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	<title>Los Convidados &#187; Poesía hispanoamericana</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>La Vocación Suspendida, ahora en América Latina</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 01:05:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sábado 22 de agosto a las once de la mañana en el marco de la feria del libro de Bogotá, Sala José Eustacio Rivera, la editorial Travesías, en combinación con el Ministerio de Cultura de la república de Colombia, presentará el poemario La Vocación Suspendida de Lauren Mendinueta, ganador del Premio Internacional de Poesía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado 22 de agosto a las once de la mañana en el marco de la feria del libro de Bogotá, Sala José Eustacio Rivera, la editorial Travesías, en combinación con el Ministerio de Cultura de la república de Colombia, presentará el poemario La Vocación Suspendida de Lauren Mendinueta, ganador del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos en 2007.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 360px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Mendinueta_6404_M-5.jpg?t=1249261210" alt="Mendinueta_6404_M-5.jpg picture by antoniosarabia" />El poemario ya vio la luz en Europa, publicado en 2008 por la editorial sevillana Point de Lunettes, y fue el libro más vendido durante el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón ese mismo año. Ahora es una editorial colombiana, con el patrocinio del Ministerio de Cultura, la que se lanza a publicarlo en América Latina. Desde Los Convidados felicito a Lauren por esta nueva edición de su hermoso poemario y a los editores de Travesías cuya incipiente colección Palabra de Poeta cuenta ya con autores de la talla de Aurelio Arturo, Homero Aridjis y Giorgios Seferis. Para celebrar el acontecimiento ofrezco a los lectores de Los Convidados el prólogo del libro, redactado por William Ospina quien se encuentra hoy en Caracas, Venezuela, recibiendo el Rómulo Gallegos, y algunos poemas de La Vocación Suspendida. Que los disfruten.</p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span id="more-1080"></span>.</span><br />
PRÓLOGO DE WILLIAM OSPINA</p>
<p>Verlaine aconsejaba una poesía de los matices y no del color (<em>Pas la couleur, rien que la nuance</em>), Borges hablaba del espíritu de una mujer hecho a discriminar, y ejercitado/ en la vacilación y en los matices, y Emily Dickinson comienza uno de sus poemas diciendo: <em>Dí toda la verdad, mas dila al sesgo / el logro está en decirla oblicuamente</em>.<br />
Pocas veces se encuentra uno con una poesía cuya primera intención es no cautivar, no deslumbrar, discurrir en matices y alusiones y no en verdades contundentes. Quien se detiene en este libro de Lauren Mendinueta, &#8220;La vocación suspendida&#8221;, y quien vuelve a sus versos, reconoce una voz que se destaca por su sosiego, que juega a ser un hilo de agua, una reflexión íntima, que no mira sino apenas se asoma, que no quiere ver las cosas de frente sino al sesgo, y que no las ve perderse en la distancia sino en el alma:</p>
<p><em>Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,<br />
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.<br />
Se deslizan hacia el olvido de la mirada&#8230;</em></p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 366px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/cartulalauren.jpg?t=1249260078" alt="cartulalauren.jpg picture by antoniosarabia" />Poemas hechos para que sintamos que está a punto de ocurrir una revelación, ésta no es una poesía que se vanaglorie de una existencia heroica o admirable. Quien teje las palabras prefiere compararse con la partícula de polvo que vuela por las habitaciones, con el insecto que reposa junto al estanque, y en vez de navegar por mares insólitos se muestra solamente como la mujer que pierde los barcos en la esfumatura de la niebla. Hay en su voz una voluntad de austeridad y casi de anonimato, un querer demorarse en lo apacible y en lo indiferenciado, una delicada renuncia a las vanidades de la identidad. Y es especialmente conmovedor, en esta edad de estampas y de apariencias, de reflectores y de pasión desesperada por los escenarios, oír a una joven diciendo:</p>
<p><em>Cuando me miro al espejo me sorprende lo común<br />
que parece mi rostro, y me digo:<br />
es bueno ser tan común, no te asustes</em>.</p>
<p>En &#8220;La vocación suspendida&#8221;, Lauren Mendinueta persiste en esa estética delicada y pensativa que ya estaba en otros poemas suyos:</p>
<p><em>El triunfo de lo invisible<br />
carece de espectáculo,<br />
mientras incluso en la derrota<br />
lo visible gana  notoriedad</em>.</p>
<p>La íntima convicción de estar obedeciendo a sus más arraigadas obsesiones:</p>
<p><em>Creo en los signos secretos,<br />
en las llamadas sin responder<br />
y en ciertos árboles abandonados<br />
en la orilla equivocada de los caminos.</em></p>
<p>Y es esa vocación de sutileza y de pensamiento la que le permite acuñar este aforismo, a la vez filosófico y musical:</p>
<p><em>El tiempo no se mide, se interpreta.</em></p>
<p>William Ospina</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<!--more--><br />
</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>EL DOMINIO</p>
<p>Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,<br />
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.<br />
Se deslizan hacia el olvido de la mirada,<br />
hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.<br />
En esta cárcel, mi condena,<br />
la muerte está sentada al otro lado de la salida.<br />
No me abandonará por ahora,<br />
ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve<br />
y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LA ERRANCIA Y LA PROXIMIDAD</p>
<p>El vuelo de las gallinas no es muy distinto<br />
al vuelo de las horas;<br />
a pesar de los intentos fallidos<br />
nunca aceptan su limitada naturaleza.<br />
La hora es la medida indistinta del día humano,<br />
la gallina cobarde de la inmortalidad divina.<br />
Lo más lejano ocurre con la gracia de lo imposible,<br />
mientras el presente se deshace, fluye.<br />
El tiempo no se mide, se interpreta:<br />
así lo enseña la música.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
EL ESPEJO QUE HUYE</p>
<p>En la orilla de las aguas inmemoriales,<br />
junto al abandono de la contemplación,<br />
mi tristeza se desliza hasta tocar lo puro,<br />
lo inmaculado de esas aguas rebeldes<br />
donde el reflejo de mi rostro me observa.<br />
Estoy sola, contemplada por mí misma,<br />
juzgada y condenada a existir ahora,<br />
más triste que nunca en la certeza<br />
de que me he negado el perdón.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LECTURA DOMINICAL</p>
<p>Leo en los periódicos la ironía profunda<br />
de lo que pretende hacerse pasar por real.<br />
Reemplazamos el mundo por las noticias sobre el mundo,<br />
en eso andamos.<br />
Nacen y se van olvidando los recuerdos,<br />
ignorados por el canto insoslayable de nuestra predilección.<br />
Es mejor ir por la vida de ignorantes<br />
que pretender saber qué ocurre,<br />
es decir, mejor errar en lo que aprueba el destino<br />
que representar el error,<br />
eso me digo ante lo que no veo.<br />
En mi cabeza, donde no está fuera el corazón,<br />
hago un repaso del tiempo<br />
para encontrarme ante las mismas preguntas:<br />
¿Ya ocurrió? ¿Ocurrirá? ¿No ocurrirá?<br />
La actualidad enmohecida no me dará  respuesta.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>P.S. Las fotos de Lauren Mendinueta, tanto la que presento al inicio del blog como la que adorna la portada de La Vocación Suspendida publicada por la editorial Travesías, fueron tomadas por el célebre fotógrafo argentino Daniel Mordzinski. También a él, gracias por su amistad y colaboración.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>

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</ul>

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		<title>El Sueño y la Vigilia de Luis González de Alba</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 17:37:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace tiempo que no tengo noticias de Luis González de Alba (Charcas, México, 1944). Lo recordé ayer que revisaba mi librero y di con un breve poemario suyo, El Sueño y la Vigilia, que me envió el año pasado y que releí con gusto. No sé dónde estará pasando Luis este verano, ¿de vacaciones en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace tiempo que no tengo noticias de Luis González de Alba (Charcas, México, 1944). Lo recordé ayer que revisaba mi librero y di con un breve poemario suyo, <em>El Sueño y la Vigilia</em>, que me envió el año pasado y que releí con gusto.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 180px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/LuisGdeAlba1.jpg?t=1248628764" alt="LuisGdeAlba1.jpg picture by antoniosarabia" />No sé dónde estará pasando Luis este verano, ¿de vacaciones en su siempre añorada Grecia? ¿En su casa de Guadalajara, en México? Su última colaboración en Los Convidados se remonta a noviembre del 2007, cuando participó con unas traducciones suyas de Kavafis y Leivaditis. Hojeando su pequeño libro de poemas editado por Conaculta (no se rían, por favor, amigos portugueses, ese es el nombre con el que se conoce en México al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), me dieron ganas de transcribir algunos y dedicar a Luis un nuevo post en este blog. Que vaya con un saludo lejano y un gran abrazo al culto amigo y escritor extraordinario. Hasta pronto.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-1065"></span></span><br />
ISLA DE COS</p>
<p>No es la araucaria para mí<br />
porque es señora de encimadas crinolinas<br />
y toquilla de encaje bruselense.</p>
<p>En mi jardín quiero un ciprés,<br />
alto y delgado amante de Apolo,<br />
muerto de pena por haber matado,<br />
sin intención,<br />
lo que más amaba.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
MI ÚLTIMA RETSINA</p>
<p>Son para siempre<br />
todos los adioses<br />
pues no baña el mismo río<br />
jamás el mismo cuerpo<br />
ni son los mismos ojos<br />
mirando hacia el Egeo<br />
aquellos deslumbrados<br />
bajo el calor de agosto<br />
que lo vieron venir<br />
hace dos años<br />
desde Monastiraki<br />
con ese paso lento,<br />
con ese balanceo<br />
de sus veinte años.</p>
<p>Son para siempre<br />
los adioses:<br />
queda el amor,<br />
el barco en el puerto,<br />
la vid que reverdece en parra<br />
sobre los nietos<br />
y en septiembre<br />
da sus largos racimos<br />
transparentes.</p>
<p>No hay para el reencuentro<br />
ningún lugar preciso,<br />
ninguna cita hecha<br />
como no sea ésta<br />
con nuestro viejo amor<br />
que ha puesto un plato más<br />
sobre la mesa<br />
bajo la luz de otoño,<br />
el nuevo otoño aéreo<br />
con el que se despide el año<br />
y que un día,<br />
cierto como que morirá el Egeo<br />
sin que nadie lo vea,<br />
un día tan cierto como la muerte,<br />
no volverá.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span style="color: #000000;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 313px; height: 240px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Grecia5.jpg?t=1248629086" alt="Grecia5.jpg picture by antoniosarabia" /></span>.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>VISTA DE POROS</p>
<p>Grecia: mar amable<br />
que no conoces el océano,<br />
mar sin olas,<br />
aunque de ellas<br />
hablen tus canciones</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LA ANTIGUA LEY</p>
<p>La gacela levanta su cuello y con ojos inyectados de sangre observa sus tripas devoradas por los leones.</p>
<p>Vuelve a recostarse y mira el turbio horizonte de acacias, la impasible planicie, sus hermanas pastando indiferentes pocos metros aparte.</p>
<p>Los leoncitos cachorros dejan sus maromas infantiles y corren al festín.</p>
<p>La gacela levanta una vez más su cuello y con ojos desorbitados observa sus tripas devoradas por los leones, revueltas en el suelo.</p>
<p>Vuelve a recostarse y mira el cada vez más turbio sol brillando en las acacias, la implacable planicie polvorienta.</p>
<p>Ah, sí, lo olvidaba: es que Tu amor es infinito, dicen.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
NUEVA ALTA TRAICIÓN</p>
<p>No amo la Literatura<br />
su L mayúscula<br />
me mueve a risa.<br />
No he leído a Joyce<br />
ni podido terminar Lezama alguno.</p>
<p>Pero, aunque no daría la vida,<br />
la arriesgaría por salvar de las olas<br />
un poema de Ritsos,<br />
dos o tres de Kavafis,<br />
los versos iniciales con que Piedra de Sol<br />
nos lanza al firmamento,<br />
el adiós de Cernuda<br />
y su esperanza de volver un día,<br />
unas vagas estrellas,<br />
Durrel,<br />
los ásperos criminales de Pessoa<br />
y tres o cuatro más<br />
que se me olvidan.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span style="color: #000000;">A UN FAUNO ADOLESCENTE</span></span></p>
<p>Te había olvidado<br />
pequeño sátiro danzante,<br />
olvido imperdonable<br />
en camaradas de mismas correrías,<br />
en amigos nocturnos<br />
y cómplices de la arboleda,<br />
del matorral, el bosquecillo incitante.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Grecia6.jpg?t=1248645624" alt="Grecia6.jpg picture by antoniosarabia" />El verano montaba en los árboles<br />
con verde y azul de arce y cielo.<br />
El vapor del río mojaba las sábanas<br />
y noches.<br />
¡Qué calor hizo aquel verano!</p>
<p>En este invierno pálido<br />
el café de Cluny es ya una pizzería,<br />
y frente al Parlamento griego<br />
se esfumaron los cafés<br />
tragados por la tarde ruidosa<br />
y sin aquella pereza<br />
de los hombres mayores,<br />
komboloi en mano:<br />
ya nadie pierde tiempo en eso.</p>
<p>El invierno me trae de nuevo a ti<br />
con ramas secas, cielo gris<br />
y estanque helado,<br />
amigo de cola breve<br />
sobre las nalgas duras,<br />
amigo de la flauta<br />
que suena a cornamusa.</p>
<p>Tú conservas aquella nuestra edad<br />
intacta,<br />
sostenido en un pie<br />
sigue tu grácil salto,<br />
yo me derrumbo<br />
y cumplo mañana sesenta años.<br />
Terminarás también<br />
joven fauno danzante,<br />
pero tus años<br />
se cuentan en milenios.</p>

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		<title>Aurelio Arturo según William Ospina</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 10:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA En una fábula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripción de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la música está en que el lenguaje quiere expresar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA</p>
<p>En una fábula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripción de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la música está en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegría, pero la música es la tristeza y es la alegría. Tal vez la poesía sea ese soplo de inspiración misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusión a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten mágicamente en esa realidad que están nombrando.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 315px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/aurelioarturo1.jpg?t=1242036205" alt="aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabia" />Los países americanos de habla española vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caimán en el flanco de la canoa. Esas crónicas tempranas ya vivían el anhelo de encontrar en la geografía ignota de America un hogar, una patria, y sólo así podemos entender la emoción de estas palabras de las &#8220;Elegías&#8221;: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardaría mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.<br />
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ningún poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivió una de las aventuras más secretas y conmovedoras de la lengua castellana en América, y gracias a ella construyó con el lenguaje lo que él mismo llamaría su &#8220;Morada al Sur&#8221;.<br />
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en José Hernández y en Othón, en Bello y en Gutiérrez González. Y después de la aventura magnífica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufonía a la lengua, pero que se proponían menos ser la voz de un territorio que el temblor de una época, algunos poetas de Hispanoamérica de los años treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los españoles de la generación del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. Así vimos aparecer a López Velarde en México, a César Vallejo en el Perú, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.<br />
<span id="more-807"></span>Otros poetas no lograron escapar de lo pintoresco y lo decorativo, otros están más centrados en sí mismos que en la tierra que nombran, hacen sentir con intensidad su yo desgarrado y alzan vuelo hacia territorios imaginarios. Pero la labor de estos poetas de la tierra: intensos, concentrados, lúcidos, modestos, fue fundamental para el reencuentro de la América hispánica con la complejidad de su territorio e inauguró una edad de asombros sólo comparable a la del primer descubrimiento, una edad que aún no termina.<br />
López Velarde está pensando amorosamente su tierra mexicana, (Suave patria, vendedora de chía/ quiero raptarte en la cuaresma opaca, / sobre un garañón, y con matraca, / y entre los tiros de la policía).  &#8220;La suave patria&#8221; es el hermoso altar de la patria mestiza, que le debe por igual a la sensibilidad de Gutiérrez Nájera, a la pasión telúrica de Othón, a la elegancia helénica de Alfonso Reyes, y a la colorida imaginación de Diego Rivera. César Vallejo, (¿Qué estará haciendo a esta hora/ mi andina y dulce Rita de junco y capulí/ ahora que me asfixia Bizancio y que dormita/ la sangre, como flojo coñac, dentro de mí?) está impregnado hasta los húmeros del humus andino y, carcomido de nostalgia, deja oír en su voz, a veces hasta el desgarramiento verbal, esa doble frontera con la Francia surrealista y con el Perú prehispánico que hace que la lengua casi desespere de sí misma. Carlos Mastronardi nos dio en &#8220;Luz de Provincia&#8221; uno de los poemas más plenos de la lengua, (Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre,/ sus costas están solas y engendran el verano,/ quien mira es influido por un destino suave,/ cuando el aire anda en flores y el cielo es delicado&#8230;) y destila una voz amorosa y traviesa que se fusiona con la provincia de Entrerríos y con la Argentina toda, esquivando los énfasis de Almafuerte, las estampas de Carriego, el bordoneo de la estrofa gaucha, la orfebrería de Lugones y el peso de la biblioteca universal de su amigo y compañero de caminatas por las calles nocturnas, Jorge Luis Borges. Neruda es muchos poetas distintos, un poeta del amor, un poeta vanguardista, un poeta político, un poeta de la vida cotidiana y un poeta de la naturaleza, y en todos esos tonos renovó la música verbal, pero es esencialmente un poeta de la tierra y logra convertir a la lengua en expresión de su entrañable refugio chileno: (Todo lo que viví galopando en aquellas/ estaciones perdidas, el mundo de la lluvia/ en las ventanas, el puma en la intemperie/ rondando con dos puntas de fuego sanguinario./ Y el mar de los canales, entre túneles verdes/ de empapada hermosura, la soledad, el beso/ de la que amé más joven entre los avellanos,/ todo surgió de pronto cuando en la selva el grito/ del chucao cruzó con sus sílabas húmedas).<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 480px; height: 295px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/aureli1jpg-1.jpg?t=1242036954" alt="aureli1jpg-1.jpg picture by antoniosarabia" />De todos ellos tal vez Aurelio Arturo es el más secreto. No procuró jamás figurar como poeta, era cortés, silencioso, casi invisible. Ni siquiera parecía dedicarse a la poesía: era un abogado, un oscuro magistrado de tribunal, un periodista de ocasión, y en la soledad de su biblioteca un lector voraz, un apasionado de la antropología y la literatura, un lector de Dante y de Cervantes, de la poesía inglesa y francesa, un callado discípulo de T. S. Eliot y de Saint John Perse, de Neruda y de Wordsworth. Tal vez nadie como él encontró la perfecta fusión de la lengua y la tierra, ese recóndito manantial en donde las palabras atrapan el misterio profundo de la realidad y lo revelan en la alquimia irreductible de la poesía.<br />
Desde sus años tempranos en La Unión, Nariño, cerca de las cavernas de Berruecos, donde fueron asesinados en el siglo anterior el mariscal Antonio José de Sucre y el poeta Julio Arboleda, desde los primeros asombros en tierras de su padre, en su temprana relación con la naturaleza, con las nodrizas negras, con la música de su madre en el piano, que llenaba de ángeles de música toda la vieja casa, y su conocimiento de aquellos hombres que iban en ligeras canoas por los ríos salvajes, y la llegada de los libros que se abrían y se cerraban en los cuartos mientras la noche estrellada hervía afuera, todo en Aurelio Arturo era la búsqueda de un lenguaje que no fuera la descripción del mundo de su infancia sino ese mundo de la infancia ya condensado para siempre en la música.<br />
Es curioso que dos hombres, en los dos extremos de Colombia, Gabriel García Márquez y Aurelio Arturo, hayan sido capaces de construir con el recuerdo de su infancia un mundo de delirio y de fábula que nos parece más intenso y más bello que el mundo real. García Márquez condensó los mitos del Caribe, el hilo de la sangre del hijo que viaja por el pueblo buscando a su madre para darle la noticia de su muerte, la sensualidad perturbadora de esas mulatas cuya risa espanta a las palomas, la elocuencia de la lengua expresando el laberinto de las sangres, la sexualidad perturbadora y los destinos desmesurados del mestizaje americano. En Aurelio Arturo hablan los Andes: las montañas hechas de sueños, donde el verde es de todos los colores, los ríos impetuosos, el viento que viene vestido de follajes, el esfuerzo de unos linajes humanos por construir su morada en el corazón de la naturaleza. Hay que recordar que en las montañas de la región equinoccial de America mucho tiempo vivieron las familias en la soledad de los bosques, sumergidas en la naturaleza. Y también está en Arturo el modo como la lengua se agravaba de horror y de belleza en los relatos de los hijos de esclavos en los litorales del Pacífico.<br />
Leer a Aurelio Arturo es disfrutar del banquete infinito. Unos cuantos poemas, pero la lectura no se acaba jamás. Siempre es nuevo y siempre nos revela otras cosas. Cada vez que Arturo pone una palabra junto a otra ocurre un hecho no sólo en el lector sino en el mundo: se abren regiones, posibilidades desconocidas para la acción y para la conciencia. Otro poeta nos diría que el canto del pájaro tiene un sonido líquido, Arturo nos dice: Un pájaro de aire y en su garganta un agua pura. Un ensayista nos hablaría de la extraña contradicción de que la naturaleza, lo más antiguo, nos parece cada día lo más reciente. Arturo condensa así el asombro: Hace siglos la luz es siempre nueva. Otro nos diría que hay una suave tristeza de cosas perdidas en todo atardecer, Arturo escribe: Caen ya las primeras lágrimas de la noche. Y voluntariamente hablo de uno de sus poemas casi marginales, que no formaba parte original del río espléndido que es su libro &#8220;Morada al sur&#8221;, donde están algunos de los poemas más bellos de la lengua española.<br />
No es sorprendente que este libro sea el único que publicó. Permanecemos más tiempo leyendo los treinta poemas de Aurelio Arturo que los muchos de otros autores, porque en cada verso hay materia para continuas emociones y pensamientos. En estos versos densos y delicados, lo que la mente no entiende siempre lo entiende el corazón. Ignoramos qué signifique: Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro, la sensibilidad lo hospeda con emoción y con gratitud. A veces el tesoro está en la armonía verbal y en la construcción de atmósferas ineluctables: Te hablo de días circuidos por los más finos árboles./ Te hablo de las vastas noches alumbradas/ por una estrella de menta que enciende toda sangre. Recuerdo que un día Estanislao Zuleta me dijo, a propósito de estos versos: &#8220;solo un poeta es capaz de juntar lo mas lejano, que es una estrella, con lo mas cercano, que es un sabor&#8221;.<br />
Aurelio Arturo logró en pocos versos muchos milagros, y es justo declarar que sabía muy bien lo que buscaba y lo que hacía. Pues lo que conquistó es lo que declara con nitidez en su poema sobre la Palabra: Y cuando es alegría y angustia/ y los vastos cielos y el verde follaje/ y la tierra que canta/ entonces ese vuelo de palabras/ es la poesía/ puede ser la poesía.<br />
William Ospina</p>

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		<title>De Ida y Vuelta</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 12:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, <em>De Ida y Vuelta</em>, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España 1980).</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 238px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/SARAT3.jpg?t=1240675425" alt="SARAT3.jpg picture by antoniosarabia" />Sara tuvo a bien invitarme a escribir el prólogo de su poemario, solicitud a la que accedí gustoso porque, además de la simpatía personal que me inspira su autora, <em>De Ida y Vuelta</em> es una obra espléndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras españolas.</p>
<p>El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.</p>
<p>Saludo, pues, la aparición en las librerías españolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, <em>De Ida y Vuelta</em>, publicando el prólogo que le escribí junto a tres poemas del mismo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>PRÓLOGO</p>
<p>La épica de Gilgamesh menciona un pasaje subterráneo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las montañas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El héroe, abatido por la idea de la muerte, se empeña en tomarlo y después de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la árida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del útero marchito y agotado a la resurrección.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 214px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Imagen1.png?t=1240675294" alt="Imagen1.png picture by antoniosarabia" /><em>Una vez creí que la vida estaba muerta </em>dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el héroe de la antigua épica, desciende -<em>me adentré en el túnel escaleras abajo</em>- para cumplir el mismo antiguo ritual iniciático en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que señalan los nombres de las paradas en la línea seis del metro de París. De <em>Nation</em> a <em>Charles de Gaulle-Étoile</em>. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar lúcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevará a la salida y, al alcanzarla, a la iluminación. Sus vivencias dan cuenta de un periplo más moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquetípico. Su testimonio no corrompe el símbolo, lo actualiza.<br />
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un auténtico &#8220;libro de poesía&#8221;, con una unidad temática particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesión y a una lógica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.<br />
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poesía iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en algún momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ahí, en ese terreno inasequible para el común de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuición, donde nace la poesía de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve años, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los demás miembros españoles de su generación: Carlos Contreras Elvira, Martín López Vega, Álvaro Tato, Fruela Fernández y Elena Medel.<br />
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.<br />
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. <em>La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta</em>, apunta.  Los títulos de estos otros poemas corresponden a los rótulos que las compañías aéreas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estación del Metro. El viaje, el desconsolado monólogo, continúa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, <em>la civilización escondida en los bolsillos</em>. Y al final del camino, en una celebración que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.<br />
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.<br />
Antonio Sarabia</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-747"></span><br />
</span><a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s1600-h/images-1.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180795570569538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s200/images-1.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[16. EDGAR QUINET]</p>
<p>Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,<br />
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,<br />
la rutina afrodisíaca.</p>
<p>Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.<br />
Y en el andén, mientras todos permanecemos,<br />
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.</p>
<p>No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.<br />
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.</p>
<p>La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.<br />
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,<br />
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.</p>
<p>Y han ido a parar al fondo del océano.<br />
Han contado minutos.<br />
Son precipicios enfrentados.</p>
<p>Ya son andén. Ya son distancia.<br />
Ya no son nada.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>[17. GARE MONTPARNASSE]</p>
<p>Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.</p>
<p>La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles<br />
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.</p>
<p>Saber que donde estemos podremos recordar<br />
es el consuelo de los expatriados.</p>
<p>La voz no queda lejos de cualquier rincón<br />
del mundo:</p>
<p>la ciudad no habría sido ésta,<br />
ni sus figuras, ni sus autores.</p>
<p>Yo llegué sin tiempo limitado,<br />
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.</p>
<p>Y ahora me ven recorrer aceras,  pasar por el cielo y por la tierra,<br />
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado<br />
el aire con la fuerza del miedo<br />
y la memoria.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s1600-h/images-3.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183181177822658898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s200/images-3.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]</p>
<p>Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.</p>
<p>Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos<br />
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos<br />
y los granos del adolescente.</p>
<p>Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,<br />
de los pájaros inventados, de los animales impuros.</p>
<p>Éstos son los símbolos y ésta la luz.</p>
<p>Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.<br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,<br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.</p>
<p>Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia<br />
y yo, que no hablo de agonía,  que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,<br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.</p>
<p>Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.<br />
Los cielos nos protegerán.</p>
<p>Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.</p>
<p>Yo creo en todo eso.<br />
Y más, allá, aún.</p>
<p>Sara Herrrera Peralta</p>

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		<title>Cuando el coronel Aureliano Buendía mató a Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 13:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lauren Mendinueta publicó hace unos días en su blog Inventario un post que no he podido resistir la tentación de transcribir, tanto por la injusticia cometida por un homónimo, que además comparte el mismo rango militar, del célebre y entrañable personaje de Gabriel García Márquez como por la belleza del poema de Ignacio Urdaneta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lauren Mendinueta publicó hace unos días en su blog <a onclick="window.open('http://www.laurenmendinueta.com','','');return false;" href="http://www.laurenmendinueta.com">Inventario</a> un post que no he podido resistir la tentación de transcribir, tanto por la injusticia cometida por un homónimo, que además comparte el mismo rango militar, del célebre y entrañable personaje de Gabriel García Márquez como por la belleza del poema de Ignacio Urdaneta de Brigard, su víctima. Con el consentimiento expreso de Lauren lo reproduzco ahora para los lectores de Los Convidados. Abajo, una foto de Ignacio Escobar Urdaneta, después el texto de Lauren y luego el poema ya mencionado.</p>
<p><strong><span style="font-weight: normal;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 500px; height: 269px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/IgnacioEscobar1-1.jpg?t=1240577902" alt="IgnacioEscobar1-1.jpg picture by antoniosarabia" /></span>CUANDO EL CORONEL AURELIANO BUENDÍA MATÓ A IGNACIO URDANETA DE BRIGARD</strong> yo ni siquiera había nacido. Sin embargo la historia de esta infamia no deja de darme vueltas en la cabeza. Demasiada sangre ha corrido sobre Colombia, demasiadas vidas se han perdido por nada en un país que merece una mejor suerte. No crean que estoy hablando de un hecho literario sacado de las páginas de Cien Años de Soledad. En absoluto. La coincidencia en el nombre y el rango de los militares es apenas un hecho anecdótico y desafortunado.<br />
Ignacio Escobar Urdaneta nació en Bogotá en 1943. Según datos recopilados por él mismo, sus ascendientes se remontaban a Teresa de Ávila y Calderón de la Barca. Hijo de una familia acomodada, pasó buena parte de su juventud en España. Era un joven rebelde y contestatario que vivía en confrontación con la clase social a la que pertenecía. Simpatizante del Bloque Socialista, pronto llamó la atención del gobierno represor de Misael Pastrana Borrero. El 23 de abril de 1974, a la salida de una corrida de toros en Zipaquirá, fue capturado por las fuerzas secretas del gobierno. Esa misma noche fue asesinado por el coronel Aureliano Buendía. Casi parece una broma de mal gusto que el nombre de su verdugo sea el de un personaje de la literatura y que su muerte haya coincidido con el aniversario de la de Miguel de Cervantes.<br />
Estéticamente hizo parte de la Generación Desencantada, movimiento literario colombiano que surgió en los años 70, y al que también pertenecen Giovanni Quessep, María Mercedes Carranza, José Manuel Arango y Raúl Gómez Jattin, por mencionar sólo algunos nombres. El poema que publico a continuación apareció en el último número de la revista de poesía Alquitrave que dirige en Colombia el poeta Harold Alvarado Tenorio.<br />
Ignacio Escobar Urdaneta tenía apenas 31 años aquel fatídico 23 de abril de 1974. Su muerte fue injusta, cruel, inútil y nos privó de mucho.</p>
<p><span id="more-731"></span>CUADERNO DE HACER CUENTAS</p>
<p>I<br />
Las cosas son iguales a las cosas<br />
Aquello que no puede ser dicho, hay que callarlo.<br />
El ojo ve, y olvida.<br />
Pero la voz lo grita:<br />
las cosas son iguales a las cosas.<br />
El ojo las ha visto.<br />
A voz en cuello<br />
la voz las ha callado.<br />
(¿Y me volveré a ver y me diré: quién soy?)<br />
Lo que el ojo conoce de las cosas<br />
es por haberlas visto<br />
iguales a ellas mismas.<br />
(¿Y me diré otra vez: quién soy, que ya me he visto<br />
y sigo siendo yo?)<br />
El ojo ve, y olvida.<br />
El ojo no es conciencia de las cosas,<br />
ni es voz:<br />
es ojo apenas.<br />
Mudo, sordo,<br />
ojo inmóvil delante de las cosas.<br />
No sabe su sabor ni su sonido<br />
ni conoce su peso ni su fuerza<br />
ni juzga su deseo<br />
ni su sentido.<br />
El ojo ignora<br />
todo lo que es posible ignorar de las cosas.<br />
No ve lo que hay en ellas<br />
sino lo que ya sabe:<br />
y lo que sabe lo ha olvidado.<br />
Es ojo sin memoria<br />
ojo inmóvil<br />
ojo<br />
delante de las cosas.</p>
<p>El ojo es ciego<br />
en la noche del párpado.<br />
El ojo que quisiera ver las cosas,<br />
saber que las ha visto,<br />
creer que son iguales a las cosas ya vistas,<br />
no las ha visto nunca.<br />
Sólo conoce<br />
sombras<br />
en el párpado<br />
huellas<br />
en el párpado<br />
cauces<br />
en el párpado.<br />
Y así imagina el ojo mudo y sordo,<br />
el ojo quieto y ciego<br />
y que todo lo ignora,<br />
tiempos, vientos, olores, voces, fugas, silencios.<br />
(¿Quién soy, que no me veo y no me he visto?)</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 431px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/AurelianoBuenda1.jpg?t=1240319159" alt="AurelianoBuenda1.jpg picture by antoniosarabia" />II<br />
Ahora, ahora, afuera:<br />
luz de ciegos.<br />
Ojo a cántaros, ojo<br />
voraz y numeroso de los muertos.<br />
(En la memoria el golpe seco, hueco,<br />
de la luna en la piedra.<br />
En la memoria, lejos,<br />
un embudo de estruendo.<br />
Racimo, granizada,<br />
enjambre de ojos quietos.<br />
En la memoria el túnel<br />
repetido en el eco:<br />
atrás, ayer, adentro.<br />
Rastro de pasos, ecos).<br />
Ahora, ahora. Afuera:<br />
voz crecida en la voz<br />
voz igual a otras voces<br />
círculos en el círculo<br />
luz en la luz, memoria en la memoria.<br />
El alto cielo, embudo inescalable<br />
(Y el gemido<br />
de las tablas al sol, en el recuerdo).<br />
En torno, el ojo<br />
múltiple, pupulante:<br />
extático<br />
en la contemplación del arte por el arte.<br />
(Las figuras, de golpe,<br />
se desprenden del hueco de la curva,<br />
se deslizan siguiendo el arco de los pétalos<br />
cerrados como párpados.<br />
Esperan<br />
el rápido crujido de la tierra<br />
el silbido del aire en los oídos, como seda rasgada,<br />
el agrio olor del miedo<br />
metálico y espeso como el cuero.<br />
En la pupila pródiga<br />
paisaje con figuras:<br />
rígidas, fragmentadas<br />
figuras de silencio<br />
arrojadas de golpe y ahora rotas,<br />
volteadas como guantes,<br />
ingrávidas de pronto y ahora densas,<br />
inertes,<br />
rasguñadas sin fuerza<br />
por los dedos del viento).<br />
Un ojo cruel te mira<br />
(alanceado de lenguas<br />
engañado de sombras):<br />
un ojo extático<br />
en la contemplación del arte por el arte.</p>
<p>III<br />
Todo cuerpo<br />
dejado en movimiento, seguirá en movimiento.<br />
El movimiento es gobierno de sí mismo:<br />
carece<br />
del más rudimentario sentido de autocrítica.<br />
El movimiento<br />
es puro amor del movimiento<br />
ensordecido, ebrio.<br />
El movimiento<br />
baila consigo mismo, ante el espejo,<br />
(parodia del amor)<br />
la burla de la burla.<br />
El movimiento<br />
tiende a reproducirse.<br />
(Subir, subir, surcar el alto viento<br />
como si fuera necesario hundirse<br />
en la profunda cavidad del cielo.<br />
Subir sin Juicio<br />
hasta el más alto cuenco de la altura,<br />
subir con el impulso del abismo, acariciando<br />
la lisa piel del cielo,<br />
la ausente cicatriz donde se cierra el círculo<br />
y subir ya es caer:<br />
el hoyo en el espacio donde la ida se convierte en vuelta<br />
y el viaje es ya regreso.<br />
¿Para qué el movimiento<br />
si el punto de ll El movimiento<br />
no se suele plantear problemas metafísicos:<br />
todo cuerpo<br />
dejado en movimiento, seguirá en movimiento<br />
seguirá en movimiento<br />
aspirado hacia arriba por la altura,<br />
arrastrado<br />
por la atracción del vértigo,<br />
absorto, ensimismado<br />
en el delirio de los altos fondos:<br />
abrirse paso en la quietud del viento<br />
forzar<br />
los pliegues asimétricos del viento<br />
los chorros<br />
de metal en fusión, viento en el viento,<br />
rompiendo el viento, hurgando, hiriendo,<br />
penetrando la dura flor del viento<br />
hasta encontrar la sangre).<br />
Dura ley de materia<br />
que desgaja la nuez de la materia,<br />
espada<br />
que abre los labios dulces de la materia,<br />
espada<br />
tierna de luz<br />
tensa de viento.<br />
Todo cuerpo<br />
sumergido en un líquido<br />
seguirá en movimiento.</p>
<p>IV<br />
- Mira, mira: ¿qué ves?<br />
- Todo es lo mismo.<br />
- Todo es lo mismo siempre: las cosas son las cosas<br />
¿Qué ves?<br />
- Carroñas,<br />
cadáveres, torrentes<br />
de tripas y cabezas trituradas,<br />
remolinos de cuerpos<br />
y cuerpos destruidos,<br />
destrozos, sangres, muertes,<br />
caminos de la muerte.<br />
Y tú ¿quién eres tú?<br />
- Soy el espíritu<br />
que siempre engaña.<br />
Esto es aquí<br />
esto es aquí<br />
esto es aquí<br />
y ahora.<br />
Es mía<br />
la ceguera del sordo.</p>
<p>V<br />
No se conoce sino la propia voluntad. Y no es mucho:<br />
un ojo de agua<br />
latiendo gota a gota en un pozo de sombra.<br />
Un anillo de agua<br />
nacido de la noche, dibujando<br />
el perfil de la tierra, socavando<br />
la raíz de la roca,<br />
creciendo en espirales de silencio.<br />
Agua dormida, espejo de agua oscura,<br />
apenas reluciente,<br />
rezumando<br />
su claridad callada, respirando<br />
un encerrado olor en lentos círculos.<br />
Apenas martillada<br />
de heridas, florecida<br />
su pura piel por un jaspear de huida,<br />
conmovida<br />
por corrientes profundas.<br />
No se conoce sino<br />
la propia voluntad:<br />
una boca de agua,<br />
una creciente de muchas aguas juntas.<br />
Apenas se conoce la propia voluntad. Y no es nada:<br />
un río de agua,<br />
roto de luz, llagado de tiniebla.<br />
Un ojo abierto de agua.</p>
<p>VI<br />
Los deseos vienen de afuera: chocan<br />
en el plano del agua<br />
convulso, removido<br />
por turbios borbollones,<br />
estallado en rompientes.<br />
Los deseos, las ideas,<br />
caen vibrantes de arriba, se clavan:<br />
Jabalinas,<br />
flechas de plata en sombra ya revuelta.</p>
<p>El alma cree que brotan:<br />
que prolongan<br />
los dedos de la mano como nervios de luz.<br />
Vasta armazón de fuerzas disparada hacia el cielo<br />
(red atrapando el cielo<br />
que se escapa, aleteante, por entre las junturas),<br />
oscilante estructura de cañas y de cuerdas<br />
anclada en el espacio, columpiándose<br />
con su carga de pájaros feroces<br />
- torbellino<br />
de gritos y de plumas, entrechocar de picos y de garras:<br />
Peso sonoro<br />
que ensombrece la realidad del mundo.<br />
Colgado de lo alto<br />
(temblorosa la mano en el haz de tensiones contrapuestas<br />
en el caos<br />
de cables y estampidos y látigos y riendas divergentes.<br />
templadas, paralelas, cimbreantes, zigzagueantes),<br />
colgado ahora, joya<br />
chispeante en el vacío, alfiletero<br />
erizado de puntas y de lanzas,<br />
sin peso, bamboleante,<br />
como si alguien, abajo,<br />
dejara de repente de oponer resistencia,<br />
se dejara llevar al grado de los vientos,<br />
zarandear por su empuje, suspendido<br />
del inmenso armatoste (no muy claro en su rumbo<br />
y muy difícilmente maniobrable),<br />
arrastrado<br />
por un pie o una mano mordidos hasta el hueso,<br />
ahorcado como un perro.</p>
<p>VII<br />
Toda pregunta es un malentendido<br />
venido desde afuera.<br />
Así la red de errores<br />
se afloja de repente y se deshincha<br />
y el artilugio entero se viene cielo abajo con un solo crujido<br />
(engañoso entramado<br />
de palabras, de voces<br />
oídas mal: incomprensibles)<br />
como el sol en el mar, de un solo golpe,<br />
dejando un gran silencio.<br />
No la respuesta, sino el olvido.<br />
(Entonces la fatiga<br />
de desenmarañar. Es increíble<br />
cómo se enreda todo.<br />
Es increíble que aunque nunca dejemos que la tensión cayera un solo instante<br />
y aprovechamos siempre sabiamente<br />
-o eso siempre creímos-<br />
el poderío del viento abierto,<br />
encontremos ahora inexplicables<br />
nudos de tres lazadas, nudos ciegos,<br />
nudos de tejedor y marinero,<br />
nudos de ahorcado y nudos corredizos).</p>
<p>VIII<br />
Nada queda:<br />
sólo un campo de sangre<br />
encharcado de huellas.<br />
Encrucijada de pistas ilegibles<br />
que ha pisoteado todo el mundo.<br />
Silencio, roto apenas<br />
por el propio cansancio &#8211; por el sordo<br />
dolor que ya palpita en las heridas.<br />
Nada queda:<br />
la verdad, dicha, no ha dejado nada.<br />
(Evaporada al viento como un olor de sangre,<br />
fugitiva en el agua).<br />
Sólo se conoce la propia voluntad. Y no es nada.<br />
Es todo lo que hay.</p>
<p>IX<br />
El mal es sin remedio: toparnos cara a cara<br />
con la muerte.</p>
<p>(No es fácil: muchas cosas:<br />
ojos y sombras, cuerpos, la vanidad del arte,<br />
aire y agua en las manos).<br />
El mal es sin remedio.<br />
Se nace para eso:<br />
toparnos cara a cara con la muerte.<br />
Tarea de soledad &#8211; ya no rutina<br />
ni confusión, ni distracción, ni ruido.<br />
Ahora empieza la noche, dibujando<br />
con precisión las formas.<br />
Tarea de soledad, inevitable.</p>
<p>X<br />
La ética<br />
no es tema de palabras.<br />
Comienza en el momento en que concluye<br />
una vida de hombre, en que recibe<br />
punto final el caos:<br />
el sitio en donde al fin se juntan todos<br />
los hilos de la vida en un manojo<br />
(incluidos aquellos que alguna vez fueron tajados).<br />
La ética, como la metafísica,<br />
no es juego ni materia de palabras.<br />
Lo que ahora llega (y al llegar se agota)<br />
es otra cosa:<br />
el paso en donde ya no puede<br />
andar dispersa el alma.<br />
(Una vida de hombre<br />
remata en este campo ya vivido, regado de otras muertes.<br />
Aquí termina el mundo.<br />
Mala muerte, tal vez.<br />
Toda muerte es la muerte.<br />
Inútil, vana muerte:<br />
no servirá de nada,<br />
ni convencerá a nadie.<br />
Vistosa, o cruel, o igual a muchas muertes<br />
de todos los domingos.<br />
Cada muerte es la muerte).<br />
Las cosas, que antes fueron iguales a las cosas -luz en la luz, memoria en la memoria-<br />
ya no lo son: aquí no habrá más luz,<br />
aquí se acaba la memoria.</p>
<p>XI<br />
Porque se pierde siempre<br />
(porque siempre<br />
vendrá la muerte, iremos a la muerte)<br />
es necesario haber jugado.<br />
Sin esperanza.<br />
Sin cautela.<br />
Con el ojo y la mano.<br />
No se escoge la muerte: a ella se llega<br />
acorralado por la propia vida.<br />
Hay que haber escogido<br />
esa vida que empuja hacia la muerte.</p>
<p>XII<br />
Pero el fin es palabra todavía<br />
que sólo muere en el silencio.<br />
Y el hierro, todavía,<br />
sacará borbotones de rosas de la herida.<br />
(Más allá<br />
en el vapor caliente del descuartizamiento<br />
en el rumor goteante de vísceras azules<br />
y rosadas y verdes y amarillas<br />
huele a flores cortadas en el desolladero)<br />
(1974)<br />
Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard</p>

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