as1bis.jpg picture by antoniosarabiaEste fin de semana estuve de vuelta en la regi√≥n de Colima, M√©xico, donde ocurre la trama de mi novela Los Convidados del Volc√°n. Tuve dos buenas razones para ir: la primera fue encontrarme all√° con mi querido amigo el editor portugu√©s de la Oficina do Livro, Marcelo Teixeira, quien habiendo le√≠do lo que yo he escrito sobre el sitio ard√≠a en deseos de conocerlo y, la segunda, refrescar mi propia memoria, empaparme una vez m√°s del hablado y los h√°bitos de las gentes, adem√°s de la textura, los aromas y colores del paisaje que les rodea antes de hundirme de lleno en el texto que tengo planeado y que se encuadra de nuevo en el pueblo de Guayac√°n, una m√°gica aldea imaginaria constru√≠da con el l√°piz y papel de la imaginaci√≥n en lo m√°s alto de la pendiente del volc√°n con el √ļnico objeto de convertirla en el espacio esc√©nico de aquella novela.
Comparto ahora con los lectores de Los Convidados algunas fotos de la jornada, tomadas por mi hermano √ďscar, cuya compa√Ī√≠a fue uno m√°s de los placeres del viaje, y a√Īado como estampas literarias dos fragmentos del texto de la novela original en la que se describen no s√≥lo los detalles de la flora y la fauna sino la magia en la que viven sumergidos los pobladores de la regi√≥n.

PanormicaAs.jpg picture by antoniosarabia

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SEGUN CUENTAN LOS CAMPESINOS del lugar, el sencillo caser√≠o donde naci√≥ Joyita se llama Guayac√°n a causa de los √°rboles anaranjados que florecen por sus alrededores, a quienes algunos llaman tambi√©n palo santo porque de su corteza se extrae cierta savia medicinal buena para curar el reumatismo y varias enfermedades de la piel. El pueblo est√° situado en lo m√°s alto de la vertiente del a ratos inquieto, pero siempre inquietante, volc√°n que los lugare√Īos denominan de Fuego para distinguirlo del vecino Volc√°n de Nieve cuya cima, la m√°s elevada de esa parte de la sierra, endereza su s√≥lida silueta apenas unos metros m√°s arriba. Lo cierto es que desde la sosegada Guayac√°n no se divisa m√°s que la cumbre del primero cuya mole, cercana e imponente, oculta a la vista de los moradores el picacho del Nevado. Es necesario alejarse unos kil√≥metros, bajar m√°s all√° de la Yerbabuena y de la hacienda de San Antonio, rumbo a Suchitl√°n y Comala, para ver emerger el otro pico a la zaga del Volc√°n de Fuego como un enorme gab√°n blanco que le cubriera las espaldas. Menos de una legua de distancia separa a uno de otro. Ambos se miran muy por encima de los cerros que les rodean, dispar√°ndose a lo alto como macizos fundamentos cuyas c√ļspides sustentaran la b√≥veda del cielo. Se les dir√≠a arrancando de la misma base, compartiendo una misma fragua interna, aunque uno muestre a diario el humo de la hoguera que crepita en sus entra√Īas y el otro parezca haberse helado para siempre. Alguna vez se les conoci√≥ con los nombres de las ciudades m√°s populosas de sus alrededores. Al primero le nombraban de Colima y al segundo de Zapotl√°n. Ahora los dos han pasado a ser llamados “de Colima” a pesar de que todo el mundo est√° de acuerdo en que el Nevado se encuentra en su mayor parte dentro del territorio de Jalisco.
As.jpg picture by antoniosarabiaLa cercan√≠a del oc√©ano, aunada a la proximidad de las monta√Īas, da cabida en apenas un palmo de terreno a la flora y a la fauna de los climas m√°s diversos. Desde la sofocante can√≠cula de las tierras bajas y la orilla del mar donde las enormes tortugas caguamas emergen de las olas por la noche a desovar a la luz de la luna en desoladas playas de arena blanqu√≠sima bajo cuyos mismos cocoteros se extienden costa adentro los pantanos y sus miasmas, desbordando de caimanes y de fiebres pal√ļdicas, hasta el templado de los valles y las faldas de la sierra, o las bajas temperaturas en lo alto del Volc√°n de Nieve. Ah√≠, en esos f√©rtiles parajes, medrando entre el calor y el fr√≠o extremos, se asientan densos bosques de altos pinos donde las ardillas sustituyen a las iguanas en los troncos de los √°rboles, y la caza de venados, jabal√≠es, conejos, pavos silvestres, chachalacas, chonchos y faisanes atrae la voracidad de implacables carniceros como el lobo, la zorra y el coyote, o de los a√ļn m√°s terribles gatos monteses como el leopardo, el jaguarundi y el candingo.
No se alternan nada m√°s en la pr√≥diga comarca las palmeras y los cedros, tambi√©n abundan caobas, encinos, mezquites, zapotes, tamarindos y primaveras, que guarnecen el paisaje de finales de enero con sus deslumbrantes flores amarillas precediendo en eso a las lilas de las rosamoradas y a las m√°s viol√°ceas de las jacarandas que se van sucediendo conforme avanza el a√Īo. A esa verbena de colores hay que a√Īadir los menos vistosos de muchos √°rboles frutales como mangos, guayabos, papayos y aguacates que, junto con calabazas, j√≠camas, sand√≠as, mameyes y uvas silvestres, se dan con abundancia en la regi√≥n.
S√≥lo la iglesia, al parecer semiderruida a pesar de encontrarse en perpetua construcci√≥n, y una que otra casa principal de Guayac√°n est√°n hechas a base de ladrillo. Las dem√°s fueron fabricadas con el barro de la cuesta puesto a secar al sol por los mismos campesinos y sus techos de teja roja se sostienen con vigas transversales independientes de los muros para evitar su desplome durante alguno de los frecuentes sismos que padece la comarca. La medida no es gratuita porque todav√≠a los m√°s viejos recuerdan la violenta erupci√≥n de principios de siglo, cuando el Volc√°n de Fuego pareci√≥ despertar de la larga modorra que le hab√≠a adormilado durante tant√≠simos a√Īos. Comenz√≥ a desperezarse, a desentumecerse, a agitar sus flancos con violentas sacudidas que levantaron grandes polvaredas a lo largo de la pendiente, antes de lanzar las primeras bocanadas de lava desbord√°ndose ladera abajo para enterrar a su paso jirones de bosque, buena parte del campo y dos ranchos cercanos a la cima en los que perecieron decenas de cabezas de ganado. Por las noches el espect√°culo era a un tiempo aterrador y magn√≠fico. El cono resplandec√≠a por momentos en mitad de lo oscuro, como una inmensa brasa que se avivara de pronto y, acto seguido, la marea de fuego se desbordaba luminosa por los costados hasta llegar a apagarse muchos metros m√°s abajo. La humeante cabellera de holl√≠n ardiente arroj√≥ la escoria de su cauda hasta la ciudad de Guadalajara, muchos kil√≥metros al norte, donde los vecinos atemorizados por esa ceniza gris que amenazaba meterse en todos lados y por los estremecimientos de tierra que hasta all√° llegaron a sentirse, pasaban la noche al descampado, durmiendo fuera de sus casas de puro miedo a que se les vinieran encima el techo y las paredes de sus endebles construcciones citadinas.

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LA PRIMERA VEZ que a Joyita le fue dado entrever que acaso no era como el resto de las ni√Īas de su edad ocurri√≥ a ra√≠z de unas terribles calenturas que la inmovilizaron en cama muchos d√≠as constri√Ī√©ndola incluso a orinar sangre y poniendo en peligro su vida. Para entonces los senos empezaban a abultarle ya bajo la blusa rebel√°ndose contra la talla de los estrechos vestidos infantiles. La fiebre se present√≥ sin previo aviso, manch√°ndole de rojo las mejillas y originando escalofr√≠os, como si todo el calor del Volc√°n de Fuego se le hubiese metido dentro. Le dol√≠a todo el cuerpo y casi al mismo tiempo empez√≥ a orinar sangre. El m√©dico que vino de Comala a visitarla diagnostic√≥ un grave caso de nefritis o de alg√ļn otro padecimiento con un nombre igual de raro y, para restringir la acci√≥n de los ri√Īones, le prohibi√≥ beber cualquier tipo de l√≠quido. Un trapo empapado en agua que se le pasara de cuando en cuando sobre los labios resecos deb√≠a ser suficiente para mitigar la sed de la enferma mientras se presentaba alguna mejor√≠a. Entretanto le prescribi√≥ la consabida dosis de antibi√≥ticos y, prometiendo volver pronto, se dio prisa en despedirse para regresar a su casa antes de que cayera la noche.
yerbabuena_volcano_night.jpg picture by antoniosarabiaUna de esas madrugadas, al despertar empapada en sudor, debati√©ndose entre los desvar√≠os de la sed agravada por la fiebre, Joyita se encontr√≥ con un hombre elegantemente vestido que la observaba con fijeza desde el pie de la cama. No ten√≠a idea clara de la hora pero esa inesperada presencia le produjo una inquietud indefinible. Intent√≥ durante un rato convencerse, en medio del delirio, de que se trataba de otro m√©dico a quien se habr√≠a llamado de urgencia para examinar su caso. Pronto tuvo que desechar la idea: el sorprendente visitante no daba trazas de querer dirigirle la palabra, mucho menos de interesarse en sus dolencias. Por otro lado, la criada a quien esa noche le tocaba vigilarla dorm√≠a profundamente en el sof√°, actitud impensable de su parte si un doctor estuviese en casa a verla. Por si esto fuera poco, el hombre vest√≠a de una manera desusada, con una irreprochable elegancia pasada de moda. El bigote atusado y la negra barba de chivo le hicieron recordar los atildados petimetres que hab√≠a visto fotografiados en el √°lbum de la abuela. Sin saber por qu√© la invadi√≥ un temor supersticioso que ante el persistente silencio del reci√©n llegado fue aumentando gradualmente hasta convertirse en p√°nico. Se subi√≥ primero la cobija a la altura de los ojos y se cubri√≥ luego la cabeza para ya ni ver ni ser vista. As√≠ pas√≥ qui√©n sabe cu√°nto tiempo, inm√≥vil, sin osar descubrirse para verificar si el chocante personaje continuaba a√ļn ah√≠, hasta que la calentura y la fatiga pudieron m√°s que la aprensi√≥n y, a pesar de su invencible desconfianza hacia el extra√Īo visitante, se qued√≥ profundamente dormida.
A la ma√Īana siguiente se dio prisa en preguntar a la familia qui√©n hab√≠a sido el atildado sujeto que estuvo a verla a tan altas horas de la noche y por qu√© nadie m√°s hab√≠a estado presente durante la visita. Al terminar el relato sus parientas se quedaron mirando unas a otras a los ojos sin disimular su extra√Īeza. Nadie hab√≠a venido por la noche. “So√Īaste”, aventur√≥ la madre, a lo que Joyita replic√≥ que no, que se encontraba bien despierta, que le hab√≠a dado mucho miedo. La abuela interrumpi√≥ el concili√°bulo con una explicaci√≥n diferente: de ni√Īa oy√≥ a menudo hablar de un aparecido con las mism√≠simas se√Īas del que les describ√≠a Joyita. Le apodaban El Catr√≠n y se dejaba ver nada m√°s en los lugares donde hab√≠a un tesoro enterrado. La anciana se dirigi√≥ entonces muy seria a su atemorizada nietecilla:
-Sonsácale el escondrijo del oro -le encomendó con un susurro bajo-. Cuando se aparezca de nuevo no lo sueltes hasta saber a ciencia cierta dónde está enterrado el dinero.
El Catr√≠n ya no se present√≥ la noche siguiente impidiendo a la preocupada Joyita formularle la perentoria demanda de la abuela pero el receso dio tiempo a la familia para ir atando los cabos de sus propias conjeturas: la casa, se murmuraba, fue propiedad a√Īos atr√°s de un hacendado de notoria avaricia a quien se le encontr√≥ al morir bastante menos dinero del que se le supon√≠a. En el pueblo se dedujo que lo habr√≠a soterrado en alg√ļn rinc√≥n del cerro, pero no falt√≥ quien adujera que bien pod√≠a haberlo escondido dentro de la misma casa. La aparici√≥n del Catr√≠n, con su reconocida aureola de indicador de riquezas ocultas, daba una cierta validez a esta √ļltima hip√≥tesis. Tal vez la Divina Providencia, se dijeron todas, compadecida de los apuros de la familia y de los padecimientos de Joyita, se decid√≠a a reembolsarles al fin lo mucho que hab√≠an invertido en su bienestar y con ello compensaba la desaparici√≥n de aquel padre bueno-para-nada que la hab√≠a arrojado irresponsablemente al mundo para morirse casi al mismo tiempo abandon√°ndola as√≠ a la incierta caridad de sus parientes. Dios, en su infinita bondad, estaba ahora a punto de restituirles tantas plegarias y desvelos. Alrededor de la ni√Īa enferma se organiz√≥ entonces una vasta red de exploraci√≥n. Las t√≠as abandonaron por un tiempo las labores cotidianas para unirse a las pesquisas. Mientras Joyita desvariaba de sed abandonada en su lecho de enferma, las dem√°s mujeres de la casa se dedicaron a pegar la oreja a las paredes y arrastrarse por el piso d√°ndoles ligeros golpeteos a ver si detectaban alg√ļn hueco donde pudiera ocultarse un tesoro. Una vecina de confianza, a quien se puso r√°pidamente al tanto del asunto pidi√©ndole absoluta discreci√≥n, se present√≥ con un p√©ndulo. Su llegada caus√≥ enorme revuelo entre las buscadoras. Empezaron a seguirse unas a otras por todos los rincones de la finca en pos de la brillante peonza de metal que oscilaba caprichosa al extremo de un cordel. Cuando los movimientos perpendiculares se iban transformando en titubeantes giros que cobraban cada vez mayor impulso y amplitud la familia entera entraba en un estado de excitaci√≥n muy cercano al frenes√≠. Entonces perforaban paredes, remov√≠an losetas o excavaban creyendo por fin haber hallado alguna cosa. La vivienda qued√≥ llena de hoyancos pero nadie encontr√≥ nada. A√Īos m√°s tarde, cuando Joyita bien repuesta de aquella infantil enfermedad que la puso a las puertas de la muerte se hab√≠a mudado a vivir con su madrina al jacal que ella ten√≠a a unos pasos del puesto del mercado, unos alba√Īiles que vinieron a hacer ciertas urgentes reparaciones en la casa se toparon, al decir de los vecinos, con una olla llena de oro empotrada dentro de uno de los muros que se hab√≠an de renovar. El rumor tom√≥ visos de cierto porque, agregan las consejas, el patr√≥n parti√≥ de improviso a Colima sin demandar un centavo por el trabajo hasta entonces realizado ni presentarse jam√°s a terminarlo. Poco tiempo despu√©s inici√≥ en aquella ciudad un lucrativo negocio de venta y reparaci√≥n de bicicletas cuyo financiamiento nadie supo explicarse con certeza.

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20 Respuestas a “Otra vez ante el volc√°n”
  1. Enhorabuena por su blog. Siempre es necesaria buena literatura en la Red.

    Saludos

  2. estan super pardes
    las fotos hojala no aga erubsion este ano
    2009 pork bisitare le BOLCAN DE NIEVE
    eso no importa lo k importa esk todo mexico se dibiertA en el VOLCAN DE NIEVEnosotros hiremos en una ram 4por4 con llantas de jumer nose quien balla ha hir pero alomejor nos topamos tiene unos faritos bueno fue un plaser bisitar esta pajina

  3. Es un lugar explendido, tube la oportunidad de visitarlo por una invitación hecha por unos amigos y ahora que lo miro refrejado en su artículo me parece que vuelvo a vivir de nuevo, gracias.

  4. Anita (1 comments) dice:

    ¬ŅY c√≥mo Ricardo Cayuela Gally todav√≠a no te ha entrevistado? Me encant√≥ su libro de entrevistas. Deber√≠ais conoceros… ni que sea leyendo mutuamente lo que escrib√≠s uno y otro.

    Por si te interesa, me parece que el libro se llamaba algo as√≠ como “La voz de los otros”.

    ¬°Xao!

  5. Anita querida, como sabes vivo en Lisboa, no tengo el privilegio de conocer a Ricardo Cayuela Gally y mi relación con Letras Libres y demás avatares de la literatura mexicana actual son inciertos y remotos. No es una casualidad, tampoco es una opción. Como habría dicho aquel tristemente célebre presidente mexicano, es más bien todo lo contrario. De todos modos, gracias por el dato.

  6. Que suerte tienes en poder visitar los lugares en los que transcurren tus escritos, en mi caso, estoy comenzando con esto de la escritura, me los imagino o los busco en internet, no me da para viajar….

  7. Me han gustado mucho las fotografías, como bien dicen, es una suerte poder viajar tanto y a tantos lugares. Disfruta mucho

  8. Te felicito por el blog, muy buenas vivencias. sigue trasmitiendo con tus buenas palabras todos los destinos por los que pases.

    un saludo y sigue asi !

  9. Hace tiempo que no leía tan buena literatura.

  10. que lindo paisaje! me encantan los volcanes, siempre me han fascinado pero no he tenido nunca la oportunidad de visitar ninguno, me gustaria que me comenten cual es el mejor y mas lindo para poder visitar y conocer

  11. Excelente post!

    Nunca habia lido nada a respecto, pero me fascino su descricion del volcan

    Saludos,

    Juan

  12. En serio esto realmenete te hace investigar un pco mas del tema y llegas a toparte con cada comentario que te aporta conocimiendo en espacil.

  13. Me gustaria que posteeen sobre algo mas del tema, en realidad es cuestion de ver lo mas actualidad

  14. tengo ideas par aportar en este blog pero la verdad que prefiero esperar a que vayan moderando de a poco. Desde ya gracias por dejarnos compartir.

  15. Abigail (1 comments) dice:

    Es una verdadera obra de arte su libro Los Convidados del Volc√°n, o le√≠ cuando tenia 12 a√Īos y realmente me inspiro, y es por su libro que le tengo tanto amor a la lectura.
    He intentado conseguir el libro otra vez, ya que la primera vez que lo tuve en mis manos fue prestado, pero aun no lo consigo. Es realmente inspirador, por la forma en que relata toda la historia es muy bello.
    Muchas gracias por compartir estos libro con todos nosotros!!!

  16. Rosemarie (1 comments) dice:

    Ya desde el título me gustó su libro, su novela.
    Es bueno encontrar autores que se inspiran en su propia tierra.
    Me met√≠ de lleno en la historia, aunque viva tan lejos, pero tambi√©n cerca de monta√Īas… y del volc√°n, que nos hace sentir nuevamente lo peque√Īos que somos. Hablo del Puyehue, actualmente en erupci√≥n, frontera Chile/Argentina.
    ( ahhh, entre nos… estoy esperando su pr√≥xima inspiraci√≥n, – novela. Gracias !! )

  17. Primero que nada no me canso de decir que me encantan tus escritos, por otro lado quiero decir quees un halago que te hayas pasado por la region de Colima en mi querido M√©xico, la verdad es que es un lugar lleno de mag√≠a. Son de las pocas cosas por las que vale la pena M√©xico… desafortunadamente ya esta muy peligroso.

    Saludos

  18. Me encanta la historia. La foto del volc√°n en la que se ve como se desprende la lava es espectacular!

  19. Te felicito por el blog, muy buenas vivencias. sigue trasmitiendo con tus buenas palabras todos los destinos por los que pases.

  20. El nombre de Colima proviene del t√©rmino en n√°huatl con que se denominaba al antiguo reino de Colliman: de colli, “cerro”, “volc√°n” o “abuelo”, y maitl, “mano”, “dominio”. Colima es, pues, “lugar donde domina el dios viejo o el dios de fuego”.

    Buen articulo gracias!

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