Posts Tagged “Antonio Sarabia”

GutierrezNjera.jpg picture by antoniosarabiaNo moriré del todo amiga mía / de mi ondulante espíritu disperso / algo en la urna diáfana del verso / piadosa guardará la poesía, escribió Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México 1859-1895) y tenía razón. Yo, cuando menos, nunca desde mi ya lejana adolescencia he podido escapar ni a la frescura y el encanto de la duquesita del duque Job, ni a las estrofas melodiosas y elegantes que componen sus cuatro quintetos y catorce sextetos decasílabos y mucho menos a las sorprendentes e ingeniosas rimas que las rematan.

Los versos nos llevan por el M√©xico de finales del XIX, en compa√Ī√≠a de la seductora duquesita, por un simp√°tico recorrido a partir de la esquina del jockey club, actual Sanborn’s de los azulejos, por toda la calle de Plateros, hoy avenida Madero, hasta los antiguos almacenes de ropa de La Sorpresa, que m√°s tarde se convertir√≠a en La Ciudad de Londres y que hoy ha desaparecido.

El duque Job fue uno de los numerosos seudónimos que Gutierrez Nájera usó a lo largo de su vida. El poema está dedicado a una joven de la que se había enamorado, su duquesita, cuya vida transcurría a lo largo de las calles de Plateros y San Francisco, circunstancia que da pie al autor para enumerar los sitios de moda y evocar las costumbres de la época.

Reproducirlo, me parece, es mejor manera de rendir homenaje a este gran poeta mexicano que este a√Īo festejar√° el siglo y medio de su nacimiento y que hace unos d√≠as cumpli√≥ 124 a√Īos de muerto. Porque Manuel Guti√©rrez N√°jera falleci√≥ a causa de una operaci√≥n quir√ļrgica cuando apenas cumpl√≠a treinta y seis a√Īos de edad y estaba en el apogeo de su talento creativo.

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JulioCortzar3.jpg picture by antoniosarabia“Yo llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga”, le o√≠ decir hace unos d√≠as a mi amigo Daniel Mordzinski en el Hay Festival de Cartagena de Indias, donde ambos estuvimos invitados. √Čl a√ļn vive en Par√≠s. En lugar de la Maga encontr√≥ a su hermosa e incomparable Viviana, pero sus palabras rozaron un arrinconado diapas√≥n en mi memoria. Par√≠s hab√≠a significado tantas cosas en mi adolescencia que yo tambi√©n llegu√© ah√≠ buscando huellas: de d’Artgnan a Lagardere, de Jean Valjean a Montecristo, de Auguste Dupin al inspector Maigret, de Esmeralda a la Maga. Del convento de las Carmelitas Descalzas, a cuyas espaldas se bat√≠an los mosqueteros y el atrio de Notre Dame, donde bailaba la gitanilla, hasta el quai de Conti y el Pont des Arts, donde Oliveira distingu√≠a a la Maga a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. S√≠, yo tambi√©n llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga y me encontr√© con que ah√≠ fallecer√≠a Julio Cort√°zar (Bruselas, B√©lgica, 1914-1984) unos meses despu√©s de mi llegada.

Foto23.jpg picture by antoniosarabiaYo no lo conoc√≠. Mi primera novela no ser√≠a publicada sino hasta siete a√Īos m√°s tarde y yo, ilustre desconocido, no me atrev√≠ a llamarle por tel√©fono y confesarle cu√°nto le admiraba. Hice mal. Me lo han dicho ahora amigos, algunos muy queridos, que lo conocieron y trataron en la intimidad. Sin embargo, en los quince a√Īos que luego pasar√≠a en la capital de Francia lo visit√© a menudo en su √ļltima morada del cementerio Montparnasse, en la tumba que comparte junto a su querida Carol Dunlop. Cuando mi gran amigo el chileno Luis Sep√ļlveda estaba en la ciudad √≠bamos a hacerle compa√Ī√≠a. Le encend√≠amos un cigarrillo bien acomodado sobre el m√°rmol y, fumando tambi√©n nosotros, convers√°bamos los tres hasta que Julio conclu√≠a el suyo. Agrego, para obviar dudas sobre la salud mental de Lucho y m√≠a, que aunque le sab√≠amos presente en el coloquio jam√°s le o√≠mos responder. Participaba en la conversaci√≥n, dir√≠a Borges, intercalando silencios significativos mientras chupaba placenteramente su tabaco hasta consumirlo. A veces, intuyendo que no bastaba uno le prend√≠amos otro y ¬Ņpor qu√© no? hasta un tercer cigarrillo del insomnio -√©l fue siempre un enorme fumador- y continu√°bamos la charla. Al final apag√°bamos las colillas, nos desped√≠amos y ya solos, sinti√©ndonos medio desamparados, remat√°bamos la tarde en cualquier caf√© del bulevar.

CasaJC.jpg picture by antoniosarabiaEn otra ocasi√≥n, junto con mis dos queridos futuros compinches de Primeras Noticias de Noela Duarte, Jos√© Ovejero y Jos√© Manuel Fajardo, acompa√Īados -no pod√≠a ser menos- por el mismo Daniel Mordzinski, hice un viaje a Bruselas en busca del preciso lugar de nacimiento del gran Julio quien vio la luz ah√≠ durante la primera guerra mundial, con la ciudad reci√©n ocupada por las tropas alemanas. Los resultados de la excursi√≥n los narr√© ya en otro post de este mismo blog: encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podr√≠an haberlo asaltado, entramos a un departamento que pudo ser el del propio Cort√°zar porque no se sabe con certeza en qu√© piso vivi√≥. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro us√≥ √©l de ni√Īo. A√Īado, como en la otra ocasi√≥n, algunas de las fotos que Daniel tom√≥ del viaje. Para los cuatro fue una experiencia formidable.

ElevadorCortzar.jpg picture by antoniosarabia

Ahora escribo estas l√≠neas en v√≠speras del vig√©simo quinto aniversario de su muerte, que se cumple este jueves catorce de febrero.¬†Ese d√≠a, esta semana, todos los medios de informaci√≥n verter√°n carretadas de merecidos elogios sobre quien es considerado ya uno de los pocos cl√°sicos de nuestro tiempo. Si he narrado algunas de mis correr√≠as con Sep√ļlveda, Fajardo, Ovejero y Mordzinski en torno a Cort√°zar, ha sido solo para ilustrar la afici√≥n, la adhesi√≥n, la devoci√≥n, la admiraci√≥n y muchos otros ciones m√°s que √©l supo despertar en las generaciones de escritores que le siguieron.¬†S√© de algunos que incluso sol√≠an dibujar con tiza una rayuela en la rue de l’Hirondelle y la saltaban cada aniversario.¬†S√≠, todos nos sentimos abrumados ante Cien A√Īos de Soledad, pero ninguna otra novela nos hizo so√Īar, sentir y reflexionar lo que¬†Rayuela. Nunca fuimos a Macondo. Todos, de un modo u otro, hemos estado en Par√≠s buscando a la Maga.

Cortázar fue, además, uno de los grandes maestros del cuento. Tanto La autopista del Sur como El Perseguidor son relatos cumbre de la literatura universal. Nos dejó varios ensayos sobre ese género en el que tanto excedió. Mi favorito es el que reproduzco más abajo. El mejor Cortázar en un texto casi de preceptiva literaria. Que lo disfruten.

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J.K. Rowling (Yate, Glocestershire, Inglaterra, 1965), la célebre creadora de Harry Potter es sin discusión alguna la escritora que más libros ha vendido en este planeta. Este logro es bastante meritorio porque, a diferencia de la gran mayoría de los autores que encabezan las listas de best sellers, ella lo ha logrado con un quehacer eminentemente literario.
Rowling8.jpg picture by antoniosarabiaHace unos meses, en junio del 2008, ofreció una conferencia en Harvard con motivo de la graduación de los alumnos de esa universidad. Dados los tiempos que vivimos sus palabras de ese día tienen una resonancia especial hoy, y por eso las reproducimos este fin de semana en Los Convidados.
Mi traducci√≥n no es ni literal ni exhaustiva. El discurso original en ingl√©s me fue enviado por mi hermano √ďscar desde Guadalajara, M√©xico, unos d√≠as despu√©s de pronunciado. Es bastante m√°s largo de lo que aqu√≠ escribo y est√°, desde luego, formulado en primera persona. El cambio a la tercera persona y el estilo libre indirecto me dan una mayor libertad para navegar y “comprimir” algo el texto con el objeto de hacer los conceptos m√°s fluidos y asequibles a los lectores de nuestra lengua en un espacio m√°s reducido. Sin embargo las palabras, aunque algunas est√©n tratadas por m√≠ con cierta inmunidad son todas suyas, como suyas son tambi√©n las ideas detr√°s de ellas y la inteligencia, el humor, la pasi√≥n y la exquisita sensibilidad que las hacen posibles.
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soriano2.jpg picture by antoniosarabiaOsvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) naci√≥ en enero de 1943 y muri√≥, tambi√©n en el mes de enero, cincuenta y cuatro a√Īos m√°s tarde dejando como herencia algunas de las novelas m√°s originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa¬†que transcribo m√°s abajo, Un Adi√≥s a Soriano, fue escrita por m√≠ hace once a√Īos y publicada en el peri√≥dico El Mundo, de Madrid, Espa√Īa y en El P√ļblico, de Guadalajara, M√©xico un par de d√≠as despu√©s de su muerte, ¬†ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires.¬†Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrar√° un cuento de Soriano titulado Mec√°nicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasi√≥n por la vida.

Aclaro que las ideas expresadas en mi art√≠culo de hace once a√Īos sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para m√≠, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.

UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia

No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy le√≠do en M√©xico. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribuci√≥n de la obra de un autor m√°s all√° de sus fronteras nacionales, impidieron que el com√ļn de los lectores apreciara en este pa√≠s el socarr√≥n humor porte√Īo del Gran Gordo. El jueves por la ma√Īana, advertido desde la v√≠spera por un fax de Luis Sep√ļlveda y un correo electr√≥nico de Mempo Giardinelli, busqu√© in√ļtilmente una menci√≥n luctuosa en los peri√≥dicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sent√≠ que Osvaldo se extingu√≠a discretamente, dej√°ndonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empa√Īa los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendr√° bien merecido. Si alguien har√° falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.

soriano1.jpg picture by antoniosarabiaNo me puedo jactar, aunque me encantar√≠a, de que fu√©semos √≠ntimos amigos. Compartimos, eso s√≠, multitud de camaradas, agente literario, editores en Am√©rica Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas l√≠neas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada m√°s natural entonces que nos conoci√©ramos, primero por tel√©fono en la ciudad de Buenos Aires y m√°s tarde en persona en el festival franc√©s de San Mal√≥. Supe entonces, aunque su hipocondr√≠a era proverbial, que en verdad hab√≠a estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asist√≠an al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo cre√≠ restablecido. No sospech√©, ni por asomo, la mancha asesina extendi√©ndose en su pulm√≥n de antiguo fumador, mancha que √©l conoc√≠a y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de a√Īos mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboraci√≥n con Cort√°zar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una ma√Īana intercambiamos direcciones electr√≥nicas y no par√≥ de darme consejos de inform√°tica.
El jueves por la tarde nuestro com√ļn editor en la Argentina me proporcion√≥ algunos detalles de su muerte. Le hab√≠an extirpado, con √©xito, el tumor, y fue una infecci√≥n pulmonar postoperatoria la que le empuj√≥ hacia la tumba. El viernes apareci√≥, por fin, en los peri√≥dicos locales, una breve rese√Īa del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jam√°s se ir√° totalmente. Nos dej√≥, en un pu√Īado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, D√≠a de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro a√Īos. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habr√° m√°s penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.

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gaza5.jpgYo no escribo habitualmente de política pero esta noche no puedo, ni me siento dispuesto, a cerrar más los ojos a la catástrofe en el medio oriente. Esa inhumana masacre en la que la muerte de cientos, tal vez pronto de más de un millar de civiles cercados en una angosta franja de tierra igual que en una ratonera, se utiliza como baza adicional en el imperdonable juego de fanatismo y poder antagónicos, la inevitable pérdida de unos cuantos peones prescindibles en el siniestro ajedrez de la muerte.
Gaza1.jpg picture by antoniosarabia¬ŅQu√© persegu√≠a Ham√°s al negarse a renovar la tregua con Israel que expiraba en diciembre? ¬ŅQu√© pretend√≠a al disparar esas andanadas de cohetes caseros contra su poderoso vecino? Es rid√≠culo que considerara, si alguno acertaba en el blanco, que la muerte de un pu√Īado de israel√≠es iba a cambiar de alg√ļn modo la situaci√≥n en Gaza. Lo que la organizaci√≥n palestina buscaba, y al final consigui√≥, era la torpe y brutal represalia de Israel a su enga√Īoso desaf√≠o. Como el hermano menor que provoca al mayor tir√°ndole un puntapi√© para luego correr con sus padres a que lo vean agredido. Ten√≠a que hacerlo de inmediato, cuando junto a la del hermano mayor asomaba a√ļn la irresponsable y zapateada cara de George W. Bush lo que garantizaba su postrer bendici√≥n a un nuevo ba√Īo de sangre. Y gracias a la arrogancia, a la ceguera y a la absoluta crueldad del gobierno encabezado por Ehud Olmert, con el apoyo del gracias a dios muy pronto ex presidente de los Estados Unidos, Ham√°s ha logrado su objetivo.

Gaza3.jpg picture by antoniosarabiaBienvenidos los miembros descuartizados, las mujeres desgarradas y los ni√Īos muertos cuyas im√°genes dan la vuelta al mundo en primera plana y horarios triple A. Ahora Siria, que con la mediaci√≥n de Turqu√≠a negociaba un convenio con Israel, ver√° sus manos atadas para lograr un acuerdo. Ahora Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro turco, se siente con justa raz√≥n traicionado por Tel Aviv. Ahora el conflicto abre las puertas a la reelecci√≥n en Ir√°n del presidente Mahmud Ahmadineyad, fervoroso partidario de la bomba at√≥mica y enemigo mortal de Israel. Ahora se radicalizar√° y polarizar√° todav√≠a m√°s el Islam quitando espacio y argumentos a quienes pregonan concordia.¬†Ahora el cabecilla palestino Abu Mazen y el l√≠der del partido pacifista israel√≠ Iosi Beilin, ambos en favor de la tolerancia y la paz, quedan pr√°cticamente eliminados del tablero pol√≠tico.¬†Ahora llegar√°n m√°s fondos de los multimillonarios √°rabes que tranquilizan su petrolera conciencia canalizando dinero y recursos a sus m√°s belicosos correligionarios. Ahora se reclutar√°n con facilidad entre despojados, viudos y hu√©rfanos, nuevos m√°rtires dispuestos a esconderse explosivos bajo la ropa, bien adheridos a su m√≠sera carne de ca√Ī√≥n, y sacrificar sus vidas para vengarse de la matanza israel√≠. Ahora tendremos que vigilar con mayor esmero y rigor todas las torres gemelas del mundo.

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Este martes 25 de noviembre se conmemora el natalicio de Lope de Vega (Madrid, Espa√Īa, 1562-1635) uno de los grandes genios de la literatura espa√Īola y, sin lugar a dudas, el poeta m√°s celebrado de su tiempo. Junto con Cervantes, G√≥ngora, Quevedo, Mateo Alem√°n, Ruiz de Alarc√≥n, Villamediana, Tirso, Calder√≥n, Graci√°n y tantos otros, compone el llamado barroco espa√Īol. Una forma de vida, de ser, de vivir, de creer y hasta de hablar, afirma Antonio Carre√Īo en su pr√≥logo a las Rimas humanas y otros versos (Cr√≠tica, 1998), comprendida bajo el m√°s pretencioso t√©rmino de Siglo de Oro.
lope-de-vega.jpg picture by antoniosarabiaHijo de un diestro bordador de casullas y frontales que lleg√≥ a coser para la reina, la vida de Lope transcurre en plena Espa√Īa de los Austrias, desde el reinado de Felipe II hasta el de Felipe IV. Sobre su educaci√≥n no hay datos precisos aunque el mismo Lope dedica una de sus comedias al muy ilustr√≠simo se√Īor don √ć√Īigo de Mendoza, catedr√°tico de la universidad de Alcal√° cuando yo estudiaba en ella y hace tambi√©n otra ambigua referencia a su posible paso por Salamanaca.
En su juventud fue soldado y actor (cuando fue representante / primeras damas hacía, cuenta Quevedo con su acostumbrada mala leche) antes de entrar como secretario al servicio de algunas casas nobles como la del obispo de Cartagena, la del marqués de Malpica, la del duque de Alba, la del conde de Lemos y, posteriormente, con una lastimosa servidumbre que mantendría hasta el final de su vida, la del duque de Sessa.
Pero cuando a√ļn era joven y comenzaba a destacar escribiendo versos y comedias, encontr√≥ musa e inspiraci√≥n en la calle de Lavapi√©s, donde viv√≠a la actriz Elena Osorio hasta que el padre de √©sta, Jer√≥nimo Vel√°zquez, un astuto empresario teatral, prefiri√≥ para su hija la fortuna de otro a los libretos de Lope: dejas un pobre muy rico, le escribi√≥ Lope chasqueado, y un rico muy pobre escoges, / pues las riquezas del cuerpo / a las del alma antepones.

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Tenochtitlan4.jpg picture by antoniosarabiaUn d√≠a 8 de noviembre igual que ayer, solo que en 1519, el a√Īo Uno Ca√Īa seg√ļn el calendario azteca, Hern√°n Cort√©s se detuvo a contemplar, estupefacto, la capital del imperio mexicano en el centro de una extensa laguna. “Una ciudad tan grande, escribe m√°s tarde el mismo conquistador, como Sevilla o C√≥rdoba”, “que parec√≠a cosa de encantamiento, a√Īade su subalterno Bernal D√≠az del Castillo, de las que se cuentan en el libro de Amad√≠s”, tan imponente, “por las grandes torres y templos y edificios que ten√≠an dentro del agua, todos de calicanto”, que algunos de los soldados llegan incluso a preguntarse si lo que ven no es un sue√Īo. No lo es, aunque aquella se√Īorial urbe casi tres veces mayor que Venecia y, como ella, surcada de canales y puentes, as√≠ lo parezca a la mayor√≠a de los sorprendidos espa√Īoles habituados a las toscas aldeas de Andaluc√≠a, Extremadura o Castilla.
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Este jueves 16 de octubre Los Convidados cumplen un a√Īo de su presencia en la red. Esto nos induce a una peque√Īa celebraci√≥n. Adem√°s de la obligada botella de Burdeos (en este momento me encuentro de viaje en una gira por Francia, estoy escribiendo estas l√≠neas sobre el traqueteo de un TGV) que me beber√© esta noche a la salud de todos ustedes, se me ocurre que la mejor manera de festejarlo es hacer una entrada (o dos, o tres, seg√ļn lo que encuentre m√°s adelante) con los poemas que m√°s he disfrutado transcribir durante estos primeros doce meses de vida. Vamos a ver… Los primeros versos del blog correspondieron, no pod√≠a ser de otro modo, a la pluma de Lauren Mendinueta. Aqu√≠ est√° el que he elegido de aquella entrada:

 

De Lauren Mendinueta, octubre 25/07

LA FELICIDAD
La felicidad, como tantas otras cosas,
depende de los reflujos de la mente.
Pero ese vaivén de la memoria lo gobierna el azar,
y por fatalidad he vivido dando rodeos
acerc√°ndome quiz√°s, sin alcanzar lo memorable,
una y otra vez cayendo en lo peor de lo vivido.
¬ŅAcaso la felicidad est√° en lo m√°s pr√≥ximo,
en lo que no es memoria sino llana realidad?
LauMendinueta.jpg picture by antoniosarabiaSi es así no hay esperanza
pues para llegar a lo m√°s cercano
hay que transitar por el camino m√°s largo,
que dicho sea de paso, es el más difícil.
La felicidad, como un legítimo tesoro,
espera en el fondo
de lo ríos más caudalosos de la memoria.
Sólo en esos acuosos mantos existe con pureza.
Aunque en tierras cotidianas contemos con réplicas exactas
dispuestas en vitrinas a precios caprichosos.
Si alguno codicia las auténticas joyas
tiene que sumergirse en innumerables aguas,
sortear atroces peligros, arriesgarse.
Pero que entienda de antemano
que los tesoros verdaderos no son hallazgos de la voluntad.
Yo prefiero abandonarme al azar,
tal vez un día aparezca ahogada en buenas aguas.

Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977)

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Un veintinueve de septiembre como este naci√≥, hace cuatrocientos sesenta y un a√Īos, don Miguel de Cervantes Saavedra (Alcal√° de Henares, 1547 – Madrid, 1616). Adem√°s del espacio de este blog me har√≠an falta otros muchos para bosquejar apenas lo que don Miguel significa para m√≠ como modelo de ser humano, y para la literatura universal como fundador de la narrativa moderna. La mejor manera de combinar ambas cosas, y rendirle homenaje, es reproducir una breve semblanza novel√≠stico-biogr√°fica suya, si existe el t√©rmino, extra√≠da de mi novela Amarilis, que Belacqva publicar√° en Verticales de bolsillo a partir del pr√≥ximo mes de enero.Cervantes1.jpg picture by antoniosarabia
El texto se inspira en el hecho de que don Miguel de Cervantes Saavedra habit√≥ los √ļltimos a√Īos de su vida la calle de Le√≥n, que en justicia deber√≠a llamarse ahora de Cervantes, casi esquina con la entonces de Francos donde Lope de Vega resid√≠a y que, por esa raz√≥n, deber√≠a llamarse hoy de Lope de Vega y no de Cervantes. Ambos debieron coincidir a menudo en el vecindario, como hacen en la novela don Miguel y los hijos de Lope. Y ya que estamos en ello, hay que a√Īadir que la imprecisi√≥n y arbitrariedad de la nueva toponimia del barrio¬†no es su √ļnica injusticia: casi frente a la a√ļn en pie casa de Lope de Vega, donde se ha instalado su museo, sale una callecita que va de la primitiva calle de Francos (actual Cervantes) al convento de las monjas Trinitarias en la antigua de Cantarranas (ahora de Lope de Vega) donde, como veremos en el texto, fue enterrado el autor de El Quijote. En esa breve calle, a√ļn llamada del Ni√Īo Jes√ļs, hay una placa alusiva que se√Īala el domicilio de don Francisco de Quevedo y Villegas sin hacer ninguna menci√≥n a don Luis de G√≥ngora y Argote, quien vivi√≥¬†tambi√©n¬†en ese mismo lugar desde su llegada a Madrid, a finales de abril de 1617, hasta su regreso a C√≥rdoba, enfermo, desilusionado y empobrecido, diez a√Īos m√°s tarde. Se march√≥ porque Quevedo, quien le odiaba, tuvo la maligna idea de comprar la casa para darse el infame placer de lanzarlo a la calle. Y luego le divert√≠a contar que para perfumarla / y desengongorarla / de vapores tan crasos / quem√≥ como pastillas Garcilazos.

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Esta semana quiero tocar de nuevo el microrelato por varios motivos. Primero por que en el post anterior dej√© fuera informaci√≥n importante sobre los autores de Minificciones, Delf√≠n Beccar (Buenos Aires, 1980) y Alejandro Gelaz (Gij√≥n, 1963). Ambos colaboran en el √°rea de comunicaci√≥n y proyectos de Internet vinculados a la gesti√≥n p√ļblica en Buenos Aires, donde Alejandro reside desde el 2001. Adem√°s del trabajo comparten una misma pasi√≥n por la literatura.Delfn.jpg picture by antoniosarabia¬†Delf√≠n ha publicado ya un libro de cuentos, Esclavos de Sombra, del que se agot√≥ la edici√≥n. Alejandro se mueve tambi√©n entre los artistas pl√°sticos y, aparte de pintar digitalmente √©l mismo, est√° a punto de salir a la luz con una trilog√≠a po√©tica de la que esperamos tener m√°s noticias y darles tal vez, con la cooperaci√≥n del propio Alejandro, alguna primicia en Los Convidados. El segundo motivo es que √ļltimamente han publicado nuevas minificciones, entre las que hay una m√≠a y otra de Lauren Mendinueta que no puedo resistir la tentaci√≥n de compartir con ustedes. Y, tercero, por que el blog de Delf√≠n y Alejandro lleva como subt√≠tulo Los Mecanismos de la Brevedad y creo firmemente que en esos mecanismos reside la clave de alguna literatura mayor.agelaz2.jpg picture by antoniosarabia¬†Todos guardamos en la memoria lo que hac√≠amos en determinados momentos cruciales de nuestro devenir colectivo. Para m√≠ estar√° siempre presente qu√© hac√≠a y d√≥nde me encontraba cuando asesinaron a los Kennedy, por ejemplo, tanto a John como a Bobby, cuando el hombre puso por primera vez pie en la luna, cuando cay√≥ el muro de Berl√≠n, cuando derribaron las Torres Gemelas o cuando me top√© con las siguientes l√≠neas: Vine a Comala porque me dijeron que aqu√≠ viv√≠a mi padre: un tal Pedro P√°ramo. La contundencia de esa frase me dej√≥ helado. Esa quincena de palabras constituyen por s√≠ mismas un formidable microrelato. Yo las descubr√≠ hojeando por casualidad una peque√Īa edici√≥n del Fondo de Cultura Econ√≥mica sobre la mesa de novedades en una librer√≠a de la Alameda Central, en M√©xico D.F. hace m√°s de cincuenta a√Īos. Leer la frase y pagar el libro fue uno. Sal√≠ como en trance y continu√© leyendo mientras caminaba por lo que entonces era la avenida San Juan de Letr√°n. Y Rulfo prosigue as√≠, de microrelato en microrelato, la construcci√≥n de su obra maestra. Veamos c√≥mo la contin√ļa: Mi madre me lo dijo. Y yo le promet√≠ que vendr√≠a a verlo en cuanto ella muriera. Le apret√© sus manos en se√Īal de que lo har√≠a, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo, -me recomend√≥-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar√° gusto conocerte” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que as√≠ lo har√≠a, y de tanto dec√≠selo se lo segu√≠ diciendo aun despu√©s que a mis manos les cost√≥ trabajo zafarse de sus manos muertas. Y as√≠ sucesivamente, cada relato contenido a su vez en otro un poco mayor, como una suerte de cajas chinas, o mu√Īecas rusas, que se van ensamblando del interior al exterior hasta que el √ļltimo p√°rrafo engloba a la novela entera del mismo modo que, a la inversa, la novela entera est√° contenida en aquellas inolvidables primeras palabras de Juan Preciado.

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