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¬ŅQu√© nos mueve a la traducci√≥n? ¬ŅEl deseo de compartir con otros de nuestra misma lengua lo que nos conmovi√≥ en una ajena? ¬ŅEl sentirnos de modo vicario coautores de un texto que admiramos? No lo s√©, tal vez en cada traducci√≥n haya un poco de ambas cosas. En mi caso influye adem√°s la necesidad de mantener el l√°piz afilado y el brazo caliente entre las pausas de mis propios escritos. Los poemas que siguen, todos traducidos por m√≠, son acaso lugares comunes para muchos lectores de habla portuguesa pero, como no son tan conocidos fuera de ese √°mbito, me complace presentar ahora su versi√≥n castellana en este blog. Desde luego su elecci√≥n obedece a una terrible arbitrariedad a su vez regida por el azar: el azar de una lectura, de una afinidad est√©tica o literaria y hasta del afecto instintivo por determinados autores vivos o muertos.
El primero es una deliciosa composici√≥n de Jos√© Gomes Ferreira (Porto, 1900-1985). Gomes Ferreira aunque naci√≥ en Porto, vivi√≥ desde muy ni√Īo en Lisboa, compuso m√ļsica y despert√≥ la admiraci√≥n de sus contempor√°neos tanto por sus dones como poeta como por sus compromisos sociales y pol√≠ticos. Lleg√≥ a ser c√≥nsul en Noruega de 1925 a 1929, tal vez conoci√≥ ah√≠ a su “amor del Norte”.

VIVIR SIEMPRE TAMBI√ČN CANSA.

El sol es siempre el mismo, y el cielo azul
ora es azul, nítidamente azul,
ora es ceniza, negro, casi verde…
mas nunca de color inesperado.

El mundo no se modifica.
Los √°rboles dan flores,
hojas, frutos, p√°jaros,
como m√°quinas verdes.

Los paisajes tampoco se transforman.
No cae nieve escarlata,
ni planean las flores,
la luna no tiene ojos
y nadie va a pintarle ojos a la luna.

Todo es igual, mec√°nico, exacto.

Y por supuesto los hombres son los hombres.
Eructan, beben, ríen y digieren
sin imaginación.

Y hay barrios miserables, siempre iguales,
discursos de Mussolini,
guerras, orgullos desquiciados,
autos de carreras…

!Y me obligan a vivir hasta la muerte!

¬ŅQu√© no ser√≠a m√°s humano
morir un pedacito
de cuando en cuando
y recomenzar m√°s tarde
hallando todo nuevo?

¬°Ah! Si pudiese suicidarme por seis meses,
morir encima de un div√°n
con la cabeza puesta en una almohada,
y la confianza y la serenidad que da saber
que me velabas t√ļ, mi amor del Norte.

Cuando alguien viniera a preguntar por mí,
le dirías con esa tu sonrisa
donde arde un corazón en melodía
‚Äúmatose esta ma√Īana
y no va a resucitar ahora
por una bagatela.‚ÄĚ

Y vendrías después, muy suavemente,
a velar por mí, sutil y cuidadosa,
andando de puntillas para no despertar
a la muerte a√ļn peque√Īita en mi garganta.

Este otro, un soneto de David Mour√£o-Ferreira (Lisboa, 1927-1996), me atrajo por la musicalidad y la profunda nostalgia que emana del poema. Mour√£o-Ferreira estudi√≥ Filolog√≠a Rom√°nica y fue profesor em√©rito de la universidad de Lisboa. En los a√Īos sesentas estuvo vinculado a varios programas culturales de radio y de televisi√≥n. Lleg√≥ a Secretario de Cultura entre el 76 y el 78.

Y A VECES

A veces las noches duran meses
Y a veces los meses son océanos
Y a veces los brazos que apretamos
nunca m√°s son los mismos Y a veces

encontramos de nos en pocos meses
lo que la noche nos hizo en muchos a√Īos
Y a veces fingimos que a√Īoramos
Y a veces a√Īoramos que a veces

al tomarles el gusto a los océanos
sólo heces de noches no de meses
al fondo de las copas encontramos

Y a veces sonreímos o lloramos
Y a veces a veces ah a veces
En un segundo se fugan muchos a√Īos.

Quisiera terminar con dos de Marcelo Teixeira (Pinhal do Norte, 1964). Su especialidad es la historia pero se ha dedicado m√°s que nada a la literatura, primero en el programa radiof√≥nico Las M√°rgenes del Silencio all√° en los a√Īos ochentas y, actualmente, en su trabajo de editor.

MOVIMIENTO PERP√ČTUO

Estas son las cosas m√°s simples
los m√°s conocidos secretos nocturnos, dir√°s
en vano me escribes poemas, plantas rosas
sé que es de ti de quien hablas al evocarme,
de tu gente, de lo que no soy
de lo que no hago a esta hora.
Es muy cierto, no sé quién eres
los días en que me ocultas la mirada,
o el ardor que me profesan tus manos.
¬ŅConoces Goa? ¬ŅMonte Alb√°n?
¬ŅC√≥mo saber en qu√© cuerpos te extraviaste?
Esas son las sombras de mi canto
los mejores gestos in√ļtiles de estos d√≠as
pero no me detengas si te invento;
es por saberte imperfecta en los versos de ayer
que recomienzo cada día tu retrato.

SI TE ABRO LA PUERTA

Si te abro la puerta
no olvides
que todas las noches exigen un sacrificio.

Nada receles
mas no esperes almíbar en la boca
ni armisticio al cuerpo
ni ba√Īo en la ma√Īana.

Nada receles
mas no esperes palabras inocentes
acostumbro mentir en los días pares
y faltar a la verdad en los restantes.

Si te abro la puerta
llámame sólo por mi nombre
y sé bienvenida al trono de un reino saqueado.

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Ya desde peque√Īo, durante aquellas lejanas lecciones de catecismo a las que me arrastraba mi madre, me parec√≠a dif√≠cil creer que en el jard√≠n del Para√≠so, cuando Dios permiti√≥ a Ad√°n nombrar a sus criaturas, √©ste llamara al perro, perro y, al gato, gato. Incluso entonces mi ecumenismo hispanoamericano no llegaba a tanto. Me preguntaba, eso s√≠, ¬Ņc√≥mo las habr√≠a denominado?, ¬Ņen qu√© lengua, tal vez ahora impronunciable, les dio sus verdaderos nombres?, ¬Ņy qu√© hab√≠a sido de ella? Mi persistente rencor al padre Ad√°n data de esa √©poca. ¬ŅEn qu√© cabeza cupo heredarnos el pecado original y excluirnos de aquel lenguaje formidable?
A√Īos m√°s tarde, desacreditado el mito de Babel, otra cuesti√≥n comenz√≥ a rondarme por la mente: ¬Ņpor qu√© hay tantos idiomas? Esta pregunta, en apariencia idiota, no lo es tanto cuando nos detenemos a reflexionar en ella. ¬ŅQu√© pensar√≠amos nosotros, por ejemplo si, al comprobarse que se comunican los delfines, descubri√©semos que no se entienden entre s√≠ porque unos frecuentan West Palm Beach y otros Varadero? ¬ŅPor qu√© tendr√≠an que hablar distintos lenguajes los delfines si, al fin y al cabo, son delfines? Esto, que nos sorprender√≠a en otras especies, nos parece de lo m√°s ordinario en la nuestra, a pesar de que compartimos las mismas estructuras neurol√≥gicas y dependemos de id√©nticos dispositivos para emitir y captar sonidos, sin contar con que la constituci√≥n de nuestras cuerdas vocales no nos permite reproducir m√°s que una misma uniforme, y bastante limitada, gama de voces. ¬ŅNo ser√≠a m√°s natural que, al abrir la boca por primera vez, llam√°ramos todos sin excepci√≥n, en la misma lengua de Ad√°n, al perro, perro y, al gato, gato?

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