Esta semana quiero tocar de nuevo el microrelato por varios motivos. Primero por que en el post anterior dejé fuera información importante sobre los autores de Minificciones, Delfín Beccar (Buenos Aires, 1980) y Alejandro Gelaz (Gijón, 1963). Ambos colaboran en el área de comunicación y proyectos de Internet vinculados a la gestión pública en Buenos Aires, donde Alejandro reside desde el 2001. Además del trabajo comparten una misma pasión por la literatura.Delfn.jpg picture by antoniosarabia Delfín ha publicado ya un libro de cuentos, Esclavos de Sombra, del que se agotó la edición. Alejandro se mueve también entre los artistas plásticos y, aparte de pintar digitalmente él mismo, está a punto de salir a la luz con una trilogía poética de la que esperamos tener más noticias y darles tal vez, con la cooperación del propio Alejandro, alguna primicia en Los Convidados. El segundo motivo es que últimamente han publicado nuevas minificciones, entre las que hay una mía y otra de Lauren Mendinueta que no puedo resistir la tentación de compartir con ustedes. Y, tercero, por que el blog de Delfín y Alejandro lleva como subtítulo Los Mecanismos de la Brevedad y creo firmemente que en esos mecanismos reside la clave de alguna literatura mayor.agelaz2.jpg picture by antoniosarabia Todos guardamos en la memoria lo que hacíamos en determinados momentos cruciales de nuestro devenir colectivo. Para mí estará siempre presente qué hacía y dónde me encontraba cuando asesinaron a los Kennedy, por ejemplo, tanto a John como a Bobby, cuando el hombre puso por primera vez pie en la luna, cuando cayó el muro de Berlín, cuando derribaron las Torres Gemelas o cuando me topé con las siguientes líneas: Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre: un tal Pedro Páramo. La contundencia de esa frase me dejó helado. Esa quincena de palabras constituyen por sí mismas un formidable microrelato. Yo las descubrí hojeando por casualidad una pequeña edición del Fondo de Cultura Económica sobre la mesa de novedades en una librería de la Alameda Central, en México D.F. hace más de cincuenta años. Leer la frase y pagar el libro fue uno. Salí como en trance y continué leyendo mientras caminaba por lo que entonces era la avenida San Juan de Letrán. Y Rulfo prosigue así, de microrelato en microrelato, la construcción de su obra maestra. Veamos cómo la continúa: Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo, -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decíselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. Y así sucesivamente, cada relato contenido a su vez en otro un poco mayor, como una suerte de cajas chinas, o muñecas rusas, que se van ensamblando del interior al exterior hasta que el último párrafo engloba a la novela entera del mismo modo que, a la inversa, la novela entera está contenida en aquellas inolvidables primeras palabras de Juan Preciado.

Aquí están, cortesía de Delfín Beccar y Alejandro Gelaz, una selección de sus últimas Minificciones.

 

 

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DE VUELTA AL 68

Esta mañana contemplé aterrado a mi sombra caer en sentido contrario a la de todas las cosas. El sol mediaba en el horizonte y mi sombra se extendía insumisa, subversiva, tenaz, al revés de las de la gente, los árboles y las casas. Corrí a meterme bajo un techo cualquiera para que nadie notara mi predicamento.
Me he adelantado otra vez, pensé. Y me puse a la hora.

Antonio Sarabia

 

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EL FANTASMA

Desde que murió mi madre escucho pisadas en el corredor y ruido en la cocina. ¿Se puede ser ateo y creer en lo sobrenatural?, me pregunto una y otra vez. Hace una semana, mientras dormía, me jalaron los pies. Sobresaltado miré hacia el techo. Una mujer que se podría confundir con mi madre me sonreía. Desde entonces duermo tranquilo: mi madre también era atea.

Lauren Mendinueta

 

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AMOR 77

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Julio Cortázar

 

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VENGANZA

Empezó con un ligero y tal vez accidental roce en los senos de ella. Luego un abrazo y el mirarse sorprendidos. ¿Por qué ellos? ¿Qué oscuro designio los obligaba a reconocerse de pronto? Después largas noches y soleados días en inacabable y frenética fiebre. Cuando a ella se le notaron los primeros síntomas del embarazo, el padre enfurecido gritó: Venganza.
Buscó la escopeta, llamó a su hijo, y se la entregó diciéndole: Lavarás con sangre la afrenta al honor de tu hermana. Él ensilló el caballo moro y se marchó del pueblo, escopeta al hombro. En sus ojos no brillaba la sed de venganza pero si la tristeza de nunca regresar.

Ednodio Quintero

 

legarza3.jpg picture by antoniosarabia

FELICIDAD

De pronto se sintió plena y se le vino dentro el cosquilleo gratificante del deseo alcanzado.
Toda su vida envidió a quienes se nombraban felices; anhelo querer ella, con fuerza, la vida que era; quiso sentir las instintivas ganas de vivirse en este lado.
Felicidad debía ser, sin duda, esa repentina pasión por la vida que la invadió completa. Ese grito animal de apego a la existencia que encalló en su garganta justo en el instante en que su cuerpo estallaba dichoso sobre la acera.

Izaskun Legarza

 

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MALA SUERTE

Desde el paradero del bus Leoncio observa los esfuerzos de un hombre por permanecer asido a la viga de un edificio. Algunos automóviles se detienen, los transeúntes empiezan a agruparse y ya en calidad de testigos susurran palabras apresuradas sin atreverse a emitir un presagio. Angustiado, Leoncio piensa en que el bus puede venir sin asientos libres, y abstraído recorre con la mirada el trayecto del hombre hasta el suelo. Cuando el bus aparece Leoncio sube de prisa y busca sin éxito un puesto vacío. Mala suerte, piensa.

Luis Fayad

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4 Respuestas a “Vuelta a la minificción”
  1. Que maravilla de selección.

    Gracias Antonio.

    Un beso grande.

    Último post en el blog de…Triana…No me hagas caso.- Pablo Neruda.

  2. Yo vine a buscar a Los Convidados y los encontré. No son de piedra. Son de palabras.
    Llegué a tiempo.
    Pude ver la sombra.
    Un abrazo.
    Sergio Astorga

    Último post en el blog de…sergio astorga…La suerte de Hipodamia

  3. Desconocido señor, lo revisito para agradecerle en público la publicación de mi Felicidad, para solicitarle permiso de enlace en mi blog y, sobre todo, para advertirle que, a partir de ahora, contará con mi segura presencia semanal en este sitio.
    Es, sinceramente, un placer.
    Gracias,
    Izaskun
    PD: Seguiré su consejo respecto a los relojes, creo.

    Último post en el blog de…Izaskun Legarza…INSTINTO, de Izaskun Legarza

  4. Gracias por tus visitas, Izaskun, y desde luego que puedes enlazarme a tu blog. Es un honor.
    Muchas gracias

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