Hace tiempo que no se publica en este blog una entrada de poesÃa y ya la reclaman los aficionados al género. En esta ocasión quisiera hacer un breve recorrido por un mundo al que le tengo una afición particular:
el de la poesÃa arábigo andaluza. Esos versos, plenos al mismo tiempo de delicadeza y de fuerza, de timidez y de audacia, de pasión y de sabidurÃa, inspiraron no pocas páginas de mi novela El Retorno del PaladÃn (Ediciones B, 2005). Algunos de sus lectores reconocerán en ellos incluso uno que otro epÃgrafe.
1
Aquà me tienes, señor.
He renegado de cuanto
contienen los gruesos libros.
He mellado
el cortaplumas del escritorio
y he roto los cálamos.
Ahora sé que el tÃtulo de rey
sólo se adquiere entre los hierros de las lanzas
y entre las anchas hojas de los sables.
Al Radi Bi-llah Yazid (rey de Ronda, S. XI)
2
Mi pupila rescata lo que está preso en la página:
lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro.
Ibn Ammar (Silves S. XI)
3
No me tachéis de inconsecuente porque mi corazón
haya sido apresado por una voz que canta.
Hay que estar serio unas veces y, otras, dejarse emocionar,
como la madera de la que lo mismo sale el arco del guerrero
y el laúd del cantor.
Ibrahim Ben Utman (Córdoba, siglo XII)
4
Nada me turbó más que un pichón que zureaba
sobre una rama, entre la isla y el rÃo.
Era su color de alfóncigo, de lapislázuli
su pechuga, tornasolado su cuello, castaño su dorso
y el extremo de las puntas de las alas.
HacÃa girar sobre el rubà de sus pupilas párpados de
perla, y orillaba sus párpados una lÃnea de oro.
Negra era la aguda punta de su pico, como el cabo
de un cálamo de plata mojado en tinta.
Se recostaba en el ramo del arak como en un trono,
escondiendo la garganta en el repliegue del ala.
Mas al ver correr mis lágrimas la asustó mi llanto
e, irguiéndose sobre la verde rama,
desplegó sus alas y las batió en su vuelo,
llevándose mi corazón. ¿Adónde? No lo sé.
Abu Hasan Ali Ben Hisn (Sevilla S. XI)
5
Los que no saben qué es amor me censuran porque te amo,
pero, a mi juicio, tanto me da el que te injuria como el que se calla.
Me dicen “has puesto de lado todo disimulo,
antes te mostrabas a la gente celoso cumplidor de la ley religiosaâ€.
Yo les digo que ocultar mi amor serÃa hipocresÃa
y yo detesto a los hipócritas.
¿Cuándo prohibió Mahoma mi amor?
¿Consta acaso su ilegalidad en el claro texto revelado?
Mientras no incurras en cosas prohibidas, por las que temas
llegar al dÃa de la resurrección con el rostro turbado,
no hagas caso en materia de amor de lo que digan los censores
y, por vida mÃa, me da igual que hablen a gritos o en voz baja.
¿Es acaso responsable el hombre de algo que no ha elegido libremente?
¿Por ventura el que se calla será reprendido por las palabras que no profirió?
Ibn Hazm (Córdoba 1022)
6
Me maravillo
de la ingratitud del arco,
porque no es leal
con las palomas del boscaje.
Cuando era rama
fue su amigo
y ahora que es arco
las persigue.
¡Asà son las vicisitudes de los tiempos!
Ahmed Ibn Waddah “al Buqayra†(Murcia, S. XII)
7
Si hoy presto oÃdos
escucho una música que viene de muy lejos,
del pasado también,
de cuanto ha muerto,
de horas y signos distintos de los de hoy,
y de otras vidas.
Quizás la nuestra
-y nosotros mismos, no somos otra cosa que ella-
no sea más que música
porque todos fuimos alguna vez mejores,
o más felices y más dignos:
no obstante, toda música cesa…
…hasta en nuestro recuerdo…
toda música cesa…
Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)
8
La noche anida silenciosa en el pecho de la mañana,
cuando caiga, equiparará
al camellero de Ãfrica y al porquerizo de Castilla
con el que más brilló en el alto cielo.
Añicos de tu corazón yacen en Córdoba y en Ronda;
con Itimad se enterró el último.
Para tus herederos no hay herencia,
ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra, ni agua alegre.
Los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.
La embriaguez de tu vida –caricia, espada y verso-
se concluyen en esta resaca.
Amar fue poseer:
tu desafÃo no pueden mantenerlo
manos cargadas de cadenas.
Pregunta a Silves, dónde empezó el gozo, si te recuerda.
Aún las mismas palmeras se yerguen junto al mismo alcázar,
la misma luna, el mismo rÃo que reflejó la faz de Rumaiquiya.
Todo igual y sin ti, y tú igual sin todo.
Entre las albercas y los jardines, cuántos palacios para nada.
“Responde Agmatâ€, repites, “¿Cabe en ti tal grandeza sin romperte?â€
Respóndeme tú a mÃ: ¿se rompe acaso
de dolor tu memoria, triunfante siempre del ansiado olvido?
Una certeza te apacigua sólo:
en el dÃa de la resurrección tus ojos se abrirán otra vez en Sevilla.
Pero para resucitar hay que morir: es lo que más deseas.
Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)
9
Hice de la desesperación mi castillo y mi coraza
no quiero disfrazarme de vÃctima de la injusticia
Más que todos los hombres vale para mÃ
ese poquito que me permite no necesitar a nadie.
Estando firmes mi religión y mi honor
en nada tengo lo que se va de mi lado.
El ayer se fue, el mañana no sé si lo alcanzaré:
¿de qué voy a afligirme?
Ibn Hazm (Córdoba 1022)
10
Si es el blanco es el color de los vestidos
en Al Andaluz, cosa justa es.
¿No me ves a mÃ, que me he vestido
con el blanco de las canas
porque estoy de luto por la juventud?
Abu Hasan al Husri (siglo XII)

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Me quedo con esta:
Me maravillo
de la ingratitud del arco,
porque no es leal
con las palomas del boscaje.
Cuando era rama
fue su amigo
y ahora que es arco
las persigue.
¡Asà son las vicisitudes de los tiempos!
Ahmed Ibn Waddah “al Buqayra†(Murcia, S. XII)
Hermosa selección Antonio.
Un abrazo.
Último post en el blog de…Triana…En el lÃmite del mal. Relato
Me gustan todas.Gracias.