<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Los Convidados &#187; Literatura Italiana</title>
	<atom:link href="http://losconvidados.com/category/literatura-italiana/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://losconvidados.com</link>
	<description>Blog del escritor mexicano Antonio Sarabia</description>
	<lastBuildDate>Wed, 06 Apr 2011 14:30:31 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.2</generator>
		<item>
		<title>Pavese a los cien años</title>
		<link>http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/</link>
		<comments>http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 10:42:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura Italiana]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía italiana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[traductores]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
		<category><![CDATA[autores italianos]]></category>
		<category><![CDATA[Cesare Pavese]]></category>
		<category><![CDATA[Dos Pasos]]></category>
		<category><![CDATA[Faulkner]]></category>
		<category><![CDATA[Hemingway]]></category>
		<category><![CDATA[Moby Dick]]></category>
		<category><![CDATA[Steinbeck]]></category>
		<category><![CDATA[Walt Whitman]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://losconvidados.com/?p=63</guid>
		<description><![CDATA[Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural. Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este mes, hace una semana, el 9 de septiembre, se cumplieron cien años del nacimiento de Césare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia, 1908-1950). Nacido en una familia de clase media baja proveniente del campo, Pavese, aun viviendo en Turín, nunca perdió el contacto con el medio rural.<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/pavese1-1.jpg?t=1221344825" alt="pavese1-1.jpg picture by antoniosarabia" /> Tímido, introvertido, su descubrimiento y su fascinación por la literatura norteamericana marcaron para siempre su obra. Tradujo a Steinbeck, Dos Pasos, Hemingway y Faulkner, entre otros grandes autores estadounidenses junto al irlandés James Joyce por quien profesaba también una admiración sin límites. Sus lecturas y estudios sobre el mito, los símbolos y los arquetipos se volvieron una influencia recurrente en su trabajo. En 1930 se licenció en letras por la universidad de Turín con una tesis sobre Walt Whitman. En 1935 fue detenido por sus ideas políticas y desterrado al sur de Italia donde permaneció hasta su perdón en 1936. Pasó los últimos años de la segunda guerra mundial viviendo con la familia de su hermana en Serralunga &#8220;como un recluso en las colinas&#8221;. En 1945 ingresó en el partido comunista y en 1950, el 24 de junio, se le confirió el cotizado premio Strega por <em>The Political Prisioner</em>. El 27 de agosto de ese mismo año, víctima de una de sus habituales depresiones, Césare Pavese se quitó la vida en el hotel Roma de Turín con una sobredosis de somníferos. Le faltaban pocos días para cumplir cuarenta y dos años de edad. Algunos de sus trabajos más notables fueron publicados póstumamente.</p>
<p><span id="more-63"></span></p>
<p>Comenzamos este post con un poema que no podía faltar en la entrada, <em>Vendrá la Muerte y tendrá tus Ojos</em>, tal vez el más célebre de los escritos por Pavese. Pero es en <em>Los Mares del Sur</em>, otro gran favorito nuestro, donde mejor se observan su inclinación por el mito, la vuelta al pasado y los juegos de la memoria. En él hay también un guiño a una de sus novelas preferidas, una de las primeras que tradujo del inglés: <em>Moby Dick</em>.</p>
<p> </p>
<p>VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos <br />
esta muerte que nos acompaña <br />
de la mañana a la noche, insomne, <br />
sorda, como un viejo remordimiento <br />
o un vicio absurdo. Tus ojos <br />
serán una vana palabra, <br />
un grito callado, un silencio.<br />
 Así los ves cada mañana <br />
cuando a solas te inclinas<br />
 ante el espejo. Oh querida esperanza,<br />
 ese día sabremos aun nosotros<br />
 que eres la vida y eres la nada. <br />
Para todos tiene la muerte una mirada.</p>
<p>Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.<br />
Será como renunciar a un vicio,<br />
 como observar en el espejo <br />
el resurgir de un rostro muerto,<br />
 como escuchar unos labios cerrados.<br />
 Mudos, descenderemos al abismo.</p>
<p> <br />
LOS MARES DEL SUR</p>
<p>Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,<br />
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo<br />
mi primo es un gigante vestido de blanco,<br />
que se mueve despacio, el rostro bronceado,<br />
taciturno. Callar es nuestra virtud.<br />
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo<br />
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-<br />
para enseñar a los suyos tanto silencio.</p>
<p>Mi primo me ha hablado esta tarde para preguntarme<br />
si subiría con él: desde la cumbre se avista<br />
en las noches serenas el reflejo del faro<br />
lejano, de Turín. &#8220;Tú que vives en Turín&#8230;&#8221;<br />
me ha dicho &#8230;pero tiene razón. &#8220;La vida hay que vivirla<br />
lejos del terruño: se aprovecha y se goza<br />
y después, al regreso, como yo a los cuarenta,<br />
se encuentra nuevo todo. Las Langas no cambian de sitio&#8221;.<br />
Todo esto me ha dicho y no habla italiano,<br />
sino que usa pausado el dialecto que, como las piedras<br />
de esta misma colina, es tan áspero<br />
que veinte años de idiomas y diversos océanos<br />
no le han limado. Y asciende la cuesta<br />
con la vigilante mirada que vi, de pequeño,<br />
en labriegos un poco cansados.</p>
<p>En veinte años le ha dado la vuelta al mundo.<br />
Se fue siendo yo un niño de brazos<br />
y le dieron por muerto. Después oí hablar de él<br />
a las mujeres, a veces, como una leyenda;<br />
los hombres, más serios, lo olvidaron.</p>
<p>Un invierno a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta<br />
con un gran sello verdoso de barcos en un puerto<br />
y votos por una buena vendimia. El estupor fue grande,<br />
pero el niño crecido explicó ávidamente<br />
que la postal venía de una isla llamada Tasmania,<br />
rodeada de un mar azulísimo y de escualos feroces<br />
en el Pacífico, al sur de Australia. Añadió que sin duda<br />
pescaba perlas el primo. Y arrancó el sello.<br />
Todos opinaron y todos concluyeron<br />
que, si aún no estaba muerto, moriría.<br />
Después lo olvidaron y pasó mucho tiempo.</p>
<p>Oh, desde que jugaba a los piratas malayos<br />
cuánto tiempo ha pasado. Y, desde la última vez<br />
que bajé a bañarme en un sitio mortal<br />
y tras un compañero de juegos monté en un árbol<br />
quebrando sus ramas y le rompí la cabeza<br />
a un rival y fui vapuleado,<br />
cuánto ha acontecido. Otros días, otros juegos,<br />
otros arrebatos de la sangre ante rivales<br />
más escurridizos: los pensamientos y los sueños.<br />
La ciudad me ha enseñado infinitos pavores:<br />
una multitud, una calle me han hecho temblar,<br />
un pensamiento espiado alguna vez en un rostro.<br />
Siento aún en los ojos la burlona luz despectiva<br />
de millares de lámparas sobre el gran barullo de pasos.</p>
<p>Mi primo volvió, terminada la guerra,<br />
gigantesco, entre los pocos. Y tenía dinero.<br />
Los parientes decían por lo bajo: &#8220;en un año, a lo sumo,<br />
lo disipa todo y se larga de nuevo.<br />
Los desesperados acaban así&#8221;.<br />
Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró un local de cemento<br />
en el pueblo e hizo prosperar un garaje<br />
con una flamante pompa para aprovisionar gasolina<br />
y un gran anuncio bajo la curva del puente.<br />
Después puso un mecánico dentro a recibir el dinero<br />
y recorrió las Langas enteras fumando.<br />
Entretanto se había casado en la aldea. Desposó a una muchacha<br />
grácil y rubia como las extranjeras<br />
que de seguro había encontrado algún día por el mundo.<br />
Mas salía aún solo. Vestido de blanco,<br />
con las manos en la espalda y el rostro bronceado,<br />
iba de mañana a las ferias y con aire burlón<br />
adquiría caballos. Después me explicó,<br />
al fracasar el proyecto, que su plan consistía<br />
en suprimir todas las bestias del valle<br />
y obligar a la gente a comprarle motores.<br />
&#8220;Mas la bestia más grande de todas, decía,<br />
he sido yo al pensarlo. Debería saber<br />
que aquí bueyes y gentes son una misma raza&#8221;.</p>
<p>Llevamos andando más de media hora. La cima está cerca,<br />
el fragor y el silbido del viento aumentan de tono.<br />
Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: &#8220;este año<br />
escribo en el cartel: -Santo Stefano<br />
ha sido siempre el primero en las fiestas<br />
del valle de Belbo- y que digan lo que quieran<br />
los de Canelli&#8221;. Reanuda después el ascenso.<br />
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,<br />
algunas luces distantes: chozas, automóviles<br />
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza<br />
que me ha restituido a este hombre, arrancándolo al mar,<br />
a las tierras lejanas, al silencio que dura.<br />
Mi primo no habla de los viajes cumplidos.<br />
Dice lacónico que ha estado en tal lugar o en tal otro<br />
y piensa en sus motores.</p>
<p>Sólo un sueño<br />
le ha quedado en la sangre: una vez se embarcó<br />
como fogonero en un barco de pesca holandés, el Cetáceo,<br />
y vio volar al sol los pesados arpones,<br />
y huir las ballenas entre espumas de sangre<br />
y perseguirlas y alzarse las colas y luchar con la lancha.<br />
Me lo evoca a veces.</p>
<p>Pero cuando le digo<br />
que está entre los afortunados que han visto la aurora<br />
sobre las islas más bellas de la tierra,<br />
sonríe ante el recuerdo y responde que el sol<br />
se levantaba cuando el día era ya viejo para ellos.</p>
<p>Traducciones del italiano de Antonio Sarabia</p>
<p> </p>
<p>Nuria Ruiz de Viñaspre, desde <em><a onclick="window.open('Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/','','');return false;" href="Http://www.rasca-cielos.blogspot.com/">El Rascacielos</a></em>, y Antonio Serrano Cueto, desde <em><a onclick="window.open('http://antonioserranocueto.blogspot.com/','','');return false;" href="http://antonioserranocueto.blogspot.com/">El Baile de los Silenos</a></em>,<img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/premio-al-esfuerzo-personal.png?t=1221388784" alt="premio-al-esfuerzo-personal.png picture by Laurenblog" /> han tenido la bondad de otorgar, ambos al mismo tiempo, a <em>Los Convidados</em> el <em>Premio al Esfuerzo Personal 2008</em>. Ella &#8220;por la profundidad y la poesía&#8221;, él por considerarlo &#8220;la literatura con mayúsculas&#8221;. Lo acepto por venir de dos colegas a quienes aprecio y respeto. La distinción me obliga a mencionar a los otorgantes y vincularlos con un enlace (ya está hecho), a reproducir la imagen del premio y a entregarlo a mi vez a otros cinco blogs que a mi juicio se lo merezcan. La imagen la tienen a su izquierda. Los blogs que selecciono, y recomiendo, son:</p>
<p><a onclick="window.open('http://notasmoleskine.blogspot.com/','','');return false;" href="http://notasmoleskine.blogspot.com/"><em> Moleskine Literario</em></a>, de Iván Thays<br />
<a onclick="window.open('http://www.tradicionclasica.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.tradicionclasica.blogspot.com/"><em> Tradición Clásica</em></a>, de Gabriel Laguna<br />
<a onclick="window.open('http://www.apostillasnotas.blogspot.com/','','');return false;" href="http://www.apostillasnotas.blogspot.com/"><em> Apostillas Literarias</em></a>, de Magda Díaz Morales<br />
<a onclick="window.open('Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/','','');return false;" href="Http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/"><em> Desde Aquí</em></a><em>,</em> de Reinaldo Escobar<br />
<a onclick="window.open('http://trianarts.com/','','');return false;" href="http://trianarts.com/"><em>Trianarts</em></a>, de Triana</p>

	<h4>Entradas relacionadas</h4>
	<ul class="st-related-posts">
	<li><a href="http://losconvidados.com/pino-cacucci-autor-y-traductor/" title="Pino Cacucci, autor y traductor (agosto 10, 2008)">Pino Cacucci, autor y traductor</a> (9)</li>
	<li><a href="http://losconvidados.com/traducciones-del-portugues/" title="Traducciones del Portugués (diciembre 15, 2007)">Traducciones del Portugués</a> (5)</li>
	<li><a href="http://losconvidados.com/homenaje-a-los-traductores/" title="Homenaje a los Traductores (octubre 16, 2007)">Homenaje a los Traductores</a> (2)</li>
</ul>

]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>8</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Pino Cacucci, autor y traductor</title>
		<link>http://losconvidados.com/pino-cacucci-autor-y-traductor/</link>
		<comments>http://losconvidados.com/pino-cacucci-autor-y-traductor/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 10 Aug 2008 16:40:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Sarabia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura Italiana]]></category>
		<category><![CDATA[traductores]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
		<category><![CDATA[autores italianos]]></category>
		<category><![CDATA[Pino Cacucci]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://losconvidados.com/?p=57</guid>
		<description><![CDATA[Esta entrada podría muy bien titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221;, -traductor, traidor-, porque tiene como Convidado al excelente novelista y traductor italiano, Pino Cacucci (Alessandria, 1955), gran &#8220;cuate&#8221;, diríamos en México, de este autor, y Pino sabe muy bien lo que esa palabra significa porque también es responsable de la brillante traducción de mi novela Le Arance [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta entrada podría muy bien titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221;, -traductor, traidor-, porque tiene como Convidado al excelente novelista y traductor italiano, Pino Cacucci (Alessandria, 1955), gran &#8220;cuate&#8221;, diríamos en México, de este autor<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/pinocacuccimontanaro.jpg?t=1218384302" alt="pinocacuccimontanaro.jpg picture by antoniosarabia" />, y Pino sabe muy bien lo que esa palabra significa porque también es responsable de la brillante traducción de mi novela <em>Le Arance Amare di Sviglia</em> (Ugo Guanda Editore, 2003) y otros varios textos míos a la lengua del Dante. Si digo que esta entrada debería llamarse &#8220;tradutore, traditore&#8221; no es, desde luego, por causa suya, ya que su trabajo, siempre preciso y fidelísimo, le ha merecido varios premios internacionales, entre ellos, este año, el <em>Claude Couffon</em> que otorga el Salón de Libro Iberoamericano patrocinado por Luis Sepúlveda en inteligente y amistoso contubernio con el ayuntamiento de Gijón y el Principado de Asturias.</p>
<p>Si digo que debe titularse &#8220;tradutore, traditore&#8221; es porque hace unas semanas pedí a Pino que me mandara algo suyo para incluirlo entre <em>Los Convidados</em> y él correspondió a mi solicitud enviándome un relato, -en el fondo una bella parábola sobre la inmigración-, pero lo hizo, como es natural, en su nativo italiano, poniéndome en el comprometido y comprometedor aprieto de tener que traducirlo yo mismo. Esa es la razón por la que esta entrada, aparte de &#8220;tradutore, traditore&#8221;, podría llamarse también &#8220;El autor prueba una sopa de su propio chocolate&#8221; o, &#8220;Cuando los patos le tiran a las escopetas&#8221;.<br />
Así pues, esta semana yo traduzco a mi traductor, y le pido disculpas de antemano a él y a ustedes los habituales del blog por las posibles meteduras de pata porque su hermoso texto, <em>La Resurrezione della Vite</em> se merecía alguien con mayores conocimientos de la lengua italiana que yo. </p>
<p>Añado, como resarcimiento, una evocación de nuestro querido México donde Pino vivió tantos años. Se trata de un cuadro poco conocido de Diego Rivera, el gran pintor mexicano sobre cuya persona y época mi gran amigo y traductor ha escrito muchísimas páginas. Se titula, no faltaba más, <em>En el Viñedo</em>. Es de 1920.</p>
<p><span id="more-57"></span></p>
<p>LA RESURRECCIÓN DE LA VID</p>
<p>Padre e hijo fueron de los últimos en abordar el barco. Bastia se volvió a mirar el muelle, hacia los parientes de su mujer emigrados a Chile diez años antes que los despedían conmovidos. Les hizo un rápido gesto de adiós y se apresuró a buscar un espacio en el puente donde resguardar a Tonino del sol y, más que nada, al saquito de tela que contenía todas sus esperanzas. Cuando se soltaron las amarras y la nave comenzó lentamente a separarse del puerto, Bastia contempló la soleada Valparaíso en medio verano austral y pensó: &#8220;en casa estará nevando ahora&#8230; Bien, al menos hará frío para proteger lo que resta de mi pobre viñedo abandonado&#8221;.<br />
<img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/1920EnelViedoDiegoRivera.jpg?t=1218385081" alt="1920EnelViedoDiegoRivera.jpg picture by antoniosarabia" />El año nuevo de 1900 lo pasaron doblando el Cabo de Hornos, ahí donde el Pacífico y el Atlántico se encuentran en una incesante lucha proclive a tempestades. Tonino fue a vomitar varias veces por encima de la borda la mísera cena que se había ofrecido a los pasajeros de cubierta. Bastia le sostenía la cabeza mientras le hablaba para reanimarlo:  &#8220;aquí hay una leyenda, ¿sabes?: en lo más hondo de este abismo el diablo yace encadenado y se esfuerza en liberarse, por eso el mar está siempre revuelto&#8221;. Después volvía al rincón de un bote salvavidas bajo cuyo amparo rociaba con los dedos un poco de agua sobre la andrajosa bolsita de la que brotaban ya pequeños protuberancias de raíces retorcidas. Ahí dentro estaba su preciosa cepa madre envuelta en terrones de aquella baldía tierra americana, arena compacta del sur del fin del mundo, capaz de hacerla inmune a la filoxera. Feliz año nuevo, papá, le dijo Tonino limpiándose la boca mientras los pasajeros de cabina, &#8220;los señores&#8221;, festejaban descorchando champagne y Bastia sentía en el paladar el gusto de la última botella de Barbera o, más bien, la penúltima porque había guardado una postrera en su bodega y la conservaba para celebrar con ella la esperanza recuperada, el resurgimiento de sus vidas. &#8220;Quizás&#8221;, reflexionó, y de inmediato apartó la sombra del desaliento diciéndose a sí mismo: &#8220;los franceses lo comprendieron antes que nadie: la solución es ésta&#8221;, y acarició el saco que contenía el porvenir.<br />
Mar del Plata, Montevideo, Río de Janeiro y después la larga travesía transocéanica. Primero la escala en Cabo Verde, luego las Canarias y finalmente&#8230; el estrecho de Gibraltar. Meses de navegación con un solo pensamiento en la cabeza: &#8220;los portainjertos tienen que mantenerse vivos&#8221;. Y mantener también a Tonino a raya cuando, en cada puerto, preguntaba por qué todos descendían a tierra menos ellos. &#8220;No puedo dejarlos aquí ni tampoco llevarlos a la espalda, podrían morírseme&#8221;, respondía siempre Bastia señalando el saco húmedo.<br />
Cuando desembarcaron en Génova, Tonino estaba eufórico y Bastia taciturno y tenso. Ahora venía lo peor, según él. Las horas de tren le preocupaban. La cepa madre, la raíz de la nueva vida podría sufrir un trauma irreparable. Al día siguiente estaban en casa. El recuento de las maravillas se lo dejó todo a Tonino. Él abrazó a su mujer bañada en lágrimas, estrechó a sus dos niñas pequeñas, y en seguida se precipitó a la viña a intentar la consumación del milagro.<br />
Había sido un barco de vapor el culpable de difundir la peste. En 1869, venido de quién sabe dónde, desembarcó un bichito casi invisible, una larva. La Filoxera, criatura americana, que no había causado daños a las viñas llevadas por los conquistadores españoles debido a la tierra arenosa en la que se plantaron, en Europa se convirtió en un flagelo, provocó una carestía, corroyó las raíces y destruyó todos los viñedos comenzando por Francia y extendiéndose al resto del continente. No existía veneno capaz erradicarla. A la vuelta de pocos años muchos viñedos legendarios desaparecieron para siempre. A Italia la plaga de Filoxera llegó un poco más tarde, pero con efectos igualmente devastadores. El vino parecía a punto de convertirse en un recuerdo del pasado. Pero los franceses descubrieron la cura: el camino de la conquista a la inversa. Importaron raíces de Sudamérica, donde las plantas habían generado defensas que las hicieron inmunes a la filoxera. Los viñedos descendientes de aquellos que tres o cuatro siglos antes habían cruzado el Atlántico en carabelas y galeones volvían para restaurar la vida a sus distantes progenitores. De ahí en adelante, todos los vinos europeos tuvieron su origen en vinos sudamericanos. Funcionaba. Y Bastia quiso hacer la prueba.<br />
Pasó la primavera, con la familia en pleno escrutando las heridas de los injertos y los débiles retoños. Luego, en verano, las pocas hojas y algunas míseras ramitas. Después otro largo invierno rezando y merodeando aquella última botella de Barbera. Pero al llegar de nuevo el verano Bastia le sacó el corcho y todos brindaron por la resurrección. En septiembre las uvas no fueron muchas pero sanas. El maldito parásito se había roto los dientes contra las cepas del lejano Chile. Qué rara la vida, pensaba Bastia, y qué rara la vid. Quién iba a decir que después de tantos siglos llegaría a producir como máximo un poco de vinagre. Y ahora, mira nada más, si nos habíamos puesto de nuevo a vendimiar y apisonar la uva con los pies desnudos se lo debíamos a los inmigrantes.<br />
Pino Cacucci</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>

	<h4>Entradas relacionadas</h4>
	<ul class="st-related-posts">
	<li><a href="http://losconvidados.com/pavese-a-los-cien-anos/" title="Pavese a los cien años (septiembre 14, 2008)">Pavese a los cien años</a> (8)</li>
	<li><a href="http://losconvidados.com/traducciones-del-portugues/" title="Traducciones del Portugués (diciembre 15, 2007)">Traducciones del Portugués</a> (5)</li>
	<li><a href="http://losconvidados.com/homenaje-a-los-traductores/" title="Homenaje a los Traductores (octubre 16, 2007)">Homenaje a los Traductores</a> (2)</li>
</ul>

]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://losconvidados.com/pino-cacucci-autor-y-traductor/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

