Archivo de la Categoría “Literatura hispanoamericana”

Sitges2.jpg picture by antoniosarabiaPas√© toda la semana pasada con mi hijo, Bruno, en Sitges. √Čl fue a seguir ah√≠ un breve curso de cine y yo a acompa√Īarlo unos d√≠as antes de la larga separaci√≥n del verano. Esta peque√Īa localidad de la costa catalana, con sus doradas playas atestadas de ba√Īistas, sus pintorescas callejuelas, sus elegantes v√≠as peatonales, sus peque√Īos restaurantes y caf√©s frente al mar, forma parte de la elite de sitios tur√≠sticos que bordean el mediterr√°neo y tiene mucho en com√ļn con sus pares en Italia o en Grecia.
Mientras Bruno asist√≠a a sus cursos por la ma√Īana yo me quedaba escribiendo en el hotel o, cuando me apetec√≠a estirar un rato las piernas, me dedicaba a explorar los alrededores en busca de un sitio agradable donde podr√≠amos despu√©s almorzar. Durante una de esas largas caminatas descubr√≠ una limpia y bien aprovisionada librer√≠a atendida por un joven empleado, calcul√© que no llegaba a los treinta, que sab√≠a bien de qu√© trataba el oficio. No ten√≠a en su cat√°logo lo que yo andaba buscando pero me ofreci√≥ lecturas alternativas y me recomend√≥ varias novedades interesantes que hab√≠a le√≠do √©l mismo. Fue una grata sorpresa. La mayor parte de las librer√≠as son hoy atendidas por un personal que, como dec√≠a Mendel, el entra√Īable bibli√≥filo del cuento de Zweig, deber√≠an acarrear piedras en lugar de andar metidos en libros.
Sitges-1.jpg picture by antoniosarabiaA poco rato de conversar con el culto librero descubr√≠ que se llamaba Enric L√≥pez Tuset (Tarragona, 1983) que √©l mismo escribe poes√≠a y que ha colaborado con ella en algunos n√ļmeros de la revista Salina. Actualmente, prepara un volumen de sus poemas en catal√°n.
Como una de las finalidades de Los Convidados es el dar a conocer nuevos autores mezcl√°ndolos con los de nombre ya consagrado, ofrecemos aqu√≠ a los lectores algunos poemas de Enric, traducidos por √©l mismo al castellano. Ojal√° les sorprendan¬†a ustedes¬†como me sorprendieron a m√≠ cuando me los dio a leer aquella ma√Īana en la librer√≠a de Sitges.

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chess1.jpg picture by antoniosarabiaEl ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el domin√≥, no desde√Īa cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida.¬†Durante los a√Īos en que coincid√≠ en Par√≠s con el colombiano Santiago Gamboa, √≠bamos por las noches al¬†acogedor bar del hotel Ritz, el¬†Hemingway, donde entonces hab√≠a instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ah√≠ jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y √©l cierta bebida ex√≥tica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero hab√≠a ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomod√°bamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repet√≠a una frase que se ha hecho c√©lebre entre los dos: “¬Ņc√≥mo quedamos la √ļltima vez… dos a uno, verdad?”.

Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasi√≥n por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poes√≠a, hasta se entreten√≠a componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eter√≥nimo Ricardo Reis, me encontr√© con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduci√©ndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez alg√ļn lector portugu√©s me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice E o de marfim pe√£o mais avan√ßado / pronto a comprar a torre, ¬ŅQu√© significa en portugu√©s, en t√©rminos ajedrec√≠sticos comprar a torre? Yo tuve la opci√≥n de traducir listo a tomar la torre, pero pens√©, mala intuci√≥n tal vez, que como era el pe√≥n m√°s avanzado estaba a punto de llegar a la √ļltima hilera y convertirse en torre. Cualquier aclaraci√≥n al respecto ser√° m√°s que bienvenida. Se me ocurre publicar la traducci√≥n ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le pod√≠a considerar un verdadero fan√°tico del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la p√°gina. Lee el resto de esta entrada »

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Nstor.jpg picture by antoniosarabiaAdem√°s de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde ense√Īa lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, N√©stor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entra√Īable contacto en Francia: forma el eje del pol√≠gono Argentina, M√©xico, Francia, Portugal, Colombia que me provee, s√≥lo Dios y √©l saben c√≥mo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastron√≥micamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.

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En octubre de 2008, despu√©s de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Val√©ria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa p√°gina “Los Convidados”. Pocas semanas m√°s tarde, sal√≠a all√≠ mi cuento El d√≠a del amigo. Entre tanto, el coraz√≥n me hab√≠a andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a M√©xico. Pero la p√°gina de Antonio me permiti√≥ hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. All√≠ dej√≥ un mensaje que todav√≠a pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Est√°bamos en la misma divisi√≥n y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de f√ļtbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llev√≥ la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canci√≥n, “S√≥lo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomod√≥ el Negro.
Despu√©s se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El d√≠a del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se qued√≥ en La Plata y se recibi√≥ de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por tel√©fono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del a√Īo pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telef√≥nica y le cont√© en detalle mi problema card√≠aco. Parec√≠a como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todav√≠a siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.

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William Ospina (Padua, Colombia, 1954) tiene ya un nicho propio dentro de la poesía colombiana. Su enorme talento y la amplitud y calidad de su obra lo convierten en una de las grandes referencias del género (ver William Ospina y el soneto al instante, marzo 2, 2008, en este mismo blog).
Pero William es incapaz de quedarse quieto, y menos a√ļn trat√°ndose de literatura. Por eso en el 2005 hizo una primera incursi√≥n en la narrativa con su novela Urs√ļa, la cual tuvo una excelente acogida entre el p√ļblico y la cr√≠tica. Ahora, este jueves 4 de junio, con El Pa√≠s de la Canela, la segunda parte de lo que apunta ser una extraordinaria trilog√≠a, acaba de hacerse acreedor al XVI Premio Internacional de Novela R√≥mulo Gallegos.
William_Ospina_imagen_archivo.jpg picture by antoniosarabiaAl presentarla la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid, Ospina afirm√≥ que El Pa√≠s de la Canela propone una mirada sin manique√≠smo sobre la conquista de Am√©rica. El protagonista-narrador es un mestizo, hijo de un espa√Īol y de una ind√≠gena. De ese modo le es posible ofrecer una novela con la perspectiva de aquellos dram√°ticos acontecimientos desde la sensibilidad de alguien que pertenece a los dos mundos.
El 2 de agosto se le har√° la entrega oficial del galard√≥n que consiste en cien mil euros en efectivo y una medalla de oro. El premio fue creado en 1964 por el entonces presidente Ra√ļl Leoni para honrar la obra de R√≥mulo Gallegos, autor del cl√°sico costumbrista Do√Īa B√°rbara y en su momento tambi√©n presidente de Venezuela. Entre otros ganadores del certamen, que cumple cuarenta y cinco a√Īos, est√°n el peruano Mario Vargas Llosa, quien gan√≥ la primera edici√≥n en 1967, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel Garc√≠a M√°rquez, adem√°s del espa√Īol Javier Mar√≠as, el tambi√©n colombiano Fernando Vallejo y el mexicano Carlos Fuentes.
William, viejo cómplice de Los Convidados y amigo personal de este autor, nos ofrece uno de los capítulos de la obra ganadora para deleite de los lectores del blog.
Otra vez felicidades, Willie, y gracias por el texto. Hasta muy pronto.
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Me encontr√© a Paco Ignacio Taibo II (Gij√≥n, Espa√Īa, 1949) durante el reciente Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n. Paco, pese a que lo conozco muy bien, se trata de uno de mis amigos m√°s antiguos y queridos, nunca deja de sorprenderme. C√≥mo le alcanza el tiempo para participar en el Sal√≥n, escribir, promocionar sus novelas por el mundo y mantener activo el bien aceitado engranaje que destapa cada a√Īo, durante el mes de Julio, una nueva edici√≥n de la Semana Negra es para m√≠ un misterio.
Foto07.jpg picture by antoniosarabiaPaco es infatigable, es cierto, pero ante todo es tambi√©n un visionario. Y lo es en todas sus empresas, tanto literarias como extraliterarias. S√≥lo √©l puede concebir un libro con la fuerza, la calidad, la magnitud, el aliento y la ambici√≥n de la biograf√≠a de Pancho Villa, por ejemplo, que lleva ya vendidos no s√© cu√°ntos miles y miles de ejemplares. O ese extraordinario acontecimiento entre verbena popular, feria de pueblo, circo, maroma, teatro y acontecimiento cultural, que es la Semana Negra de Gij√≥n en la que cada a√Īo recibe una oleada de excelentes escritores y m√°s de un mill√≥n de visitantes.
Fue bueno compartir con √©l la mesa y la conversaci√≥n. Me obsequi√≥, adem√°s, su m√°s reciente novela, De Paso, que me le√≠ de un tir√≥n en el camino de vuelta a Lisboa. Cuando le escrib√≠ proponi√©ndole hacer algo con ella en Los Convidados su escueto email de respuesta fue: “haz lo que m√°s te guste con eso”.
Pues esto es lo que me gustó hacer, Paco: elegí tres capítulos para los lectores del blog y sé que los van a disfrutar. Gracias, y suerte en la vigésimo segunda edición de la Semana Negra.

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CAP√ćTULO ONCE
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El patrón de la Cantabria me dijo:
-¬ŅQuieres mil pesos, Tom√°s?
Yo le dije que sí y le pregunté:
-¬ŅA qui√©n mato?
-Al gachupín anarquista, al San Vicente ese.
-Mitad y mitad -le dije, y él entendió luego luego, porque era una fiera para los negocios.
-Trecientos ahora y el resto cuando los periódicos saquen la foto del muerto.
-¬ŅY si no hay foto?
-Con la nota me conformo -dijo extendiendo los trecientos pesos sobre la mesa como un abanico.
El cabrón me daba puros billetes de a peso y de a cinco, para que parecieran muchos, y muchos parecían. Recogí el abanico y saludé llevándome dos dedos al sombrero.
Me fui a la cantina a pensar, y pens√©: Si voy a La Guadalupana a lo mejor el patr√≥n de all√≠ me da otros trescientos, y si hablo con los amarillos de Puebla, a lo mejor me dan doscientos por todo, y si hablo con el arzobispo a los mejor saco indulgencias desde antes; si le vendo la historia al Universal a lo mejor saco otros trescientos. Porque yo mato por dinero, pero no soy ning√ļn pendejo, y mi tirada es poner una curtidur√≠a en Ju√°rez, en Jim√©nez, lejos de aqu√≠, alg√ļn d√≠a.
En ésas estaba cuando llegó San Vicente. Yo hice como que estaba curándome de amores con unas copas, pero vino derecho a la mesa y se me sentó enfrente.
-Me dijeron que te dieron unos billetes para matarme -dijo en seco y sin saludar.
Ten√≠a la mano en el bolsillo de la chaqueta, y ten√≠a, “ten√≠a que tener” el dedo en el gatillo y la autom√°tica amartillada. De manera que le fui de frente y asent√≠.
-¬ŅCu√°nto?
-Trescientos -le dije. Y me quedé pensando quién habría sido el chismoso, que más habían tardado en darme la lana que en írselo a contar.
-Con dos deditos saca el dinero del chaleco y ponlo arriba de la mesa -me dijo.
La gente se iba juntando pero nada babosa, se pon√≠a detr√°s de √©l. Y estaba claro que si iba a haber plomazos, iban a la salir todos pa’ mi lado.
Extendí el dinero en abanico, tal como lo había recibido.
-Sabes que no es para mí, que yo no tocaría ni un centavo.
Asentí de nuevo. Y entonces supe todo.
-Gracias -me dijo, y se levantó.
-¬ŅSabes qui√©n me lo dijo y por qu√©? -me pregunt√≥ antes de salir.
-Creo que ya lo adiviné. Gracias.
San Vicente salió de la cantina sin mirar para atrás. Yo me tome el tequila que estaba a medio apurar y salí caminando despacio.
El cabr√≥n patr√≥n de la Cantabria le hab√≠a soltado el pitazo con alg√ļn empleado. As√≠, si yo no lo mataba, el me mataba a m√≠, y entonces le echaban a la polic√≠a encima y lo refund√≠an. Me dol√≠a, m√°s que la trampa, la falta de confianza.
Entonces, fui a las oficinas de la Cantabria, y le metí un tiro en la frente al tipo. La sangre se le mezcló con la baba arriba del escritorio de caoba. Los muertos hacen cosas raras.
Por eso ando por aquí, por la frontera, en lugar de tener una curtiduría.
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Encontrarse con Elsa Osorio (Buenos Aires, Argentina, 1952)¬†dedmordzinzkyquaiesdeseine.jpg picture by antoniosarabiacuando el azar, ese ir y venir por aqu√≠ y por all√° inherente a nuestro quehacer literario,¬†nos permite coincidir en alguna parte del mundo es una felicidad muy grande.¬†Elsa es una mujer dulce, inteligente, curiosa, bien informada, con quien es un placer compartir desde una charla de caf√© hasta una mesa redonda.¬†Eso acaba de suceder en el XII Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n donde pasamos algunas muy agradables jornadas juntos. Elsa es una √°vida lectora de Los Convidados, “los domingos por la tarde en Buenos aires, me dice, antes de meterme en la cama”, y ya hemos publicado comentarios suyos en una que otra entrada. Hoy la tenemos por fin entre nosotros participando con un excelente relato de su libro Callej√≥n con Salida, que ofrece con much√≠simo gusto a los lectores de Los Convidados.

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Entre los invitados a la Primera Semana Internacional de Novela Hist√≥rica, celebrada del siete al diez de mayo en el marco de la feria del libro de Valladolid, me encontr√© con Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, Espa√Īa, 1960) al que me une una vieja y estrecha amistad y con quien tuve el placer de compartir una mesa redonda el s√°bado 9 por la noche.

Alfonso.jpg picture by antoniosarabiaAlfonso es tambi√©n un apasionado del siglo de oro espa√Īol; ha publicado dos hermosas novelas sobre el tema, Ladrones de Tinta (Ediciones B, 2004) y El Gabinete de las Maravillas (Ediciones B, 2006) cada una ganadora de un premio Espartaco de novela hist√≥rica. El s√°bado ambos nos divertimos en grande, espero que nuestro auditorio tambi√©n, tomando partido entre bromas y veras √©l por Cervantes y yo por Lope de Vega en las desavenencias que ambos sostuvieron durante sus vidas en aquel maravilloso y agitado siglo XVII.
Sin embargo, la más reciente novela de Alfonso, Las Caras del Tigre, publicada hace pocas semanas por Seix Barral, ocurre en pleno siglo XX y nada tiene que ver con la historia. Es un relato apasionante que anuda una intriga casi policiaca al origen de la especie humana y del que, sin traicionar los pormenores, ofrezco con la conformidad del autor uno de los primeros capítulos a los lectores de Los Convidados.
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AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA

En una f√°bula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripci√≥n de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la m√ļsica est√° en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegr√≠a, pero la m√ļsica es la tristeza y es la alegr√≠a. Tal vez la poes√≠a sea ese soplo de inspiraci√≥n misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusi√≥n a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten m√°gicamente en esa realidad que est√°n nombrando.
aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabiaLos pa√≠ses americanos de habla espa√Īola vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caim√°n en el flanco de la canoa. Esas cr√≥nicas tempranas ya viv√≠an el anhelo de encontrar en la geograf√≠a ignota de America un hogar, una patria, y s√≥lo as√≠ podemos entender la emoci√≥n de estas palabras de las “Eleg√≠as”: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardar√≠a mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ning√ļn poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivi√≥ una de las aventuras m√°s secretas y conmovedoras de la lengua castellana en Am√©rica, y gracias a ella construy√≥ con el lenguaje lo que √©l mismo llamar√≠a su “Morada al Sur”.
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en Jos√© Hern√°ndez y en Oth√≥n, en Bello y en Guti√©rrez Gonz√°lez. Y despu√©s de la aventura magn√≠fica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufon√≠a a la lengua, pero que se propon√≠an menos ser la voz de un territorio que el temblor de una √©poca, algunos poetas de Hispanoam√©rica de los a√Īos treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los espa√Īoles de la generaci√≥n del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. As√≠ vimos aparecer a L√≥pez Velarde en M√©xico, a C√©sar Vallejo en el Per√ļ, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.
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julio2.jpg picture by antoniosarabiaLa editorial Alfaguara acaba de publicar Papeles Inesperados, un compendio de once relatos, tres historias de cronopios y un capítulo desconocido del Libro de Manuel, junto con varias autoentrevistas, poemas, ensayos, prólogos, discursos y otros textos inéditos de Julio Cortázar. La publicación plantea, es cierto, el problema moral de qué tan lícito es el dar a conocer escritos que el propio autor desestimó en vida. A mí en lo personal, y supongo que a muchos de mis colegas, me aterra la perspectiva de que alguna vez se lean borradores que yo no encuentro a punto y que he dejado cocinando para futuras revisiones en el disco duro de mi ordenador o, ya impresos, en lo más hondo de un cajón. Sin embargo Cortázar es Cortázar y para sus admiradores, entre quienes me cuento, cualquier de sus textos tiene un interés especial que tal vez él mismo nunca previó. Por eso, y esperando contar con el tácito perdón y la venia del Gran Julio, me apresuro a compartir con los lectores de Los Convidados uno de los cuentos reciéntemente aparecidos.IMAGEN-5122208-1jpg.jpg picture by antoniosarabia

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Ayer por la noche en Albox, Almer√≠a, se entreg√≥ el Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos 2009 a Rub√©n D√≠ez Tocado y, como es costumbre, se present√≥ al mismo tiempo la edici√≥n impresa del libro galardonado el a√Īo anterior, De Ida y Vuelta, de la poeta andaluza radicada en Par√≠s Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, Espa√Īa 1980).

SARAT3.jpg picture by antoniosarabiaSara tuvo a bien invitarme a escribir el pr√≥logo de su poemario, solicitud a la que acced√≠ gustoso porque, adem√°s de la simpat√≠a personal que me inspira su autora, De Ida y Vuelta es una obra espl√©ndida que augura a Sara Herrera Peralta un relevante porvenir dentro de las letras espa√Īolas.

El libro es un bello y muy bien cuidado volumen que publica la editorial Difácil, de Valladolid, bajo la dirección de César Sáenz.

Saludo, pues, la aparici√≥n en las librer√≠as espa√Īolas del poemario ganador del VII Premio Internacional de Poes√≠a Mart√≠n Garc√≠a Ramos, De Ida y Vuelta, publicando el pr√≥logo que le escrib√≠ junto a tres poemas del mismo.

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PR√ďLOGO

La √©pica de Gilgamesh menciona un pasaje subterr√°neo que une las cimas de dos cumbres gemelas: las de las monta√Īas que limitan el poniente y el oriente en los dos extremos del mundo. Ese es el oscuro sendero que el sol recorre durante la noche para volver a su punto de partida. El h√©roe, abatido por la idea de la muerte, se empe√Īa en tomarlo y despu√©s de recorrerlo dos veces, de Ida y Vuelta durante doce etapas dobles, reaparece en la superficie y emerge ante la aurora. Ha seguido la senda que lleva de la muerte al renacimiento, de la √°rida y cerrada lobreguez a la fuente de la vida, del √ļtero marchito y agotado a la resurrecci√≥n.
Imagen1.png picture by antoniosarabiaUna vez cre√≠ que la vida estaba muerta dice Sara Herrera Peralta en el verso que abre el poemario y, al igual que el h√©roe de la antigua √©pica, desciende -me adentr√© en el t√ļnel escaleras abajo- para cumplir el mismo antiguo ritual inici√°tico en el subsuelo urbano. Las tablas de arcilla que marcan el recorrido de Gilgamesh se convierten en otros tantos carteles que se√Īalan los nombres de las paradas en la l√≠nea seis del metro de Par√≠s. De Nation a Charles de Gaulle-√Čtoile. La ruta que Sara recorre De Ida y Vuelta, ese mirar l√ļcido y condolido con el que observa cuanto le rodea, es el hilo conductor que la llevar√° a la salida y, al alcanzarla, a la iluminaci√≥n. Sus vivencias dan cuenta de un periplo m√°s moderno que el de Gilgamesh pero no menos arquet√≠pico. Su testimonio no corrompe el s√≠mbolo, lo actualiza.
Su poemario no es una suma de poemas aislados sino un aut√©ntico “libro de poes√≠a”, con una unidad tem√°tica particular en el que los versos germinan de un mismo ensimismado desasosiego para obedecer a una cohesi√≥n y a una l√≥gica internas que los unen y que, al leerse como un todo, confieren al lector el punto de vista que le permite abarcar la experiencia completa.
Porque sus reflexiones caen, fluidas, naturales y certeras sobre la hoja de papel con tonalidades en las que se advierten cadencias de la gran poes√≠a iberoamericana, de Paz, Parra y Pizarnik, entreveradas con la de algunos poetas de su nativa tierra andaluza. Al leerla pienso en Cernuda, en Altolaguirre, en Moreno Villa, quienes en alg√ļn momento de sus vidas se nutrieron en tierra americana. Y es ah√≠, en ese terreno inasequible para el com√ļn de los mortales en el que la sobriedad y la elegancia en el lenguaje se dan cita con la inteligencia, el sentimiento y la intuici√≥n, donde nace la poes√≠a de Sara Herrera Peralta. Su voz puede ser joven pero, a sus veintinueve a√Īos, posee un acento maduro y resuelto que despunta con personalidad propia entre los dem√°s miembros espa√Īoles de su generaci√≥n: Carlos Contreras Elvira, Mart√≠n L√≥pez Vega, √Ālvaro Tato, Fruela Fern√°ndez y Elena Medel.
Es conveniente mencionar que Sara, como muchos de los autores que presiento en su obra, escribe y en parte se ha formado literariamente fuera de su patria. La coincidencia, entre otros, con los Paz, Pizarnik, Cernuda, Altolaguirre o Moreno Villa mencionados anteriormente no puede ser más clara. De ese exilio físico y espiritual nace el mirar embelesado y perplejo que induce a apreciar con azorados ojos ajenos lo que para los demás no pasa de ser ordinario y trivial.
En la segunda parte del poemario Sara abandona el submundo parisino y se eleva por los aires. La maleta de Hiroshima fue mi excusa para un ticket de ida y vuelta, apunta. Los t√≠tulos de estos otros poemas corresponden a los r√≥tulos que las compa√Ī√≠as a√©reas fijan en el equipaje de sus pasajeros para indicar el origen y destino de sus vuelos. Cada transitoria etiqueta sobre la valija equivale a una estaci√≥n del Metro. El viaje, el desconsolado mon√≥logo, contin√ļa. Madura nuevas consideraciones en distintas esferas sobrevolando el trayecto anterior como a la superficie de un espejo. Lleva, dice la misma Sara, la civilizaci√≥n escondida en los bolsillos. Y al final del camino, en una celebraci√≥n que se repite, encuentra como postrer consuelo la esperanza.
Con la obtención del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2008, esta joven poeta jerezana prosigue la afortunada tradición de brillantes ganadores iniciada por Carlos Contreras Elvira en el 2006 y continuada por la colombiana Lauren Mendinueta en el 2007. Si el ahora se le presenta a Sara Herrera Peralta así de espléndido sólo nos queda fabular sobre lo que le depara el futuro.
Antonio Sarabia

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