nada mejor para resolver el conflicto, que no es nuevo, che, que lo llevan arrastrando más de un siglo.
-Y llegamos a la conclusión -dijo el mexicano que llevaba rato queriendo meter baza- de que a España se la está llevando la chingada. Miren París, miren Londres, y comparen con Madrid o Barcelona. Acá hay que hacer algo, pero algo radical, no es nada más que ganen unos u otros. Hay que ir más lejos.
-Otros que quieren salvar a España. ¿Por qué todo el mundo quiere salvar a España?
-No, señorita -dijo el colombiano-, no hemos venido a salvarla, sino a conquistarla.
-Eso es lo que les estaba platicando -dijo el mexicano-. Que vinimos a conquistar España.
-Vosotros seis solos -dijo Benjamín.
-¿Y cuántos eran los conquistadores cuando cruzaron el Atlántico? Comparada con América, España es una cancha de fútbol- dijo el colombiano.
-Yo seré el presidente provisorio. Hasta que redactemos una constitución -dijo el argentino.
-Nos aprovecharemos de las luchas internas; ésa fue la estrategia de Cortés con los aztecas y le fue bien.
-Modernizaremos el país, igual que hicieron los españoles allá. Porque está que se cae de viejo, basta verles las caras. Miren a sus políticos, que parecen conservados en naftalina.
-Ahora ya está todo dicho. Hemos quemado las naves.
-Los seis de la fama, somos.
-Órale, y vamos a crear un nuevo imperio. ¿Cómo la ven?
Se habían puesto a hablar tan deprisa, sin esperar siquiera que el anterior hubiera terminado la frase, que parecía que habían ensayado aquel discurso coral para aturdirlos, y tanto lo consiguieron que Julia y Benjamín casi ni sabían quién decía qué, esforzándose en digerir cada nuevo mensaje, en asimilar esa decadencia y ese retraso del que hablaban los libertadores, incapaces de insistir en sus objeciones o dudas. Sólo después de esa última pregunta se quedaron los recién llegados un momento en silencio, esperando la respuesta, sus miradas oscilando de Benjamín a Julia.
-Pero no es lo mismo. España es un país civilizado -dijo Benjamín-. Un país civilizado no se conquista así como así.
Todos sacudieron la cabeza simultáneamente. Parecían haber dado por descontado que escucharían una respuesta equivocada.
-Tierra de indios.
-Las catedrales son sus pirámides; allí hacen sacrificios y hablan con los dioses, pero se los está comiendo la jungla.
-¿Ya fueron por los pueblos de acá? Jíbaros y lacandones. Les falta no más el taparrabos.
-Civilizados, dice. Y duermen con las ovejas y los chanchos.
-Y se los comen los piojos.
-Se creen que no hay selva porque no ven los árboles, pero es lo mismo. Este país es una selva en barbecho.
-Idólatras que sacan al santo en procesión para que llueva.
-Y se sangran a fuetazos porque creen que eso es lo que le gusta a su dios.
-Civilizados, pero están a los tiros desde hace más de cien años.
-Puros pendejos, no se matan más porque son bien güeyes; si supiesen hacerlo mejor ya no quedaría ni uno vivo.
-Este país lo que necesita es sangre nueva. Gente que mire hacia delante y no hacia atrás, que deje de pensar en el Cid y en los Reyes Católicos y en la puta madre que parió a Don Pelayo.
-Y ésos somos nosotros. Vinimos a sacarlos del atraso.
-Dentro de poco en los pueblos nos recibirán con reverencias.
-Nos traerán los frutos de la tierra para agasajarnos.
-Nos ofrecerán a sus hijas para que las desfloremos.
-Bien hermosas son las minas de acá, eso hay que reconocerlo.
-Nos saludarán como a libertadores, porque eso es lo que somos, libertadores, igualito que Bolívar. Vamos a conseguir la independencia de este país.
Por fin pudo intervenir Benjamín en el magnífico coro de las empresas futuras.
-¡Pero España ya es independiente!
Los latinoamericanos sonrieron condescendientes. El argentino puso en el hombro de Benjamín una mano paternal. Su voz sonó cargada de comprensión, apaciguadora, lenitiva.
-¿Cómo va a ser independiente si lleva siglos ocupada por los españoles? Está igual que estábamos nosotros hace poco más de un siglo.
-No entiendo…
-Claro, pibe, a nosotros también nos llevó mucho tiempo darnos cuenta de que llevábamos el yugo al cuello. Porque cuando nacés en un país oprimido te parece que la vida es así y tiene que ser así, pero un día te levantás y te preguntás ¿pero por qué tengo que aguantar yo esta mierda? ¿Por qué no echo al mar a estos chupasangres?
-Y si conseguimos expulsarlos de toda América también podremos echarlos de España.
-Imaginate, qué gran país sería éste si lo liberamos de los españoles. Mirá Argentina cómo se puso a crecer en cuanto se fueron. Aquello era pasto y pura indiada y fijate ahora, un país moderno, que progresa, que cambia. ¿Me explico?
-Nnnn, nnnn, nnnn.
-A ver, que el paraguayo quiere decir algo.
-Bueno, ya lo dirá mañana, que se nos está haciendo tarde y tenemos por delante un trayecto muy largo. Acuérdense de que este fin de semana nos toca conquistar Cuenca -dijo el argentino-. A ver, el turno de guardias: paraguayo, vos las dos primeras horas; las dos siguientes el cubano; luego voy yo; las últimas para vos, chileno. El mexicano y el colombiano hoy se salvan.
Aunque todos habían ido poniendo mala cara según les anunciaba su turno, nadie rechistó. Mientras los demás se acomodaban para dormir, el argentino sacó un mapa y se puso a examinarlo a la luz ya mortecina de la lumbre. La pintura seguía derritiéndose sobre su cara y dibujaba también allí un mapa, éste de un territorio imaginario, del imperio informe de sus sueños.
A Benjamín se le cerraron enseguida los ojos; cuando los volvió a abrir escuchó un sonido que enseguida le transportó de regreso a las noches en el dormitorio colectivo del internado. Comprobó con alivio que Julia estaba dormida. Pero él no pudo volver a dormirse hasta que el colombiano emitió un gemido y dejó de agitarse la manta bajo la que yacía.

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HIGADO DE GANSO

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Mi amigo Salim no es especialmente masoquista. Nunca, entre sus contadas perversiones, ha practicado la de experimentar placer a través de la humillación o del dolor. Por eso le perturba esa oscura debilidad que le atrae una y otra vez hacia ese pretencioso y bien iluminado establecimiento de su vecindario parisino donde lo tratan siempre mal. Salim es colombiano, de origen libanés, y vive en Francia porque a sí se dan hoy las cosas en el mundo, donde los descendientes de antiguos emigrados se convierten a su vez en emigrantes, como si un ancestral precepto nómada les mantuviera en perpetuo movimiento. Mi amigo es un alma de Dios, pero se diría que el tinte moreno de su piel o su peculiar semblante entre árabe y sudaca, pusieran en marcha todas las señales de alerta del local. La dueña es una mujer alta, enjuta y hosca, de ojos pequeños y juntos, que desde que él aparece en el umbral del negocio lo persigue de lejos con su mirar desconfiado. En alguna ocasión lo acompañé a comprar pimienta verde, el aderezo imprescindible de sus pechugas de pato, y me constan los esfuerzos de la ceñuda mujer por no abandonar su puesto junto a la caja registradora para vigilarlo mejor. Él se introduce con algo de vergüenza por entre los bien provistos y ordenados anaqueles procurando mantenerse siempre al alcance de su vista, no vaya a pensar que se está robando algo. No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, me recomendó aquella vez recordando el apocado refrán que otros igual de timoratos, aunque más viejos que él, le inculcaron en la infancia.
DSC07676.jpg picture by antoniosarabiaA mí, el distrito donde vive me resulta insoportable, pero Salim tuvo que avenirse a él porque está cerca del liceo donde da clases de español. Lo mejor que pudo alquilar con su exiguo salario de enseñante es una buhardilla, en realidad un cuartucho de sirvientas con su ruinosa cocinita, en un elegante edificio de cantera frente a su tienda predilecta. Se la subalquila, a espaldas del verdadero propietario, el rico inquilino de uno de los departamentos de abajo.
Su vecindario no es como otros distritos de París en los que se respiran aires menos turbios. Ahí la gente es brusca y altanera. Incluso se diría que sus habitantes comparten un vago aire familiar. Como si el barrio fuera un suburbio aparte y a través de quién sabe cuántos ancestrales matrimonios entre vecinos los genes hereditarios les hubieran marcado el semblante y el carácter con el mismo acre sedimento. Ciertos rasgos se habrían vuelto entonces dominantes y terminado por imponer su sañuda ley en todas las fisonomías: el mentón levantado, las comisuras de los labios arqueadas hacia abajo, en una mueca de disgusto, los ojos ariscos, posando desde lo alto una mirada indiferente hacia las cosas, cuando no fría y lejana hacia sus semejantes.
Mi amigo vive, a su pesar, entre ellos. Y a su pesar compra a menudo en ese expendio de la esquina, donde nadie aprecia su presencia. Ahí gasta casi todo su salario porque a Salim le encanta cocinar, tiene dotes para ello, y no es de los que titubean en hacerlo para sí mismos cuando se encuentran a solas. Le ayuda a matar el tiempo, me dice, a distraerse. Por eso le fascina el olor y la limpieza del sitio, la disposición de frascos y paquetes. Las etiquetas de las botellas impecablemente alineadas en los estantes. Los soberbios vinos, con las grandes cosechas de Borgoña y de Burdeos. Las hileras de fina latería en las que se pueden encontrar desde trufas perigurdinas hasta huitlacoches mexicanos. La esmerada selección de los productos naturales, su frescura y pulcritud. Se le hace agua la boca en cuanto entra. Tienen, me dice arrobado, los mejores espárragos que ha comido en su vida.
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soriano2.jpg picture by antoniosarabiaOsvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) nació en enero de 1943 y murió, también en el mes de enero, cincuenta y cuatro años más tarde dejando como herencia algunas de las novelas más originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa que transcribo más abajo, Un Adiós a Soriano, fue escrita por mí hace once años y publicada en el periódico El Mundo, de Madrid, España y en El Público, de Guadalajara, México un par de días después de su muerte,  ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires. Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrará un cuento de Soriano titulado Mecánicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasión por la vida.

Aclaro que las ideas expresadas en mi artículo de hace once años sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para mí, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.

UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia

No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy leído en México. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribución de la obra de un autor más allá de sus fronteras nacionales, impidieron que el común de los lectores apreciara en este país el socarrón humor porteño del Gran Gordo. El jueves por la mañana, advertido desde la víspera por un fax de Luis Sepúlveda y un correo electrónico de Mempo Giardinelli, busqué inútilmente una mención luctuosa en los periódicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sentí que Osvaldo se extinguía discretamente, dejándonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empaña los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendrá bien merecido. Si alguien hará falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.

soriano1.jpg picture by antoniosarabiaNo me puedo jactar, aunque me encantaría, de que fuésemos íntimos amigos. Compartimos, eso sí, multitud de camaradas, agente literario, editores en América Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas líneas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada más natural entonces que nos conociéramos, primero por teléfono en la ciudad de Buenos Aires y más tarde en persona en el festival francés de San Maló. Supe entonces, aunque su hipocondría era proverbial, que en verdad había estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asistían al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo creí restablecido. No sospeché, ni por asomo, la mancha asesina extendiéndose en su pulmón de antiguo fumador, mancha que él conocía y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de años mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboración con Cortázar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una mañana intercambiamos direcciones electrónicas y no paró de darme consejos de informática.
El jueves por la tarde nuestro común editor en la Argentina me proporcionó algunos detalles de su muerte. Le habían extirpado, con éxito, el tumor, y fue una infección pulmonar postoperatoria la que le empujó hacia la tumba. El viernes apareció, por fin, en los periódicos locales, una breve reseña del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jamás se irá totalmente. Nos dejó, en un puñado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, Día de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro años. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habrá más penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.

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Conocí a Guillermo Fadanelli (México, D.F., 1960) hace varios años, durante una Feria del Libro de Guadalajara, y no lo había vuelto a ver sino hasta este octubre pasado cuando la revista Belles Latinas nos invitó a realizar una larga y a ratos fatigosa gira por Francia. Compartimos un par de mesas redondas, una de ellas muy divertida en el Instituto México de París, y pasamos largas horas charlando en donde mejor se podía, incluyendo una vez su habitación de hotel en Lyon cuando la madrugada nos cerró todos los bares de los alrededores.
fadanelli3.jpg picture by antoniosarabiaContra lo que pueda pensarse por su aspecto exterior y sus maneras a veces huidizas y hoscas, Guillermo es un personaje tímido y sensible además de un fino y brillante prosista que utiliza con humor, talento y lucidez la provocación para sacudir de la cabeza del lector las telarañas del pensamiento anquilosado y obligarle a mirar con ojos nuevos algunas de las propuestas características de la contracultura contemporánea.
Fundador de la revista Moho y del Movimiento cerebrista, Guillermo ha escrito un puñado de novelas entre las que destacan La Otra Cara de Rock Hudson, con la que ganó el premio IMPAC/CONARTE en 1998, Lodo con la que obtuvo también el Premio Nacional de Narrativa Colima 2002 y Educar a los topos, publicada en el 2007.
Guillermo ha tenido la gentileza de enviar, en exclusiva para Los Convidados, este ensayo inédito que formará parte de un trabajo mayor titulado Elogio a la Vagancia. El tema, la conversación, no podía venir más al caso porque nos parece continuar así, de manera vicaria, la que dejamos pendiente en Francia. Si me permite aplicarle a él las palabras con que se refiere a Spinoza en el texto que presentamos “Spinoza, uno de los filósofos más extravagantes que han existido jamás -es decir: más serios- …” yo diría que él mismo, dentro de esa extravagancia tan típicamente fadanelliana, es uno de los escritores más inteligentes y serios que conozco. Muchas gracias, Guillermo, por la amistad y la colaboración. Hasta la próxima.

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Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 - México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía.
PITI1-1.jpg picture by antoniosarabia“El jefe”, como se le llamaba afectuosamente, llegó a México a fines de los años cincuenta en compañía de su esposa Maricarmen y de su hijo mayor, el pequeño Paco Ignacio, entonces de nueve años de edad. Los otros dos hijos del matrimonio, Benito y Carlos, nacerían posteriormente en México.
Fundador de la sección cultural de El Universal, el diario más antiguo de México, ejerció con extraordinaria soltura, talento, humor, inteligencia y lucidez tanto el periodismo como la narrativa o el ensayo. Entre sus amigos se contaron muchos de los grandes nombres de la literatura como León Felipe, Pedro Garfias, Ángel González y Gabriel García Márquez, y del espectáculo como Luis Buñuel, María Félix, Agustín Lara o Joan Manuel Serrat. En el 2006 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil, en España y, en 2008, el Premio nacional de periodismo, en México. Una calle de Gijón lleva su nombre.
De sus columnas en la parte inferior izquierda de su página en El Universal, a la que con su fino humor había titulado Esquina Baja, en alusión al “¡esquina, bajan!” que usaban los usuarios y conductores de autobús en la ciudad de México para pedir o anunciar una parada, hemos rescatado estas cuatro viñetas como homenaje a un hombre que fue modelo de generosidad y honradez profesional e intelectual para cuantos le conocimos. Descanse en paz.

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Tenochtitlan4.jpg picture by antoniosarabiaUn día 8 de noviembre igual que ayer, solo que en 1519, el año Uno Caña según el calendario azteca, Hernán Cortés se detuvo a contemplar, estupefacto, la capital del imperio mexicano en el centro de una extensa laguna. “Una ciudad tan grande, escribe más tarde el mismo conquistador, como Sevilla o Córdoba”, “que parecía cosa de encantamiento, añade su subalterno Bernal Díaz del Castillo, de las que se cuentan en el libro de Amadís”, tan imponente, “por las grandes torres y templos y edificios que tenían dentro del agua, todos de calicanto”, que algunos de los soldados llegan incluso a preguntarse si lo que ven no es un sueño. No lo es, aunque aquella señorial urbe casi tres veces mayor que Venecia y, como ella, surcada de canales y puentes, así lo parezca a la mayoría de los sorprendidos españoles habituados a las toscas aldeas de Andalucía, Extremadura o Castilla.
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Delfín Beccar y Alejandro Gelaz, dos jóvenes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, están ganando cada vez más adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, Minificciones, en el que día a día van dando cuenta de las mejores muestras del género corto en la literatura universal. Desde su propio trabajo hasta el celebérrimo “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” de Monterroso, reputado como el relato más breve de la lengua castellana. Cuatro palabras más conciso, aunque no por eso más bello, del que a continuación reseñaremos de Borges. Junto a ese relámpago Borgiano tenemos microtextos de Bioy, Huidobro, Cocteau, otro de Monterroso, uno muy famoso de Chuang-Tzu y, para terminar, una pequeña joya de mi paisano Arreola.

Cada cuento viene acompañado de una bella ilustración alusiva al tema o al autor. Al permitirnos el uso de las Minificciones, Delfín y Alejandro tuvieron la amabilidad de enviarnos las imágenes correspondientes con lo que los lectores de Los Convidados tendrán una idea más cabal de su trabajo. Lee el resto de esta entrada »

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Mi novela, Troya al Atardecer, fue galardonada durante la Semana Negra de Gijón con el premio Espartaco 2008 a la mejor novela histórica publicada el año pasado. Desde este blog literario deseo dar las gracias a los organizadores de la Semana Negra, con Paco Ignacio Taibo II a la cabeza, y a los distinguidos miembros del jurado Alfonso Mateo-Sagasta, Juan Bolea y Fermín Goñi, quienes tuvieron a su cargo la ingrata tarea de seleccionar un ganador entre otras obras de excelente calidad escritas por colegas de reconocido prestigio como El Secreto del Oráculo, de José Angel Mañas, El Agua y la Tierra, de Julio Murillo, El Naufragio del Imperio, de Juan Esteban Constaín, Ars Magica de Nerea Riesco y El Juglar, de Rafael Marín.

Gracias también a la gente de Gijón que cada año recibe a los autores con tanto entusiasmo, generosidad, afecto y algarabía. Ojalá que la Semana Negra continúe siempre con el empuje que la ha convertido en uno de los festivales de la cultura más importantes de España.

A continuación les ofrezco tres fragmentos de la novela premiada. Lee el resto de esta entrada »

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Conocí a Juan José Arreola (Zapotlán el Grande, México, 1918-2001) hace más de cuarenta años. Yo era a la sazón estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana, allá en la ciudad de México, y Arreola vino a darnos una conferencia que se titulaba Estoy Escribiendo un Libro. No me acuerdo de qué libro se trataba, los años no pasan en vano, ni si Arreola llegó a publicarlo o no. Tal vez se refería a Palindroma, aparecido en 1971, cuatro largos años después de aquella charla, aunque, conociéndolo, no se puede descartar el que en aquel momento no estuviera escribiendo nada y que el título le hubiese venido a la cabeza sólo para despertar el interés del público.

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Entre el erotismo y la pornografía, igual a un péndulo que oscilara entre el espíritu y el cuerpo por lo que podríamos llamar las gradaciones de lo explícito, se mece la imaginación. Me refiero aquí al espíritu concebido como la sede del entendimiento y, al cuerpo, visto sólo en su aspecto genital. El erotismo está hecho de sugerencias y apela a nuestra fantasía. Nos interesa lo que oculta, no lo que descubre. La pornografía, por el contrario, no aspira a símbolos representativos. Se recrea a sí misma en la exhibición del aparato reproductor. Para el sexo puro y duro no hace falta la imaginación.

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