Posts Tagged “autores españoles”

Noela-Duarte.jpg picture by antoniosarabiaEl miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de Primeras Noticias de Noela Duarte (Dernieres nouvelles de Noela Duarte, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel Fajardo y este servidor. En la celebración estuvieron, desde luego, también presentes los otros dos autores. José Ovejero tenía una doble razón para estar feliz: además de Noela en Francia, acaba de aparecer en España, con el sello de Alfaguara, su más reciente novela, La Comedia Salvaje, una estrambótica, alucinante y dramática farsa ambientada en la guerra civil española que pone de manifiesto, con un humor acre y absurdo, la trágica realidad inherente a todas las guerras. No resistí la tentación de aprovechar el encuentro, y la vieja complicidad que nos une, para pedirle un capítulo del libro para Los Convidados. Este es el texto que me envió, con personaje mexicano incluido. Muchas gracias, José, espero que los lectores lo disfruten tanto como yo.

. Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Comments 8 Comentarios »

A Juan Marsé (Barcelona, 1933) lo he tratado poco y lo veo aún menos. Estuvimos convidados a cenar alguna vez en la misma casa en Barcelona y luego paseamos juntos por los meandros de la feria del libro de Guadalajara al concedérsele el premio Juan Rulfo allá por 1997. En esos contados encuentros la persona vino a reafirmar en mí la admiración que ya se había ganado el novelista. Como les decía, tengo tiempo de no verlo, pero le sigo la pista con ese afecto lejano que nos inspiran aquellos con quienes sentimos tener algo en común. Por eso leí con especial beneplácito este jueves 27 de noviembre que se le había otorgado el premio Cervantes 2008.
Juan_Marse1.jpg picture by antoniosarabiaJuan Marsé nace como Juan Faneca Roca el 8 de enero de 1933 en la ciudad de Barcelona, España. Su madre fallece en el parto dejando a su padre, taxista de profesión, solo con el recién nacido y una hija apenas un poco mayor. Días después, el auto de su padre es abordado por una joven pareja que se lamenta en voz alta de su incapacidad de procrear. Apenas unas semanas más tarde, el pequeño Juan será cobijado en el hogar de aquel matrimonio cuyo apellido se ha hecho ahora famoso gracias al talento de su hijo adoptivo.
Pero de pequeño Juan Marsé no prometía demasiado. Estudió durante la infancia en el Colegio del Divino Maestro, aunque su absoluto desinterés por la escuela le hizo abandonar las aulas a los trece años de edad para desempeñarse como aprendiz de joyero, oficio que llegaría a dominar al tiempo que desarrollaba una temprana inquietud literaria que, años más tarde, le llevaría a ganar el premio Sésamo de cuentos en 1959 y a quedar finalista del premio Biblioteca Breve en 1960 con su primera novela Encerrados con un solo Juguete.
Ese mismo año, 1960, decide instalarse en París donde se ganará la vida dando clases de español, traduciendo lo que puede y, finalmente, como mozo de laboratorio en el departamento de bioquímica celular del Instituto Pasteur. A su vuelta a España participa de nueva cuenta en el premio Biblioteca Breve, estamos en 1965, y esta vez lo gana con la novela Últimas tardes con Teresa.
En 1974 obtiene también, en México, el Premio Internacional de Novela con Si te dicen que caí, considerada como una de las obras más brillantes de la narrativa española de la post guerra y, en 1978, recibe el Premio Planeta con La Muchacha de las bragas de oro.
Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , ,

Comments 2 Comentarios »

Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924 – México, D.F., 2008), padre de nuestro querido amigo Paco Ignacio Taibo II falleció poco antes de las nueve de la mañana del pasado jueves 13 de noviembre en la ciudad de México a los 84 años de edad víctima de una neumonía.
PITI1-1.jpg picture by antoniosarabia“El jefe”, como se le llamaba afectuosamente, llegó a México a fines de los años cincuenta en compañía de su esposa Maricarmen y de su hijo mayor, el pequeño Paco Ignacio, entonces de nueve años de edad. Los otros dos hijos del matrimonio, Benito y Carlos, nacerían posteriormente en México.
Fundador de la sección cultural de El Universal, el diario más antiguo de México, ejerció con extraordinaria soltura, talento, humor, inteligencia y lucidez tanto el periodismo como la narrativa o el ensayo. Entre sus amigos se contaron muchos de los grandes nombres de la literatura como León Felipe, Pedro Garfias, Ángel González y Gabriel García Márquez, y del espectáculo como Luis Buñuel, María Félix, Agustín Lara o Joan Manuel Serrat. En el 2006 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Civil, en España y, en 2008, el Premio nacional de periodismo, en México. Una calle de Gijón lleva su nombre.
De sus columnas en la parte inferior izquierda de su página en El Universal, a la que con su fino humor había titulado Esquina Baja, en alusión al “¡esquina, bajan!” que usaban los usuarios y conductores de autobús en la ciudad de México para pedir o anunciar una parada, hemos rescatado estas cuatro viñetas como homenaje a un hombre que fue modelo de generosidad y honradez profesional e intelectual para cuantos le conocimos. Descanse en paz.

Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , ,

Comments 5 Comentarios »

Hace mucho tiempo que deseaba publicar una entrada sobre Rosa Montero (Madrid, 1951) no sólo porque es alguien muy cercano, íntimo y querido, a quien profeso un afecto entrañable de amigo, sino porque la admiro profundamente como escritora y como persona. Es una mujer honesta y sincera a carta cabal, como hay pocas, que tiene las ideas muy claras y sabe sostenerlas en todos los terrenos. Su sensibilidad literaria y humana la hacen poner siempre la pluma al lado de las causas más nobles y altruistas. Le tengo tal familiaridad y confianza que es una de las pocas personas de las que abuso enviándole mis manuscritos antes de publicar, porque sé que de ella obtendré una opinión leal y desinteresada de quien conoce el oficio y no vacilará en indicarme, con infinito tacto y perspicacia, lo que considere errores y aciertos. Cenamos hace un par de semanas con motivo de la feria del libro en Madrid, donde ella presentaba su más reciente novela, Instrucciones para Salvar el Mundo (Alfaguara 2008) y le pedí esta colaboración para Los Convidados. Se trata de un texto suyo que me conmovió particularmente cuando lo leí porque narra una anécdota muy personal sobre la que yo le había oído hablar muchas veces y que nunca pensé que pudiera poner por escrito. Lo hizo, y de manera magistral como es su costumbre. Lo tomo, con el expreso consentimiento de la autora, de su libro Lo Mejor de Rosa Montero, (Espejo de Tinta, España 2005). Aquí está, para ustedes.

  Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , ,

Comments 4 Comentarios »

Siempre he dicho que lo más valioso que me ha dado el oficio de escritor son los amigos. Entre mis colegas he encontrado algunos de los especímenes más nobles, perspicaces, generosos y sensibles que produce la tosca, ingrata, díscola y poco solidaria especie humana. Pero la muestra definitiva de qué tan inquebrantable y duradera puede llegar a ser la amistad entre nosotros es cuando se la pone a prueba en un esfuerzo común en el que intervienen no solo nuestro saber literario sino nuestra susceptibilidad, nuestra perseverancia y, sobre todo, ese ego enorme y traidor que poseemos los artistas y que tiende a asomar las orejas cuando menos se espera para echar a perder el trabajo más refinado. En esas circunstancias, escribir una obra a seis manos es al mismo tiempo un asunto delicado e intenso.

Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , , , , ,

Comments 6 Comentarios »

No es fácil hacerse de amigos en este mundo virtual en el que uno bucea a veces como en las aguas de un opaco océano para encontrar uno que otro individuo estimable en medio de la variedad de inmundicias que va dejando la resaca humana. Blogueros y otras especies que sólo persiguen influencia, celebridad o poder. Y fallidos don juanes que utilizan su blog como anzuelo para sorprender mujeres que serían incapaces de conquistar de otro modo.
Pero cuando topamos con alguien real allá en el fondo, nos damos cuenta de que no es necesario verse cara a cara con una persona para intuir cómo es y congeniar espontáneamente con ella. Eso me ha sucedido con Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1966). Sólo nos hemos encontrado en la red pero, a mí en lo particular, los bien escogidos textos que publica en su blog, El Baile de los Silenos, y los contados correos electrónicos que he intercambiado con él me bastan para desear su simpatía y amistad.

Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , ,

Comments 6 Comentarios »

El pasado lunes 12 de mayo se clausuró el XI Salón del Libro Iberoamericano de Gijón con la entrega del premio de traductores Claude Couffon a mi buen amigo Pino Caccuci. Pino, además de un gran traductor, es un excelente escritor italiano a quien muy pronto tendremos de convidado en este blog.
El Salón transcurrió durante toda la semana en ese ambiente de convivialidad y buen humor que saben propiciar sus organizadores Carmen Yáñez y Luis Sepúlveda. Fue un enorme placer el reencontrarse con los viejos amigos al tiempo que se creaban nuevos lazos de fraternidad con otros, como con el mexicano Daniel Pupko, el salamantino Eloy Santos, el argentino Lucas Chiappe, el italiano Alberto Masala y, last but not least, el guatemalteco Eduardo Halfon y su bella esposa Lucía con quienes nos habría gustado departir más tiempo, pero de los que nos separamos sabiendo que habrá nuevas oportunidades de vernos en un futuro próximo.

Lee el resto de esta entrada »

Entradas relacionadas

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Comments 2 Comentarios »

Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España, 1980), una bella andaluza de veintiocho años de edad residente en París fue declarada a mediados de la semana pasada la ganadora del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008.
Espero no pecar de indiscreto si les cuento que, al igual que el año pasado, el concurso estuvo extremadamente disputado debido a la renovada calidad de los competidores. Mi intimidad con Lauren Mendinueta, ganadora del certamen en el 2007, y la amistad con que ahora me honra Francisco Torrecillas, director del evento, me permitieron, sin tener ninguna vela en el entierro, lanzar una ojeada curiosa sobre los manuscritos participantes conforme se acumulaban sobre el escritorio de Lauren. Por una de esas coincidencias de la suerte, el poemario que más atrajo mi atención desde un principio, el marcado con el número treinta y cuatro, resultó al final el vencedor. Sin embargo, estoy seguro de que no fue una decisión fácil ni para la media docena de jurados ni para Jon Juaristi, quien tiene a su cargo la ingrata tarea de poner orden en el caos y pronunciar el veredicto definitivo. Otros jóvenes demostraron en sus trabajos un talento poético de ningún modo inferior al de la triunfadora pero el poemario de ésta, titulado
De Ida y Vuelta poseía además de su alta calidad literaria una unidad, una fuerza temática, que le hacía sobresalir por encima de los otros.
De Ida y Vuelta se compone de dos partes: El Trayecto y El Viaje. La primera la constituyen veintiocho poemas, cada uno titulado con el nombre de una estación de la línea seis del metro de París que parte de Nation hacia la Etoile. Sara Herrera Peralta transforma ese cotidiano periplo subterráneo en un hermoso y desconsolado monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un insólito, perplejo, oscuro, agobiante, pero siempre poético y a fin de cuentas esperanzador recorrido por las profundidades del alma.
La segunda parte, El Viaje, consiste en otros veinte poemas cada uno podríamos decir que “etiquetado” con la grafía, muchas veces arcana, con la que las compañías aéreas rotulan tanto en los billetes de avión como en las etiquetas del equipaje, el origen o el destino de sus vuelos. El último poema, de algún modo la meta del viaje, está marcado como LIS, el código que se le da a Lisboa. El que yo lo haya leído con el Tajo ancho y azul fluyendo inagotable un poco más allá de mi ventana, no deja de parecerme curioso.
Desconozco los nombres reales de los demás finalistas, pero quiero mencionar algunos otros poemarios que me llamaron particularmente la atención. Si cualquiera de los autores de Los Pies del Horizonte, No Sabes Nada del Viento, El Libro a Contraluz o Sin Título ni Contenido, llegan a leer estas líneas y desean aparecer como Convidados en este blog junto con algunos de sus poemas, me sentiré muy honrado poniéndolo a su disposición. Por favor, escríbanme. Si alguno está, además, interesado en que le eche una mano para conseguir editor en España, también lo haré con muchísimo gusto. Por otra parte, si prefieren que sus versos permanezcan inéditos para mantener así la posibilidad y el derecho de participar en otros concursos lo entiendo muy bien y les deseo suerte en ello. No se rindan. Estuvieron muy cerca de llevarse el García Ramos este año. Ya les tocará ganar algún otro muy pronto.
Mientras tanto, gracias a la gentileza de Paco Torrecillas quien me ha permitido reproducir en este blog algunos de los poemas de la obra ganadora, les ofrezco seis que corresponden a un fragmento del trayecto en el metro parisino. Enhorabuena, Sara, que el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008 sea sólo uno de los primeros en una larga carrera de éxitos.

[6. BERCY]

Desesperados buscando una mayoría suficiente. Esperar el turno. Nuestro turno.

El cielo estará nuboso y se producirán chubascos. Borrascas fuertes.
La muchacha del oeste es una niña con trenzas. Los pies colgando.
La vida pasa a un ritmo ilegítimo y ella sonríe:

la infancia es humilde e ignorante, destapa al vagabundo.

Madre, no veas en mí el llanto de los ángeles ni las hojas esparcidas del otoño.
Los rebaños se hicieron para otros: yo quise ser más fuerte.

Y alza la cabeza y abre sus ojos como quien observa el mundo
con coraje y alegría.

La niña desciende la mirada

[y sus ojos se vuelven transparentes].

Quién será ella, dentro de unos años,
en otras paradas, en otros santuarios, en otros precipicios.

En un segundo la luz se apodera de los inocentes.

Y volvemos, siempre, a comenzar.

[8. CHEVALERET]

Hay parámetros decimonónicos en cada barandilla.
Responden a las necesidades de los viejos, a veces de los niños.

Nos sostienen bajo el techo.

Un sostén para las almas, son grises como el humo.
A veces, sobre las tierras quemadas del vagón de metro
se despiertan las voces de los inconscientes.

Cuánta juventud con cargo, qué infinita extensión del futuro.
Bricolaje inventado:
el debate es siempre el mismo. La segunda jornada. La liga de fútbol.
Monótonas, erguidas: siempre ahí.

El sostén, la presencia. Da igual en qué tarea,
no importa en qué memoria. Hay componentes estáticos que brillan a nuestro alrededor,
cubiertos de grasa, para permanecer aunque el tiempo pase,
aunque la vida se agilice, aunque sigamos este túnel
que nos lleva
desesperadamente
a ninguna parte.

[16. EDGAR QUINET]

Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,
la rutina afrodisíaca.

Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.
Y en el andén, mientras todos permanecemos,
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.

No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.

La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.

Y han ido a parar al fondo del océano.
Han contado minutos.
Son precipicios enfrentados.

Ya son andén. Ya son distancia.
Ya no son nada.

[17. GARE MONTPARNASSE]

Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.

La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.

Saber que donde estemos podremos recordar
es el consuelo de los expatriados.

La voz no queda lejos de cualquier rincón
del mundo:

la ciudad no habría sido ésta,
ni sus figuras, ni sus autores.

Yo llegué sin tiempo limitado,
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.

Y ahora me ven recorrer aceras, pasar por el cielo y por la tierra,
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado
el aire con la fuerza del miedo
y la memoria.

[18. PASTEUR]

La determinación es guardar en la cabeza
nuestros orígenes.

Que nos sintamos salvajes en este vagón civilizado no es culpa de los otros.
Remover lo intocable, mezclar lo improbable con la suerte,
fue siempre nuestra obligación.

Y Edo quedó lejos.

Hay que aprender a no creer todo lo que parece ser.
Ser es más aún que estar vivo,
y vivir es nuestro único milagro.

[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]

Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.

Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.

El vagón conoce la fiebre de los vagabundos
y los granos del adolescente.

Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,
de los pájaros inventados, de los animales impuros.

Éstos son los símbolos y ésta la luz.

Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.

Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia
y yo, que no hablo de agonía, que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.

Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.
Los cielos nos protegerán.

Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.

Yo creo en todo eso.
Y más, allá, aún.

Entradas relacionadas

Etiquetas: , , , ,

Comments 2 Comentarios »

Antonio Penadés (Valencia, España, 1970) tardó diez años en escribir su primer libro pero no podrá arrepentirse del resultado. Esa única obra le ha convertido en uno de los nombres de referencia cuando de novela histórica se trata. Nos conocimos hace ya casi tres años, al coincidir en una feria del libro en Frankfurt. Él acababa de publicar su ahora célebre El Hombre de Esparta, y yo iba a medio camino en lo que más tarde sería Troya al Atardecer. La Grecia Clásica, tema de ambos libros, y la procedencia de los protagonistas, su Isómaco de Atenas y mi Timalco de Esparta, pudieron haber dado origen a una guerra del Peloponeso privada en el bar del hotel Frankfurterhoff, pero no fue así. Por fortuna, a nuestros personajes los separan casi mil años de historia y a nosotros nos acercaron mil momentos de charla cordial y sustanciosa. Nuestras cenas con Luis Miguel Palomares, quien hizo de generoso anfitrión, y Alejandro Noguera son memorables. Después de aquel encuentro en Frankfurt nos hemos perdido algo de vista, situación pasajera que planeamos remediar a la mayor brevedad posible. Por lo pronto, Antonio tiene planeado venir a Lisboa en julio, invitado por el ICAN 2008, a un congreso sobre novela antigua. Mientras tanto, encerrado en su estudio de Valencia, explora infatigable la parte occidental de Turquía siguiendo con la memoria, después de haberla recorrido en persona, la ruta de Jerjes durante su invasión a Grecia allá por el 500 a.c., tema de su próxima novela. A pesar de la ardua investigación y el trabajo que esto significa, ha tenido la gentileza de enviar a este blog un texto inédito sobre su percepción del quehacer literario. Muchas gracias, tocayo, por tu colaboración. Un abrazo y acá te esperamos en julio.

LA LITERATURA, ESA ARMA MÁGICA Y PODEROSA

La literatura es un arte que no resulta fácil de definir, a diferencia de otras disciplinas como la pintura o la escultura. Una posible definición de obra literaria acaso podría ser la de un texto escrito que contiene cierta carga estética –aunque no es preciso que esté plagado de figuras retóricas, ni mucho menos–, que está dirigido a un público amplio y no a un destinatario concreto –un informe pericial o un recurso judicial no son literatura, por muy bien redactados que estén– y cuyo principal objetivo es gustar y conmover al lector, por encima siempre de su posible función informativa o formativa. La literatura, en todo caso, se dirige más a los sentidos que a la razón. Como sucede siempre que se propone una definición, hay escritos que se situarían en una zona fronteriza –por ejemplo, algunos ensayos con un alto tono divulgativo– y que quedarían a merced de una discusión sobre si quedan o no englobadas en este permeable concepto de obra literaria.
La grandeza de la buena literatura reside, ante todo, en su inmensa capacidad de evasión. Por medio de un conjunto de palabras bien escogidas y ordenadas, un escritor con oficio es capaz de conseguir que el lector aparque su propia identidad y que durante unas horas su mente se traslade a ese mundo que él ha creado en su imaginación y que queda contenido y explicado en las páginas de ese libro. Si el argumento es realmente interesante, si los personajes son atractivos y si el aspecto formal es correcto, el autor de una novela –o de cualquier otro género de ficción– ejerce un poder sobrenatural sobre aquel que sostiene su libro en las manos. El escritor puede proponer si quiere un universo totalmente irreal, pero si los personajes que él ha creado se rigen por unas normas coherentes, el lector las aceptará tal y como son, las hará suyas y se sumergirá en ese mundo como si fuera uno de los protagonistas.
Este mecanismo sólo entra en funcionamiento con la literatura de calidad, pero cuando lo hace refleja fielmente el poder de la palabra escrita. La capacidad de evocación de un buen libro es tan grandiosa que nos puede conducir a universos con personajes y situaciones fascinantes. El significado de un conjunto de frases crea una conexión directa entre dos cerebros, el del lector y el del escritor, que posibilita que a través de un libro podamos ingresar en ese universo –posible o irreal, pero siempre coherente– que la imaginación de otra persona creó. Entonces, atrapados por la trama, seremos capaces de conocer de primera mano los problemas de personajes singulares y, si nos apetece, podremos convivir con ellos durante unos días y seguirles de cerca en sus aventuras. ¿Quién no se ha puesto en la piel de un hobbit y ha sufrido con sus situaciones de peligro mientras leía El señor de los anillos? ¿Quién iba a imaginar, antes de adentrarse en el mundo de Madame Bovary, que podría compartir las inquietudes de una dama caprichosa y ambiciosa como Emma? ¿Y quién no se ha conmovido ante las peripecias de Mowgly leyendo El libro de la selva, sin extrañarse lo más mínimo por el hecho de que el protagonista conviviera y hablara con animales salvajes? Una vez hayamos terminado la lectura, algunos personajes literarios nos acompañarán siempre en nuestra evolución personal y se establecerá con ellos una relación de algún modo parecida a la que guardamos con los mejores amigos de nuestra juventud.
Lo más importante en una obra de ficción no es el universo que el autor propone, ni los personajes que pululan por él, ni tampoco la forma en la que el libro está escrito –aunque, desde luego, si el texto está mal redactado todo lo anterior no valdrá para nada–. Lo primordial en una obra literaria es siempre el argumento. La literatura es, en esencia, un vehículo para trasladar a distintas personas una historia interesante, un acto intrínsecamente humano que hasta la llegada de la escritura se realizaba siempre de forma oral, comúnmente alrededor de una mesa o junto a la chimenea.
En Grecia antigua, por ejemplo, una vez que todos los miembros de la familia habían terminado sus tareas diarias, los abuelos o los padres permitían que los jóvenes se sentaran junto a ellos para transmitirles una parte de su bagaje cultural, compuesto por mitos, leyendas, fábulas y todo tipo de relatos ancestrales. Si excepcionalmente recalaba algún extranjero dotado de facilidad de palabra y cargado de experiencias que contar, se le ofrecía comida y alojamiento a cambio de contara sus historias ante un auditorio. Esas personas buscaban, en definitiva, lo mismo que nosotros pretendemos encontrar en las novelas que consumimos en nuestros días: esencialmente, argumentos que nos atrapen, historias que nos causen inquietud, pena, horror, alegría o intriga. Si es posible, buscaremos también formarnos, aprender cosas nuevas acerca del contexto en que se desarrolla la trama, pero si la lectura de un libro no consigue conmovernos, lo rechazaremos sin más.
Resulta impresionante pensar que los antiguos griegos inventaron todos y cada uno de los géneros literarios que hoy en día se siguen creando y que consumimos en cantidades industriales. A veces, cuando escuchamos que la civilización griega es la base de las sociedades occidentales, nos suena algo así como una afirmación retórica, pero con ejemplos como este se aprecia mejor la magnitud del legado heleno. Efectivamente, todos los géneros que hoy integran la literatura –todos los que el hombre ha sido capaz de crear durante su historia– estaban ya vigentes en época helenística. El primero que realizó una clasificación fue Aristóteles, quien, en su Poética, reduce los géneros a tres: la épica, la lírica y el teatro. La novela no había nacido aún, aunque no tardaría mucho en llegar.
Pero lo más llamativo del caso es que las normas por las que se rigen cada uno de los géneros literarios no han podido ser modificadas desde la época clásica griega. La estructura de una obra de ficción, sin importar que esté escrita en nuestros días o hace veintisiete siglos, necesita indefectiblemente tres partes bien diferenciadas: introducción, nudo y desenlace. Y por muchos experimentos que se hagan, si el autor no recurre a esa estructura básica ideada por los griegos antiguos, la obra no se mantiene en pie. Asimismo, y por citar un solo ejemplo más, en la ficción resulta totalmente irrelevante que lo que se narra en una obra coincida o no con la realidad; lo importante, tal y como afirmaba Aristóteles, es que su argumento se rija por lo plausible, por lo que “podría haber sucedido” según el contexto o el universo que el escritor propone.
No quería terminar este artículo sin una reflexión personal que quizás anime a alguien a dedicar más tiempo a leer. Amo los libros por encima de todas las cosas –recalco la palabra “cosas”, situando aparte a las personas–, y a veces pienso que si alguien o algo me impidiera leer durante el resto de mi vida, una gran parte de mi felicidad se esfumaría. Si no pudiera escribir, ni de cerca me resultaría tan doloroso –aunque también me fastidiaría mucho, claro está–; pero sin leer, sin recibir esas dosis periódicas de ficción y sin sumergirme en el pasado a través de los libros, para mí la vida perdería muchísimo encanto.

Entradas relacionadas

Etiquetas: , ,

Comments 3 Comentarios »

Acaba de aparecer en Paris, con el título de Les Vies Parallèles, la traducción al francés de Las Vidas Ajenas, obra con la que José Ovejero (Madrid, 1958) obtuvo en España la novena edición del Premio Primavera de Novela en el 2005. Es una ocasión que merece celebrarse y nosotros lo hacemos trayéndolo como convidado a este blog.
José es otro de esos viejos amigos y compañeros de andanzas en este y en aquel lado del Atlántico. Recuerdo en particular una noche inclemente de tormenta mexicana en la que conducíamos rumbo a la costa del Pacífico con mi hijo Bruno acostado en el asiento trasero. En verdad casi no se veía la ruta. La mayoría de los autos habían desistido del viaje y sus luces parpadeaban en la oscuridad varadas en ambos lados del camino. Nosotros seguimos sin detenernos bajo el aguacero torrencial adivinando una carretera iluminada apenas a trazos por la atronadora luz de los relámpagos.
Me recuerdo también, en ese mismo viaje, quedándome dormido a la orilla del mar con una de sus novelas en el regazo. Y a Ovejero preocupado porque mi sueño era para él la segura señal de que su libro me aburría. Se trataba de La Añoranza del Héroe. No sabía él que yo la consideraba, y la considero aún, una de las mejores novelas que había leído en los últimos años.
En otra ocasión memorable, junto con Daniel Mordzinski y José Manuel Fajardo recorrimos la ciudad de Bruselas en busca de la casa donde nació Julio Cortázar. Encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podrían haberlo asaltado, entramos a un departamento que tal vez fuera el del propio Cortázar porque no se sabe con certeza en qué piso vivió. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro usó él de niño. La visita fue plasmada en una serie fotos por Daniel Mordzinski, un par de las cuales ustedes pueden apreciar del lado derecho.
Este viaje desembocaría poco tiempo después en una colaboración literaria a seis manos, las de Ovejero, Fajardo y las mías, se entiende, titulada Primeras Aventuras de Noela Duarte, que verá la luz el próximo mes de mayo bajo el sello de Belaqva. Ya les tendremos informados de su aparición.
Mientras tanto Ovejero ha escogido especialmente para el blog la escena decimoquinta de su obra de teatro Los Políticos. En ella dos candidatos, uno de izquierda y otro de derecha, PI y PD respectivamente, aparecen en el escenario para pronunciar un discurso encontrándose con que, por un error de organización, ambos deben pronunciarlo en el mismo lugar y a la misma hora. Como no han llegado sus votantes deciden matar el rato conversando.
Este fragmento de una de sus obras de teatro, lleno de ironía y fino humor, nos cae de perlas para variar en algo los géneros literarios que habíamos venido ofreciendo en este espacio digital. Felicitaciones, pues, José por Les Vies Parallèles. Te deseamos que en Francia obtengan también el reconocimiento que se merecen. Desde aquí te mandamos un saludo y un abrazo con el agradecimiento por tu participación.

ESCENA DECIMOQUINTA

PI Me gustaría pronunciar un discurso.
PD ¿Ahora?
PI En este instante.
PD No te prives.
PI ¿Te importa escucharlo?
PD Qué remedio.
PI Me gustaría mucho que lo escuchases.
PD No pienso irme, o sea, que lo voy a escuchar.
PI Gracias.
PD No hay de qué.
PI La tolerancia.
PD ¿Es ese el título?
PI No, el tema.
PD ¿Y el título?
PI Lo sabré cuando haya terminado el discurso.
PD Pero si ya sabes de lo que vas a hablar…
PI Si lo supiese no necesitaría decirlo.
PD Como quieras. Te escucho.
PI ¿Debemos ser tolerantes?
PD ¿Me preguntas a mí?
PI No, es una pregunta retórica.
PD O sea, que vas a dar tú la respuesta.
PI La tolerancia permite a nuestros enemigos crecer; pensarnos débiles a quienes nos odian; insultarnos impunemente a quienes quieren ensuciar nuestro nombre.
PD No parece entonces muy sensato ser tolerante.
PI Cabe colegir entonces que la tolerancia es contraproducente para nuestros intereses y positiva para los de quienes nos aborrecen.
PD Podríamos estar de acuerdo.
PI Por ahí entonces no hay justificación posible.
Pero ¿es buena para la sociedad en su conjunto?
PD Huelo otra pregunta retórica.
PI La sociedad en su conjunto no existe. Siempre hay, simultáneamente, al menos dos sociedades: la sociedad de quienes van con nosotros, y la sociedad de quienes van contra nosotros.
PD Una clasificación muy limpia.
PI Siendo tolerantes, beneficiamos a la sociedad de quienes van contra nosotros, pero ponemos en una situación expuesta y frágil a la sociedad de quienes van con nosotros. Éstos, a su vez, representan lo que nos parece bueno y deseable; luego, siendo tolerantes ponemos en peligro lo que es bueno y deseable, permitiendo el desarrollo de lo indeseable y lo malvado.
PD No le des más vueltas: dilo.
PI Es decir, la tolerancia tiene en todo caso un efecto pernicioso sobre la sociedad.
PD Acabas de decir que la sociedad en su conjunto no existe.
PI Pero sí la sociedad a la que yo represento, que es la más importante para mí y cuya pervivencia me parece fundamental. Pero para que el razonamiento sea justo: digamos que la tolerancia es neutra para la sociedad, puesto que perjudica a unos y beneficia a otros.
PD Ajá.
PI Entonces, ¿cómo puede justificarse la tolerancia?
PD No me esforzaré en responder.
PI Únicamente si aporta tal beneficio al tolerante, por el mero hecho de ejercerla, que contrarresta los perjuicios a parte de la sociedad y a nuestros propios intereses.
PD ¿Y es beneficiosa para el ánimo, para la virtud del tolerante?
PI Nunca noté tales efectos.
PD Lo que equivale a una refutación empírica.
PI Iré más lejos: la tolerancia vuelve al tolerante impreciso, vago, nebuloso, inconcreto e insustancial. Lo que nunca será virtud en un gobernante.
PD Nos acercamos a la conclusión.
PI La tolerancia es una mamarrachada. Ahí tienes un buen título donde los haya.
PD Y luego dicen de la derecha.
PI No irás a comparar.
PD Que si autoritarios, que si intolerantes…
PI No es lo mismo.
PD A mí me lo parece.
PI Ni muchísimo menos.
PD Explica, Demóstenes.
PI La derecha es intolerante por dogmatismo.
PD Sigo sin ver la diferencia.
PI La izquierda es tolerante en teoría, pero su sentido práctico la lleva a ser intolerante: en aras del bien común.
PD El resultado es el mismo.
PI No. Por ejemplo: tú, si pudieras, prohibirías una representación blasfema o vejatoria hacia la patria, o hacia la familia.
PD No me importaría hacerlo.
PI Porque piensas que hay valores inmutables que deben ser defendidos. Eres intolerante por convicción.
La izquierda es relativista: sabe que no hay valores inmutables, que la moral cambia, que hoy pensamos esto y mañana pensamos lo otro. Por ello, sabemos que es prudente tolerar las opiniones de los demás: no hay un patrón inmutable para decidir lo que es bueno y lo que es malo.
PD Nada es, todo cambia.
PI Ahí le duele.
PD Pero si un cantante compusiese una letra insultante hacia ti, ¿no prohibirías si pudieses sus actuaciones?
PI Por supuesto que sí, pero no porque crea que no tiene derecho a cantar lo que le venga en gana. Tiene perfecto derecho a pensar que soy un imbécil, a cagarse en la izquierda o a defender el incesto. Pero se lo prohibiría por razones de pragmatismo: si me ridiculiza en público, me debilita; si me debilita permite fortalecerse a mis enemigos; si se fortalecen mis enemigos, se pone en peligro la causa de aquellos a quienes represento; y tengo la obligación moral de defender sus intereses, puesto que eso es lo que les he prometido. Luego prohibiría al susodicho abrir la boca, de donde se desprende que aun siendo tolerante en teoría, me veo obligado a ser autoritario en la práctica. Pero en contra de mi voluntad.
PD Me dejas de una pieza.
PI Por eso nos separan tantas cosas a la derecha y a la izquierda. Además, ¿estás preparado para oír una paradoja?
PD Ardo de curiosidad.
PI Siendo tolerante en teoría e intolerante en la práctica, soy también tolerante en la práctica.
PD Me he perdido.
PI Está claro: me tolero a mí mismo no hacer aquello que creo correcto, lo que muestra mi alto grado de tolerancia frente a mis actuaciones.
PD Reflexionaré sobre lo que acabo de oír.
PI Yo también.

(Silencio.)

PD Ahora que lo pienso, ¿se estarán aburriendo?
PI ¿Quiénes?

(El PD señala hacia el patio de butacas con un gesto de la cabeza.)

¿Y a quién le importa?
PD No, no, a mí no.
PI Pues eso.

Entradas relacionadas

Etiquetas: , , , , , ,

Comments No Hay Comentarios »