Posts Tagged “Antonio Sarabia”
No moriré del todo amiga mía / de mi ondulante espíritu disperso / algo en la urna diáfana del verso / piadosa guardará la poesía, escribió Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México 1859-1895) y tenía razón. Yo, cuando menos, nunca desde mi ya lejana adolescencia he podido escapar ni a la frescura y el encanto de la duquesita del duque Job, ni a las estrofas melodiosas y elegantes que componen sus cuatro quintetos y catorce sextetos decasílabos y mucho menos a las sorprendentes e ingeniosas rimas que las rematan.
Los versos nos llevan por el México de finales del XIX, en compañía de la seductora duquesita, por un simpático recorrido a partir de la esquina del jockey club, actual Sanborn’s de los azulejos, por toda la calle de Plateros, hoy avenida Madero, hasta los antiguos almacenes de ropa de La Sorpresa, que más tarde se convertiría en La Ciudad de Londres y que hoy ha desaparecido.
El duque Job fue uno de los numerosos seudónimos que Gutierrez Nájera usó a lo largo de su vida. El poema está dedicado a una joven de la que se había enamorado, su duquesita, cuya vida transcurría a lo largo de las calles de Plateros y San Francisco, circunstancia que da pie al autor para enumerar los sitios de moda y evocar las costumbres de la época.
Reproducirlo, me parece, es mejor manera de rendir homenaje a este gran poeta mexicano que este año festejará el siglo y medio de su nacimiento y que hace unos días cumplió 124 años de muerto. Porque Manuel Gutiérrez Nájera falleció a causa de una operación quirúrgica cuando apenas cumplía treinta y seis años de edad y estaba en el apogeo de su talento creativo.

Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Blogs literarios, Blogs literarios en español, el duque Job, la duquesita del duque Job, Manuel Gutierrez Nájera, Plateros, Poetas mexicanos
3 Comentarios »
“Yo llegué a París buscando a la Maga”, le oí decir hace unos días a mi amigo Daniel Mordzinski en el Hay Festival de Cartagena de Indias, donde ambos estuvimos invitados. Él aún vive en París. En lugar de la Maga encontró a su hermosa e incomparable Viviana, pero sus palabras rozaron un arrinconado diapasón en mi memoria. París había significado tantas cosas en mi adolescencia que yo también llegué ahí buscando huellas: de d’Artgnan a Lagardere, de Jean Valjean a Montecristo, de Auguste Dupin al inspector Maigret, de Esmeralda a la Maga. Del convento de las Carmelitas Descalzas, a cuyas espaldas se batían los mosqueteros y el atrio de Notre Dame, donde bailaba la gitanilla, hasta el quai de Conti y el Pont des Arts, donde Oliveira distinguía a la Maga a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. Sí, yo también llegué a París buscando a la Maga y me encontré con que ahí fallecería Julio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 1914-1984) unos meses después de mi llegada.
Yo no lo conocí. Mi primera novela no sería publicada sino hasta siete años más tarde y yo, ilustre desconocido, no me atreví a llamarle por teléfono y confesarle cuánto le admiraba. Hice mal. Me lo han dicho ahora amigos, algunos muy queridos, que lo conocieron y trataron en la intimidad. Sin embargo, en los quince años que luego pasaría en la capital de Francia lo visité a menudo en su última morada del cementerio Montparnasse, en la tumba que comparte junto a su querida Carol Dunlop. Cuando mi gran amigo el chileno Luis Sepúlveda estaba en la ciudad íbamos a hacerle compañía. Le encendíamos un cigarrillo bien acomodado sobre el mármol y, fumando también nosotros, conversábamos los tres hasta que Julio concluía el suyo. Agrego, para obviar dudas sobre la salud mental de Lucho y mía, que aunque le sabíamos presente en el coloquio jamás le oímos responder. Participaba en la conversación, diría Borges, intercalando silencios significativos mientras chupaba placenteramente su tabaco hasta consumirlo. A veces, intuyendo que no bastaba uno le prendíamos otro y ¿por qué no? hasta un tercer cigarrillo del insomnio -él fue siempre un enorme fumador- y continuábamos la charla. Al final apagábamos las colillas, nos despedíamos y ya solos, sintiéndonos medio desamparados, rematábamos la tarde en cualquier café del bulevar.
En otra ocasión, junto con mis dos queridos futuros compinches de Primeras Noticias de Noela Duarte, José Ovejero y José Manuel Fajardo, acompañados -no podía ser menos- por el mismo Daniel Mordzinski, hice un viaje a Bruselas en busca del preciso lugar de nacimiento del gran Julio quien vio la luz ahí durante la primera guerra mundial, con la ciudad recién ocupada por las tropas alemanas. Los resultados de la excursión los narré ya en otro post de este mismo blog: encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podrían haberlo asaltado, entramos a un departamento que pudo ser el del propio Cortázar porque no se sabe con certeza en qué piso vivió. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro usó él de niño. Añado, como en la otra ocasión, algunas de las fotos que Daniel tomó del viaje. Para los cuatro fue una experiencia formidable.

Ahora escribo estas líneas en vísperas del vigésimo quinto aniversario de su muerte, que se cumple este jueves catorce de febrero. Ese día, esta semana, todos los medios de información verterán carretadas de merecidos elogios sobre quien es considerado ya uno de los pocos clásicos de nuestro tiempo. Si he narrado algunas de mis correrías con Sepúlveda, Fajardo, Ovejero y Mordzinski en torno a Cortázar, ha sido solo para ilustrar la afición, la adhesión, la devoción, la admiración y muchos otros ciones más que él supo despertar en las generaciones de escritores que le siguieron. Sé de algunos que incluso solían dibujar con tiza una rayuela en la rue de l’Hirondelle y la saltaban cada aniversario. Sí, todos nos sentimos abrumados ante Cien Años de Soledad, pero ninguna otra novela nos hizo soñar, sentir y reflexionar lo que Rayuela. Nunca fuimos a Macondo. Todos, de un modo u otro, hemos estado en París buscando a la Maga.
Cortázar fue, además, uno de los grandes maestros del cuento. Tanto La autopista del Sur como El Perseguidor son relatos cumbre de la literatura universal. Nos dejó varios ensayos sobre ese género en el que tanto excedió. Mi favorito es el que reproduzco más abajo. El mejor Cortázar en un texto casi de preceptiva literaria. Que lo disfruten.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Auguste Dupin, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Carol Dunlop, Cementerio de Montparnasse, D'Artagnan, Daniel Mordzinski, Hay Festival, Horacio Quiroga, Jean Valjean, Jorge Luis Borges, José Manuel Fajardo, José Ovejero, Julio Cortázar, La Maga, Luis Sepúlveda, Maigret, Montecristo
2 Comentarios »
J.K. Rowling (Yate, Glocestershire, Inglaterra, 1965), la célebre creadora de Harry Potter es sin discusión alguna la escritora que más libros ha vendido en este planeta. Este logro es bastante meritorio porque, a diferencia de la gran mayoría de los autores que encabezan las listas de best sellers, ella lo ha logrado con un quehacer eminentemente literario.
Hace unos meses, en junio del 2008, ofreció una conferencia en Harvard con motivo de la graduación de los alumnos de esa universidad. Dados los tiempos que vivimos sus palabras de ese día tienen una resonancia especial hoy, y por eso las reproducimos este fin de semana en Los Convidados.
Mi traducción no es ni literal ni exhaustiva. El discurso original en inglés me fue enviado por mi hermano Óscar desde Guadalajara, México, unos días después de pronunciado. Es bastante más largo de lo que aquí escribo y está, desde luego, formulado en primera persona. El cambio a la tercera persona y el estilo libre indirecto me dan una mayor libertad para navegar y “comprimir” algo el texto con el objeto de hacer los conceptos más fluidos y asequibles a los lectores de nuestra lengua en un espacio más reducido. Sin embargo las palabras, aunque algunas estén tratadas por mí con cierta inmunidad son todas suyas, como suyas son también las ideas detrás de ellas y la inteligencia, el humor, la pasión y la exquisita sensibilidad que las hacen posibles.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores ingleses, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Harry Potter, Harvard, J.K. Rowling, Literatura inglesa, Plutarco, Séneca
5 Comentarios »
Osvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) nació en enero de 1943 y murió, también en el mes de enero, cincuenta y cuatro años más tarde dejando como herencia algunas de las novelas más originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa que transcribo más abajo, Un Adiós a Soriano, fue escrita por mí hace once años y publicada en el periódico El Mundo, de Madrid, España y en El Público, de Guadalajara, México un par de días después de su muerte, ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires. Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrará un cuento de Soriano titulado Mecánicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasión por la vida.
Aclaro que las ideas expresadas en mi artículo de hace once años sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para mí, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.
UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia
No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy leído en México. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribución de la obra de un autor más allá de sus fronteras nacionales, impidieron que el común de los lectores apreciara en este país el socarrón humor porteño del Gran Gordo. El jueves por la mañana, advertido desde la víspera por un fax de Luis Sepúlveda y un correo electrónico de Mempo Giardinelli, busqué inútilmente una mención luctuosa en los periódicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sentí que Osvaldo se extinguía discretamente, dejándonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empaña los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendrá bien merecido. Si alguien hará falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.
No me puedo jactar, aunque me encantaría, de que fuésemos íntimos amigos. Compartimos, eso sí, multitud de camaradas, agente literario, editores en América Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas líneas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada más natural entonces que nos conociéramos, primero por teléfono en la ciudad de Buenos Aires y más tarde en persona en el festival francés de San Maló. Supe entonces, aunque su hipocondría era proverbial, que en verdad había estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asistían al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo creí restablecido. No sospeché, ni por asomo, la mancha asesina extendiéndose en su pulmón de antiguo fumador, mancha que él conocía y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de años mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboración con Cortázar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una mañana intercambiamos direcciones electrónicas y no paró de darme consejos de informática.
El jueves por la tarde nuestro común editor en la Argentina me proporcionó algunos detalles de su muerte. Le habían extirpado, con éxito, el tumor, y fue una infección pulmonar postoperatoria la que le empujó hacia la tumba. El viernes apareció, por fin, en los periódicos locales, una breve reseña del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jamás se irá totalmente. Nos dejó, en un puñado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, Día de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro años. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habrá más penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores argentinos, Autores mexicanos, Blogs literarios, Blogs literarios en español, El Mundo, Kafka, Luis Sepúlveda, Macintosh, Mempo Giardinelli, Osvaldo Soriano, Público
3 Comentarios »
Yo no escribo habitualmente de política pero esta noche no puedo, ni me siento dispuesto, a cerrar más los ojos a la catástrofe en el medio oriente. Esa inhumana masacre en la que la muerte de cientos, tal vez pronto de más de un millar de civiles cercados en una angosta franja de tierra igual que en una ratonera, se utiliza como baza adicional en el imperdonable juego de fanatismo y poder antagónicos, la inevitable pérdida de unos cuantos peones prescindibles en el siniestro ajedrez de la muerte.
¿Qué perseguía Hamás al negarse a renovar la tregua con Israel que expiraba en diciembre? ¿Qué pretendía al disparar esas andanadas de cohetes caseros contra su poderoso vecino? Es ridículo que considerara, si alguno acertaba en el blanco, que la muerte de un puñado de israelíes iba a cambiar de algún modo la situación en Gaza. Lo que la organización palestina buscaba, y al final consiguió, era la torpe y brutal represalia de Israel a su engañoso desafío. Como el hermano menor que provoca al mayor tirándole un puntapié para luego correr con sus padres a que lo vean agredido. Tenía que hacerlo de inmediato, cuando junto a la del hermano mayor asomaba aún la irresponsable y zapateada cara de George W. Bush lo que garantizaba su postrer bendición a un nuevo baño de sangre. Y gracias a la arrogancia, a la ceguera y a la absoluta crueldad del gobierno encabezado por Ehud Olmert, con el apoyo del gracias a dios muy pronto ex presidente de los Estados Unidos, Hamás ha logrado su objetivo.
Bienvenidos los miembros descuartizados, las mujeres desgarradas y los niños muertos cuyas imágenes dan la vuelta al mundo en primera plana y horarios triple A. Ahora Siria, que con la mediación de Turquía negociaba un convenio con Israel, verá sus manos atadas para lograr un acuerdo. Ahora Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro turco, se siente con justa razón traicionado por Tel Aviv. Ahora el conflicto abre las puertas a la reelección en Irán del presidente Mahmud Ahmadineyad, fervoroso partidario de la bomba atómica y enemigo mortal de Israel. Ahora se radicalizará y polarizará todavía más el Islam quitando espacio y argumentos a quienes pregonan concordia. Ahora el cabecilla palestino Abu Mazen y el líder del partido pacifista israelí Iosi Beilin, ambos en favor de la tolerancia y la paz, quedan prácticamente eliminados del tablero político. Ahora llegarán más fondos de los multimillonarios árabes que tranquilizan su petrolera conciencia canalizando dinero y recursos a sus más belicosos correligionarios. Ahora se reclutarán con facilidad entre despojados, viudos y huérfanos, nuevos mártires dispuestos a esconderse explosivos bajo la ropa, bien adheridos a su mísera carne de cañón, y sacrificar sus vidas para vengarse de la matanza israelí. Ahora tendremos que vigilar con mayor esmero y rigor todas las torres gemelas del mundo.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Abu Mazen, Antonio Sarabia, Bertolt Brecht, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Cristiano Ronaldo, Ehud Olmert, George W. Bush, Hamas, Iosi Beilin, Israel, La Cuestión Palestina, La Franja de Gaza, Mahmud Ahmadineyad, Medio Oriente, Narrativa hispanoamericana contemporánea, Poetas Alemanes, Recep Tayyip Erdogan
12 Comentarios »
Este martes 25 de noviembre se conmemora el natalicio de Lope de Vega (Madrid, España, 1562-1635) uno de los grandes genios de la literatura española y, sin lugar a dudas, el poeta más celebrado de su tiempo. Junto con Cervantes, Góngora, Quevedo, Mateo Alemán, Ruiz de Alarcón, Villamediana, Tirso, Calderón, Gracián y tantos otros, compone el llamado barroco español. Una forma de vida, de ser, de vivir, de creer y hasta de hablar, afirma Antonio Carreño en su prólogo a las Rimas humanas y otros versos (Crítica, 1998), comprendida bajo el más pretencioso término de Siglo de Oro.
Hijo de un diestro bordador de casullas y frontales que llegó a coser para la reina, la vida de Lope transcurre en plena España de los Austrias, desde el reinado de Felipe II hasta el de Felipe IV. Sobre su educación no hay datos precisos aunque el mismo Lope dedica una de sus comedias al muy ilustrísimo señor don Íñigo de Mendoza, catedrático de la universidad de Alcalá cuando yo estudiaba en ella y hace también otra ambigua referencia a su posible paso por Salamanaca.
En su juventud fue soldado y actor (cuando fue representante / primeras damas hacía, cuenta Quevedo con su acostumbrada mala leche) antes de entrar como secretario al servicio de algunas casas nobles como la del obispo de Cartagena, la del marqués de Malpica, la del duque de Alba, la del conde de Lemos y, posteriormente, con una lastimosa servidumbre que mantendría hasta el final de su vida, la del duque de Sessa.
Pero cuando aún era joven y comenzaba a destacar escribiendo versos y comedias, encontró musa e inspiración en la calle de Lavapiés, donde vivía la actriz Elena Osorio hasta que el padre de ésta, Jerónimo Velázquez, un astuto empresario teatral, prefirió para su hija la fortuna de otro a los libretos de Lope: dejas un pobre muy rico, le escribió Lope chasqueado, y un rico muy pobre escoges, / pues las riquezas del cuerpo / a las del alma antepones.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Amarilis, Antonio Carreño, Antonio Sarabia, Francisco de Quevedo, Jerónima de Burgos, Juan Ruiz de Alarcón, Lope de Vega, Luis de Góngora, Mateo Alemán, Miguel de Cervantes, Poetas españoles, Rimas Humanas, Terencio
2 Comentarios »
Un día 8 de noviembre igual que ayer, solo que en 1519, el año Uno Caña según el calendario azteca, Hernán Cortés se detuvo a contemplar, estupefacto, la capital del imperio mexicano en el centro de una extensa laguna. “Una ciudad tan grande, escribe más tarde el mismo conquistador, como Sevilla o Córdoba”, “que parecía cosa de encantamiento, añade su subalterno Bernal Díaz del Castillo, de las que se cuentan en el libro de Amadís”, tan imponente, “por las grandes torres y templos y edificios que tenían dentro del agua, todos de calicanto”, que algunos de los soldados llegan incluso a preguntarse si lo que ven no es un sueño. No lo es, aunque aquella señorial urbe casi tres veces mayor que Venecia y, como ella, surcada de canales y puentes, así lo parezca a la mayoría de los sorprendidos españoles habituados a las toscas aldeas de Andalucía, Extremadura o Castilla.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Autores mexicanos
5 Comentarios »
Este jueves 16 de octubre Los Convidados cumplen un año de su presencia en la red. Esto nos induce a una pequeña celebración. Además de la obligada botella de Burdeos (en este momento me encuentro de viaje en una gira por Francia, estoy escribiendo estas líneas sobre el traqueteo de un TGV) que me beberé esta noche a la salud de todos ustedes, se me ocurre que la mejor manera de festejarlo es hacer una entrada (o dos, o tres, según lo que encuentre más adelante) con los poemas que más he disfrutado transcribir durante estos primeros doce meses de vida. Vamos a ver… Los primeros versos del blog correspondieron, no podía ser de otro modo, a la pluma de Lauren Mendinueta. Aquí está el que he elegido de aquella entrada:
De Lauren Mendinueta, octubre 25/07
LA FELICIDAD
La felicidad, como tantas otras cosas,
depende de los reflujos de la mente.
Pero ese vaivén de la memoria lo gobierna el azar,
y por fatalidad he vivido dando rodeos
acercándome quizás, sin alcanzar lo memorable,
una y otra vez cayendo en lo peor de lo vivido.
¿Acaso la felicidad está en lo más próximo,
en lo que no es memoria sino llana realidad?
Si es así no hay esperanza
pues para llegar a lo más cercano
hay que transitar por el camino más largo,
que dicho sea de paso, es el más difícil.
La felicidad, como un legítimo tesoro,
espera en el fondo
de lo ríos más caudalosos de la memoria.
Sólo en esos acuosos mantos existe con pureza.
Aunque en tierras cotidianas contemos con réplicas exactas
dispuestas en vitrinas a precios caprichosos.
Si alguno codicia las auténticas joyas
tiene que sumergirse en innumerables aguas,
sortear atroces peligros, arriesgarse.
Pero que entienda de antemano
que los tesoros verdaderos no son hallazgos de la voluntad.
Yo prefiero abandonarme al azar,
tal vez un día aparezca ahogada en buenas aguas.
Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977)
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Álvaro Mutis, Antonio Cisneros, Antonio Sarabia, José Gomes Ferreira, Lauren Mendinueta, Lena Pappá, Lope de Vega, William Ospina
7 Comentarios »
Un veintinueve de septiembre como este nació, hace cuatrocientos sesenta y un años, don Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616). Además del espacio de este blog me harían falta otros muchos para bosquejar apenas lo que don Miguel significa para mí como modelo de ser humano, y para la literatura universal como fundador de la narrativa moderna. La mejor manera de combinar ambas cosas, y rendirle homenaje, es reproducir una breve semblanza novelístico-biográfica suya, si existe el término, extraída de mi novela Amarilis, que Belacqva publicará en Verticales de bolsillo a partir del próximo mes de enero.
El texto se inspira en el hecho de que don Miguel de Cervantes Saavedra habitó los últimos años de su vida la calle de León, que en justicia debería llamarse ahora de Cervantes, casi esquina con la entonces de Francos donde Lope de Vega residía y que, por esa razón, debería llamarse hoy de Lope de Vega y no de Cervantes. Ambos debieron coincidir a menudo en el vecindario, como hacen en la novela don Miguel y los hijos de Lope. Y ya que estamos en ello, hay que añadir que la imprecisión y arbitrariedad de la nueva toponimia del barrio no es su única injusticia: casi frente a la aún en pie casa de Lope de Vega, donde se ha instalado su museo, sale una callecita que va de la primitiva calle de Francos (actual Cervantes) al convento de las monjas Trinitarias en la antigua de Cantarranas (ahora de Lope de Vega) donde, como veremos en el texto, fue enterrado el autor de El Quijote. En esa breve calle, aún llamada del Niño Jesús, hay una placa alusiva que señala el domicilio de don Francisco de Quevedo y Villegas sin hacer ninguna mención a don Luis de Góngora y Argote, quien vivió también en ese mismo lugar desde su llegada a Madrid, a finales de abril de 1617, hasta su regreso a Córdoba, enfermo, desilusionado y empobrecido, diez años más tarde. Se marchó porque Quevedo, quien le odiaba, tuvo la maligna idea de comprar la casa para darse el infame placer de lanzarlo a la calle. Y luego le divertía contar que para perfumarla / y desengongorarla / de vapores tan crasos / quemó como pastillas Garcilazos.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Antonio Sarabia, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Luis de Góngora, Miguel de Cervantes, Narrativa hispanoamericana, Siglo de Oro
4 Comentarios »
Esta semana quiero tocar de nuevo el microrelato por varios motivos. Primero por que en el post anterior dejé fuera información importante sobre los autores de Minificciones, Delfín Beccar (Buenos Aires, 1980) y Alejandro Gelaz (Gijón, 1963). Ambos colaboran en el área de comunicación y proyectos de Internet vinculados a la gestión pública en Buenos Aires, donde Alejandro reside desde el 2001. Además del trabajo comparten una misma pasión por la literatura. Delfín ha publicado ya un libro de cuentos, Esclavos de Sombra, del que se agotó la edición. Alejandro se mueve también entre los artistas plásticos y, aparte de pintar digitalmente él mismo, está a punto de salir a la luz con una trilogía poética de la que esperamos tener más noticias y darles tal vez, con la cooperación del propio Alejandro, alguna primicia en Los Convidados. El segundo motivo es que últimamente han publicado nuevas minificciones, entre las que hay una mía y otra de Lauren Mendinueta que no puedo resistir la tentación de compartir con ustedes. Y, tercero, por que el blog de Delfín y Alejandro lleva como subtítulo Los Mecanismos de la Brevedad y creo firmemente que en esos mecanismos reside la clave de alguna literatura mayor. Todos guardamos en la memoria lo que hacíamos en determinados momentos cruciales de nuestro devenir colectivo. Para mí estará siempre presente qué hacía y dónde me encontraba cuando asesinaron a los Kennedy, por ejemplo, tanto a John como a Bobby, cuando el hombre puso por primera vez pie en la luna, cuando cayó el muro de Berlín, cuando derribaron las Torres Gemelas o cuando me topé con las siguientes líneas: Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre: un tal Pedro Páramo. La contundencia de esa frase me dejó helado. Esa quincena de palabras constituyen por sí mismas un formidable microrelato. Yo las descubrí hojeando por casualidad una pequeña edición del Fondo de Cultura Económica sobre la mesa de novedades en una librería de la Alameda Central, en México D.F. hace más de cincuenta años. Leer la frase y pagar el libro fue uno. Salí como en trance y continué leyendo mientras caminaba por lo que entonces era la avenida San Juan de Letrán. Y Rulfo prosigue así, de microrelato en microrelato, la construcción de su obra maestra. Veamos cómo la continúa: Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo, -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decíselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. Y así sucesivamente, cada relato contenido a su vez en otro un poco mayor, como una suerte de cajas chinas, o muñecas rusas, que se van ensamblando del interior al exterior hasta que el último párrafo engloba a la novela entera del mismo modo que, a la inversa, la novela entera está contenida en aquellas inolvidables primeras palabras de Juan Preciado.
Lee el resto de esta entrada »
Entradas relacionadas
Etiquetas: Alejandro Gelaz, Antonio Sarabia, Bobby Kennedy, Delfín Beccar, Ednodio Quintero, Izaskun Legarza, John Kennedy, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Lauren Mendinueta, Luis Fayad
4 Comentarios »
|