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	<title>Los Convidados &#187; Ajedrez</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>El Ajedrez en Las Mil y Una Noches</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jun 2009 17:09:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura árabe]]></category>
		<category><![CDATA[Ajedrez]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios en español]]></category>
		<category><![CDATA[Las mil y una noches]]></category>
		<category><![CDATA[Schehrezada]]></category>

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		<description><![CDATA[NOCHE 655 Schehrezada dijo: &#8220;&#8230; Cuando hubo franqueado el último arco, llegó al final de la avenida; y ante él, al pie de los peldaños de mármol lavado que conducían a la morada, vió a una joven que debía tener más de catorce años de edad, pero que indudablemente no había cumplido los quince años. Y estaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>NOCHE 655</em></p>
<p>Schehrezada dijo:<br />
&#8220;&#8230; Cuando hubo franqueado el último arco, llegó al final de la avenida; y ante él, al pie de los peldaños de mármol lavado que conducían a la morada, vió a una joven que debía tener más de catorce años de edad, pero que indudablemente no había cumplido los quince años. Y estaba tendida en una alfombra de terciopelo y apoyada en cojines. Y la rodeaban y estaban a sus órdenes otras cuatro jóvenes. Y era hermosa y blanca como la luna, con cejas puras y tan delicadas cual un arco formado con almizcle precioso, con ojos grandes y negros cargados de exterminios y asesinatos, con una boca de coral tan pequeña como una nuez moscada y con un mentón que decía perfectamente: &#8220;¡Heme aquí!&#8221; Y sin disputa habría abrasado de amor con tantos encantos a los corazones más fríos y más endurecidos.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 306px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/chess2MyUN.jpg?t=1245520745" alt="chess2MyUN.jpg picture by antoniosarabia" />Así es que el hermoso Anís se adelantó hacia la bella joven, se inclinó hasta el suelo, se llevó la mano al corazón, a los labios y a la frente, y dijo: &#8220;La zalema contigo, ¡oh soberana de las puras!&#8221; Pero ella le contestó: &#8220;¿Cómo te atreviste ¡oh joven impertinente! a entrar en paraje prohibido y que no te pertenece?&#8221; El contestó: &#8220;¡Oh mi señora! ¡la culpa no es mía, sino tuya y de este jardín! ¡Por la puerta entreabierta he visto este jardín con sus parterres de flores, sus jazmines, sus mirtos y sus violetas, y he visto que todo el jardín con sus parterres y sus flores se inclinaba ante la luna de belleza que se sentaba aquí mismo donde te hallas tú! ¡Y mi alma no pudo resistir al deseo que la impulsaba a venir a inclinarse y rendir homenaje con las flores y los pájaros!&#8221;<br />
La joven se echó a reír, y le dijo: &#8220;¿Cómo te llamas?&#8221; Dijo él: &#8220;Tu esclavo Anís, ¡oh mi señora!&#8221; Dijo ella: &#8220;¡Me gustas infinitamente, ya Anís! ¡Ven a sentarte a mi lado!&#8221;<br />
<span id="more-925"></span>Le hizo, pues, sentarse al lado suyo, y le dijo: &#8220;¡Ya Anís! ¡tengo ganas de distraerme un poco! ¡Sabes jugar al ajedrez?&#8221; Dijo él: &#8220;¡Sí, por cierto!&#8221; Y ella hizo señas a una de las jóvenes, quien al punto les llevó un tablero de ébano y marfil con cantoneras de oro, y los peones del ajedrez eran rojos y blancos y estaban tallados en rubíes los peones rojos y tallados en cristal de roca los peones blancos. Y le preguntó ella: &#8220;¿Quieres los rojos o los blancos?&#8221; El contestó: &#8220;¡Por Alah, ¡oh mi señora! que he de coger los blancos, porque los rojos tienen el color de las gacelas, y por esa semejanza y por muchas otras más, se amoldan a ti perfectamente!&#8221; Ella dijo: &#8220;¡Puede ser!&#8221; Y se puso a arreglar los peones.<br />
Y empezó el juego.<br />
Pero Anís, que prestaba más atención a los encantos de su contrincante que a los peones del ajedrez, se sentía arrebatado hasta el éxtasis por la belleza de las manos de ella, que parecíanle semejantes a la pasta de almendra, y por la elegancia y la finura de sus dedos, comparables al alcanfor blanco. Y acabó por exclamar: &#8220;¿Cómo voy a poder ¡oh mi señora! jugar sin peligro contra unos dedos así?&#8221; Pero le contestó ella embebida en su juego: &#8220;¡Jaque al rey! ¡Jaque al rey, ya Anís! ¡Has perdido!&#8221;<br />
Luego, como viera que Anís no prestaba atención al juego, le dijo: &#8220;¡Para que estés más atento al juego, Anís, vamos a jugar en cada partida una apuesta de cien dinares!&#8221;<br />
El contestó: &#8220;¡Bueno!&#8221; Y arregló los peones. Y por su parte, la joven, que tenía por nombre Zein Al-Mawassif, se quitó en aquel momento el velo de seda que le cubría los cabellos y apareció cual una resplandeciente columna de luz. Y Anís, que no lograba separar sus miradas de su contrincante, continuaba sin darse cuenta de lo que hacía: tan pronto cogía peones rojos en vez de peones blancos, como los movía atravesados, de modo que perdió seguidas cinco partidas de cien dinares cada una. Y le dijo Zein Al-Mawassif: &#8220;Ya veo que no estás más atento que antes. ¡Juguemos una apuesta más fuerte! ¡A mil dinares la partida!&#8221; Pero Anís, a pesar de la suma empeñada, no se condujo mejor; y perdió la partida.<br />
Entonces le dijo ella: &#8220;¡Juguemos todo tu oro contra todo el mío!&#8221; Aceptó él, y perdió. Entonces se jugó sus tiendas, sus casas, sus jardines y sus esclavos, y los perdió unos tras de otros. Y ya no le quedó nada entre las manos.<br />
Entonces Zein Al-Mawassif se encaró con él y le dijo: &#8220;Eres un insensato, Anís. Y no quiero que tengas que arrepentirte de haber entrado en mi jardín y de haber entablado amistad conmigo. ¡Te devuelvo, pues, cuanto perdiste! ¡Levántate, Anís, y vete en paz por donde viniste!&#8221; Pero Anís contestó: &#8220;¡No, por Alah, ¡oh soberana mía! que no me apena lo más mínimo lo que perdí! Y si mi vida me pides, te perteneceré al instante. ¡Pero, por favor, no me obligues a abandonarte!&#8221;<br />
Ella dijo: &#8220;¡Puesto que no quieres recuperar lo que has perdido, ve, al menos, en busca del kadí y de los testigos, y tráeles aquí para que extiendan una donación en regla de los bienes que te he ganado!&#8221; Y fué Anís a buscar al kadí y a los testigos. Y el kadí, aunque estuvo a punto de que se le cayera el cálamo de entre los dedos al ver la belleza de Zein Al-Mawassif, redactó el acta de donación e hizo poner en ella sus sellos a los dos testigos.<br />
Luego se marchó&#8230;<br />
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y calló discreta</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><em>NOCHE 656</em></p>
<p>Ella dijo:<br />
&#8220;&#8230; Y el kadí, aunque estuvo a punto de que se le cayera el cálamo de entre los dedos al ver la belleza de Zein Al-Mawassif, redactó el acta de donación e hizo poner en ella sus sellos a los dos testigos.<br />
Luego se marchó.<br />
Entonces Zein Al-Mawassif se encaró con Anís y le dijo, riendo: &#8220;Ahora puedes marcharte, Anís. ¡Ya no nos conocemos!&#8221; Dijo él: &#8220;¡Oh soberana mía! ¿vas a dejarme partir sin la satisfacción del deseo?&#8221; Ella dijo: &#8220;¡Con mucho gusto accederé a lo que quieres, Anís; pero todavía me queda que pedirte algo! ¡Aun tendrás que traerme cuatro vejigas de almizcle puro, cuatro onzas de ámbar gris, cuatro mil piezas de brocado de oro de la mejor calidad y cuatro mulas enjaezadas!&#8221; Dijo él: &#8220;Por encima de mi cabeza, ¡oh mi señora!&#8221;<br />
Ella preguntó: &#8220;¿Cómo te arreglarás para proporcionármelas, si ya no posees nada?&#8221; Dijo él: &#8220;¡Alah proveerá! Tengo amigos que me prestarán todo el dinero que me haga falta&#8221;. Ella dijo: &#8220;Entonces date prisa a traerme lo que te he pedido&#8221;. Y Anís, sin dudar que sus amigos fuesen en su ayuda, salió para ir a buscarlos.<br />
Entonces Zein Al-Mawassif dijo a una de sus mujeres, que se llamaba Hubub: &#8220;Sal detrás de él, ¡oh Hubub! y espíale. Y cuando veas que todos los amigos de que habló se niegan a ir en su ayuda y le rechazan con un pretexto o con otro, te acercarás a él, y le dirás: &#8220;¡Oh amo mío, Anís! mi ama Zein Al-Mawassif me envía a ti para decirte que quiere verte al instante!&#8221; Y le traerás contigo, y le introducirás en la sala de recepción. ¡Y entonces sucederá lo que suceda!&#8221;<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 255px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ChessVieiradaSilva.jpg?t=1244592897" alt="ChessVieiradaSilva.jpg picture by antoniosarabia" />Y Hubub contestó con el oído y la obediencia, y se apresuró a salir detrás de Anís y a seguir sus pasos.<br />
En cuanto a Zein Al-Mawassif, entró en su casa y empezó por ir al hammam para tomar un baño. Y después del baño, sus doncellas le prodigaron los cuidados que requiere un tocado extraordinario; luego depilaron lo que tenían que depilar, frotaron lo que tenían que frotar; alargaron lo que tenían que alargar y oprimieron lo que tenían que oprimir. Luego la vistieron con un traje bordado de oro fino, y le pusieron en la cabeza una lámina de plata para que sirviera de sostén a una rica diadema de perlas que por detrás se hacía un nudo cuyos dos cabos, adornados cada uno con un rubí del tamaño de un huevo de paloma, le caían por los hombros deslumbradores cual la plata virgen. Luego acabaron de trenzar sus hermosos cabellos negros, perfumados de almizcle y de ámbar, en veinticuatro trenzas que le arrastraban hasta los pies. Y cuando terminaron de adornarla, y quedó semejante a una recién casada, se echaron a sus plantas, y le dijeron con voz temblorosa de admiración: &#8220;¡Alah te conserve en tu esplendor, ¡oh ama nuestra Zein Al-Mawassif! y aleje de ti por siempre la mirada de los envidiosos, y te preserve del mal de ojo!&#8221; Y mientras ella ensayaba en la habitación un modo gallardo de andar, no cesaron de hacerle mil y mil cumplimientos desde el fondo de su alma.<br />
Entretanto, volvió la joven Hubub con el hermoso Anís, al que se llevó cuando sus amigos le rechazaron negándose a ir en su ayuda. Y le introdujo a la sala en donde se hallaba su ama Zein Al-Mawassif.<br />
Cuando el hermoso Anís advirtió a Zein Al-Mawassif en todo el esplendor de su belleza, se detuvo deslumbrado, y se preguntó: &#8220;¿Pero es ella, o una de las recién casadas que sólo se ven en el paraíso?&#8221; Y Zein Al-Mawassif, satisfecha del efecto producido en Anís, fué a él sonriendo, le cogió de la mano y le condujo hasta el diván amplio y bajo que se sentaba ella, y le hizo sentarse al lado suyo. Luego ordenó por señas a sus mujeres que llevaran una mesa grande y baja, hecha de un solo trozo de plata, y en la cual había grabados estos versos gastronómicos:<br />
¡Hunde las cucharas en las salseras grandes, y regocija tus ojos y regocija tu corazón con todas estas especies admirables y variadas!<br />
¡Guisados y cochifritos, asados y cocidos, confituras y helados, fritadas y compotas al aire libre o al horno!<br />
¡Oh codornices! ¡oh pollos! ¡oh capones! ¡oh enternecedores! ¡os adoro!<br />
¡Y vosotros, corderos cebados durante tanto tiempo con alfónsigos, y ahora rellenos de uvas en esta bandeja, ¡oh excelencias!<br />
¡Aunque no tenéis alas como las codornices y los pollos y los capones, me gustáis mucho!<br />
¡En cuanto a ti, ¡oh kabab a la parrilla! que Alah te bendiga! ¡Jamás me verá tu color dorado decirle que no!<br />
¡Y a ti, ensalada de verdolaga, que en esta escudilla bebes el alma misma de los olivos, te pertenece mi espíritu, ¡oh amiga mía!<br />
¡A la vista de esta pareja de pescados asentados en el fondo del plato sobre menta fresca, te estremeces de placer en mi pecho, ¡oh corazón mío!<br />
¡Y tú, bienhadada boca mía, cállate y sueña con comer estas delicias de las que por siempre hablarán los anales!<br />
Entonces las doncellas les sirvieron los manjares perfumados. Y ambos comieron juntos hasta la saciedad y se endulzaron. Y les llevaron los frascos de vino, y bebieron ambos en la misma copa. Y Zein Al-Mawassif se inclinó hacia Anís, y le dijo: &#8220;¡He aquí que hemos comido juntos el pan y la sal, y ya eres mi huésped! No creas, pues, que voy a quedarme ahora con la menor cosa de lo que te ha pertenecido. ¡Así es que, quieras o no, te devuelvo cuanto te he ganado!&#8221; Y Anís no tuvo más remedio que aceptar como regalo los bienes que le habían pertenecido. Y se arrojó a los pies de la joven, y le expresó su gratitud. Pero ella le levantó, y le dijo: &#8220;Si verdaderamente, Anís, quieres agradecerme este don, no tienes más que seguirme a mi lecho. ¡Y allí me probarás positivamente si eres un buen jugador de ajedrez&#8230;<br />
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>NOCHE 657</p>
<p>Ella dijo:<br />
&#8220;&#8230; no tienes más que seguirme a mi lecho. ¡Y allí me probarás positivamente si eres un buen jugador de ajedrez!&#8221; Y saltando sobre ambos pies, contestó Anís: &#8220;¡Por Alah, ¡oh mi señora! que en el lecho vas a ver cómo el rey blanco supera a todos los jinetes!&#8221; Y diciendo estas palabras, la cogió en brazos, y cargado con aquella luna, corrió a la alcoba, cuya puerta hubo de abrirle la servidora Hubub. Y allí jugó con la joven una partida de ajedrez siguiendo todas las reglas de un arte consumado, e hizo que la sucediese una segunda partida y una tercera partida, y así sucesivamente hasta la partida decimoquinta, haciendo portarse tan valientemente al rey en todos los asaltos, que la joven, maravillada y sin alientos, hubo de darse por vencida, y exclamó: &#8220;Triunfaste, ¡oh padre de las lanzas y de los jinetes!&#8221; Luego añadió: &#8220;¡Por Alah sobre ti, ¡oh mi señor! di al rey que descanse!&#8221; Y se levantó riendo y puso fin por aquella noche a las partidas de ajedrez.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 246px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ChessDuchamp.jpg?t=1244593190" alt="ChessDuchamp.jpg picture by antoniosarabia" />Entonces, nadando con alma y cuerpo en el océano de las delicias, reposaron un momento en brazos uno de otro. Y Zein Al-Mawassif dijo a Anís: &#8220;Llegó la hora del descanso bien ganado, ¡oh invencible Anís! ¡Pero, para juzgar mejor todavía de tu valer, deseo saber por ti si en el arte de los versos eres tan excelente como en el juego de ajedrez! ¿Podrías, pues, ordenar rítmicamente los diversos episodios de nuestro encuentro y de nuestro juego, de manera que se nos quedaran bien en la memoria?&#8221; Y contestó Anís: &#8220;La cosa es muy sencilla para mí, ¡oh señora mía!&#8221; Y se sentó en la cama perfumada, y mientras Zein Al-Mawassif le pasaba el brazo por el cuello y le acariciaba dulcemente, improvisó él esta oda sublime:<br />
¡Levantaos para escuchar la historia de una joven de catorce años y un cuarto de año, a quien encontré en un paraíso, y era más bella que las lunas en el cielo de Alah!<br />
¡Como una gacela, se balanceaba en el jardín y las ramas flexibles de los árboles se inclinaban hacia ella, y la cantaban los pájaros! ¡Y aparecí, y le dije; &#8220;¡La zalema contigo, ¡oh sedosa de mejillas, oh soberana! ¡Dime, para que lo sepa, el nombre de aquella cuyas miradas me vuelven loco!&#8221;<br />
¡Con acento más dulce que el tintineo de las perlas en la copa, me dijo: &#8220;¿No darás con mi nombre tú solo? ¿Tan ocultas están mis cualidades, que no puede mi rostro reflejarlas a tu vista?<br />
¡Contesté: &#8220;¡No, por cierto! ¡No, por cierto! ¿Sin duda te llamas Ornamento de las Cualidades? ¡Dame una limosna, ¡oh Ornamento de las Cualidades!<br />
¡Y en cambio, ¡oh joven! aquí tienes almizcle, aquí tienes ámbar, aquí tienes perlas, aquí tienes oro y alhajas y todas las gemas y sedas!&#8221;<br />
¡Entonces brilló en sus dientes jóvenes el relámpago de su sonrisa, y me dijo: &#8220;¡Heme aquí, pues! Heme aquí, ¡oh caros ojos míos!&#8221;<br />
¡Éxtasis de mi alma, ¡oh su cintura desceñida! ¡oh su camisa descubierta! ¡oh su carne al desnudo! ¡oh diamantes! ¡Satisfacción de mis deseos! ¡Emanaciones suyas, que eran perfumes al besar! ¡Olor de piel suprema calor de regazo! ¡Oh frescura, mil besos!<br />
¡Si la hubieseis visto, censores que me impugnáis! ¡Escuchad! ¡Os cantaré toda mi embriaguez, y quizás comprendáis!<br />
¡Su inmensa cabellera, color de noche, se despliega triunfal sobre la blancura de su espalda hasta llegar al suelo! ¡Y las rosas de sus mejillas incendiarias alumbrarían el infierno!<br />
¡Un arco precioso son sus cejas puras; matan sus párpados, cargados de flechas; y es un alfanje cada una de sus miradas!<br />
¡Su boca es un frasco de vino añejo; su saliva es agua de fuente; sus dientes son un collar de perlas acabadas de coger del mar!<br />
¡Su cuello, cual el cuello del antílope, es elegante y está tallado admirablemente; su pecho es una losa de mármol sobre la que descansan dos copas invertidas!<br />
¡Su vientre tiene un hoyo que embalsama con los perfumes más ricos; y debajo, enfrontando mi espera, gordo y rollizo, alto como un trono de rey, asentado entre dos columnas de gloria, está aquel que es la locura de los más cuerdos!<br />
¡Por unos lados liso y por otros barbudo, es tan sensible, que se encabrita como un mulo en cuanto se le toca!<br />
¡Tiene los ojos rojos, tiene los labios carnosos y dulces, tiene el hocico fresco y encantador!<br />
¡Si te aproximas a él con valentía, le encontrarás caliente, sólido, resuelto y suntuoso, sin temer las fatigas, ni los asaltos, ni las batallas!<br />
¡Así eres, ¡oh Zein Al-Mawassif! completa de encantos y de cortesía! ¡Y por eso no olvidaré las delicias de nuestras noches, ni la hermosura de nuestros amores!<br />
Al oír esta oda improvisada en honor suyo, Zein Al-Mawassif se sintió transportada de placer y se expansionó hasta el límite de la expansión&#8230;<br />
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.</p>
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		<title>El ajedrez en la literatura</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 09:33:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa hispanoamericana contemporánea]]></category>
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		<description><![CDATA[El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 211px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/chess1.jpg?t=1245515561" alt="chess1.jpg picture by antoniosarabia" />El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago Gamboa, íbamos por las noches al acogedor bar del hotel Ritz, el Hemingway, donde entonces había instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ahí jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y él cierta bebida exótica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero había ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomodábamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repetía una frase que se ha hecho célebre entre los dos: &#8220;¿cómo quedamos la última vez&#8230; dos a uno, verdad?&#8221;.</p>
<p>Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasión por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poesía, hasta se entretenía componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eterónimo Ricardo Reis, me encontré con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduciéndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez algún lector portugués me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice <em>E o de marfim peão mais avançado / pronto a comprar a torre, </em>¿Qué significa en portugués, en términos ajedrecísticos<em> comprar a torre? </em>Yo tuve la opción de traducir<em> listo a tomar la torre, </em>pero pensé, mala intución tal vez, que como era el peón más avanzado estaba a punto de llegar a la última hilera y<em> convertirse en torre.</em><em><span style="font-style: normal;"> Cualquier aclaración al respecto será más que bienvenida. S</span><span style="font-style: normal;">e me ocurre publicar la traducción ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le podía considerar un verdadero fanático del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la página.</span></em><span id="more-961"></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>LOS JUGADORES DE AJEDREZ<br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
Oí contar que otrora, cuando Persia<br />
tenía no sé qué guerra<br />
mientras la invasión ardía en la ciudad<br />
y las mujeres gritaban<br />
dos jugadores de ajedrez jugaban<br />
su juego continuo.</p>
<p>A la sombra del amplio árbol escrutaban<br />
el antiguo tablero<br />
y, al lado de cada uno, esperando sus<br />
momentos más holgados<br />
cuando había movido la pieza, y ahora<br />
le tocaba al adversario<br />
una jarra de vino refrescaba<br />
frugalmente su sed.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">&#8230;</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 480px; height: 366px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chessarabs-2.jpg?t=1245518192" alt="Chessarabs-2.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Ardían casas, se saqueaban<br />
las arcas y los nichos,<br />
violadas, las mujeres eran puestas<br />
contra muros caídos,<br />
traspasadas por lanzas, las criaturas<br />
eran sangre en las calles&#8230;<br />
Mas donde estaban, cerca la ciudad<br />
y lejos su ruido,<br />
los jugadores de ajedrez jugaban<br />
el juego de ajedrez.</p>
<p>Aunque en los mensajes del infértil viento<br />
les viniesen los gritos<br />
y, al reflexionar, supiesen en su alma<br />
que en verdad a las mujeres<br />
y a las tiernas hijas se violaban<br />
en la contigua distancia,<br />
y aunque en el momento en que pensaban<br />
una sombra ligera<br />
les cruzase la frente, ajena y vaga,<br />
pronto a sus ojos calmos<br />
retornaba su confianza atenta<br />
con el tablero viejo.</p>
<p>Cuando el rey de marfil está en peligro<br />
¿qué importan la carne y los huesos<br />
de las hermanas, las madres o los niños?<br />
Cuando la torre no cubre<br />
la retirada de la reina blanca,<br />
poco importa el saqueo.<br />
Y cuando la mano confiada pone en jaque<br />
al rey del adversario,<br />
poco pesa en el alma que allá lejos<br />
estén muriendo hijos.</p>
<p>Aunque de repente, sobre el muro,<br />
asome la sañuda cara<br />
de un guerrero invasor y en breve deba<br />
en sangre ahí caer<br />
el jugador genuino de ajedrez,<br />
el momento antes de ese<br />
(concentrado en el cálculo de un lance<br />
que hará horas después)<br />
sigue entregado al juego predilecto<br />
de los muy indiferentes.</p>
<p style="text-align: center;"><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 400px; height: 318px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess4-1.jpg?t=1245519325" alt="Chess4-1.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Caigan ciudades, sufran pueblos, cese<br />
la libertad y la vida.<br />
Los haberes tranquilos y heredados<br />
ardan y se despojen,<br />
más cuando la guerra interrumpa las partidas<br />
esté el rey sin jaque<br />
o el blanco peón más avanzado<br />
listo a volverse torre.</p>
<p>Mis hermanos en amar a Epicuro<br />
y en entenderlo más<br />
de acuerdo a nosotros mismos que a él<br />
en la historia aprendamos<br />
de los calmos jugadores de ajedrez<br />
cómo pasar la vida.</p>
<p>Todo lo que es serio poco importe<br />
lo grave poco pese<br />
y el natural impulso del instinto<br />
que ceda al gozo inútil<br />
(a la sombra tranquila de los árboles)<br />
de jugar un buen juego.</p>
<p>Lo que sacamos de esta vida inútil<br />
da lo mismo si es<br />
gloria, fama, amor, ciencia o vida,<br />
como si fuese apenas<br />
la memoria de ganar la partida<br />
a un jugador mejor.</p>
<p>La gloria pesa como grueso fardo,<br />
la fama como fiebre,<br />
el amor cansa porque es serio y busca,<br />
la ciencia nunca encuentra,<br />
y la vida pasa y duele porque sabe&#8230;<br />
El juego de ajedrez<br />
prende el alma toda y, perdida, poco<br />
pesa, pues no es nada.</p>
<p>¡Ah! bajo las sombras que sin querer nos aman<br />
con un jarro de vino<br />
al lado, sólo atentos a la inútil tarea<br />
del juego de ajedrez<br />
Aunque el juego sea apenas sueño<br />
y no haya compañero<br />
imitemos los persas de esta historia,<br />
y mientras allá afuera<br />
cerca o lejos, la guerra patria y vida<br />
nos llaman, toleremos<br />
que nos llamen en vano, cada uno<br />
bajo sombras amigas<br />
soñemos, él los compañeros, y el ajedrez<br />
su indiferencia.</p>
<p>Ricardo Reis</p>
<p>(traducción Antonio Sarabia)</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;">EL REY NEGRO</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ChessMagritte.jpg?t=1245516048" alt="ChessMagritte.jpg picture by antoniosarabia" />Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable que sacrificó la última torre para llevar un peón femenino hasta la séptima línea, frente al alfil y el caballo de las blancas.  Hablo desde mi base negra. Me tentó el demonio en la hora tórrida, cuando tuve por lo menos asegurado el empate. Soñé la coronación de una dama y caí en un error de principiante, en un doble jaque elemental&#8230;  Desde el principio jugué mal esta partida: debilidades en la apertura, cambio apresurado de piezas con clara desventaja&#8230; Después entregué la calidad para obtener un peón pasado: el de la dama. Después&#8230;  Ahora estoy solo y vago inútil de blancas noches y de negros días, tratando de ocupar casillas centrales, esquivando el mate de alfil y caballo. Si mi adversario no lo efectúa en un cierto número de movimientos, la partida es tablas. Por eso sigo jugando, atenido en última instancia al Reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez, que a la letra dice: Inciso 4) Cuando un jugador demuestra que cincuenta jugadas, por lo menos, han sido realizadas por ambas partes sin que haya tenido lugar captura alguna de pieza ni movimiento de peón.  El caballo blanco salta de un lado a otro sin ton ni son, de aquí para allá y de allá para acá. ¿Estoy salvado? Pero de pronto me acomete la angustia y comienzo a retroceder inexplicablemente hacia uno de los rincones fatales.  Me acuerdo de una broma del maestro Simagin: el mate de alfil y caballo es más fácil cuando uno no sabe darlo y lo consigue por instinto, por una implacable voluntad de matar.  La situación ha cambiado. Aparece en el tablero el Triángulo de Deletang y yo pierdo la cuenta de las movidas. Los triángulos se suceden uno tras otro, hasta que me veo acorralado en el último. Ya no tengo sino tres casillas para moverme: uno caballo rey y uno y dos torre. Me doy cuenta entonces de que mi vida no ha sido más que una triangulación. Siempre elijo mal mis objetivos amorosos y los pierdo uno tras otro, como el peón de siete dama. Ahora tres figuras me acometen: rey, alfil y caballo. Ya no soy vértice alguno. Soy un punto muerto en el triángulo final. ¿Para que seguir jugando? ¿Por qué no me dejé dar el mate pastor? ¿O de una vez el del loco? ¿Por qué no caí en una variante de Legal? ¿Por qué no me mató Dios mejor en el vientre de mi madre, dejándome encerrado allí como en la tumba de Filidor?  Antes de que me hagan la última jugada decido inclinar mi rey. Pero me tiemblan las manos y lo derribo del tablero. Gentilmente mi joven adversario lo recoge del suelo, lo pone en su lugar y me mata en uno torre, con el alfil.  Ya nunca más volveré a jugar al ajedrez. Palabra de honor. Dedicaré los días que me queden de ingenio al análisis de las partidas ajenas, a estudiar finales de reyes y peones, a resolver problemas de mate en tres, siempre y cuando en ellos sea obligatorio el sacrificio de la dama.</p>
<p>Juan José Arreola</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>AJEDREZ</p>
<p>1<br />
En su grave rincón, los jugadores<br />
rigen las lentas piezas. El tablero<br />
los demora hasta el alba en su severo<br />
ámbito en que se odian dos colores.</p>
<p>Adentro irradian mágicos rigores<br />
las formas: torre homérica, ligero<br />
caballo, armada reina, rey postrero,<br />
oblicuo alfil y peones agresores.</p>
<p>Cuando los jugadores se hayan ido,<br />
cuando el tiempo los haya consumido,<br />
ciertamente no habrá cesado el rito.</p>
<p>En el Oriente se encendió esta guerra<br />
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.<br />
Como el otro, este juego es infinito.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #ffffff;">..</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 472px; height: 199px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess61.jpg?t=1245516755" alt="Chess61.jpg picture by antoniosarabia" /><br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
2<br />
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada<br />
reina, torre directa y peón ladino<br />
sobre lo negro y blanco del camino<br />
buscan y libran su batalla armada.</p>
<p style="text-align: left;">No saben que la mano señalada<br />
del jugador gobierna su destino,<br />
no saben que un rigor adamantino<br />
sujeta su albedrío y su jornada.</p>
<p>También el jugador es prisionero<br />
(la sentencia es de Omar) de otro tablero<br />
de negras noches y blancos días.</p>
<p>Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.<br />
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza<br />
de polvo y tiempo y sueño y agonías?</p>
<p>Jorge Luis Borges</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">P.S. Antes de montar esta entrada, escribí a Santiago Gamboa preguntándole si recordaba el nombre de aquella pócima extraña que con tanto deleite consumía en el Hemingway. Acabo de recibir su respuesta:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Querido Antonio, no solo no la he olvidado (perdona, no tengo tildes, estoy en el aeropuerto de Bangkok) sino que hace poco me tome uno: es el Singapur Sling. Collins, el tenderman del Ritz, que es norteamericano, habia ganado el concurso bianual de Singapur Sling que por lo general ganaba siempre el Hotel Raffles de Singapur, donde fue inventado.</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Un abrazo y otro muy fuerte a Lauren,</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Santiago</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Queda, pues, hecha la aclaración. Tanto en el nombre de la bebida como en el del sitio en que ganó el certamen: Singapur y no Shanghai como yo dije antes. Evidentemente, al enviarme su email, Santiago no había leído aún Los Convidados de esta semana y por eso no hay referencia a los resultados de nuestras partidas de ajedrez. Ahí me toca a mí hacer la corrección. No es cierto que vayamos dos a uno como siempre recuerda Santiago. En nuestra amistad siempre ha habido un empate.</span></p>
<p><!--EndFragment--></div>
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