Mi novela, Troya al Atardecer, fue galardonada durante la Semana Negra de Gijón con el premio Espartaco 2008 a la mejor novela histórica publicada el año pasado. Desde este blog literario deseo dar las gracias a los organizadores de la Semana Negra, con Paco Ignacio Taibo II a la cabeza, y a los distinguidos miembros del jurado Alfonso Mateo-Sagasta, Juan Bolea y Fermín Goñi, quienes tuvieron a su cargo la ingrata tarea de seleccionar un ganador entre otras obras de excelente calidad escritas por colegas de reconocido prestigio como El Secreto del Oráculo, de José Angel Mañas, El Agua y la Tierra, de Julio Murillo, El Naufragio del Imperio, de Juan Esteban Constaín, Ars Magica de Nerea Riesco y El Juglar, de Rafael Marín.

Gracias también a la gente de Gijón que cada año recibe a los autores con tanto entusiasmo, generosidad, afecto y algarabía. Ojalá que la Semana Negra continúe siempre con el empuje que la ha convertido en uno de los festivales de la cultura más importantes de España.

A continuación les ofrezco tres fragmentos de la novela premiada.

                                                                                                       

 

Llamaban al mar poros, “el camino”laotraorilla-Troyaalatardecerult-1.jpg picture by Laurenblog o pontos, “el pasaje”, y fue por ese camino, por ese pasaje, que llegaron hasta las costas de Troya. También le llamaban pelagos, “la inmensidad”, aunque al aproximarse sus naves lo cubrieran hasta donde alcanzaba la vista. Nunca antes se había visto una expedición tan numerosa. Alrededor de cien mil hombres de armas en más de mil doscientos navíos venidos de todos los rincones de la Hélade. Soldados valientes, capitaneados por los jefes más ilustres de su tiempo. Decididos todos a terminar rápido, a invadir y saquear la ciudad de las anchas calles, empeñados en devolver la infiel esposa a Menelao, su dueño y señor, para que se encerraran juntos en las habitaciones de su palacio y resolvieran a solas, y de una vez por todas, sus problemas conyugales. Y una vez logrado eso volver pronto a la patria, a dilapidar el botín que aquel ilustre adulterio, más la fulminante victoria en la guerra, les habrían deparado. Pero su voluntad flaqueó al encontrarse a la vista de las macizas murallas de Troya. Con razón se relataba que las había edificado el propio Poseidón, el que estremece la tierra. Todas, menos las de la parte que da al mar, obra de Éaco, antepasado del mismísimo Aquiles que ahora con ellos se presentaba a sus pies. A esas se puso sitio y, aunque habían sido erigidas por manos humanas, tampoco se tuvo mucho éxito ante ellas porque después de casi diez años de asedio aún seguían indemnes burlando la voluntad y los tozudos empeños de sus atacantes.

 

 

                                                     

 

Cuando los escudos chocaban entre sí y el familiar estrépito del metal dando al metal se confundía con el de los gritos de aliento, las amenazas y los gemidos de dolor que saturaban el ambiente, un audaz troyano se deslizó con presteza hacia el caído Menelao y, levantando con ambas manos su pesada hacha de dos filos, se dispuso a rematarlo. Timalco intuyó el terror bovino en los ojos de su rey. Todo lo que tenía que hacer, pensó, era volver la cabeza hacia otra parte un mero instante, nada más natural, con enemigos viniéndosele encima por doquier nadie podría reprochárselo, y esa noche el orgulloso amo de Esparta serviría sólo de asidero de moscas y de pitanza a los perros y a las aves de rapiña. Bien merecido lo tendría. Adiós al mundo de los vivos. Adiós a sus sueños de compartir una vez más su lecho con Helena. Adiós a sus blancos brazos y a su perfumada cabellera, adiós. Sin embargo levantó la lanza, su jabalina trazó una fulgurante línea en el aire y vino a hundirse con violencia justo bajo la clavícula del brazo erguido que se disponía a descargar el golpe mortal sobre el abatido atrida. A los ojos saltados de sorpresa y a los dedos aflojándose en el mango de madera de encino, siguió el pesado estruendo de la armadura al derrumbarse junto al rey caído. Timalco se aproximó a su soberano desenfundando la espada y cubriéndolo con el escudo de otros posibles proyectiles adversarios. Habría deseado encontrar a un hombre muerto pero, en vez de eso, se topó con su maltrecho caudillo que le miraba con agradecimiento.

 

 

                                                                                                         

 

De los diez años de guerra aquella jornada fue, sin duda, la más cruenta. Después del combate, dánaos y troyanos pactaron una tregua para restañar sus heridas, recoger a sus muertos ayudándose de bueyes y mulas, e incinerar sus despojos. Timalco pasó buena parte de la noche ocupado con el resto de los espartanos en amortajar los cadáveres de sus compatriotas, usando para el caso sus propias túnicas rojas. Limpiaba con agua los sucios costurones de sangre, y cubría los cuerpos inertes con ramas de olivo antes de entregarlos a las enormes piras funerarias que Néstor había mandado encender para abrasar a los caídos. ¿Cuántos días más se necesitarían para recolectarlos a todos? ¿Y de qué habían servido tantas plegarias a los dioses, conjeturó una vez más Timalco, tantos ruegos para librar con vida la batalla, si la suerte de aquellos desventurados había sido sellada de antemano? En esos momentos, mirando la espesa humareda elevarse hacia los cielos, se podía creer sin dificultad lo que tanto gustaba afirmar a Tersites: que la tierra estaba demasiado poblada y que Zeus, desde lo alto del Olimpo, había decidido esa guerra para aligerarla del exceso de habitantes. Si eso era cierto, aquel penetrante tufo a carne humana en chamusquina debía resultar un grato aroma para él.

 

Antonio Sarabia

 

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , ,
8 Respuestas a “Premio Espartaco 2008”
  1. Juan (2 comments) dice:

    Excelente novela. La acabo de empezar.

  2. Josefa (3 comments) dice:

    Una gran novela. Lo felicito por el premio deseándole muchos otros, un abrazo.

  3. María (1 comments) dice:

    Ya en los Convidados, muchas gracias. La portada del libro es bellísima, como la novela, una joya. El título es una promesa, un abrazo de mar, un ensueño. Tu español sabe a griego y apenas hablas comienza Ilión.

  4. ¡Muchas felicidades por el premio Antonio!
    Ramón y yo te enviamos un abrazo grande.
    Hemos estado un poco desaparecidos, porque hemos tenido bastante trabajo. Ramón pronto tendrá su novela lista y supongo que te la enviará, ¡yo aún no he conseguido que me deje leerla toda!
    un abrazo para los dos y a ver si nos encontramos pronto, en una comida o cena en nuestra casa, por ejemplo…
    Ana

  5. Terumi Moriyama (1 comments) dice:

    En tus líneas, como en los hexámetros, Troya cobra vida.

    ¡Enhorabuena, Antonio! Comparto su alegría

    Un gran abrazo para ti y Lauren desde México.

    Terumi

  6. Muchas gracias, Ana querida, espero que Ramón me permita leer su novela pronto. Entretanto podemos vernos para comer o cenar cuando quieran, en nuestra casa o en la de ustedes. Da igual, lo importante es vernos.
    Un gran beso y un abrazo a Ramón
    Antonio Sarabia

  7. Terumi, qué bueno saber de ti. Hoy te recordamos durante el almuerzo, porque me enteré de que pronto expondrás en San Antonio, Texas. Enhorabuena para ti también, te deseo un gran éxito. Te lo mereces.
    Un beso grandísimo
    Antonio

  8. Triana (29 comments) dice:

    He llegado hasta esta nueva novela gracias a Fátima Mendez, el tema es apasionante, y aunque apenas he leido unas pocas paginas, desde ya, estoy segura de que es magnifica. Un saludo afectuoso.

Deja una Respuesta

*

Los enlaces en los comentarios pueden encontrarse libres de nofollow.