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	<title>Los Convidados &#187; autores españoles</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
	<lastBuildDate>Tue, 08 May 2012 13:50:11 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Noela Duarte, Ovejero y La Comedia Salvaje</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2009 16:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[traductores]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[Derniers Nouvelles de Noela Duarte]]></category>
		<category><![CDATA[José Manuel Fajardo]]></category>
		<category><![CDATA[José Ovejero]]></category>
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		<description><![CDATA[El miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de Primeras Noticias de Noela Duarte (Dernieres nouvelles de Noela Duarte, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 165px; height: 250px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Noela-Duarte.jpg?t=1256227878" alt="Noela-Duarte.jpg picture by antoniosarabia" />El miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de <em>Primeras Noticias de Noela Duarte</em> (<em>Dernieres nouvelles de Noela Duarte</em>, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel Fajardo y este servidor. En la celebración estuvieron, desde luego, también presentes los otros dos autores. José Ovejero tenía una doble razón para estar feliz: además de Noela en Francia, acaba de aparecer en España, con el sello de Alfaguara, su más reciente novela, <em>La Comedia Salvaje</em>, una estrambótica, alucinante y dramática farsa ambientada en la guerra civil española que pone de manifiesto, con un humor acre y absurdo, la trágica realidad inherente a todas las guerras. No resistí la tentación de aprovechar el encuentro, y la vieja complicidad que nos une, para pedirle un capítulo del libro para Los Convidados. Este es el texto que me envió, con personaje mexicano incluido. Muchas gracias, José, espero que los lectores lo disfruten tanto como yo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-1117"></span><br />
</span></p>
<p style="text-align: center;">LA COMEDIA SALVAJE (fragmento)</p>
<p>Sólo entonces descubrieron que quizá el perro no había escapado por algo que hubiera hecho Benjamín. De no muy lejos, al parecer del zaguán, llegaba el sonido amortiguado de pasos, un rozar de ropas, comentarios hechos en voz muy baja, algún ruido metálico de hebillas o de armas.<br />
Desde luego, estaban armados: fueron asomando uno a uno hasta sumar cinco, con las caras pintadas de tizne y verde, ramas y hojarasca entretejidas en las redecillas que cubrían sus cascos y entremetidas en correajes, ojales y presillas, uniformes con incontables y abultados bolsillos, granadas bamboleándose en pechos, perneras y cinturas, fusiles apuntados hacia la pareja más boquiabierta que asustada. Se quedaron en el quicio de lo que una vez fue una puerta de doble hoja. De aspecto feroz pero de gesto reverente. El único movimiento durante un rato fue el de las pestañas. Cinco estatuas vegetales; las Ménades convertidas por Liceo en árboles, pero en macho.<br />
-¿Son los Reyes Magos? -preguntó Julia a Benjamín al oído.<br />
-Los Reyes Magos eran tres, uno de ellos negro.<br />
-Dos pueden ser pajes, Y como vienen pintados no se distingue bien el color.<br />
Los cinco se fueron adentrando a pasos breves, con tanta parsimonia que de verdad parecía que se iban a arrodillar y adorar a la pareja.<br />
-¡Qué mina más hermosa! -exclamó uno.<br />
-¿Por qué dice que esto es una mina? -susurró Julia.<br />
-Otro loco, como el perro.<br />
-O es ruso, porque habla raro.<br />
-¿Son de verdad? ¿Puedo tocar? -preguntó un segundo tiznado acercándose a palpar los cabellos de Julia.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 228px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/retrato4.jpg?t=1256228280" alt="retrato4.jpg picture by antoniosarabia" />-Aguas; pueden estar armados -dijo un tercero.<br />
-¿Qué es eso de aguas? Hablá español. Además, qué van a estar armados. ¿Viste la cara de pelotudo de éste? ¿Y la cara de ángel de ella?<br />
-Como me siga manoseando le pego una cuchillada -volvió a susurrar Julia.<br />
-Somos amigos -respondió Benjamín.<br />
-Si fuesen enemigos no estarían tan juntos -respondió el cuarto soldado.<br />
-Perdonen a este boludo -dijo el primero-, es que es chileno.<br />
-Bueno, ¿pero quiénes son estos dos? -preguntó el único que llevaba bigote y que recordaba vagamente al daguerrotipo de un revolucionario.<br />
-Yo soy Benjamín, ella Julia.<br />
-Pues mucho gusto, mi cuate, pero si no me dices algo más te saco el mole a plomazos.<br />
-Estate tranquilo, que ellos lo están. Estos no son combatientes, son población civil. Vengan, siéntense todos -dijo el que parecía el comandante porque todos se dirigían a él y él a todos, aunque ninguno llevaba galones ni insignias de mando.<br />
Vistos de cerca, los recién llegados no parecían tan bien pertrechados como en el momento de su aparición. Los cascos eran de minero, forrados con redecillas de mujer. Los uniformes, monos de mecánico teñidos de verde. Y las caras pintadas, con los colores corridos por el sudor, daban más lástima que miedo. Se quitaron cascos y correajes y dejaron sus armas en el suelo.<br />
-Ustedes no son españoles -dijo Benjamín.<br />
-Mejor, porque son los españoles los que están requetejodiendo su país -dijo el que había tocado el pelo a Julia.<br />
-Somos el Comité Antiimperialista Revolucionario Latinoamericano -dijo el del bigote.<br />
-¿Ustedes solos?<br />
-¿Y para qué más? Yo soy argentino -dijo el que había hablado en primer lugar-. Aunque ellos no.<br />
-Yo soy mexicano.<br />
-Yo chileno.<br />
-Yo colombiano.<br />
El quinto no hizo intención de abrir al boca. Se estaba quitando las botas sin prestar atención a la conversación. El argentino le dio una palmada en la espalda.<br />
-¡Che, nos estamos presentando! Perdónenlo. Es mudo. Y paraguayo. Las desgracias nunca vienen solas -aclaró el argentino.<br />
-¿Y puede un mudo ir a la guerra? -se asombró Julia.<br />
-Si fuera sordo o ciego, no, pero a quién le molesta que sea mudo -explicó el chileno.<br />
-Además -dijo el argentino-, ¿a quién le importa lo que diga un paraguayo? Ser paraguayo es como ser belga. Los belgas participaron en la Gran Guerra, ¿y se enteró alguien? Un paraguayo mudo es una tautología, porque aunque no lo esté nadie lo escucha.<br />
-¿Y qué hacen en esta guerra? -preguntó Julia.<br />
Todos interrumpieron un momento lo que estaban haciendo porque a sus espaldas había sonado un ruido.<br />
-Ése debe de ser el cubano. Se nos perdió hace un rato. Se pierde tres veces por día -explicó el argentino.<br />
Al cabo de unos momentos entró en la habitación otro hombre, con uniforme similar al de sus compañeros, negro sin necesidad de pinturas, que llegaba arrastrando un fusil por la correa.<br />
-¿Dónde ustedes se habían metido? Coño, media hora los llevo buscando -Y se dejó caer derrotado contra un trozo de colchón. Entonces descubrió a Julia y Benjamín;  consultó a sus compañeros con la mirada.<br />
-Dos gachupines -dijo el mexicano.<br />
-Dos gallegos -explicó el argentino.<br />
-Yo soy vasco.<br />
-Por eso es que sos gallego.<br />
-Les preguntaba qué hacen en esta guerra.<br />
El paraguayo echó unos trozos de madera al fuego y se puso a soplar para avivarlo. Los demás intercambiaron miradas como quienes comparten un secreto que no se deciden a revelar. Fue el mexicano quien tomó la palabra:<br />
-Yo recién estuve en París. No chinguen, eso sí que es una capital. Y Londres, híjole, Londres es de poca madre.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 200px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/portadacomedia3-5.jpg?t=1256228470" alt="portadacomedia3-5.jpg picture by antoniosarabia" />Los seis hispanoamericanos se volvieron hacia Julia y Benjamín; parecían querer descubrir en ellos el efecto de esas palabras, pero ambos estaban esperando la continuación de la historia.<br />
-Las culturas indígenas -dijo el colombiano- también estaban en decadencia cuando llegaron los conquistadores.<br />
-Un puñao de gallegos muertos de hambre -dijo el cubano.<br />
-Les voy a decir la verdad, yo me embarqué en Buenos Aires porque quería ayudar a los republicanos; en el barco me encontré con todos éstos, y bueno, las noches a bordo son largas, uno bebe, habla pavadas.<br />
-Bueno, el que hablaba era él, ya saben cómo son los argentinos -dijo el chileno.<br />
-No seás boludo, ahí hablábamos todos menos el paraguayo. Discutimos si lo que realmente necesita este país es que triunfe la República. Claro, ya sé lo que me van a decir, mejor la República que los fascistas, eso es verdad, pero ya digo, no teníamos nada que hacer, y nos pusimos a discutir si no había otras posibilidades, nada mejor para resolver el conflicto, que no es nuevo, che, que lo llevan arrastrando más de un siglo.<br />
-Y llegamos a la conclusión -dijo el mexicano que llevaba rato queriendo meter baza- de que a España se la está llevando la chingada. Miren París, miren Londres, y comparen con Madrid o Barcelona. Acá hay que hacer algo, pero algo radical, no es nada más que ganen unos u otros. Hay que ir más lejos.<br />
-Otros que quieren salvar a España. ¿Por qué todo el mundo quiere salvar a España?<br />
-No, señorita -dijo el colombiano-, no hemos venido a salvarla, sino a conquistarla.<br />
-Eso es lo que les estaba platicando -dijo el mexicano-. Que vinimos a conquistar España.<br />
-Vosotros seis solos -dijo Benjamín.<br />
-¿Y cuántos eran los conquistadores cuando cruzaron el Atlántico? Comparada con América, España es una cancha de fútbol- dijo el colombiano.<br />
-Yo seré el presidente provisorio. Hasta que redactemos una constitución -dijo el argentino.<br />
-Nos aprovecharemos de las luchas internas; ésa fue la estrategia de Cortés con los aztecas y le fue bien.<br />
-Modernizaremos el país, igual que hicieron los españoles allá. Porque está que se cae de viejo, basta verles las caras. Miren a sus políticos, que parecen conservados en naftalina.<br />
-Ahora ya está todo dicho. Hemos quemado las naves.<br />
-Los seis de la fama, somos.<br />
-Órale, y vamos a crear un nuevo imperio. ¿Cómo la ven?<br />
Se habían puesto a hablar tan deprisa, sin esperar siquiera que el anterior hubiera terminado la frase, que parecía que habían ensayado aquel discurso coral para aturdirlos, y tanto lo consiguieron que Julia y Benjamín casi ni sabían quién decía qué, esforzándose en digerir cada nuevo mensaje, en asimilar esa decadencia y ese retraso del que hablaban los libertadores, incapaces de insistir en sus objeciones o dudas. Sólo después de esa última pregunta se quedaron los recién llegados un momento en silencio, esperando la respuesta, sus miradas oscilando de Benjamín a Julia.<br />
-Pero no es lo mismo. España es un país civilizado -dijo Benjamín-. Un país civilizado no se conquista así como así.<br />
Todos sacudieron la cabeza simultáneamente. Parecían haber dado por descontado que escucharían una respuesta equivocada.<br />
-Tierra de indios.<br />
-Las catedrales son sus pirámides; allí hacen sacrificios y hablan con los dioses, pero se los está comiendo la jungla.<br />
-¿Ya fueron por los pueblos de acá? Jíbaros y lacandones. Les falta no más el taparrabos.<br />
-Civilizados, dice. Y duermen con las ovejas y los chanchos.<br />
-Y se los comen los piojos.<br />
-Se creen que no hay selva porque no ven los árboles, pero es lo mismo. Este país es una selva en barbecho.<br />
-Idólatras que sacan al santo en procesión para que llueva.<br />
-Y se sangran a fuetazos porque creen que eso es lo que le gusta a su dios.<br />
-Civilizados, pero están a los tiros desde hace más de cien años.<br />
-Puros pendejos, no se matan más porque son bien güeyes; si supiesen hacerlo mejor ya no quedaría ni uno vivo.<br />
-Este país lo que necesita es sangre nueva. Gente que mire hacia delante y no hacia atrás, que deje de pensar en el Cid y en los Reyes Católicos y en la puta madre que parió a Don Pelayo.<br />
-Y ésos somos nosotros. Vinimos a sacarlos del atraso.<br />
-Dentro de poco en los pueblos nos recibirán con reverencias.<br />
-Nos traerán los frutos de la tierra para agasajarnos.<br />
-Nos ofrecerán a sus hijas para que las desfloremos.<br />
-Bien hermosas son las minas de acá, eso hay que reconocerlo.<br />
-Nos saludarán como a libertadores, porque eso es lo que somos, libertadores, igualito que Bolívar. Vamos a conseguir la independencia de este país.<br />
Por fin pudo intervenir Benjamín en el magnífico coro de las empresas futuras.<br />
-¡Pero España ya es independiente!<br />
Los latinoamericanos sonrieron condescendientes. El argentino puso en el hombro de Benjamín una mano paternal. Su voz sonó cargada de comprensión, apaciguadora, lenitiva.<br />
-¿Cómo va a ser independiente si lleva siglos ocupada por los españoles? Está igual que estábamos nosotros hace poco más de un siglo.<br />
-No entiendo&#8230;<br />
-Claro, pibe, a nosotros también nos llevó mucho tiempo darnos cuenta de que llevábamos el yugo al cuello. Porque cuando nacés en un país oprimido te parece que la vida es así y tiene que ser así, pero un día te levantás y te preguntás ¿pero por qué tengo que aguantar yo esta mierda? ¿Por qué no echo al mar a estos chupasangres?<br />
-Y si conseguimos expulsarlos de toda América también podremos echarlos de España.<br />
-Imaginate, qué gran país sería éste si lo liberamos de los españoles. Mirá Argentina cómo se puso a crecer en cuanto se fueron. Aquello era pasto y pura indiada y fijate ahora, un país moderno, que progresa, que cambia. ¿Me explico?<br />
-Nnnn, nnnn, nnnn.<br />
-A ver, que el paraguayo quiere decir algo.<br />
-Bueno, ya lo dirá mañana, que se nos está haciendo tarde y tenemos por delante un trayecto muy largo. Acuérdense de que este fin de semana nos toca conquistar Cuenca -dijo el argentino-. A ver, el turno de guardias: paraguayo, vos las dos primeras horas; las dos siguientes el cubano; luego voy yo; las últimas para vos, chileno. El mexicano y el colombiano hoy se salvan.<br />
Aunque todos habían ido poniendo mala cara según les anunciaba su turno, nadie rechistó. Mientras los demás se acomodaban para dormir, el argentino sacó un mapa y se puso a examinarlo a la luz ya mortecina de la lumbre. La pintura seguía derritiéndose sobre su cara y dibujaba también allí un mapa, éste de un territorio imaginario, del imperio informe de sus sueños.<br />
A Benjamín se le cerraron enseguida los ojos; cuando los volvió a abrir escuchó un sonido que enseguida le transportó de regreso a las noches en el dormitorio colectivo del internado. Comprobó con alivio que Julia estaba dormida. Pero él no pudo volver a dormirse hasta que el colombiano emitió un gemido y dejó de agitarse la manta bajo la que yacía.</p>
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		<title>Juan Marsé, un bien merecido Cervantes</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 01:15:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Marsé]]></category>
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		<description><![CDATA[A Juan Marsé (Barcelona, 1933) lo he tratado poco y lo veo aún menos. Estuvimos convidados a cenar alguna vez en la misma casa en Barcelona y luego paseamos juntos por los meandros de la feria del libro de Guadalajara al concedérsele el premio Juan Rulfo allá por 1997. En esos contados encuentros la persona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A Juan Marsé (Barcelona, 1933) lo he tratado poco y lo veo aún menos. Estuvimos convidados a cenar alguna vez en la misma casa en Barcelona y luego paseamos juntos por los meandros de la feria del libro de Guadalajara al concedérsele el premio Juan Rulfo allá por 1997. En esos contados encuentros la persona vino a reafirmar en mí la admiración que ya se había ganado el novelista. Como les decía, tengo tiempo de no verlo, pero le sigo la pista con ese afecto lejano que nos inspiran aquellos con quienes sentimos tener algo en común. Por eso leí con especial beneplácito este jueves 27 de noviembre que se le había otorgado el premio Cervantes 2008.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 235px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Juan_Marse1.jpg?t=1228093302" alt="Juan_Marse1.jpg picture by antoniosarabia" />Juan Marsé nace como Juan Faneca Roca el 8 de enero de 1933 en la ciudad de Barcelona, España. Su madre fallece en el parto dejando a su padre, taxista de profesión, solo con el recién nacido y una hija apenas un poco mayor. Días después, el auto de su padre es abordado por una joven pareja que se lamenta en voz alta de su incapacidad de procrear. Apenas unas semanas más tarde, el pequeño Juan será cobijado en el hogar de aquel matrimonio cuyo apellido se ha hecho ahora famoso gracias al talento de su hijo adoptivo.<br />
Pero de pequeño Juan Marsé no prometía demasiado. Estudió durante la infancia en el Colegio del Divino Maestro, aunque su absoluto desinterés por la escuela le hizo abandonar las aulas a los trece años de edad para desempeñarse como aprendiz de joyero, oficio que llegaría a dominar al tiempo que desarrollaba una temprana inquietud literaria que, años más tarde, le llevaría a ganar el premio Sésamo de cuentos en 1959 y a quedar finalista del premio Biblioteca Breve en 1960 con su primera novela <em>Encerrados con un solo Juguete</em>.<br />
Ese mismo año, 1960, decide instalarse en París donde se ganará la vida dando clases de español, traduciendo lo que puede y, finalmente, como mozo de laboratorio en el departamento de bioquímica celular del Instituto Pasteur. A su vuelta a España participa de nueva cuenta en el premio Biblioteca Breve, estamos en 1965, y esta vez lo gana con la novela <em>Últimas tardes con Teresa</em>.<br />
En 1974 obtiene también, en México, el Premio Internacional de Novela con <em>Si te dicen que caí</em>, considerada como una de las obras más brillantes de la narrativa española de la post guerra y, en 1978, recibe el Premio Planeta con <em>La Muchacha de las bragas de oro</em>.<br />
<span id="more-315"></span>Para este blog, dada la estrechez del espacio, hemos seleccionado dos breves ensayos suyos. En el primero, como reflexión a una entrevista que le pide una estudiante de literatura, nos hace una apasionada alocución sobre la felicidad de leer <em>per se</em>. El segundo es una simpática rememoración de aquel verano en París cuando consiguió emplearse como mozo de laboratorio.</p>
<p>Felicidades a Juan Marsé por este nuevo y justo reconocimiento. Va un gran abrazo desde Los Convidados.</p>
<p>LA ISLA DEL LIBRO Y EL TESORO DE LEER<br />
Veo sentada ante mí, en casa, a la joven estudiante de robustas rodillas y nervioso bolígrafo que me visita para anotar en su cuaderno gravísimos datos sobre mis novelas con destino a su tesina; la veo parpadear, confusa, ante mis delgadas respuestas (que no encajan en su vasto y complicado plan de estudios: le digo, por ejemplo, que el Pijoaparte jamás se propuso desenmascarar a la burguesía catalana, sino simplemente enamorar a Teresa), la veo cotejar notas, alterar esquemas, rectificar planteamientos, desorientada, y yo, algo entristecido, me pregunto quién la ha desorientado, cuándo y cómo ha perdido esa muchacha el placer de leer. Afirma que la novela le gustó, pero se nota que no lo pasó bien leyéndola, y lo que es peor, ya no considera importante el pasárselo bien leyendo novelas. Entonces, ¿quién o quiénes le quitaron a esa chica el deseo de disfrutar con un libro, dejándole sólo la obligación de aprender? ¿Aprender qué, además? ¿Sociología, semiótica y semiología, estructuralismo, sentido y forma, relaciones metalingüísticas, perspectiva exógena y estructura interna?<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 235px; height: 360px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/JuanMars2.jpg?t=1228093529" alt="JuanMars2.jpg picture by antoniosarabia" />Por un breve instante, horribles fantasmas de posibles tesinas pasadas y futuras desfilan por mi mente con extravagantes títulos: <em>El significado de los toros y de la humilde patata en la poesía de Miguel Hernández</em> &#8211; <em>Estructura, calor y sabor de las magdalenas en la obra de Proust</em> &#8211; <em>El Pijoaparte hijo natural semiótico de Henry James, con permiso de Félix de Azúa</em> &#8211; <em>Los silencios de Moby Dick y su relación metalingüística con la pata de palo de John Silver y con el mezcal y los barrancos de la prosa de Malcolm Lowry</em> &#8211; <em>Madame Flaubert soy yo, dijo Federico García Lorca</em>.<br />
¡Maldición, estamos rodeados! Así es imposible leer, hay que saber demasiadas cosas, hay que amueblar la mente de bidets teóricos, hay que ser experto en demasiadas chorradas -le digo a la desilusionada estudiante de graves rodillas y afanoso bolígrafo. Se han empeñado ellos, los malditos tambores de las cátedras y de los institutos, los avinagrados columnistas de diarios de provincias, los rastreadores de estilos y figuras de la alfombra, los rebuznos de la crítica trascendente y los cuarenta años de incultura franquista, en convertir la lectura de un libro en cualquier cosa menos en un placer, un acto libre y espontáneo, una aventura personal con la imaginación. ¿Quieres un consejo? Tira por la borda ese cuaderno y ese bolígrafo y ponte a leer, sobre estas rodillas sojuzgadas de estudiante aplicada, y con ojos infantiles a ser posible, renovada la capacidad de asombro, el sentido de la vida y la imaginación penetrante, otra vez, <em>La isla del tesoro</em>. Callarán los bobos tambores eruditos y recobrarás el tesoro de leer.</p>
<p> </p>
<p>AYUDANTE DE LABORATORIO<br />
Cierro los ojos. Intento rescatar, entre la vorágine de 66 veranos vividos, el peor verano de mi vida. Casi no conservo recuerdos de los cuatro o cinco primeros, lamentablemente. Pero estoy totalmente seguro de que mi peor verano no se cuenta entre ellos. Cierro los ojos para ver si entre ese cegador laberinto de veranos distingo el más penoso, el que se torció, y para mi sorpresa, la primera pulsión de aquel negrísimo estío me llega a través de los sentidos. De repente, me invade una ola de calor sofocante y pegajoso, un calor más próximo y real que cualquiera de los recuerdos que arrastra el sofoco reconocido. Sin ninguna duda estoy en París, en julio de 1961. Vivo en un hotelucho de pomposo nombre, en el 19 de la Rue du Pont-Neuf, Hotel Duc de Bourgogne, enfrente de Les Halles, el vientre de París hoy convertido en delirante galimatías comercial.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 250px; height: 250px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Juan_Marse3.jpg?t=1228093945" alt="Juan_Marse3.jpg picture by antoniosarabia" />Todos los días cruzo el legendario puente y almuerzo en algún restaurante barato del barrio latino o en el self-service del Foyer des Etudiants, o simplemente me compro un cucurucho de patatas fritas. El verano en París está resultando una pesadilla a ambos lados del Sena, pero estoy dispuesto a aguantar como sea en espera de un golpe de suerte. Malvivo con algunos francos que me gano dando clases de español a la bellísima Teresa Casadesus, hija del pianista Robert Casadesus (ella me inspirará el título de la novela que ya tengo en mente, <em>Últimas tardes con Teresa</em>) y también al poeta Pierre Emmanuel, que gentilmente se deja enseñar para echarme una mano: Emmanuel habla español casi a la perfección. El poeta preside el llamado Congrès pour la Liberté de la Culture en el 104 del Boulevard Hausmann, organismo que, por recomendación de Josep Mª Castellet y Carlos Barral, me otorgó una bolsa de viaje de 1.000 nuevos francos para visitar París. Pero la bolsa se vació enseguida. Ahora busco un trabajo con horario regular que me deje tiempo libre para escribir. Busco y busco, pero no encuentro. Frecuento la Librería Española de Soriano, en Rue de Seine, donde a menudo contertulian Tuñón de Lara, Juan Goytisolo, los pintores Díaz y Ortega, Corrales Egea, Manolo Ballesteros, mi amigo Antonio Pérez, etc.<br />
Algunas noches ceno en casa de Monique Lange y Juan Goytisolo, pero más frecuentemente me dejo caer por casa de María y Alejo Lluhansí, un joven y animoso matrimonio de Girona, casi siempre en compañía de Antonio Pérez y Enric Marqués, el pintor, también de Girona. Rue des Canettes 16, entre Saint Germain des Près y la Place Saint Sulpice. Formidable su ayuda, y su compañía, pero el tiempo pasa y sigo sin encontrar trabajo. Me angustia la idea de verme obligado a rendirme y tener que regresar a Barcelona. Alejo o Antonio, no recuerdo cuál de los dos, me aconseja acercarme al Instituto Pasteur, 25 Rue du Docteur Roux. Al parecer, allí siempre hay trabajo para desesperados como yo. En efecto, necesitan un garçon de laboratoire. Me recibe el jefe de personal y seguidamente me envía al mismísimo Jacques Monod, el eminente biólogo, para que me examine y apruebe mi ingreso, o no lo apruebe&#8230; Entro en su despacho de la planta baja del Instituto con el alma en vilo. Monod, que dirige el departamento de Biochimie Celulaire, es futuro premio Nobel y autor de un libro, <em>El azar y la necesidad</em>, que años después la casualidad querrá que en España lo publique mi propio editor, Carlos Barral.<br />
Secretamente esperanzado, confiando en que Jacques Monod -un hombre con un gran encanto personal, muy culto y de mirada inteligente, muy atractivo y seductor- me acepte sin exigir demasiados requisitos como garçon de laboratoire, una especie de chico de los recados en los laboratorios, me presto encantado a contestar a sus preguntas: ¿De dónde vengo? De Barcelona. ¿A qué me dedicaba en Barcelona? Fui operario de joyería, ahora soy, o mejor, quiero ser, escritor&#8230; He publicado mi primera novela en España hace muy poco (aquí, el ilustre biólogo empieza a mirarme con verdadera curiosidad, y yo diría que también con cierta admiración, o eso me parece) y Maurice Edgar Coindreau, el famoso introductor de William Faulkner y de John Dos Passos en Francia me la está traduciendo al francés y se publicará chez Gallimard y bla bla bla. Tan asombrado e interesante se muestra Monod, que me digo: &#8220;Ya es mío. Soy el nuevo garçon de laboratoire&#8221;. Sigue una larga entrevista que no hace más que aumentar mi confianza y mi euforia: el puesto es mío. Monod, por su parte, no acaba de entender que un joven novelista que acaba de publicar su primer libro esté tan firmemente dispuesto a trabajar de garçon. Le explico que, bueno, yo no vivo precisamente de rentas, monsieur, aquí en París no tengo trabajo, ni dinero, y mi intención es quedarme a vivir un par de años en la ciudad y aprender bien el idioma, etc. Le hablo del famoso pianista Robert Casadesus y del poeta Pierre Emmanuel, del hispanista Jean Cassou y de su hija Isabel, todos ellos buenos amigos (su asombro va en aumento, también mi convicción de que el puesto ya es mío) que me han ayudado amablemente hasta hoy, le digo, pero ahora quiero ganarme la vida por mi cuenta. Monsieur Monod lo comprende, es más, le parece muy bien. Finalmente decide dar por terminada la entrevista y me anuncia que va a presentarme al personal de su departamento. En el pasillo nos cruzamos con el biólogo François Jacob, que andando el tiempo será también premio Nobel y director del Pasteur. Monod me introduce en lo que parece una cocina muy amplia y llena de vapor, donde unas 30 muchachas vestidas con uniforme blanco impoluto esterilizan toda clase de cachivaches de cristal, sobre todo probetas y tubos de ensayo y jeringuillas metidas en grandes cazuelas donde hierve el agua. Nada más entrar el gran jefe Monod, las mujeres suspenden en el acto sus labores y se alinean hombro con hombro al lado de las calderas. Monod, muy ceremonioso y circunspecto, con ese ritual tan exquisitamente francés, las saluda con una elegante inclinación de cabeza. &#8220;Va a presentarme, ya está hecho&#8221;, me digo. Pero lo que sale de los labios de Monod no es exactamente lo que yo espero. Dice con su bella y parsimoniosa dicción: &#8220;Madame, je vous presente le candidat a garçon de laboratoire&#8221;. ¡¿He oído bien?! ¡¿Ha dicho le candidat?! ¡El candidato! ¡De modo que después de todo, no soy más que un candidato! ¿0 no es más que otra cortesía verbal típicamente francesa, una, digamos, licencia poética? Me hundo en una depresión que me dura hasta el día que me llaman para informarme que, finalmente, el candidato catalán ha sido aceptado. Han sido siete días de pesadilla, pero al octavo ya estoy trabajando en el Pasteur con Jacques Monod y François Jacob; me levanto temprano y trabajo duro, pero antes de las cinco de la tarde ya estoy libre y de vuelta al barrio latino. Me pagan 640 nuevos francos con 17 céntimos al mes, y tengo tiempo libre para leer y escribir el primer esbozo de lo que será Últimas tardes con Teresa. Es septiembre y ya no siento calor. Creo que ha terminado el peor verano de mi vida.</p>
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		<title>Murió Paco Ignacio Taibo I, descanse en paz.</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Nov 2008 21:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Autores mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo I]]></category>

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		<description><![CDATA[Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 &#8211; México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía. &#8220;El jefe&#8221;, como se le llamaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 &#8211; México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 230px; height: 249px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/PITI1-1.jpg?t=1226871916" alt="PITI1-1.jpg picture by antoniosarabia" />&#8220;El jefe&#8221;, como se le llamaba afectuosamente, llegó a México a fines de los años cincuenta en compañía de su esposa Maricarmen y de su hijo mayor, el pequeño Paco Ignacio, entonces de nueve años de edad. Los otros dos hijos del matrimonio, Benito y Carlos, nacerían posteriormente en México.<br />
Fundador de la sección cultural de <em>El Universal</em>, el diario más antiguo de México, ejerció con extraordinaria soltura, talento, humor, inteligencia y lucidez tanto el periodismo como la narrativa o el ensayo. Entre sus amigos se contaron muchos de los grandes nombres de la literatura como León Felipe, Pedro Garfias, Ángel González y Gabriel García Márquez, y del espectáculo como Luis Buñuel, María Félix, Agustín Lara o Joan Manuel Serrat. En el 2006 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil, en España y, en 2008, el Premio nacional de periodismo, en México. Una calle de Gijón lleva su nombre.<br />
De sus columnas en la parte inferior izquierda de su página en <em>El Universal</em>, a la que con su fino humor había titulado <em>Esquina Baja</em>, en alusión al &#8220;¡esquina, bajan!&#8221; que usaban los usuarios y conductores de autobús en la ciudad de México para pedir o anunciar una parada, hemos rescatado estas cuatro viñetas como homenaje a un hombre que fue modelo de generosidad y honradez profesional e intelectual para cuantos le conocimos. Descanse en paz.</p>
<p><span id="more-281"></span></p>
<p><em>TODOS SOMOS JOTOS</em> (Diciembre 20 del 2006)<br />
Como bien saben todos ustedes, en los últimos días se ha librado una dura batalla en la Cámara de Diputados para sacar adelante el Presupuesto de Egresos de este gobierno que apenas empieza. Ante la amenaza de un posible recorte que afectaría sustancialmente a la cultura, hubo grandes movilizaciones y cientos de personas vinculadas con el arte y la cultura nos manifestamos acremente ante la posibilidad de que hubiera cada vez menos dinero para este sector.<br />
Finalmente sucedió lo que todos nos temíamos. La tijera cumplió con su cometido y nos enfrentaremos a un presupuesto que si bien no fue cortado a rape, sí sufrió lo suficiente para que el sector tenga una fisonomía completamente diferente.<br />
Pero aquí viene la parte más inquietante del asunto.<br />
Parece ser que un diputado por Tamaulipas, apellidado Bernal, dijo lo suficientemente alto como para ser oído, mientras se discutían los presupuestos, esta joya lexicográfica: &#8220;¿Para que darle dinero a esa bola de jotos?&#8221;.<br />
Y yo, desde esta Esquina Baja, quisiera decirle al señor Bernal que el dinero que queremos la bola de jotos es para que nuestras zonas arqueológicas sigan abiertas y cuidadas, para que los programas de fomento a la lectura no se detengan, para que la música y la danza puedan ser escuchadas, vistas y disfrutadas por un número mayor de gente cada día, para que la poesía, la novela, el teatro florezcan, para que nuestros museos presenten mejores exposiciones. En resumen, para que la cultura siga siendo sinónimo de identidad, de soberanía, de raíces inquebrantables.<br />
También quiero recordarle al señor Bernal que la bola de jotos a la que se refiere, produce por varios conceptos ligados a la cultura, 6.7 por ciento del Producto Interno Bruto; cifra que está sólo por debajo de lo que logran el petróleo y las reservas que los emigrantes ingresan al país. Por lo tanto, somos una fuerza productiva ejemplar, y no sólo eso; sin duda, también combativa. Somos el único sector de la sociedad que hasta ahora ha salido a la calle a pelear contra los recortes y lo seguiremos haciendo cada vez que sea necesario.<br />
En cuanto a su lamentable exabrupto, que a mí, personalmente, me lleva a risa, si no revistiera la gravedad que conlleva en su intención, habría que decir que en estos tiempos de equidad de géneros, tan aparentemente lejanos a otros donde se quemaban libros en las plazas y se descalificaba, por miedo e ignorancia, al que pensara, actuara o quisiera a otro de manera diferente, sólo puedo decir que todos somos jotos; yo, mis hijos, cientos de mis amigos y amigas y miles de muchachos que salieron a la calle para hacer de éste, un país mejor, más justo, más noble, con una mayor capacidad para que todos puedan acceder libremente la cultura.<br />
Alguien me propuso que le regaláramos al señor Bernal un libro para sensibilizarlo. No vale la pena, me enteré por fuentes confiables que ya tiene uno.</p>
<p> </p>
<p><em>LOS LIBROS BUSCAN A LOS NIÑOS</em> (enero 5 del 2004)<br />
En el camellón de Álvaro Obregón en la colonia Roma, la mayor oferta de libros especializados es aquella que busca en sus posibles clientes a los niños.<br />
Y son los niños los que observan con más atención y más tiempo los cuentos que se ofrecen día a día.<br />
Hemos venido aprendiendo, desde que nos acercamos por primera vez a un libro de cuentos, que en estas historias que parecen ingenuas y que en ocasiones no lo son tanto, se centra la clave para comenzar a entender el mundo.<br />
Los tres cerditos, si bien se leen, son un mensaje acucioso que va entrañando en nosotros una idea de la justicia y de los infractores.<br />
También son libros ejemplares aun aquellos que parecen ingenuos y que no intentan mostrarnos los verdaderos peligros que acechan al hombre.<br />
Una lectura atenta y cuidadosa de las viejas historias está lejos de ser aquella interpretación piadosa a la que se le confiaban los consejos más oportunos para el adulto.<br />
Los libros de cuentos han sido celosamente custodiados por los periódicos de diaria lectura, y no hay nada más que nos pueda enseñar de la vida actual que el comportamiento de las grandes potencias, de las grandes fábricas de armas, de los robos y de los desfalcos.<br />
Tarde o temprano, el niño lector tendrá que asociar las noticias de la vida diaria con los viejos cuentos que la realidad pone al día.<br />
El lobo vestido de ancianita acecha desde el fondo de la anécdota para enfrentarnos a las historias más crueles de la vida.<br />
No importa que los libros de los niños estén dibujados por artistas dados a los bellos colores y a los personajes chistosos.<br />
No importa que todo se disfrace de sonrisas, tarde o temprano el lector que va madurando se sorprende ante el mensaje oculto y va abandonando su niñez.<br />
La guerra de Irak se irá convirtiendo en una lección sangrante y dolorosa.<br />
Los cuentos infantiles, aunque sean leídos por ancianas dulces y cansadas, serán una lección que adquiere su verdadera importancia, cuando el hombre madura y se hace sensible a la realidad.<br />
Los tres cerditos a estas alturas son gigantes que amenazan con comernos a todos</p>
<p> </p>
<p><em>NACIMIENTO IMPOSIBLE</em> (noviembre 8 del 2005)<br />
Cientos de veces, amigos y enemigos, me pidieron que les contara cómo había conocido a Agustín Lara. Yo mismo de narrar cada acontecimiento lo fui olvidando a fuerza de inventarlo.<br />
Un día mi amigo Eulalio Ferrer me pidió que escribiera una serie de encuentros con el llamado Flaco de Oro que a su vez sirvieran para un programa de televisión.<br />
Acudí a una cita con Agustín, en su casa, y él apareció bajando una interminable escalera forrada de tela roja. Yo comencé a adelantar mi mano para saludarle; pero Agustín inició otro nuevo desplazamiento desviándose de mi camino y avanzando hacia un monumental mueble bar.<br />
El tal mueble era como una biblioteca colmada de botellas de todo tipo; las últimas tocaban el techo.<br />
Llegó al bar, tomó dos copas y las llenó de coñac; colocó las copas entre los dedos centrales de la mano derecha, sosteniendo la palma de la mano en dirección al suelo.<br />
Así avanzó hacia mí y me ofreció en silencio las dos copas; yo tomé una, brindé, también, en silencio y a las 12 de la mañana expuse mi estómago a un brandy que estaba entre el fuego y la lija.<br />
Entonces Lara entrecerró los ojos y afirmó: &#8220;Me han dicho que usted es un caballero español.<br />
La connotación que yo siempre he dado a los caballeros españoles tiene mucho de cursi y de petulante. Jamás había pensado que tenía algo en común con el caballero español, extraño a todos mis intereses políticos y sociales. Ser nombrado caballero español al pie de una escalera alfombrada de rojo, tomando brandy a mediodía y de pie frente al inmenso bar de madera, resultaba por lo menos extraño.<br />
Sonreí y volví a tomar un trago. Luego creo que tuve que toser.<br />
El trato entre caballeros no duró mucho; a los pocos días nos hablábamos de tú y él bajaba las escaleras quejándose de un fuerte dolor en los riñones.<br />
Fue el mío un trabajo muy pintoresco. Agustín Lara afirmaba que todas sus canciones habían sido inspiradas por una mujer; esa mujer era su musa y la musa tenía casi siempre unas caderas grandes y una cintura estrecha.<br />
Pasado el tiempo llegué a conocer a casi todas sus musas y a bromear sobre ese personaje a quien debemos las más singulares canciones.<br />
Bien sé que entre mis inventos yo podría haber inventado un descenso por tan singulares escaleras, pero por una vez en mi vida quiero ser realista y auténtico.<br />
Lo único que yo podría añadir, hoy, es que Agustín Lara al bajar las escaleras de su casa tenía la majestuosidad de Jean Cocteau.<br />
Así conocí a Agustín Lara, más o menos, no lo he olvidado. Sigo queriendo su recuerdo.</p>
<p> </p>
<p>Finalmente, el mismo día de su muerte sólo que tres años antes, en el 2005, y con motivo del Día de los Muertos que en México se celebra el 2 de noviembre, Paco Ignacio Taibo I escribió una bellísima nota sobre una de las festividades más sorprendentes y representativas de la cultura mexicana.</p>
<p><em>COMERSE A LA MUERTE</em> (noviembre 13 del 2005)<br />
Nadie estableció jamás las fórmulas para honrar a los que se fueron; nadie dijo qué flores han de cosecharse, qué cantos han de elegirse y qué oraciones debemos pronunciar.<br />
Todo ha llegado a la aldea a través de una tradición constante, pero transparente, y ni siquiera los propios curas, que siguen fielmente todo el laborioso trabajo, saben por qué en ciertos lugares la calaca ríe y en otros la calaca llora.<br />
Estas son las grandes tradiciones que llaman a cientos de cumplimientos reiterativos y que la niña que hoy corre entre las tumbas del camposanto repetirá cuando los dolores reumáticos le impidan correr.<br />
El hecho que nadie recuerde la vez primera que recortó el rostro de una calaca en un papel de china no impedirá que los nietos hereden esa misma calaca, ese mismo papel de china y esas mismas tijeras.<br />
En los pueblos más apartados la comunidad entera es fiel al llamado del más allá.<br />
A pesar de que a través de la televisión se insiste en mostrarnos otro tipo de reverencias extranjeras, otras danzas distintas, otra música nueva, la tradición se impone y seremos fieles a una herencia que no queremos olvidar.<br />
Si algún día descubrimos que se ha dejado de hablar de ofrendas y de cantos nos asombraríamos ante el hecho de que la tradición se manifiesta surgiendo de sí misma como quien nace de su propia sombra, de referencias que ignoramos de dónde partieron y por qué han llegado a nosotros.<br />
No hay en el mundo un cementerio que se parezca a un cementerio mexicano en estos días de celebración.<br />
La novia, tomando la calavera de azúcar, le pide al marchante que ponga en la frente el nombre del amado.<br />
Comerse a la muerte es una forma, durante estos días, de decirle al mundo que aún estamos vivos.</p>
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		<title>Rosa Montero</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jun 2008 23:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace mucho tiempo que deseaba publicar una entrada sobre Rosa Montero (Madrid, 1951) no sólo porque es alguien muy cercano, íntimo y querido, a quien profeso un afecto entrañable de amigo, sino porque la admiro profundamente como escritora y como persona. Es una mujer honesta y sincera a carta cabal, como hay pocas, que tiene [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace mucho tiempo que deseaba publicar una entrada sobre Rosa Montero (Madrid, 1951) no sólo porque es alguien muy cercano, íntimo y querido, a quien profeso un afecto entrañable de amigo, sino porque la admiro profundamente como escritora y como persona. Es una mujer honesta y sincera a carta cabal, como hay pocas, que tiene las ideas muy claras y sabe sostenerlas en todos los terrenos.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGgfkFDL3FI/AAAAAAAAAb8/hp-0ulM-QoU/s1600-h/RM+y+AS.jpg" rel="lightbox[39]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5217454873000008786" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGgfkFDL3FI/AAAAAAAAAb8/hp-0ulM-QoU/s320/RM+y+AS.jpg" border="0" alt="" /></a> Su sensibilidad literaria y humana la hacen poner siempre la pluma al lado de las causas más nobles y altruistas. Le tengo tal familiaridad y confianza que es una de las pocas personas de las que abuso enviándole mis manuscritos antes de publicar, porque sé que de ella obtendré una opinión leal y desinteresada de quien conoce el oficio y no vacilará en indicarme, con infinito tacto y perspicacia, lo que considere errores y aciertos. Cenamos hace un par de semanas con motivo de la feria del libro en Madrid, donde ella presentaba su más reciente novela, <span style="font-style:italic;">Instrucciones para Salvar el Mundo</span> (Alfaguara 2008) y le pedí esta colaboración para <span style="font-style:italic;">Los Convidados</span>. Se trata de un texto suyo que me conmovió particularmente cuando lo leí porque narra una anécdota muy personal sobre la que yo le había oído hablar muchas veces y que nunca pensé que pudiera poner por escrito. Lo hizo, y de manera magistral como es su costumbre. Lo tomo, con el expreso consentimiento de la autora, de su libro <span style="font-style:italic;">Lo Mejor de Rosa Montero</span>, (Espejo de Tinta, España 2005). Aquí está, para ustedes.</p>
<p> <span id="more-39"></span></p>
<p>SUERTE, PAPÁ</p>
<p>Supongo que mi hermano también debía de estar presente en aquellas extrañas tardes en casa de la abuela, pero por más que intento acordarme de él no lo consigo. En mi memoria sólo estamos nosotras, las mujeres, un gineceo que resulta de lo más adecuado para realzar la figura de nuestro hombre. Mi abuela paterna, anciana y enlutada; mi tía Mercedes, viuda; mi tía Conchita, soltera en una época en la que todavía existían las solteronas; mi madre, tan guapa y tan esbelta y mucho más joven de lo que yo soy ahora; y yo, con cuatro o cinco años. Y en el centro de este coro femenino, el protagonismo fulgurante de mi padre.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGyoQLr5r4I/AAAAAAAAAcs/UPYqmv9XD8c/s1600-h/Toros.jpg" rel="lightbox[39]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5218731064183861122" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGyoQLr5r4I/AAAAAAAAAcs/UPYqmv9XD8c/s320/Toros.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Mi padre era torero profesional. Cuando toreaba en Madrid, siempre iba a vestirse a casa de su madre. Subíamos andando por Reina Victoria con el hato del traje de luces bajo el brazo y, una vez en el piso de la abuela, mi padre se metía en el cuarto de baño ataviado de simple mortal y salía transmutado en un personaje fabuloso, todo brillos y sedas y diamantes. Un príncipe de cuento que además se dedicaba a algo muy raro y muy peligroso, algo que yo no sabía bien lo que era pero que, según me habían contado, exigía un indecible valor y era extremo y hermoso. Luego, con el tiempo, milenios después de todo aquello, crecí y comprendí que a mí no me gustaban las corridas de toros, que me parecían demasiado brutales; pero por entonces, en el ambiente taurino y desde dentro, yo sólo percibía una especie de romanticismo legendario, la proeza del reto, el coraje de afrontar el beso de la muerte cada tarde. La costumbre, que es una clase de ceguera, hacía que nadie fuera consciente del nivel de violencia. De hecho, mi padre siempre fue un apasionado amante de los animales. Así de complejos somos los humanos.<br />
El mundo de los toros es muy ritualizado y todas aquellas tardes eran exactamente iguales unas a otras: la hora de llegada a casa de la abuela, la tensión que se palpaba en el ambiente, el encierro en el cuarto de baño, la asombrosa mudanza a un padre relumbrante, las últimas palabras que yo debía decirle antes de que saliera por la puerta, “suerte, papá”, exactamente eso y sólo eso, una fórmula fija a modo de conjuro o de encantamiento, porque la costumbre supersticiosa manda despedir así a los toreros que se van a la plaza, <span style="font-style:italic;">suerte, maestro</span>, esas deben ser las últimas palabras que les diriges, de manera que <span style="font-style:italic;">suerte, papá</span> <a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGyo1VykwsI/AAAAAAAAAc0/jcXNsLd2a0U/s1600-h/Buena+1.jpg" rel="lightbox[39]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5218731702551364290" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGyo1VykwsI/AAAAAAAAAc0/jcXNsLd2a0U/s400/Buena+1.jpg" border="0" alt="" /></a>fueron las primeras palabras que me enseñaron a balbucear cuando era niña. Y, al decirlas, yo sentía que le estaba protegiendo con mi hechizo verbal de los graves peligros que le acechaban.<br />
Entonces, cuando mi padre se iba envuelto en el chisporroteo de su traje mágico, el gineceo regresaba por el oscuro pasillo hasta la sala. Y ahí empezaba nuestra parte en la gesta, nuestro humilde papel de mujeres en la retaguardia: nos sentábamos en círculo y rezábamos un rosario tras otro rogando la intercesión de los poderes divinos para la protección de nuestro hombre. Ahora que lo pienso, también el rosario era un sortilegio oral, un modo de ampararlo con palabras. Las mujeres hablando, los hombres ejecutando silenciosos actos de muerte y de sangre.<br />
Cuando vuelvo la vista tan atrás siento la misma extrañeza ante aquel mundo que si estuviera contemplando un paisaje lunar. España ha cambiado de manera tan abrupta y vertiginosa en las últimas décadas que la vida de mi infancia me resulta estrambóticamente arcaica, una antigualla polvorienta en la que es difícil reconocerse. Recuerdo, por ejemplo, que en la habitación siempre había una capillita itinerante. Estas capillas, que eran unas cajas de un metro de altura en madera barata, labradas en estilo seudo gótico y con puertecitas practicables, albergaban la imagen en escayola coloreada de una Virgen, o del Corazón de Jesús, o de algún santo. Las más modernas tenían bombillas por dentro, pero lo importante era encender a los pies de la figura tres o cuatro lamparillas votivas, humildes y medievales lamparillas de aceite, con el pabilo flotando sobre la grasa. Las capillas eran llevadas de casa en casa por un propio, que cobraba una módica suma por dejar la imagen prestada durante algunos días. Naturalmente, cada vez que mi padre toreaba en Madrid, la abuela contrataba su hornacina y su santo.<br />
Nos pasábamos la tarde en la penumbra, porque por entonces, en el Madrid sin aire acondicionado, se huía del sol en los veranos. Con la persiana medio bajada, rezábamos al unísono mientras las llamas temblorosas de las lamparillas hacían bailar las sombras. Apenas quince años después yo me convertiría en una <span style="font-style:italic;">hippy</span>, llevaría espeluznantes minifaldas y camisas transparentes de flores, asistiría a conciertos de rock, fumaría porros y compraría la píldora clandestinamente en las farmacias <span style="font-style:italic;">progres</span> durante los últimos estertores del franquismo, pero por entonces todavía habitábamos en un mundo inmóvil y vetusto de mujeres enlutadas, santos de escayola y rítmicos susurros en latín. <span style="font-style:italic;">Mater Amantísima, Ora pro Nobis</span>. Y así iba pasando la tarde, hora tras hora. Las densas y lentas tardes de la infancia.<br />
Hasta que al fin, ya con el sol muy bajo, las cosas empezaban a salir de su letargo. La abuela verificaba la hora y guardaba el rosario: “Ya debe de haberse terminado”. Era el momento de recurrir a la tecnología puntera, que consistía a la sazón en una pequeña radio de baquelita de color vainilla y fresa, igual que un helado.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGghlKrbexI/AAAAAAAAAcU/mMLG4RnM4ZY/s1600-h/rosamontero+4.jpg" rel="lightbox[39]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5217457090714106642" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SGghlKrbexI/AAAAAAAAAcU/mMLG4RnM4ZY/s320/rosamontero+4.jpg" border="0" alt="" /></a> Mis tías encendían respetuosamente el aparato, cuyo dial se iluminaba con un fulgor mortecino y amarillento, semejante a la luz de las lamparillas. El cuarto se llenaba con los chisporroteos estáticos, esos ruidos radiales antes tan comunes y hoy olvidados, mientras las tías buscaban la emisora adecuada. Al cabo recalaban en algún programa de toros, en el que un comentador daba el parte de la corrida. Un informe que se escuchaba casi sin respirar, con una atención intensa, sobrecogida. Incluso yo permanecía petrificada, prendida de la voz del hombre, aunque no pudiera desentrañar su argot taurino ni comprender lo que decía. Hasta que el <span style="font-style:italic;">parte</span> se acababa y todo el gineceo rompía a hablar al mismo tiempo: menos mal, estábamos de suerte, no había sucedido nada malo.<br />
Entonces se decían unas cuantas oraciones, algo muy cortito, sólo en acción de gracias por el apoyo que la divinidad había prestado a nuestro hombre, y mi madre suspiraba aliviada, sin duda por el buen resultado de la corrida, pero también, me parece, porque lo de pasarse la tarde rezando siempre le resultó un fastidio. Y ahí daba comienzo lo mejor de todo. Como el sol ya había caído y la tarde veraniega empezaba a refrescar, se levantaban las persianas y una luz alegre inundaba el cuarto; y a mí se me permitía sentarme en el alféizar de la ventana, con las piernas metidas a través de los barrotes y colgando por fuera, a esperar la llegada de mi padre. Era un primer piso, de manera que mi posición de vigía era inmejorable. Conservo una foto de aquella época, tomada en una finca de toros bravos. Mi padre está vestido de corto, distraído y mirando para otro lado; yo, en cambio, miro a cámara derretida de orgullo y embeleso filial. Con parecido orgullo debía de aguardar su llegada; y con ese mismo y acaparador embeleso debí de borrar de mi memoria la figura inevitable de mi hermano.<br />
Al cabo, tras la deliciosa angustia de la espera, se detenía a mis pies el enorme coche negro de los toreros. Mi padre descendía sujetando el capote bajo el brazo, miraba hacia arriba y nos sonreía. A estas alturas ya estábamos todas apretujadas dentro del marco de la ventana, con la emoción yo ni me daba cuenta, pero ahí estaban ellas pegadas a mi espalda, mi madre, mi abuela, que moriría cinco años después al caerse por las escaleras, y mis tías Mercedes y Conchita, que envejecerían hasta convertirse en dos ancianas y luego también fallecerían. Todas saludaban calurosamente a mi padre, que venía del peligro y del dolor, que llegaba (esto era lo que más me sobrecogía, lo que más me chocaba) con la pechera manchada de sangre seca, sangre tiesa y marrón del pobre toro. El gineceo en pleno, en fin, recibía al héroe con feliz alboroto, pero yo sabía que él sólo me sonreía a mí, porque yo le había salvado con mis palabras mágicas de la mala suerte y de la mala muerte. Esa mala muerte que terminó atrapándole cuarenta años después (enfisema, botella de oxígeno, silla de ruedas), cuando mis palabras se hicieron tan adultas que perdieron sus poderes protectores. Aquella casa de mi abuela estuvo deshabitada durante algún tiempo y al cabo la compró un desconocido. A menudo paso con el coche por delante, pero las ventanas siempre están cerradas.</p>
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		<title>Primeras Noticias de Noela Duarte</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2008 18:41:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
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		<description><![CDATA[Siempre he dicho que lo más valioso que me ha dado el oficio de escritor son los amigos. Entre mis colegas he encontrado algunos de los especímenes más nobles, perspicaces, generosos y sensibles que produce la tosca, ingrata, díscola y poco solidaria especie humana. Pero la muestra definitiva de qué tan inquebrantable y duradera puede [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre he dicho que lo más valioso que me ha dado el oficio de escritor son los amigos. Entre mis colegas he encontrado algunos de los especímenes más nobles, perspicaces, generosos y sensibles que produce la tosca, ingrata, díscola y poco solidaria especie humana. Pero la muestra definitiva de qué tan inquebrantable y duradera puede llegar a ser la amistad entre nosotros es cuando se la pone a prueba en un esfuerzo común<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEk1U9YhMkI/AAAAAAAAAY0/c2BuWly1rTI/s1600-h/Autostop+a+Bruselas.jpg" rel="lightbox[36]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208753078221746754" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEk1U9YhMkI/AAAAAAAAAY0/c2BuWly1rTI/s320/Autostop+a+Bruselas.jpg" border="0" alt="" /></a> en el que intervienen no solo nuestro saber literario sino nuestra susceptibilidad, nuestra perseverancia y, sobre todo, ese ego enorme y traidor que poseemos los artistas y que tiende a asomar las orejas cuando menos se espera para echar a perder el trabajo más refinado. En esas circunstancias, escribir una obra a seis manos es al mismo tiempo un asunto delicado e intenso.</p>
<p><span id="more-36"></span><br />
Eso es lo que me ha sucedido con mis colegas y excelentes amigos José Manuel Fajardo (Granada, 1957) y José Ovejero (Madrid, 1958).<br />
Los tres vislumbramos al mismo tiempo a Noela Duarte en México, en un restaurante de Tlaquepaque un pequeño pueblo cercano a Guadalajara, donde participábamos en la feria del libro, y nos la volvimos a encontrar un año después, ya no tan por azar, en el desaparecido Goldenberg de la avenida Wagram en París. Le habíamos dado cita ahí pero, la verdad, ninguno estaba muy convencido de que vendría. Ya desde entonces intuíamos que de ella se podía esperar cualquier cosa.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEk1h7Fq3yI/AAAAAAAAAY8/uBFNosUPxPU/s1600-h/Trio+Noela+2.jpg" rel="lightbox[36]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208753300944117538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEk1h7Fq3yI/AAAAAAAAAY8/uBFNosUPxPU/s320/Trio+Noela+2.jpg" border="0" alt="" /></a> Sin embargo, asistió puntual a nuestra invitación, y convivió toda la velada con nosotros. Noela nos hechizaba a los tres por su belleza, su enérgica personalidad, su carisma y su fina sensibilidad. Hija de cubano y española, nacida en el norte de África, criada entre los músicos de la banda en que tocaba la guitarra su padre. Fotógrafa profesional, viajera incansable, cada uno de nosotros tenía algo propio que decir sobre ella. La tentación de ponerlo en un libro común era demasiado fuerte, y no pudimos resistirla.<br />
Nuestra aventura duró tres largos años. Tiempo en el que nos fuimos poco a poco mostrando lo que cada uno escribía por su lado, discutiéndolo, obligándonos a encajarlo con lo que hacían los demás, en interminables, quisquillosos, obstinados, furibundos, pero siempre ocurrentes y a ratos jocosos correos. Esa vivencia fue una de las experiencias más divertidas y enriquecedoras de mi vida de escritor. No la cambiaría por nada del mundo.<br />
Al fin el esfuerzo se concretó en el libro que ahora edita Belacqva/La Otra Orilla, <span style="font-style:italic;">Primeras Noticias de Noela Duarte</span>.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEkyD1rnEPI/AAAAAAAAAYk/hJKLvhxy2p0/s1600-h/Portada+Noela.jpg" rel="lightbox[36]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208749485561680114" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEkyD1rnEPI/AAAAAAAAAYk/hJKLvhxy2p0/s320/Portada+Noela.jpg" border="0" alt="" /></a> Sale a la venta estos días en España y lo presentaremos oficialmente el jueves 12 de junio a las veinte horas en el Pabellón del Círculo de Lectores dentro del marco de la feria del Libro de Madrid. Ahí estaremos Fajardo, Ovejero y yo para conversar con la asistencia y contarle el qué, cómo, cuándo y porqué del libro.<br />
¿Y Noela? Noela ni se inmuta. Creo que está de acuerdo con todo. Nos conoce demasiado bien como para sorprenderse de nada. Puede que hasta asome a tomar una foto.<br />
Aquí tienen algunos fragmentos del libro para que la vayan conociendo mejor.</p>
<p>DE <span style="font-style:italic;">A LA GUITARRA OSWALDO DUARTE</span></p>
<p>&#8220;No, mi padre no pegó nunca a mi madre. Cuando quería hacerla llorar, cogía la guitarra y le cantaba un bolero. Entonces ella se amansaba, se sentaba en cualquier sitio con los ojos húmedos y musitaba: qué hijo de puta eres, Oswaldo. Pero seguía escuchando, incapaz de marcharse por mucha rabia que le diese, hasta que mi padre terminaba de cantar&#8221;. Confieso que me fascinan las historias de familia; por eso intento siempre que Noela me cuente cosas de cuando era niña, de cuando sus padres aún vivían juntos en Tánger, de cuando Noela, después de que su madre se fuese con otro hombre, acompañaba a su padre en las giras con la orquesta El Ritmo de Oriente por buena parte de los hoteles y garitos de Europa. Ella dice que esas cosas me interesan sólo porque soy un cotilla, y para qué se lo voy a discutir. Pero para mí las familias tienen una lógica increíble, hasta en los detalles más escabrosos: cuando leo en el periódico que un hijo ha matado a sus padres a hachazos sé que ese final lo habían trazado entre todos, cada uno contribuyendo diariamente a un desenlace que, de alguna manera, todos deseaban.</p>
<p>DE <span style="font-style:italic;">EL OJO QUE TE VE</span></p>
<p>Hoy ha salido del hotel más temprano que de costumbre. Eran las siete de la mañana y su cabeza ocupó el círculo de la mira telescópica con su melena corta. Llevaba gafas de sol, pero la reconocí. A estas alturas la reconocería aunque se disfrazara. Cuando se pasan tantas horas observando, cuando el mundo se reduce al círculo de una mira telescópica, uno acaba sabiendo muchas cosas de los demás. Yo sé que ella es nerviosa, que se rasca tras la oreja cuando no sabe qué hacer, que escupe al suelo los chicles que masca. También sé que sus piernas son largas y sus pechos pequeños y firmes. Porque no lleva sujetador.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEkyf-RW7lI/AAAAAAAAAYs/kEV78CuaV5w/s1600-h/Triptic+NOELA+-2.jpg" rel="lightbox[36]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208749968903827026" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SEkyf-RW7lI/AAAAAAAAAYs/kEV78CuaV5w/s400/Triptic+NOELA+-2.jpg" border="0" alt="" /></a> Eso también lo sé. He estudiado cada pliegue de su ropa. Conecto el walkman y escucho la guitarra salvaje de Jabberwocky. Esa canción me mata, pero también me ayuda a matar el tiempo mientras espero que ella regrese. La terraza parece un charco de agua. Es por el calor, que lo llena todo de espejismos. Ayer hubo mucho movimiento y la calle se cubrió de polvo y humo. Era como moverse dentro de una chimenea. Oías el silbido de las balas y las explosiones de los proyectiles, pero no veías más que resplandores entre la bruma. Hoy todo está limpio y calmo, y la música suena nítida en mis oídos. Es increíble cómo la tierra se desentiende de nosotros. Cuando la destrucción se detiene, el mundo se dedica de nuevo a lo suyo. No somos más que un paréntesis sangriento. Los pájaros vuelven a revolotear tontamente y los árboles se mecen bajo el viento. Pero los insectos continúan con sus tareas en medio de la matanza. Ayer estaba tirado en el suelo, al abrigo de un muro, y vi cómo una larga hilera de hormigas se adentraba en terreno abierto, indiferente a las carreras, a los gritos y a la lluvia de metralla. Para ellas debemos ser poco más que una tormenta. Y ni eso, porque la tormenta puede traer un diluvio que las ahogue. Nosotros sólo abrimos socavones en la tierra y, de vez en cuando, arrojamos al suelo algún despojo que se convierte de inmediato en alimento para ellas o en un nuevo obstáculo que deben salvar en su camino. Nuestra crueldad no tiene público en el universo, es una aberración privada. No somos muy diferentes de esos leones que se ven en los reportajes sobre África. Se puede aprender mucho de ellos. Yo lo hago. Permanezco al acecho, como el león en la sabana. Soy una mancha más en el paisaje. Puedo permanecer horas inmóvil. Una piedra que ve. Como uno de esos hombres estatua que salen en las películas. También yo me maquillo el rostro. Lo tizno de negro, para que no destaque en las sombras. Busco un lugar desde el que pueda controlar una buena extensión de terreno y espero. Siempre estoy esperando. Hay que saber esperar, concentrarse en una sola cosa, vaciar el cerebro de toda curiosidad, de todo interés, y limitarse a mirar. Es duro llegar a ser una piedra. El tiempo de las emociones es antes y después de la espera, pero durante ella tengo el corazón muerto. Esa es mi ventaja. No se trata tan sólo de tener reflejos y buena puntería. Lo que te hace un buen cazador es aprender a desprenderte de ti mismo para poder leer en los gestos más pequeños de la pieza a batir. El peor enemigo es la duda. La curiosidad y la duda.</p>
<p>DE <span style="font-style:italic;">A TRAVÉS DEL ESPEJO</span></p>
<p>Aquella noche yo tuve que permanecer encerrado en el apartamento de la avenue Foche y fue él quien ocupó mi lugar. El único sitio en el que yo no puedo sustituirlo es sobre un escenario. Ese es el altar donde sólo él, transformado en gran sacerdote, oficia ante sus fieles. En escena, como luego me enteré que sucedió aquella noche, Carlos Esquívez era algo más que el simple mortal Carlos Esquívez. Aquel hombre, con un micrófono enfrente y una guitarra en las manos se convertía en otro. Un mago que pulsaba las cuerdas como las alas de una chistera por cuyo oscuro boquete brotaban interminablemente conejos y palomas, globos de colores, cometas fulgurantes, e insospechadas legiones de demonios y ángeles. Desde luego, tú lo pudiste constatar porque estabas presente. No se conformó con subir al escenario y poner el piloto automático como me dijo que haría. El melódico y estruendoso compás de sus propias creaciones, cien veces magnificado por los altavoces, le hizo retroceder en el tiempo devolviéndole su apariencia original y tú te diste gusto fotografiándolo transfigurado bajo las candilejas. Si no fue capaz de tocar más que los viejos y consabidos temas que lo habían hecho célebre, fue porque en verdad no tenía más repertorio. Pero si sólo pudo repetir las antiguas canciones que el público conocía hasta la saciedad, lo hizo de modo que sonaran nuevas a los oídos de todos y fueran devotamente coreadas por una muchedumbre electrizada y fanática. Si Eric Clapton era dios, proclamaron los periódicos de la mañana siguiente, Carlos Esquívez era su profeta y sucesor. Sé que esa noche se vieron después del concierto. Sé que estuvieron juntos casi hasta el amanecer en una casita de las afueras, propiedad del organizador del evento. Sé que él te habló de la vacuidad de su vida y tú compartiste el dolor que te embargaba por el reciente fallecimiento de un amigo en Afganistán. Sé que se retiraron solos al amplio jardín y que él llevó consigo su guitarra acústica. Sé que te estuvo cantando al oído boleros hasta que se te soltaron las lágrimas porque te recordaban a tu niñez y a tu padre. Sé que hicieron el amor sobre la pelusa como náufragos que acabaran de sobrevivir a un cataclismo universal. Sé que te le entregaste con desesperación, con furia ciega, que lo mordiste, que lo arañaste con impaciencia febril hasta que depositó estremeciéndose de placer, en la vellosa y tibia humedad aprisionada entre tus piernas, todo lo que todavía le quedaba de amor y de música. Sé que aquella noche me rompiste el corazón.</p>
<p>¿Qué les parece? ¿Les gustaron estos fragmentos? Pues adelante, a leer el libro. Y, no lo olviden, los autores los invitamos a que vengan a compartir su presentación con nosotros este jueves 12 de junio, a las ocho de la noche, <span style="font-style:italic;">Primeras Noticias de Noela Duarte</span> en el Pabellón del Círculo de Lectores, en la feria del libro de Madrid, estoy seguro de que pasarán un buen rato. Allá nos vemos. Por cierto, las fotos de los autores que aparecen en esta entrada son de Daniel Mordzinski.</p>
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		<title>Un amigo virtual</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2008 21:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Serrano Cueto]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>No es fácil hacerse de amigos en este mundo virtual en el que uno bucea a veces como en las aguas de un opaco océano para encontrar uno que otro individuo estimable en medio de la variedad de inmundicias que va dejando la resaca humana. Blogueros y otras especies que sólo persiguen influencia, celebridad o poder. Y fallidos don juanes que utilizan su blog como anzuelo para sorprender mujeres que serían incapaces de conquistar de otro modo.<br />
Pero cuando topamos con alguien real allá en el fondo, nos damos cuenta de que no es necesario verse cara a cara con una persona para intuir cómo es y congeniar espontáneamente con ella.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnZ84S35-I/AAAAAAAAAXk/gA3hNq4jTlM/s1600-h/Antonio+Serrano+C..jpg" rel="lightbox[34]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204430484330244066" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnZ84S35-I/AAAAAAAAAXk/gA3hNq4jTlM/s200/Antonio+Serrano+C..jpg" border="0" alt="" /></a> Eso me ha sucedido con Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1966). Sólo nos hemos encontrado en la red pero, a mí en lo particular, los bien escogidos textos que publica en su blog, <a href="http://antonioserranocueto.blogspot.com">El Baile de los Silenos</a>, y los contados correos electrónicos que he intercambiado con él me bastan para desear su simpatía y amistad.</p>
<p><span id="more-34"></span><br />
Sé que es Profesor Titular de Filología Latina de la Universidad de Cádiz y que ha dedicado los últimos veinte años a la investigación universitaria, sobre todo en el ámbito de la literatura latina de los siglos XV y XVI. Tiene varios libros publicados en ese campo, el último de los cuales es una traducción moderna al <span style="font-style:italic;">Libro de Proverbios</span> que el sacerdote y humanista italiano Polidoro Virgilio escribió en latín hace ya unos quinientos años. Actualmente, por encargo de la editorial Akal, prepara la traducción española de los <span style="font-style:italic;">Adagia</span> de Erasmo de Rotterdam.<br />
Sé también que en sus ratos de ocio cultiva la poesía y el relato y que, como verán ustedes al leer el texto que les presentaré en seguida, no lo hace nada mal aunque ninguna editorial se ha puesto a mirar todavía con suficiente detenimiento su obra de ficción. El relato forma parte de una novela corta que escribió hace tiempo y que aún permanece inédita. Ojalá alguno de los varios editores que leen este blog tomen nota y se pongan en contacto con él.<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnaTIS35_I/AAAAAAAAAXs/AnRMzsI3CRk/s1600-h/Jean_leon_gerome_combat_de_coqs.jpg" rel="lightbox[34]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"></a>EL REY DE LOS GALLOS</p>
<p>Facundo García soñaba con ganar la Copa Estival del concurso de pesca que cada año coronaba la fiesta de la patrona, pero un asunto de amores prohibidos lo obligó a embarcarse en un carguero rumbo a La Habana. Allí lo pescó en un casino una mulata, tremenda mulata, que lo sedujo primero con el dardo de sus ojos gatunos y después con sus labios rellenos de caramelo. Facundo sintió vértigo al verse mecido por las aguas enloquecidas de la mulata y, temiendo naufragar en medio de un mar bravío, optó por dejarse llevar como un leño a la deriva. El calor húmedo de la isla, el abrazo arrullador de los danzones y el aguardiente de caña hicieron el resto. Tres meses más tarde, la mulata lucía una diadema de pedrería, herencia de su abuela, en la cumbre de un velo blanco salpicado de diminutas margaritas. Facundo vestía traje blanco, camisa blanca, calcetines blancos y zapatos blancos. Sobre tanta blancura, corbata y pañuelo rojos y un bigotito negro que crecía en libertad.<br />
Del altar del matrimonio al canastillero de santería sólo mediaron unas semanas. La mulata llenó la casa con amuletos y fotografías de familiares difuntos, y organizó una sesión de desvarío y convulsiones, donde un negro espigado se dejó poseer por el orisha de un muerto cercano. La mulata hizo de intérprete de la jerga criolla que profería el médium, pero sólo alcanzó a ver a un gallo con blanco plumaje.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnY_oS359I/AAAAAAAAAXc/A-UaFjKtr0A/s1600-h/13fight.2.600.jpg" rel="lightbox[34]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204429432063256530" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnY_oS359I/AAAAAAAAAXc/A-UaFjKtr0A/s200/13fight.2.600.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
No se equivocó el orisha. Un compatriota andaluz de Facundo le propuso participar en la exportación a las Antillas de gallos de pelea criados en Jerez de la Frontera. Su trabajo era sencillo: hacer el seguimiento de los gallos viajeros, controlándolos desde que desembarcaban hasta que llegaban a manos del comprador. Debía pesarlos, medir su altura y complexión, por ver si en la travesía del Atlántico se había producido alguna merma, y controlar la alimentación y la monta de gallinas. Facundo no sólo ganó buenos pesos, sino que se granjeó la amistad de los propietarios de las grandes galleras. Su éxito fue tal, que lo titularon el Rey de los Gallos. Y el rey se enseñoreó de las salas de baile y de los prostíbulos más selectos de la isla.<br />
Pero la vida disipada del Rey de los Gallos fue efímera, pues su mujer y su jefe no dudaron en cortarle las alas fugándose juntos a Miami con buena parte de los ingresos de la empresa. El Rey de los Gallos perdió el título y volvió a ser Facundo García. Buscó las palmaditas en las galleras, pero ya no había razón para adularle; requirió a las prostitutas en los casinos, pero éstas pasaban a su lado como sombras intangibles. Cuentan en la isla que dejó La Habana y se fue en dirección al sureste, y que su rastro se perdió en la ciénaga de Zapata.<br />
Años más tarde un conocido que acababa de regresar de Cuba trajo noticias de Facundo. Vivía cerca de Trinidad, en un bohío en la playa, junto con una vieja negra pescadora de langostas. De España apenas le quedaban vagos recuerdos. Sin embargo, a la hora de la despedida, preguntó a su paisano, con la mirada perdida en las aguas azules, si aún se celebraban bailes en la playa después del concurso de pesca.</p>
<p><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5204430866582333426" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDnaTIS35_I/AAAAAAAAAXs/AnRMzsI3CRk/s400/Jean_leon_gerome_combat_de_coqs.jpg" border="0" alt="" /></p>
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		<title>Recuerdos del Salón del Libro</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2008 23:33:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog. El Salón transcurrió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-diLc4iI/AAAAAAAAAW8/j6cNDVqFfH8/s1600-h/Cartel+Literastur.jpg" rel="lightbox[33]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201866984213242402" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-diLc4iI/AAAAAAAAAW8/j6cNDVqFfH8/s200/Cartel+Literastur.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
El Salón transcurrió durante toda la semana en ese ambiente de convivialidad y buen humor que saben propiciar sus organizadores Carmen Yáñez y Luis Sepúlveda. Fue un enorme placer el reencontrarse con los viejos amigos al tiempo que se creaban nuevos lazos de fraternidad con otros, como con el mexicano Daniel Pupko, el salamantino Eloy Santos, el argentino Lucas Chiappe, el italiano Alberto Masala y, last but not least, el guatemalteco Eduardo Halfon y su bella esposa Lucía con quienes nos habría gustado departir más tiempo, pero de los que nos separamos sabiendo que habrá nuevas oportunidades de vernos en un futuro próximo.</p>
<p><span id="more-33"></span><br />
Durante la semana se vendieron doce mil libros y la sorpresa la dio el poemario La Vocación Suspendida, de Lauren Mendinueta, al ser declarado en la última rueda de prensa como el libro más vendido del evento.<br />
Entre los momentos a recordar nos quedan también la gran lectura de poesía que se realizó en el Jardín Botánico, y de ésta, muy especialmente, la participación de Francisco Álvarez Velazco,<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-zyLc4jI/AAAAAAAAAXE/hXJ5fv_o5NY/s1600-h/Francisco_Velasco.jpg" rel="lightbox[33]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201867366465331762" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SDC-zyLc4jI/AAAAAAAAAXE/hXJ5fv_o5NY/s320/Francisco_Velasco.jpg" border="0" alt="" /></a> algunos de cuyos poemas reproducimos más abajo.<br />
En la poesía actual, la imagen y la idea priman sobre la música del verso. No es así en los trabajos de Álvarez Velazco cuyo fino oído acompaña y subraya siempre lo que escribe. Sus versos tienen un sutil influencia juanramoniana y se caracterizan por concluir siempre con un delicado pincelazo.<br />
Durante su presentación, Francisco Álvarez Velazco leyó, entre otros, algunos poemas de su libro Noche, ganador del Premio Antonio Machado 2005. Por desgracia no pudimos encontrar ningún ejemplar en librerías para reproducirlos aquí. Los que leerán a continuación son igualmente hermosos y pertenecen a su último poemario, Las Aguas Silenciosas, publicado por Ediciones Trea en 2007.</p>
<p>2</p>
<p>COMO pozo vacío, tu silencio.<br />
Donde arrojas la piedra<br />
suena a cascajo y polvo.</p>
<p>A veces el silencio<br />
es un fresno sin pájaros ni tarde.</p>
<p>5<br />
COMPAÑERA del alba,<br />
dame<br />
la luz, los ojos, dame la invisible <br />
trompeta que convoca la raíz<br />
poderosa, <br />
la brisa de los álamos,<br />
el vuelo de campanas, <br />
el zumbar de la abeja.</p>
<p>Desvela la palabra ignorada, <br />
que en los nidos despierta<br />
 el latir de la vida.</p>
<p>Porque ésta es la hora,<br />
 y ya los ríos parten <br />
y abril se abre glorioso<br />
 con dientes de león en las praderas, <br />
dame la mano y sube<br />
 al caballo que aguarda ante la puerta.</p>
<p>11</p>
<p>CUERPO en naufragio que las aguas<br />
de la noche abandonan<br />
a la orilla del sueño.</p>
<p>Ya debes levantarte,<br />
que habrá que darle cuerda<br />
al viejo corazón de la mañana.</p>
<p>12<br />
ATARDECER JUNTO A LA MAR</p>
<p>Luminosa la tarde y la mar,<br />
limpia<br />
la brisa de las seis.<br />
A sorbos lentos,<br />
el vino y las palabras.<br />
Contemplábamos<br />
cómo, al caer, el sol iba lamiendo<br />
el vuelo de gaviota y la cinta<br />
blanca de las espumas<br />
y en las rocas<br />
las verdes cabelleras de los musgos.</p>
<p>Sucedió de repente.<br />
A corazón<br />
abierto alguien sacó<br />
contra la tarde su dolor oculto<br />
y lo puso en la mesa<br />
-servilleta arrugada entre los vasos-.<br />
Dimos tiempo a su angustia, espacio<br />
para la soledad sin mengua de su rostro,<br />
cauces le abrimos para el tedio oscuro<br />
que en su sangre corría.</p>
<p>Apuramos los vasos<br />
y la tarde<br />
se hizo amarga en la turbia frontera de la noche.</p>
<p>15</p>
<p>RELOJ DE ARENA</p>
<p>Siglo a siglo,<br />
los ríos fabricaron su arenas,<br />
y palpitan ahora relumbrantes<br />
y acompañan mis pulsos.<br />
El tiempo fluye en ellas.<br />
Busca y busca, incesante,<br />
El pozo de la muerte.</p>
<p>Ya marzo está pasando y apresura<br />
Sus nubes altas.<br />
(¿A qué tierras sus sombras llevarán,<br />
amor, que las verás cruzar<br />
sobre el mar de los trigos<br />
en lentas oleadas?)</p>
<p>por ti clamé en el corazón azul de la mañana,<br />
te busqué por el día,<br />
y en un rincón oscuro de la tarde<br />
con su puerta entreabierta<br />
me encontré con la noche.</p>
<p>¡Solamente la noche!<br />
Y, al fondo,<br />
la plena luna nueva y su rostro de nada.</p>
<p>La vida, amor, nos llama<br />
para beber su vino.<br />
Amargo sabe cuando tus labio no se acercan<br />
ni la lenta lengua que la piel espera,<br />
porque, a solas, el vino<br />
es triste y es amargo<br />
como los verdes jugos de la antigua hiedra…</p>
<p>Hasta la blanca escarcha de este silencio<br />
Llégate, amor, y escucha<br />
Cómo en la noche crujen las arenas del tiempo.</p>
<p>20</p>
<p>FINAL DE FIESTA</p>
<p>Es ya de madrugada.</p>
<p>Junto al espejo quedan<br />
los dientes, la peluca<br />
y la máscara viva<br />
de mirar a los otros.</p>
<p>Un rostro sobre el lecho<br />
mirando hacia la muerte.</p>
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		<title>Sara Herrera Peralta gana el Martín García Ramos</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Mar 2008 15:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Lauren Mendinueta]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía española]]></category>
		<category><![CDATA[Premios]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Herrera Peralta]]></category>

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		<description><![CDATA[Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España, 1980), una bella andaluza de veintiocho años de edad residente en París fue declarada a mediados de la semana pasada la ganadora del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008. Espero no pecar de indiscreto si les cuento que, al igual que el año pasado, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España, 1980), una bella andaluza de veintiocho años de edad residente en París fue declarada a mediados de la semana pasada la ganadora del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5aPM6cQRI/AAAAAAAAATA/LI20Xo_1o4c/s1600-h/5255.gif" rel="lightbox[27]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183179438360903954" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5aPM6cQRI/AAAAAAAAATA/LI20Xo_1o4c/s200/5255.gif" border="0" alt="" /></a><br />
Espero no pecar de indiscreto si les cuento que, al igual que el año pasado, el concurso estuvo extremadamente disputado debido a la renovada calidad de los competidores. Mi intimidad con Lauren Mendinueta, ganadora del certamen en el 2007, y la amistad con que ahora me honra Francisco Torrecillas, director del evento, me permitieron, sin tener ninguna vela en el entierro, lanzar una ojeada curiosa sobre los manuscritos participantes conforme se acumulaban sobre el escritorio de Lauren. Por una de esas coincidencias de la suerte, el poemario que más atrajo mi atención desde un principio, el marcado con el número treinta y cuatro, resultó al final el vencedor. Sin embargo, estoy seguro de que no fue una decisión fácil ni para la media docena de jurados ni para Jon Juaristi, quien tiene a su cargo la ingrata tarea de poner orden en el caos y pronunciar el veredicto definitivo. Otros jóvenes demostraron en sus trabajos un talento poético de ningún modo inferior al de la triunfadora pero el poemario de ésta, titulado <a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-_X386cQXI/AAAAAAAAATw/lUdmvMjrFrE/s1600-h/images.jpeg" rel="lightbox[27]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183599052370755954" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-_X386cQXI/AAAAAAAAATw/lUdmvMjrFrE/s400/images.jpeg" border="0" alt="" /></a><br />
<span style="font-style:italic;">De Ida y Vuelta</span> poseía además de su alta calidad literaria una unidad, una fuerza temática, que le hacía sobresalir por encima de los otros.<br />
<span style="font-style:italic;">De Ida y Vuelta</span> se compone de dos partes: <span style="font-style:italic;">El Trayecto</span> y <span style="font-style:italic;">El Viaje</span>. La primera la constituyen veintiocho poemas, cada uno titulado con el nombre de una estación de la línea seis del metro de París que parte de Nation hacia la Etoile. Sara Herrera Peralta transforma ese cotidiano periplo subterráneo en un hermoso y desconsolado monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un insólito, perplejo, oscuro, agobiante, pero siempre poético y a fin de cuentas esperanzador recorrido por las profundidades del alma.<br />
La segunda parte, <span style="font-style:italic;">El Viaje</span>, consiste en otros veinte poemas cada uno podríamos decir que “etiquetado” con la grafía, muchas veces arcana, con la que las compañías aéreas rotulan tanto en los billetes de avión como en las etiquetas del equipaje, el origen o el destino de sus vuelos. El último poema, de algún modo la meta del viaje, está marcado como LIS, el código que se le da a Lisboa. El que yo lo haya leído con el Tajo ancho y azul fluyendo inagotable un poco más allá de mi ventana, no deja de parecerme curioso.<br />
Desconozco los nombres reales de los demás finalistas, pero quiero mencionar algunos otros poemarios que me llamaron particularmente la atención. Si cualquiera de los autores de <span style="font-style:italic;">Los Pies del Horizonte</span>, <span style="font-style:italic;">No Sabes Nada del Viento</span>, <span style="font-style:italic;">El Libro a Contraluz</span> o <span style="font-style:italic;">Sin Título ni Contenido</span>, llegan a leer estas líneas y desean aparecer como Convidados en este blog junto con algunos de sus poemas, me sentiré muy honrado poniéndolo a su disposición. Por favor, escríbanme. Si alguno está, además, interesado en que le eche una mano para conseguir editor en España, también lo haré con muchísimo gusto. Por otra parte, si prefieren que sus versos permanezcan inéditos para mantener así la posibilidad y el derecho de participar en otros concursos lo entiendo muy bien y les deseo suerte en ello. No se rindan. Estuvieron muy cerca de llevarse el García Ramos este año. Ya les tocará ganar algún otro muy pronto.<br />
Mientras tanto, gracias a la gentileza de Paco Torrecillas quien me ha permitido reproducir en este blog algunos de los poemas de la obra ganadora, les ofrezco seis que corresponden a un fragmento del trayecto en el metro parisino. Enhorabuena, Sara, que el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008 sea sólo uno de los primeros en una larga carrera de éxitos.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5bF86cQTI/AAAAAAAAATQ/P-PxW8_EnDk/s1600-h/images-2.jpeg" rel="lightbox[27]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180378958741810" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5bF86cQTI/AAAAAAAAATQ/P-PxW8_EnDk/s200/images-2.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[6. BERCY]</p>
<p>Desesperados buscando una mayoría suficiente. Esperar el turno. Nuestro turno.</p>
<p>El cielo estará nuboso y se producirán chubascos. Borrascas fuertes.<br />
La muchacha del oeste es una niña con trenzas. Los pies colgando.<br />
La vida pasa a un ritmo ilegítimo y ella sonríe:</p>
<p>la infancia es humilde e ignorante, destapa al vagabundo.</p>
<p>Madre, no veas en mí el llanto de los ángeles ni las hojas esparcidas del otoño.<br />
Los rebaños se hicieron para otros: yo quise ser más fuerte.</p>
<p>Y alza la cabeza y abre sus ojos como quien observa el mundo<br />
con coraje y alegría.</p>
<p>La niña desciende la mirada</p>
<p>[y sus ojos se vuelven transparentes].</p>
<p>Quién será ella, dentro de unos años,<br />
en otras paradas, en otros santuarios, en otros precipicios.</p>
<p>En un segundo la luz se apodera de los inocentes.</p>
<p>Y volvemos, siempre, a comenzar.</p>
<p>[8. CHEVALERET]</p>
<p>Hay parámetros decimonónicos en cada barandilla.<br />
Responden a las necesidades de los viejos, a veces de los niños.</p>
<p>Nos sostienen bajo el techo.</p>
<p>Un sostén para las almas, son grises como el humo.<br />
A veces, sobre las tierras quemadas del vagón de metro<br />
se despiertan las voces de los inconscientes.</p>
<p>Cuánta juventud con cargo, qué infinita extensión del futuro.<br />
Bricolaje inventado:<br />
el debate es siempre el mismo. La segunda jornada. La liga de fútbol.<br />
Monótonas, erguidas: siempre ahí.</p>
<p>El sostén, la presencia. Da igual en qué tarea,<br />
no importa en qué memoria. Hay componentes estáticos que brillan a nuestro alrededor,<br />
cubiertos de grasa, para permanecer aunque el tiempo pase,<br />
aunque la vida se agilice, aunque sigamos este túnel<br />
que nos lleva<br />
desesperadamente<br />
a ninguna parte.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s1600-h/images-1.jpeg" rel="lightbox[27]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180795570569538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s200/images-1.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[16. EDGAR QUINET]</p>
<p>Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,<br />
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,<br />
la rutina afrodisíaca.</p>
<p>Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.<br />
Y en el andén, mientras todos permanecemos,<br />
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.</p>
<p>No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.<br />
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.</p>
<p>La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.<br />
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,<br />
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.</p>
<p>Y han ido a parar al fondo del océano.<br />
Han contado minutos.<br />
Son precipicios enfrentados.</p>
<p>Ya son andén. Ya son distancia.<br />
Ya no son nada.</p>
<p>[17. GARE MONTPARNASSE]</p>
<p>Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.</p>
<p>La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles<br />
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.</p>
<p>Saber que donde estemos podremos recordar<br />
es el consuelo de los expatriados.</p>
<p>La voz no queda lejos de cualquier rincón<br />
del mundo:</p>
<p>la ciudad no habría sido ésta,<br />
ni sus figuras, ni sus autores.</p>
<p>Yo llegué sin tiempo limitado,<br />
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.</p>
<p>Y ahora me ven recorrer aceras,  pasar por el cielo y por la tierra,<br />
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado<br />
el aire con la fuerza del miedo<br />
y la memoria.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s1600-h/images-3.jpeg" rel="lightbox[27]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183181177822658898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s200/images-3.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[18. PASTEUR]</p>
<p>La determinación es guardar en la cabeza<br />
nuestros orígenes.</p>
<p>Que nos sintamos salvajes  en este vagón civilizado no es culpa de los otros.<br />
Remover lo intocable, mezclar lo improbable con la suerte,<br />
fue siempre nuestra obligación.</p>
<p>Y Edo quedó lejos.</p>
<p>Hay que aprender a no creer todo lo que parece ser.<br />
Ser es más aún que estar vivo,<br />
y vivir es nuestro único milagro.</p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]</p>
<p>Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.</p>
<p>Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos<br />
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos<br />
y los granos del adolescente.</p>
<p>Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,<br />
de los pájaros inventados, de los animales impuros.</p>
<p>Éstos son los símbolos y ésta la luz.</p>
<p>Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.<br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,<br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.</p>
<p>Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia<br />
y yo, que no hablo de agonía,  que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,<br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.</p>
<p>Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.<br />
Los cielos nos protegerán.</p>
<p>Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.</p>
<p>Yo creo en todo eso.<br />
Y más, allá, aún.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un texto inédito de Antonio Penadés</title>
		<link>http://losconvidados.com/un-texto-inedito-de-antonio-penades/</link>
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		<pubDate>Sun, 16 Mar 2008 16:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Penadés]]></category>
		<category><![CDATA[autores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio Penadés (Valencia, España, 1970) tardó diez años en escribir su primer libro pero no podrá arrepentirse del resultado. Esa única obra le ha convertido en uno de los nombres de referencia cuando de novela histórica se trata. Nos conocimos hace ya casi tres años, al coincidir en una feria del libro en Frankfurt. Él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antonio Penadés (Valencia, España, 1970) tardó diez años en escribir su primer libro pero no podrá arrepentirse del resultado. Esa única obra le ha convertido en uno de los nombres de referencia cuando de novela histórica se trata.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R91P6H8eZkI/AAAAAAAAASo/GE3LKF799As/s1600-h/mail.jpeg" rel="lightbox[25]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178383006529644098" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R91P6H8eZkI/AAAAAAAAASo/GE3LKF799As/s200/mail.jpeg" border="0" alt="" /></a> Nos conocimos hace ya casi tres años, al coincidir en una feria del libro en Frankfurt. Él acababa de publicar su ahora célebre El Hombre de Esparta, y yo iba a medio camino en lo que más tarde sería Troya al Atardecer. La Grecia Clásica, tema de ambos libros, y la procedencia de los protagonistas, su Isómaco de Atenas y mi Timalco de Esparta, pudieron haber dado origen a una guerra del Peloponeso privada en el bar del hotel Frankfurterhoff, pero no fue así. Por fortuna, a nuestros personajes los separan casi mil años de historia y a nosotros nos acercaron mil momentos de charla cordial y sustanciosa.<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R91MDX8eZhI/AAAAAAAAASQ/tC9xl-GqI98/s1600-h/Relieve+griego.jpg" rel="lightbox[25]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178378767396922898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R91MDX8eZhI/AAAAAAAAASQ/tC9xl-GqI98/s200/Relieve+griego.jpg" border="0" alt="" /></a> Nuestras cenas con Luis Miguel Palomares, quien hizo de generoso anfitrión, y Alejandro Noguera son memorables. Después de aquel encuentro en Frankfurt nos hemos perdido algo de vista, situación pasajera que planeamos remediar a la mayor brevedad posible. Por lo pronto, Antonio tiene planeado venir a Lisboa en julio, invitado por el ICAN 2008, a un congreso sobre novela antigua. Mientras tanto, encerrado en su estudio de Valencia, explora infatigable la parte occidental de Turquía siguiendo con la memoria, después de haberla recorrido en persona, la ruta de Jerjes durante su invasión a Grecia allá por el 500 a.c., tema de su próxima novela. A pesar de la ardua investigación y el trabajo que esto significa, ha tenido la gentileza de enviar a este blog un texto inédito sobre su percepción del quehacer literario. Muchas gracias, tocayo, por tu colaboración. Un abrazo y acá te esperamos en julio.</p>
<p>LA LITERATURA, ESA ARMA MÁGICA Y PODEROSA</p>
<p>La literatura es un arte que no resulta fácil de definir, a diferencia de otras disciplinas como la pintura o la escultura. Una posible definición de obra literaria acaso podría ser la de un texto escrito que contiene cierta carga estética –aunque no es preciso que esté plagado de figuras retóricas, ni mucho menos–, que está dirigido a un público amplio y no a un destinatario concreto –un informe pericial o un recurso judicial no son literatura, por muy bien redactados que estén– y cuyo principal objetivo es gustar y conmover al lector, por encima siempre de su posible función informativa o formativa. La literatura, en todo caso, se dirige más a los sentidos que a la razón. Como sucede siempre que se propone una definición, hay escritos que se situarían en una zona fronteriza –por ejemplo, algunos ensayos con un alto tono divulgativo– y que quedarían a merced de una discusión sobre si quedan o no englobadas en este permeable concepto de obra literaria.<br />
La grandeza de la buena literatura reside, ante todo, en su inmensa capacidad de evasión. Por medio de un conjunto de palabras bien escogidas y ordenadas, un escritor con oficio es capaz de conseguir que el lector aparque su propia identidad y que durante unas horas su mente se traslade a ese mundo que él ha creado en su imaginación y que queda contenido y explicado en las páginas de ese libro. Si el argumento es realmente interesante, si los personajes son atractivos y si el aspecto formal es correcto, el autor de una novela –o de cualquier otro género de ficción– ejerce un poder sobrenatural sobre aquel que sostiene su libro en las manos. El escritor puede proponer si quiere un universo totalmente irreal, pero si los personajes que él ha creado se rigen por unas normas coherentes, el lector las aceptará tal y como son, las hará suyas y se sumergirá en ese mundo como si fuera uno de los protagonistas.<br />
Este mecanismo sólo entra en funcionamiento con la literatura de calidad, pero cuando lo hace refleja fielmente el poder de la palabra escrita. La capacidad de evocación de un buen libro es tan grandiosa que nos puede conducir a universos con personajes y situaciones fascinantes. El significado de un conjunto de frases crea una conexión directa entre dos cerebros, el del lector y el del escritor, que posibilita que a través de un libro podamos ingresar en ese universo –posible o irreal, pero siempre coherente– que la imaginación de otra persona creó. Entonces, atrapados por la trama, seremos capaces de conocer de primera mano los problemas de personajes singulares y, si nos apetece, podremos convivir con ellos durante unos días y seguirles de cerca en sus aventuras. ¿Quién no se ha puesto en la piel de un hobbit y ha sufrido con sus situaciones de peligro mientras leía El señor de los anillos? ¿Quién iba a imaginar, antes de adentrarse en el mundo de Madame Bovary, que podría compartir las inquietudes de una dama caprichosa y ambiciosa como Emma? ¿Y quién no se ha conmovido ante las peripecias de Mowgly leyendo El libro de la selva, sin extrañarse lo más mínimo por el hecho de que el protagonista conviviera y hablara con animales salvajes? Una vez hayamos terminado la lectura, algunos personajes literarios nos acompañarán siempre en nuestra evolución personal y se establecerá con ellos una relación de algún modo parecida a la que guardamos con los mejores amigos de nuestra juventud.<br />
Lo más importante en una obra de ficción no es el universo que el autor propone, ni los personajes que pululan por él, ni tampoco la forma en la que el libro está escrito –aunque, desde luego, si el texto está mal redactado todo lo anterior no valdrá para nada–. Lo primordial en una obra literaria es siempre el argumento. La literatura es, en esencia, un vehículo para trasladar a distintas personas una historia interesante, un acto intrínsecamente humano que hasta la llegada de la escritura se realizaba siempre de forma oral, comúnmente alrededor de una mesa o junto a la chimenea.<br />
En Grecia antigua, por ejemplo, una vez que todos los miembros de la familia habían terminado sus tareas diarias, los abuelos o los padres permitían que los jóvenes se sentaran junto a ellos para transmitirles una parte de su bagaje cultural, compuesto por mitos, leyendas, fábulas y todo tipo de relatos ancestrales. Si excepcionalmente recalaba algún extranjero dotado de facilidad de palabra y cargado de experiencias que contar, se le ofrecía comida y alojamiento a cambio de contara sus historias ante un auditorio. Esas personas buscaban, en definitiva, lo mismo que nosotros pretendemos encontrar en las novelas que consumimos en nuestros días: esencialmente, argumentos que nos atrapen, historias que nos causen inquietud, pena, horror, alegría o intriga. Si es posible, buscaremos también formarnos, aprender cosas nuevas acerca del contexto en que se desarrolla la trama, pero si la lectura de un libro no consigue conmovernos, lo rechazaremos sin más.<br />
Resulta impresionante pensar que los antiguos griegos inventaron todos y cada uno de los géneros literarios que hoy en día se siguen creando y que consumimos en cantidades industriales. A veces, cuando escuchamos que la civilización griega es la base de las sociedades occidentales, nos suena algo así como una afirmación retórica, pero con ejemplos como este se aprecia mejor la magnitud del legado heleno. Efectivamente, todos los géneros que hoy integran la literatura –todos los que el hombre ha sido capaz de crear durante su historia– estaban ya vigentes en época helenística. El primero que realizó una clasificación fue Aristóteles, quien, en su Poética, reduce los géneros a tres: la épica, la lírica y el teatro. La novela no había nacido aún, aunque no tardaría mucho en llegar.<br />
Pero lo más llamativo del caso es que las normas por las que se rigen cada uno de los géneros literarios no han podido ser modificadas desde la época clásica griega. La estructura de una obra de ficción, sin importar que esté escrita en nuestros días o hace veintisiete siglos, necesita indefectiblemente tres partes bien diferenciadas: introducción, nudo y desenlace. Y por muchos experimentos que se hagan, si el autor no recurre a esa estructura básica ideada por los griegos antiguos, la obra no se mantiene en pie. Asimismo, y por citar un solo ejemplo más, en la ficción resulta totalmente irrelevante que lo que se narra en una obra coincida o no con la realidad; lo importante, tal y como afirmaba Aristóteles, es que su argumento se rija por lo plausible, por lo que “podría haber sucedido” según el contexto o el universo que el escritor propone.<br />
No quería terminar este artículo sin una reflexión personal que quizás anime a alguien a dedicar más tiempo a leer. Amo los libros por encima de todas las cosas –recalco la palabra “cosas”, situando aparte a las personas–, y a veces pienso que si alguien o algo me impidiera leer durante el resto de mi vida, una gran parte de mi felicidad se esfumaría. Si no pudiera escribir, ni de cerca me resultaría tan doloroso –aunque también me fastidiaría mucho, claro está–; pero sin leer, sin recibir esas dosis periódicas de ficción y sin sumergirme en el pasado a través de los libros, para mí la vida perdería muchísimo encanto.</p>
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		<title>José Ovejero</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Feb 2008 22:34:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
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		<category><![CDATA[Daniel Mordzinski]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Acaba de aparecer en Paris, con el título de <span style="font-style:italic;">Les Vies Parallèles</span>, la traducción al francés de <span style="font-style:italic;">Las Vidas Ajenas</span>, obra con la que José Ovejero (Madrid, 1958) obtuvo en España la novena edición del Premio Primavera de Novela en el 2005. Es una ocasión que merece celebrarse y nosotros lo hacemos trayéndolo como convidado a este blog.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i3yKeNUVI/AAAAAAAAAQ4/gGZtuIyj7bY/s1600-h/Ovejero.jpg" rel="lightbox[21]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5168082644840042834" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i3yKeNUVI/AAAAAAAAAQ4/gGZtuIyj7bY/s200/Ovejero.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
José es otro de esos viejos amigos y compañeros de andanzas en este y en aquel lado del Atlántico. Recuerdo en particular una noche inclemente de tormenta mexicana en la que conducíamos rumbo a la costa del Pacífico con mi hijo Bruno acostado en el asiento trasero. En verdad casi no se veía la ruta. La mayoría de los autos habían desistido del viaje y sus luces parpadeaban en la oscuridad varadas en ambos lados del camino. Nosotros seguimos sin detenernos bajo el aguacero torrencial adivinando una carretera iluminada apenas a trazos por la atronadora luz de los relámpagos.<br />
Me recuerdo también, en ese mismo viaje, quedándome dormido a la orilla del mar con una de sus novelas en el regazo. Y a Ovejero preocupado porque mi sueño era para él la segura señal de que su libro me aburría. Se trataba de <span style="font-style:italic;">La Añoranza del Héroe</span>. No sabía él que yo la consideraba, y la considero aún, una de las mejores novelas que había leído en los últimos años.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i4aKeNUWI/AAAAAAAAARA/Bgxdf7ynVu0/s1600-h/Casa+JC.jpg" rel="lightbox[21]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5168083332034810210" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i4aKeNUWI/AAAAAAAAARA/Bgxdf7ynVu0/s200/Casa+JC.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
En otra ocasión memorable, junto con Daniel Mordzinski y José Manuel Fajardo recorrimos la ciudad de Bruselas en busca de la casa donde nació Julio Cortázar. Encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podrían haberlo asaltado, entramos a un departamento que tal vez fuera el del propio Cortázar porque no se sabe con certeza en qué piso vivió. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro usó él de niño. La visita fue plasmada en una serie fotos por Daniel Mordzinski, un par de las cuales ustedes pueden apreciar del lado derecho.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i5KKeNUXI/AAAAAAAAARI/DZpSSgDSqTU/s1600-h/Elevador+Cort%C3%A1zar.jpg" rel="lightbox[21]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5168084156668531058" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R7i5KKeNUXI/AAAAAAAAARI/DZpSSgDSqTU/s200/Elevador+Cort%C3%A1zar.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Este viaje desembocaría poco tiempo después en una colaboración literaria a seis manos, las de Ovejero, Fajardo y las mías, se entiende, titulada <span style="font-style:italic;">Primeras Aventuras de Noela Duarte</span>, que verá la luz el próximo mes de mayo bajo el sello de Belaqva. Ya les tendremos informados de su aparición.<br />
Mientras tanto Ovejero ha escogido especialmente para el blog la escena decimoquinta de su obra de teatro <span style="font-style:italic;">Los Políticos</span>. En ella dos candidatos, uno de izquierda y otro de derecha, PI y PD respectivamente, aparecen en el escenario para pronunciar un discurso encontrándose con que, por un error de organización, ambos deben pronunciarlo en el mismo lugar y a la misma hora. Como no han llegado sus votantes deciden matar el rato conversando.<br />
Este fragmento de una de sus obras de teatro, lleno de ironía y fino humor, nos cae de perlas para variar en algo los géneros literarios que habíamos venido ofreciendo en este espacio digital. Felicitaciones, pues, José por <span style="font-style:italic;">Les Vies Parallèles</span>. Te deseamos que en Francia obtengan también el reconocimiento que se merecen. Desde aquí te mandamos un saludo y un abrazo con el agradecimiento por tu participación.</p>
<p>ESCENA DECIMOQUINTA</p>
<p>PI Me gustaría pronunciar un discurso.<br />
PD ¿Ahora?<br />
PI En este instante.<br />
PD No te prives.<br />
PI ¿Te importa escucharlo?<br />
PD Qué remedio.<br />
PI Me gustaría mucho que lo escuchases.<br />
PD No pienso irme, o sea, que lo voy a escuchar.<br />
PI Gracias.<br />
PD No hay de qué.<br />
PI La tolerancia.<br />
PD ¿Es ese el título?<br />
PI No, el tema.<br />
PD ¿Y el título?<br />
PI Lo sabré cuando haya terminado el discurso.<br />
PD Pero si ya sabes de lo que vas a hablar…<br />
PI Si lo supiese no necesitaría decirlo.<br />
PD Como quieras. Te escucho.<br />
PI ¿Debemos ser tolerantes?<br />
PD ¿Me preguntas a mí?<br />
PI No, es una pregunta retórica.<br />
PD O sea, que vas a dar tú la respuesta.<br />
PI La tolerancia permite a nuestros enemigos crecer; pensarnos débiles a quienes nos odian; insultarnos impunemente a quienes quieren ensuciar nuestro nombre.<br />
PD No parece entonces muy sensato ser tolerante.<br />
PI Cabe colegir entonces que la tolerancia es contraproducente para nuestros intereses y positiva para los de quienes nos aborrecen.<br />
PD Podríamos estar de acuerdo.<br />
PI Por ahí entonces no hay justificación posible.<br />
Pero ¿es buena para la sociedad en su conjunto?<br />
PD Huelo otra pregunta retórica.<br />
PI La sociedad en su conjunto no existe. Siempre hay, simultáneamente, al menos dos sociedades: la sociedad de quienes van con nosotros, y la sociedad de quienes van contra nosotros.<br />
PD Una clasificación muy limpia.<br />
PI Siendo tolerantes, beneficiamos a la sociedad de quienes van contra nosotros, pero ponemos en una situación expuesta y frágil a la sociedad de quienes van con nosotros. Éstos, a su vez, representan lo que nos parece bueno y deseable; luego, siendo tolerantes ponemos en peligro lo que es bueno y deseable, permitiendo el desarrollo de lo indeseable y lo malvado.<br />
PD No le des más vueltas: dilo.<br />
PI Es decir, la tolerancia tiene en todo caso un efecto pernicioso sobre la sociedad.<br />
PD Acabas de decir que la sociedad en su conjunto no existe.<br />
PI Pero sí la sociedad a la que yo represento, que es la más importante para mí y cuya pervivencia me parece fundamental. Pero para que el razonamiento sea justo: digamos que la tolerancia es neutra para la sociedad, puesto que perjudica a unos y beneficia a otros.<br />
PD Ajá.<br />
PI Entonces, ¿cómo puede justificarse la tolerancia?<br />
PD No me esforzaré en responder.<br />
PI Únicamente si aporta tal beneficio al tolerante, por el mero hecho de ejercerla, que contrarresta los perjuicios a parte de la sociedad y a nuestros propios intereses.<br />
PD ¿Y es beneficiosa para el ánimo, para la virtud del tolerante?<br />
PI Nunca noté tales efectos.<br />
PD Lo que equivale a una refutación empírica.<br />
PI Iré más lejos: la tolerancia vuelve al tolerante impreciso, vago, nebuloso, inconcreto e insustancial. Lo que nunca será virtud en un gobernante.<br />
PD Nos acercamos a la conclusión.<br />
PI La tolerancia es una mamarrachada. Ahí tienes un buen título donde los haya.<br />
PD Y luego dicen de la derecha.<br />
PI No irás a comparar.<br />
PD Que si autoritarios, que si intolerantes…<br />
PI No es lo mismo.<br />
PD A mí me lo parece.<br />
PI Ni muchísimo menos.<br />
PD Explica, Demóstenes.<br />
PI La derecha es intolerante por dogmatismo.<br />
PD Sigo sin ver la diferencia.<br />
PI La izquierda es tolerante en teoría, pero su sentido práctico la lleva a ser intolerante: en aras del bien común.<br />
PD El resultado es el mismo.<br />
PI No. Por ejemplo: tú, si pudieras, prohibirías una representación blasfema o vejatoria hacia la patria, o hacia la familia.<br />
PD No me importaría hacerlo.<br />
PI Porque piensas que hay valores inmutables que deben ser defendidos. Eres intolerante por convicción.<br />
La izquierda es relativista: sabe que no hay valores inmutables, que la moral cambia, que hoy pensamos esto y mañana pensamos lo otro. Por ello, sabemos que es prudente tolerar las opiniones de los demás: no hay un patrón inmutable para decidir lo que es bueno y lo que es malo.<br />
PD Nada es, todo cambia.<br />
PI Ahí le duele.<br />
PD Pero si un cantante compusiese una letra insultante hacia ti, ¿no prohibirías si pudieses sus actuaciones?<br />
PI Por supuesto que sí, pero no porque crea que no tiene derecho a cantar lo que le venga en gana. Tiene perfecto derecho a pensar que soy un imbécil, a cagarse en la izquierda o a defender el incesto. Pero se lo prohibiría por razones de pragmatismo: si me ridiculiza en público, me debilita; si me debilita permite fortalecerse a mis enemigos; si se fortalecen mis enemigos, se pone en peligro la causa de aquellos a quienes represento; y tengo la obligación moral de defender sus intereses, puesto que eso es lo que les he prometido. Luego prohibiría al susodicho abrir la boca, de donde se desprende que aun siendo tolerante en teoría, me veo obligado a ser autoritario en la práctica. Pero en contra de mi voluntad.<br />
PD Me dejas de una pieza.<br />
PI Por eso nos separan tantas cosas a la derecha y a la izquierda. Además, ¿estás preparado para oír una paradoja?<br />
PD Ardo de curiosidad.<br />
PI Siendo tolerante en teoría e intolerante en la práctica, soy también tolerante en la práctica.<br />
PD Me he perdido.<br />
PI Está claro: me tolero a mí mismo no hacer aquello que creo correcto, lo que muestra mi alto grado de tolerancia frente a mis actuaciones.<br />
PD Reflexionaré sobre lo que acabo de oír.<br />
PI Yo también.</p>
<p>(Silencio.)</p>
<p>PD Ahora que lo pienso, ¿se estarán aburriendo?<br />
PI ¿Quiénes?</p>
<p>(El PD señala hacia el patio de butacas con un gesto de la cabeza.)</p>
<p>¿Y a quién le importa?<br />
PD No, no, a mí no.<br />
PI Pues eso.</p>
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