Haddad_4763.jpg picture by antoniosarabiaDe vuelta del Hay Festival en Cartagena de Indias y del encuentro de Corrientes d’Escritas en Póvoa de Varzim, siento aún los pulmones invadidos por la salada brisa de los distintos mares que acabo de dejar. Mi regreso a Lisboa, la ciudad de las saudades, me llena precisamente de eso: saudades de los viejos conocidos que vi en esos dos coloquios, que deberían llamarse no encuentros sino “rencuentros” literarios, y saudades también de los nuevos amigos que hice en ellos y que ahora, espero, me durarán para siempre.

Entre éstos últimos, algunos de los cuales ya han tenido la generosidad de enviarme material para Los Convidados, está la bellísima poeta libanesa Joumana Hadddad (Beirut, 1970) una de las estrellas en la noche de gala poética del Hay Festival de Cartagena en la que también leyeron poemas Carmen Yáñez, William Ospina, Giovanni Quessep, Craig Arnold, Ramón Cote y Juan Felipe Robledo.
_MG_4894.jpg picture by antoniosarabiaJoumana, quien en el 2006 obtuvo el premio árabe al peridismo gracias a la entrevista que hizo a Mario Vargas Llosa considera su vocación literaria como “una gran historia de amor que, un día u otro, tenía fatalmente que suceder”. Habla siete idiomas, ha vertido varios poetas árabes al italiano, francés y español. Su propia obra está traducida al francés, italiano, portugués, turco, polaco, griego, inglés y español. Colabora desde 1997 en la sección cultural del periódico libanés An Nahar, y es también redactora en jefe de la revista literaria Jasad, que significa Cuerpo en árabe.
Las fotos son de Daniel Mordzinski, quien también estuvo presente en el Hay.

He dividido la colaboración de Joumana en dos partes. La primera consiste en fragmento seleccionados por mí de su poema El Retorno de Lilith, traducidos del francés por Héctor Fernando Vizcarra.

_MG_4786.jpg picture by antoniosarabiaTal vez sea necesario acotar que Lilith, la protagonista de este primer poema, fue según una leyenda judía basada en el Génesis, la primera mujer sobre la tierra. Creada del polvo al mismo tiempo que Adán era igualmente libre y fuerte y no quiso colocarse por debajo de él ni para hacer el amor. Prefirió fugarse del Paraíso y luego se rehusó a volver. Dios la transformó entonces en demonio y creó a Eva de una costilla de Adán para garantizar su obediencia.

La segunda parte, El espejo de Marina, es un extracto de Espejos del Fugaz, una colección de poemas dedicados a doce poetisas suicidas, traducido por José María Lopera. La selección es de la propia Joumana para Los Convidados. Muchas gracias, linda, hasta la próxima.

EL RETORNO DE LILITH

Luego Dios creó a la mujer a su imagen. De la tierra Él la creó el séptimo día. La creó del exceso de vida. Frente a su idea Él la creó, creó a Lilith, cuyos ojos son como un amor devuelto

La orgullosa como una nube y, como una nube, modesta.

Aquella que bebe la luna en un plato de leche y de la palma de sus manos se come el cielo.

La tierna en su violencia, la poderosa en sus derrotas.

La poeta de los demonios y el demonio de los poetas.

Drénenla de mí, de los sueños redondeados como el color azul. Y nunca tengan suficiente.

No tengo miedo de Satán,

pues Satán me sueña.

Cada vez que cierro los ojos y me balanceo frente al espejo, él me ve.

Yo soy Lilith, la diosa de las noches que vuelve de su exilio.

Soy lilith, la mujer selva. No supe de espera deseable pero sí de leones y de especies puras, de monstruos. Fecundo todos mis flancos para fabricar el cuento. Reúno las voces en mis entrañas para que se complete el número de esclavos. Devoro mi cuerpo para que no me digan famélica y bebo de mi agua para nunca sufrir sed. Mis trenzas son largas para el invierno y mis maletas no tienen cubierta. Nada me satisface ni me sacia y aquí estoy de regreso para ser la reina de los extraviados del mundo.

Haddad_4737.jpg picture by antoniosarabiaDiosa de dos noches y reunión de los opuestos,
sólo relumbro en lo negro,
sólo asciendo al abismo,
sólo en el borde me sostengo,
sólo vuelvo de la muerte.
Soy la guardiana del pozo.
Ningún suspiro se eleva de una garganta
si no es lavado por la brasa de mis dedos.

Soy Lilith, el secreto de los dedos que insisten. Perforo el sendero, divulgo los sueños, destruyo ciudades de hombres con mi diluvio. No reúno dos de cada especie para mi arca. Más bien los transformo a todos para que el sexo se purifique de toda pureza.

Soy el vuelo del grito, el fluir de los perfumes.
Y vine a despertar al bosque y a los navegantes del bosque.
Me llevo sus fuentes para abrasarme.
Y por todas partes mi mano azul se posa.
Ustedes me escucharon antes de que hablara.
Me vieron antes de que yo me levantara.
Y me amaron antes de que me vertiera. Soy la salvación y el verdugo.
Soy todas las direcciones.
¿A dónde huyen si es a mí que se dirigen?

Yo, versículo de la matanza. Los libros me han escrito aunque ustedes no me hayan leído. El deseo desenfrenado, la esposa rebelde, la realización de la lujuria que conduce a la ruina total. En la locura se entreabre mi vestimenta. Los que me escuchan merecen la muerte y los que no me escuchan morirán de despecho.

No soy la remisa ni la yegua dócil,
soy el estremecimiento de la primera tentación.
No soy la remisa ni la yegua dócil,
soy el desvanecimiento del último pesar.

La que fue concebida bajo el signo de la delicia,
cuya obsesión está hecha para crecer,
cuya lengua es una colmena,
La que será devorada quedando intacta.
Que es un hambre para gritar.
Que nació para preservar el delirio.

Soy el orgullo de los senos pequeños para que crezcan y rían.
Para que reclamen y se los coman. Salados son mis senos.
Tan altos que no los puedo alcanzar: bésenlos por mí.

Dos linternas para que sugieran dos resplandores.
Dos pequeños para que su retozo les sea perdonado.

Yo soy el ángel desvergonzado. La primera yegua de Adán y la corruptora de Satán. El imaginario del sexo reprimido y su más alto grito. Tímida, pues soy la ninfa del volcán, celosa, pues soy la dulce obsesión del vicio. El primer paraíso no me pudo soportar y me arrojaron de él para que siembre la discordia sobre la tierra, para que dirija en los lechos los asuntos de los que a mí me someten.

Dejen que muera de hambre para que se inflamen los bálsamos.
Hostíguenme para que me derrame.
La tierna, como un albaricoque al punto.
La rebelde, como una granada que no lo está.
Estrújenme,
luego unten con el óleo de mis poemas los pies de las virtuosas.

Yo, la leona seductora, regreso para cubrir de vergüenza a las sumisas y reinar sobre la tierra. Regreso para sanar la costilla de Adán y liberar a cada hombre de su Eva.

EL ESPEJO DE MARINA

Hadad_4694.jpg picture by antoniosarabiaContemplo mi cadáver acostado y me encuentro bella. Bella como una leyenda herida. Bella como solo cualquier otra puede ser bella.

Contemplo mi cadáver y mi cadáver es una cuerda. Soy su funámbula y su rehén. Vibra y amenaza con precipitarme. Me cuelgo de ella, la maldigo. Luego se convierte en escala, arruga, caída donde no dejo de decir adiós a todas las montañas que se van sin mi.

Se bailará en mi entierro, seguro. Habrá una palabra para cada boca, un nuevo odio para cada cráneo partido.

Se bailará en mi entierro y la hierba pesará bajo los pasos. Despiadada, la colina que se deberá escalar (o descender), como el vientre de una madre que ya lo dio todo.

Esta cuerda sobre la cual voy inmóvil es mi cadáver: Es inútil ponerla en una caja de madera. Extended sobre ella vuestra ropa, e invitad a los pájaros a que se posen. No le cantéis salmos y, sobre todo, no plantéis flores a su alrededor. Poneos más bien de rodillas y pedid perdón a las ramas que os dan sombra, a los vestidos que os cubren, al cielo que soporta vuestras inmundicias humanas.

Enderezo mi cabeza, mi espléndida cabeza de muerta, y busco el camino por el cual volveré, busco la piedra deshabitada que entenderá mi ausencia. Alguien duerme en mí y lo despierto. Alguien duerme en mí y es lo que yo no fui: la mejor vida posible que no supe vivir.

No espero nada. No espero nada de vosotros:
Mi cadáver sonríe, mi cuello es casi transparente, y estoy en marcha hacia el olvido. Sí, soy bella, y sólo mis uñas sucias me traicionan.

¡Vamos, vamos, ahora a bailar!

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4 Respuestas a “Joumana Haddad, talento, pasión y belleza en la poesía árabe”
  1. Amigo Antonio. Esta mañana mi curiosidad de bibiógrafo me ha llevado a una librería del centro de Madrid. Iba buscando algo que reseñar para mayo en http://www.literaturas.com. En esto que me he encontrado con tu “Amarilis”, por fin, allí, junto a otro libro de Ovejero. Al final me voy a leer toda tu obra y la de todos tus amigos, porque, sin peloteo alguno, érais lo más sugerente de las novedades. Por cierto, que luego me he ido a una librería algo conservadora, en pleno barrio de Salamanca, en la que tengo cierto predicamento y les he dicho que pusieran en la mesa de novedades (porque no deja de ser una novedad, reconocerás conmigo que volverla a ofrecer es extraordinario) la obra. En fín, que vendas mucho, por lo menos una ya está vendida. Un saludo, F.

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  2. ¡Ah! Muy hermosa y muy sugerente (literariamente) esta poeta que reseñas.

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  3. Ío Sánchez (2 comments) dice:

    El próximo martes a las 8:30 en la galería del centro libanés de la ciudad de México se presentará el poemario ESPEJOS DE LAS FUGACES de Joumana Haddad, en una edición de Vaso Roto con la traducción, nuevamente, de Héctor Vizcarra. Ojalá pudiera ayudar a correr la voz.

    Espejos de las fugaces de Joumana Haddad
    Traducción del francés de Héctor Fernando Vizcarra
    Vaso Roto, México-Barcelona, 2010

    Tres imágenes se presentan a quien pretende internarse en Espejos de las fugaces: de Charles Baudelaire, la de una belleza que arroba a su paso; los espejos como umbrales de la muerte según Jean Cocteau y, la del cazador de la muerte de René Char. En el umbral, una advertencia: este es un libro que como a la muerte, sólo se puede huir de él o domarlo. La poeta nos propone sumergirnos al inframundo para recorrer estancias poéticas más que círculos del infierno, más tormentos íntimos que castigos divinos. Con la voz lírica, nuestra Beatriz que recorre como Perséfone en un mismo viaje verano e invierno, visitamos y oímos el canto de unas sirenas varadas en su duelo; pero no tapes tus oídos, visitante, si has desafiado toda advertencia oye esta pléyade del suicidio, escucha a Alfonsina y a Ana Cristina, a Karin y a Marina, a Tove y a Florbella, a Sylvia y a Amelia, a Ingeborg y a Reetika, a Danielle y Nilgun. La muerte para ellas fue un sueño, una cura, un canto, una entrega, literatura, el encuentro con un amante, un hallazgo, una llama, la salvación, catarsis. En un réquiem más que una elegía, la voz lírica y lúdica presencia su propio nacimiento de la fuerza y la ironía de cada una de esas muertes, encuentra su savia de ese árbol genealógico, somete a su propia muerte: despierta.

    La poeta celebra el acontecimiento de la muerte como un acto de fe, de ciencia y de belleza. Espejos de las fugaces es un canto vivo que nos dice que un suicidio no es una última palabra, que no es siquiera la muerte sino una voluntad del silencio, un juego de espejos. Joumana Haddad se asoma al pozo para encontrar su voz y su imagen. Cae, sí: despierta. Sólo la imaginación de esta poeta sigue la efímera belleza de una paseante hasta la eternidad a través del espejo, incluso si es preciso para ello cazar a la muerte.

  4. Ío Sánchez (2 comments) dice:

    Espejos de las fugaces de Joumana Haddad, un poemario que explora y recrea una tradición de poetas suicidas: Alfonsina Storni, Karin Boye, Ana Cristina Cesar, Tove Ditlevsen, Marina Tsvetaieva, Florbela Espanca, Amelia Rosselli, Sylvia Plath, Danielle Colobert, Ingeborg Bachmann, Reetika Vazirani y Nilgun Marmara. Mujeres que reviven en la voz de Haddad y recrean su muerte poética en la savia de esta polémica poetisa libanesa que por primera vez viene a México.

    La presentación de este poemario publicado por la novel editorial hispanomexicana, Vaso Roto, en una edición de sencilla y elegante belleza, será el próximo martes 20 de julio as las 8:30 pm en la galería “Alfredo Atala Boulos” del centro libanés de la ciudad de México (Hermes 67, Col. Florida). La traducción de Héctor F. Vizcarra, que ya había traducido anteriormente de Haddad El retorno de Lilith (publicado en México por Praxis y en España por MaRemoto), logra captar la sagaz y lúdica voz de la poeta libanesa en este homenaje a la belleza y la tragedia de esas fugaces creadoras suicidas.

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