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	<title>Los Convidados &#187; Poesía italiana contemporánea</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
	<lastBuildDate>Wed, 06 Apr 2011 14:30:31 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
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		<title>Lo mejor de Los Convidados, parte tercera</title>
		<link>http://losconvidados.com/lo-mejor-de-los-convidados-parte-tercera/</link>
		<comments>http://losconvidados.com/lo-mejor-de-los-convidados-parte-tercera/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 26 Oct 2008 21:28:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía Antillana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía africana tradicional]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía italiana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Aimé Césaire]]></category>
		<category><![CDATA[Cesare Pavese]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta es la tercera, y última parte, de una selección de poesías presentadas en Los Convidados con motivo de nuestro primer año en la red.   De Poesía tradicional africana, agosto 18/2008. ARCO IRIS ¡Khwa! ¡Yé oh! ¡Khwa! ¡Arco iris! ¡Oh, arco iris, tú que brillas allá arriba, tan alto por encima del bosque! En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta es la tercera, y última parte, de una selección de poesías presentadas en Los Convidados con motivo de nuestro primer año en la red.</p>
<p> </p>
<p>De <em>Poesía tradicional africana</em>, agosto 18/2008.</p>
<p>ARCO IRIS<br />
¡Khwa! ¡Yé oh! ¡Khwa! ¡Arco iris! ¡Oh, arco iris,<br />
tú que brillas allá arriba, tan alto<br />
por encima del bosque!<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 180px; height: 122px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ANGOLA12-1.jpg?t=1225055819" alt="ANGOLA12-1.jpg picture by antoniosarabia" />En medio de las nubes negras,<br />
dividiendo el cielo sombrío,<br />
has derribado a tus pies,<br />
vencedor en la lucha,<br />
al trueno que rugía,<br />
que rugía muy fuerte, irritado.<br />
¿Estás enfadado con nosotros?<br />
En medio de las negras nubes,<br />
dividiendo el cielo sombrío,<br />
como el cuchillo que corta el fruto demasiado maduro,<br />
Arco Iris, Arco Iris.<br />
Y el trueno matador de hombres<br />
ha emprendido la huída<br />
como el antílope ante la pantera,<br />
ha emprendido la huída,<br />
¡Arco Iris, Arco Iris!</p>
<p>Poderoso Arco del cazador de lo alto,<br />
del cazador que persigue al rebaño de nubes,<br />
como a un rebaño de elefantes asustados,<br />
Arco Iris, da las gracias al Todopoderoso.<br />
Dile que no esté enfadado.<br />
Dile que no esté irritado.<br />
Dile que no nos mate.<br />
Porque tenemos mucho miedo,<br />
Arco Iris, díselo.</p>
<p>Canto pigmeo</p>
<p> <span id="more-210"></span><br />
De <em>Un toque de color a la poesía en francés</em>, septiembre 08/2008</p>
<p>BATUCA (fragmento)<br />
batuca<br />
cuando el mundo sea un vivero donde yo pescaré mis ojos en el<br />
sedal de tus ojos<br />
batuca cuando el mundo sea el látex largo de las calles de sueño<br />
bebido<br />
batuca<br />
la caja de los clavos la caja de granizo corazón de sorpresa<br />
corazón de cizalla<br />
la caja de los clavos enjambres de mosquitos y vuelo de dientes<br />
la caja de la lluvia tristemente corta las alambradas del trombón<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 211px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/AimeCesaire1-1.jpg?t=1225055986" alt="AimeCesaire1-1.jpg picture by antoniosarabia" />y la paja de las semanas<br />
la caja de la lluvia<br />
la caja de los clavos<br />
la caja de los cisnes<br />
la caja de las hojas lentamente muertas<br />
batuca<br />
batuca de las manos<br />
batuca de los senos en furia de bejucos y de selva virgen<br />
batuca de los siete pecados decapitados<br />
batuca del sexo de beso de pájaro de huída de pez<br />
batuca de princesa negra con diadema de sol derretido<br />
batuca de la princesa que atiza a mil guardianes<br />
mil jardines olvidados debajo de la arena y del arco iris<br />
batuca de la princesa de muslos de Congo<br />
de Borneo<br />
de Caracas<br />
nieve negra de muslos de río que despliega sus sueños<br />
de absurdo ventisquero bajo la mano del sol de medianoche<br />
batuca<br />
la princesa se ahoga en su sonrisa de agua ausente<br />
batuca<br />
en su sonrisa de acequia<br />
batuca<br />
en sus ojos de sol macerado de ciruelas<br />
batuca<br />
en su justicia magnética<br />
batuca batuca<br />
la princesa en el corazón virgen del verano en el dintel de las<br />
campánulas<br />
se ha retirado ahogada del corazón reventado de las tierras<br />
reclusa algo oculta en el silencio de las olas<br />
batuca de noche sin carozo<br />
de noche sin labios<br />
con la corbata del surtidor de mi galera sin nombre<br />
de mi pájaro de bumerang<br />
he lanzado mi ojo al oleaje a la guinea de la desesperación y de la<br />
muerte<br />
todo lo extraño se cuaja isla de Pascua, isla de Pascua<br />
todo lo extraño interceptado por las caballerizas de la sombra<br />
un riachuelo de agua fresca fluye en su mano sargazo de gritos fundidos<br />
Y el navío desnudado cavó en el cerebro de las noches testarudas<br />
mi exilio minarete-sed-de-las ramas<br />
grito a la sal lunar del gran pez de lágrimas de piedra labrada<br />
Las corrientes enrollaron espesuras de sables de plata<br />
y cucharas de náuseas<br />
y el viento agujereado de los dedos del SOL<br />
esquiló el fuego de la axila de las islas de cabelleras de espuma<br />
olvidados pulmones de los repiques y de las sedas<br />
de los orgullosos tuyas susurrados sangre en los labios ardientes del<br />
blizzard macho<br />
batuca de tierras grávidas<br />
batuca del mar amurallado<br />
batuca del ukelele asesinado bajo las hierbas<br />
cuando los dedos golpeaban la hora de minutos sin fibras<br />
batuca de Burgos jorobados de pies podridos de muertos deletreados<br />
en la desesperación sin precio del recuerdo<br />
Punta-baja, Diamante, Tartana y Carabela<br />
sekeles de oro, garlopas de flotaciones atacadas por gavillas y añublos<br />
cerebros tristes donde se arrastran orgasmos<br />
armadillos humeantes<br />
Oh los crúmenos que divierten a mi timón<br />
el sol ha saltado de las grandes bolsas marsupiales del mar sin<br />
tragaluz en plena álgebra de falsos caballos y de raíles sin tranvía;<br />
batuca, los ríos son grietas en el yelmo desatado de los barrancos<br />
las cañas naufragan en los balanceos de la tierra llena de jorobas de<br />
camella las ensenadas derriban luces irresponsables las vejigas sin reflujo<br />
de las piedras<br />
¡Sol, a las gargantas!<br />
Negro rugidor, negro carnicero, negro corsario batuca desplegado de<br />
especias y de moscas<br />
Dormida manada de yeguas bajo la espesura de bambúes<br />
sangra, sangra manada de carambas<br />
Asesino te absuelvo en nombre de la violación<br />
te absuelvo en nombre del Espíritu Santo<br />
Te absuelvo de mis manos de salamandra<br />
El día pasará como una ola con las ciudades en bandolera en su<br />
alforja de conchas hinchadas de pólvora<br />
Sol, roja serpentaria acodada en mis angustias<br />
de pantano con dolores de parto<br />
el río de culebras que yo llamo mis venas<br />
El río de almenas que yo llamo mi sangre<br />
el río de azagayas que los hombres llaman mi rostro<br />
el río a pie alrededor del mundo<br />
golpeará la roca artesiana con cien estrellas de monzón</p>
<p>Libertad mi único pirata, agua del año nueve mi única sed<br />
amor mi único sampán<br />
deslizaremos nuestros dedos de risa y de calabaza<br />
entre los dientes helados de la Bella Durmiente del Bosque.</p>
<p>Aimé Césaire (Basse Pointe, Martinique, 1913-2008)</p>
<p> <br />
De P<em>avese a los cien años</em>, septiembre 14/2008</p>
<p>LOS MARES DEL SUR<br />
Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,<br />
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo<br />
mi primo es un gigante vestido de blanco,<br />
que se mueve despacio, el rostro bronceado,<br />
taciturno. Callar es nuestra virtud.<br />
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo<br />
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-<br />
para enseñar a los suyos tanto silencio.</p>
<p><span style="line-height: 12px;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 190px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/cesarepavese2.jpg?t=1225056283" alt="cesarepavese2.jpg picture by antoniosarabia" /></span>Mi primo me ha hablado esta tarde para preguntarme<br />
si subiría con él: desde la cumbre se avista<br />
en las noches serenas el reflejo del faro<br />
lejano, de Turín. &#8220;Tú que vives en Turín&#8230;&#8221;<br />
me ha dicho &#8230;pero tiene razón. &#8220;La vida hay que vivirla<br />
lejos del terruño: se aprovecha y se goza<br />
y después, al regreso, como yo a los cuarenta,<br />
se encuentra nuevo todo. Las Langas no cambian de sitio&#8221;.<br />
Todo esto me ha dicho y no habla italiano,<br />
sino que usa pausado el dialecto que, como las piedras<br />
de esta misma colina, es tan áspero<br />
que veinte años de idiomas y diversos océanos<br />
no le han limado. Y asciende la cuesta<br />
con la vigilante mirada que vi, de pequeño,<br />
en labriegos un poco cansados.</p>
<p>En veinte años le ha dado la vuelta al mundo.<br />
Se fue siendo yo un niño de brazos<br />
y le dieron por muerto. Después oí hablar de él<br />
a las mujeres, a veces, como una leyenda;<br />
los hombres, más serios, lo olvidaron.</p>
<p>Un invierno a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta<br />
con un gran sello verdoso de barcos en un puerto<br />
y votos por una buena vendimia. El estupor fue grande,<br />
pero el niño crecido explicó ávidamente<br />
que la postal venía de una isla llamada Tasmania,<br />
rodeada de un mar azulísimo y de escualos feroces<br />
en el Pacífico, al sur de Australia. Añadió que sin duda<br />
pescaba perlas el primo. Y arrancó el sello.<br />
Todos opinaron y todos concluyeron<br />
que, si aún no estaba muerto, moriría.<br />
Después lo olvidaron y pasó mucho tiempo.</p>
<p>Oh, desde que jugaba a los piratas malayos<br />
cuánto tiempo ha pasado. Y, desde la última vez<br />
que bajé a bañarme en un sitio mortal<br />
y tras un compañero de juegos monté en un árbol<br />
quebrando sus ramas y le rompí la cabeza<br />
a un rival y fui vapuleado,<br />
cuánto ha acontecido. Otros días, otros juegos,<br />
otros arrebatos de la sangre ante rivales<br />
más escurridizos: los pensamientos y los sueños.<br />
La ciudad me ha enseñado infinitos pavores:<br />
una multitud, una calle me han hecho temblar,<br />
un pensamiento espiado alguna vez en un rostro.<br />
Siento aún en los ojos la burlona luz despectiva<br />
de millares de lámparas sobre el gran barullo de pasos.</p>
<p>Mi primo volvió, terminada la guerra,<br />
gigantesco, entre los pocos. Y tenía dinero.<br />
Los parientes decían por lo bajo: &#8220;en un año, a lo sumo,<br />
lo disipa todo y se larga de nuevo.<br />
Los desesperados acaban así&#8221;.<br />
Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró un local de cemento<br />
en el pueblo e hizo prosperar un garaje<br />
con una flamante pompa para aprovisionar gasolina<br />
y un gran anuncio bajo la curva del puente.<br />
Después puso un mecánico dentro a recibir el dinero<br />
y recorrió las Langas enteras fumando.<br />
Entretanto se había casado en la aldea. Desposó a una muchacha<br />
grácil y rubia como las extranjeras<br />
que de seguro había encontrado algún día por el mundo.<br />
Mas salía aún solo. Vestido de blanco,<br />
con las manos en la espalda y el rostro bronceado,<br />
iba de mañana a las ferias y con aire burlón<br />
adquiría caballos. Después me explicó,<br />
al fracasar el proyecto, que su plan consistía<br />
en suprimir todas las bestias del valle<br />
y obligar a la gente a comprarle motores.<br />
&#8220;Mas la bestia más grande de todas, decía,<br />
he sido yo al pensarlo. Debería saber<br />
que aquí bueyes y gentes son una misma raza&#8221;.</p>
<p>Llevamos andando más de media hora. La cima está cerca,<br />
el fragor y el silbido del viento aumentan de tono.<br />
Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: &#8220;este año<br />
escribo en el cartel: -Santo Stefano<br />
ha sido siempre el primero en las fiestas<br />
del valle de Belbo- y que digan lo que quieran<br />
los de Canelli&#8221;. Reanuda después el ascenso.<br />
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,<br />
algunas luces distantes: chozas, automóviles<br />
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza<br />
que me ha restituido a este hombre, arrancándolo al mar,<br />
a las tierras lejanas, al silencio que dura.<br />
Mi primo no habla de los viajes cumplidos.<br />
Dice lacónico que ha estado en tal lugar o en tal otro<br />
y piensa en sus motores.</p>
<p>Sólo un sueño<br />
le ha quedado en la sangre: una vez se embarcó<br />
como fogonero en un barco de pesca holandés, el Cetáceo,<br />
y vio volar al sol los pesados arpones,<br />
y huir las ballenas entre espumas de sangre<br />
y perseguirlas y alzarse las colas y luchar con la lancha.<br />
Me lo evoca a veces.</p>
<p>Pero cuando le digo<br />
que está entre los afortunados que han visto la aurora<br />
sobre las islas más bellas de la tierra,<br />
sonríe ante el recuerdo y responde que el sol<br />
se levantaba cuando el día era ya viejo para ellos.</p>
<p>Césare Pavese (Santo Stephano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950)</p>

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	<li><a href="http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/" title="Pavese a los cien años (septiembre 14, 2008)">Pavese a los cien años</a> (8)</li>
</ul>

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		</item>
		<item>
		<title>Pavese a los cien años</title>
		<link>http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/</link>
		<comments>http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 10:42:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura Italiana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía italiana contemporánea]]></category>
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		<category><![CDATA[Steinbeck]]></category>
		<category><![CDATA[Walt Whitman]]></category>

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		<description><![CDATA[Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural. Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural.<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/pavese1-1.jpg?t=1221344825" alt="pavese1-1.jpg picture by antoniosarabia" /> Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por la literatura norteamericana marcaron para siempre su obra. Tradujo a Steinbeck, Dos Pasos, Hemingway y Faulkner, entre otros grandes autores estadounidenses junto al irlandés James Joyce por quien profesaba también una admiración sin límites. Sus lecturas y estudios sobre el mito, los símbolos y los arquetipos se volvieron una influencia recurrente en su trabajo. En 1930 se licenció en letras por la universidad de Turín con una tesis sobre Walt Whitman. En 1935 fue detenido por sus ideas políticas y desterrado al sur de Italia donde permaneció hasta su perdón en 1936. Pasó los últimos años de la segunda guerra mundial viviendo con la familia de su hermana en Serralunga &#8220;como un recluso en las colinas&#8221;. En 1945 ingresó en el partido comunista y en 1950, el 24 de junio, se le confirió el cotizado premio Strega por <em>The Political Prisioner</em>. El 27 de agosto de ese mismo año, víctima de una de sus habituales depresiones, Césare Pavese se quitó la vida en el hotel Roma de Turín con una sobredosis de somníferos. Le faltaban pocos días para cumplir cuarenta y dos años de edad. Algunos de sus trabajos más notables fueron publicados póstumamente.</p>
<p><span id="more-63"></span></p>
<p>Comenzamos este post con un poema que no podía faltar en la entrada, <em>Vendrá la Muerte y tendrá tus Ojos</em>, tal vez el más célebre de los escritos por Pavese. Pero es en <em>Los Mares del Sur</em>, otro gran favorito nuestro, donde mejor se observan su inclinación por el mito, la vuelta al pasado y los juegos de la memoria. En él hay también un guiño a una de sus novelas preferidas, una de las primeras que tradujo del inglés: <em>Moby Dick</em>.</p>
<p> </p>
<p>VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos <br />
esta muerte que nos acompaña <br />
de la mañana a la noche, insomne, <br />
sorda, como un viejo remordimiento <br />
o un vicio absurdo. Tus ojos <br />
serán una vana palabra, <br />
un grito callado, un silencio.<br />
 Así los ves cada mañana <br />
cuando a solas te inclinas<br />
 ante el espejo. Oh querida esperanza,<br />
 ese día sabremos aun nosotros<br />
 que eres la vida y eres la nada. <br />
Para todos tiene la muerte una mirada.</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.<br />
Será como renunciar a un vicio,<br />
 como observar en el espejo <br />
el resurgir de un rostro muerto,<br />
 como escuchar unos labios cerrados.<br />
 Mudos, descenderemos al abismo.</p>
<p> <br />
LOS MARES DEL SUR</p>
<p>Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,<br />
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo<br />
mi primo es un gigante vestido de blanco,<br />
que se mueve despacio, el rostro bronceado,<br />
taciturno. Callar es nuestra virtud.<br />
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo<br />
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-<br />
para enseñar a los suyos tanto silencio.</p>
<p>Mi primo me ha hablado esta tarde para preguntarme<br />
si subiría con él: desde la cumbre se avista<br />
en las noches serenas el reflejo del faro<br />
lejano, de Turín. &#8220;Tú que vives en Turín&#8230;&#8221;<br />
me ha dicho &#8230;pero tiene razón. &#8220;La vida hay que vivirla<br />
lejos del terruño: se aprovecha y se goza<br />
y después, al regreso, como yo a los cuarenta,<br />
se encuentra nuevo todo. Las Langas no cambian de sitio&#8221;.<br />
Todo esto me ha dicho y no habla italiano,<br />
sino que usa pausado el dialecto que, como las piedras<br />
de esta misma colina, es tan áspero<br />
que veinte años de idiomas y diversos océanos<br />
no le han limado. Y asciende la cuesta<br />
con la vigilante mirada que vi, de pequeño,<br />
en labriegos un poco cansados.</p>
<p>En veinte años le ha dado la vuelta al mundo.<br />
Se fue siendo yo un niño de brazos<br />
y le dieron por muerto. Después oí hablar de él<br />
a las mujeres, a veces, como una leyenda;<br />
los hombres, más serios, lo olvidaron.</p>
<p>Un invierno a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta<br />
con un gran sello verdoso de barcos en un puerto<br />
y votos por una buena vendimia. El estupor fue grande,<br />
pero el niño crecido explicó ávidamente<br />
que la postal venía de una isla llamada Tasmania,<br />
rodeada de un mar azulísimo y de escualos feroces<br />
en el Pacífico, al sur de Australia. Añadió que sin duda<br />
pescaba perlas el primo. Y arrancó el sello.<br />
Todos opinaron y todos concluyeron<br />
que, si aún no estaba muerto, moriría.<br />
Después lo olvidaron y pasó mucho tiempo.</p>
<p>Oh, desde que jugaba a los piratas malayos<br />
cuánto tiempo ha pasado. Y, desde la última vez<br />
que bajé a bañarme en un sitio mortal<br />
y tras un compañero de juegos monté en un árbol<br />
quebrando sus ramas y le rompí la cabeza<br />
a un rival y fui vapuleado,<br />
cuánto ha acontecido. Otros días, otros juegos,<br />
otros arrebatos de la sangre ante rivales<br />
más escurridizos: los pensamientos y los sueños.<br />
La ciudad me ha enseñado infinitos pavores:<br />
una multitud, una calle me han hecho temblar,<br />
un pensamiento espiado alguna vez en un rostro.<br />
Siento aún en los ojos la burlona luz despectiva<br />
de millares de lámparas sobre el gran barullo de pasos.</p>
<p>Mi primo volvió, terminada la guerra,<br />
gigantesco, entre los pocos. Y tenía dinero.<br />
Los parientes decían por lo bajo: &#8220;en un año, a lo sumo,<br />
lo disipa todo y se larga de nuevo.<br />
Los desesperados acaban así&#8221;.<br />
Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró un local de cemento<br />
en el pueblo e hizo prosperar un garaje<br />
con una flamante pompa para aprovisionar gasolina<br />
y un gran anuncio bajo la curva del puente.<br />
Después puso un mecánico dentro a recibir el dinero<br />
y recorrió las Langas enteras fumando.<br />
Entretanto se había casado en la aldea. Desposó a una muchacha<br />
grácil y rubia como las extranjeras<br />
que de seguro había encontrado algún día por el mundo.<br />
Mas salía aún solo. Vestido de blanco,<br />
con las manos en la espalda y el rostro bronceado,<br />
iba de mañana a las ferias y con aire burlón<br />
adquiría caballos. Después me explicó,<br />
al fracasar el proyecto, que su plan consistía<br />
en suprimir todas las bestias del valle<br />
y obligar a la gente a comprarle motores.<br />
&#8220;Mas la bestia más grande de todas, decía,<br />
he sido yo al pensarlo. Debería saber<br />
que aquí bueyes y gentes son una misma raza&#8221;.</p>
<p>Llevamos andando más de media hora. La cima está cerca,<br />
el fragor y el silbido del viento aumentan de tono.<br />
Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: &#8220;este año<br />
escribo en el cartel: -Santo Stefano<br />
ha sido siempre el primero en las fiestas<br />
del valle de Belbo- y que digan lo que quieran<br />
los de Canelli&#8221;. Reanuda después el ascenso.<br />
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,<br />
algunas luces distantes: chozas, automóviles<br />
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza<br />
que me ha restituido a este hombre, arrancándolo al mar,<br />
a las tierras lejanas, al silencio que dura.<br />
Mi primo no habla de los viajes cumplidos.<br />
Dice lacónico que ha estado en tal lugar o en tal otro<br />
y piensa en sus motores.</p>
<p>Sólo un sueño<br />
le ha quedado en la sangre: una vez se embarcó<br />
como fogonero en un barco de pesca holandés, el Cetáceo,<br />
y vio volar al sol los pesados arpones,<br />
y huir las ballenas entre espumas de sangre<br />
y perseguirlas y alzarse las colas y luchar con la lancha.<br />
Me lo evoca a veces.</p>
<p>Pero cuando le digo<br />
que está entre los afortunados que han visto la aurora<br />
sobre las islas más bellas de la tierra,<br />
sonríe ante el recuerdo y responde que el sol<br />
se levantaba cuando el día era ya viejo para ellos.</p>
<p>Traducciones del italiano de Antonio Sarabia</p>
<p> </p>
<p>Nuria Ruiz de Viñaspre, desde <em><a onclick="window.open('Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/','','');return false;" href="Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/">El Rascacielos</a></em>, y Antonio Serrano Cueto, desde <em><a onclick="window.open('http://antonioserranocueto.blogspot.com/','','');return false;" href="http://antonioserranocueto.blogspot.com/">El Baile de los Silenos</a></em>,<img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/premio-al-esfuerzo-personal.png?t=1221388784" alt="premio-al-esfuerzo-personal.png picture by Laurenblog" /> han tenido la bondad de otorgar, ambos al mismo tiempo, a <em>Los Convidados</em> el <em>Premio al Esfuerzo Personal 2008</em>. Ella &#8220;por la profundidad y la poesía&#8221;, él por considerarlo &#8220;la literatura con mayúsculas&#8221;. Lo acepto por venir de dos colegas a quienes aprecio y respeto. La distinción me obliga a mencionar a los otorgantes y vincularlos con un enlace (ya está hecho), a reproducir la imagen del premio y a entregarlo a mi vez a otros cinco blogs que a mi juicio se lo merezcan. La imagen la tienen a su izquierda. Los blogs que selecciono, y recomiendo, son:</p>
<p><a onclick="window.open('http://notasmoleskine.blogspot.com/','','');return false;" href="http://notasmoleskine.blogspot.com/"><em> Moleskine Literario</em></a>, de Iván Thays<br />
<a onclick="window.open('http://www.tradicionclasica.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.tradicionclasica.blogspot.com/"><em> Tradición Clásica</em></a>, de Gabriel Laguna<br />
<a onclick="window.open('http://www.apostillasnotas.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.apostillasnotas.blogspot.com/"><em> Apostillas Literarias</em></a>, de Magda Díaz Morales<br />
<a onclick="window.open('Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/','','');return false;" href="Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/"><em> Desde Aquí</em></a><em>,</em> de Reinaldo Escobar<br />
<a onclick="window.open('http://trianarts.com/','','');return false;" href="http://trianarts.com/"><em>Trianarts</em></a>, de Triana</p>

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		<title>Silvia Favaretto</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Nov 2007 23:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía italiana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores italianos]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R0dmQBaQ1UI/AAAAAAAAACU/AY0wK2g72Qo/s1600-h/silvia1.jpg" rel="lightbox[9]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136186325481870658" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R0dmQBaQ1UI/AAAAAAAAACU/AY0wK2g72Qo/s200/silvia1.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Desde Italia recibimos noticias de la bella e incansable Silvia Favaretto (Venecia, 1977), donde dirige, junto con su marido, Christian Panebianco, la revista digital de poesía “La fuente de las siete vírgenes”. Silvia tiene la particularidad de escribir indistintamente tanto en su natal italiano como en español y luego de traducirse ella misma a uno u otro idioma. Los poemas que he seleccionado para esta edición de los Convidados pertenecen a su libro Palabras de Agua y los escribió originalmente en español durante una estancia en Argentina. Los dejo con la sorprendente madurez, para alguien de su edad, el vigor expresivo y la irresistible rabia juvenil de Silvia Favaretto. Disfrútenla.</p>
<p>ESTRELLA DE MAR</p>
<p>Ven a lamerme  los pies, ola<br />
trágame en un<br />
abrazo de peces<br />
grises<br />
bésame las caderas<br />
con tus labios<br />
frescos de agua,<br />
amárrame<br />
con algas<br />
los tobillos,<br />
lléname de tu<br />
sal los ojos y<br />
la boca,<br />
con esquirlas<br />
de gotas hiéreme<br />
la piel,<br />
chúpame los hombros<br />
con fuerza,<br />
quémame las cejas<br />
con tu sol,<br />
pégame en la nuca con<br />
tus cachetadas frías;<br />
contigo<br />
sé que vencer<br />
no puedo,<br />
sin embargo<br />
no me vas a manchar,<br />
ni quedará vacío<br />
mi cofre inerme<br />
y azul.</p>
<p><span id="more-9"></span></p>
<p>GUARDAR (IN MEMORIAM)</p>
<p>Vivo la vida<br />
recordada por mi bisabuela.<br />
Ella en mí quiso y defraudó,<br />
sacó las entrañas a colgar al viento,<br />
barrió el piso con su pelo.<br />
Sus placeres quitaron el polvo de la cómoda,<br />
ella se acostó con mi estirpe.<br />
Yo, en cambio,<br />
viajaré con la maleta cargada de sus sueños,<br />
soplaré en el oído de<br />
sus amantes,<br />
me bañaré en el agua caliente<br />
que tanto añoró,<br />
me limpiaré su cara con manos<br />
espumosas de jabón fino,<br />
me pondré crema en sus piernas<br />
para hidratarlas después de estos<br />
cien años de ultratumba,<br />
me pintaré sus uñas con<br />
esmalte escarlata<br />
y me encamaré con sus progenitores.</p>
<p>Vendrá el pasado y<br />
me encontrará muerta<br />
con el pelo enmarañado en el polvo<br />
y los dedos de los pies<br />
esmaltados de rojo.<br />
Y contenta, por Dios,<br />
contenta.</p>
<p>SEIS DE LA TARDE</p>
<p>Cuando llegue mi muerte<br />
serán las seis de la tarde,<br />
estaré vestida de púrpura y lista<br />
con ojos chispeantes<br />
le daré la bienvenida.<br />
Escribiré en su frente<br />
mi último poema,<br />
éste,<br />
y como agradecimiento<br />
ella me dejará<br />
todavía<br />
en vida,<br />
hasta que la poesía<br />
se seque<br />
en mí.</p>
<p>UMBRAL Y PRESAGIOS (MASCARON DE PROA)</p>
<p>Te vi alejarte<br />
bajo una luz de piedra pómez<br />
cargando,<br />
apretado bajo el brazo,<br />
el cadáver de una sirena.</p>
<p>Te vi arrancarle, en la playa,<br />
escamas grisáceas<br />
y soportando el<br />
olor a pescado podrido<br />
besarle los labios muertos<br />
de flores que ennegrecen<br />
bajo el habla del sol.</p>
<p>Te vi anochecerte<br />
en una oscuridad de luna jabonosa<br />
intentando desechar<br />
el ruido de ese canto:<br />
la canción del océano<br />
es el soplido del viento<br />
filtrándose en una calavera</p>
<p>y tus ojos sólo sal, sal quemando.</p>
<p>ROSA VIOLADA</p>
<p>Impulso irrefrenable por<br />
destruir la belleza:<br />
la rosa se defendió<br />
como pudo, picándome.<br />
Arranqué de a uno<br />
sus pétalos<br />
y no brotaba la sangre.<br />
Un dolor suyo, interior,<br />
sacudió la rosa<br />
que a pesar de su voluntad<br />
ahora enseñaba<br />
el botón que<br />
tras la presión de mis dedos<br />
revelaba un polen amarillo,<br />
despeinado,<br />
perfumado.<br />
La rosa arrugada<br />
me miró deshecha,<br />
inclinada sobre el tallo<br />
oscuro, verde profundo,<br />
pero la única sangre<br />
que había<br />
estaba entre mis manos.</p>
<p>FUEGO, NADA MÁS</p>
<p>Que yo sí quiero escribir<br />
pero me salen brasas<br />
y me sangra la nariz.<br />
Sí quiero escribir e intento hacerlo<br />
mojando las palabras en tinta de limón<br />
pero queman los ojos y secan las manos.<br />
Que yo sí, sí te dije<br />
quiero escribir pero el bolígrafo arde<br />
y las chispitas prenden fuego a la hoja<br />
y la madera del escritorio se ennegrece<br />
y cae al piso la ceniza<br />
con mi inspiración<br />
y sale humo de mis dedos<br />
y mi poema es fuego,<br />
fuego, nada más.</p>

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