Archivo de la Categoría “Narrativa hispanoamericana contempor√°nea”

Encontrarse con Elsa Osorio (Buenos Aires, Argentina, 1952)¬†dedmordzinzkyquaiesdeseine.jpg picture by antoniosarabiacuando el azar, ese ir y venir por aqu√≠ y por all√° inherente a nuestro quehacer literario,¬†nos permite coincidir en alguna parte del mundo es una felicidad muy grande.¬†Elsa es una mujer dulce, inteligente, curiosa, bien informada, con quien es un placer compartir desde una charla de caf√© hasta una mesa redonda.¬†Eso acaba de suceder en el XII Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n donde pasamos algunas muy agradables jornadas juntos. Elsa es una √°vida lectora de Los Convidados, “los domingos por la tarde en Buenos aires, me dice, antes de meterme en la cama”, y ya hemos publicado comentarios suyos en una que otra entrada. Hoy la tenemos por fin entre nosotros participando con un excelente relato de su libro Callej√≥n con Salida, que ofrece con much√≠simo gusto a los lectores de Los Convidados.

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Entre los invitados a la Primera Semana Internacional de Novela Hist√≥rica, celebrada del siete al diez de mayo en el marco de la feria del libro de Valladolid, me encontr√© con Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, Espa√Īa, 1960) al que me une una vieja y estrecha amistad y con quien tuve el placer de compartir una mesa redonda el s√°bado 9 por la noche.

Alfonso.jpg picture by antoniosarabiaAlfonso es tambi√©n un apasionado del siglo de oro espa√Īol; ha publicado dos hermosas novelas sobre el tema, Ladrones de Tinta (Ediciones B, 2004) y El Gabinete de las Maravillas (Ediciones B, 2006) cada una ganadora de un premio Espartaco de novela hist√≥rica. El s√°bado ambos nos divertimos en grande, espero que nuestro auditorio tambi√©n, tomando partido entre bromas y veras √©l por Cervantes y yo por Lope de Vega en las desavenencias que ambos sostuvieron durante sus vidas en aquel maravilloso y agitado siglo XVII.
Sin embargo, la más reciente novela de Alfonso, Las Caras del Tigre, publicada hace pocas semanas por Seix Barral, ocurre en pleno siglo XX y nada tiene que ver con la historia. Es un relato apasionante que anuda una intriga casi policiaca al origen de la especie humana y del que, sin traicionar los pormenores, ofrezco con la conformidad del autor uno de los primeros capítulos a los lectores de Los Convidados.
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Lauren Mendinueta public√≥ hace unos d√≠as en su blog Inventario un post que no he podido resistir la tentaci√≥n de transcribir, tanto por la injusticia cometida por un hom√≥nimo, que adem√°s comparte el mismo rango militar, del c√©lebre y entra√Īable personaje de Gabriel Garc√≠a M√°rquez como por la belleza del poema de Ignacio Urdaneta de Brigard, su v√≠ctima. Con el consentimiento expreso de Lauren lo reproduzco ahora para los lectores de Los Convidados. Abajo, una foto de Ignacio Escobar Urdaneta, despu√©s el texto de Lauren y luego el poema ya mencionado.

IgnacioEscobar1-1.jpg picture by antoniosarabiaCUANDO EL CORONEL AURELIANO BUEND√ćA MAT√ď A IGNACIO URDANETA DE BRIGARD yo ni siquiera hab√≠a nacido. Sin embargo la historia de esta infamia no deja de darme vueltas en la cabeza. Demasiada sangre ha corrido sobre Colombia, demasiadas vidas se han perdido por nada en un pa√≠s que merece una mejor suerte. No crean que estoy hablando de un hecho literario sacado de las p√°ginas de Cien A√Īos de Soledad. En absoluto. La coincidencia en el nombre y el rango de los militares es apenas un hecho anecd√≥tico y desafortunado.
Ignacio Escobar Urdaneta naci√≥ en Bogot√° en 1943. Seg√ļn datos recopilados por √©l mismo, sus ascendientes se remontaban a Teresa de √Āvila y Calder√≥n de la Barca. Hijo de una familia acomodada, pas√≥ buena parte de su juventud en Espa√Īa. Era un joven rebelde y contestatario que viv√≠a en confrontaci√≥n con la clase social a la que pertenec√≠a. Simpatizante del Bloque Socialista, pronto llam√≥ la atenci√≥n del gobierno represor de Misael Pastrana Borrero. El 23 de abril de 1974, a la salida de una corrida de toros en Zipaquir√°, fue capturado por las fuerzas secretas del gobierno. Esa misma noche fue asesinado por el coronel Aureliano Buend√≠a. Casi parece una broma de mal gusto que el nombre de su verdugo sea el de un personaje de la literatura y que su muerte haya coincidido con el aniversario de la de Miguel de Cervantes.
Est√©ticamente hizo parte de la Generaci√≥n Desencantada, movimiento literario colombiano que surgi√≥ en los a√Īos 70, y al que tambi√©n pertenecen Giovanni Quessep, Mar√≠a Mercedes Carranza, Jos√© Manuel Arango y Ra√ļl G√≥mez Jattin, por mencionar s√≥lo algunos nombres. El poema que publico a continuaci√≥n apareci√≥ en el √ļltimo n√ļmero de la revista de poes√≠a Alquitrave que dirige en Colombia el poeta Harold Alvarado Tenorio.
Ignacio Escobar Urdaneta ten√≠a apenas 31 a√Īos aquel fat√≠dico 23 de abril de 1974. Su muerte fue injusta, cruel, in√ļtil y nos priv√≥ de mucho.

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…………………………………..Jos√© Manuel Fajardo

………………………………….SEGUNDAS PARTES

…………………………………………………….a Antonio Sarabia

Se la presentaron en la inauguraci√≥n de una exposici√≥n de pintura, durante un viaje a Puerto Vallarta. Era alta y flaca, llevaba el pelo corto y te√Īido de rubio y un breve y ajustado vestido rojo cerrado por una provocadora cremallera que ascend√≠a, desde los muslos hasta el escote, como una invitaci√≥n al pecado. Me cont√≥ que al verla casi se qued√≥ sin aliento.
-Ten√≠a la boca grande y sonriente- me explic√≥ mientras su propia boca se abr√≠a en una sonrisa evocadora- y los ojos le brillaban de un modo que ni te imaginas. Y me miraba a m√≠. As√≠, directamente, como dici√©ndome: ¬Ņa qu√© esperas?
Fajardo3.jpg picture by antoniosarabia√Čl no quiso esperar ni un minuto m√°s. La invit√≥ a tomar una copa despu√©s de la inauguraci√≥n y ella dijo que s√≠. Acabaron subiendo las escalinatas del Caf√© des Artistes para platicar mientras sorb√≠an una magarita bien cargada de tequila y esperaban que les asignaran mesa. Por la ventana se ve√≠an las luces de las camionetas rancheras que circulaban por las estrechas calles amenazando con llevarse en sus parachoques la cal de las paredes. Ella le dijo que se llamaba Marieta justo en el momento en que dos conductores se enzarzaban en una agria disputa a la puerta del caf√©, y √©l pens√≥ que aquel nombre s√≥lo pod√≠a designar a quien viviera bajo los dictados de la pasi√≥n.
-Siempre me han perdido las pel√≠culas rom√°nticas- me confesar√≠a m√°s tarde-, esas mujeres que se entregan en cuerpo y alma y que tienen nombres que invitan a so√Īar. Como Ilsa o Lara, ya sabes, Casablanca, Doctor Zhivago… Es que tengo alma de atole, no lo puedo evitar.
Tantos a√Īos de vida en Guadalajara hab√≠an terminado por llenarle el habla de t√©rminos mexicanos y apenas si quedaba ya rastro alguno de su original acento espa√Īol. As√≠, entre ni modos y √≥rales, me vino a decir que aquella noche prometedora, tras la cena en el Caf√© des Artistes, hab√≠a terminado sin otra cosecha que un beso de despedida a la puerta de la casa donde ella viv√≠a, eso s√≠, tan apasionado como si estuviesen sentados al borde mismo de la cama. √Čl hubiera querido ir mas all√°, pero al menos era un primer paso.
Sin embargo, lo que prometía ser la obertura de un romance se convirtió en el continuo de una relación que no llevaba a ninguna parte. A veces, ella recostaba la cabeza sobre su hombro y apretaba con fuerza el brazo de él contra su pecho palpitante, sentados ante la imagen arrebolada del atardecer del Pacífico. Pero, de un modo u otro, la velada se resolvía sin ir más allá de unos besos apasionados.
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HIGADO DE GANSO

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Mi amigo Salim no es especialmente masoquista. Nunca, entre sus contadas perversiones, ha practicado la de experimentar placer a trav√©s de la humillaci√≥n o del dolor. Por eso le perturba esa oscura debilidad que le atrae una y otra vez hacia ese pretencioso y bien iluminado establecimiento de su vecindario parisino donde lo tratan siempre mal. Salim es colombiano, de origen liban√©s, y vive en Francia porque a s√≠ se dan hoy las cosas en el mundo, donde los descendientes de antiguos emigrados se convierten a su vez en emigrantes, como si un ancestral precepto n√≥mada les mantuviera en perpetuo movimiento. Mi amigo es un alma de Dios, pero se dir√≠a que el tinte moreno de su piel o su peculiar semblante entre √°rabe y sudaca, pusieran en marcha todas las se√Īales de alerta del local. La due√Īa es una mujer alta, enjuta y hosca, de ojos peque√Īos y juntos, que desde que √©l aparece en el umbral del negocio lo persigue de lejos con su mirar desconfiado. En alguna ocasi√≥n lo acompa√Ī√© a comprar pimienta verde, el aderezo imprescindible de sus pechugas de pato, y me constan los esfuerzos de la ce√Īuda mujer por no abandonar su puesto junto a la caja registradora para vigilarlo mejor. √Čl se introduce con algo de verg√ľenza por entre los bien provistos y ordenados anaqueles procurando mantenerse siempre al alcance de su vista, no vaya a pensar que se est√° robando algo. No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, me recomend√≥ aquella vez recordando el apocado refr√°n que otros igual de timoratos, aunque m√°s viejos que √©l, le inculcaron en la infancia.
DSC07676.jpg picture by antoniosarabiaA m√≠, el distrito donde vive me resulta insoportable, pero Salim tuvo que avenirse a √©l porque est√° cerca del liceo donde da clases de espa√Īol. Lo mejor que pudo alquilar con su exiguo salario de ense√Īante es una buhardilla, en realidad un cuartucho de sirvientas con su ruinosa cocinita, en un elegante edificio de cantera frente a su tienda predilecta. Se la subalquila, a espaldas del verdadero propietario, el rico inquilino de uno de los departamentos de abajo.
Su vecindario no es como otros distritos de Par√≠s en los que se respiran aires menos turbios. Ah√≠ la gente es brusca y altanera. Incluso se dir√≠a que sus habitantes comparten un vago aire familiar. Como si el barrio fuera un suburbio aparte y a trav√©s de qui√©n sabe cu√°ntos ancestrales matrimonios entre vecinos los genes hereditarios les hubieran marcado el semblante y el car√°cter con el mismo acre sedimento. Ciertos rasgos se habr√≠an vuelto entonces dominantes y terminado por imponer su sa√Īuda ley en todas las fisonom√≠as: el ment√≥n levantado, las comisuras de los labios arqueadas hacia abajo, en una mueca de disgusto, los ojos ariscos, posando desde lo alto una mirada indiferente hacia las cosas, cuando no fr√≠a y lejana hacia sus semejantes.
Mi amigo vive, a su pesar, entre ellos. Y a su pesar compra a menudo en ese expendio de la esquina, donde nadie aprecia su presencia. Ah√≠ gasta casi todo su salario porque a Salim le encanta cocinar, tiene dotes para ello, y no es de los que titubean en hacerlo para s√≠ mismos cuando se encuentran a solas. Le ayuda a matar el tiempo, me dice, a distraerse. Por eso le fascina el olor y la limpieza del sitio, la disposici√≥n de frascos y paquetes. Las etiquetas de las botellas impecablemente alineadas en los estantes. Los soberbios vinos, con las grandes cosechas de Borgo√Īa y de Burdeos. Las hileras de fina later√≠a en las que se pueden encontrar desde trufas perigurdinas hasta huitlacoches mexicanos. La esmerada selecci√≥n de los productos naturales, su frescura y pulcritud. Se le hace agua la boca en cuanto entra. Tienen, me dice arrobado, los mejores esp√°rragos que ha comido en su vida.
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JulioCortzar3.jpg picture by antoniosarabia“Yo llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga”, le o√≠ decir hace unos d√≠as a mi amigo Daniel Mordzinski en el Hay Festival de Cartagena de Indias, donde ambos estuvimos invitados. √Čl a√ļn vive en Par√≠s. En lugar de la Maga encontr√≥ a su hermosa e incomparable Viviana, pero sus palabras rozaron un arrinconado diapas√≥n en mi memoria. Par√≠s hab√≠a significado tantas cosas en mi adolescencia que yo tambi√©n llegu√© ah√≠ buscando huellas: de d’Artgnan a Lagardere, de Jean Valjean a Montecristo, de Auguste Dupin al inspector Maigret, de Esmeralda a la Maga. Del convento de las Carmelitas Descalzas, a cuyas espaldas se bat√≠an los mosqueteros y el atrio de Notre Dame, donde bailaba la gitanilla, hasta el quai de Conti y el Pont des Arts, donde Oliveira distingu√≠a a la Maga a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. S√≠, yo tambi√©n llegu√© a Par√≠s buscando a la Maga y me encontr√© con que ah√≠ fallecer√≠a Julio Cort√°zar (Bruselas, B√©lgica, 1914-1984) unos meses despu√©s de mi llegada.

Foto23.jpg picture by antoniosarabiaYo no lo conoc√≠. Mi primera novela no ser√≠a publicada sino hasta siete a√Īos m√°s tarde y yo, ilustre desconocido, no me atrev√≠ a llamarle por tel√©fono y confesarle cu√°nto le admiraba. Hice mal. Me lo han dicho ahora amigos, algunos muy queridos, que lo conocieron y trataron en la intimidad. Sin embargo, en los quince a√Īos que luego pasar√≠a en la capital de Francia lo visit√© a menudo en su √ļltima morada del cementerio Montparnasse, en la tumba que comparte junto a su querida Carol Dunlop. Cuando mi gran amigo el chileno Luis Sep√ļlveda estaba en la ciudad √≠bamos a hacerle compa√Ī√≠a. Le encend√≠amos un cigarrillo bien acomodado sobre el m√°rmol y, fumando tambi√©n nosotros, convers√°bamos los tres hasta que Julio conclu√≠a el suyo. Agrego, para obviar dudas sobre la salud mental de Lucho y m√≠a, que aunque le sab√≠amos presente en el coloquio jam√°s le o√≠mos responder. Participaba en la conversaci√≥n, dir√≠a Borges, intercalando silencios significativos mientras chupaba placenteramente su tabaco hasta consumirlo. A veces, intuyendo que no bastaba uno le prend√≠amos otro y ¬Ņpor qu√© no? hasta un tercer cigarrillo del insomnio -√©l fue siempre un enorme fumador- y continu√°bamos la charla. Al final apag√°bamos las colillas, nos desped√≠amos y ya solos, sinti√©ndonos medio desamparados, remat√°bamos la tarde en cualquier caf√© del bulevar.

CasaJC.jpg picture by antoniosarabiaEn otra ocasi√≥n, junto con mis dos queridos futuros compinches de Primeras Noticias de Noela Duarte, Jos√© Ovejero y Jos√© Manuel Fajardo, acompa√Īados -no pod√≠a ser menos- por el mismo Daniel Mordzinski, hice un viaje a Bruselas en busca del preciso lugar de nacimiento del gran Julio quien vio la luz ah√≠ durante la primera guerra mundial, con la ciudad reci√©n ocupada por las tropas alemanas. Los resultados de la excursi√≥n los narr√© ya en otro post de este mismo blog: encontramos el edificio y la placa conmemorativa. Gracias a la generosidad de un vecino, y a su repentina, absoluta, y francamente inconcebible confianza en cuatro desconocidos, dos de ellos extracomunitarios, que bien podr√≠an haberlo asaltado, entramos a un departamento que pudo ser el del propio Cort√°zar porque no se sabe con certeza en qu√© piso vivi√≥. Sin embargo, subimos y bajamos por el mismo elevador que de seguro us√≥ √©l de ni√Īo. A√Īado, como en la otra ocasi√≥n, algunas de las fotos que Daniel tom√≥ del viaje. Para los cuatro fue una experiencia formidable.

ElevadorCortzar.jpg picture by antoniosarabia

Ahora escribo estas l√≠neas en v√≠speras del vig√©simo quinto aniversario de su muerte, que se cumple este jueves catorce de febrero.¬†Ese d√≠a, esta semana, todos los medios de informaci√≥n verter√°n carretadas de merecidos elogios sobre quien es considerado ya uno de los pocos cl√°sicos de nuestro tiempo. Si he narrado algunas de mis correr√≠as con Sep√ļlveda, Fajardo, Ovejero y Mordzinski en torno a Cort√°zar, ha sido solo para ilustrar la afici√≥n, la adhesi√≥n, la devoci√≥n, la admiraci√≥n y muchos otros ciones m√°s que √©l supo despertar en las generaciones de escritores que le siguieron.¬†S√© de algunos que incluso sol√≠an dibujar con tiza una rayuela en la rue de l’Hirondelle y la saltaban cada aniversario.¬†S√≠, todos nos sentimos abrumados ante Cien A√Īos de Soledad, pero ninguna otra novela nos hizo so√Īar, sentir y reflexionar lo que¬†Rayuela. Nunca fuimos a Macondo. Todos, de un modo u otro, hemos estado en Par√≠s buscando a la Maga.

Cortázar fue, además, uno de los grandes maestros del cuento. Tanto La autopista del Sur como El Perseguidor son relatos cumbre de la literatura universal. Nos dejó varios ensayos sobre ese género en el que tanto excedió. Mi favorito es el que reproduzco más abajo. El mejor Cortázar en un texto casi de preceptiva literaria. Que lo disfruten.

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soriano2.jpg picture by antoniosarabiaOsvaldo Soriano (Mar del Plata, Argentina 1943-1997) naci√≥ en enero de 1943 y muri√≥, tambi√©n en el mes de enero, cincuenta y cuatro a√Īos m√°s tarde dejando como herencia algunas de las novelas m√°s originales y sorprendentes de la literatura argentina del siglo XX. La nota luctuosa¬†que transcribo m√°s abajo, Un Adi√≥s a Soriano, fue escrita por m√≠ hace once a√Īos y publicada en el peri√≥dico El Mundo, de Madrid, Espa√Īa y en El P√ļblico, de Guadalajara, M√©xico un par de d√≠as despu√©s de su muerte, ¬†ocurrida el 29 de enero en su natal Buenos Aires.¬†Aparte del texto, que reproduzco ahora como un homenaje al Gran Gordo, el lector de Los Convidados encontrar√° un cuento de Soriano titulado Mec√°nicos. Una breve pero formidable muestra del talento literario puesto al servicio del humor y la pasi√≥n por la vida.

Aclaro que las ideas expresadas en mi art√≠culo de hace once a√Īos sobre las computadores Macintosh, tan queridas e imprescindibles tanto para Osvaldo como para m√≠, han sido felizmente desmentidas por el tiempo.

UN ADIOS A SORIANO
Por Antonio Sarabia

No se puede decir que Osvaldo Soriano fuera muy le√≠do en M√©xico. Esas cortapisas misteriosas de la industria editorial, que restringen la distribuci√≥n de la obra de un autor m√°s all√° de sus fronteras nacionales, impidieron que el com√ļn de los lectores apreciara en este pa√≠s el socarr√≥n humor porte√Īo del Gran Gordo. El jueves por la ma√Īana, advertido desde la v√≠spera por un fax de Luis Sep√ļlveda y un correo electr√≥nico de Mempo Giardinelli, busqu√© in√ļtilmente una menci√≥n luctuosa en los peri√≥dicos, algo que me ayudara a comprender lo incomprensible. No hubo nada, ni siquiera una nota marginal sobre su muerte. Sent√≠ que Osvaldo se extingu√≠a discretamente, dej√°ndonos solos, tristes, solitarios y finales, atragantados por esa rabia sorda que nos empa√Īa los ojos sin resignarse a aceptar lo irremediable. Mempo propone que, en venganza, entre todos puteemos a la muerte. Al menos esta vez lo tendr√° bien merecido. Si alguien har√° falta, por su talento y originalidad, en las letras hispanoamericanas, es Osvaldo Soriano.

soriano1.jpg picture by antoniosarabiaNo me puedo jactar, aunque me encantar√≠a, de que fu√©semos √≠ntimos amigos. Compartimos, eso s√≠, multitud de camaradas, agente literario, editores en Am√©rica Latina y el mismo cuestionable amor por los ordenadores Macintosh, esas postergadas computadoras en una de las cuales desovillo trabajosamente estas l√≠neas, que desde nuevas huelen a piezas de museo. Nada m√°s natural entonces que nos conoci√©ramos, primero por tel√©fono en la ciudad de Buenos Aires y m√°s tarde en persona en el festival franc√©s de San Mal√≥. Supe entonces, aunque su hipocondr√≠a era proverbial, que en verdad hab√≠a estado muy enfermo, perdido peso, al grado de convertirse para la bulliciosa banda de compinches que asist√≠an al legendario puerto pirata en el ex Gordo Soriano. Yo lo cre√≠ restablecido. No sospech√©, ni por asomo, la mancha asesina extendi√©ndose en su pulm√≥n de antiguo fumador, mancha que √©l conoc√≠a y callaba, y que al final fue la causa indirecta de su muerte. Recuerdo su sonrisa divertida, la blancura de su piel, la manera cansada de acariciarse la calva y la barba que tanto me recordaban a mi abuelo a pesar de que Osvaldo era apenas un par de a√Īos mayor que yo. Conversamos de las cosas de costumbre, esos asuntos milagreros que entre los escritores tienen la particularidad de parecer siempre apasionantes y novedosos. Hablamos de su pasada colaboraci√≥n con Cort√°zar, de nuestra literatura y la de nuestros amigos, de sus proyectos. Una ma√Īana intercambiamos direcciones electr√≥nicas y no par√≥ de darme consejos de inform√°tica.
El jueves por la tarde nuestro com√ļn editor en la Argentina me proporcion√≥ algunos detalles de su muerte. Le hab√≠an extirpado, con √©xito, el tumor, y fue una infecci√≥n pulmonar postoperatoria la que le empuj√≥ hacia la tumba. El viernes apareci√≥, por fin, en los peri√≥dicos locales, una breve rese√Īa del entierro en Buenos Aires. Pero el Gordo jam√°s se ir√° totalmente. Nos dej√≥, en un pu√Īado de novelas sorprendentes, el corrosivo ingenio de su prosa y el trazo alucinado y alucinante de sus historias. Este seis de enero, D√≠a de Reyes, acababa de cumplir cincuenta y cuatro a√Īos. Gracias, Osvaldo, por tu obra. No habr√° m√°s penas ni olvido, hasta siempre, descansa en paz.

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gaza5.jpgYo no escribo habitualmente de política pero esta noche no puedo, ni me siento dispuesto, a cerrar más los ojos a la catástrofe en el medio oriente. Esa inhumana masacre en la que la muerte de cientos, tal vez pronto de más de un millar de civiles cercados en una angosta franja de tierra igual que en una ratonera, se utiliza como baza adicional en el imperdonable juego de fanatismo y poder antagónicos, la inevitable pérdida de unos cuantos peones prescindibles en el siniestro ajedrez de la muerte.
Gaza1.jpg picture by antoniosarabia¬ŅQu√© persegu√≠a Ham√°s al negarse a renovar la tregua con Israel que expiraba en diciembre? ¬ŅQu√© pretend√≠a al disparar esas andanadas de cohetes caseros contra su poderoso vecino? Es rid√≠culo que considerara, si alguno acertaba en el blanco, que la muerte de un pu√Īado de israel√≠es iba a cambiar de alg√ļn modo la situaci√≥n en Gaza. Lo que la organizaci√≥n palestina buscaba, y al final consigui√≥, era la torpe y brutal represalia de Israel a su enga√Īoso desaf√≠o. Como el hermano menor que provoca al mayor tir√°ndole un puntapi√© para luego correr con sus padres a que lo vean agredido. Ten√≠a que hacerlo de inmediato, cuando junto a la del hermano mayor asomaba a√ļn la irresponsable y zapateada cara de George W. Bush lo que garantizaba su postrer bendici√≥n a un nuevo ba√Īo de sangre. Y gracias a la arrogancia, a la ceguera y a la absoluta crueldad del gobierno encabezado por Ehud Olmert, con el apoyo del gracias a dios muy pronto ex presidente de los Estados Unidos, Ham√°s ha logrado su objetivo.

Gaza3.jpg picture by antoniosarabiaBienvenidos los miembros descuartizados, las mujeres desgarradas y los ni√Īos muertos cuyas im√°genes dan la vuelta al mundo en primera plana y horarios triple A. Ahora Siria, que con la mediaci√≥n de Turqu√≠a negociaba un convenio con Israel, ver√° sus manos atadas para lograr un acuerdo. Ahora Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro turco, se siente con justa raz√≥n traicionado por Tel Aviv. Ahora el conflicto abre las puertas a la reelecci√≥n en Ir√°n del presidente Mahmud Ahmadineyad, fervoroso partidario de la bomba at√≥mica y enemigo mortal de Israel. Ahora se radicalizar√° y polarizar√° todav√≠a m√°s el Islam quitando espacio y argumentos a quienes pregonan concordia.¬†Ahora el cabecilla palestino Abu Mazen y el l√≠der del partido pacifista israel√≠ Iosi Beilin, ambos en favor de la tolerancia y la paz, quedan pr√°cticamente eliminados del tablero pol√≠tico.¬†Ahora llegar√°n m√°s fondos de los multimillonarios √°rabes que tranquilizan su petrolera conciencia canalizando dinero y recursos a sus m√°s belicosos correligionarios. Ahora se reclutar√°n con facilidad entre despojados, viudos y hu√©rfanos, nuevos m√°rtires dispuestos a esconderse explosivos bajo la ropa, bien adheridos a su m√≠sera carne de ca√Ī√≥n, y sacrificar sus vidas para vengarse de la matanza israel√≠. Ahora tendremos que vigilar con mayor esmero y rigor todas las torres gemelas del mundo.

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Manuel Mujica Lainez (Buenos Aires 1910-1984) gustaba escribir sus apellidos así, sin acentos. De esa manera aparecen en la mayor parte de los libros que publicó en vida, y de esa manera los transcribimos hoy aquí, en Los Convidados, para respetar su voluntad.
ManuelMujicaLainez1.jpg picture by antoniosarabiaMujica Lainez naci√≥ y fue educado en el ambiente culto e intelectual de las antiguas familias espa√Īolas radicadas en Argentina desde mediados del siglo XVIII. √Čl mismo era de ilustres y aristocr√°ticos or√≠genes. Descend√≠a por la l√≠nea paterna de Juan Garay, fundador de Buenos Aires.
Hizo estudios en Francia e Inglaterra. Su primera novela, Louis XVII, est√° escrita en franc√©s y dedicada a su padre. Ingres√≥ en la Facultad de Derecho de su natal Buenos Aires s√≥lo para abandonarla un par de a√Īos m√°s tarde y colocarse como redactor en el diario La Naci√≥n, empleo en el que llegar√≠a a jubilarse. En 1935 viaj√≥ de R√≠o de Janeiro a Berl√≠n en el Graf Zeppelin. En 1936 contrajo matrimonio con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, y ese mismo a√Īo public√≥ su primer libro Glosas Castellanas, un conjunto de ensayos en buena parte dedicados a Cervantes y al Quijote.
En 1955 obtuvo el Gran Premio de Honor de la SADE por su novela La Casa. En 1956 fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras y, en 1959, académico de Bellas Artes. En 1963 recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela Bomarzo. En 1982, el gobierno de Francia le concedió la Legión de Honor. A las pocas semanas de su muerte, ocurrida en la ciudad de Córdoba, Argentina, en 1984, fue nombrado ciudadano ilustre de Buenos Aires. Su obra ha sido traducida a más de quince idiomas.
La prosa de Manuel Mujica Lainez es fluida, culta y algo preciosista. De su segundo libro de relatos, Misteriosa Buenos Aires, hemos tomado este hermoso cuento, literalmente un regalo de Reyes Magos para nuestros lectores, en el que el autor aprovecha al máximo su talento descriptivo y su vasta experiencia como crítico de arte. El texto se inspira en La Adoración de los Magos, óleo sobre tela de Pedro Pablo Rubens, que se exhibe en el Museo del Prado y que reproducimos más abajo, dentro del cuerpo mismo del relato.

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Conoc√≠ a Guillermo Fadanelli (M√©xico, D.F., 1960) hace varios a√Īos, durante una Feria del Libro de Guadalajara, y no lo hab√≠a vuelto a ver sino hasta este octubre pasado cuando la revista Belles Latinas nos invit√≥ a realizar una larga y a ratos fatigosa gira por Francia. Compartimos un par de mesas redondas, una de ellas muy divertida en el Instituto M√©xico de Par√≠s, y pasamos largas horas charlando en donde mejor se pod√≠a, incluyendo una vez su habitaci√≥n de hotel en Lyon cuando la madrugada nos cerr√≥ todos los bares de los alrededores.
fadanelli3.jpg picture by antoniosarabiaContra lo que pueda pensarse por su aspecto exterior y sus maneras a veces huidizas y hoscas, Guillermo es un personaje t√≠mido y sensible adem√°s de un fino y brillante prosista que utiliza con humor, talento y lucidez la provocaci√≥n para sacudir de la cabeza del lector las telara√Īas del pensamiento anquilosado y obligarle a mirar con ojos nuevos algunas de las propuestas caracter√≠sticas de la contracultura contempor√°nea.
Fundador de la revista Moho y del Movimiento cerebrista, Guillermo ha escrito un pu√Īado de novelas entre las que destacan La Otra Cara de Rock Hudson, con la que gan√≥ el premio IMPAC/CONARTE en 1998, Lodo con la que obtuvo tambi√©n el Premio Nacional de Narrativa Colima 2002 y Educar a los topos, publicada en el 2007.
Guillermo ha tenido la gentileza de enviar, en exclusiva para Los Convidados, este ensayo in√©dito que formar√° parte de un trabajo mayor titulado Elogio a la Vagancia. El tema, la conversaci√≥n, no pod√≠a venir m√°s al caso porque nos parece continuar as√≠, de manera vicaria, la que dejamos pendiente en Francia. Si me permite aplicarle a √©l las palabras con que se refiere a Spinoza en el texto que presentamos “Spinoza, uno de los fil√≥sofos m√°s extravagantes que han existido jam√°s -es decir: m√°s serios- …” yo dir√≠a que √©l mismo, dentro de esa extravagancia tan t√≠picamente fadanelliana, es uno de los escritores m√°s inteligentes y serios que conozco. Muchas gracias, Guillermo, por la amistad y la colaboraci√≥n. Hasta la pr√≥xima.

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