Emily Dickinson, la poeta en su jardín
Escrito por: Antonio Sarabia en Poesía norteamericana, traductoresEste mes se celebra un aniversario más del natalicio de Emily Dickinson (Amherst, Massachusets, 1830-1886), la gran poeta norteamericana cuyos poemas nos asombran aún hoy por su grado de experimentación y su modernidad.
En una carta dirigida a su amigo Thomas Wentworth Higginson, a quien había enviado algunos versos para que se los criticara, Emily le participaba su percepción personal de la poesía: si físicamente siento que me arrancan la cabeza, eso es poesía. Esa es mi única manera de saberlo. ¿Hay otra?
Sin embargo, para Emily Dickinson el quehacer literario era inseparable de las demás actividades que colmaban su vida cotidiana. La vivía con la misma intensidad con la que se ocupaba del jardín, tejía o cocinaba. Vivir es tan sorprendente, escribió en 1871 al mismo Higginson, que deja poco espacio para otras ocupaciones.
Apenas una media docena de poemas aparecieron en vida de la autora, todos dados a conocer en forma anónima o sin su consentimiento, y sólo fueron publicados después de ser corregidos por los editores.
La suya es una metafísica doméstica y particular, nos dice Margarita Ardanaz en su introducción a las Cartas Poéticas e Íntimas (1859-1886), y continúa más adelante:
Sus poemas tienen una frescura especial porque ella emplea las palabras de cada día como nadie las había empleado antes. Nos sitúa en el umbral mismo del canto y nos invita, mediante fragmentos inacabados, a completar la ruta hacia ninguna parte. Eso es la poesía. La pura posibilidad. El poema es para ella lo que ya no es tanto como lo que todavía no es. Es en ese espacio incierto que media entre lo todavía no dicho y lo ya recordado donde se sitúa el poema. El poema es el presente eternizado.
Acaso sea en este grado de experimentación léxica donde radique la modernidad de su obra. Un sentido de la experimentación que no tiene mucho que ver con su época. Por eso no es casual que prefiera el poema breve y el fragmento en prosa como medios de expresión. El nivel de concentración concede a cada una de las palabras un valor objetual imprescindible. El discurso se concentra en torno a una serie de palabras motrices. Por eso su sintaxis se ve frecuentemente reducida al nombre, suprimiendo al mínimo los elementos unitivos y reduciendo los verbos en un afán de supresión del tiempo. Esta técnica favorece las posibilidades de la elipsis, que es la auténtica protagonista de la retórica dickinsoniana. Lo no dicho, los espacios en blanco, la insinuación, el lenguaje oblicuo y la ambigüedad tienen tanto valor en su discurso como los elementos explícitos. Y es que el silencio es para Emily Dickinson tan subversivo como la palabra.
No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer, escribió a su vez Jorge Luis Borges en el prólogo a la antología de poemas traducidos por Silvina Ocampo, de la que presentamos algunos más abajo. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo. En su recluida aldea de Amherst buscó la reclusión de su casa y, en su casa, la reclusión del color blanco y la de no dejarse ver por los pocos amigos que recibía. Publicar no era, para ella, parte esencial del destino de un escritor; después de su muerte, que acaeció en 1886, encontraron en sus cajones más de mil piezas manuscritas, casi todas muy breves y extrañamente intensas. Además de la escritura fugaz de cosas inmortales, profesó el hábito de la lenta lectura y la reflexión. Emerson, Ruskin y Sir Thomas Brown le enseñaron mucho, pero sólo a ella le fue dado escribir
Parting is all we know of Heaven / and all we need of Hell.
O
This quiet dust was gentleman and ladies
cuya idea es común y cuya forma es incomparable (curiosamente se abismaba, como Hugo, en la Revelación de San Juan, el Teólogo).
He sospechado que el concepto de versión literal, desconocido a los antiguos, procede de los fieles que no se atrevían a cambiar una palabra dictada por el Espíritu. Emily Dickinson parece haber inspirado a Silvina Ocampo un respeto análogo. Casi siempre, en este volumen, tenemos las palabras originales en el mismo orden.
No es cotidiano el hecho de un poeta traducido por otro poeta. Silvina Ocampo es, fuera de duda, la máxima poeta argentina; la cadencia, la entonación, la pudorosa complejidad de Emily Dickinson aguardan al lector de estas páginas, en una suerte de venturosa transmigración.
5
Tengo un pájaro en primavera
para mí sola canta -
la primavera seduce.
Y cuando el verano se acerca
y cuando la rosa aparece,
el pájaro se va.
Y asimismo no me quejo
sabiendo que ese pájaro mío
a pesar de haberse ido -
estudia más allá del mar
melodías nuevas para mí
y volverá.
Raudas en mano más segura
contenidas en tierras más naturales
son mías -
y aunque ahora partan,
digo a mi desconfiado corazón
son tuyas.
En un sereno brillo,
en una más dorada luz
veo
cada ínfima duda y temor
cada pequeña discordia acá
terminada.
Entonces no me lamentaré
sabiendo que ese pájaro mío
aunque haya volado
en un distante árbol
deslumbrante melodía para mí
volverá.
84
Su pecho es propicio para perlas,
pero yo no soy buceador -
su frente es propicia para tronos
pero no tengo penacho.
Su corazón es propicio para un hogar -
yo -un gorrión- edifico ahí
dulces entrelazadas ramas
mi perenne nido.
223
Vine a comprar una sonrisa -hoy-
una sola sonrisa -
la más pequeña de tu cara
me agradará lo mismo -
la que nadie echaría de menos
brillaba tan diminuta
estoy rogando en el mostrador -señor-
puede usted comprar -
tengo diamantes -en mis dedos-
¿Sabe usted qué son los diamantes?
¡Tengo rubíes -como la sangre del ocaso-
y un topacio -como una estrella!
¡podría ser buen negocio para un “judío”!
diga -¿puedo hacerlo- señor?
254
“Esperanza” es algo con plumas -
que se posa en el alma -
y canta una melodía sin palabras -
y nunca se detiene -totalmente-
más dulce -en el vendaval- se oye-
y herida tiene que estar la tormenta
que pudo abatir al pajarito
que reservó tanto calor -
la oí en la tierra más helada -
y en el más extraño mar -
y nunca, ni en casos extremos,
me pidió una migaja -a mí.
255
Morir -lleva sólo un corto tiempo-
dicen que no duele
es solo un desmayo -por etapas-
y luego -queda fuera de la vista-
una cinta más oscura -por un día-
un crespón en el sombrero -
luego un lindo sol llega -
y nos ayuda a olvidar -
la ausente -criatura – mística -
que sólo por amor a nosotros
se fue a dormir -esa profunda vez-
sin la fatiga-
376
Es claro -que recé-
¿y a Dios le importó?
le importó tanto como si un pájaro
en el aire-golpeara con su pata-
y gritara dame-
razón-vida-
que no hubiera tenido -sin ti-
más piadoso hubiera sido
en la tumba del átomo dejarme-
alegre, aniquilada, dichosa y muda-
en lugar de esta penetrante miseria.


Entradas (RSS)
Antonio, gracias por este jardin.
Leer lleva un minuto, el silencio muchos.
Un abrazo.
Sergio Astorga
Último post en el blog de…sergio astorga…POSADA
“Esperanza” es algo con plumas -
que se posa en el alma …
Una de las imprescindibles, gracias Antonio.
Un fuerte abrazo.
Ciertamente “El poema es el presente eternizado”, eso no quiere decir que sea necesariamente el presente vivido.
Un saludo
Esperanza
Último post en el blog de…Esperanza Medina…ahora que ya no llueve
[...] La versión en castellano la saqué de acá. [...]