Por Luis Sepúlveda

Tenía muchas ganas de meterle diente a la nueva novela del escritor mexicano Antonio Sarabia porque, además de ser un gran amigo, es un compañero de oficio al que admiro por su escritura fina, sin alardes, elegante pero sin rebuscamientos y que con sus novelas logra, además de escribir buenas y arrebatadoras novelas, que el lector se enamore del idioma en que están escritas.

Hace varios años, y si la memoria no me engaña creo que fue en 1996, que leí ” Los Convidados del volcán”, ciertamente una obra muy “Sarabiana” que hace de un pequeño lugar de México el epicentro de una serie de asuntos universales. Claro que me gustó, pero me quedó ese sabor a poco, ese deseo de más que nos obliga a dilatar el final de la lectura para prolongar el placer de leer. Y al cerrar Los Convidados del Volcán pensé en mexicano: “pinche Sarabia, dio con una veta del metal más precioso”.

Y tuvieron que pasar casi trece años para que una tarde lisboeta me entregara un ejemplar de ” Los Dos Espejos”. Reconozco que apenas me la dio tuve ganas de empezar a leer, pero creo fervientemente que los buenos vinos y los buenos libros hay que dejarlos reposar, dejar que nos tienten, que nos inviten, convoquen y, así, este fin de semana me perdí entre las páginas de “Los Dos Espejos”.

Sin repetir, sin reiterar, sin siquiera invitar al lector que no ha leído Los Convidados del Volcán a hacerlo -pero yo si lo hago y con entusiasmo- Sarabia enarbola el dedo incorrupto de San Cirilo y con él nos indica el punto cardinal que sitúa  el centro de su imaginario desbordante. Una sucesión de hechos que parten de la Revolución de Los Cristeros que nos contara B.Traven, rompe con la extraña paz, en ningún caso tranquilidad, que envuelve a los habitantes de un poblado al pie de un volcán. Dos hombres han muerto, asesinados de una manera tan violenta como torpe, y autor nos conduce a conocer los motivos de esas muertes.

Antonio Sarabia y Luis Sepúlveda, Foto Daniel Mordzinski

En numerosas ocasiones Antonio Sarabia y quien escribe hemos hablado de una convicción común: la novela la hacen los personajes y es muy sano que el escritor se mantenga al margen y sea un cronista en la sombra de lo que hacen los personajes. En “Los Dos Espejos” Sarabia se vale de dos personajes y de dos espacios, de dos ópticas narrativas para contar la historia. El primero es un personaje que vive de la escritura, es un escribidor de cartas y documentos que, armado de una máquina de escribir Remington ocupa su atalaya bajo los portales vecinos al municipio. El otro, es alguien de pasado tormentoso, ajeno al pueblo en donde ocurre la trama, y que narra desde una atemporalidad etérea.

Con el rigor de los narradores de pura cepa, Sarabia se vale de dos o tres frases certeras para incluir algo que ocurre en un pequeño pueblo en la historia de México y también en eso universal que Álvaro Mutis llama Los Elementos del Desastre. Así, la travesura de un niño víctima del amor-desamor de los indeseados desencadena una serie de hechos que pondrán en jaque al poder, en todas sus formas y manifestaciones. Sarabia explora en la extraña mecánica de la venganza y en las consecuencias que terminan por envolver también al hipotético vengador. Sarabia desmenuza las pasiones, las abiertas y las reprimidas, y entre toda una narración deslumbrante de matices deja caer una perlas de humor que nos acercan a los personajes haciéndolos inolvidables.

Hay novelas que agarran al lector por la trama, y está muy bien que así sea. “Los Dos Espejos ” es una de esas novelas que no sueltan al lector, por la trama, por el ritmo y por la escritura sencillamente magistral.

Cuando cerré el libro, recordé que en el rincón de trabajo de Antonio Sarabia, en Lisboa, le pregunté cuánto tiempo le había dedicado a la novela que acababa de entregarme. Respondió que algo así como dos años, más o menos, y luego sugirió que saliéramos a la terraza a saludar al Tajo con un buen whisky irlandés. Y enseguida respiré hondo, con la satisfacción casi imposible de describir que dejan las buenas novelas.

Sobra indicar que recomiendo con todo el entusiasmo posible esta novela. Lean ” Los Dos Espejos” y tengan la seguridad que, tal como a mi me ocurre, sentirán ganas de ir con autor a echarse unos tequilas a la cantina de Panchito Taibo, para hablar de los asuntos de este mundo y del otro, cualquiera que éste sea.

El Informador, Sección Cultural El Tapatío, 18 de Agosto del 2013

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Una Respuesta a “Cuando leer es un verdadero placer”
  1. No tenía constancia de esta última novela, pero sí que leí, hace unos años, “Los Convidados del Volcán” y me encantó. Esa forma de escribir y esa visión… me apunto este nuevo libro para la cercana navidad!

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