Lo mejor de Los Convidados, parte tercera
Escrito por: Antonio Sarabia en PoesÃa africana tradicional, PoesÃa Antillana, PoesÃa italiana contemporáneaEsta es la tercera, y última parte, de una selección de poesÃas presentadas en Los Convidados con motivo de nuestro primer año en la red.
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De PoesÃa tradicional africana, agosto 18/2008.
ARCO IRIS
¡Khwa! ¡Yé oh! ¡Khwa! ¡Arco iris! ¡Oh, arco iris,
tú que brillas allá arriba, tan alto
por encima del bosque!
En medio de las nubes negras,
dividiendo el cielo sombrÃo,
has derribado a tus pies,
vencedor en la lucha,
al trueno que rugÃa,
que rugÃa muy fuerte, irritado.
¿Estás enfadado con nosotros?
En medio de las negras nubes,
dividiendo el cielo sombrÃo,
como el cuchillo que corta el fruto demasiado maduro,
Arco Iris, Arco Iris.
Y el trueno matador de hombres
ha emprendido la huÃda
como el antÃlope ante la pantera,
ha emprendido la huÃda,
¡Arco Iris, Arco Iris!
Poderoso Arco del cazador de lo alto,
del cazador que persigue al rebaño de nubes,
como a un rebaño de elefantes asustados,
Arco Iris, da las gracias al Todopoderoso.
Dile que no esté enfadado.
Dile que no esté irritado.
Dile que no nos mate.
Porque tenemos mucho miedo,
Arco Iris, dÃselo.
Canto pigmeo
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De Un toque de color a la poesÃa en francés, septiembre 08/2008
BATUCA (fragmento)
batuca
cuando el mundo sea un vivero donde yo pescaré mis ojos en el
sedal de tus ojos
batuca cuando el mundo sea el látex largo de las calles de sueño
bebido
batuca
la caja de los clavos la caja de granizo corazón de sorpresa
corazón de cizalla
la caja de los clavos enjambres de mosquitos y vuelo de dientes
la caja de la lluvia tristemente corta las alambradas del trombón
y la paja de las semanas
la caja de la lluvia
la caja de los clavos
la caja de los cisnes
la caja de las hojas lentamente muertas
batuca
batuca de las manos
batuca de los senos en furia de bejucos y de selva virgen
batuca de los siete pecados decapitados
batuca del sexo de beso de pájaro de huÃda de pez
batuca de princesa negra con diadema de sol derretido
batuca de la princesa que atiza a mil guardianes
mil jardines olvidados debajo de la arena y del arco iris
batuca de la princesa de muslos de Congo
de Borneo
de Caracas
nieve negra de muslos de rÃo que despliega sus sueños
de absurdo ventisquero bajo la mano del sol de medianoche
batuca
la princesa se ahoga en su sonrisa de agua ausente
batuca
en su sonrisa de acequia
batuca
en sus ojos de sol macerado de ciruelas
batuca
en su justicia magnética
batuca batuca
la princesa en el corazón virgen del verano en el dintel de las
campánulas
se ha retirado ahogada del corazón reventado de las tierras
reclusa algo oculta en el silencio de las olas
batuca de noche sin carozo
de noche sin labios
con la corbata del surtidor de mi galera sin nombre
de mi pájaro de bumerang
he lanzado mi ojo al oleaje a la guinea de la desesperación y de la
muerte
todo lo extraño se cuaja isla de Pascua, isla de Pascua
todo lo extraño interceptado por las caballerizas de la sombra
un riachuelo de agua fresca fluye en su mano sargazo de gritos fundidos
Y el navÃo desnudado cavó en el cerebro de las noches testarudas
mi exilio minarete-sed-de-las ramas
grito a la sal lunar del gran pez de lágrimas de piedra labrada
Las corrientes enrollaron espesuras de sables de plata
y cucharas de náuseas
y el viento agujereado de los dedos del SOL
esquiló el fuego de la axila de las islas de cabelleras de espuma
olvidados pulmones de los repiques y de las sedas
de los orgullosos tuyas susurrados sangre en los labios ardientes del
blizzard macho
batuca de tierras grávidas
batuca del mar amurallado
batuca del ukelele asesinado bajo las hierbas
cuando los dedos golpeaban la hora de minutos sin fibras
batuca de Burgos jorobados de pies podridos de muertos deletreados
en la desesperación sin precio del recuerdo
Punta-baja, Diamante, Tartana y Carabela
sekeles de oro, garlopas de flotaciones atacadas por gavillas y añublos
cerebros tristes donde se arrastran orgasmos
armadillos humeantes
Oh los crúmenos que divierten a mi timón
el sol ha saltado de las grandes bolsas marsupiales del mar sin
tragaluz en plena álgebra de falsos caballos y de raÃles sin tranvÃa;
batuca, los rÃos son grietas en el yelmo desatado de los barrancos
las cañas naufragan en los balanceos de la tierra llena de jorobas de
camella las ensenadas derriban luces irresponsables las vejigas sin reflujo
de las piedras
¡Sol, a las gargantas!
Negro rugidor, negro carnicero, negro corsario batuca desplegado de
especias y de moscas
Dormida manada de yeguas bajo la espesura de bambúes
sangra, sangra manada de carambas
Asesino te absuelvo en nombre de la violación
te absuelvo en nombre del EspÃritu Santo
Te absuelvo de mis manos de salamandra
El dÃa pasará como una ola con las ciudades en bandolera en su
alforja de conchas hinchadas de pólvora
Sol, roja serpentaria acodada en mis angustias
de pantano con dolores de parto
el rÃo de culebras que yo llamo mis venas
El rÃo de almenas que yo llamo mi sangre
el rÃo de azagayas que los hombres llaman mi rostro
el rÃo a pie alrededor del mundo
golpeará la roca artesiana con cien estrellas de monzón
Libertad mi único pirata, agua del año nueve mi única sed
amor mi único sampán
deslizaremos nuestros dedos de risa y de calabaza
entre los dientes helados de la Bella Durmiente del Bosque.
Aimé Césaire (Basse Pointe, Martinique, 1913-2008)
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De Pavese a los cien años, septiembre 14/2008
LOS MARES DEL SUR
Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve despacio, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-
para enseñar a los suyos tanto silencio.
Mi primo me ha hablado esta tarde para preguntarme
si subirÃa con él: desde la cumbre se avista
en las noches serenas el reflejo del faro
lejano, de TurÃn. “Tú que vives en TurÃn…”
me ha dicho …pero tiene razón. “La vida hay que vivirla
lejos del terruño: se aprovecha y se goza
y después, al regreso, como yo a los cuarenta,
se encuentra nuevo todo. Las Langas no cambian de sitio”.
Todo esto me ha dicho y no habla italiano,
sino que usa pausado el dialecto que, como las piedras
de esta misma colina, es tan áspero
que veinte años de idiomas y diversos océanos
no le han limado. Y asciende la cuesta
con la vigilante mirada que vi, de pequeño,
en labriegos un poco cansados.
En veinte años le ha dado la vuelta al mundo.
Se fue siendo yo un niño de brazos
y le dieron por muerto. Después oà hablar de él
a las mujeres, a veces, como una leyenda;
los hombres, más serios, lo olvidaron.
Un invierno a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta
con un gran sello verdoso de barcos en un puerto
y votos por una buena vendimia. El estupor fue grande,
pero el niño crecido explicó ávidamente
que la postal venÃa de una isla llamada Tasmania,
rodeada de un mar azulÃsimo y de escualos feroces
en el PacÃfico, al sur de Australia. Añadió que sin duda
pescaba perlas el primo. Y arrancó el sello.
Todos opinaron y todos concluyeron
que, si aún no estaba muerto, morirÃa.
Después lo olvidaron y pasó mucho tiempo.
Oh, desde que jugaba a los piratas malayos
cuánto tiempo ha pasado. Y, desde la última vez
que bajé a bañarme en un sitio mortal
y tras un compañero de juegos monté en un árbol
quebrando sus ramas y le rompà la cabeza
a un rival y fui vapuleado,
cuánto ha acontecido. Otros dÃas, otros juegos,
otros arrebatos de la sangre ante rivales
más escurridizos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitos pavores:
una multitud, una calle me han hecho temblar,
un pensamiento espiado alguna vez en un rostro.
Siento aún en los ojos la burlona luz despectiva
de millares de lámparas sobre el gran barullo de pasos.
Mi primo volvió, terminada la guerra,
gigantesco, entre los pocos. Y tenÃa dinero.
Los parientes decÃan por lo bajo: “en un año, a lo sumo,
lo disipa todo y se larga de nuevo.
Los desesperados acaban asÔ.
Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró un local de cemento
en el pueblo e hizo prosperar un garaje
con una flamante pompa para aprovisionar gasolina
y un gran anuncio bajo la curva del puente.
Después puso un mecánico dentro a recibir el dinero
y recorrió las Langas enteras fumando.
Entretanto se habÃa casado en la aldea. Desposó a una muchacha
grácil y rubia como las extranjeras
que de seguro habÃa encontrado algún dÃa por el mundo.
Mas salÃa aún solo. Vestido de blanco,
con las manos en la espalda y el rostro bronceado,
iba de mañana a las ferias y con aire burlón
adquirÃa caballos. Después me explicó,
al fracasar el proyecto, que su plan consistÃa
en suprimir todas las bestias del valle
y obligar a la gente a comprarle motores.
“Mas la bestia más grande de todas, decÃa,
he sido yo al pensarlo. DeberÃa saber
que aquà bueyes y gentes son una misma raza”.
Llevamos andando más de media hora. La cima está cerca,
el fragor y el silbido del viento aumentan de tono.
Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: “este año
escribo en el cartel: -Santo Stefano
ha sido siempre el primero en las fiestas
del valle de Belbo- y que digan lo que quieran
los de Canelli”. Reanuda después el ascenso.
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,
algunas luces distantes: chozas, automóviles
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza
que me ha restituido a este hombre, arrancándolo al mar,
a las tierras lejanas, al silencio que dura.
Mi primo no habla de los viajes cumplidos.
Dice lacónico que ha estado en tal lugar o en tal otro
y piensa en sus motores.
Sólo un sueño
le ha quedado en la sangre: una vez se embarcó
como fogonero en un barco de pesca holandés, el Cetáceo,
y vio volar al sol los pesados arpones,
y huir las ballenas entre espumas de sangre
y perseguirlas y alzarse las colas y luchar con la lancha.
Me lo evoca a veces.
Pero cuando le digo
que está entre los afortunados que han visto la aurora
sobre las islas más bellas de la tierra,
sonrÃe ante el recuerdo y responde que el sol
se levantaba cuando el dÃa era ya viejo para ellos.
Césare Pavese (Santo Stephano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950)
Etiquetas: Aimé Césaire, Cesare Pavese

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Fantasticos Antonio, pero para elegir, me quedo con Pavesse.
Un fuerte abrazo.
Último post en el blog de…Triana…Blogocampaña contra la pornografÃa infantil.- Cómo pueden prevenir los padres el abuso sexual?
hermoso!! me quedo con los mares del sur!!! solo un sueño les a quedado en la sangre,,,que frase!!