Mi amistad con el gran fot√≥grafo argentino afincado en Par√≠s Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) data de hace casi quince a√Īos y nos hemos acompa√Īado por tantos rincones de √©ste y de aquel lado del Atl√°ntico que su est√©ril recuento desafiar√≠a nuestra memoria conjunta. Esa larga complicidad nos llev√≥ a plasmar en un libro com√ļn, El Refugio del Fuego, nuestras correr√≠as por la ladera del volc√°n de Colima, en M√©xico, a fines de los a√Īos noventas y principios del 2000.
Daniel se ha forjado una brillante carrera como fot√≥grafo profesional. Adem√°s de colaborar en los m√°s importantes peri√≥dicos y semanarios europeos, lleva una docena de libros publicados y las exposiciones de su trabajos se han venido realizando, cito de memoria s√≥lo de las que me he enterado, en distintas ciudades de M√©xico, Colombia, Argentina, Portugal, Espa√Īa, Francia y Rusia.
Dado que este es un blog literario, Daniel ha tenido la bondad de corresponder a mi invitación enviándonos las fotos de algunos de sus poetas preferidos.

Comenzamos con una espectacular e in√©dita de quien alguna vez asegur√≥ que ‚Äúcitar es citarse‚ÄĚ, Jorge Luis Borges (‚ÄúEl hoy fugaz es leve y es eterno / otro cielo no busques / ni otro infierno‚ÄĚ). Tal vez al enfrentar rodeado de autores la lente de su joven paisano, el poeta razonara que, si citar es citarse, fotografiar debe por fuerza ser fotografiarse.

Porque Mordzinski capta en aquellos que retrata algo muy hondo de s√≠ mismo. Como si su c√°mara accionara un mecanismo de diapasones que hicieran vibrar al mismo tiempo y en la misma frecuencia a las personas en ambos lados del objetivo. Es √©l entonces, Mordzinski, quien se recarga al ropero atestado de libros de Olga Orozco (‚Äúcomo aquellas que saben que la vida es ausencia amordazada, / y el silencio una boca cosida que simula olvido‚ÄĚ).

Es √©l quien busca en el mapa los verdes tigres del mar y no William Ospina (‚Äúnadie sino yo los ha visto. A nadie he contado que existen. / Volver√≠an a decir que estoy loco, que mi madre muri√≥ en un asilo, / que mi padre era un borracho sin remedio‚ÄĚ).

Y nos observa a trav√©s de la ventana por donde asoma Roberto Juarroz (‚Äúdebemos conseguir que el texto que leemos / nos lea. / Debemos conseguir que la m√ļsica que escuchamos / nos oiga. / Debemos conseguir que aquello que amamos / parezca por lo menos amarnos‚ÄĚ).

√Čl se esconde tras el hermoso y pensativo perfil de Lauren Mendinueta (‚Äú¬Ņc√≥mo interpretar las se√Īales / si los clavos son tan de este mundo?‚ÄĚ).

Es suya esa sonrisa entre ir√≥nica y tierna que apenas curva los labios de Carmen Y√°√Īez (‚Äúas√≠ comenz√≥ la escritura el mudo. / Llov√≠a a c√°ntaros. / De la tierra surgieron los seres / y hablaban por √©l‚ÄĚ).

Contempla al ni√Īo sentado en la pelota con los ojos de Mario Benedetti (‚Äúte dejo frente al mar / descifr√°ndote sola / sin mi pregunta a ciegas / sin mi respuesta rota‚ÄĚ)

y nos mira recostado en el sof√° donde yace Gonzalo Rojas (‚Äú¬Ņqu√© se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte?‚ÄĚ).

Es el propio rostro de Daniel el que se refleja ante el espejo al que se mira Chantal Maillard (‚Äúdoy un paso y despierto al agua / a punto de ser agua, / se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto / de ser negra‚Ķ‚ÄĚ)

y, en esa playa de Saint Mal√≥, son √©l y Maqrol el gaviero quienes comparten la apariencia de √Ālvaro Mutis (‚Äúa la vuelta de la esquina / te seguir√° esperando / ese que nunca fuiste, ese que se muri√≥ / de tanto ser t√ļ mismo lo que eres‚ÄĚ).

Es otra vez Daniel Mordzinski quien acompa√Īa los pasos de la ni√Īa por la escalinata y no Blanca Varela (‚Äúdigamos que ganaste la carrera / y que el premio / era otra carrera‚ÄĚ)

y podemos ver su sombra recortada a contraluz en el balc√≥n de Antonio Gamoneda (‚Äúllevo colgados de mi coraz√≥n / los ojos de una perra y, m√°s abajo / una carta de madre campesina‚ÄĚ).

Es de nuevo √©l, en M√©xico, de pie en esa esquina de la colonia Condesa donde vive el flamante ganador del premio Cervantes, Juan Gelman (‚Äúa este oficio me obligan los dolores ajenos, / las l√°grimas, los pa√Īuelos saludadores, / las promesas en medio del oto√Īo o del fuego‚ÄĚ),

y observa hacia una alta ventana medio oculta tras el follaje en lugar de Dar√≠o Jaramillo (‚Äúese otro que tambi√©n me habita / acaso propietario, invasor quiz√°s o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos‚ÄĚ).

¬ŅPero no es ah√≠ donde reside el arte: en expresar mejor la humanidad de otros expresando al mismo tiempo la parte m√°s humana y mejor de nosotros mismos? Y ese claroscuro per√≠metro, en el que Mordzinski se mimetisa y hasta podr√≠a intercambiarse con cada uno de sus sujetos es la prueba definitiva de su talento y universalidad como artista.

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3 Respuestas a “Los poetas de Daniel Mordzinski”
  1. Anonymous (10 comments) dice:

    Bell√≠simas fotos, bell√≠sima Mendinueta, mi compatriota, un orgullo para el pa√≠s. Lo felicito por el blog, logra mucha variedad en el contenido, adem√°s de la buena prosa que le acompa√Īa. Gracias por compartirlo con nosotros. Un abrazo desde Bogot√°,
    Jaime Lozano

  2. El autor (20 comments) dice:

    Gracias por el comentario, Jaime. Otro abrazo desde Lisboa

  3. Triana (29 comments) dice:

    Que buenisimas fotografias… algun d√≠a quiz√° aprender√© a hacer fotos tan estupendas, mientras me conformo con jugar con mi c√°mara.

    Un abrazo fuerte, Antonio.

    √öltimo post en el blog de…Triana…Ruven Afanador y la Bienal de Flamenco en Sevilla.- (2)

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