Eloy Santos (Salamanca, España, 1963) es una presencia indispensable en dondequiera que se reunan para departir entre autores, o con su público, los apasionados de la literatura y la poesÃa. Nuestros caminos se han cruzado varias veces en España y, hace unos dÃas, lo volvà a encontrar en Póvoa de Varzim, Portugal, donde estuvo invitado a los festejos del décimo aniversario de Correntes d’Escritas.
Licenciado en FilologÃa Románica por la Universidad de Salamanca, Eloy vivió en Nápoles y en Roma buena parte de su vida, al grado de que sus primeros libros de poemas, Lingue di Terra, Lingue di Mare y Nettunaria e altre Poesie se publicaron en la lengua de Dante. Todo cambió en el 2003, cuando el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón concedió el premio Alonso de la Ercilla a su poemario Donde Nadie Dice. Desde entonces su producción en lengua española ha ido en aumento. Al libro premiado siguieron El Libro de las OLas y Las Voces del Ãrbol.
Es, además de un inmenso placer, un gran honor para mà el que Eloy haya aceptado la invitación a participar en Los Convidados enviándonos algunos de sus poemas inéditos. Sin embargo, es imposible editar esta semana un nuevo post de poesÃa sin pensar en la gran poeta peruana Blanca Varela, fallecida en Lima, Perú, el pasado viernes 12 de marzo. Lauren Mendinueta le ha rendido un bello homenaje en su blog Inventario. Nosotros quisieramos aprovechar la intervención de Eloy Santos en el blog, y sus aportaciones al género en el que tanto destacó Blanca Varela, para rendirle un modesto tributo.
EROS Y LENGUA
(Tú y yo en el poema)

I
Sobre esta suave espuma tatuada
en la piel del instante
estuve un dÃa.
Estoy ya sólo en ti.
Escucha:
soy ahora huésped pájaro
en la desnuda residencia de tu voz,
nido fugaz de tu palabra mÃa.
Inesperados, imposibles somos
aquà en el verso, mudos en la blanca
deriva de la letra en el papel.
Náufragos del poema, cultivamos
el jardÃn de nosotros sin nosotros,
lo más cerca que yo nunca estaré de ti.
.
II
Para estar solo vine a tu mirada.
Para abrazarme a ti sin dejar huella,
pues caben muchos mundos en un hombre
y en cada corazón muchos sentidos.
Nuestra lengua de arena
ha erigido un refugio entre las nubes,
ha invocado volcanes, que duran lo que dura
una vela encendida en el paciente
silencio de un altar.
¿Sabrás decir
dónde estuviste,
o sólo si estuviste
alguna
vez
aquÃ?
Pues he venido
a tu mirada para estar más solo,
para decir la herida de la lluvia
que mana de los dos.
III
El tacto de la voz duerme en la página
como un minúsculo animal de invierno.
Hasta que la sorpresa de tus ojos
roce y despierte su caricia efÃmera,
y vuelva entonces a la luz,
intacto,
este azar, entre tu vida y la mÃa,
este amor entre extraños,
pasajero
como el gesto imprevisto que lo escribe
y como nuestra vida,
que se inclina al dictado de los vientos
con la humildad del sauce.
IV
Ni a ti ni a mà nos pertenece el súbito
temblor que ha atravesado este minuto.
Un murmullo de lenguas y universos
nos ha inventado en medio del poema,
los dos cabos lejanos
en la trama que vamos deshaciendo
mientras,
callada y dulce,
nos deshace.
V
Humo invisible, hilo en la mirada,
agua profunda de la voz del tiempo,
la misma sed de ser al otro lado de la hora.
¿Hablas de m�
¿Hablo de ti?
¿Qué somos?
¿Un espejismo en llamas,
o el umbral
sin puerta de una tierra prometida?
VI
Que yo no existes y que tú no existo:
he aquà el nudo de nuestro desencuentro,
la persona partida que nos llama
al amor, a mentir la misma nube
en el cielo poema, donde somos
tiempo deletreado, vibración
inasible, una estrella perdiéndose en la nada.
VII
Aquà no hay lenguaje
y sin embargo
lenguaje nada más encontrará el viajero,
un cepo de palabras enlazadas
donde demora el mirlo del instante.
No hay lenguaje en mis oscuras manos
ni en el sol que las mira,
y sin embargo
se alzan claras al cierto aviso de la lengua:
despiertan en tus ojos, son de nuevo
cuencos de luz de mi jardÃn sombrÃo.
Aquà no hay lenguaje
y sin embargo
sólo lenguaje queda, viejas llaves
que el olvido sepulta
en los hombres cansados y en los libros.
VIII
Desaparezco en ti.
Somos espuma
en la insondable claridad del tiempo.

Espero que Eloy sepa disculparme si, a los versos que él envió para Los Convidados, añado yo este otro, uno de mis favoritos. Está tomado de su poemario Libro de Olas, publicado en el 2006 por la editorial asturiana Elogio del Horizonte.
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CABALLERÃA DERROTADA
Ya me voy pareciendo al diccionario
de los de los nombres que quise merecer y no supe.
De aquellos años idos no conservo una lápida
que diga el corto vuelo,
las frentes humilladas
de tantas sombras sin memoria, tantos
cobijos en los sueños.
Los libros de la edad enmudecieron
y no quedan testigos de ternura
que me sepan decir una plegaria
ronca por su derrota.
Como si nunca hubieran existido
y sin embargo…,
¡cuántas noches tristes
tras las sordas murallas del olvido!
El resto es fácil: árboles que ardÃan,
humo y cornejas, una oscura gruta
esperando al final de las jornadas
la imperceptible huella del dragón
que allà nos devoró,
y hoy es nosotros.

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Tão belo.
Molto bella.
UNA VEZ MAS HE DE FELICITARTYE POR ESTA OBRA EXPUESTA, ANIMO Y SIGUE AHI EN LA BRECHA
Que tal,
he visitado su blog y la verdad está excelente, el contenido es bastante interesante y me ha gustado mucho.
Muchas Felicidades y gracias por aportar tan valiosa información.