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	<title>Los Convidados &#187; Poesía hispanoamericana contemporánea</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>La Vocación Suspendida, ahora en América Latina</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 01:05:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
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		<description><![CDATA[El sábado 22 de agosto a las once de la mañana en el marco de la feria del libro de Bogotá, Sala José Eustacio Rivera, la editorial Travesías, en combinación con el Ministerio de Cultura de la república de Colombia, presentará el poemario La Vocación Suspendida de Lauren Mendinueta, ganador del Premio Internacional de Poesía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado 22 de agosto a las once de la mañana en el marco de la feria del libro de Bogotá, Sala José Eustacio Rivera, la editorial Travesías, en combinación con el Ministerio de Cultura de la república de Colombia, presentará el poemario La Vocación Suspendida de Lauren Mendinueta, ganador del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos en 2007.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 360px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Mendinueta_6404_M-5.jpg?t=1249261210" alt="Mendinueta_6404_M-5.jpg picture by antoniosarabia" />El poemario ya vio la luz en Europa, publicado en 2008 por la editorial sevillana Point de Lunettes, y fue el libro más vendido durante el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón ese mismo año. Ahora es una editorial colombiana, con el patrocinio del Ministerio de Cultura, la que se lanza a publicarlo en América Latina. Desde Los Convidados felicito a Lauren por esta nueva edición de su hermoso poemario y a los editores de Travesías cuya incipiente colección Palabra de Poeta cuenta ya con autores de la talla de Aurelio Arturo, Homero Aridjis y Giorgios Seferis. Para celebrar el acontecimiento ofrezco a los lectores de Los Convidados el prólogo del libro, redactado por William Ospina quien se encuentra hoy en Caracas, Venezuela, recibiendo el Rómulo Gallegos, y algunos poemas de La Vocación Suspendida. Que los disfruten.</p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span id="more-1080"></span>.</span><br />
PRÓLOGO DE WILLIAM OSPINA</p>
<p>Verlaine aconsejaba una poesía de los matices y no del color (<em>Pas la couleur, rien que la nuance</em>), Borges hablaba del espíritu de una mujer hecho a discriminar, y ejercitado/ en la vacilación y en los matices, y Emily Dickinson comienza uno de sus poemas diciendo: <em>Dí toda la verdad, mas dila al sesgo / el logro está en decirla oblicuamente</em>.<br />
Pocas veces se encuentra uno con una poesía cuya primera intención es no cautivar, no deslumbrar, discurrir en matices y alusiones y no en verdades contundentes. Quien se detiene en este libro de Lauren Mendinueta, &#8220;La vocación suspendida&#8221;, y quien vuelve a sus versos, reconoce una voz que se destaca por su sosiego, que juega a ser un hilo de agua, una reflexión íntima, que no mira sino apenas se asoma, que no quiere ver las cosas de frente sino al sesgo, y que no las ve perderse en la distancia sino en el alma:</p>
<p><em>Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,<br />
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.<br />
Se deslizan hacia el olvido de la mirada&#8230;</em></p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 366px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/cartulalauren.jpg?t=1249260078" alt="cartulalauren.jpg picture by antoniosarabia" />Poemas hechos para que sintamos que está a punto de ocurrir una revelación, ésta no es una poesía que se vanaglorie de una existencia heroica o admirable. Quien teje las palabras prefiere compararse con la partícula de polvo que vuela por las habitaciones, con el insecto que reposa junto al estanque, y en vez de navegar por mares insólitos se muestra solamente como la mujer que pierde los barcos en la esfumatura de la niebla. Hay en su voz una voluntad de austeridad y casi de anonimato, un querer demorarse en lo apacible y en lo indiferenciado, una delicada renuncia a las vanidades de la identidad. Y es especialmente conmovedor, en esta edad de estampas y de apariencias, de reflectores y de pasión desesperada por los escenarios, oír a una joven diciendo:</p>
<p><em>Cuando me miro al espejo me sorprende lo común<br />
que parece mi rostro, y me digo:<br />
es bueno ser tan común, no te asustes</em>.</p>
<p>En &#8220;La vocación suspendida&#8221;, Lauren Mendinueta persiste en esa estética delicada y pensativa que ya estaba en otros poemas suyos:</p>
<p><em>El triunfo de lo invisible<br />
carece de espectáculo,<br />
mientras incluso en la derrota<br />
lo visible gana  notoriedad</em>.</p>
<p>La íntima convicción de estar obedeciendo a sus más arraigadas obsesiones:</p>
<p><em>Creo en los signos secretos,<br />
en las llamadas sin responder<br />
y en ciertos árboles abandonados<br />
en la orilla equivocada de los caminos.</em></p>
<p>Y es esa vocación de sutileza y de pensamiento la que le permite acuñar este aforismo, a la vez filosófico y musical:</p>
<p><em>El tiempo no se mide, se interpreta.</em></p>
<p>William Ospina</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<!--more--><br />
</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>EL DOMINIO</p>
<p>Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,<br />
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.<br />
Se deslizan hacia el olvido de la mirada,<br />
hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.<br />
En esta cárcel, mi condena,<br />
la muerte está sentada al otro lado de la salida.<br />
No me abandonará por ahora,<br />
ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve<br />
y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LA ERRANCIA Y LA PROXIMIDAD</p>
<p>El vuelo de las gallinas no es muy distinto<br />
al vuelo de las horas;<br />
a pesar de los intentos fallidos<br />
nunca aceptan su limitada naturaleza.<br />
La hora es la medida indistinta del día humano,<br />
la gallina cobarde de la inmortalidad divina.<br />
Lo más lejano ocurre con la gracia de lo imposible,<br />
mientras el presente se deshace, fluye.<br />
El tiempo no se mide, se interpreta:<br />
así lo enseña la música.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
EL ESPEJO QUE HUYE</p>
<p>En la orilla de las aguas inmemoriales,<br />
junto al abandono de la contemplación,<br />
mi tristeza se desliza hasta tocar lo puro,<br />
lo inmaculado de esas aguas rebeldes<br />
donde el reflejo de mi rostro me observa.<br />
Estoy sola, contemplada por mí misma,<br />
juzgada y condenada a existir ahora,<br />
más triste que nunca en la certeza<br />
de que me he negado el perdón.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LECTURA DOMINICAL</p>
<p>Leo en los periódicos la ironía profunda<br />
de lo que pretende hacerse pasar por real.<br />
Reemplazamos el mundo por las noticias sobre el mundo,<br />
en eso andamos.<br />
Nacen y se van olvidando los recuerdos,<br />
ignorados por el canto insoslayable de nuestra predilección.<br />
Es mejor ir por la vida de ignorantes<br />
que pretender saber qué ocurre,<br />
es decir, mejor errar en lo que aprueba el destino<br />
que representar el error,<br />
eso me digo ante lo que no veo.<br />
En mi cabeza, donde no está fuera el corazón,<br />
hago un repaso del tiempo<br />
para encontrarme ante las mismas preguntas:<br />
¿Ya ocurrió? ¿Ocurrirá? ¿No ocurrirá?<br />
La actualidad enmohecida no me dará  respuesta.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>P.S. Las fotos de Lauren Mendinueta, tanto la que presento al inicio del blog como la que adorna la portada de La Vocación Suspendida publicada por la editorial Travesías, fueron tomadas por el célebre fotógrafo argentino Daniel Mordzinski. También a él, gracias por su amistad y colaboración.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
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		<title>El ajedrez en la literatura</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 09:33:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
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		<description><![CDATA[El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 320px; height: 211px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/chess1.jpg?t=1245515561" alt="chess1.jpg picture by antoniosarabia" />El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago Gamboa, íbamos por las noches al acogedor bar del hotel Ritz, el Hemingway, donde entonces había instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ahí jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y él cierta bebida exótica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero había ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomodábamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repetía una frase que se ha hecho célebre entre los dos: &#8220;¿cómo quedamos la última vez&#8230; dos a uno, verdad?&#8221;.</p>
<p>Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasión por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poesía, hasta se entretenía componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eterónimo Ricardo Reis, me encontré con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduciéndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez algún lector portugués me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice <em>E o de marfim peão mais avançado / pronto a comprar a torre, </em>¿Qué significa en portugués, en términos ajedrecísticos<em> comprar a torre? </em>Yo tuve la opción de traducir<em> listo a tomar la torre, </em>pero pensé, mala intución tal vez, que como era el peón más avanzado estaba a punto de llegar a la última hilera y<em> convertirse en torre.</em><em><span style="font-style: normal;"> Cualquier aclaración al respecto será más que bienvenida. S</span><span style="font-style: normal;">e me ocurre publicar la traducción ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le podía considerar un verdadero fanático del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la página.</span></em><span id="more-961"></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>LOS JUGADORES DE AJEDREZ<br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
Oí contar que otrora, cuando Persia<br />
tenía no sé qué guerra<br />
mientras la invasión ardía en la ciudad<br />
y las mujeres gritaban<br />
dos jugadores de ajedrez jugaban<br />
su juego continuo.</p>
<p>A la sombra del amplio árbol escrutaban<br />
el antiguo tablero<br />
y, al lado de cada uno, esperando sus<br />
momentos más holgados<br />
cuando había movido la pieza, y ahora<br />
le tocaba al adversario<br />
una jarra de vino refrescaba<br />
frugalmente su sed.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">&#8230;</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 480px; height: 366px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chessarabs-2.jpg?t=1245518192" alt="Chessarabs-2.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Ardían casas, se saqueaban<br />
las arcas y los nichos,<br />
violadas, las mujeres eran puestas<br />
contra muros caídos,<br />
traspasadas por lanzas, las criaturas<br />
eran sangre en las calles&#8230;<br />
Mas donde estaban, cerca la ciudad<br />
y lejos su ruido,<br />
los jugadores de ajedrez jugaban<br />
el juego de ajedrez.</p>
<p>Aunque en los mensajes del infértil viento<br />
les viniesen los gritos<br />
y, al reflexionar, supiesen en su alma<br />
que en verdad a las mujeres<br />
y a las tiernas hijas se violaban<br />
en la contigua distancia,<br />
y aunque en el momento en que pensaban<br />
una sombra ligera<br />
les cruzase la frente, ajena y vaga,<br />
pronto a sus ojos calmos<br />
retornaba su confianza atenta<br />
con el tablero viejo.</p>
<p>Cuando el rey de marfil está en peligro<br />
¿qué importan la carne y los huesos<br />
de las hermanas, las madres o los niños?<br />
Cuando la torre no cubre<br />
la retirada de la reina blanca,<br />
poco importa el saqueo.<br />
Y cuando la mano confiada pone en jaque<br />
al rey del adversario,<br />
poco pesa en el alma que allá lejos<br />
estén muriendo hijos.</p>
<p>Aunque de repente, sobre el muro,<br />
asome la sañuda cara<br />
de un guerrero invasor y en breve deba<br />
en sangre ahí caer<br />
el jugador genuino de ajedrez,<br />
el momento antes de ese<br />
(concentrado en el cálculo de un lance<br />
que hará horas después)<br />
sigue entregado al juego predilecto<br />
de los muy indiferentes.</p>
<p style="text-align: center;"><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 400px; height: 318px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess4-1.jpg?t=1245519325" alt="Chess4-1.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p>Caigan ciudades, sufran pueblos, cese<br />
la libertad y la vida.<br />
Los haberes tranquilos y heredados<br />
ardan y se despojen,<br />
más cuando la guerra interrumpa las partidas<br />
esté el rey sin jaque<br />
o el blanco peón más avanzado<br />
listo a volverse torre.</p>
<p>Mis hermanos en amar a Epicuro<br />
y en entenderlo más<br />
de acuerdo a nosotros mismos que a él<br />
en la historia aprendamos<br />
de los calmos jugadores de ajedrez<br />
cómo pasar la vida.</p>
<p>Todo lo que es serio poco importe<br />
lo grave poco pese<br />
y el natural impulso del instinto<br />
que ceda al gozo inútil<br />
(a la sombra tranquila de los árboles)<br />
de jugar un buen juego.</p>
<p>Lo que sacamos de esta vida inútil<br />
da lo mismo si es<br />
gloria, fama, amor, ciencia o vida,<br />
como si fuese apenas<br />
la memoria de ganar la partida<br />
a un jugador mejor.</p>
<p>La gloria pesa como grueso fardo,<br />
la fama como fiebre,<br />
el amor cansa porque es serio y busca,<br />
la ciencia nunca encuentra,<br />
y la vida pasa y duele porque sabe&#8230;<br />
El juego de ajedrez<br />
prende el alma toda y, perdida, poco<br />
pesa, pues no es nada.</p>
<p>¡Ah! bajo las sombras que sin querer nos aman<br />
con un jarro de vino<br />
al lado, sólo atentos a la inútil tarea<br />
del juego de ajedrez<br />
Aunque el juego sea apenas sueño<br />
y no haya compañero<br />
imitemos los persas de esta historia,<br />
y mientras allá afuera<br />
cerca o lejos, la guerra patria y vida<br />
nos llaman, toleremos<br />
que nos llamen en vano, cada uno<br />
bajo sombras amigas<br />
soñemos, él los compañeros, y el ajedrez<br />
su indiferencia.</p>
<p>Ricardo Reis</p>
<p>(traducción Antonio Sarabia)</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;">EL REY NEGRO</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ChessMagritte.jpg?t=1245516048" alt="ChessMagritte.jpg picture by antoniosarabia" />Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable que sacrificó la última torre para llevar un peón femenino hasta la séptima línea, frente al alfil y el caballo de las blancas.  Hablo desde mi base negra. Me tentó el demonio en la hora tórrida, cuando tuve por lo menos asegurado el empate. Soñé la coronación de una dama y caí en un error de principiante, en un doble jaque elemental&#8230;  Desde el principio jugué mal esta partida: debilidades en la apertura, cambio apresurado de piezas con clara desventaja&#8230; Después entregué la calidad para obtener un peón pasado: el de la dama. Después&#8230;  Ahora estoy solo y vago inútil de blancas noches y de negros días, tratando de ocupar casillas centrales, esquivando el mate de alfil y caballo. Si mi adversario no lo efectúa en un cierto número de movimientos, la partida es tablas. Por eso sigo jugando, atenido en última instancia al Reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez, que a la letra dice: Inciso 4) Cuando un jugador demuestra que cincuenta jugadas, por lo menos, han sido realizadas por ambas partes sin que haya tenido lugar captura alguna de pieza ni movimiento de peón.  El caballo blanco salta de un lado a otro sin ton ni son, de aquí para allá y de allá para acá. ¿Estoy salvado? Pero de pronto me acomete la angustia y comienzo a retroceder inexplicablemente hacia uno de los rincones fatales.  Me acuerdo de una broma del maestro Simagin: el mate de alfil y caballo es más fácil cuando uno no sabe darlo y lo consigue por instinto, por una implacable voluntad de matar.  La situación ha cambiado. Aparece en el tablero el Triángulo de Deletang y yo pierdo la cuenta de las movidas. Los triángulos se suceden uno tras otro, hasta que me veo acorralado en el último. Ya no tengo sino tres casillas para moverme: uno caballo rey y uno y dos torre. Me doy cuenta entonces de que mi vida no ha sido más que una triangulación. Siempre elijo mal mis objetivos amorosos y los pierdo uno tras otro, como el peón de siete dama. Ahora tres figuras me acometen: rey, alfil y caballo. Ya no soy vértice alguno. Soy un punto muerto en el triángulo final. ¿Para que seguir jugando? ¿Por qué no me dejé dar el mate pastor? ¿O de una vez el del loco? ¿Por qué no caí en una variante de Legal? ¿Por qué no me mató Dios mejor en el vientre de mi madre, dejándome encerrado allí como en la tumba de Filidor?  Antes de que me hagan la última jugada decido inclinar mi rey. Pero me tiemblan las manos y lo derribo del tablero. Gentilmente mi joven adversario lo recoge del suelo, lo pone en su lugar y me mata en uno torre, con el alfil.  Ya nunca más volveré a jugar al ajedrez. Palabra de honor. Dedicaré los días que me queden de ingenio al análisis de las partidas ajenas, a estudiar finales de reyes y peones, a resolver problemas de mate en tres, siempre y cuando en ellos sea obligatorio el sacrificio de la dama.</p>
<p>Juan José Arreola</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>AJEDREZ</p>
<p>1<br />
En su grave rincón, los jugadores<br />
rigen las lentas piezas. El tablero<br />
los demora hasta el alba en su severo<br />
ámbito en que se odian dos colores.</p>
<p>Adentro irradian mágicos rigores<br />
las formas: torre homérica, ligero<br />
caballo, armada reina, rey postrero,<br />
oblicuo alfil y peones agresores.</p>
<p>Cuando los jugadores se hayan ido,<br />
cuando el tiempo los haya consumido,<br />
ciertamente no habrá cesado el rito.</p>
<p>En el Oriente se encendió esta guerra<br />
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.<br />
Como el otro, este juego es infinito.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #ffffff;">..</span><img id="fullSizedImage" class="media aligncenter" style="width: 472px; height: 199px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Chess61.jpg?t=1245516755" alt="Chess61.jpg picture by antoniosarabia" /><br />
<span style="color: #ffffff;"> .</span><br />
2<br />
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada<br />
reina, torre directa y peón ladino<br />
sobre lo negro y blanco del camino<br />
buscan y libran su batalla armada.</p>
<p style="text-align: left;">No saben que la mano señalada<br />
del jugador gobierna su destino,<br />
no saben que un rigor adamantino<br />
sujeta su albedrío y su jornada.</p>
<p>También el jugador es prisionero<br />
(la sentencia es de Omar) de otro tablero<br />
de negras noches y blancos días.</p>
<p>Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.<br />
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza<br />
de polvo y tiempo y sueño y agonías?</p>
<p>Jorge Luis Borges</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">P.S. Antes de montar esta entrada, escribí a Santiago Gamboa preguntándole si recordaba el nombre de aquella pócima extraña que con tanto deleite consumía en el Hemingway. Acabo de recibir su respuesta:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Querido Antonio, no solo no la he olvidado (perdona, no tengo tildes, estoy en el aeropuerto de Bangkok) sino que hace poco me tome uno: es el Singapur Sling. Collins, el tenderman del Ritz, que es norteamericano, habia ganado el concurso bianual de Singapur Sling que por lo general ganaba siempre el Hotel Raffles de Singapur, donde fue inventado.</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Un abrazo y otro muy fuerte a Lauren,</em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Santiago</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Queda, pues, hecha la aclaración. Tanto en el nombre de la bebida como en el del sitio en que ganó el certamen: Singapur y no Shanghai como yo dije antes. Evidentemente, al enviarme su email, Santiago no había leído aún Los Convidados de esta semana y por eso no hay referencia a los resultados de nuestras partidas de ajedrez. Ahí me toca a mí hacer la corrección. No es cierto que vayamos dos a uno como siempre recuerda Santiago. En nuestra amistad siempre ha habido un empate.</span></p>
<p><!--EndFragment--></div>
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		<title>William Ospina gana el Rómulo Gallegos</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Jun 2009 09:04:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>William Ospina (Padua, Colombia, 1954) tiene ya un nicho propio dentro de la poesía colombiana. Su enorme talento y la amplitud y calidad de su obra lo convierten en una de las grandes referencias del género (ver <a onclick="window.open('http://losconvidados.com/william-ospina-y-el-soneto-al-instante/','','');return false;" href="http://losconvidados.com/william-ospina-y-el-soneto-al-instante/">William Ospina y el soneto al instante, marzo 2, 2008, en este mismo blog</a>).<br />
Pero William es incapaz de quedarse quieto, y menos aún tratándose de literatura. Por eso en el 2005 hizo una primera incursión en la narrativa con su novela <em>Ursúa</em>, la cual tuvo una excelente acogida entre el público y la crítica. Ahora, este jueves 4 de junio, con <em>El País de la Canela</em>, la segunda parte de lo que apunta ser una extraordinaria trilogía, acaba de hacerse acreedor al XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 235px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/William_Ospina_imagen_archivo.jpg?t=1244219724" alt="William_Ospina_imagen_archivo.jpg picture by antoniosarabia" />Al presentarla la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid, Ospina afirmó que <em>El País de la Canela</em> propone una mirada sin maniqueísmo sobre la conquista de América. El protagonista-narrador es un mestizo, hijo de un español y de una indígena. De ese modo le es posible ofrecer una novela con la perspectiva de aquellos dramáticos acontecimientos desde la sensibilidad de alguien que pertenece a los dos mundos.<br />
El 2 de agosto se le hará la entrega oficial del galardón que consiste en cien mil euros en efectivo y una medalla de oro. El premio fue creado en 1964 por el entonces presidente Raúl Leoni para honrar la obra de Rómulo Gallegos, autor del clásico costumbrista <em>Doña Bárbara</em> y en su momento también presidente de Venezuela. Entre otros ganadores del certamen, que cumple cuarenta y cinco años, están el peruano Mario Vargas Llosa, quien ganó la primera edición en 1967, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, además del español Javier Marías, el también colombiano Fernando Vallejo y el mexicano Carlos Fuentes.<br />
William, viejo cómplice de Los Convidados y amigo personal de este autor, nos ofrece uno de los capítulos de la obra ganadora para deleite de los lectores del blog.<br />
Otra vez felicidades, Willie, y gracias por el texto. Hasta muy pronto.<br />
<span style="color: #ffffff;"><span id="more-889"></span>.<br />
.</span><br />
EL PAÍS DE LA CANELA, CAPÍTULO SEGUNDO<br />
<span style="color: #ffffff;">.</span><br />
Sólo entonces aparté la vista de mi pasado y enfrenté el destino que me esperaba. El barco del capitán Niebla nos llevó a Margarita, la isla grande y reseca, en cuyo centro están las arboledas joviales, las casonas y las iglesias. Vi por primera vez el impresionante bazar de las perlas, los barcos traﬁcantes y multitud de canoas junto a las cuales desaparecen y aﬂoran sin cesar los indios pescadores, con una tos de agua en la boca y puñados de ostras en las manos esclavas. Días después anclamos en Cartagena, una aldea sudorosa que no mira al norte azul sino a los ponientes bermejos, donde gobernaba el hombre de nariz remendada que acaba de ahogarse en las costas de España. Y al cabo de muchos días de sol y de mar llegué a los golfos cegadores de Nombre de Dios, a este brazo de selvas que tanto había imaginado, y a este puerto de Panamá, donde cambian las rancherías y los templos de piedra pero el mar es el mismo, míralo, con ese soplo de vagas promesas, repitiendo su brillo y sus olas bajo el mismo desorden de alcatraces. Era el año de 1540. Tú ni siquiera habrías oído hablar de las Indias, pero Castilla de Oro era ya un litoral cargado de leyendas, una babel crujiente de maderos de agua, galeones llevados por el viento y galeras movidas por el sufrimiento, carabelas y carracas, bergantines y fragatas furtivas que parecen mirar por los ojos de sus cañones. La tierra era un rescoldo de esclavos africanos, de comerciantes genoveses, de aventureros de muchas regiones que ya llevaban media vida malandando en las islas, de indios sabios y laboriosos traídos del Perú, derribadores de pájaros robados al Chocó, pescadores capturados en el lago de Nicaragua, sacerdotes nativos transformados en siervos, guerreros de los valles del Sinú con los tobillos ulcerados por las cadenas, y hombres de cobre de La Guajira, acostumbrados a los cielos inmensos del desierto y que cada noche buscaban en vano las estrellas.<br />
Eché a andar sobre las huellas de mi padre, ese señor apenas conocido que había visto tantas cosas: el camino de oro de Balboa y el camino de sangre de Pedrarias Dávila, la casa de limoneros de mi maestro Gonzalo Fernández en Santa María la Antigua del Darién, bajo un cielo de truenos, y los cadalsos insaciables de Acla. Hacía más de diez años que lo había reclutado Pizarro para su aventura en el sur, para padecer las desgracias de una isla de fango donde se comieron hasta las cáscaras de los cangrejos, y para desembarcar más muertos que vivos en la ciudad de colchones venenosos de Túmbez, donde muchos hombres se vieron de pronto llenos de verrugas infecciosas cuando ya se sentían a las puertas del reino.<br />
Recorrí, con menos sufrimientos, ese mismo camino: tragando con los ojos el mar del Sur; pasando ante las costas del Chocó que saludan al Sol con ﬂechazos; ante las ensenadas de Buena Ventura, donde una tarde vimos arquearse los lomos y hundirse las colas de las grandes ballenas; ante la isla que los labios febriles y griegos de Pedro de Candia llamaron Gorgona; ante la bahía de Tumaco, donde se oculta rencorosa la isla del Gallo; y entré por ﬁ n en el Perú que soñaba, no la terra incognita que pisaron los aventureros del año 32, sino un país misterioso dominado ya por españoles, donde empezaban a alimentar mendigos los atrios de las iglesias y a cristianizar el viento los campanarios.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 193px; height: 320px; cursor: default;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/ElPasdelaCPortada.jpg?t=1244219972" alt="ElPasdelaCPortada.jpg picture by antoniosarabia" />Todo cambia con prisa endemoniada; cada diez años estos reinos tienen un rostro distinto. Si hace treinta eran todavía el mundo fabuloso de las fortalezas del Sol y de las momias en sus tronos, hace veinte fueron escenario de guerras desconocidas entre hombres y dioses, y hace diez un paisaje calcinado donde intentaba sembrarse la Europa grande que avasalla al mundo. Quién sabe qué país nos estará esperando ahora allá al sur, tras estas aguas grises. Yo, que llegué antes que tú a las tierras del Inca, alcancé a ver muchas cosas que pronto desaparecieron: poblaciones intactas, caminos de piedra provistos a cada tramo de bodegas de granos, palacios de losas grandes de la ciudad sagrada, ﬁestas que tú no conociste. Pero uno sólo ve con nitidez lo que dura: un mundo que no cesa de cambiar apenas si produce en los ojos el efecto de un viento.<br />
Era reciente la primera conquista. Todavía se hablaba de las ciudades donde se refugiaron las vírgenes del Sol, del paraíso perdido donde nadie era rico ni pobre ni ocioso ni desvalido en toda la extensión de las montañas, de la región donde anidaban los coraquenques, los pájaros sagrados que estaba prohibido cazar, y que proveían de las plumas de colores para la diadema del rey. Y todavía se hablaba de la prisión del Inca, de su asombro ante los libros, de sus diálogos con los soldados. Nadie olvida el rescate que le exigió Pizarro, una habitación grande de Cajamarca llena de oro hasta la altura de dos metros, porque ese ha sido hasta ahora el tesoro más asombroso que se ha recogido en las Indias. Mientras la habitación se iba llenando con el oro de las ofrendas, Atahualpa se iba poniendo cada vez más callado y más melancólico; Hernando de Soto le enseñó a jugar al ajedrez y el rey alcanzó a igualar con él algunas partidas, hasta que la certeza de que sus captores de todos modos lo matarían apagó su voluntad de hablar con ellos.<br />
Un día, aquel prisionero que no sabía nada de la escritura le pidió a un centinela de la guardia que le trazara el nombre de Dios sobre las uñas, y después andaba mostrando la mano a todos sus captores. Parecía complacerle ver que repetían la misma palabra cuando él les ponía esos signos ante los ojos.<br />
Pero Pizarro no reaccionó como los demás ante el juego, y Atahualpa tuvo la sagacidad de comprender que el marqués Francisco Pizarro era más ignorante que sus propios soldados. Hay quien piensa por eso que Pizarro, un hombre limitado y soberbio, se indignó de haber sido descubierto y casi ridiculizado por el rey prisionero, y que ese episodio inﬂuyó en la decisión brutal de matarlo después de recibir el rescate.<br />
Veinte años habrán borrado gran parte del mundo que existía cuando Atahualpa murió y los conquistadores entraron en Quzco. Fue por agosto del año 35 cuando el tribunal que lo juzgaba lo condenó a muerte, y él sólo accedió al bautizo para salvarse de ser quemado vivo. Juan de Atahualpa murió en el garrote vil, decía mi padre en su carta, y dos meses y medio después los guerreros de España hicieron su entrada en la ciudad imperial.<br />
Yo llegué a la Ciudad de los Reyes de Lima cuatro años después, y desde el día de mi desembarco no me cansé de preguntar cómo había sido la entrada en el Quzco, cómo era la ciudad que encontraron. Yo, que viví deslumbrado, y tal vez embrujado desde niño por esa maravilla de las montañas, llegué a lamentar no haber formado parte de las tropas que la saquearon, sólo por haber tenido la ocasión de verla, de verla ante mis ojos, siquiera en el último día de su gloria.<br />
Entonces tú has oído también la leyenda de que la ciudad deslumbraba a la distancia con sus piedras laminadas de oro. Pues debo decirte algo más asombroso: cuando Pizarro apareció sobre los cerros, quedó maravillado y también asustado porque la ciudad enorme tenía la forma de un puma de oro. Nunca se había visto en el mundo antiguo que una ciudad fuera un dibujo en el espacio, y allí estaba el preciso dibujo de un puma, desde la cola alargada y arqueada hasta la cabeza que se alzaba levemente sobre los montes, con el ojo de grandes piedras doradas en cuya pupila vigilaban los lujosos guardianes.<br />
Cundió entonces la sospecha de que había otras ciudades similares en el norte y el sur, porque el imperio estaba dividido en varios reinos. Y mientras Hernando Pizarro se apoderaba de los templos de Quzco, Belalcázar fue al norte, más allá de Cajamarca, hacia los volcanes nevados de Quito; y Valdivia fue al sur, hacia los conﬁnes del mundo, por las llanuras costeras del Arauco. Continuando la guerra contra los indios rebeldes fueron dándose cuenta de la magnitud de un imperio que pronto les pareció más grande que Europa. Procuraron tomar posesión de las distintas comarcas, aunque basta ver las cordilleras para entender que nadie, ni siquiera los incas, ha podido abarcarlas del todo, porque más allá de su red de caminos y de sus terrazas sembradas de maíz, hay miles y miles de montañas que sólo el cielo ha visto y que apenas vigilan los astros.<br />
Ya desde los primeros tiempos todo el que vacilaba en apoyar a los Pizarro iba cayendo en desgracia. Ese fue el destino de Almagro, el socio principal del marqués, de quien Hernando Pizarro decía burlón: «Hay demasiadas cosas en ese rostro, pero ninguna está completa». Almagro supo muy temprano lo que le esperaba, desde el momento en que Pizarro viajó a la corte a buscar en su nombre y de sus dos socios licencia para invadir el reino de los incas y volvió exhibiendo títulos sólo para sí. Desde entonces cada día anotó alguna deuda: hoy una ingratitud, mañana una trampa, pasado mañana una traición, y ya no esperó nada bueno de ellos.<br />
Pero un día el Quzco, lleno de invasores, fue sitiado y calcinado por las huestes del hermano del Sol, Manco Inca Yupanqui, un señor esbelto y sombrío, con diadema de grandes plumas y manta de lana pespunteada de oro, que había decidido resistir hasta el ﬁnal aunque el dios hubiera sido asesinado, aunque, como decían ellos, ya no quedara un Sol en el cielo.<br />
Hay cantos sobre los sufrimientos del Inca que decidió un día sacrificar esa ciudad en la que cada piedra era venerable y sagrada, y dicen que la mano que arrojó desde el cerro la primera ﬂecha encendida contra los templos se fue quemando y consumiendo sola con los años, y al ﬁnal era oscura y leñosa, semejante a la garra de un pájaro. Como las alas de un cóndor que se hubieran desprendido del cuerpo muerto y se buscaran todavía por las montañas, los grandes jefes incas, Rumiñahui, que llenaba el norte con sus tropas, y Manco, que congregaba las suyas al sur, intentaron tardíamente envolver y aniquilar a las tropas de España, pero éstas seguían creciendo al soplo de la fama de sus conquistas, y de nada sirvió para combatirlos reducir a cenizas el corazón del reino. Los jefes incas no podían saber que allá, muy lejos, barcos y barcos nuevos brotaban por las bocas del Guadalquivir, pesados de caballos, de espadas y de arcabuces, y que el ejército invasor del Perú seguía creciendo sin tregua porque lo alimentaba el mar.<br />
En pocos años pasaron sobre la capital tantas calamidades, pestes desconocidas, guerras con armas nuevas y mortíferas, y trabajos concertados del fuego y del viento, que ahora, de la venerable ciudad de mis sueños que un día resplandeció sobre los abismos, sólo quedaban altos cascarones de piedra carcomidos por la catástrofe. Los incas comprendieron que la muerte del dios había desgraciado la ciudad, que por eso sobre ella se encarnizaban los enemigos, y ya no volvieron a ampararse en su piedra. Tenían razón: todo el que hizo allí su refugio terminó sucumbiendo, y hasta Diego de Almagro fue capturado en el fortín y sometido al juicio implacable de los hombres de Hernando Pizarro. Había dado hasta un ojo de la cara por ayudar a la conquista, tenía igual derecho que los Pizarro al reino de los incas, pero todo se lo fueron birlando en una cínica sucesión de zarpazo y silencio. Se sintió tan herido que ya no quería siquiera su parte del tesoro sino hacerles sentir a esos aliados que conocía sus saludos de anzuelos y sus abrazos de espinas. Pobre Almagro: la indignación lo corroía y lo enfermaba, y antes de mi llegada terminaron sometiéndolo también al garrote. Se habían adiestrado en el arte de los juicios ﬁngidos, procesos que de antemano tenían decidido el veredicto; simulacros como el que representaron ante Atahualpa, no para examinar la conducta del acusado, sino para espesar sofismas que autorizaran su exterminio.<br />
Al llegar, me sentía perdido. No tenía amigos ni un rumbo<br />
claro, iba entre los tumultos del puerto, si es que se puede llamar así a ese embarcadero confuso ante los barrancos, buscando cómo dar con ﬁrmeza mis primeros pasos en un suelo inestable. Como buen hijo de español, no sabía qué admirar más, si la majestad de las construcciones del Inca o el valor demencial de los guerreros que las despojaron. Muy pronto supe que manos piadosas habían rescatado los restos de mi padre de su socavón y los habían enterrado en la tierra seca del litoral. Corrí a buscar esa reliquia que me sembraba a mí mismo en el reino. Y allí estaba el montículo bajo el cielo impasible, ante un mar del color de las ballenas muertas, y ese era ya todo mi pasado: una tumba sedienta frente a las ﬂ ores ciegas del mar.<br />
No recuerdo haber llorado: recé lo que pude y proseguí el aprendizaje del mundo. Tú fuiste aprendiendo por cuentos de sus hombres la historia de la sabana de los muiscas; así fui yo conociendo las leyendas de esa tierra extendida entre el mar del poniente y las montañas arrugadas como milenios: relatos de las cuatro partes del reino, de sus gargantas de sed y de sus colmillos de hielo; y oí y oí cuentos largos como los caminos del Inca, que atravesaban las montañas y que llevaban pies adornados de cuentas y cascabeles por los riscos y los páramos, por las frías llanuras oblicuas hacia los cañones del norte y hacia los abismos del oriente, frente a la costa tortuosa del mar occidental y junto al otro mar, el que está solo con el cielo en las polvaredas altísimas.<br />
Así me fue dado conocer los relatos del origen, y oí de labios más viejos que el tiempo cómo llegaron hace siglos los enviados del Sol, los padres de los padres, que fundaron en la altura esa ciudad, esa cosa de esplendor y misterio que había deslumbrado mi infancia.<br />
<span style="color: #ffffff;">.</span><br />
William Ospina</p>
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		<title>De Ida y Vuelta</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 12:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, <em>De Ida y Vuelta</em>, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España 1980).</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 238px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/SARAT3.jpg?t=1240675425" alt="SARAT3.jpg picture by antoniosarabia" />Sara tuvo a bien invitarme a escribir el prólogo de su poemario, solicitud a la que accedí gustoso porque, además de la simpatía personal que me inspira su autora, <em>De Ida y Vuelta</em> es una obra espléndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras españolas.</p>
<p>El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.</p>
<p>Saludo, pues, la aparición en las librerías españolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, <em>De Ida y Vuelta</em>, publicando el prólogo que le escribí junto a tres poemas del mismo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>PRÓLOGO</p>
<p>La épica de Gilgamesh menciona un pasaje subterráneo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las montañas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El héroe, abatido por la idea de la muerte, se empeña en tomarlo y después de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la árida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del útero marchito y agotado a la resurrección.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 214px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Imagen1.png?t=1240675294" alt="Imagen1.png picture by antoniosarabia" /><em>Una vez creí que la vida estaba muerta </em>dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el héroe de la antigua épica, desciende -<em>me adentré en el túnel escaleras abajo</em>- para cumplir el mismo antiguo ritual iniciático en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que señalan los nombres de las paradas en la línea seis del metro de París. De <em>Nation</em> a <em>Charles de Gaulle-Étoile</em>. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar lúcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevará a la salida y, al alcanzarla, a la iluminación. Sus vivencias dan cuenta de un periplo más moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquetípico. Su testimonio no corrompe el símbolo, lo actualiza.<br />
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un auténtico &#8220;libro de poesía&#8221;, con una unidad temática particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesión y a una lógica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.<br />
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poesía iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en algún momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ahí, en ese terreno inasequible para el común de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuición, donde nace la poesía de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve años, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los demás miembros españoles de su generación: Carlos Contreras Elvira, Martín López Vega, Álvaro Tato, Fruela Fernández y Elena Medel.<br />
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.<br />
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. <em>La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta</em>, apunta.  Los títulos de estos otros poemas corresponden a los rótulos que las compañías aéreas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estación del Metro. El viaje, el desconsolado monólogo, continúa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, <em>la civilización escondida en los bolsillos</em>. Y al final del camino, en una celebración que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.<br />
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.<br />
Antonio Sarabia</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-747"></span><br />
</span><a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s1600-h/images-1.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180795570569538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s200/images-1.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[16. EDGAR QUINET]</p>
<p>Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,<br />
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,<br />
la rutina afrodisíaca.</p>
<p>Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.<br />
Y en el andén, mientras todos permanecemos,<br />
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.</p>
<p>No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.<br />
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.</p>
<p>La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.<br />
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,<br />
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.</p>
<p>Y han ido a parar al fondo del océano.<br />
Han contado minutos.<br />
Son precipicios enfrentados.</p>
<p>Ya son andén. Ya son distancia.<br />
Ya no son nada.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>[17. GARE MONTPARNASSE]</p>
<p>Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.</p>
<p>La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles<br />
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.</p>
<p>Saber que donde estemos podremos recordar<br />
es el consuelo de los expatriados.</p>
<p>La voz no queda lejos de cualquier rincón<br />
del mundo:</p>
<p>la ciudad no habría sido ésta,<br />
ni sus figuras, ni sus autores.</p>
<p>Yo llegué sin tiempo limitado,<br />
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.</p>
<p>Y ahora me ven recorrer aceras,  pasar por el cielo y por la tierra,<br />
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado<br />
el aire con la fuerza del miedo<br />
y la memoria.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s1600-h/images-3.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183181177822658898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s200/images-3.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]</p>
<p>Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.</p>
<p>Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos<br />
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos<br />
y los granos del adolescente.</p>
<p>Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,<br />
de los pájaros inventados, de los animales impuros.</p>
<p>Éstos son los símbolos y ésta la luz.</p>
<p>Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.<br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,<br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.</p>
<p>Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia<br />
y yo, que no hablo de agonía,  que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,<br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.</p>
<p>Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.<br />
Los cielos nos protegerán.</p>
<p>Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.</p>
<p>Yo creo en todo eso.<br />
Y más, allá, aún.</p>
<p>Sara Herrrera Peralta</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Blanca Varela y Meira Delmar, la doble ausencia</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 22:12:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Giacometti]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Varela]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios en español]]></category>
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		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana]]></category>
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		<description><![CDATA[Si abril es el mes más cruel, como afirma T.S. Eliot, este año marzo no le va a la zaga. Durante sus días se extinguieron dos de las voces femeninas más importantes de lo últimos tiempos, Blanca Varela y Meira Delmar, dos poetisas estrictamente contemporáneas una de otra, ambas nacidas en países vecinos de Sudamérica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si abril es el mes más cruel, como afirma T.S. Eliot, este año marzo no le va a la zaga. Durante sus días se extinguieron dos de las voces femeninas más importantes de lo últimos tiempos, Blanca Varela y Meira Delmar, dos poetisas estrictamente contemporáneas una de otra, ambas nacidas en países vecinos de Sudamérica y muertas en su ciudad de origen, ambas autoras de una obra breve y, al mismo tiempo, luminosa, compuesta curiosamente por el mismo número de libros de poesía: ocho cada una.<br />
<span class="outline"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 217px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Varela2.jpg?t=1237757576" alt="Varela2.jpg picture by antoniosarabia" /></span>Blanca Varela (Lima, Perú, 1926-2009), estudió letras en la Universidad de San Marcos donde conocería a su futuro esposo, el pintor Fernando de Sziszlo. Colaboró en la revista <em>Las Moradas</em> que dirigía Adolfo Westphalen y en 1949 emigró a París. Fue el poeta mexicano Octavio Paz quien la introdujo en los círculos intelectuales del París de finales de los cuarentas y la década de los cincuentas. De ahí su amistad con Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Henri Michaud, Albert Gicametti y Rufino Tamayo.<br />
Paz prologó, además, el primer poemario de Blanca Varela <em>Ese Puerto Existe</em>. Por cierto que el título original de aquella obra era <em>Puerto Supe</em>. Al poeta mexicano el título le pareció deleznable. &#8220;Pero, Octavio, ese puerto existe&#8221;, se defendió Blanca Varela. &#8220;Ahí tienes el título&#8221; exclamó Octavio Paz. Más tarde, al prologar el poemario que él mismo había ayudado a titular, Paz formula lo que podría considerarse una verdadera declaración de principios. He aquí un fragmento: <em>No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo. El poema o el cuadro eran exorcismos, conjuros contra el desierto, conjuros contra el ruido, la nada, el bostezo, el claxon, la bomba. Escribir era defenderse, defender a la vida. La poesía era un acto de legítima defensa. Escribir : arrancar chispas a la piedra, provocar la lluvia, ahuyentar a los fantasmas del miedo, el poder y la mentira. Había trampas en todas las esquinas. La trampa del éxito, la del &#8220;arte comprometido&#8221;, la de la falsa pureza. El grito, la prédica, el silencio: tres deserciones. Contra las tres, el canto. En aquellos días todos cantamos. Y entre esos cantos, el canto solitario de una muchacha peruana: Blanca Varela. El más secreto y tímido, el más natural.</em><br />
Después de París, Blanca Varela vivió en Florencia y más tarde en Washington dedicad a las traducciones y a eventuales trabajos periodísticos. En 1962 regresó a Lima donde tuvo su residencia hasta el día de su muerte, ocurrida el pasado jueves 12 de marzo.</p>
<p><span class="outline"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 239px; height: 487px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Meira3-1.jpg?t=1237758759" alt="Meira3-1.jpg picture by antoniosarabia" /></span>Seis días después, el miércoles 18, falleció Meira Delmar (Barranquilla, Colombia 1922-2009). Nacida Olga Isabel Chams en el seno de una familia libanesa asentada en la costa colombiana, estudió arte y literatura en el centro Dante Aligheri, de Roma, y más tarde música en el conservatorio de la Universidad del Atlántico de su nativa Barranquilla. La jovencísima Olga Isabel se inventó el alias Meira Delmar sin saber que la palabra que eligió como nombre tiene un origen hebreo y significa, así de simple, &#8220;la luz&#8221;. Tenía entonces quince años. Lo utilizó como seudónimo para enviar unos poemas a la revista Vanidades. <em>Lo hice más que todo por temor a mi padre</em>, confiesa ella, <em>pues él era una persona muy severa, y yo no quería que ni él ni mis amigos se enteraran de que era yo quien escribía</em>. El apellido ideado refleja su fascinación por uno de los temas fundamentales de su poesía: el mar. Hoy, su primer libro, <em>Alba de Olvido</em>, publicado en 1942 con un tiraje de apenas cincuenta ejemplares, está considerado como una de las cien obras cumbre de la literatura colombiana del siglo XX.</p>
<p><span id="more-663"></span></p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p><strong>DE BLANCA VARELA</strong></p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p style="color: #000000;">ANVERS-SUR-OISE</p>
<p>Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.<br />
Insiste.<br />
Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del<br />
teléfono.<br />
Te equivocas.<br />
Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos,<br />
latigazos.<br />
No. Es música.<br />
No. Alguien llora muy despacio.<br />
No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que<br />
lame el cielo pulido y vacío.<br />
No. Es un incendio.</p>
<p>Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,<br />
todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.<br />
Tú estás solo, al otro lado.<br />
No te quieren dejar entrar.<br />
Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.<br />
Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.<br />
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide<br />
con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable<br />
redondez.<br />
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y<br />
de la vida.<br />
No puedes entrar.<br />
Dicen.</p>
<p>II</p>
<p>Tal vez en primavera.<br />
Deja que pase este sucia estación de hollín y lágrimas hipócritas.<br />
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza de toda la corrupción y el dolor.<br />
llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o de<br />
elefante para liquidar todas las dudad, todas ls moscas, todas las desgracias.<br />
Baja del árbol.<br />
Mírate en el agua. Aprende a odiarte a ti mismo.<br />
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en dos,<br />
despúes en ninguna.<br />
Arrástrate hasta el muro, escuha la música entre las piedrecitas.<br />
Llámalas siglos, huesos, cebollas.<br />
Da lo mismo,<br />
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.<br />
Escucha la música. Sólo la música.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p><strong>DE MEIRA DELMAR</strong></p>
<p>FUTURO</p>
<p>Vengo de la tristeza de tu olvido futuro<br />
como de alguna extraña ciudad deshabitada.</p>
<p>Crucé tu voz de ahora, tu corazón de ahora,<br />
el cielo que comienza detrás de tus palabras,</p>
<p>y me encontré en un tiempo donde ya no volvían<br />
tus ojos y mis ojos de una misma distancia.</p>
<p>Y vi crecer en torno sombras de ruinas, vagos<br />
espectros de jazmines, de tardes con ventanas</p>
<p>abiertas al arroyo de lumbre del verano<br />
y a la lluvia que el aire revestía de arpas.</p>
<p>Y vi también tu frente de soledad, de frío.<br />
El ángel de mi nombre en ella agonizaba.</p>
<p>Y regresé temblando de la indecible noche.<br />
Con la sangre sin júbilo.  Con el rostro sin lágrimas.</p>
<p>Como quien vuelve un día de contemplar su muerte,<br />
o como el que cruzando la primavera, pasa</p>
<p>junto al dolor pequeño de una golondrina<br />
inmóvil para siempre sobre la tierra clara.</p>
<p>&#8230;En mis manos, lo mismo que una gota de oro,<br />
está cayendo el alba.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p>EL RESPLANDOR</p>
<p>Nunca supe su nombre.<br />
Pudo<br />
ser el amor, un poco<br />
de alegría, o simple-<br />
mente nada.</p>
<p>Pero encendió<br />
de tal manera el día,<br />
que todavía<br />
dura su lumbre.</p>
<p>Dura.<br />
Y quema.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p style="color: #000000;">RUPTURA</p>
<p>Apenas nos hubimos encontrado<br />
comenzó la distancia a destejernos<br />
los ojos, las palabras, el asombro,<br />
antes que se apretaran nuestras vidas<br />
en la urdimbre del tiempo.<br />
Y quedaron los hilos en el aire.<br />
Un instante en el aire, como queda<br />
un pájaro, su vuelo,<br />
en tanto que lo borra<br />
la tormenta.<br />
Después, no más,<br />
el viento.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p>LOS DÍAS IDOS</p>
<p>Los días<br />
idos,<br />
los fragantes<br />
días, con los brazos<br />
llenos de rosas, con la copa<br />
llena de vino,<br />
¿qué se hicieron?<br />
¿Hacia dónde<br />
se alejaron, envueltos<br />
en la hebra de oro<br />
de las flautas,<br />
alto el sol todavía,<br />
sin aguardar la sombra?<br />
¿Junto a quién, como antes<br />
en torno mío, tejen<br />
el armonioso friso<br />
de las antiguas ánforas,<br />
desnudos en el tiempo<br />
de su sola belleza,<br />
al aire la aromada<br />
guirnalda de su canto?<br />
Nada queda en mis manos<br />
de lo que ellos portaban,<br />
ni en la arena la forma<br />
de su danza.<br />
Me dejaron tan sólo,<br />
por olvido,<br />
la dorada memoria<br />
de sus cuerpos.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El duque Job y su duquesa, el México de ayer según Manuel Gutierrez Nájera</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 12:39:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios]]></category>
		<category><![CDATA[Blogs literarios en español]]></category>
		<category><![CDATA[el duque Job]]></category>
		<category><![CDATA[la duquesita del duque Job]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Gutierrez Nájera]]></category>
		<category><![CDATA[Plateros]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas mexicanos]]></category>

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		<description><![CDATA[No moriré del todo amiga mía / de mi ondulante espíritu disperso / algo en la urna diáfana del verso / piadosa guardará la poesía, escribió Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México 1859-1895) y tenía razón. Yo, cuando menos, nunca desde mi ya lejana adolescencia he podido escapar ni a la frescura y el encanto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="font-style: normal;"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 267px; height: 346px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/GutierrezNjera.jpg?t=1234752712" alt="GutierrezNjera.jpg picture by antoniosarabia" /></span>No moriré del todo amiga mía / de mi ondulante espíritu disperso / algo en la urna diáfana del verso / piadosa guardará la poesía</em>, escribió Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México 1859-1895) y tenía razón. Yo, cuando menos, nunca desde mi ya lejana adolescencia he podido escapar ni a la frescura y el encanto de la duquesita del duque Job, ni a las estrofas melodiosas y elegantes que componen sus cuatro quintetos y catorce sextetos decasílabos y mucho menos a las sorprendentes e ingeniosas rimas que las rematan.</p>
<p>Los versos nos llevan por el México de finales del XIX, en compañía de la seductora duquesita, por un simpático recorrido a partir de la esquina del jockey club, actual Sanborn&#8217;s de los azulejos, por toda la calle de Plateros, hoy avenida Madero, hasta los antiguos almacenes de ropa de La Sorpresa, que más tarde se convertiría en La Ciudad de Londres y que hoy ha desaparecido.</p>
<p>El duque Job fue uno de los numerosos seudónimos que Gutierrez Nájera usó a lo largo de su vida. El poema está dedicado a una joven de la que se había enamorado, su duquesita, cuya vida transcurría a lo largo de las calles de Plateros y San Francisco, circunstancia que da pie al autor para enumerar los sitios de moda y evocar las costumbres de la época.</p>
<p>Reproducirlo, me parece, es mejor manera de rendir homenaje a este gran poeta mexicano que este año festejará el siglo y medio de su nacimiento y que hace unos días cumplió 124 años de muerto. Porque Manuel Gutiérrez Nájera falleció a causa de una operación quirúrgica cuando apenas cumplía treinta y seis años de edad y estaba en el apogeo de su talento creativo.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 424px; height: 237px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/m1nd1-1.jpg?t=1234753743" alt="m1nd1-1.jpg picture by antoniosarabia" /></p>
<p><span id="more-562"></span></p>
<p>LA DUQUESA DEL DUQUE JOB</p>
<p>En dulce charla de sobremesa,<br />
mientras devoro fresa tras fresa,<br />
y abajo ronca tu perro Bob,<br />
te haré el retrato de la duquesa<br />
que adora a veces al duque Job.</p>
<p>No es la condesa que Villasana<br />
caricatura, ni la poblana<br />
de enagua roja, que Prieto amó;<br />
no es la criadita de pies nudosos,<br />
ni la que sueña con los gomosos<br />
y con los gallos de Micoló.</p>
<p>Mi duquesita, la que me adora,<br />
no tiene humos de gran señora:<br />
es la griseta de Paul de Kock.<br />
No baila Boston, y desconoce<br />
de las carreras el alto goce<br />
y los placeres del five o&#8217;clock.</p>
<p>Pero ni el sueño de algún poeta,<br />
ni los querubes que vio Jacob,<br />
fueron tan bellos cual la coqueta<br />
de ojitos verdes, rubia griseta,<br />
que adora a veces el duque Job.</p>
<p>Si pisa alfombras, no es en su casa;<br />
si por Plateros alegre pasa<br />
y la saluda madam Marnat,<br />
no es, sin disputa, porque la vista,<br />
sí porque a casa de otra modista<br />
desde temprano rápida va.</p>
<p>No tiene alhajas mi duquesita,<br />
pero es tan guapa, y es tan bonita,<br />
y tiene un perro tan v&#8217;lan, tan pschutt;<br />
de tal manera trasciende a Francia,<br />
que no la igualan en elegancia<br />
ni las clientes de Hélene Kossut.</p>
<p>Desde las puertas de la Sorpresa<br />
hasta la esquina del Jockey Club,<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 141px; height: 142px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/CiudaddeLondres.jpg?t=1234754031" alt="CiudaddeLondres.jpg picture by antoniosarabia" />no hay española, yanqui o francesa,<br />
ni más bonita ni más traviesa<br />
que la duquesa del duque Job.</p>
<p>¡Cómo resuena su taconeo<br />
en las baldosas! ¡Con qué meneo<br />
luce su talle de tentación!<br />
¡Con qué airecito de aristocracia<br />
mira a los hombres, y con qué gracia<br />
frunce los labios -¡Mimí Pinsón!</p>
<p>Si alguien la alcanza, si la requiebra,<br />
ella, ligera como una cebra,<br />
sigue camino del almacén;<br />
pero, ¡ay del tuno si alarga el brazo!<br />
¡Nadie lo salva del sombrillazo<br />
que le descarga sobre la sien!</p>
<p>¡No hay en el mundo mujer más linda!<br />
Pie de andaluza, boca de guinda,<br />
sprint rociado de Veuve Clicquot,<br />
talle de avispa, cutis de ala,<br />
ojos traviesos de colegiala<br />
como los ojos de Louise Theo.</p>
<p>Ágil, nerviosa, blanca, delgada,<br />
media de seda bien restirada,<br />
gola de encaje, corsé de crac,<br />
nariz pequeña, garbosa, cuca,<br />
y palpitantes sobre la nuca<br />
rizos tan rubios como el coñac.</p>
<p>Sus ojos verdes bailan el tango;<br />
nada hay más bello que el arremango<br />
provocativo de su nariz.<br />
Por ser tan joven y tan bonita,<br />
cual mi sedosa, blanca gatita,<br />
diera sus pajes la emperatriz.</p>
<p>¡Ah! Tú no has visto cuando se peina,<br />
sobre sus hombros de rosa reina<br />
caer los rizos en profusión.<br />
Tú no has oído que alegre canta,<br />
mientras sus brazos y su garganta<br />
de fresca espuma cubre el jabón.</p>
<p>Y los domingos, ¡con qué alegría!,<br />
oye en su lecho bullir el día<br />
¡y hasta las nueve quieta se está!<br />
¡Cuál se acurruca la perezosa<br />
bajo la colcha color de rosa,<br />
mientras a misa la criada va!</p>
<p>La breve cofia de blanco encaje<br />
cubre sus rizos, el limpio traje<br />
aguarda encima del canapé.<br />
Altas, lustrosas y pequeñitas,<br />
sus puntas muestran las dos botitas,<br />
abandonadas del catre al pie,</p>
<p>Después, ligera, del lecho brinca,<br />
¡oh quién la viera cuando se hinca<br />
blanca y esbelta sobre el colchón!<br />
¿Qué valen junto de tanta gracia<br />
las niñas ricas, la aristocracia,<br />
ni mis amigas del cotillón?</p>
<p>Toco; se viste; me abre; almorzamos;<br />
con apetito los dos tomamos<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 141px; height: 152px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/CasaDeLosAzulejos.jpg?t=1234754093" alt="CasaDeLosAzulejos.jpg picture by antoniosarabia" />un par de huevos y un buen beefsteak,<br />
media botella de rico vino,<br />
y en coche, juntos, vamos camino<br />
del pintoresco Chapultepec.</p>
<p>Desde las puertas de la Sorpresa<br />
hasta la esquina del Jockey Club,<br />
no hay española, yanqui o francesa,<br />
ni más bonita ni más traviesa<br />
que la duquesa del duque Job.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Lo mejor de Los Convidados, parte segunda.</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Oct 2008 19:48:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía arábigoandaluza]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía española]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía griega contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Boabdil]]></category>
		<category><![CDATA[Lauren Mendinueta]]></category>
		<category><![CDATA[Odiseas Elytis]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Herrera Peralta]]></category>
		<category><![CDATA[William Ospina]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta semana, para festejar nuestro primer aniversario, continuamos con una presentación de los mejores poemas reunidos en Los Convidados durante estos primeros doce meses de vida. Disfrútenlos.   De William Ospina y el soneto al instante, Marzo 2/08. LOPE DE AGUIRRE Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado. Aparto con las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana, para festejar nuestro primer aniversario, continuamos con una presentación de los mejores poemas reunidos en Los Convidados durante estos primeros doce meses de vida. Disfrútenlos.</p>
<p> </p>
<p>De <em>William Ospina y el soneto al instante</em>, Marzo 2/08.</p>
<p>LOPE DE AGUIRRE<br />
Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado.<br />
Aparto con las manos los enormes ramajes,<br />
Miro a solas las encendidas flores con forma de pájaros,<br />
La extrema contorsión de la serpiente herida<br />
Que las nubes parecen reflejar en el cielo.</p>
<p>Nada es piedad aquí, nada es dulzura.<br />
¿Si son crueles los monjes en los penumbrosos claustros de España,<br />
Si son degolladores los reyes y envenenadoras las reinas<br />
En sus artísticos salones llenos de lienzos y de lámparas,<br />
Si son perversos los obispos y lascivos los papas<br />
En la nube de mármol de sus tronos romanos,<br />
Si son despiadados los clérigos, que leyeron a Homero y a Séneca,<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/OspinaWilliam.jpg?t=1224443795" alt="OspinaWilliam.jpg picture by antoniosarabia" />Si son salvajes los capitanes que comen la carne cocida,<br />
Salpicada de jerez y de orégano,<br />
Si bajo Europa entera aúllan las mazmorras,<br />
Cómo puedo ser manso en estas tierras,<br />
Ceñido por las selvas impracticables,<br />
Lejos de esos palacios tapizados por la letra y la música?</p>
<p><span id="more-193"></span></p>
<p>He decidido ser un tigre.<br />
La selva invade el alma como un vino.<br />
Aquí no hay bien ni mal sino el zarpazo,<br />
La rauda flecha del halcón hacia la comadreja de aguas,<br />
El estupor del conejo salvaje ante el bostezo de la enorme serpiente,<br />
El salto de la hormiga roja escapando un instante de las fauces de la salamandra,<br />
La innumerable y cíclica y recíproca voracidad<br />
De la gran selva de oscuros dioses que se alimenta de sí misma como un dragón de fiebre.</p>
<p>El rey está muy lejos, gobernando sus yermos de Castilla,<br />
Sus puertos que miran al África, sus chambelanes obsequiosos,<br />
Sus espejos prietos de cortesanos, sus olivares retorcidos como doctrinas,<br />
Su orgullo salpicado de galeones, sus panoplias marchitas (en cada daga sangre de un viejo amigo)<br />
Y la tierra gime de leones españoles desde el río Sacramento hasta los arrozales de Manila,<br />
Desde las charcas fétidas del infierno hasta las últimas plumas de los ángeles.<br />
El rey es rey del mundo, pero la selva es mía,<br />
Y ese ojeroso príncipe de piel de cera y manos puntiagudas<br />
No podría avanzar con sus tacones de nácar por estos riscos de tristeza<br />
Donde la carne pierde toda esperanza;<br />
No podría aventar con sus abanicos de pavo real<br />
En los húmedos aires a estos mosquitos rojos que prodigan la fiebre,<br />
No hundiría jamás sus tobillos lechosos<br />
En los pantanos infestados de dientes.</p>
<p>Déjame a mí el palacio de estos atardeceres de tormento que se parecen a mi alma,<br />
Donde bestiales tropas me adoran de miedo,<br />
Donde debo mirarlos como un buitre para que no me maten,<br />
Donde los últimos ángeles de mi infancia se descomponen en las ciénagas tibias,<br />
Donde los hombres solos, desprendidos del barco de los siglos, aprender a ser crueles,<br />
A combatir el cielo a dentelladas, a recelar en el amor la emboscada.</p>
<p>Selva monumental, aire de flechas súbitas,<br />
Humaredas que traen olor de extrañas carnes,<br />
Ancianos indios extasiados de ojos amarillos<br />
Que miran como reyes o santos las vacías regiones del cielo;<br />
Y diente de jaguar para la suerte,<br />
Y montones de rojas semillas maceradas que me harán fértil,<br />
Y los senos oscuros que penden como frutos,<br />
Y la rana que se hunde en su reflejo, y bóvedas de frondas meciéndose en el agua.</p>
<p>Descendemos gritando por los ríos violentos en barcazas pesadas de odio;<br />
Sé que al darles la espalda, estos hombres me miran como perros,<br />
Sé que estoy afilando el cuchillo que pasarán por mi garganta.</p>
<p>Hemos dejado un rastro de cadáveres desde las sierras de Mérida,<br />
Por los llanos resecos, por las enloquecidas serranías,<br />
Un rastro de caseríos en llamas, alaridos de madres ya sin destino,<br />
Rostros atónitos debajo del agua que un remo empuja hacia el fondo,<br />
Pero qué puedo hacer si la selva me ha trastornado,<br />
Me reveló las bestias que habitaban mi carne,<br />
Si sólo sé mandar y codiciar todo lo que pueda ser mío<br />
Y aquí cada ramaje se opone a mis designios;<br />
Qué puedo hacer sino amasar el oro de estos pueblos brutales,<br />
Y ser el rey de sangre de estas tardes de lástima,<br />
Y poner al tucán de pico extravagante sobre mi hombro,<br />
Y coronar de flores como incendios mi cabeza aturdida,<br />
Y declarar la guerra a las escuadras imperiales que cubren los océanos,<br />
Con esta voz que grita en la selva y que jamás los alcanza,<br />
Y ser el rey de ultrajes</p>
<p>William Ospina (Padua, Colombia, 1954)</p>
<p> <br />
De <em>Sara Herrera Peralta gana el García Ramos</em>, marzo 29/08</p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]<br />
Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.<br />
Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos  para prepararnos. Y <img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 203px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/herrera.jpg?t=1224442377" alt="herrera.jpg picture by antoniosarabia" />después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos <br />
y los granos del adolescente.<br />
Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,  de los pájaros inventados, de los animales impuros.<br />
Éstos son los símbolos y ésta la luz.<br />
Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.  <br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,  <br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.<br />
Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia <br />
y yo, que no hablo de agonía, que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo, <br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.<br />
Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.  Los cielos nos protegerán.<br />
Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.<br />
Yo creo en todo eso.<br />
 Y más, allá, aún.<br />
Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España, 1980)</p>
<p> </p>
<p>De <em>Odiseas Elytis en el duodécimo aniversario de su muerte</em>, abril 6/2008</p>
<p>EL MONOGRAMA<br />
Es temprano todavía en este mundo, me oyes<br />
No han sido domesticados los monstruos, me oyes<br />
Mi sangre perdida y el aguzado, me oyes<br />
Puñal<br />
Que corre como carnero por los cielos<br />
Y quiebra las ramas de las estrellas, me oyes<br />
Soy yo, me oyes<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 201px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/elytis_odysseus.jpg?t=1224442507" alt="elytis_odysseus.jpg picture by antoniosarabia" />Te amo, me oyes<br />
Te tengo y te llevo y te visto<br />
Con el blanco traje nupcial de Ofelia, me oyes<br />
Dónde me dejas, a dónde vas y quién, me oyes<br />
Te toma de la mano por encima de los diluvios<br />
Enormes lianas y lava de volcanes<br />
Llegará el día, me oyes<br />
En que nos entierren y mil años después, me oyes<br />
Nos convertirán en rocas brillantes, me oyes<br />
Para que sobre ellas luzca la crueldad, me oyes<br />
Humana<br />
Y en cinco mil añicos nos arrojará, me oyes<br />
A las aguas uno a uno, me oyes,<br />
Mis amargos guijarros cuento, me oyes<br />
Y es el tiempo una gran iglesia, me oyes<br />
Donde a veces en las imágenes, me oyes<br />
De los santos<br />
Surgen lágrimas verdaderas, me oyes<br />
Y las campanas abren en lo alto, me oyes<br />
Un hondo pasaje que permite mi paso<br />
Aguardan los ángeles con cirios y fúnebres salmos<br />
No voy a ninguna parte, me oyes<br />
O ninguno o los dos juntos, me oyes<br />
Esta flor de la tormenta y, me oyes<br />
Del amor<br />
De una vez para siempre la cortamos, me oyes<br />
Y no habrá de florecer de otra manera, me oyes<br />
En otra tierra, en otra estrella, me oyes<br />
No existe el suelo, no existe el mismo aire, me oyes<br />
Que tocábamos, me oyes<br />
Y ningún jardinero tuvo la dicha en otros tiempos<br />
Después de tanto invierno y tantos vientos fríos, me oyes<br />
Que nazca una flor, sólo nosotros, me oyes<br />
Levantamos toda una isla, me oyes<br />
Con grutas y cabos y acantilados florecidos<br />
Oye, oye<br />
Quién habla a las aguas y quién llora -¿oyes?<br />
Quién busca al otro, quién grita -¿oyes?<br />
Soy yo que grito, soy yo que lloro, me oyes<br />
Te amo, te amo, me oyes.</p>
<p>Odiseas Elytis (Heraclión, Grecia, 1911-1996)</p>
<p> </p>
<p>De <em>La Vocación Suspendida&#8230; y reanudada</em>, abril 29,08</p>
<p>BOGOTÁ DESPUÉS DE UNA VISITA A HELENA IRIARTE<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 259px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/CIMG6852.jpg?t=1224444463" alt="CIMG6852.jpg picture by antoniosarabia" />No hay relación entre las cosas<br />
y aquello que las encarna.<br />
La realidad acaso es un vacío<br />
y el reflejo en los espejos<br />
la evidencia de su precariedad.<br />
Los nombres van por el mundo<br />
retratando la angustia de no ser lo que nombran.<br />
La gente corre afanada hacia el vagón del metro<br />
o el autobús porque la vida depende de un concepto.<br />
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,<br />
Pues no se puede llegar con retraso al destino.<br />
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?<br />
¿no serán un binomio inseparable,<br />
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?<br />
En estos temas, como en tantos otros,<br />
me atropella la retórica,<br />
y vuelvo a preguntarme si será posible<br />
nada más vivir.</p>
<p>Lauren Mendinueta, (Barranquilla, Colombia, 1977)</p>
<p> </p>
<p>De <em>Poemas de la España Musulmana</em>, julio 6/08.</p>
<p>La noche anida silenciosa en el pecho de la mañana,<br />
cuando caiga, equiparará<br />
al camellero de África y al porquerizo de Castilla<br />
con el que más brilló en el alto cielo.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 214px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Explorar.jpg?t=1224442858" alt="Explorar.jpg picture by antoniosarabia" />Añicos de tu corazón yacen en Córdoba y en Ronda;<br />
con Itimad se enterró el último.<br />
Para tus herederos no hay herencia,<br />
ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra, ni agua alegre.</p>
<p>Los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.<br />
La embriaguez de tu vida -caricia, espada y verso-<br />
se concluyen en esta resaca.<br />
Amar fue poseer:<br />
tu desafío no pueden mantenerlo<br />
manos cargadas de cadenas.<br />
Pregunta a Silves, donde empezó el gozo, si te recuerda.<br />
Aún las mismas palmeras se yerguen junto al mismo alcázar,<br />
la misma luna, el mismo río que reflejó la faz de Rumaiquiya.</p>
<p>Todo igual y sin ti, y tú igual sin todo.</p>
<p>Entre las albercas y los jardines, cuántos palacios para nada.<br />
&#8220;Responde Agmat&#8221;, repites, &#8220;¿Cabe en ti tal grandeza sin romperte?&#8221;<br />
Respóndeme tú a mí: ¿se rompe acaso<br />
de dolor tu memoria, triunfante siempre del ansiado olvido?</p>
<p>Una certeza te apacigua sólo:<br />
en el día de la resurrección tus ojos se abrirán otra vez en Sevilla.<br />
Pero para resucitar hay que morir: es lo que más deseas.</p>
<p>Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)</p>
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		<title>Lo mejor de Los Convidados, parte primera</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2008 14:18:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Mutis]]></category>
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		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
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		<description><![CDATA[Este jueves 16 de octubre Los Convidados cumplen un año de su presencia en la red. Esto nos induce a una pequeña celebración. Además de la obligada botella de Burdeos (en este momento me encuentro de viaje en una gira por Francia, estoy escribiendo estas líneas sobre el traqueteo de un TGV) que me beberé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este jueves 16 de octubre <em>Los Convidados</em> cumplen un año de su presencia en la red. Esto nos induce a una pequeña celebración. Además de la obligada botella de Burdeos (en este momento me encuentro de viaje en una gira por Francia, estoy escribiendo estas líneas sobre el traqueteo de un TGV) que me beberé esta noche a la salud de todos ustedes, se me ocurre que la mejor manera de festejarlo es hacer una entrada (o dos, o tres, según lo que encuentre más adelante) con los poemas que más he disfrutado transcribir durante estos primeros doce meses de vida. Vamos a ver&#8230; Los primeros versos del blog correspondieron, no podía ser de otro modo, a la pluma de Lauren Mendinueta. Aquí está el que he elegido de aquella entrada:</p>
<p> </p>
<p>De <em>Lauren Mendinueta</em>, octubre 25/07</p>
<p>LA FELICIDAD<br />
La felicidad, como tantas otras cosas,<br />
depende de los reflujos de la mente.<br />
Pero ese vaivén de la memoria lo gobierna el azar,<br />
y por fatalidad he vivido dando rodeos<br />
acercándome quizás, sin alcanzar lo memorable,<br />
una y otra vez cayendo en lo peor de lo vivido.<br />
¿Acaso la felicidad está en lo más próximo,<br />
en lo que no es memoria sino llana realidad?<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 121px; height: 120px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/LauMendinueta.jpg?t=1223905804" alt="LauMendinueta.jpg picture by antoniosarabia" />Si es así no hay esperanza<br />
pues para llegar a lo más cercano<br />
hay que transitar por el camino más largo,<br />
que dicho sea de paso, es el más difícil.<br />
La felicidad, como un legítimo tesoro,<br />
espera en el fondo<br />
de lo ríos más caudalosos de la memoria.<br />
Sólo en esos acuosos mantos existe con pureza.<br />
Aunque en tierras cotidianas contemos con réplicas exactas<br />
dispuestas en vitrinas a precios caprichosos.<br />
Si alguno codicia las auténticas joyas<br />
tiene que sumergirse en innumerables aguas,<br />
sortear atroces peligros, arriesgarse.<br />
Pero que entienda de antemano<br />
que los tesoros verdaderos no son hallazgos de la voluntad.<br />
Yo prefiero abandonarme al azar,<br />
tal vez un día aparezca ahogada en buenas aguas.</p>
<p>Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977)</p>
<p><span id="more-159"></span></p>
<p> <br />
De <em>Una tarde con Ludwig Zeller</em>, noviembre 3 del 2007</p>
<p>Por el camino veo que mi padre se acerca<br />
con los brazos abiertos. Él está muerto, pienso, ¿cómo<br />
puede encontrarse aquí? Ríe de mis dudas chupando el humo<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 156px; height: 159px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/zeller1.jpg?t=1223941611" alt="zeller1.jpg picture by antoniosarabia" />de la pipa de ámbar. Salen figuras y el tabaco<br />
que arde suspende en lo alto luces como signos<br />
que al reflejarse pulen los espejos de aquel ojo interior.</p>
<p>Yo me río también. Éstos son los paisajes que he soñado,<br />
esa ciudad invisible en la que vago escuchando las voces,<br />
recorriendo las calles desoladas de ese cotidiano laberinto<br />
que rodea la arena.<br />
Mi padre tiene que partir.<br />
Me abraza. Saca un pájaro que habla desde el pecho.<br />
Golpea con el báculo y los caminos se abren:<br />
ahora escucho que sobre mi hombro izquierdo un ave misteriosa,<br />
transparente, ha empezado a cantar.</p>
<p>Ludwig Zeller (Rio Loa, Chile, 1927)</p>
<p> <br />
De <em>Álvaro Mutis</em>, noviembre 27/07</p>
<p>UN BEL MORIR<br />
De pie en una barca detenida en medio del río<br />
cuyas aguas pasan en lento remolino<br />
de lodos y raíces,<br />
el misionero bendice la familia del cacique.<br />
Los frutos, las joyas de cristal, los animales, la selva,<br />
reciben los breves signos de la bienaventuranza.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 155px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/16.jpg?t=1223906489" alt="16.jpg picture by antoniosarabia" />Cuando descienda la mano<br />
habré muerto en mi alcoba<br />
cuyas ventanas vibran al paso del tranvía<br />
y el lechero acudirá en vano por sus botellas vacías.<br />
Para entonces quedará bien poco de nuestra historia,<br />
algunos retratos en desorden,<br />
unas cartas guardadas no sé dónde,<br />
lo dicho aquel día al desnudarte en el campo.<br />
Todo irá desvaneciéndose en el olvido<br />
y el grito de un mono,<br />
el manar blancuzco de la savia<br />
por la herida corteza del caucho,<br />
el chapoteo de las aguas contra la quilla en viaje,<br />
serán asunto más memorable que nuestros largos abrazos.</p>
<p>Álvaro Mutis (Bogotá, Colombia, 1923)</p>
<p> <br />
De <em>Los poetas de Daniel Mordzinski</em>, diciembre 05/07</p>
<p>LOS VERDES TIGRES DEL MAR<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 155px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/41572_WILLIAM-OSPINA2.jpg?t=1223906974" alt="41572_WILLIAM-OSPINA2.jpg picture by antoniosarabia" />Nadie sino yo los ha visto. A nadie he contado que existen.<br />
Volverían a decir que estoy loco, que mi madre murió en un asilo<br />
que mi padre era un borracho sin remedio.</p>
<p>William Ospina (Padua, Colombia, 1954)</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> <br />
De <em>Traducciones del Portugués</em>, diciembre 15/07</p>
<p>VIVIR SIEMPRE TAMBIÉN CANSA<br />
El sol es siempre el mismo, y el cielo azul<br />
ora es azul, nítidamente azul,<br />
ora es ceniza, negro, casi verde&#8230;<br />
mas nunca de color inesperado.</p>
<p>El mundo no se modifica.<br />
Los árboles dan flores,<br />
hojas, frutos, pájaros,<br />
como máquinas verdes.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 226px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Jose_gomes_ferreira.jpg?t=1224083938" alt="Jose_gomes_ferreira.jpg picture by antoniosarabia" />Los paisajes tampoco se transforman.<br />
No cae nieve escarlata,<br />
ni planean las flores,<br />
la luna no tiene ojos<br />
y nadie va a pintarle ojos a la luna.</p>
<p>Todo es igual, mecánico, exacto.</p>
<p>Y por supuesto los hombres son los hombres.<br />
Eructan, beben, ríen y digieren<br />
sin imaginación.</p>
<p>Y hay barrios miserables, siempre iguales,<br />
discursos de Mussolini,<br />
guerras, orgullos desquiciados,<br />
autos de carreras&#8230;</p>
<p>!Y me obligan a vivir hasta la muerte!</p>
<p>¿Qué no sería más humano<br />
morir un pedacito<br />
de cuando en cuando<br />
y recomenzar más tarde<br />
hallando todo nuevo?</p>
<p>¡Ah! Si pudiese suicidarme por seis meses,<br />
morir encima de un diván<br />
con la cabeza puesta en una almohada,<br />
y la confianza y la serenidad que da saber<br />
que me velabas tú, mi amor del Norte.</p>
<p>Cuando alguien viniera a preguntar por mí,<br />
le dirías con esa tu sonrisa<br />
donde arde un corazón en melodía<br />
&#8220;matose esta mañana<br />
y no va a resucitar ahora<br />
por una bagatela.&#8221;</p>
<p>Y vendrías después, muy suavemente,<br />
a velar por mí, sutil y cuidadosa,<br />
andando de puntillas para no despertar<br />
a la muerte aún pequeñita en mi garganta.</p>
<p>José Gómes Ferreira (Porto, Portuugal, 1900-1985)</p>
<p> <br />
De <em>Poemas para despedir el año</em>, diciembre 29/07)</p>
<p>Se me extravió tu nombre en el recuerdo.<br />
He perdido tu nombre<br />
en ese sitio ambiguo en donde quedan<br />
aún tantas cosas tuyas.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 194px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Closeup5.jpg?t=1223906268" alt="Closeup5.jpg picture by antoniosarabia" />Ahí está tu sonrisa, por ejemplo,<br />
-¿era esa tu sonrisa?-, y tus ojos cansados<br />
de mis intemperancias,<br />
y la esquiva tibieza de tu carne,<br />
y tu silueta desnuda recortada<br />
contra la tenue cortina de donde provenía<br />
la incierta luz del alba.<br />
Tú fumabas junto a la ventana,<br />
recuerdo tus pechos desafiantes,<br />
sus altivos pezones expuestos a mis ansias,<br />
tu perfil pensativo que exploraba<br />
por entre los traslúcidos pliegues de la gasa<br />
el difuso contorno de los árboles<br />
en la indecisa madrugada.<br />
Recuerdo también que te volviste<br />
y el timbre de tu voz y tu mirada<br />
al decirme que ya no era posible<br />
continuar con lo nuestro, que deseabas<br />
ser libre como antes y seguir con tu vida<br />
lejos de nuestras incongruencias cotidianas.<br />
Ser libre, me dijiste pero, mira,<br />
te me quedaste presa en el recuerdo,<br />
aunque he olvidado tu nombre.</p>
<p>Antonio Sarabia (México D.F., México, 1944)</p>
<p> </p>
<p>De <em>Lenna Pappá, poeta o poetisa</em>, enero 5/08</p>
<p>DESDE SIEMPRE<br />
Caro se paga<br />
todo aquí abajo.<br />
Pesando, calculando<br />
el más pequeño aliento<br />
el movimiento más insignificante,<br />
pesando, calculando<br />
con la pasión amarga del avaro<br />
nos cobraron la existencia:</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 120px; height: 118px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/image002.jpg?t=1223940843" alt="image002.jpg picture by antoniosarabia" />Tanto el perfume malva de la violeta,<br />
los segundos fragantes de la menta,<br />
tanto por la blandura del céfiro<br />
y el zafiro del mar,<br />
tanto los pájaros, tanto los árboles,<br />
tanto la mano de la caricia,<br />
tanto el pie del baile,<br />
lo poco -como roce de ala- del amor,<br />
tanto el placer del rojo fruto entre los dientes<br />
tanto por el Lucero del alba de agosto.</p>
<p>Caro, caro se paga.<br />
Con la sangre tibia, con el cuerpo,<br />
con el alma impagable,<br />
con nuestra vida irrepetible, única,<br />
en deuda con la muerte anticipadamente pagada.</p>
<p>Lena Pappá (Atenas, Grecia, 1932)</p>
<p> <br />
De <em>El humor en el Siglo de Oro</em>, enero 11/08</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 218px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Lope.jpg?t=1223906819" alt="Lope.jpg picture by antoniosarabia" />Al expirar la pulga dijo &#8220;¡hay, triste <br />
por tan pequeño mal dolor tan fuerte!&#8221; <br />
&#8220;Oh, pulga, dije yo, dichosa fuiste <br />
detén el alma y a Leonor advierte <br />
que me deje picar donde estuviste <br />
y cambiaré mi vida por tu muerte&#8221;.</p>
<p>Lope de Vega (Madrid, España 1562-1635)</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> <br />
De <em>Una gravedad alegre</em>, enero 28/08.</p>
<p>IMITACIÓN DE HORACIO</p>
<p>a)</p>
<p>Si quieres un amor (más o menos) eterno, no descuides<br />
detalle ninguno.<br />
Afánate porque tenga la claridad y el peso de lo escrito.<br />
Algo que puedas reclamar.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/AntonioCisneros.jpg?t=1223906642" alt="AntonioCisneros.jpg picture by antoniosarabia" />Estipula los plazos. No te fíes de una sonrisa amable y sin<br />
motivo,<br />
ni de un deseo mayor que lo previsto en las horas del amor.<br />
No brindes la confianza, ni la tomes. Ama y sospecha del<br />
latido del día,<br />
del suspiro de la noche donde todo está escrito. Igual que<br />
en el papel.</p>
<p>b)<br />
Si optas en cambio, por un amor ligero (olor de hierba<br />
que cambia con la brisa)<br />
sumérgete en el caos de amar y ser amado.<br />
Y siente que cada media hora es (a su modo) una consistente<br />
eternidad.<br />
Antonio Cisneros (Lima, Perú, 1942)</p>
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		<title>Octavio Paz, el poeta en la minificción</title>
		<link>http://losconvidados.com/octavio-paz-el-poeta-en-la-minificcion/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 18:12:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Bioy Casares]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Luis Borges]]></category>
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		<category><![CDATA[Vicente Huidobro]]></category>

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		<description><![CDATA[En estas últimas semanas hemos venido reflexionando en Los Convidados sobre el tema de las minificciones. Con ese motivo recopilé aquí relatos brevísimos de Borges, Bioy, Cortázar, Arreola, Huidobro y varios más. Sin embargo, ayer me di cuenta de que, sin pensarlo, había dejado fuera a otro gran maestro del género: el poeta mexicano Octavio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estas últimas semanas hemos venido reflexionando en <em>Los Convidados</em> sobre el tema de las minificciones. Con ese motivo recopilé aquí relatos brevísimos de Borges, Bioy, Cortázar, Arreola, Huidobro y varios más. Sin embargo, ayer me di cuenta de que, sin pensarlo, había dejado fuera a otro gran maestro del género: el poeta mexicano Octavio Paz (ciudad de México, 1914-1998), premio Nobel de la Literatura el año de 1990.<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/octavio_paz2.jpg?t=1223229245" alt="octavio_paz2.jpg picture by antoniosarabia" /> Paz es más conocido por su vasta producción poética y ensayística pero, exceptuando la novela, su escritura abarca todos los demás géneros literarios. <em>Trabajos del Poeta</em>, de 1949, es una admirable incursión surrealista entre la prosa poética y el microrelato. Ninguno de sus espléndidos textos rebasa los treinta renglones. <em>¿Águila o Sol?</em>, de 1950, continúa por el mismo camino con pasajes apenas un poco más largos. Tenemos un bello ejemplo en el titulado <em>Dama Huasteca</em>:</p>
<p><em>Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye en el costado del hombre.</em><br />
Y es de otro de sus libros de esa misma época, <em>Arenas Movedizas</em>, del que transcribimos para ustedes este otro cuento corto, una auténtica joya que está entre nuestros favoritos de siempre.</p>
<p> <span id="more-143"></span><br />
EL RAMO AZUL</p>
<p>Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando la escalera pintada de verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó:</p>
<p>-¿Dónde va señor?<br />
-A dar una vuelta. Hace mucho calor.<br />
-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/OCTAVIOPAZ3.png?t=1223229733" alt="OCTAVIOPAZ3.png picture by antoniosarabia" />Alcé los hombros, musité &#8220;ahora vuelvo&#8221; y me metí en lo oscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopló un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.<br />
Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar la calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes percibí unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:<br />
-No se mueva , señor, o se lo entierro.<br />
Sin volver la cara pregunte:<br />
-¿Qué quieres?<br />
-Sus ojos señor -contestó la voz suave, casi apenada.<br />
-¿Mis ojos? ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme.<br />
-No tenga miedo señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos.<br />
-Pero, ¿para qué quieres mis ojos?<br />
-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules y por aquí hay pocos que los tengan.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Ptzcuaro1.jpg?t=1223229518" alt="Ptzcuaro1.jpg picture by antoniosarabia" />-Mis ojos no te sirven. No son azules, sino amarillos.<br />
-Ay, señor no quiera engañarme. Bien sé que los tiene azules.<br />
-No se le sacan a un cristiano los ojos así. Te daré otra cosa.<br />
-No se haga el remilgoso, me dijo con dureza. Dé la vuelta.<br />
Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma la cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.<br />
-Alúmbrese la cara.<br />
Encendí y me acerqué la llama al rostro. El resplandor me hizo entrecerrar los ojos. El apartó mis párpados con mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de los pies y me contempló intensamente.<br />
La llama me quemaba los dedos. La arrojé. Permaneció un instante silencioso.<br />
-¿Ya te convenciste? No los tengo azules.<br />
-¡Ah, qué mañoso es usted! -respondió- A ver, encienda otra vez.<br />
Froté otro fósforo y lo acerqué a mis ojos. Tirándome de la manga, me ordenó.<br />
-Arrodíllese.<br />
Mi hinqué. Con una mano me cogió por los cabellos, echándome la cabeza hacia atrás. Se inclinó sobre mí, curioso y tenso, mientras el machete descendía lentamente hasta rozar mis párpados. Cerré los ojos.<br />
-Ábralos bien -ordenó.<br />
Abrí los ojos. La llamita me quemaba las pestañas. Me soltó de improviso.<br />
-Pues no son azules, señor. Dispense.<br />
Y despareció. Me acodé junto al muro, con la cabeza entre las manos. Luego me incorporé. A tropezones, cayendo y levantándome, corrí durante una hora por el pueblo desierto. Cuando llegué a la plaza, vi al dueño del mesón, sentado aún frente a la puerta.<br />
Entré sin decir palabra.<br />
Al día siguiente huí de aquel pueblo.</p>
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		<title>Lauren Mendinueta o La Vocación Suspendida… y reanudada</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Apr 2008 22:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Juaristi]]></category>
		<category><![CDATA[Lauren Mendinueta]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Premios]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando conocí a Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977) una de las primeras preguntas que le hice fue si, en alguna parte de su pretigioso currículum vitae, existía una estadística sobre posibles suicidios entre sus lectores. A ella le hizo gracia la broma. Lauren es una mujer alegre, risueña, afable, afectuosa, simpática. Nada en su comportamiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando conocí a Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977) una de las primeras preguntas que le hice fue si, en alguna parte de su pretigioso currículum vitae, existía una estadística sobre posibles suicidios entre sus lectores. A ella le hizo gracia la broma.<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBZWgIpGKnI/AAAAAAAAAWE/6YDpTz2toyU/s1600-h/Mendinueta_8407%5B2%5D.JPG" rel="lightbox[31]"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5194434330294102642" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBZWgIpGKnI/AAAAAAAAAWE/6YDpTz2toyU/s320/Mendinueta_8407%5B2%5D.JPG" border="0" alt="" /></a><br />
Lauren es una mujer alegre, risueña, afable, afectuosa, simpática. Nada en su comportamiento habitual permite suponer la a duras penas contenida descarga emocional que nos desgarra en su obra. Su estilo es reflexivo, sobrio, conciso, desnudo de adornos que no estén vinculados a los grandes arquetipos elementales. Pero cada uno de sus versos nos sacude, nos estremece, con el suave y eléctrico trepidar de una tristeza, una desolación, un abandono que viene de muy atrás, de muy hondo, de muy lejos, y que remueve dentro de nosotros, como rozando las íntimas cuerdas de un diapasón ancestral, la evidencia de nuestro propio desamparo ante las insidias del tiempo, del desamor, de la soledad, del desarraigo y de la muerte.<br />
Esto se hace aún más patente en su más reciente trabajo, <em>La Vocación Suspendida</em>, que fue presentado el sábado 26 de abril durante la entrega del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos al que ella se hizo acreedora el año pasado.<a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBhKJIpGKqI/AAAAAAAAAWc/ubi7oYkxpQU/s1600-h/Portada+2.jpg" rel="lightbox[31]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5194983690970999458" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBhKJIpGKqI/AAAAAAAAAWc/ubi7oYkxpQU/s320/Portada+2.jpg" border="0" alt="" /></a> En él, la poeta llega a dudar del sentido de su propia vocación, sobre todo en el doloroso poema final. Sin embargo, es la escritura misma del poemario en el que la pone en entredicho lo que la alienta a reactivarla.<br />
En el último párrafo de su magnífico prólogo, Jon Juaristi, quien presentó el libro en la ceremonia de Albox, escribió:<br />
“<em>La vocación suspendida </em>es un poemario orgánico, cerrado, completo: una teoría del “dolorido sentir”,  tensa hasta el desgarramiento y, a la vez, contenida. Lo suficientemente contenida como para permitir una lectura analítica y serena, que no es poca virtud y maestría. Lauren Mendinueta se revela aquí como una de las voces más individualizadas de su generación. Una voz extraordinariamente madura, dueña de sus recursos, que ha sabido edificar una tradición a su medida, sin dejarse dominar por ella, sometiéndola a lo que debiera ser el proyecto de todo poeta auténtico: la creación de un personaje dotado de una vida moral autónoma. En la obra de esta joven autora latinoamericana, con una evidente vocación universal –no ya suspendida, sino activada por su residencia lisboeta-, se encuentran algunas de las claves de lo que será la mejor lÌrica del siglo XXI, en el que la poesía renueva su vigencia ancestral”.<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBZWx4pGKoI/AAAAAAAAAWM/R9HprsvwiyY/s1600-h/Lauren+firmando.jpg" rel="lightbox[31]"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5194434635236780674" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SBZWx4pGKoI/AAAAAAAAAWM/R9HprsvwiyY/s320/Lauren+firmando.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
Enhorabuena, Lauren, por tu nuevo poemario. Permítenos adjuntar, más abajo, una breve selección de los poemas que contiene. Seguro que lo agradecerán tus lectores.</p>
<p>ASÍ PASAN LOS AÑOS</p>
<p>Pasan los años,<br />
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,<br />
también yo he viajado.<br />
Como una partícula de polvo<br />
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.<br />
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,<br />
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde<br />
ha mirado hacia el mar<br />
buscando barcos olvidados por la neblina<br />
y que vuelven a la memoria,<br />
sin esperanza distinta de la muerte.</p>
<p>BOGOTÁ, DESPUÉS DE UNA VISITA A HELENA IRIARTE</p>
<p>No hay relación entre las cosas<br />
y aquello que las encarna.<br />
La realidad acaso es un vacío<br />
y el reflejo en los espejos<br />
la evidencia de su precariedad.<br />
Los nombres van por el mundo<br />
retratando la angustia de no ser lo que nombran.<br />
La gente corre afanada hacia el vagón del metro<br />
o el autobús porque la vida depende de un concepto.<br />
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,<br />
pues no se puede llegar con retraso al destino.<br />
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?<br />
¿no serán un binomio inseparable,<br />
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?<br />
En estos temas, como en tantos otros,<br />
me atropella la retórica,<br />
y vuelvo a preguntarme si será posible<br />
nada más vivir.</p>
<p>OLVIDO DE MÍ</p>
<p>Octubre ha llegado dominado por las lluvias,<br />
y los demás meses lo han seguido hasta aquí.<br />
De repente este amontonado tiempo lo ha llenado todo,<br />
el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso<br />
cuando en el verano me recuesto a leer.<br />
En mí no es posible el abandono del tiempo,<br />
la gracia que supone el olvido<br />
me hubiese salvado de esta invasión.<br />
Ahora debo caminar con cuidado<br />
para no maltratarme con tantos recuerdos.<br />
¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?<br />
Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.</p>
<p>LA TORRE DE MARFIL</p>
<p>El mundo es una torre de marfil, en vano<br />
busco una puerta en sus paredes curvas.<br />
Parezco una actriz representando a un borracho,<br />
camino tratando de hacer una línea recta,<br />
nunca eses. No soy una profesional<br />
de la actuación, ni siquiera me le parezco,<br />
pero caminaré tratando de hacer una línea recta.<br />
A veces me siento frente al ordenador y busco<br />
toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.<br />
Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre<br />
y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.<br />
Cuando me miro al espejo me sorprende lo común<br />
que parece mi rostro, y me digo:<br />
es bueno ser tan común, no te asustes.<br />
Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro<br />
las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.<br />
Y allí mismo, tecleando,<br />
trato de comprender<br />
por qué me siento libre en la jaula del pájaro.</p>
<p>EPITAFIO EN LOS DÍAS HABITUALES</p>
<p>Me pregunto cuál es la defensa de esta terca pasión,<br />
por qué no fui costurera, vendedora de cigarros, bailarina o actriz.<br />
Sobreviví por costumbre como las aves del cielo,<br />
nunca estimé la moda tanto como a los nenúfares en su limbo,<br />
visité catedrales y amé la inmovilidad de los cementerios.<br />
Magnífico hubiera sido elegir otras tareas<br />
y no esta vocación suspendida<br />
a la que la mente, de la mano del oficio, me arrastró.</p>
<p>LA VOCACIÓN SUSPENDIDA<br />
<span style="font-style:italic;">A Pierre Klossowski, in memoriam</span></p>
<p>No es honesto detenerme tratando de justificar con ideas<br />
lo que es vida en la vocación,<br />
ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica<br />
y la punta de la realidad.<br />
¿Cómo entender la pasión exclusiva por un oficio<br />
que lo remplaza todo, que todo lo justifica en su complacencia?<br />
Si escribo puede ser que alguna vez devele una verdad<br />
por las rutas adonde me arrastra mi sangre.<br />
Soy libre porque estoy presa en el engaño que supone todo misterio.</p>
<p>POÉTICA</p>
<p>Que mis poemas sean ligeros<br />
como hojas vivas<br />
que dibujan formas tenues<br />
sobre muros deslucidos,<br />
es un deseo estúpido,<br />
así lo siento.<br />
Espero más bien,<br />
que sean tan sólidos<br />
como el puente de mis pies<br />
en los sombríos caminos de la tierra.</p>
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