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	<title>Los Convidados &#187; Poesía española</title>
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	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
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		<title>De Ida y Vuelta</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 12:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, De Ida y Vuelta, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la noche en Albox, Almería, se entregó el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009 a Rubén Díez Tocado y, como es costumbre, se presentó al mismo tiempo la edición impresa del libro galardonado el año anterior, <em>De Ida y Vuelta</em>, de la poeta andaluza radicada en París Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España 1980).</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 238px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/SARAT3.jpg?t=1240675425" alt="SARAT3.jpg picture by antoniosarabia" />Sara tuvo a bien invitarme a escribir el prólogo de su poemario, solicitud a la que accedí gustoso porque, además de la simpatía personal que me inspira su autora, <em>De Ida y Vuelta</em> es una obra espléndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras españolas.</p>
<p>El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.</p>
<p>Saludo, pues, la aparición en las librerías españolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, <em>De Ida y Vuelta</em>, publicando el prólogo que le escribí junto a tres poemas del mismo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>PRÓLOGO</p>
<p>La épica de Gilgamesh menciona un pasaje subterráneo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las montañas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El héroe, abatido por la idea de la muerte, se empeña en tomarlo y después de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la árida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del útero marchito y agotado a la resurrección.<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 214px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Imagen1.png?t=1240675294" alt="Imagen1.png picture by antoniosarabia" /><em>Una vez creí que la vida estaba muerta </em>dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el héroe de la antigua épica, desciende -<em>me adentré en el túnel escaleras abajo</em>- para cumplir el mismo antiguo ritual iniciático en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que señalan los nombres de las paradas en la línea seis del metro de París. De <em>Nation</em> a <em>Charles de Gaulle-Étoile</em>. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar lúcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevará a la salida y, al alcanzarla, a la iluminación. Sus vivencias dan cuenta de un periplo más moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquetípico. Su testimonio no corrompe el símbolo, lo actualiza.<br />
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un auténtico &#8220;libro de poesía&#8221;, con una unidad temática particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesión y a una lógica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.<br />
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poesía iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en algún momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ahí, en ese terreno inasequible para el común de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuición, donde nace la poesía de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve años, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los demás miembros españoles de su generación: Carlos Contreras Elvira, Martín López Vega, Álvaro Tato, Fruela Fernández y Elena Medel.<br />
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.<br />
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. <em>La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta</em>, apunta.  Los títulos de estos otros poemas corresponden a los rótulos que las compañías aéreas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estación del Metro. El viaje, el desconsolado monólogo, continúa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, <em>la civilización escondida en los bolsillos</em>. Y al final del camino, en una celebración que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.<br />
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.<br />
Antonio Sarabia</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-747"></span><br />
</span><a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s1600-h/images-1.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183180795570569538" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5beM6cQUI/AAAAAAAAATY/yGOcudWprrY/s200/images-1.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[16. EDGAR QUINET]</p>
<p>Los dos. Cogidos de la mano. Intuyendo los vértigos venideros,<br />
los congeladores vacíos, las tardes de supermercado, las noches de cine,<br />
la rutina afrodisíaca.</p>
<p>Siempre hay una puerta que se abre. Otra que se encaja.<br />
Y en el andén, mientras todos permanecemos,<br />
ellos se separan y se vuelven los extremos del reloj. Puntuales. Modestos. Amables.</p>
<p>No existe el fuego donde no hay deseo. Ni estímulos primarios.<br />
Ni compromiso estudiado. Ni intención de nada.</p>
<p>La mitad visible y la invisible se separan. Los amantes.<br />
Ellos, que creyeron contar el uno con el otro,<br />
han destrozado todas las sábanas, todos los perfumes, todas las flores.</p>
<p>Y han ido a parar al fondo del océano.<br />
Han contado minutos.<br />
Son precipicios enfrentados.</p>
<p>Ya son andén. Ya son distancia.<br />
Ya no son nada.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>[17. GARE MONTPARNASSE]</p>
<p>Qué vanidad maldita la de los escarabajos que suben por las ventanas.</p>
<p>La lejanía del mar, ésa fue la primera culpa que sentí al pisar las calles<br />
y recorrer todos los vagones en dirección oblicua.</p>
<p>Saber que donde estemos podremos recordar<br />
es el consuelo de los expatriados.</p>
<p>La voz no queda lejos de cualquier rincón<br />
del mundo:</p>
<p>la ciudad no habría sido ésta,<br />
ni sus figuras, ni sus autores.</p>
<p>Yo llegué sin tiempo limitado,<br />
me acostumbré a sortear todos los vientos, las ráfagas, las malas rachas.</p>
<p>Y ahora me ven recorrer aceras,  pasar por el cielo y por la tierra,<br />
como una figura pequeña, sin olfato, ciega, que cree haber purificado<br />
el aire con la fuerza del miedo<br />
y la memoria.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s1600-h/images-3.jpeg" rel="lightbox[747]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183181177822658898" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R-5b0c6cQVI/AAAAAAAAATg/xFdToFV5FFw/s200/images-3.jpeg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]</p>
<p>Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.</p>
<p>Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos<br />
para prepararnos. Y después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos<br />
y los granos del adolescente.</p>
<p>Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,<br />
de los pájaros inventados, de los animales impuros.</p>
<p>Éstos son los símbolos y ésta la luz.</p>
<p>Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.<br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,<br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.</p>
<p>Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia<br />
y yo, que no hablo de agonía,  que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo,<br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.</p>
<p>Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.<br />
Los cielos nos protegerán.</p>
<p>Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.</p>
<p>Yo creo en todo eso.<br />
Y más, allá, aún.</p>
<p>Sara Herrrera Peralta</p>

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		<title>Rubén Díez Tocado gana el García Ramos 2009</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 20:52:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El VIII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos recayó este año en Rubén Díez Tocado, un joven poeta madrileño que participó con el seudónimo de &#8220;Herbert Casiopea&#8221;. Su poemario, La Nada Discontínua, se impuso a un nutrido grupo de competidores de todo el mundo (un total de 110 poemarios) entre los cuales concursaban algunos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 208px; height: 320px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/RUBN.jpg?t=1239655007" alt="RUBN.jpg picture by antoniosarabia" />El VIII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos recayó este año en Rubén Díez Tocado, un joven poeta madrileño que participó con el seudónimo de &#8220;Herbert Casiopea&#8221;. Su poemario, <em>La Nada Discontínua</em>, se impuso a un nutrido grupo de competidores de todo el mundo (un total de 110 poemarios) entre los cuales concursaban algunos autores de renombre.<br />
Díez Tocado, licenciado en derecho y profesor de inglés en un colegio de Torrejón de Ardoz, tampoco es un primerizo en distinciones literarias. En 1999 fue finalista en los premios Adonais e Hiperión de poesía y en el certamen Maria Agustina, de relato. En el 2002, obtuvo también un reconocimiento en el de la Fundación Barbara-Ansón.<br />
El nuevo galardón se le entregará dentro de unos días en Albox, sede del Instituto Martín García Ramos, que patrocina el evento, A continuación presentamos algunos poemas del libro premiado.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-705"></span></span><br />
AHORA Y QUIZÁ</p>
<p>Quién eres, qué hondo cieno de tinieblas<br />
te trajo, ahora mi casa es <em>una</em> casa,<br />
un hombre junto a mí te quiere muerto,<br />
la luna trae vestigios de esa hondura,<br />
una canción, un número son huella,<br />
me tapas brillos quedo en los umbrales,<br />
estás en las esquirlas y en los muebles,<br />
haces la tarde con tu voz de mundo,<br />
no hay libro entre mis libros que tu nombre<br />
no diga como torre de homenaje,<br />
como blanca palabra, como halcón<br />
de luz a igual distancia de mi pecho<br />
que el odio de tenerte y de ser otra,</p>
<p>ahora mis días son morosa lluvia<br />
que elude el suelo, huyendo de la muerte,<br />
ahora la muerte existe -fue un atisbo-,<br />
ahora es ahora, y sólo, y para siempre,<br />
sólo quiero estar viva y parecerlo,<br />
saber de mí y atravesar las noches<br />
como una alondra refulgente y sola,<br />
saber de dónde vengo, por qué hurgo<br />
la tierra que sostiene mis dominios,</p>
<p>quizá mi suelo firme era nenúfar,<br />
mi cauto cielo de papel pintado,<br />
mis manos la silueta de otras manos,<br />
-manchadas con mi piel, pero implacables-,<br />
quizá mi cuerpo un torreón de hojas,<br />
la dicha un himno soñoliento y huero,<br />
una cantata repetida y pobre<br />
mi instinto, mi hondo ánimo, mi grito,</p>
<p>quizá no seas más que un rojo estanque<br />
donde se estira el fuego del ocaso,<br />
quizá tu voz es brote de colmillos,<br />
un teatro brutal tu pasión ciega,<br />
siendo como eres saco de preguntas,<br />
flecha esmerada, síntoma del hielo,<br />
barranco donde arrojo cuanto no hago,</p>
<p>tu doble condición es del espejo,<br />
minotauro de amor a manos llenas,<br />
¿qué le traes a mi vida entre lavandas<br />
y mujeres remotas, tan concreto?,<br />
¿existes en mi voz o bajo tierra?<br />
¿quién puedo ser contigo acorralada<br />
contra los muros altos de tu fuerza?,<br />
¿hay aire para mí en ese destino?</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
PREGUNTAS</p>
<p>Me odias por haber aparecido,<br />
ahora tus días son islotes lentos,<br />
rezas por que me parta o se me trague<br />
la pantera silente de las noches,<br />
quisieras verme extinto, en otra parte,<br />
volver al tiempo en que yo era un indicio<br />
de fuego en el tarot, la voz surgida<br />
del fondo de aquel sueño al alba rota,<br />
la puerta sin los goznes de la casa que ha muerto;</p>
<p>ahora tus días tiemblan como pozos,<br />
te preguntas quién soy, qué estoy haciendo,<br />
y la respuesta es cruda como un hacha;<br />
guardas filosa el arma de un secreto,<br />
duelo como un anuncio, ardo a oscuras,<br />
pero tienes tesón y eso me curte,</p>
<p>quién eres, por qué agitas<br />
el agua largamente estancada,<br />
pareces inquirir tras esa mesa,<br />
bajo mi pecho, náufraga en mi hambre,<br />
y son preguntas para las que existe<br />
un vacío temblor y el tiempo todo.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
ÉL</p>
<p>Hazte a un lado, no mires el destello<br />
hondo de lo que soy, te estoy matando,<br />
puede que no conteste a tu llamada,<br />
si a veces me distancio es porque huyo,<br />
parto por un momento hacia el confín<br />
para buscarme, regresar al rastro<br />
trillado donde habita la que he sido,<br />
allí todo es seguro, los objetos<br />
me reconocen, soy uno de ellos,<br />
una casa es <em>mi</em> casa y hay un hombre,<br />
creía conocerme y no buscaba,<br />
sabía la verdad y la vestía,<br />
era feliz de un modo en el que sólo<br />
pueden serlo las bestias, sin conciencia;<br />
espera que confirme la masacre,<br />
está dispuesto a ser lo que preciso<br />
sin sangre, sin ballestas, sin pasado,<br />
sin alcanfor, sin ratas que lo roan,<br />
es lo que es por mí, yo lo hice otro;<br />
era libre y murió: es todo mío.</p>
<p>Debilitado, hecho a las paredes<br />
de su presidio, pide que lo aten,<br />
pide piedad, implora que lo ate,<br />
y yo lo amarro con mis crines negras,<br />
mi metal negro, mis pupilas negras<br />
y un crudo corazón de obsidiana.<br />
Está vencido y solo, pero es mío.</p>
<p>A ti no puedo asirte, dices cosas<br />
que me inquietan, en ellas te idolatro,<br />
quiero lo más de ti sin retenerte,<br />
me pueblas como un reventón de hormigas,<br />
te amo como se ama a las tormentas.<br />
Libre me hieres, río descerrajado,<br />
y es de alas el mar de tu mensaje.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
EL REGALO</p>
<p>Vengo con pies de pluma, me he perdido<br />
por veredas con miedo y sal angostas,<br />
podrido y por momentos verdeante,<br />
entregado a la luz, hijo de pozos,<br />
lumbre en lo alto y corazón de espiga,<br />
roto por un relámpago de arenas;<br />
a pesar del dolor sigo el empeño<br />
(como la chimenea guardo ayeres)<br />
porque aprendí que ser es no doblarse,<br />
dura es la piedra y dura debe ser<br />
la mano que, temblando, la sostiene.</p>
<p>Hoy la tarde aletea, se me observa<br />
desde huecos que aguardan mi derrota,<br />
nada de cuanto piense evitará<br />
un acto: cae la fruta en agraz<br />
aunque el suelo y el árbol no lo quieran.<br />
Te he comprado un regalo, las paredes<br />
de mi cuarto lo acogen como a un hijo,<br />
trae luces de la calle y una brisa,<br />
pero has cerrado puertas y arde vacuo,<br />
octubre lo convierte en una ortiga,<br />
en primavera acoge floraciones<br />
de cadáver, lejano de sí mismo,</p>
<p>lloro para salvarme de ese otro,<br />
me lo quito enjugándolo en su centro,<br />
derrumbado parezco Alejandría<br />
tragada por la mar, Ícaro en llamas,<br />
caduceo partido en su costado,<br />
gris Poseidón varado en tus arenas.<br />
Pompeya muere y yo corto unas flores<br />
para Afrodita, sepultada en lava.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
LA DEFENSA</p>
<p>Nunca era el momento, siempre había<br />
una postergación, una distancia<br />
que paraba los besos y buscaba<br />
pretextos para hacerse más oscura.<br />
<em> Así no vamos a ninguna parte</em>,<br />
era la frase-claraboya cárdena<br />
de tanto golpearse contra el fondo,<br />
por ella nos medíamos,<br />
trinos y, al tiempo, solos,<br />
cada uno veía en ella<br />
su sombra deformada, sin saber<br />
de quién era la sangre<br />
que manchaba sus manos,<br />
¿la del amigo o la del enemigo?,<br />
¿la de ambos? La propia, era la propia.</p>
<p>La frase-claraboya-ojo de buey-<br />
ventanuco-vidriera-hondo cristal<br />
de desesperación y pesadumbre,<br />
así no fuimos a ninguna parte,<br />
y una parte de mí aún vaga a oscuras<br />
por sus largos perímetros sin fecha,<br />
redonda en sus recodos, ancha corre<br />
por sus amplios parajes sin amparo,<br />
valió de poco estar y no ser nada,<br />
el vaho de días amplios como estepas<br />
cuando apenas viví, y mi voz fue otra,<br />
para qué tanta frase en retahíla,<br />
tanto arsenal de voz sin asideros<br />
volcando su mensaje<br />
en las playas vacías,<br />
en puertos fantasmales donde aguardaba un humo.<br />
Ahora no estoy más vivo pero acaso<br />
no muero más allá del fin del día,<br />
sobreviviente atroz, como un incendio.</p>
<p>Me parece estar viendo un espejismo<br />
de manos claras, donde bebí barro.<br />
Cae la hoja otoñal. En ella arde<br />
el sol de los veranos, ya extinguido.</p>

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		<title>Eloy Santos, Eros y Lengua</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Mar 2009 16:58:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Eloy Santos (Salamanca, España, 1963) es una presencia indispensable en dondequiera que se reunan para departir entre autores, o con su público, los apasionados de la literatura y la poesía. Nuestros caminos se han cruzado varias veces en España y, hace unos días, lo volví a encontrar en Póvoa de Varzim, Portugal, donde estuvo invitado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eloy Santos (Salamanca, España, 1963) es una presencia indispensable en dondequiera que se reunan para departir entre autores, o con su público, los apasionados de la literatura y la poesía. Nuestros caminos se han cruzado varias veces en España y, hace unos días, lo volví a encontrar en Póvoa de Varzim, Portugal, donde estuvo invitado a los festejos del décimo aniversario de Correntes d&#8217;Escritas.<br />
<span class="outline"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 240px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Eloy1.jpg?t=1237122112" alt="Eloy1.jpg picture by antoniosarabia" /></span>Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Salamanca, Eloy vivió en Nápoles y en Roma buena parte de su vida, al grado de que sus primeros libros de poemas, <em>Lingue di Terra</em>, <em>Lingue di Mare</em> y <em>Nettunaria e altre Poesie</em> se publicaron en la lengua de Dante. Todo cambió en el 2003, cuando el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón concedió el premio Alonso de la Ercilla a su poemario <em>Donde Nadie Dice</em>. Desde entonces su producción en lengua española ha ido en aumento. Al libro premiado siguieron <em>El Libro de las OLas</em> y <em>Las Voces del Árbol</em>.<br />
Es, además de un inmenso placer, un gran honor para mí el que Eloy haya aceptado la invitación a participar en Los Convidados enviándonos algunos de sus poemas inéditos. Sin embargo, es imposible editar esta semana un nuevo post de poesía sin pensar en la gran poeta peruana Blanca Varela, fallecida en Lima, Perú, el pasado viernes 12 de marzo. Lauren Mendinueta le ha rendido un bello homenaje en su blog <a onclick="window.open('http://www.laurenmendinueta.com','','');return false;" href="http://www.laurenmendinueta.com">Inventario</a>. Nosotros quisieramos aprovechar la intervención de Eloy Santos en el blog, y sus aportaciones al género en el que tanto destacó Blanca Varela, para rendirle un modesto tributo.</p>
<p><span id="more-642"></span></p>
<p>EROS Y LENGUA<br />
(Tú y yo en el poema)</p>
<p><span class="outline"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 150px; height: 255px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Eloy3.jpg?t=1237122297" alt="Eloy3.jpg picture by antoniosarabia" /></span></p>
<p>I<br />
Sobre esta suave espuma tatuada<br />
en la piel del instante<br />
estuve un día.<br />
Estoy ya sólo en ti.<br />
Escucha:<br />
soy ahora huésped pájaro<br />
en la desnuda residencia de tu voz,<br />
nido fugaz de tu palabra mía.<br />
Inesperados, imposibles somos<br />
aquí en el verso, mudos en la blanca<br />
deriva de la letra en el papel.<br />
Náufragos del poema, cultivamos<br />
el jardín de nosotros sin nosotros,<br />
lo más cerca que yo nunca estaré de ti.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p>II</p>
<p>Para estar solo vine a tu mirada.<br />
Para abrazarme a ti sin dejar huella,<br />
pues caben muchos mundos en un hombre<br />
y en cada corazón muchos sentidos.<br />
Nuestra lengua de arena<br />
ha erigido un refugio entre las nubes,<br />
ha invocado volcanes, que duran lo que dura<br />
una vela encendida en el paciente<br />
silencio de un altar.<br />
¿Sabrás decir<br />
dónde estuviste,<br />
o sólo si estuviste<br />
alguna<br />
vez<br />
aquí?<br />
Pues he venido<br />
a tu mirada para estar más solo,<br />
para decir la herida de la lluvia<br />
que mana de los dos.</p>
<p>III<br />
El tacto de la voz duerme en la página<br />
como un minúsculo animal de invierno.<br />
Hasta que la sorpresa de tus ojos<br />
roce y despierte su caricia efímera,<br />
y vuelva entonces a la luz,<br />
intacto,<br />
este azar, entre tu vida y la mía,<br />
este amor entre extraños,<br />
pasajero<br />
como el gesto imprevisto que lo escribe<br />
y como nuestra vida,<br />
que se inclina al dictado de los vientos<br />
con la humildad del sauce.<br />
IV<br />
Ni a ti ni a mí nos pertenece el súbito<br />
temblor que ha atravesado este minuto.<br />
Un murmullo de lenguas y universos<br />
nos ha inventado en medio del poema,<br />
los dos cabos lejanos<br />
en la trama que vamos deshaciendo<br />
mientras,<br />
callada y dulce,<br />
nos deshace.</p>
<p>V<br />
Humo invisible, hilo en la mirada,<br />
agua profunda de la voz del tiempo,<br />
la misma sed de ser al otro lado de la hora.<br />
¿Hablas de mí?<br />
¿Hablo de ti?<br />
¿Qué somos?<br />
¿Un espejismo en llamas,<br />
o el umbral<br />
sin puerta de una tierra prometida?</p>
<p>VI<br />
Que yo no existes y que tú no existo:<br />
he aquí el nudo de nuestro desencuentro,<br />
la persona partida que nos llama<br />
al amor, a mentir la misma nube<br />
en el cielo poema, donde somos<br />
tiempo deletreado, vibración<br />
inasible, una estrella perdiéndose en la nada.</p>
<p>VII<br />
Aquí no hay lenguaje<br />
y sin embargo<br />
lenguaje nada más encontrará el viajero,<br />
un cepo de palabras enlazadas<br />
donde demora el mirlo del instante.<br />
No hay lenguaje en mis oscuras manos<br />
ni en el sol que las mira,<br />
y sin embargo<br />
se alzan claras al cierto aviso de la lengua:<br />
despiertan en tus ojos, son de nuevo<br />
cuencos de luz de mi jardín sombrío.<br />
Aquí no hay lenguaje<br />
y sin embargo<br />
sólo lenguaje queda, viejas llaves<br />
que el olvido sepulta<br />
en los hombres cansados y en los libros.</p>
<p>VIII<br />
Desaparezco en ti.<br />
Somos espuma<br />
en la insondable claridad del tiempo.</p>
<p><span class="outline"><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 200px; height: 150px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Eloy2.jpg?t=1237136175" alt="Eloy2.jpg picture by antoniosarabia" /></span></p>
<p>Espero que Eloy sepa disculparme si, a los versos que él envió para Los Convidados, añado yo este otro, uno de mis favoritos. Está tomado de su poemario Libro de Olas, publicado en el 2006 por la editorial asturiana Elogio del Horizonte.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p style="color: #ffffff;">.</p>
<p>CABALLERÍA DERROTADA</p>
<p>Ya me voy pareciendo al diccionario<br />
de los de los nombres que quise merecer y no supe.<br />
De aquellos años idos no conservo una lápida<br />
que diga el corto vuelo,<br />
las frentes humilladas<br />
de tantas sombras sin memoria, tantos<br />
cobijos en los sueños.</p>
<p>Los libros de la edad enmudecieron<br />
y no quedan testigos de ternura<br />
que me sepan decir una plegaria<br />
ronca por su derrota.</p>
<p>Como si nunca hubieran existido<br />
y sin embargo&#8230;,<br />
¡cuántas noches tristes<br />
tras las sordas murallas del olvido!</p>
<p>El resto es fácil: árboles que ardían,<br />
humo y cornejas, una oscura gruta<br />
esperando al final de las jornadas<br />
la imperceptible huella del dragón<br />
que allí nos devoró,<br />
y hoy es nosotros.</p>

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		<title>Lo mejor de Los Convidados, parte segunda.</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Oct 2008 19:48:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía arábigoandaluza]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía española]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía griega contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía hispanoamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Boabdil]]></category>
		<category><![CDATA[Lauren Mendinueta]]></category>
		<category><![CDATA[Odiseas Elytis]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Herrera Peralta]]></category>
		<category><![CDATA[William Ospina]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta semana, para festejar nuestro primer aniversario, continuamos con una presentación de los mejores poemas reunidos en Los Convidados durante estos primeros doce meses de vida. Disfrútenlos.   De William Ospina y el soneto al instante, Marzo 2/08. LOPE DE AGUIRRE Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado. Aparto con las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana, para festejar nuestro primer aniversario, continuamos con una presentación de los mejores poemas reunidos en Los Convidados durante estos primeros doce meses de vida. Disfrútenlos.</p>
<p> </p>
<p>De <em>William Ospina y el soneto al instante</em>, Marzo 2/08.</p>
<p>LOPE DE AGUIRRE<br />
Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado.<br />
Aparto con las manos los enormes ramajes,<br />
Miro a solas las encendidas flores con forma de pájaros,<br />
La extrema contorsión de la serpiente herida<br />
Que las nubes parecen reflejar en el cielo.</p>
<p>Nada es piedad aquí, nada es dulzura.<br />
¿Si son crueles los monjes en los penumbrosos claustros de España,<br />
Si son degolladores los reyes y envenenadoras las reinas<br />
En sus artísticos salones llenos de lienzos y de lámparas,<br />
Si son perversos los obispos y lascivos los papas<br />
En la nube de mármol de sus tronos romanos,<br />
Si son despiadados los clérigos, que leyeron a Homero y a Séneca,<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 240px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/OspinaWilliam.jpg?t=1224443795" alt="OspinaWilliam.jpg picture by antoniosarabia" />Si son salvajes los capitanes que comen la carne cocida,<br />
Salpicada de jerez y de orégano,<br />
Si bajo Europa entera aúllan las mazmorras,<br />
Cómo puedo ser manso en estas tierras,<br />
Ceñido por las selvas impracticables,<br />
Lejos de esos palacios tapizados por la letra y la música?</p>
<p><span id="more-193"></span></p>
<p>He decidido ser un tigre.<br />
La selva invade el alma como un vino.<br />
Aquí no hay bien ni mal sino el zarpazo,<br />
La rauda flecha del halcón hacia la comadreja de aguas,<br />
El estupor del conejo salvaje ante el bostezo de la enorme serpiente,<br />
El salto de la hormiga roja escapando un instante de las fauces de la salamandra,<br />
La innumerable y cíclica y recíproca voracidad<br />
De la gran selva de oscuros dioses que se alimenta de sí misma como un dragón de fiebre.</p>
<p>El rey está muy lejos, gobernando sus yermos de Castilla,<br />
Sus puertos que miran al África, sus chambelanes obsequiosos,<br />
Sus espejos prietos de cortesanos, sus olivares retorcidos como doctrinas,<br />
Su orgullo salpicado de galeones, sus panoplias marchitas (en cada daga sangre de un viejo amigo)<br />
Y la tierra gime de leones españoles desde el río Sacramento hasta los arrozales de Manila,<br />
Desde las charcas fétidas del infierno hasta las últimas plumas de los ángeles.<br />
El rey es rey del mundo, pero la selva es mía,<br />
Y ese ojeroso príncipe de piel de cera y manos puntiagudas<br />
No podría avanzar con sus tacones de nácar por estos riscos de tristeza<br />
Donde la carne pierde toda esperanza;<br />
No podría aventar con sus abanicos de pavo real<br />
En los húmedos aires a estos mosquitos rojos que prodigan la fiebre,<br />
No hundiría jamás sus tobillos lechosos<br />
En los pantanos infestados de dientes.</p>
<p>Déjame a mí el palacio de estos atardeceres de tormento que se parecen a mi alma,<br />
Donde bestiales tropas me adoran de miedo,<br />
Donde debo mirarlos como un buitre para que no me maten,<br />
Donde los últimos ángeles de mi infancia se descomponen en las ciénagas tibias,<br />
Donde los hombres solos, desprendidos del barco de los siglos, aprender a ser crueles,<br />
A combatir el cielo a dentelladas, a recelar en el amor la emboscada.</p>
<p>Selva monumental, aire de flechas súbitas,<br />
Humaredas que traen olor de extrañas carnes,<br />
Ancianos indios extasiados de ojos amarillos<br />
Que miran como reyes o santos las vacías regiones del cielo;<br />
Y diente de jaguar para la suerte,<br />
Y montones de rojas semillas maceradas que me harán fértil,<br />
Y los senos oscuros que penden como frutos,<br />
Y la rana que se hunde en su reflejo, y bóvedas de frondas meciéndose en el agua.</p>
<p>Descendemos gritando por los ríos violentos en barcazas pesadas de odio;<br />
Sé que al darles la espalda, estos hombres me miran como perros,<br />
Sé que estoy afilando el cuchillo que pasarán por mi garganta.</p>
<p>Hemos dejado un rastro de cadáveres desde las sierras de Mérida,<br />
Por los llanos resecos, por las enloquecidas serranías,<br />
Un rastro de caseríos en llamas, alaridos de madres ya sin destino,<br />
Rostros atónitos debajo del agua que un remo empuja hacia el fondo,<br />
Pero qué puedo hacer si la selva me ha trastornado,<br />
Me reveló las bestias que habitaban mi carne,<br />
Si sólo sé mandar y codiciar todo lo que pueda ser mío<br />
Y aquí cada ramaje se opone a mis designios;<br />
Qué puedo hacer sino amasar el oro de estos pueblos brutales,<br />
Y ser el rey de sangre de estas tardes de lástima,<br />
Y poner al tucán de pico extravagante sobre mi hombro,<br />
Y coronar de flores como incendios mi cabeza aturdida,<br />
Y declarar la guerra a las escuadras imperiales que cubren los océanos,<br />
Con esta voz que grita en la selva y que jamás los alcanza,<br />
Y ser el rey de ultrajes</p>
<p>William Ospina (Padua, Colombia, 1954)</p>
<p> <br />
De <em>Sara Herrera Peralta gana el García Ramos</em>, marzo 29/08</p>
<p>[28. CHARLES DE GAULLE-ÉTOILE]<br />
Qué hemos guardado en los rostros durante el trayecto.<br />
Qué vejez se apresuró y qué tintes cubrieron las almas de bienvenidas.<br />
Hemos oído hablar de perdedores, hemos contraído los huesos y los músculos  para prepararnos. Y <img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 203px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/herrera.jpg?t=1224442377" alt="herrera.jpg picture by antoniosarabia" />después llegaron los silbidos y la velocidad.</p>
<p>El vagón conoce la fiebre de los vagabundos <br />
y los granos del adolescente.<br />
Quién nos sostendrá en las calles. Quién hablará de insignias, de la vida corriente,  de los pájaros inventados, de los animales impuros.<br />
Éstos son los símbolos y ésta la luz.<br />
Las lenguas extranjeras sobrevivirán a nuestra marcha. Se derrumbarán las sombras.  <br />
Y nosotros, que creímos que también en la humedad conviven la palabra y la saliva,  <br />
pensaremos en los árboles extinguidos y en los muertos.<br />
Hacemos números. Cargamos la maleta. Mencionan la palabra misericordia <br />
y yo, que no hablo de agonía, que sé que no es éste el último vértigo ni el último miedo, <br />
que no oculto mi rostro, veo la luz al final del túnel.<br />
Los raíles y los andenes se parecen a mi vida buscando una lámina inconfesable.  Los cielos nos protegerán.<br />
Hay quien dijo que queda la luz, siempre, allá donde vayamos.<br />
Yo creo en todo eso.<br />
 Y más, allá, aún.<br />
Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, España, 1980)</p>
<p> </p>
<p>De <em>Odiseas Elytis en el duodécimo aniversario de su muerte</em>, abril 6/2008</p>
<p>EL MONOGRAMA<br />
Es temprano todavía en este mundo, me oyes<br />
No han sido domesticados los monstruos, me oyes<br />
Mi sangre perdida y el aguzado, me oyes<br />
Puñal<br />
Que corre como carnero por los cielos<br />
Y quiebra las ramas de las estrellas, me oyes<br />
Soy yo, me oyes<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 201px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/elytis_odysseus.jpg?t=1224442507" alt="elytis_odysseus.jpg picture by antoniosarabia" />Te amo, me oyes<br />
Te tengo y te llevo y te visto<br />
Con el blanco traje nupcial de Ofelia, me oyes<br />
Dónde me dejas, a dónde vas y quién, me oyes<br />
Te toma de la mano por encima de los diluvios<br />
Enormes lianas y lava de volcanes<br />
Llegará el día, me oyes<br />
En que nos entierren y mil años después, me oyes<br />
Nos convertirán en rocas brillantes, me oyes<br />
Para que sobre ellas luzca la crueldad, me oyes<br />
Humana<br />
Y en cinco mil añicos nos arrojará, me oyes<br />
A las aguas uno a uno, me oyes,<br />
Mis amargos guijarros cuento, me oyes<br />
Y es el tiempo una gran iglesia, me oyes<br />
Donde a veces en las imágenes, me oyes<br />
De los santos<br />
Surgen lágrimas verdaderas, me oyes<br />
Y las campanas abren en lo alto, me oyes<br />
Un hondo pasaje que permite mi paso<br />
Aguardan los ángeles con cirios y fúnebres salmos<br />
No voy a ninguna parte, me oyes<br />
O ninguno o los dos juntos, me oyes<br />
Esta flor de la tormenta y, me oyes<br />
Del amor<br />
De una vez para siempre la cortamos, me oyes<br />
Y no habrá de florecer de otra manera, me oyes<br />
En otra tierra, en otra estrella, me oyes<br />
No existe el suelo, no existe el mismo aire, me oyes<br />
Que tocábamos, me oyes<br />
Y ningún jardinero tuvo la dicha en otros tiempos<br />
Después de tanto invierno y tantos vientos fríos, me oyes<br />
Que nazca una flor, sólo nosotros, me oyes<br />
Levantamos toda una isla, me oyes<br />
Con grutas y cabos y acantilados florecidos<br />
Oye, oye<br />
Quién habla a las aguas y quién llora -¿oyes?<br />
Quién busca al otro, quién grita -¿oyes?<br />
Soy yo que grito, soy yo que lloro, me oyes<br />
Te amo, te amo, me oyes.</p>
<p>Odiseas Elytis (Heraclión, Grecia, 1911-1996)</p>
<p> </p>
<p>De <em>La Vocación Suspendida&#8230; y reanudada</em>, abril 29,08</p>
<p>BOGOTÁ DESPUÉS DE UNA VISITA A HELENA IRIARTE<br />
<img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 259px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/CIMG6852.jpg?t=1224444463" alt="CIMG6852.jpg picture by antoniosarabia" />No hay relación entre las cosas<br />
y aquello que las encarna.<br />
La realidad acaso es un vacío<br />
y el reflejo en los espejos<br />
la evidencia de su precariedad.<br />
Los nombres van por el mundo<br />
retratando la angustia de no ser lo que nombran.<br />
La gente corre afanada hacia el vagón del metro<br />
o el autobús porque la vida depende de un concepto.<br />
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,<br />
Pues no se puede llegar con retraso al destino.<br />
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?<br />
¿no serán un binomio inseparable,<br />
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?<br />
En estos temas, como en tantos otros,<br />
me atropella la retórica,<br />
y vuelvo a preguntarme si será posible<br />
nada más vivir.</p>
<p>Lauren Mendinueta, (Barranquilla, Colombia, 1977)</p>
<p> </p>
<p>De <em>Poemas de la España Musulmana</em>, julio 6/08.</p>
<p>La noche anida silenciosa en el pecho de la mañana,<br />
cuando caiga, equiparará<br />
al camellero de África y al porquerizo de Castilla<br />
con el que más brilló en el alto cielo.</p>
<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 160px; height: 214px;" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/Explorar.jpg?t=1224442858" alt="Explorar.jpg picture by antoniosarabia" />Añicos de tu corazón yacen en Córdoba y en Ronda;<br />
con Itimad se enterró el último.<br />
Para tus herederos no hay herencia,<br />
ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra, ni agua alegre.</p>
<p>Los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.<br />
La embriaguez de tu vida -caricia, espada y verso-<br />
se concluyen en esta resaca.<br />
Amar fue poseer:<br />
tu desafío no pueden mantenerlo<br />
manos cargadas de cadenas.<br />
Pregunta a Silves, donde empezó el gozo, si te recuerda.<br />
Aún las mismas palmeras se yerguen junto al mismo alcázar,<br />
la misma luna, el mismo río que reflejó la faz de Rumaiquiya.</p>
<p>Todo igual y sin ti, y tú igual sin todo.</p>
<p>Entre las albercas y los jardines, cuántos palacios para nada.<br />
&#8220;Responde Agmat&#8221;, repites, &#8220;¿Cabe en ti tal grandeza sin romperte?&#8221;<br />
Respóndeme tú a mí: ¿se rompe acaso<br />
de dolor tu memoria, triunfante siempre del ansiado olvido?</p>
<p>Una certeza te apacigua sólo:<br />
en el día de la resurrección tus ojos se abrirán otra vez en Sevilla.<br />
Pero para resucitar hay que morir: es lo que más deseas.</p>
<p>Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)</p>

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		<title>Poemas de la España Musulmana</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 21:08:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace tiempo que no se publica en este blog una entrada de poesía y ya la reclaman los aficionados al género. En esta ocasión quisiera hacer un breve recorrido por un mundo al que le tengo una afición particular: el de la poesía arábigo andaluza. Esos versos, plenos al mismo tiempo de delicadeza y de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace tiempo que no se publica en este blog una entrada de poesía y ya la reclaman los aficionados al género. En esta ocasión quisiera hacer un breve recorrido por un mundo al que le tengo una afición particular:<a href="http://i165.photobucket.com/albums/u74/TrianaTubes/xana/Al_Andaluz.jpg" rel="lightbox[40]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220018829696723442" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE7eADsafI/AAAAAAAAAds/6Fuw48RG1GI/s320/Al+Andaluz.jpg" border="0" alt="" /></a> el de la poesía arábigo andaluza. Esos versos, plenos al mismo tiempo de delicadeza y de fuerza, de timidez y de audacia, de pasión y de sabiduría, inspiraron no pocas páginas de mi novela <span style="font-style:italic;">El Retorno del Paladín</span> (Ediciones B, 2005). Algunos de sus lectores reconocerán en ellos incluso uno que otro epígrafe.</p>
<p><span id="more-40"></span></p>
<p>1</p>
<p>Aquí me tienes, señor.<br />
He renegado de cuanto<br />
contienen los gruesos libros.</p>
<p>He mellado<br />
el cortaplumas del escritorio<br />
y he roto los cálamos.</p>
<p>Ahora sé que el título de rey<br />
sólo se adquiere entre los hierros de las lanzas<br />
y entre las anchas hojas de los sables.</p>
<p>Al Radi Bi-llah Yazid (rey de Ronda, S. XI)</p>
<p>2</p>
<p>Mi pupila rescata lo que está preso en la página:<br />
lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro.</p>
<p>Ibn Ammar (Silves S. XI)</p>
<p>3</p>
<p>No me tachéis de inconsecuente porque mi corazón<br />
haya sido apresado por una voz que canta.<br />
Hay que estar serio unas veces y, otras, dejarse emocionar,<br />
como la madera de la que lo mismo sale el arco del guerrero<br />
y el laúd del cantor.<br />
Ibrahim Ben Utman (Córdoba, siglo XII)</p>
<p>4</p>
<p>Nada me turbó más que un pichón que zureaba<br />
sobre una rama, entre la isla y el río.<br />
Era su color de alfóncigo, de lapislázuli<br />
su pechuga, tornasolado su cuello, castaño su dorso<br />
y el extremo de las puntas de las alas.<br />
Hacía girar sobre el rubí de sus pupilas párpados de<br />
perla, y orillaba sus párpados una línea de oro.<br />
Negra era la aguda punta de su pico, como el cabo<br />
de un cálamo de plata mojado en tinta.</p>
<p>Se recostaba en el ramo del arak como en un trono,<br />
escondiendo la garganta en el repliegue del ala.</p>
<p>Mas al ver correr mis lágrimas la asustó mi llanto<br />
e, irguiéndose sobre la verde rama,<br />
desplegó sus alas y las batió en su vuelo,<br />
llevándose mi corazón. ¿Adónde? No lo sé.<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE85QkyVZI/AAAAAAAAAd8/HaPXe0xPrek/s1600-h/Espa%C3%B1a+Musulmana+8.jpg" rel="lightbox[40]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220020397498586514" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE85QkyVZI/AAAAAAAAAd8/HaPXe0xPrek/s320/Espa%C3%B1a+Musulmana+8.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Abu Hasan Ali Ben Hisn (Sevilla S. XI)</p>
<p>5</p>
<p>Los que no saben qué es amor me censuran porque te amo,<br />
pero, a mi juicio, tanto me da el que te injuria como el que se calla.<br />
Me dicen “has puesto de lado todo disimulo,<br />
antes te mostrabas a la gente celoso cumplidor de la ley religiosa”.<br />
Yo les digo que ocultar mi amor sería hipocresía<br />
y yo detesto a los hipócritas.<br />
¿Cuándo prohibió Mahoma mi amor?<br />
¿Consta acaso su ilegalidad en el claro texto revelado?<br />
Mientras no incurras en cosas prohibidas, por las que temas<br />
llegar al día de la resurrección con el rostro turbado,<br />
no hagas caso en materia de amor de lo que digan los censores<br />
y, por vida mía, me da igual que hablen a gritos o en voz baja.<br />
¿Es acaso responsable el hombre de algo que no ha elegido libremente?<br />
¿Por ventura el que se calla será reprendido por las palabras que no profirió?</p>
<p>Ibn Hazm (Córdoba 1022)</p>
<p>6</p>
<p>Me maravillo<br />
de la ingratitud del arco,<br />
porque no es leal<br />
con las palomas del boscaje.<br />
Cuando era rama<br />
fue su amigo<br />
y ahora que es arco<br />
las persigue.<br />
¡Así son las vicisitudes de los tiempos!</p>
<p>Ahmed Ibn Waddah “al Buqayra” (Murcia, S. XII)</p>
<p>7</p>
<p>Si hoy presto oídos<br />
escucho una música que viene de muy lejos,<br />
del pasado también,<br />
de cuanto ha muerto,<br />
de horas y signos distintos de los de hoy,<br />
y de otras vidas.</p>
<p>Quizás la nuestra<br />
-y nosotros mismos, no somos otra cosa que ella-<br />
no sea más que música<br />
porque todos fuimos alguna vez mejores,<br />
o más felices y más dignos:<a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE9UIXn8YI/AAAAAAAAAeE/H8biSw3R_Gc/s1600-h/Espa%C3%B1a+Musulmana+5.jpg" rel="lightbox[40]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220020859152363906" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE9UIXn8YI/AAAAAAAAAeE/H8biSw3R_Gc/s320/Espa%C3%B1a+Musulmana+5.jpg" border="0" alt="" /></a><br />
no obstante, toda música cesa…<br />
…hasta en nuestro recuerdo…<br />
toda música cesa…</p>
<p>Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)</p>
<p>8</p>
<p>La noche anida silenciosa en el pecho de la mañana,<br />
cuando caiga, equiparará<br />
al camellero de África y al porquerizo de Castilla<br />
con el que más brilló en el alto cielo.</p>
<p>Añicos de tu corazón yacen en Córdoba y en Ronda;<br />
con Itimad se enterró el último.<br />
Para tus herederos no hay herencia,<br />
ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra, ni agua alegre.</p>
<p>Los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.<br />
La embriaguez de tu vida –caricia, espada y verso-<br />
se concluyen en esta resaca.<br />
Amar fue poseer:<br />
tu desafío no pueden mantenerlo<br />
manos cargadas de cadenas.<br />
Pregunta a Silves, dónde empezó el gozo, si te recuerda.<br />
Aún las mismas palmeras se yerguen junto al mismo alcázar,<br />
la misma luna, el mismo río que reflejó la faz de Rumaiquiya.</p>
<p>Todo igual y sin ti, y tú igual sin todo.</p>
<p>Entre las albercas y los jardines, cuántos palacios para nada.<br />
“Responde Agmat”, repites, “¿Cabe en ti tal grandeza sin romperte?”<br />
Respóndeme tú a mí: ¿se rompe acaso<br />
de dolor tu memoria, triunfante siempre del ansiado olvido?</p>
<p>Una certeza te apacigua sólo:<br />
en el día de la resurrección tus ojos se abrirán otra vez en Sevilla.<br />
Pero para resucitar hay que morir: es lo que más deseas.</p>
<p>Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)</p>
<p>9</p>
<p>Hice de la desesperación mi castillo y mi coraza<br />
no quiero disfrazarme de víctima de la injusticia<br />
Más que todos los hombres vale para mí<br />
ese poquito que me permite no necesitar a nadie.<br />
Estando firmes mi religión y mi honor<br />
en nada tengo lo que se va de mi lado.<br />
El ayer se fue, el mañana no sé si lo alcanzaré:<br />
¿de qué voy a afligirme?<br />
Ibn Hazm (Córdoba 1022)<br />
<a href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE-j_aj2SI/AAAAAAAAAeM/AJqEn_Yzo5s/s1600-h/alhambra.jpg" rel="lightbox[40]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220022231138294050" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/SHE-j_aj2SI/AAAAAAAAAeM/AJqEn_Yzo5s/s320/alhambra.,jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<p>10</p>
<p>Si es el blanco es el color de los vestidos<br />
en Al Andaluz, cosa justa es.<br />
¿No me ves a mí, que me he vestido<br />
con el blanco de las canas<br />
porque estoy de luto por la juventud?<br />
Abu Hasan al Husri (siglo XII)</p>

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		<title>El humor en el Siglo de Oro (II)</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2008 14:58:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Podría iniciar esta entrada como Antoine de Saint Exupéry su novela Piloto de Guerra: Sin duda sueño. Estoy en la escuela. Tengo quince años. Resuelvo con paciencia mi problema de geometría. Sólo que yo no me recuerdo de quince años sino de doce, y no me veo tampoco resolviendo un problema de geometría, para los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Podría iniciar esta entrada como Antoine de Saint Exupéry su novela Piloto de Guerra: <span style="font-style:italic;">Sin duda sueño. Estoy en la escuela. Tengo quince años. Resuelvo con paciencia mi problema de geometría</span>. Sólo que yo no me recuerdo de quince años sino de doce, y no me veo tampoco resolviendo un problema de geometría, para los que además nunca tuve paciencia alguna, sino ante el borroso rostro de un profesor del que he olvidado el nombre. Sospecho que ni siquiera enseña literatura aunque, no sé por qué motivo, nos habla de un personaje del que yo aún no sabía nada: don Francisco de Quevedo y Villegas, poeta de una época para mí entonces oscura y remota: el siglo XVII. Por otra confusa razón que tampoco recuerdo ahora, el rey -entonces yo los imaginaba sentados en su trono al dirigirse a sus súbditos- intenta burlarse de él. Le dice que se murmura por ahí que es capaz de componer versos al instante y le exige una demostración. Don Francisco responde con sencillez: “Majestad, deme pie”. El monarca medita unos momentos. En vez de aportar la rima requerida, levanta una pierna ante las risas de sus cortesanos y extiende hacia Quevedo su fina zapatilla de cuero. El poeta, medio cojo, se inclina para rodear con un brazo el pie del monarca y le dice:<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFOSMdt_I/AAAAAAAAAO4/ZXaETUO5JxE/s1600-h/1981-1200-francisco-quevedo.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFOSMdt_I/AAAAAAAAAO4/ZXaETUO5JxE/s200/1981-1200-francisco-quevedo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158316166159906802" /></a><br />En esta humilde postura<br />parece ser, oh señor,<br />que yo soy el herrador<br />y vos la cabalgadura.</p>
<p>Nunca olvidé ni los versos ni la anécdota. ¿De dónde los habrá sacado aquel mágico maestro de mi infancia? Porque en todo lo que he leído después sobre el Siglo de Oro Español, y tarde cinco años estudiándolo a fondo para escribir mi novela Amarilis, nunca encontré la anécdota ni los versos atribuidos a Quevedo. Ahora me parece poco plausible que un rey tan ceremonioso como Felipe IV se hubiese prestado a ese tipo de chanzas con sus cortesanos y menos verosímil aún que cualquiera de ellos, aunque se tratara del mismísimo Quevedo, se atreviera a faltarle al respeto. Sin embargo aquella historia bastó para encandilarme. Mi amor por el siglo de oro nació, pues, y fue creciendo como una catedral alta y tortuosa, apoyada sobre una piedra falsa. Pero me impulsó a explorar poco después el teatro de la época. Las comedias de Tirso de Molina, por ejemplo, las leí, las devoré, en la biblioteca de la escuela como si fueran teveos.<br />No tardé mucho en toparme de nuevo con Quevedo. Tampoco recuerdo en dónde leí otra de sus pullas, ésta dirigida a un tal doctor don Juan Pérez de Montalbán, de quien ahora sé fue discípulo y amigo de Lope de Vega, al quien al morir éste dedicó una apología, la Fama Póstuma. A Quevedo no debe de haberle simpatizado mucho porque le escribió:</p>
<p>El doctor tú te lo pones,<br />el Montalbán no lo tienes,<br />con que, quitándote el “don”,<br />vienes a quedar… Juan Pérez</p>
<p>De aquellos días de infancia recuerdo también otra -que me suena a siglo de oro aunque tampoco he visto escrita y desconozco al autor- que oí decir a mi padre ante una efigie de San Martín de Tours que, a caballo, rasga su capa para compartirla con un mendigo que está muriendo de frío.<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGuiMduCI/AAAAAAAAAPQ/CF3uveDf5zw/s1600-h/SanMartinDeTours.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGuiMduCI/AAAAAAAAAPQ/CF3uveDf5zw/s200/SanMartinDeTours.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158317819722315810" /></a><br />Yo no soy como aquel santo<br />que dio media capa a un pobre,<br />toma de mi amor el manto<br />y si te sobra… que sobre.</p>
<p>Con Quevedo aprendí a gozar también el humor de su archienemigo, don Luis de Góngora y Argote, más fino y punzante pero igualmente implacable:</p>
<p>A don Diego del Rincón,<br />cojo, ciego y corcovado,<br />un hábito el Rey le ha dado<br />con encomienda en León.<br />Bien le vino al andaluz<br />que en tal Rincón, cosa es clara<br />que cualquiera se meara<br />si no le viera la cruz.</p>
<p>Esta otra, también de Góngora, se refiere a un fiasco íntimo. Las malas lenguas de la época sugerían que narraba el primer intento hecho por Felipe IV para consumar el matrimonio con su esposa doña Isabel de Borbón, recién desempacada de Francia.</p>
<p>Con Marfisa en la estacada<br />entrastes tan mal guarnido<br />que su escudo, aunque hendido,<br />no lo rajó vuestra espada.<br />Qué mucho, si levantada<br />no se vio en trance tan crudo,<br />ni vuestra vergüenza pudo<br />cuatro lágrimas llorar,<br />siquiera para dejar<br />de orín tomado el escudo.</p>
<p>Merecen también una mención sus riñas con Lope de Vega, de quien Góngora copiaba los romances moriscos cambiado los versos para burlarse de ellos. Por ejemplo, Lope concibe un personaje heroico, el moro Azarque, y le hace dirigirse a sus vasallos cuando está a punto de partir para la guerra:<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGEiMduBI/AAAAAAAAAPI/O2uhW8wDvKY/s1600-h/10ctos-lope-vega.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YGEiMduBI/AAAAAAAAAPI/O2uhW8wDvKY/s200/10ctos-lope-vega.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158317098167810066" /></a><br />Ensíllenme el potro rucio<br />del alcalde de los Vélez, <br />denme la adarga de Fez<br />y la jacerina fuerte, <br />una lanza con dos hierros, <br />entrambos de agudo temple, <br />aquel acerado casco<br />con el morado bonete…</p>
<p>Góngora pone a un villano en la misma situación:</p>
<p>Ensíllenme el asno rucio <br />del alcalde Antón Llorente, <br />denme un tapador de corcho <br />y el gabán de paño verde, <br />el lanzón en cuyo hierro <br />se han orinado los meses <br />el casco de calabaza<br />y el vizcaíno machete… </p>
<p>Y en la parte en la que el héroe se despide de su amada, Lope dice:</p>
<p>Acuérdate de mis ojos <br />que muchas lágrimas vierten <br />¡a fe que lágrimas suyas<br />pocas moras las merecen! </p>
<p>Y el villano de Góngora no se queda atrás:</p>
<p>Acuérdate de mis ojos <br />que están, cuando estoy ausente, <br />encima de la nariz<br />y debajo de la frente…</p>
<p>Al mismo Góngora se debe esta décima en la que hace mofa de las tercerías de Lope de Vega para con su amo, el duque de Sessa y de la voz popular que señala siempre lo mejor con la frase “es de Lope”.<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFjCMduAI/AAAAAAAAAPA/dp02N_i5kv8/s1600-h/25ctos-luis-gongora.jpg" rel="lightbox[17]"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R5YFjCMduAI/AAAAAAAAAPA/dp02N_i5kv8/s200/25ctos-luis-gongora.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5158316522642192386" /></a><br />Dícenme que terceros disolutos<br />cual suelen las livianas y ligeras <br />mujeres dar de putas en terceras,<br />aquestos, de terceros, dan en putos. <br />Si esto es verdad, aconsejarte quiero <br />que tu ingenio tercero y peregrino<br />en cosa que es tan vil no de ni tope. <br />Porque si das en puto de tercero <br />tomando lo nefando por divino <br />dirán luego en Castilla, &#8220;esto es de Lope&#8221;.</p>
<p>De Lope siempre me ha gustado esta octavilla. No resisto el incluirla, aunque pueda traerme alguna que otra protesta de las lectoras: </p>
<p>Hablando cierta persona<br />de los zapatos decía<br />que era bien hacerlos grandes<br />a las mujeres muy finas,<br />porque chicos hacen callos<br />y las damas resentían<br />que las hiciesen callar<br />aunque fuese solo un día.</p>
<p>Para terminar, lo que podría ser un epitafio burlesco para don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias. Acusado por Felipe III de utilizar su cargo público para enriquecerse, el marqués hizo gala de valor y entereza al ser decapitado en la Plaza Mayor. Está escrito por el conde de Villamediana</p>
<p>Aquí yace Calderón.<br />Pasajero, el paso ten,<br />Que en hurtar y en morir bien<br />Se parece al buen ladrón.</p>

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		<title>El humor en el Siglo de Oro</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 20:26:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[A principios del siglo XVII, haciéndose pasar por un caballero portugués de visita en la corte de España, Lope de Vega escribió una larga misiva a Don Luis de Góngora, quien a la sazón residía en Córdoba, avisándole que en Madrid acababa de hacerse público cierto desafortunado librillo que se le atribuía. Le aconsejaba darse [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A principios del siglo XVII, haciéndose pasar por un caballero portugués de visita en la corte de España, Lope de Vega escribió una larga misiva a Don Luis de Góngora, quien a la sazón residía en Córdoba, avisándole que en Madrid acababa de hacerse público cierto desafortunado librillo que se le atribuía. Le aconsejaba darse prisa en deshacer el malentendido porque la obra era tan mala que su fama de poeta no podría menos que sufrir ante tamaño infundio. El libro, que Lope mencionaba como “un cuaderno de versos desiguales y consonancias erráticas”, era en realidad la cumbre del culteranismo, <span style="font-style:italic;">Soledades</span>, a la que don Luis de Góngora consideraba con justa razón su obra maestra. Lope, fingiendo que nada sabía, continuaba su implacable crítica disfrazándola de buenas intenciones. No podía creer que semejantes tonterías se publicaran en su nombre, pero en el caso de que el libro fuera en verdad suyo le apenaba desengañarlo. No fuera suceder lo que con aquel loco de la bahía de Lisboa que se consideraba propietario de cuanto barco atracaba en el puerto. Su hermano, preocupado, hizo cuanto pudo por curarlo. Cuando al fin lo logró, el antiguo demente no sólo no le mostró agradecimiento, sino que no se lo perdonó jamás porque por su culpa había perdido todos aquellos barcos que le pertenecieron estando loco.<br />
Esta carta, modelo de humor, ironía y mala leche, es un espejo en el que se refleja ese ingenio burlón y pendenciero que tanto cultivaron, y que tanto envanecía, a los poetas del Siglo de Oro español.<br />
Si Lope de Vega era capaz de llegar a tan elaborados sarcasmos contra don Luis de Góngora, estaba bien correspondido por el malicioso cordobés que lo hacía el blanco preferido de sus sátiras.</p>
<p>Dicen que ha hecho Lopico<br />
contra mi versos adversos,<br />
mas si yo vuelvo mi pico<br />
con el pico de mis versos<br />
a ese Lopico lo-pico.</p>
<p>Cuando, poco después de recibir aquella carta, <a href="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fRjCMdt8I/AAAAAAAAAOg/wL9rx2zXVUk/s1600-h/G%C3%B3ngora.jpg" rel="lightbox[16]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5154318698363598786" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fRjCMdt8I/AAAAAAAAAOg/wL9rx2zXVUk/s200/G%C3%B3ngora.jpg" border="0" alt="" /></a>Góngora se mudó a Madrid para ejercer el cargo de capellán de su majestad, se fue a vivir a la callecita del Santo Niño Jesús, a unos cuantos pasos de la casa que Lope habitaba en la calle de Francos. Éste llevaba años ordenado sacerdote pero su vida amorosa transcurría sin recato entre los brazos de las grandes actrices de la época y los de su última musa, Marta de Nevares Santoyo, la dulce Amarilis. Eso dio pie a que el poeta cordobés escribiera sin faltar mucho a la verdad:</p>
<p>Cura que en la vecindad<br />
Vive con desenvoltura<br />
¿para qué llamarle cura<br />
si es la misma enfermedad?</p>
<p>Se ha dicho que hubo en realidad dos Góngoras: uno, ángel de luz, y el otro, ángel de tinieblas. Nadie ha calculado todavía, con un estudio profundo y riguroso, el daño y el provecho que el racionero cordobés hizo a la literatura castellana. Hoy, tratamos aquí sólo de su veta luminosa y popular. Hace unos meses cayó en mis manos un volumen de nuevos poemas atribuidos a él. De ahí entresacamos esta pequeña joya:</p>
<p>Mata a todos cuantos cura<br />
el médico Filiberto,<br />
y si alguno no se ha muerto<br />
es que le ha errado a la cura.</p>
<p>Y, hablando de médicos, viene al caso otro autor, andaluz también, aunque éste no de Córdoba sino de Sevilla y bastante menos conocido que Góngora: el doctor don Juan Salinas de Castro, excelente poeta, del que hemos recogido un epigrama dedicado a un fraile viejo, deshonesto y falto de dientes:</p>
<p>Vuestra dentadura poca<br />
dice vuestra mucha edad,<br />
y es la primera verdad<br />
que sale de vuestra boca.</p>
<p>Una de las características del Siglo de Oro, es que el empleo del ingenio, el arte de la palabra, no se circunscribía al círculo de los poetas conocidos. Hacer versos, signo de sofisticación, cultura y buen gusto, era oficio y placer de todos. Los nobles de la corte disputaban a Lope, Góngora, Quevedo y Ruiz de Alarcón el aplauso y reconocimiento de sus contemporáneos. El mismísimo rey, Felipe IV, se puso a escribir, con más entusiasmo que talento, una comedia. De su virrey en Nápoles, don Pedro Fernández de Castro Andrade y Portugal, conde de Lemos, a quien Cervantes dedicó una novela, nos ha quedado entre otros escritos una puya dirigida a Juan de Morales, el esposo de Josefa Vaca, apodada la Gallarda, una de las actrices de teatro más célebres de su época:</p>
<p>Con tanta felpa en la capa<br />
y tanta cadena de oro,<br />
el marido de la Vaca<br />
¿qué pude ser sino toro?</p>
<p>Pero entre los nobles brilló con luz intensísima y propia el Correo Mayor del rey, Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana. Sin duda uno de los ingenios más mordaces y prolíficos de su tiempo. Gran amigo y protector de Góngora, con quien compartía su pasión por los juegos de naipes, no le fue a la zaga al poeta cordobés en virulencia y socarronería. Su alta cuna le permitió, además, meterse sin temor con personajes que a los otros podían parecer demasiado encumbrados. Una de sus víctimas fue don Pedro Vergel, alguacil mayor de su majestad, de quien escribió después de verlo partir plaza una tarde de toros:</p>
<p>¡Qué galán que entró Vergel<br />
con cintillo de diamantes,<br />
diamantes que fueron antes<br />
de amantes de su mujer!</p>
<p>Al marqués de Malpica, tan callado, severo y ceremonioso, su habitual solemnidad no le salvó de las burlas del malicioso Villamediana.</p>
<p>Cuando el marqués de Malpica,<br />
Caballero de la Llave,<br />
con su silencio replica,<br />
dice todo cuanto sabe.</p>
<p>Ni siquiera el confesor de su majestad, el rey Felipe IV, el piadoso y reverendo fray Cirilo de San Juan, pudo escapar a su sorna:</p>
<p>Siempre, fray Cirilo, estás<br />
cansándonos acá afuera,<br />
¡quien en tu celda estuviera<br />
para no verte jamás!</p>
<p>Las malas lenguas rumoreaban, sin embargo, que el conde de Villamediana, tan gracioso, tan avispado, tan gentil, tan galante, tan generoso con las damas, tan engreído por sus pretendidos amores con la reina Isabel de Borbón, lo que a la postre tal vez le costaría la vida, aceptaba el favor de las mujeres sin por eso desdeñar a los hombres de su entorno. Hembra o varón, se decía, a él le daba igual. A eso se debe que el príncipe de Esquilache escribiera, después de haber leído una letrilla de Villamediana:</p>
<p>Luego que el papel leí<br />
con el me quise limpiar<br />
más púsome en que dudar<br />
que era del conde, y temí.</p>
<p>A eso se refiere también en esta cuartilla don Francisco de Quevedo y Villegas: en ella crea un equívoco entre el cargo de Correo Mayor y las singulares aficiones sexuales que se atribuían a Villamediana:</p>
<p>Que a ser conde hayáis llegado<br />
tan a prisa y tan sin costa,<br />
no es mucho, si por la posta<br />
habéis, conde, caminado.</p>
<p>Don Francisco de Quevedo fue, sin lugar a dudas, el poeta satírico más violento, agudo y desvergonzado de su época. Jamás hizo concesiones a nadie por cuestiones de sexo, edad o condición: clérigos y legos, nobles y plebeyos, débiles y poderosos todos quedaron expuestos, y todos sufrieron, sus terribles ironías. <a href="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fUMiMdt-I/AAAAAAAAAOw/aeCvHsPV1cA/s1600-h/Quevedo.jpg" rel="lightbox[16]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5154321610351425506" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fUMiMdt-I/AAAAAAAAAOw/aeCvHsPV1cA/s200/Quevedo.jpg" border="0" alt="" /></a>Dirigió muchas de sus sátiras a Góngora, a quien detestaba. Ese odio no se limitó llamarle “capellán del rey de bastos”, “verdugo de los vocablos”, “escoba de la basura de las musas del Parnaso” y hasta “almorrana de Apolo” entre otras lindezas. Cuando Villamediana murió y Góngora, viejo y enfermo, perdido el favor real, se encontró sin un centavo, Quevedo se dio el lujo de comprar la casa de la calle del Santo Niño Jesús, donde el cordobés habitaba, para darse el mezquino placer de echarlo. Luego, dentro de la vivienda, escribió que</p>
<p>Para perfumarla<br />
y desengongorarla<br />
de vapores tan crasos<br />
quemó, como pastillas, garcilasos.</p>
<p>Perdonemos a Quevedo esa falta de caridad para con aquel otro gran poeta de su generación y recordemos, en cambio, una graciosa letrilla que nada tiene que ver con su odio por el bardo cordobés sino con un marido cornudo que, al volver a su casa y encontrar a su esposa en brazos de otro, se venga hiriendo a su rival y cortándole la nariz:</p>
<p>¿Quién te persuadió a quitar<br />
al adúltero infeliz<br />
la nariz, pues la nariz<br />
no te pudo deshonrar?<br />
Tonto ¿qué has hecho al cortar<br />
lo que sólo sabía oler?<br />
Nada perdió tu mujer<br />
en esto, si lo has notado,<br />
pues al otro le ha quedado<br />
con qué volverte a ofender.</p>
<p>Pero comenzamos esta breve recopilación con una carta de Lope de Vega y vamos a terminarla con algunos versos del mismo Lope. Éste, aunque no desdeñaba zaherir de cuando en cuando a Góngora o a Juan Ruiz de Alarcón, a quien llamaba poeta rana, rana en la figura y rana en el estrépito, dedicaba menos su humor a personajes de carne y hueso y más hacia la sociedad que le rodeaba. En este verso se burla del sitio de reunión más popular de los nobles de la corte: el Prado</p>
<p>Llego a Madrid y no conozco el Prado<br />
y no lo desconozco por olvido<br />
sino porque me consta que es pisado<br />
por muchos que debiera ser pacido.</p>
<p>En este otro, remate de un soneto, Lope, bajo el seudónimo de fray Tomé de Burguillos, intenta convencer a una campesina de que deje de hacerse la difícil y se ponga a su alcance.<a href="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fR3SMdt9I/AAAAAAAAAOo/fsFR8_anR7g/s1600-h/Lope.jpg" rel="lightbox[16]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5154319046255949778" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OjkeqdANGa8/R4fR3SMdt9I/AAAAAAAAAOo/fsFR8_anR7g/s200/Lope.jpg" border="0" alt="" /></a> Su argumento final es un juego de palabras en el que está de nuevo implícita la crítica hacia la comunidad en que vive e insinúa la paulatina corrupción del imperio Español. Lo utilicé como epígrafe a la primera parte de mi novela <span style="font-style:italic;">Amarilis</span>:</p>
<p>Creeme Juana, y llámate Juanilla<br />
mira que la mejor parte de España<br />
pudiendo Casta, se llamó Castilla.</p>
<p>Más fecundo y menos malévolo que los otros, el humor de Lope se refiere muy seguido a situaciones ordinarias en las que la gracia está en el comentario ingenioso, pícaro y feliz del acontecimiento mismo:</p>
<p>Al expirar la pulga dijo “¡hay, triste<br />
por tan pequeño mal dolor tan fuerte!”<br />
“Oh, pulga, dije yo, dichosa fuiste<br />
detén el alma y a Leonor advierte<br />
que me deje picar donde estuviste<br />
y cambiaré mi vida por tu muerte”.</p>
<p>“Creo en Lope todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra”, decían sus contemporáneos. Yo, a menudo, me detengo a pensarlo y lo repito como un acto de fe. No nada más hacia Lope de Vega sino hacia todos aquellos otros poetas de su época que supieron llenar con humor e ironía tantas horas felices de mi adolescencia.</p>

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