Archivo de la Categoría “Narrativa hispanoamericana contemporánea”
Mi primera reacción al recibir la invitación de un periódico para escribir algo sobre la muerte de Antonio Tabucchi fue un rotundo “no”. ¿Por qué?, ¿para qué?, me dije. El fallecimiento de un amigo tan querido como Antonio es algo muy personal, un motivo de luto y aflicción íntima, nada que enviar a los diarios. Hasta raro se me hace raro llamarlo “Tabucchi”. Pero en el momento de meditar sobre eso Antonio me sonrió en la cabeza, con esa sonrisa suya tan llena de sobreentendidos y escribí aquel texto como hoy transcribo este. Porque pensé que también le complacería que yo dijera algo sobre él en este país que ambos, siendo los dos extranjeros, adoptamos como propio. Comprendo muy bien que esa manera literaria y absurda de encontrarnos de nuevo juntos aquí después de su muerte es imbécil, fantasiosa e inútil, pero es una manera al fin con esa pizca de surrealismo y ternura que a él le era tan propia. Todavía con la sonrisa de Antonio ondeando en el recuerdo me decido a teclear cualquier cosa en la Mac. Voy a echar cosas ahí dentro, sin reflexionarlas demasiado, a ver qué aparece después. Tal vez con ello el dolor mengüe un poco y de esta maraña de sentimientos encontrados resulte una cosa más o menos coherente y medianamente legible.
No será este un panegírico sobre su persona, ni una crítica enterada y sesuda sobre su trabajo literario. Para eso están sus propios libros: Sostiene Pereira, Réquiem, Dama de Porto Pim, Nocturno hindú y tantos otros. La obra de quien hasta hace muy poco era uno de los mayores escritores vivos. Yo no voy a hablar de ella, ni de su nacimiento en Pisa durante la guerra, ni de su amor por la lengua portuguesa, ni de su conocimiento erudito y apasionado de la poesía de Fernando Pessoa, motores ambos de su primer viaje a Lisboa, allá por los años sesentas, ni de su encuentro entonces y aquí con María José, su esposa, a quien llamamos Zé los amigos y a quien Antonio nombraba Zezinha cuando quería mostrarse afectuoso. Tampoco hablaré de sus apasionados alegatos en defensa de los menos favorecidos en esta sociedad europea cada vez más xenófoba, ni de su absoluto desprecio por Silvio Berlusconi. Esa tarea se la dejo a sus críticos y a sus biógrafos. Yo quisiera hablar aquí de otra cosa que no alcanzo todavía a definir. Me ciega la rabia impotente ante su muerte, la frustración ante una ausencia que ya nada puede compensar, la tristeza de las cosas que quedaron pendientes en nuestra reciente y a la vez tan antigua amistad.
Nos conocimos a principios de marzo del año pasado, en una cena organizada por una querida pareja de amigos colegas, Karla Suárez y José Manuel Fajardo. Entre un puñado de afinidades estéticas, filosóficas y literarias descubrimos con placer que, además, éramos vecinos. Nuestras casas, enclavadas en el corazón del centro histórico de Lisboa, están apenas a pocos minutos a pie una de otra. A él le comenzaban unos dolores recurrentes en la pierna derecha y los achacaba a la falta de ejercicio físico por lo que nos pusimos de acuerdo para salir a caminar juntos por las pintorescas callejuelas y plazas de nuestro vecindario, Príncipe Real, Bairro Alto y Chiado, con café y sabrosa plática incluida. No pasamos de hacerlo un par de veces. A él la pierna le impedía extender los paseos y no tardamos en circunscribirlos a tazas de café en los lugares más próximos y a una que otra ida al cine antes de que se fuera a pasar el fin del verano a Italia. Yo estaba invitado esos días a unas charlas en la universidad de Milán. Él me sugirió alcanzarlo después en su casa de toda la vida, cerca de Pisa, y yo preferí pasar unos días en Venecia con Lauren, mi mujer, pensando que ya habría tiempo para vernos con él en alguna mejor ocasión.
Al volver nos llamamos de nuevo. Nos invitó, a Lauren y a mí, junto con Karla y José Manuel en cuya cena nos habíamos conocido, a almorzar en su casa a orillas del mar. Los seis coincidimos entonces y después en calificar aquel día como “perfecto”. Antonio arrastraba cada vez más su pierna pero la comida, el humor y la conversación fueron insuperables. Antes de despedirnos fuimos a ver la puesta del sol a una playa cercana y ahí Antonio insistió aún en que compráramos un pollo asado para la cena en un sitio cualquiera y volviéramos a su casa a continuar con la fiesta. Yo, muy a mi pesar, me negué. Era el 15 de septiembre y quería apresurar mi regreso a Lisboa para asistir a los festejos de la Independencia en la embajada de México. Ya volveríamos en otra ocasión, le repetí agradecido, sin darme cuenta que reincidía en lo de Italia y que la vida, o más bien la muerte, nos negaría otra oportunidad.
Por cierto que entre nosotros el tratamiento de “tocayo” nunca se dio. Él me llamaba Antonio y yo a él igual. La confusión era para Zé y para Lauren quienes no hallaban qué hacer para dirigirse a cualquiera de los dos sin que ambos volteáramos al mismo tiempo al escuchar nuestro nombre. Cuando Lauren le respondía el teléfono se identificaba a sí mismo, como si su ronca voz de fumador empedernido y el retintín italiano en su español no fueran suficientes para reconocerlo, como “el viejo Antonio” aunque era apenas unos meses mayor que yo.
Como la pierna no mejoraba, cuando volvió de su casa en la playa me pidió que lo llevara a hacerse unos análisis al hospital. Cosas de rutina. Zé, que no quería causarme molestias, lo riñó por insistir en buscarme para esos menesteres pero la verdad es que a mí no me incomodaba. Antonio me había dicho ya, y se lo repitió entonces a Zé delante de mí, que tenía la impresión de que él y yo éramos amigos de toda la vida. Ya sea solo o con ella debo haberlo llevado al médico una buena docena de veces y entre radiografías, exámenes y visitas a uno u otro especialista llegamos en ocasiones a permanecer el día entero en el hospital. Cuando salíamos temprano me quedaba en su casa un rato más, a terminar con la charla y bebernos un whiskey. Si salíamos tarde nos íbamos a cenar con Zé y con Lauren al primer sitio que nos pasara por la cabeza.
A pesar de sus padecimientos Antonio mantenía el buen ánimo. Miraba las cosas a su alrededor con una permanente curiosidad y ese humor un tanto surrealista que se transparenta en sus obras. Un día vino a cenar a la casa y me trajo, envuelto cuidadosamente en papel de aluminio, como una pequeña joya, el primer fruto de una mata de chiles que tenía plantada en su jardín pensando que yo, como mexicano, la apreciaría más que ningún otro. Esa noche escuchamos canciones rancheras y me pidió que le enviara por correo electrónico las letras de algunas que le maravillaron. Todavía escucho su risa al oír las primeras estrofas de El Abandonado:
Me abandonaste, mujer, porque soy muy pobre
Y por tener la desgracia de ser casado…
Recordaba con afecto y devoción a sus amigos y hablaba a menudo de ellos y de sus trabajos. Organizó una cena para que conociéramos algunos de los que viven en Lisboa y me prestó El té de Proust, los cuentos reunidos del rumano Norman Manea a quien quería y admiraba de una forma especial. Se sentía extremadamente orgulloso de un homenaje que le habían hecho los gitanos por abanderar sus derechos y de la vara de juez que le confirieron durante la ceremonia. Cuando cayó Berlusconi en Italia nos llamó para festejarlo con una improvisada cena en su casa en la que brindamos abundantemente a la salud de su país natal.
Le divertía el IPad que yo llevaba a la clínica para leer y distraerme mientras él entraba con el médico. Se lo mostró a Zé, como un niño un juguete, y le pidió uno igual como regalo de cumpleaños.
Los exámenes se sucedían y, de pronto, la pierna era el menor de sus males. Le empezó a resultar imposible bajar por su propio pie la escalera de su casa y ya no pude acompañarlo yo al médico como acostumbrábamos. Un servicio del hospital se encargaba de llevarlo y traerlo a los tratamientos. Dejamos de vernos con la frecuencia que solíamos. Aún así, mantuvimos el contacto por teléfono y pude verlo en su cuarto del hospital una vez antes de su operación. Todavía las cosas no parecían tan graves. Luego, unas semanas después, recibí un mensaje en mi teléfono móvil. Me pedía que pasara a visitarlo a su casa a las cinco y media de la tarde. Yo no leí su mensaje sino hasta las ocho de la noche. Le respondí a esa hora pidiéndole mil disculpas y me dio una nueva cita para el día siguiente a las seis.
Me partió el alma verlo tan delgado y disminuido en una silla de ruedas. Conversamos poco más de media hora. Cuando me di cuenta de que comenzaba a cansarse le dejé unas películas que le había llevado para que se distrajera y me incliné sobre la silla para darle un abrazo. Esa fue la última vez que lo vi.
El día del entierro me sentí raro, hasta un poco intruso, caminando en medio del cortejo fúnebre de sus antiguos amigos que vinieron a rendirle un postrer homenaje desde diversas partes del mundo. El toque surrealista, que Antonio no podía dejar de ofrecernos incluso en su muerte, lo da el nombre del cementerio, Los Placeres, y el que él lo hubiera hecho teatro de un episodio de su libro Réquiem.
Lo que hablamos, discurrimos, reímos y fantaseamos durante tantas caminatas, cafés, whiskies, salas de espera en el hospital, cenas, recorridos en auto y demás es algo que a ningún otro interesa, un tesoro que conservaré conmigo hasta el fin. A mí, le dije una vez, el oficio de escritor estaba terminando por hartarme. Él me confesó haber vivido lo mismo y me dio buenas razones para continuar. Lo hice. Poco antes de su muerte terminé una novela que tenía abandonada y le escribí un mensaje telefónico a Zé para que se lo contara a Antonio avisándole también que era una especie de secuela de otra novela mía que él conocía y gustaba y que se la quería dedicar. Ella se lo susurró al oído y me dice que tal vez hasta le haya visto sonreír pero que a esas alturas ya no podía estar segura de nada.
Esto es lo que yo siento ahora: el año pasado conocí a un hombre honesto, generoso, valiente, sensible, dotado de un fino sentido de humor, con quien era un placer conversar durante horas enteras y que además era un escritor formidable. Apenas unos meses después, la muerte me ha arrebatado a un amigo de toda la vida.
Antonio Sarabia
Texto publicado en portugués en el número 1084 del Jornal de Letras Artes e Ideas el 18 de abril de 2012.
Fotos de Daniel Mordzinski.
No Hay Comentarios »
Antes que nada, pido disculpas a los lectores de Los Convidados por haber abandonado este blog durante los últimos meses. Las vicisitudes de una nueva novela, de la que apenas estoy terminando la primera de dos partes, más el ajetreo de otros trabajos por desgracia ya no tan ligados al quehacer literario me han mantenido lejos de esta página, pero vuelvo ahora con la intención de mantenerla viva.
Nada mejor que reabrir el gusto por la buena prosa con una colaboración de Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), sin duda una de las figuras más destacadas de la nueva narrativa hispanoamericana.
Sergio se ha distinguido, además de por la excelencia de su trabajo literario, por su incansable actividad en la vida política de su país. Encabezó el grupo de los doce intelectuales y empresarios nicaragüenses que se unieron en 1977 para derrocar a Anastasio Somoza. Acto seguido, al triunfo de la revolución sandinista, Sergio ocupó la dirección del Consejo Nacional de Educación en el nuevo gobierno y, más tarde, la vicepresidencia de la república.
Su obra ha recibido numerosos premios literarios entre los que se cuentan, en 1988, el Hammet por Castigo Divino; el Laure Bataillon a la mejor novela extranjera, Francia 1998, por Un Baile de Máscaras; el Alfaguara 1998 y el José María Arguedas 2000 por Margarita está Linda la Mar.
En su más reciente novela, El Cielo Llora por Mí, Sergio Ramírez aborda, a través de una trama policiaca, temas tan actuales como la integración de los guerrilleros a la vida civil de un país y sus posteriores relaciones con el poder y el narcotráfico.
Con Sergio Ramírez hemos coincidido en un par de ocasiones durante los últimos meses. A principios de mayo fue en el Festival de la Palabra, de San Juan de Puerto Rico, y en el reciente junio en la III Bienal Internacional de escritores en Santiago de Compostela. En el primero Sergio tuvo a su cargo una de las charlas magistrales del evento y, en el segundo, participó con el texto que ha tenido la generosidad de ceder a Los Convidados y que ahora reproducimos más abajo. Gracias, Sergio, por tu deferencia. Hasta pronto. Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Alejandro Dumas, Ana Karenina, Balzac, Claude Chabrol, Festival de la Palabra, Gabriel García Márquez, Greta Garbo, Gustavo Doré, Henry V, Homero, José María Arguedas, La Traviata, Libera a palabra, Literatura nicaraguense, Madame Bovary, Miguel de Cervantes, Narrativa hispanoamericana, Narrativa hispanoamericana contemporánea, Premio Alfaguara, Premio Hammet, Premios literarios, Robert Graves, Rubén Darío, San Juan de Puerto Rico, santiago de Compostela, Sergio Ramírez, Susan Sontag, Ulises, William Shakespeare
9 Comentarios »
El miércoles catorce de octubre estuve en París invitado al festejo organizado por la editorial Moisson Rouge con motivo de la aparición en Francia de Primeras Noticias de Noela Duarte (Dernieres nouvelles de Noela Duarte, es el título en francés), la novela que tuvimos la ocurrencia de escribir a seis manos José Ovejero, José Manuel Fajardo y este servidor. En la celebración estuvieron, desde luego, también presentes los otros dos autores. José Ovejero tenía una doble razón para estar feliz: además de Noela en Francia, acaba de aparecer en España, con el sello de Alfaguara, su más reciente novela, La Comedia Salvaje, una estrambótica, alucinante y dramática farsa ambientada en la guerra civil española que pone de manifiesto, con un humor acre y absurdo, la trágica realidad inherente a todas las guerras. No resistí la tentación de aprovechar el encuentro, y la vieja complicidad que nos une, para pedirle un capítulo del libro para Los Convidados. Este es el texto que me envió, con personaje mexicano incluido. Muchas gracias, José, espero que los lectores lo disfruten tanto como yo.
. Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Alfaguara, Antonio Sarabia, autores españoles, Autores mexicanos, Derniers Nouvelles de Noela Duarte, José Manuel Fajardo, José Ovejero, La Comedia Salvaje, Moisson Rouge, Noela Duarte, Primeras Noticias de Noela Duarte
8 Comentarios »
Este fin de semana estuve de vuelta en la región de Colima, México, donde ocurre la trama de mi novela Los Convidados del Volcán. Tuve dos buenas razones para ir: la primera fue encontrarme allá con mi querido amigo el editor portugués de la Oficina do Livro, Marcelo Teixeira, quien habiendo leído lo que yo he escrito sobre el sitio ardía en deseos de conocerlo y, la segunda, refrescar mi propia memoria, empaparme una vez más del hablado y los hábitos de las gentes, además de la textura, los aromas y colores del paisaje que les rodea antes de hundirme de lleno en el texto que tengo planeado y que se encuadra de nuevo en el pueblo de Guayacán, una mágica aldea imaginaria construída con el lápiz y papel de la imaginación en lo más alto de la pendiente del volcán con el único objeto de convertirla en el espacio escénico de aquella novela.
Comparto ahora con los lectores de Los Convidados algunas fotos de la jornada, tomadas por mi hermano Óscar, cuya compañía fue uno más de los placeres del viaje, y añado como estampas literarias dos fragmentos del texto de la novela original en la que se describen no sólo los detalles de la flora y la fauna sino la magia en la que viven sumergidos los pobladores de la región.

.
Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Antonio Sarabia, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Colima, Comala, Guayacán, Joyita, Juan Rulfo, Los Convidados del Volcán, Marcelo Teixeira, Oficina do Livro, Óscar Sarabia
18 Comentarios »
La semana pasada ofrecí a Los lectores de Los Convidados unos capítulos, seleccionados por el mismo Mempo Giardinelli, de la obra que le hizo acreedor al premio italiano Giuseppe Acerbi 2009 para la novela de viajes.
Prometí entonces que esta semana, también seleccionados por la propia autora, tendríamos fragmentos de la novela a la que los lectores italianos otorgaron el premio Giuseppe Acerbi 2009 a la literatura argentina. Se trata de Cielo de Tango, de la narradora porteña Elsa Osorio (Buenos Aires, 1952) quien acompañó sus textos con unas palabras de agradecimiento a quienes le confirieron el premio: es el tercer reconocimiento que otorgan a mi obra los generosos lectores italianos, nos dice en su carta. En diciembre del 2007 fue el de la sección internacional del Più libri più liberi, (Más libros, más libres) un premio de círculos de lectura activos en bibliotecas que forman “un vero e proprio esercito di accaniti lettori”. Son lectores comunes, de bibliotecas, que llevan meses leyendo y releyendo, formando grupos de discusión sobre los libros. Un día votan, se hace un escrutinio en todas las bibliotecas y se comunica. Encontrarse con los entusiastas lectores que “ganaron” porque triunfó la novela que votaron ellos es emocionante. Como si los lectores y el autor estuvieran juntos en esas urnas, fueran ellos también el libro. Maravilloso.
Pues felicidades, Elsa, que haya muchos otros premios como ese en donde el público sea el único, definitivo e inapelable juez. Un abrazo.
Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Autores argentinos, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Elsa Osorio, Mempo Giardinelli, Narrativa hispanoamericana, Narrativa hispanoamericana contemporánea, Premio Giuseppe Acerbi, Premios, Premios literarios
2 Comentarios »
Hace unos días recibimos la noticia de que el premio literario Giuseppe Acerbi, de Mantua, Italia, que en este 2009 se dedicó a los autores argentinos traducidos al italiano, había sido otorgado a la obra Final de Novela en Patagonia de nuestro querido amigo, el escritor chaqueño Mempo Giardinelli (Resistencia, Argentina, 1947).
El Giuseppe Acerbi tiene un significado especial porque no es un premio al que puedan presentarse los autores. Lo otorga el público. Cada año, en febrero, la ciudad de Mantua solicita a un equipo académico la selección de cuatro títulos de la literatura de un país y el galardón es fruto de una original iniciativa de lectura comunitaria.
Mempo Giardinelli recibió la notificación oficial el 8 de julio, en la que se consignaba textualmente que su novela Finale di Romanzo in Patagonia, de la casa editora Guanda de Milán, “había suscitado un gran consenso tanto por el argumento como por el estilo narrativo”.
En Los Convidados nos apresuramos a preparar una entrada con la noticia y el tradicional fragmento de la novela ganadora cuando, apenas ayer, nos llegó una rectificación. Resulta que por error se envió el mismo comunicado tanto a Mempo Giardinelli como a Elsa Osorio, quien también era finalista con la novela Cielo de Tango, y durante un par de días nadie pudo entender qué pasaba. Finalmente llegó la aclaración de los organizadores: el Premio Acerbi de este año a la literatura argentina corresponde a la novela Cielo de tango (Lezione di tango), de Elsa Osorio, y el Premio Acerbi a la literatura de viajes 2009 corresponde a Final de novela en Patagonia (Finale di romanzo in Patagonia), de Mempo Giardinelli.
Pues felicidades a los dos, viejos amigos y colaboradores de Los Convidados. Como ya teníamos listo el post con el texto de Mempo lo ponemos a él. La próxima semana estará Elsa con algunas páginas escogidas de Cielo de Tango. Hasta entonces.
. Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Add new tag, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Cielo de tango, Elsa Osorio, Final de novela en Patagonia, Literatura argentina, Mempo Giardinelli, Patagonia, Premio Giuseppe Acerbi, Premios, Premios literarios
1 Comentario »
El ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el dominó, no desdeña cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida. Durante los años en que coincidí en París con el colombiano Santiago Gamboa, íbamos por las noches al acogedor bar del hotel Ritz, el Hemingway, donde entonces había instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ahí jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y él cierta bebida exótica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero había ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomodábamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repetía una frase que se ha hecho célebre entre los dos: “¿cómo quedamos la última vez… dos a uno, verdad?”.
Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasión por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poesía, hasta se entretenía componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eterónimo Ricardo Reis, me encontré con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduciéndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez algún lector portugués me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice E o de marfim peão mais avançado / pronto a comprar a torre, ¿Qué significa en portugués, en términos ajedrecísticos comprar a torre? Yo tuve la opción de traducir listo a tomar la torre, pero pensé, mala intución tal vez, que como era el peón más avanzado estaba a punto de llegar a la última hilera y convertirse en torre. Cualquier aclaración al respecto será más que bienvenida. Se me ocurre publicar la traducción ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le podía considerar un verdadero fanático del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la página. Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Ajedrez, Ajedrez y literatura, Antonio Sarabia, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Fernando Pessoa, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Literatura hispanoamericana, Literatura Portuguesa, Mempo Giardinelli, Omar Khayam, Poesía hispanoamericana, Posía argentina, Ricardo Reis, Santiago Gamboa, T.S. Eliot, Vladimir Nabokob
1 Comentario »
Además de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde enseña lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, Néstor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entrañable contacto en Francia: forma el eje del polígono Argentina, México, Francia, Portugal, Colombia que me provee, sólo Dios y él saben cómo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastronómicamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.
.
En octubre de 2008, después de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Valéria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa página “Los Convidados”. Pocas semanas más tarde, salía allí mi cuento El día del amigo. Entre tanto, el corazón me había andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a México. Pero la página de Antonio me permitió hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. Allí dejó un mensaje que todavía pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Estábamos en la misma división y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de fútbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llevó la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canción, “Sólo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomodó el Negro.
Después se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El día del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se quedó en La Plata y se recibió de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por teléfono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del año pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telefónica y le conté en detalle mi problema cardíaco. Parecía como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todavía siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.
Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Antonio Sarabia, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Mexique. Conflits rêves et miroirs, Néstor Ponce, Una vaca ya pronto serás, Universidad de Rennes
10 Comentarios »
William Ospina (Padua, Colombia, 1954) tiene ya un nicho propio dentro de la poesía colombiana. Su enorme talento y la amplitud y calidad de su obra lo convierten en una de las grandes referencias del género (ver William Ospina y el soneto al instante, marzo 2, 2008, en este mismo blog).
Pero William es incapaz de quedarse quieto, y menos aún tratándose de literatura. Por eso en el 2005 hizo una primera incursión en la narrativa con su novela Ursúa, la cual tuvo una excelente acogida entre el público y la crítica. Ahora, este jueves 4 de junio, con El País de la Canela, la segunda parte de lo que apunta ser una extraordinaria trilogía, acaba de hacerse acreedor al XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.
Al presentarla la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid, Ospina afirmó que El País de la Canela propone una mirada sin maniqueísmo sobre la conquista de América. El protagonista-narrador es un mestizo, hijo de un español y de una indígena. De ese modo le es posible ofrecer una novela con la perspectiva de aquellos dramáticos acontecimientos desde la sensibilidad de alguien que pertenece a los dos mundos.
El 2 de agosto se le hará la entrega oficial del galardón que consiste en cien mil euros en efectivo y una medalla de oro. El premio fue creado en 1964 por el entonces presidente Raúl Leoni para honrar la obra de Rómulo Gallegos, autor del clásico costumbrista Doña Bárbara y en su momento también presidente de Venezuela. Entre otros ganadores del certamen, que cumple cuarenta y cinco años, están el peruano Mario Vargas Llosa, quien ganó la primera edición en 1967, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, además del español Javier Marías, el también colombiano Fernando Vallejo y el mexicano Carlos Fuentes.
William, viejo cómplice de Los Convidados y amigo personal de este autor, nos ofrece uno de los capítulos de la obra ganadora para deleite de los lectores del blog.
Otra vez felicidades, Willie, y gracias por el texto. Hasta muy pronto.
Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Atahualpa, Blogs literarios, Blogs literarios en español, Carlos Fuentes, Doña Bárbara, El país de la canela, Fernando Vallejo, Francisco Pizarro, Gabriel García Márquez, Hernando Pizarro, Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Raúl Leoni, Rómulo Gallegos, Ursúa, William Ospina
4 Comentarios »
Me encontré a Paco Ignacio Taibo II (Gijón, España, 1949) durante el reciente Salón del Libro Iberoamericano de Gijón. Paco, pese a que lo conozco muy bien, se trata de uno de mis amigos más antiguos y queridos, nunca deja de sorprenderme. Cómo le alcanza el tiempo para participar en el Salón, escribir, promocionar sus novelas por el mundo y mantener activo el bien aceitado engranaje que destapa cada año, durante el mes de Julio, una nueva edición de la Semana Negra es para mí un misterio.
Paco es infatigable, es cierto, pero ante todo es también un visionario. Y lo es en todas sus empresas, tanto literarias como extraliterarias. Sólo él puede concebir un libro con la fuerza, la calidad, la magnitud, el aliento y la ambición de la biografía de Pancho Villa, por ejemplo, que lleva ya vendidos no sé cuántos miles y miles de ejemplares. O ese extraordinario acontecimiento entre verbena popular, feria de pueblo, circo, maroma, teatro y acontecimiento cultural, que es la Semana Negra de Gijón en la que cada año recibe una oleada de excelentes escritores y más de un millón de visitantes.
Fue bueno compartir con él la mesa y la conversación. Me obsequió, además, su más reciente novela, De Paso, que me leí de un tirón en el camino de vuelta a Lisboa. Cuando le escribí proponiéndole hacer algo con ella en Los Convidados su escueto email de respuesta fue: “haz lo que más te guste con eso”.
Pues esto es lo que me gustó hacer, Paco: elegí tres capítulos para los lectores del blog y sé que los van a disfrutar. Gracias, y suerte en la vigésimo segunda edición de la Semana Negra.
.
.
CAPÍTULO ONCE
.
El patrón de la Cantabria me dijo:
-¿Quieres mil pesos, Tomás?
Yo le dije que sí y le pregunté:
-¿A quién mato?
-Al gachupín anarquista, al San Vicente ese.
-Mitad y mitad -le dije, y él entendió luego luego, porque era una fiera para los negocios.
-Trecientos ahora y el resto cuando los periódicos saquen la foto del muerto.
-¿Y si no hay foto?
-Con la nota me conformo -dijo extendiendo los trecientos pesos sobre la mesa como un abanico.
El cabrón me daba puros billetes de a peso y de a cinco, para que parecieran muchos, y muchos parecían. Recogí el abanico y saludé llevándome dos dedos al sombrero.
Me fui a la cantina a pensar, y pensé: Si voy a La Guadalupana a lo mejor el patrón de allí me da otros trescientos, y si hablo con los amarillos de Puebla, a lo mejor me dan doscientos por todo, y si hablo con el arzobispo a los mejor saco indulgencias desde antes; si le vendo la historia al Universal a lo mejor saco otros trescientos. Porque yo mato por dinero, pero no soy ningún pendejo, y mi tirada es poner una curtiduría en Juárez, en Jiménez, lejos de aquí, algún día.
En ésas estaba cuando llegó San Vicente. Yo hice como que estaba curándome de amores con unas copas, pero vino derecho a la mesa y se me sentó enfrente.
-Me dijeron que te dieron unos billetes para matarme -dijo en seco y sin saludar.
Tenía la mano en el bolsillo de la chaqueta, y tenía, “tenía que tener” el dedo en el gatillo y la automática amartillada. De manera que le fui de frente y asentí.
-¿Cuánto?
-Trescientos -le dije. Y me quedé pensando quién habría sido el chismoso, que más habían tardado en darme la lana que en írselo a contar.
-Con dos deditos saca el dinero del chaleco y ponlo arriba de la mesa -me dijo.
La gente se iba juntando pero nada babosa, se ponía detrás de él. Y estaba claro que si iba a haber plomazos, iban a la salir todos pa’ mi lado.
Extendí el dinero en abanico, tal como lo había recibido.
-Sabes que no es para mí, que yo no tocaría ni un centavo.
Asentí de nuevo. Y entonces supe todo.
-Gracias -me dijo, y se levantó.
-¿Sabes quién me lo dijo y por qué? -me preguntó antes de salir.
-Creo que ya lo adiviné. Gracias.
San Vicente salió de la cantina sin mirar para atrás. Yo me tome el tequila que estaba a medio apurar y salí caminando despacio.
El cabrón patrón de la Cantabria le había soltado el pitazo con algún empleado. Así, si yo no lo mataba, el me mataba a mí, y entonces le echaban a la policía encima y lo refundían. Me dolía, más que la trampa, la falta de confianza.
Entonces, fui a las oficinas de la Cantabria, y le metí un tiro en la frente al tipo. La sangre se le mezcló con la baba arriba del escritorio de caoba. Los muertos hacen cosas raras.
Por eso ando por aquí, por la frontera, en lugar de tener una curtiduría.
.
.
Lee el resto de esta entrada »
Etiquetas: Blogs literarios, Blogs literarios en español, De Paso, Paco Ignacio Taibo II, Salón del Libro Iberomericano de Gijón, Semana Negra
1 Comentario »
|