El Sueño y la Vigilia de Luis González de Alba
Escrito por: Antonio Sarabia en Literatura hispanoamericana, PoesÃa hispanoamericanaHace tiempo que no tengo noticias de Luis González de Alba (Charcas, México, 1944). Lo recordé ayer que revisaba mi librero y di con un breve poemario suyo, El Sueño y la Vigilia, que me envió el año pasado y que releà con gusto.
No sé dónde estará pasando Luis este verano, ¿de vacaciones en su siempre añorada Grecia? ¿En su casa de Guadalajara, en México? Su última colaboración en Los Convidados se remonta a noviembre del 2007, cuando participó con unas traducciones suyas de Kavafis y Leivaditis. Hojeando su pequeño libro de poemas editado por Conaculta (no se rÃan, por favor, amigos portugueses, ese es el nombre con el que se conoce en México al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), me dieron ganas de transcribir algunos y dedicar a Luis un nuevo post en este blog. Que vaya con un saludo lejano y un gran abrazo al culto amigo y escritor extraordinario. Hasta pronto.
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ISLA DE COS
No es la araucaria para mÃ
porque es señora de encimadas crinolinas
y toquilla de encaje bruselense.
En mi jardÃn quiero un ciprés,
alto y delgado amante de Apolo,
muerto de pena por haber matado,
sin intención,
lo que más amaba.
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MI ÚLTIMA RETSINA
Son para siempre
todos los adioses
pues no baña el mismo rÃo
jamás el mismo cuerpo
ni son los mismos ojos
mirando hacia el Egeo
aquellos deslumbrados
bajo el calor de agosto
que lo vieron venir
hace dos años
desde Monastiraki
con ese paso lento,
con ese balanceo
de sus veinte años.
Son para siempre
los adioses:
queda el amor,
el barco en el puerto,
la vid que reverdece en parra
sobre los nietos
y en septiembre
da sus largos racimos
transparentes.
No hay para el reencuentro
ningún lugar preciso,
ninguna cita hecha
como no sea ésta
con nuestro viejo amor
que ha puesto un plato más
sobre la mesa
bajo la luz de otoño,
el nuevo otoño aéreo
con el que se despide el año
y que un dÃa,
cierto como que morirá el Egeo
sin que nadie lo vea,
un dÃa tan cierto como la muerte,
no volverá.
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VISTA DE POROS
Grecia: mar amable
que no conoces el océano,
mar sin olas,
aunque de ellas
hablen tus canciones
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LA ANTIGUA LEY
La gacela levanta su cuello y con ojos inyectados de sangre observa sus tripas devoradas por los leones.
Vuelve a recostarse y mira el turbio horizonte de acacias, la impasible planicie, sus hermanas pastando indiferentes pocos metros aparte.
Los leoncitos cachorros dejan sus maromas infantiles y corren al festÃn.
La gacela levanta una vez más su cuello y con ojos desorbitados observa sus tripas devoradas por los leones, revueltas en el suelo.
Vuelve a recostarse y mira el cada vez más turbio sol brillando en las acacias, la implacable planicie polvorienta.
Ah, sÃ, lo olvidaba: es que Tu amor es infinito, dicen.
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NUEVA ALTA TRAICIÓN
No amo la Literatura
su L mayúscula
me mueve a risa.
No he leÃdo a Joyce
ni podido terminar Lezama alguno.
Pero, aunque no darÃa la vida,
la arriesgarÃa por salvar de las olas
un poema de Ritsos,
dos o tres de Kavafis,
los versos iniciales con que Piedra de Sol
nos lanza al firmamento,
el adiós de Cernuda
y su esperanza de volver un dÃa,
unas vagas estrellas,
Durrel,
los ásperos criminales de Pessoa
y tres o cuatro más
que se me olvidan.
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A UN FAUNO ADOLESCENTE
Te habÃa olvidado
pequeño sátiro danzante,
olvido imperdonable
en camaradas de mismas correrÃas,
en amigos nocturnos
y cómplices de la arboleda,
del matorral, el bosquecillo incitante.
El verano montaba en los árboles
con verde y azul de arce y cielo.
El vapor del rÃo mojaba las sábanas
y noches.
¡Qué calor hizo aquel verano!
En este invierno pálido
el café de Cluny es ya una pizzerÃa,
y frente al Parlamento griego
se esfumaron los cafés
tragados por la tarde ruidosa
y sin aquella pereza
de los hombres mayores,
komboloi en mano:
ya nadie pierde tiempo en eso.
El invierno me trae de nuevo a ti
con ramas secas, cielo gris
y estanque helado,
amigo de cola breve
sobre las nalgas duras,
amigo de la flauta
que suena a cornamusa.
Tú conservas aquella nuestra edad
intacta,
sostenido en un pie
sigue tu grácil salto,
yo me derrumbo
y cumplo mañana sesenta años.
Terminarás también
joven fauno danzante,
pero tus años
se cuentan en milenios.


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Me encanta, no es nada facil encontrar una informacion tan clara y buena en internet… ya tienes una fan.
Gracias, Toño, por subir eso poemas.
Ya no viajo ni al DF porque el vértigo del año pasado llegó para quedarse, lo tengo siempre leve, pero me da pánico que el cambio de presión en los aviones me traiga una crisis… No me puedo ni mover, mejor aquà me quedo y veo el mundo por facebook.
Un abrazo cordial