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	<title>Los Convidados &#187; Poesía norteamericana</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>Un taller literario con Edgar Allan Poe en el bicentenario de su natalicio</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jan 2009 14:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Este lunes 19 de enero celebramos los doscientos años del nacimiento de Edgar Allan Poe (Boston, Massachusetts, E.U.A 1809-1849). Su vida, extraña y atormentada, es digna de los cuentos que le harían famoso.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Poe4.jpg?t=1232231474" alt="Poe4.jpg picture by antoniosarabia" />Cuando él llega apenas al año de edad, su padre, William Henry Leonard Poe, abandona a su madre, la actriz Elizabeth Arnold Hopkins, lo que ocasiona la muerte de esta pocos meses después. El pequeño Edgar es recogido entonces por John Allan un rico negociante escocés de Richmond, Virginia, y su esposa Frances Valentine quien no podía tener hijos. Durante unos pocos años, a partir de 1815, se instala con ellos en el Reino Unido. Asiste a cursos elementales en una escuela de Irvine, en Escocia, más tarde en un internado de Chelsea y finalmente en Stoke Newington, al norte de Londres. De vuelta a Richmond en 1920, se enamora perdidamente, a los 14, de la madre de uno de sus compañeros de escuela, Helen Stanard, que a la sazón tiene 30 y que morirá un año después. A los 16, Poe se compromete sentimentalmente con su vecina Sarah Elmira Royster y se inscribe para estudiar lenguas en la Universidad de Virginia, pero será expulsado un año más tarde a causa de su debilidad por la bebida y el juego. Logra sostenerse un tiempo con trabajos eventuales, de tendero a periodista, hasta que Sarah Elmira rompe su compromiso con él y se casa con Alexander Shelton. Poe se alista entonces en el ejército de los Estados Unidos bajo el nombre de Edgar A. Perry afirmando que tiene 22 años cuando en realidad cuenta apenas 18. Ese mismo año, 1827, inicia su carrera literaria con la publicación de Tamerlane y otros poemas que firma con el simple seudónimo de &#8220;un bostoniano&#8221;. Liberado del servicio dos años más tarde con el grado de sargento mayor de artillería, Poe se anima a entrar en la academia militar de West Point pero no soporta ni un año en ella y se hace expulsar después de una corte marcial.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/poe2.jpg?t=1232231646" alt="poe2.jpg picture by antoniosarabia" />A la edad de 26 años Poe se casa con su prima Virginia Clemm que apenas tiene 13 y que morirá doce años más tarde a consecuencias de una tuberculosis. La enfermedad hace crisis mientras ella canta y toca el arpa para Poe y sus amigos. La velada se trunca cuando una nota aguda la enmudece de pronto provocándole una hemorragia de sangre que le mana por la boca. La muerte de su adorada &#8220;mujer-niña&#8221; lo hunde aún más en el alcoholismo. <em>Mis enemigos atribuyen la locura a la bebida en vez de la bebida a la locura</em>, decía.<br />
En 1849 se reencuentra en Richmond con Sarah Elmira Royster, aquel gran amor de su juventud y se compromete de nuevo con ella. La boda se fija para el 17 de octubre. Se dice que Poe estaba entusiasmado y feliz pero no vuelve a saberse nada de él sino hasta el 3 de octubre en que aparece delirando en una calle de Baltimore, misteriosamente vestido con harapos que ni siquiera le pertenecen. Es llevado al Washington College Hospital donde fallece durante la madrugada del 7.</p>
<p>Las incomprensibles circunstancias de su muerte no hacen sino acrecentar la leyenda negra de este autor, uno de los grandes pioneros de la narrativa contemporánea. El relato corto no sería lo que es sin sus aportaciones. Los modernos géneros policiaco, gótico y de terror, se fundamentan en sus escritos. Toda la arquitectura de los relatos de Sherlock Holmes, por ejemplo, la mirada del comparsa que narra los casos en primera persona y el método deductivo que hizo famoso al inquilino de Baker street fueron copiados por sir Arthur Conan Doyle de los cuentos de Auguste Dupin, el detective de Poe.<br />
Admirado sin ambigüedades por autores como Kafka, Dostoyevsky, Lovecraft, Maupassant, Bierce, Mann y Borges, Edgar Allan Poe gozó de traductores de lujo: Charles Baudelaire al francés y Julio Cortázar al castellano.<br />
En 1845 Poe escribió <em>El Cuervo</em> lo que le valió un éxito instantáneo. De su método de trabajo y de cómo ideó las famosas estancias que lo componen nos habla él mismo más abajo.</p>
<p>La traducción a los fragmentos de <em>El Cuervo</em> es de Antonio Pérez Bonalde. Los grabados son de Gustavo Doré, especialmente realizados en 1853 para ilustrar el celebérrimo poema de Poe.</p>
<p><span id="more-473"></span></p>
<p>METODO DE COMPOSICIÓN</p>
<p>Es evidente que cualquier plan que se considere digno de ese nombre ha de ser trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene siempre presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que todas las incidencias y, en especial, el tono general, logren el resultado apetecido.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 198px; height: 241px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/albumf14.jpg?t=1232234153" alt="albumf14.jpg picture by antoniosarabia" />A mi modo de ver, la primera de todas las consideraciones debe ser la del efecto que se pretende causar. Teniendo siempre a la vista la originalidad (se traiciona a sí mismo quien prescinde de ella), yo me pregunto ante todo: entre los innumerables efectos o impresiones que es capaz de recibir el corazón, la inteligencia o, hablando en términos más generales, el alma humana, ¿cuál debo yo seleccionar en el caso presente?<br />
He pensado a menudo cuán interesante sería un artículo escrito por un autor que quisiera y que pudiera describir, paso a paso, la marcha progresiva de cualquiera de sus obras hasta llegar al término definitivo de su realización.<br />
Me es imposible explicar por qué no se ha ofrecido nunca al público un trabajo semejante. Quizá la vanidad de los autores sea la causa más poderosa para justificar esa laguna literaria. Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática. Experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de su pensamiento. La verdadera decisión se adopta en el último momento -¡hay tanta idea entrevista!-: el pensamiento maduro pero desechado por inabordable, la elección prudente y los arrepentimientos, las dolorosas raspaduras y las interpolación. En suma los rodamientos y las cadenas, los artificios para los cambios de decoración, las escaleras y los escotillones, las plumas, el colorete, los lunares y todos los aceites que en el noventa y nueve por ciento de los casos son lo peculiar del histrión literario.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 244px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven3.png?t=1232234573" alt="Raven3.png picture by antoniosarabia" />En cuanto a mí, no comparto la repugnancia de la que acabo de hablar, ni encuentro la menor dificultad en recordar la marcha progresiva de todas mis composiciones. Puesto que el interés de este análisis o reconstrucción, que se ha considerado un <em>desiderátum</em> en literatura, es enteramente independiente de cualquier supuesto ideal en lo analizado, no se me podrá censurar que salte las conveniencias si revelo aquí el <em>modus operandi</em> con que construí una de mis obras. Escojo para ello <em>El Cuervo</em> debido a que es la más conocida de todas. Mi propósito es demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición o al azar, y que aquélla avanzó paso a paso hacia su terminación con la exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.<br />
Ya que no responde directamente a la cuestión poética, prescindamos de la circunstancia o, si lo prefieren, de la necesidad que originó la intención de escribir un poema tal que satisficiera al propio tiempo el gusto popular y el gusto crítico.<br />
Mi análisis comienza, por tanto, a partir de esa intención.<br />
La consideración primordial fue ésta: la dimensión. Si una obra literaria es demasiado extensa para ser leída en una sola sentada debemos resignarnos a quedar privados del efecto, soberanamente decisivo, de la unidad de impresión. Cuando son necesarias dos sesiones de lectura se interponen entre ellas los asuntos del mundo, y todo lo que denominamos el conjunto o la totalidad queda destruido automáticamente. Pero, habida cuenta de que ningún poeta puede renunciar a todo lo que contribuye a servir su propósito, queda examinar si acaso hallaremos en la extensión alguna ventaja, la que sea, que compense la pérdida de la unidad aludida. Por el momento, respondo negativamente. Lo que solemos considerar un poema extenso no es en realidad más que una sucesión de poemas cortos, es decir, de efectos poéticos breves. Inútil repetir que un poema no es tal sino en cuanto eleva el alma y reporta una excitación intensa. Por una necesidad psíquica, todas las excitaciones intensas son de corta duración. Por eso, al menos la mitad del <em>Paraíso Perdido</em> no es más que pura prosa: hay en él una serie de excitaciones poéticas salpicadas de inevitables depresiones. En conjunto, la obra toda, a causa de su extensión excesiva, carece de aquel elemento artístico tan decisivamente importante: totalidad o unidad de efecto.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven5.jpg?t=1232234348" alt="Raven5.jpg picture by antoniosarabia" />En lo que se refiere a las dimensiones hay, evidentemente, un límite positivo para toda obra literaria: el límite de una sola sesión. Ciertamente, en ciertos géneros de prosa, como <em>Robinson Crusoe</em>, no se exige la unidad, por lo que aquel límite puede ser rebasado. Sin embargo, nunca será conveniente rebasarlo en un poema. En el mismo límite, la extensión de un poema debe hallarse en relación matemática con el mérito del mismo, esto es, con la elevación o la excitación que comporta. Dicho de otro modo, con la cantidad de auténtico efecto poético con que pueda impresionar las almas. Esta regla sólo tiene una condición restrictiva a saber: que una relativa duración es absolutamente indispensable para causar un efecto, cualquiera que fuere.<br />
Teniendo muy presentes en mí ánimo estas consideraciones, así como aquel grado de excitación que nos situa por encima del gusto popular y por debajo del gusto crítico, concebí ante todo una idea sobre la extensión idónea para el poema proyectado: unos cien versos aproximadamente. En realidad cuenta exactamente ciento ocho.<br />
Acto seguido, mi pensamiento se fijó en la elevación de una impresión o de un efecto a causar. Aquí conviene observar que durante todo el trabajo de construcción tuve siempre presente la voluntad de lograr una obra universalmente apreciable.<br />
Me alejaría demasiado de mi objeto inmediato si me entretuviese en demostrar un punto en que he insistido muchas veces: que lo bello es el único ámbito legítimo de la poesía. Con todo, diré unas palabras para presentar mi verdadero pensamiento, que algunos amigos míos se han apresurado demasiado en disimular. El placer a la vez más intenso, más elevado y más puro no se encuentra -según creo- más que en la contemplación de lo bello. Cuando los hombres hablan de belleza no entienden precisamente una cualidad, como se supone, sino una impresión: en suma, tienen presente la violenta y pura elevación del alma (no del intelecto ni del corazón) que ya he descrito y que resulta de la contemplación de lo bello. Ahora bien, yo considero la belleza como el ámbito de la poesía. En cambio, el objeto verdad, que satisface al intelecto, y el objeto pasión, que excita al corazón, son mucho más fáciles de alcanzar por medio de la prosa aunque, en cierta medida, queden también al alcance de la poesía.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 237px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven3-1.jpg?t=1232234979" alt="Raven3-1.jpg picture by antoniosarabia" />En resumen, la verdad requiere una precisión, y la pasión una familiaridad (los hombres verdaderamente apasionados me comprenderán) radicalmente contrarias a aquella belleza, que no es sino la excitación -debo repetirlo- o el embriagador arrobamiento del alma.<br />
De todo lo dicho hasta el presente no debe en modo alguno suponerse que la pasión y la verdad no puedan introducirse en un poema, incluso con beneficio para éste, ya que pueden servir para aclarar o para potenciar el efecto global, como las disonancias por contraste. Pero el auténtico artista se esforzará siempre en reducirlas a un papel suplementario al objeto principal que se pretende y, además, en rodearlas tanto como pueda de la nube de belleza que es atmósfera y esencia de la poesía. En consecuencia, considerando lo bello como mi terreno propio, me pregunté entonces: ¿cuál es el tono para su manifestación más alta? Éste había de ser el tema de mi siguiente meditación. Ahora bien, toda la experiencia humana coincide en que ese tono es el de la tristeza. Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas. Así, pues, la melancolía es el más idóneo de los tonos poéticos.<br />
Una vez determinados así la dimensión, el terreno y el tono de mi trabajo, me dediqué a buscar alguna curiosidad artística e incitante que pudiera actuar como clave en la construcción del poema, algún eje sobre el que toda la máquina hubiese de girar. Reflexionando detenidamente sobre todos los efectos de arte conocidos o, más propiamente, sobre todo los medios de efecto -entendiendo este término en su sentido escénico-, no podía escapárseme que ninguno había sido empleado con tanta frecuencia como el estribillo. La universalidad de éste bastaba para convencerme acerca de su valor intrínseco, evitándome la necesidad de someterlo a un análisis. En cualquier caso, yo no lo consideraba sino en cuanto susceptible de perfeccionamiento; y pronto advertí que se encontraba aún en estado primitivo. Tal como habitualmente se emplea, el estribillo no sólo queda limitado a las composiciones líricas, sino que la fuerza de la impresión que debe causar depende del vigor de la monotonía en el sonido y en la idea. Solamente se logra el placer mediante la sensación de identidad o de repetición. Entonces resolví variar el efecto, con el fin de acrecentarlo, permaneciendo en general fiel a la monotonía del sonido, pero alterando continuamente el de la idea: es decir, me propuse causar una serie continua de efectos nuevos con una serie de variadas aplicaciones del estribillo, dejando que éste fuese casi siempre parecido.</p>
<p><img id="imageTag_0" class="imageTag" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/albumf18.jpg" alt="albumf18.jpg" />Habiendo ya fijado estos puntos, me preocupé por la naturaleza de mi estribillo: puesto que su aplicación tenía que ser variada con frecuencia, era evidente que el estribillo en cuestión había de ser breve, pues habría sido una dificultad insuperable variar frecuentemente las aplicaciones de una frase extensa. Por supuesto, la facilidad de variación estaría proporcionada a la brevedad de la frase. Ello me condujo seguidamente a adoptar como estribillo ideal una única palabra. Entonces me absorbió la cuestión sobre el carácter de aquella palabra. Habiendo decidido que habría un estribillo, la división del poema en estancias resultaba un corolario necesario, pues el estribillo constituye la conclusión de cada estrofa. No admitía duda para mí que semejante conclusión o término, para poseer fuerza, debía ser necesariamente sonora y susceptible de un énfasis prolongado: aquellas consideraciones me condujeron inevitablemente a la <em>o</em> larga, que es la vocal más sonora, asociada a la <em>r</em>, porque ésta es la consonante más vigorosa.<br />
Ya tenía bien determinado el sonido del estribillo. A continuación era preciso elegir una palabra que lo contuviese y, al propio tiempo, estuviera en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema. En una búsqueda semejante habría sido imposible no dar con la palabra <em>nevermore</em> (nunca más). En realidad, fue la primera que se me ocurrió.<br />
El siguiente fue éste: ¿cual será el pretexto útil para emplear continuamente la palabra <em>nevermore</em>? Al advertir la dificultad que se me planteaba para hallar una razón válida de esa continua repetición, no dejé de observar que surgía tan sólo de que dicha palabra, repetida tan cerca y monótonamente, había de ser proferida por un ser humano: en resumen, la dificultad consistía en conciliar la monotonía aludida con el ejercicio de la razón en la criatura llamada a repetir la palabra. Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como es lógico, en lo primero que pensé fue en un loro; sin embargo, éste fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema.</p>
<p>Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente. Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 302px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven1.jpg?t=1232236363" alt="Raven1.jpg picture by antoniosarabia" />Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra <em>nevermore</em>. No sólo tenía que combinarlas, sino además variar cada vez la aplicación de la palabra que se repetía: pero el único medio posible para semejante combinación consistía en imaginar un cuervo que aplicase la palabra para responder a las preguntas del amante. Entonces me percaté de la facilidad que se me ofrecía para el efecto del que mi poema había de depender: es decir, el efecto que debía producirse mediante la variedad en la aplicación del estribillo.<br />
Comprendí que podía hacer formular la primera pregunta por el amante, a la que respondería el cuervo: nevermore. De esta primera pregunta podía hacer una especie de lugar común, de la segunda algo menos común, de la tercera algo menos común todavía, y así sucesivamente, hasta que por último el amante, arrancado de su sopor por la índole melancólica de la palabra, su frecuente repetición y la fama siniestra del pájaro, se encontrase presa de una agitación supersticiosa y lanzase locamente preguntas del todo diversas, pero apasionadamente interesantes para su corazón: unas preguntas donde se diesen a medias la superstición y la singular desesperación que halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer el amante en la índole profética o diabólica del ave (que, según le demuestra la razón, no hace más que repetir algo aprendido mecánicamente), sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable.<br />
Viendo semejante facilidad que se me ofrecía o, mejor dicho, que se me imponía en el transcurso de mi trabajo, decidí primero la pregunta final, la pregunta definitiva, para la que el <em>nevermore</em> sería la última respuesta, a su vez: la más desesperada, llena de dolor y de horror que concebirse pueda.<br />
Aquí puedo afirmar que mi poema había encontrado su comienzo por el fin, como debieran comenzar todas las obras de arte: entonces, precisamente en este punto de mis meditaciones, tomé por vez primera la pluma, para componer la siguiente estancia:<br />
<em>¡Oh, Profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, combo velo,<br />
de zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo<br />
a quien ambos adoramos dile a esta alma dolorida<br />
presa infausta del pesar<br />
si jamás en otra vida la doncella arrobadora<br />
a mi seno he de estrechar,<br />
la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora&#8230;<br />
Dijo el cuervo: &#8220;¡Nunca más!&#8221;</em><br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 209px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/dore.jpg?t=1232236134" alt="dore.jpg picture by antoniosarabia" />Sólo entonces escribí esta estancia: primero para fijar el momento supremo, y de este modo poder variar más fácilmente y graduar, según su gravedad y su importancia, las preguntas anteriores del amante. En segundo término, para decidir definitivamente el ritmo, el metro, la extensión y la disposición general de la estrofa, así como calcular las que debieran anteceder, de modo que ninguna aventajase a ésta en su efecto rítmico. Si en el trabajo de composición que siguió yo hubiera sido tan imprudente como para escribir estancias más vigorosas, me habría dedicado a debilitarlas, conscientemente y sin ninguna vacilación, de modo que no contrarrestasen el efecto de crescendo.</p>
<p>Podría decir también aquí algo sobre la versificación. Mi primer objeto era, como siempre, la originalidad. Una de las cosas que me resultan más inexplicables del mundo es cómo se ha descuidado la originalidad en la versificación. Aun reconociendo que en el ritmo puro exista poca posibilidad de variación, es evidente que las variedades en materia de metro y estancia son infinitas: sin embargo, durante siglos, ningún hombre hizo nunca en versificación nada original, ni siquiera ha parecido desearlo.<br />
Lo cierto es que la originalidad -exceptuando los espíritus de una fuerza insólita- no es en manera alguna, como suponen muchos, cuestión de instinto o de intuición. Por lo general, para encontrarla hay que buscarla trabajosamente. Y aunque sea un mérito positivo de la más alta categoría, el espíritu de invención no participa tanto como el de negación para aportarnos los medios idóneos de alcanzarla.</p>
<p>Ni qué decir que yo no pretendo haber sido original en el ritmo o en el metro de <em>El Cuervo</em>. El primero es troqueo; el otro se compone de un verso octómetro acataléctico, alternado con un heptámetro cataléctico que, al repetirse, se convierte en estribillo en el quinto verso, y finaliza con un tetrámetro cataléctico. Para expresarme sin pedantería, los pies empleados, que son troqueos, consisten en una sílaba larga seguida de una breve. El primer verso de la estancia se compone de ocho pies de esa índole; el segundo, de siete y medio; el tercero, de ocho; el cuarto, de siete y medio; el quinto, también de siete y medio; el sexto, de tres y medio. Ahora bien, si se consideran aisladamente cada uno de esos versos habían sido ya empleados, de manera que la originalidad de El cuervo consiste en haberlos combinado en la misma estancia: hasta el presente no se había intentado nada que pudiera parecerse, ni siquiera de lejos, a semejante combinación. El efecto de esa combinación original se potencia mediante algunos otros efectos inusitados y absolutamente nuevos, obtenidos por una aplicación más amplia de la rima y de la aliteración.<br />
El punto siguiente que considerar era el modo de establecer la comunicación entre el amante y el cuervo: el primer grado de la cuestión consistía, naturalmente, en el lugar. Pudiera parecer que debiese brotar espontáneamente la idea de una selva o de una llanura; pero siempre he estimado que para el efecto de un suceso aislado es absolutamente necesario un espacio estrecho: le presta el vigor que un marco añade a la pintura. Además, ofrece la ventaja moral indudable de concentrar la atención en un pequeño ámbito. Esta ventaja no debe confundirse con la que se obtenga de la mera unidad de lugar.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 217px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven7.jpg?t=1232237963" alt="Raven7.jpg picture by antoniosarabia" />En consecuencia, decidí situar al amante en su habitación, en una habitación que había santificado con los recuerdos de la que había vivido allí. La habitación se describiría como ricamente amueblada con objeto de satisfacer las ideas que ya expuse acerca de la belleza, en cuanto única tesis verdadera de la poesía.<br />
Habiendo determinado así el lugar, era preciso introducir entonces el ave: la idea de que ésta penetrase por la ventana resultaba inevitable. Que al amante supusiera, en el primer momento, que el aleteo del pájaro contra el postigo fuese una llamada a su puerta era una idea brotada de mi deseo de aumentar la curiosidad del lector, obligándole a aguardar; pero también del deseo de colocar el efecto incidental de la puerta abierta de par en par por el amante, que no halla más que oscuridad, y que por ello puede adoptar en parte la ilusión de que el espíritu de su amada ha venido a llamar&#8230; Hice que la noche fuera tempestuosa, primero para explicar que el cuervo buscase la hospitalidad; también para crear el contraste con la serenidad material reinante en el interior de la habitación.<br />
Así, también, hice posarse el ave sobre el busto de Palas para establecer el contraste entre su plumaje y el mármol. Se comprende que la idea del busto ha sido suscitada únicamente por el ave; que fuese precisamente un busto de Palas se debió en primer lugar a la relación íntima con la erudición del amante y en segundo término a causa de la propia sonoridad del nombre de Palas.<br />
Hacia mediados del poema, exploté igualmente la fuerza del contraste con el objeto de profundizar la que sería la impresión final. Por eso, conferí a la entrada del cuervo un matiz fantástico, casi lindante con lo cómico, al menos hasta donde mi asunto lo permitía. El cuervo penetra con un tumultuoso aleteo.<br />
<em> Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto<br />
con aspecto señorial<br />
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta<br />
de mi puerta el cabezal,<br />
sobre el busto que de Palas representa<br />
fue y posose, ¡y nada más!<br />
</em><em><span style="font-style: normal;">En las dos estancias siguientes, el propósito se manifiesta aun más:</span><br />
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza<br />
con su suave, torva y seria, decorosa gentileza,<br />
y le dije: &#8220;aunque cresta calva llevas de seguro<br />
no eres cuervo nocturnal<br />
¡Viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla&#8230;!<br />
Dime: ¿cuál tu nombre, cuál,<br />
en el reino plutoniano de la noche y la tiniebla?&#8221;<br />
Dijo el cuervo: &#8220;¡Nunca más!&#8221;</em></p>
<p><em>Asombrado quedé oyendo así hablar al avesucho<br />
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho<br />
pues preciso es, convengamos, en que nunca hubo criatura<br />
que lograse contemplar<br />
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,<br />
ave o bruto reposar<br />
sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,<br />
con tal nombre: &#8220;Nunca más&#8221;<br />
Más el cuervo fijo, inmóvil en la grave efigie aquella,<br />
sólo dijo esa palabra cual si su alma fuese en ella<br />
vinculada, ni una pluma sacudía,<br />
ni un acento se le oía pronunciar&#8230;<br />
Dije entonces, al momento, &#8220;ya otros antes se han marchado,<br />
y la aurora al despuntar,<br />
él también se irá volando cual mis sueños han volado&#8221;.<br />
Dijo el cuervo: &#8220;Nunca más&#8221;.</em><br />
Preparado así el efecto del desenlace, me apresuro a abandonar el tono fingido y adoptar el serio, más profundo: este cambio de tono se inicia en el primer verso de la estancia que sigue a la que acabo de citar:<br />
<em> Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido<br />
&#8220;no hay ya alguna duda -dije- lo que dice es aprendido,<br />
aprendido de algún amo desdichado a quien la suerte<br />
persiguiera sin cesar, etc.&#8221;</em><br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 206px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Raven6.jpg?t=1232238218" alt="Raven6.jpg picture by antoniosarabia" />A partir de este momento, el amante ya no bromea; ya no ve nada ficticio en el comportamiento del pájaro. Habla de él en los términos de una triste, desgraciada, siniestra, enjuta y augural ave de los tiempos antiguos y siente los ojos ardientes que le abrasan hasta el fondo del corazón. Esa transición de su pensamiento y esa imaginación del amante tienen como finalidad predisponer al lector a otras análogas, conduciendo el espíritu hacia una posición propicia para el desenlace, que sobrevendrá tan rápida y directamente como sea posible. Con el desenlace propiamente dicho, expresado en el Nunca más del cuervo en respuesta a la última pregunta del amante -¿encontrará a su amada en el otro mundo?-, puede considerarse concluido el poema en su fase más clara y natural, la de simple narración. Hasta el presente, todo se ha mantenido en los límites de lo explicable y lo real.<br />
Un cuervo ha aprendido mecánicamente la única palabra <em>Nunca más</em>; habiendo huido de su propietario, la furia de la tempestad le obliga, a medianoche, a pedir refugio en una ventana donde aún brilla una luz: la ventana de un estudiante que, divertido por el incidente, le pregunta en broma su nombre, sin esperar respuesta. Pero el cuervo, al ser interrogado, responde con su palabra habitual, nunca más: palabra que inmediatamente suscita un eco melancólico en el corazón del estudiante; y éste, expresando en voz alta los pensamientos que aquella circunstancia le sugiere, se emociona ante la repetición del nunca más. El estudiante se entrega a las suposiciones que el caso le inspira; mas el ardor del corazón humano no tarda en inclinarle a martirizarse, así mismo y también por una especie de superstición a formularle preguntas que la respuesta inevitable, el intolerable <em>nunca más</em>, le proporcione la más horrible secuela de sufrimiento, en cuanto amante solitario. La narración en lo que he designado como su primera fase o fase natural, halla su conclusión precisamente en esa tendencia del corazón a la tortura, llevada hasta el último extremo: hasta aquí, no se ha mostrado nada que pase los límites de la realidad.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 221px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/poe5.jpg?t=1232232761" alt="poe5.jpg picture by antoniosarabia" />Pero, en los temas manejados de esta manera, por mucha que sea la habilidad del artista y mucho el lujo de incidentes con que se adornen, siempre quedan cierta rudeza y cierta desnudez que dañan la mirada de la persona sensible. Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación.Por otra, cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinido. Esta última cualidad es la que le confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal. Lo que transmuta en prosa -y prosa de la más baja estofa-, la pretendida poesía de los que se denominan trascendentalistas, es justamente el exceso en la expresión del sentido que sólo debe quedar insinuado, la manía de convertir la corriente subterránea de una obra en la otra corriente, visible en la superficie.<br />
Convencido de ello, añadí las dos estancias que concluyen el poema, porque su calidad sugestiva había de penetrar en toda la narración antecedente. La corriente subterránea del pensamiento se muestra por primera vez en estos versos:<br />
<em>&#8220;¡Quita el pico de mi pecho, de mi umbral tu forma aleja!&#8221;<br />
Dijo el cuervo: &#8220;¡Nunca más!&#8221;.</em><br />
Quiero subrayar que la expresión <em>de mi pecho</em> (<em>from my heart</em>) encierra la primera expresión poética. Estas palabras, con la correspondiente respuesta, Nunca más, disponen el espíritu a buscar un sentido moral en toda la narración que se ha desarrollado anteriormente.<br />
Entonces el lector comienza a considerar el cuervo como un ser emblemático pero sólo en el último verso de la última estancia puede ver con nitidez la intención de hacer del cuervo el símbolo del recuerdo fúnebre y eterno.<br />
<em>Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la escultura<br />
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura&#8230;<br />
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,<br />
las visiones ve del mal;<br />
y la luz que en él cayendo sobre el suelo flota&#8230;, nunca<br />
se alzará ¡Nunca jamás!</em></p>

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		<title>Emily Dickinson, la poeta en su jardín</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Dec 2008 01:48:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía norteamericana]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Este mes se celebra un aniversario más del natalicio de Emily Dickinson (Amherst, Massachusets, 1830-1886), la gran poeta norteamericana cuyos poemas nos asombran aún hoy por su grado de experimentación y su modernidad.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 300px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/EmilyDickinson1.jpg?t=1229304078" alt="EmilyDickinson1.jpg picture by antoniosarabia" />En una carta dirigida a su amigo Thomas Wentworth Higginson, a quien había enviado algunos versos para que se los criticara, Emily le participaba su percepción personal de la poesía: <em>si físicamente siento que me arrancan la cabeza, eso es poesía. Esa es mi única manera de saberlo. ¿Hay otra?</em><br />
Sin embargo, para Emily Dickinson el quehacer literario era inseparable de las demás actividades que colmaban su vida cotidiana. La vivía con la misma intensidad con la que se ocupaba del jardín, tejía o cocinaba. <em>Vivir es tan sorprendente</em>, escribió en 1871 al mismo Higginson, <em>que deja poco espacio para otras ocupaciones.</em><br />
Apenas una media docena de poemas aparecieron en vida de la autora, todos dados a conocer en forma anónima o sin su consentimiento, y sólo fueron publicados después de ser corregidos por los editores.<br />
<em>La suya es una metafísica doméstica y particular</em>, nos dice Margarita Ardanaz en su introducción a las <em>Cartas Poéticas e Íntimas (1859-1886)</em>, y continúa más adelante:<br />
<em><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 284px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/EmilyDickinson3.jpg?t=1229304723" alt="EmilyDickinson3.jpg picture by antoniosarabia" />Sus poemas tienen una frescura especial porque ella emplea las palabras de cada día como nadie las había empleado antes. Nos sitúa en el umbral mismo del canto y nos invita, mediante fragmentos inacabados, a completar la ruta hacia ninguna parte. Eso es la poesía. La pura posibilidad. El poema es para ella lo que ya no es tanto como lo que todavía no es. Es en ese espacio incierto que media entre lo todavía no dicho y lo ya recordado donde se sitúa el poema. El poema es el presente eternizado.<br />
Acaso sea en este grado de experimentación léxica donde radique la modernidad de su obra. Un sentido de la experimentación que no tiene mucho que ver con su época. Por eso no es casual que prefiera el poema breve y el fragmento en prosa como medios de expresión. El nivel de concentración concede a cada una de las palabras un valor objetual imprescindible. El discurso se concentra en torno a una serie de palabras motrices. Por eso su sintaxis se ve frecuentemente reducida al nombre, suprimiendo al mínimo los elementos unitivos y reduciendo los verbos en un afán de supresión del tiempo. Esta técnica favorece las posibilidades de la elipsis, que es la auténtica protagonista de la retórica dickinsoniana. Lo no dicho, los espacios en blanco, la insinuación, el lenguaje oblicuo y la ambigüedad tienen tanto valor en su discurso como los elementos explícitos. Y es que el silencio es para Emily Dickinson tan subversivo como la palabra.</em></p>
<p><span id="more-349"></span></p>
<p><em><span style="font-style: normal;"><em><span style="font-style: normal;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 321px; height: 213px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/EmilyDickinson5.jpg?t=1229304449" alt="EmilyDickinson5.jpg picture by antoniosarabia" /></span>No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer</em>, escribió a su vez Jorge Luis Borges en el prólogo a la antología de poemas traducidos por Silvina Ocampo, de la que presentamos algunos más abajo. <em>Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo. En su recluida aldea de Amherst buscó la reclusión de su casa y, en su casa, la reclusión del color blanco y la de no dejarse ver por los pocos amigos que recibía. Publicar no era, para ella, parte esencial del destino de un escritor; después de su muerte, que acaeció en 1886, encontraron en sus cajones más de mil piezas manuscritas, casi todas muy breves y extrañamente intensas. Además de la escritura fugaz de cosas inmortales, profesó el hábito de la lenta lectura y la reflexión. Emerson, Ruskin y Sir Thomas Brown le enseñaron mucho, pero sólo a ella le fue dado escribir</em></span></em></p>
<p><em>Parting is all we know of Heaven / and all we need of Hell.<br />
O<br />
This quiet dust was gentleman and ladies</em></p>
<p><em>cuya idea es común y cuya forma es incomparable (curiosamente se abismaba, como Hugo, en la Revelación de San Juan, el Teólogo).<br />
He sospechado que el concepto de versión literal, desconocido a los antiguos, procede de los fieles que no se atrevían a cambiar una palabra dictada por el Espíritu. Emily Dickinson parece haber inspirado a Silvina Ocampo un respeto análogo. Casi siempre, en este volumen, tenemos las palabras originales en el mismo orden.<br />
No es cotidiano el hecho de un poeta traducido por otro poeta. Silvina Ocampo es, fuera de duda, la máxima poeta argentina; la cadencia, la entonación, la pudorosa complejidad de Emily Dickinson aguardan al lector de estas páginas, en una suerte de venturosa transmigración.</em></p>
<p><em></em><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 224px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Emily-Dickinson2.jpg?t=1229304898" alt="Emily-Dickinson2.jpg picture by antoniosarabia" />5</p>
<p>Tengo un pájaro en primavera<br />
para mí sola canta -<br />
la primavera seduce.<br />
Y cuando el verano se acerca<br />
y cuando la rosa aparece,<br />
el pájaro se va.</p>
<p>Y asimismo no me quejo<br />
sabiendo que ese pájaro mío<br />
a pesar de haberse ido -<br />
estudia más allá del mar<br />
melodías nuevas para mí<br />
y volverá.</p>
<p>Raudas en mano más segura<br />
contenidas en tierras más naturales<br />
son mías -<br />
y aunque ahora partan,<br />
digo a mi desconfiado corazón<br />
son tuyas.</p>
<p>En un sereno brillo,<br />
en una más dorada luz<br />
veo<br />
cada ínfima duda y temor<br />
cada pequeña discordia acá<br />
terminada.</p>
<p>Entonces no me lamentaré<br />
sabiendo que ese pájaro mío<br />
aunque haya volado<br />
en un distante árbol<br />
deslumbrante melodía para mí<br />
volverá.</p>
<p> </p>
<p>84</p>
<p>Su pecho es propicio para perlas,<br />
pero yo no soy buceador -<br />
su frente es propicia para tronos<br />
pero no tengo penacho.<br />
Su corazón es propicio para un hogar -<br />
yo -un gorrión- edifico ahí<br />
dulces entrelazadas ramas<br />
mi perenne nido.</p>
<p> </p>
<p><img id="imageTag_0" class="imageTag" style="width: 228px; cursor: crosshair;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Emily_Dickinson4.jpg" alt="Emily_Dickinson4.jpg" />223</p>
<p>Vine a comprar una sonrisa -hoy-<br />
una sola sonrisa -<br />
la más pequeña de tu cara<br />
me agradará lo mismo -<br />
la que nadie echaría de menos<br />
brillaba tan diminuta<br />
estoy rogando en el mostrador -señor-<br />
puede usted comprar -<br />
tengo diamantes -en mis dedos-<br />
¿Sabe usted qué son los diamantes?<br />
¡Tengo rubíes -como la sangre del ocaso-<br />
y un topacio -como una estrella!<br />
¡podría ser buen negocio para un &#8220;judío&#8221;!<br />
diga -¿puedo hacerlo- señor?</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>254</p>
<p>&#8220;Esperanza&#8221; es algo con plumas -<br />
que se posa en el alma -<br />
y canta una melodía sin palabras -<br />
y nunca se detiene -totalmente-</p>
<p>más dulce -en el vendaval- se oye-<br />
y herida tiene que estar la tormenta<br />
que pudo abatir al pajarito<br />
que reservó tanto calor -</p>
<p>la oí en la tierra más helada -<br />
y en el más extraño mar -<br />
y nunca, ni en casos extremos,<br />
me pidió una migaja -a mí.</p>
<p> </p>
<p>255</p>
<p>Morir -lleva sólo un corto tiempo-<br />
dicen que no duele<br />
es solo un desmayo -por etapas-<br />
y luego -queda fuera de la vista-</p>
<p>una cinta más oscura -por un día-<br />
un crespón en el sombrero -<br />
luego un lindo sol llega -<br />
y nos ayuda a olvidar -</p>
<p>la ausente -criatura &#8211; mística -<br />
que sólo por amor a nosotros<br />
se fue a dormir -esa profunda vez-<br />
sin la fatiga-</p>
<p> </p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 226px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Emily_Dickinson6.jpg?t=1229306175" alt="Emily_Dickinson6.jpg picture by antoniosarabia" />376</p>
<p>Es claro -que recé-<br />
¿y a Dios le importó?<br />
le importó tanto como si un pájaro<br />
en el aire-golpeara con su pata-<br />
y gritara dame-<br />
razón-vida-<br />
que no hubiera tenido -sin ti-<br />
más piadoso hubiera sido<br />
en la tumba del átomo dejarme-<br />
alegre, aniquilada, dichosa y muda-<br />
en lugar de esta penetrante miseria.</p>

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