Jaime Sabines a los ochenta y tres años de nacido
Escrito por: Antonio Sarabia en Literatura hispanoamericana
Las recientes muertes de Blanca Varela y Meira Delmar hace unos dÃas no hicieron retrasar una semana el homenaje al gran poeta mexicano Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, México, 1926-1999) de quien este miércoles 25 de marzo celebramos el octagésimo tercer aniversario de su natalicio.
Jaime Sabines es la otra cara de la moneda en una época en la que México estuvo casi totalmente sometido a la dictadura literaria de Octavio Paz y sus seguidores. La obra de Sabines destaca por su desenvoltura, por su originalidad, por su contundencia, porque posee una cotidianidad hecha de sangre, sudor y lágrimas, un acerbo perfume de amores sentenciados y salas de hospital que duele y embelesa.
Cuando estaba a punto de publicar su primer libro, su paisano, el entonces ya célebre poeta chiapaneco Carlos Pellicer se ofreció a escribirle el prólogo. Sabines se rehusó porque no deseaba, dijo, iniciar su vida de poeta apoyándose en prestigios ajenos.
En 1974 se le otorgó el premio Javier Villaurrutia, en 1985 el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 1991 la Presea Ciudad de México y, en 1994, el senado de la república lo condecoró con la medalla Belisario DomÃnguez. A pesar de los honores y la enorme fama adquirida en su paÃs, su nombre ha traspasado a duras penas las fronteras mexicanas a pesar de que, como afirma José Emilio pacheco, muchas de sus composiciones están entre las mejores de la lengua española.
Para festejar su natalicio, y para dolernos de su muerte que ocurrió el 19 de marzo de 1999, apenas unos dÃas antes de que cumpliera 73 años, les ofrecemos tres de sus hermosos poemas de amor. Para quienes no los conozcan será un regalo inolvidable. Y quienes ya los han oÃdo antes tendrán el inmenso placer de releerlos.
.
1
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mÃa de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mÃ, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacÃo,
en el cine y los parques, los tranvÃas,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mÃ,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros separados del mundo
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcÃsimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mÃ, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
.
2
No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcÃsima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
Ni son tus muslos, duros como el dÃa,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oÃdo, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de vÃbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
.
3
He aquà que tú estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mÃa y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejÃa y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mÃ.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tu me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, asÃ, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.


Entradas (RSS)
Hola. Gracias por recordarnos a Sabines, lo he leÃdo tanto que a veces lo olvido. Saludos.
Último post en el blog de…Miriam Jerade…G20. ¿Otro discurso es posible?
Y se fue llorando la hermosa vida.
Saludos cordiales.
Gabriela
Último post en el blog de…gabriela esquivel…
Excelente blog; sólo una precisión: Carlos Pellicer era tabasqueño, no chiapaneco. Saludos.
Yo sigo aún esclavisado a Octavio Paz, sus obras no dejan de estremecer mi cuertpo, realmente grande entre los grandes…
Excelente aporte.
Excelente blog, es un placer leerlo. Sabines es un maestro, larga vida. Un saludo.