DelfÃn Beccar y Alejandro Gelaz, dos jóvenes partidarios de las iniciativas propias y la buena literatura, están ganando cada vez más adeptos entre los asiduos a la Red con una original ocurrencia: crearon un blog, Minificciones, en el que dÃa a dÃa van dando cuenta de las mejores muestras del género corto en la literatura universal. Desde su propio trabajo hasta el celebérrimo “Cuando despertó el dinosaurio todavÃa estaba allÔ de Monterroso, reputado como el relato más breve de la lengua castellana. Cuatro palabras más conciso, aunque no por eso más bello, del que a continuación reseñaremos de Borges. Junto a ese relámpago Borgiano tenemos microtextos de Bioy, Huidobro, Cocteau, otro de Monterroso, uno muy famoso de Chuang-Tzu y, para terminar, una pequeña joya de mi paisano Arreola.
Cada cuento viene acompañado de una bella ilustración alusiva al tema o al autor. Al permitirnos el uso de las Minificciones, DelfÃn y Alejandro tuvieron la amabilidad de enviarnos las imágenes correspondientes con lo que los lectores de Los Convidados tendrán una idea más cabal de su trabajo.
Con la idea de compartir lectura y escritura, Minificciones proponen otras áreas del blog en las que pueden participar sus visitantes, ya sea con escritos propios o, incluso, archivos audiovisuales. Están inaugurando, además, un concurso de microrelatos al mes. El ganador podrá ver su texto publicado en el blog, con su nombre completo y la ilustración adecuada, al lado de los consagrados.
Quiero felicitar a DelfÃn y Alejandro por este esfuerzo común. Es un honor tenerlos esta semana entre Los Convidados. Les deseamos suerte en el blog, en el concurso de minicuentos, y en su incipiente vida de escritores. Comienzo con un par de muestras de su propio quehacer literario para que ustedes vean también lo que, en este ámbito, ambos son capaces de hacer.
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LABERINTO
La mujer lo mira agonizar. Él, sumido en una espantoso sueño, recorre los largos 
pasillos de una oscura mazmorra. Detrás de cada puerta aparecen distintos escenarios,
 una cadena de cÃrculos infernales. Sin un Virgilio que lo guÃe por ese submundo corre desesperado buscando una salida. A lo lejos, en medio de la bruma, puede ver como la única luz que existe se apaga. 
Ella vierte amargas lágrimas… su marido acaba de expirar.
 Él, a oscuras intenta buscar la salida de aquella prisión.
DelfÃn Beccar Varela
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REVERBERA EL RUEDO
El sol de la tarde templa la arena, el clavel, el mantón, el tendido.
Sentada, observa la ceremonia en el ruedo. El cortejo comienza la dupla; los pases abanican, el lomo restriega y ensangrienta lo viril al maestro. Ella mimetiza el baile del animal en su cuerpo. El clavel vibra ahora entre los pechos y el mantón se desliza por sus muslos. La lozana comulga con el frote, la sangre y la espada que penetra e inunda el laberinto.
La muerte grande que ronda; y la pequeña, que aflora tensándole la cara y el bajo vientre.
Alejandro Gelaz
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                              LA SALVACIÓN
Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. “¿Cómo un ser tan Ãnfimo” sin duda estaba pensando el tirano “es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?”. Entonces un pájaro, que bebÃa en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvarÃa. “Por humildes que sean” dijo indicando al pájaro “hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros”.
Adolfo Bioy Casares
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BORGIANA
¿Es un imperio esa luz que se apaga o una luciérnaga?

Jorge Luis Borges
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TRAGEDIA
MarÃa Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honorÃficas, reglamentadas como árboles de paseo.
Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba MarÃa. Su parte Olga permanecÃa soltera y luego tomó un amante que vivÃa en adoración ante sus ojos.
Ella no podÃa comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. MarÃa era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenÃa él que meterse con Olga? Ella no comprendÃa que él no comprendiera. MarÃa cumplÃa con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
AsÃ, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a MarÃa, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.
Vicente Huidobro
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                           EL GESTO DE LA MUERTE
Un joven jardinero persa dice a su prÃncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso prÃncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el prÃncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veÃa lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.
Jean Cocteau
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                             EL SUEÑO DE LA MARIPOSA
Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que habÃa soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
Chuang Tzu
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                             LA TORTUGA Y AQUILES
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta. 
En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
 En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

Augusto Monterroso
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ARMISTICIO
Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allà donde un ángel señala invitándonos a entrar. Se alquila paraÃso en ruinas.
Juan José Arreola
Etiquetas: Adolfo Bioy Casares, Augusto Monterroso, Autores argentinos, Autores chilenos, Autores chinos, Autores franceses, Autores mexicanos, Chuang-Tzu, Jean Cocteau, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Narrativa hispanoamericana, Vicente Huidobro

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Antonio, muchas gracias por esta entrada, es un honor para nosotros estar como invitados en Los Convidados.
DelfÃn
Buenisima selección, conocÃa algunos, buceo a menudo por la red buscando relatos breves, gracias Antonio por traer el blog de Delfin, voy a visitar inmediatamente Minificciones.
Un abrazo.
gracias por dejarnos disfrutar por un momentillo…
Me encanto el concepto gracias!
Gracias por compartir estos fragmentos, no se pierde ninguna letra, como siempre hay que ir i concretar para no perderse.
Saludos
Hola Antonio, muchas gracias por compartirnos estos fragmentos. Iré a visitar Minificciones ahora mismo
Gracias
Yadira