Archivo de la Categoría “Fotograf√≠a”

Daniel Mordzinski

Mi querido amigo, el gran fot√≥grafo argentino, Daniel Mordzinski cuyo trabajo han admirado a menudo ustedes en las p√°ginas de este blog ha sufrido una p√©rdida irrecuperable. Veintisiete a√Īos de su trabajo fueron arrojados negligentemente a la basura por unos imb√©ciles. Yo qued√© primero sorprendido al enterarme de tama√Īa estupidez y luego desolado al escucharlo contarme los detalles por tel√©fono. Me debato a√ļn entre las mentadas de madre a los autores del desaguisado y la rabia y la impotencia ante lo irremediable. No se me ocurre, por el momento, qu√© otra cosa hacer aparte de denunciar el hecho y ponerme a su disposici√≥n, con todo el afecto fraternal que √©l conoce, para cualquier cosa que pueda ofrec√©rsele.

Copio m√°s abajo la nota publicada en Facebook por nuestro mutuo amigo, Luis Sep√ļlveda, en la que narra con claridad lo sucedido y me uno a su petici√≥n y al dolor y a la bronca que lo embargan y que, estoy seguro, en estos momentos invade a todos los conocemos y queremos a Daniel.

Antonio Sarabia

 

Una petición a todas mis amigas y todos mis amigos

Amigas y amigos: Este es una petici√≥n que hago desde la ira, desde la bronca y el dolor, porque a uno de mis m√°s queridos amigos, a mi hermano del alma Daniel Mordzinski, el gran fot√≥grafo de la literatura, le han hecho desaparecer veintisiete a√Īos de trabajo, ¬° 27 a√Īos! , el trabajo de toda una vida botado a la basura, y no es una met√°fora, no: las manos de un cretino que segu√≠an los √≥rdenes de otros cretinos decidieron que el trabajo de Daniel Mordzisnky no merec√≠a m√°s destino que el desprecio y la basura.

 

Antonio Sarabia y Luis Sep√ļlveda. Foto de Daniel Mordzinski

Durante m√°s de diez a√Īos y en virtud de una alianza entre el peri√≥dico espa√Īol EL PAIS y el franc√©s LE MONDE, Daniel Mordzinsky utilizaba un despacho en el s√©ptimo piso de la redacci√≥n parisina de LE MONDE para guardar y conservar su archivo de negativos y diapositivas. Eran miles de negativos y diapositivas, de originales conservados con el rigor que caracteriza a Daniel, y que sin m√°s, sin ninguna contemplaci√≥n fueron arrojados a la basura.

 

El pasado 7 de marzo, Miguel Mora, corresponsal de EL PAIS en Francia, llegó hasta el despacho de la séptima planta y se encontró con que lo habían vaciado totalmente, sin que mediara un aviso ni a él ni a Daniel. Simplemente habían sacado todo lo que ahí había y lo habían hecho desaparecer.

 

Tras horas de dram√°tica b√ļsqueda, de preguntas sin m√°s respuestas que el cobarde bajar la cabeza y musitar “je suis desol√©”, en un s√≥tano encontraron el gran mueble archivador que el mismo Daniel hab√≠a pintado de negro hace diez a√Īos, totalmente vac√≠o.

 

En una demostraci√≥n de cobard√≠a y bajeza moral que manda al infierno toda la tradici√≥n de defensor de la libertad de expresi√≥n que caracteriz√≥ a LE MONDE, nadie ha querido responder qui√©n y por qu√© se tom√≥ la decsi√≥n de botar a la basura 27 a√Īos de trabajo de uno de los mayores fot√≥grafos del mundo.

 

Cuesta creer que en un peri√≥dico como LE MONDE trabaje gente a la que las palabras “Cort√°zar”, “Israel”, “Escritores latinoamericanos”, Escritores franceses”, “Escritores espa√Īoles”, “Escritores Portugueses”, “Semana Negra”, ” Festival de Saint Malo”, “Carreffour de Litt√®ratures”, “Mercedes Sosa”, “Borges”, “Astor Piazzola” y un largo etc√©tara de nombres no le dijeran absolutamente nada, y simplemente tiraran a la basura ese tesoro fotogr√°fico sin consultar a nadie.

 

Ese archivo de Daniel Mordzinski, esos 27 a√Īos de trabajo miserablemente perdidos, eran parte de la memoria social, cultural y literaria del siglo XX, eran parte de la cultura universal, eran parte del legado de un artista, de un fot√≥grafo cuya obra es reconocida como uno de los aportes fundamentales para el gran registro de la cultura contempor√°nea.

 

De toda la obra fotogr√°fica de Daniel Mordzinsky, de mi amigo, de mi hermano compa√Īero de aventuras en tantas partes del mundo, apenas se han salvado unos cientos de fotograf√≠as digitalizadas, que aparecen en sus √ļltimos libros publicados, tambi√©n en uno que firmamos juntos, “√öltimas Noticias del Sur”, y que han sido vistas en las numerosas exposiciones que ha hecho en los √ļltimos a√Īos. El resto desapareci√≥, tragado por la ignorancia, la desidia y, lo que es m√°s grave, por una demostraci√≥n m√°s de la falta de rigor, de √©tica, que est√° haciendo del periodismo una cloaca.

 

Escribo esto desde el dolor, desde la ira y la bronca, porque Daniel Mordzinski, es mi socio, mi amigo, mi compa√Īero, mi hermano de aventuras dignas en el campo del periodismo y la literatura.

 

Una de las raras fotos en las que Daniel aparece con algunos de sus amigos

Amigas, amigos, les pido encarecidamente que copien y reproducan esto en todos los lugares posibles, también en la página que LE MONDE tiene en facebook, en los periódicos y revistas a los que tengan acceso, y que manden firmas de apoyo a dmordzinski@free.fr

 

Tengo una imagen fija en la memoria, y es del a√Īo 1996, cuando en medio del viento eterno de La Patagonia, yo ve√≠a a mi socio, a mi amigo, a mi compa√Īero, a mi hermano del alma, cargar sus c√°maras metiendo sus manos en una bolsa negra, para tomar del tambor de pel√≠cula el material con que dejar√≠a testimonio de la vida dura de las gentes del Sur del Mundo. Y esa imagen me dice que esto no quedar√° as√≠, que LE MONDE tendr√° que dar una respuesta y disculpa convincentes, porque 27 a√Īos de trabajo, porque el archivo de una parte importante de la historia contempor√°nea no puede ser arrojado, sin m√°s, a la basura.

Luis Sep√ļlveda

 

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Hace unos d√≠as acud√≠ a refugiarme, cansado de libretas, l√°pices y ordenadores, al oceanario de Lisboa. A veces me sosiega entrar ah√≠, me ayuda a pensar. Me encanta introducirme en su fresca penumbra donde la luz proviene del inmenso tanque central reputado como el m√°s grande de Europa y, despu√©s de recorrerlo un rato, sentarme a meditar en alg√ļn recoveco donde impere la quietud y el silencio. Me siento bien acompa√Īado junto a los versos de Sof√≠a de Mello intercalados a trechos en los amplios corredores que miran al colosal y redondo acuario. Un oc√©ano diminuto al que hay que contornar varias veces desde distintos niveles para apreciarlo por entero.ASyPezLuna.jpg picture by antoniosarabia¬†Se dir√≠a que la placidez y la calma se proyectan hacia nosotros desde la dilatada pecera donde se desplazan con desmayada lentitud numerosos bancos de peces, de distintos tama√Īos, formas y colores. Yo me dejo seducir por la paz de sus serenos movimientos. Sigo con la vista la gran variedad de tiburones y las enormes mantarrayas aleteando mansamente hacia ninguna parte. Todos flotan leves en esa et√©rea transparencia en la que la gravedad parece perder toda importancia. Lee el resto de esta entrada »

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Daniel3.jpg picture by antoniosarabia“Fot√≥grafo entre escritores” es el t√≠tulo de la exposici√≥n con la que la Casa de Am√©rica celebra y rinde homenaje a los treinta a√Īos de trabajos del fot√≥grafo argentino Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960). Abierta al p√ļblico del 17 de julio al 30 de septiembre en Paseo de Recoletos 2, Madrid 28001, Espa√Īa, la muestra re√ļne una amplia, singular y soberbia, colecci√≥n de retratos de los m√°s notables autores de la lengua espa√Īola.
Nosotros queremos unirnos al acto dedicando a Daniel un par de entradas que ilustraremos con algunas de las fotos que se están exponiendo en Madrid. Para introducir la primera he seleccionado varios fragmentos del hermoso texto con el que Rosa Montero participa en el catálogo de la exposición. La segunda lleva como prólogo el final de un capítulo de El Refugio del Fuego, el libro de viajes que narra mis dos expediciones con Mordzinski a las laderas del Volcán de Colima, en Jalisco, México, en una de las cuales Daniel me contó una anécdota de infancia en la que tal vez esté el germen de su vocación de fotógrafo.
Comencemos con La huella transparente de las palabras, las l√ļcidas consideraciones de Rosa Montero al contemplar las fotos:
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Daniel2.jpg picture by antoniosarabia“Ah√≠, entre una copa y otra, me cont√≥ Mordzinski un episodio de su infancia, del cual nunca me hab√≠a hablado antes, en el que tal vez est√© impl√≠cito el germen de su vocaci√≥n de fot√≥grafo. Ocurri√≥ en su nativa Buenos Aires cuando ten√≠a unos seis a√Īos de edad. Su padre le hab√≠a llevado a un espect√°culo para ni√Īos y, en la funci√≥n, se sorteaba una camarita fotogr√°fica. Una de esas instamatic de pl√°stico, sin controles de luz, ni de velocidad, ni de distancia, de las que ahora regalan con la suscripci√≥n al peri√≥dico, en las que no hay mas que mirar por el objetivo y oprimir el obturador, pero que a √©l le pareci√≥ magn√≠fica. Despu√©s de un breve pre√°mbulo en el que el presentador quiso, sin mucho √©xito, ganarse la voluntad del auditorio, dio comienzo a la rifa y el hombre extrajo sin tardanza el n√ļmero premiado: el catorce, anunci√≥ de viva voz. Mordzinski ni√Īo brinc√≥ en el asiento. Recordaba a la perfecci√≥n su n√ļmero, todav√≠a lo recuerda ahora: el catorce. Se lo requiri√≥ a su padre urgi√©ndolo con una emoci√≥n contenida, llena de infantiles expectativas, nosotros tenemos el catorce, pap√°, d√°melo, le dijo, y el padre empez√≥ a registrarse los bolsillos. Al cabo de un instante que al cr√≠o pareci√≥ eterno encontr√≥ un boleto √ļnico: el trece. Ese es uno, le reclam√≥ su hijo, pero tenemos dos, el otro es el catorce, yo lo vi, d√≥nde lo pusiste, b√ļscalo. El padre volvi√≥ a hurgar in√ļtilmente entre sus ropas, no sab√≠a d√≥nde estaba el otro boleto, s√≥lo ten√≠a ese. El ni√Īo se puso en pie mostr√°ndolo desesperado, era el trece, cierto, pero era tambi√©n la prueba irrefutable de que ellos tambi√©n pose√≠an el catorce aunque su pap√° no lo hallara, por eso nadie m√°s reclamaba el regalo. El catorce era de ellos pero lo hab√≠an extraviado. El animador, un hijo de puta seg√ļn lo recuerda mi amigo, ignor√≥ la suprema l√≥gica de aquel mocoso que para entonces estaba al borde de las l√°grimas. Si nadie ten√≠a el catorce habr√≠a que sacar otro n√ļmero, dijo. No, no, suplic√≥ Mordzinski ni√Īo, por favor, el catorce era suyo y por lo tanto el premio, la camarita de mierda que √©l ve√≠a entonces como un tesoro que se le iba de entre las manos, le pertenec√≠a tambi√©n. Lee el resto de esta entrada »

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ondjaki1.jpg picture by antoniosarabiaEs muy dif√≠cil describir a¬†mi amigo Ondjaki (Luanda, 1977). Ha ganado varios premios literarios, como el Antonio Paulouro en Portugal y el Sagrada Esperan√ßa en Angola por su libro de relatos Y Si Ma√Īana el Miedo.¬†Por otro libro de cuentos, Los de mi Calle, recibi√≥ en el 2007 el Camilo Castelo Branco, de la Asociaci√≥n Portuguesa de Escritores. Como poeta obtuvo una menci√≥n honor√≠fica en el certamen Antonio Jacinto, de Angola, por su poemario Acto Sangu√≠neo. Sus novelas Buenos D√≠as Camaradas y Cu√°ntas Madrugadas tiene la Noche han sido traducidas a un pu√Īado de idiomas, pero Onjaki no se conforma con ser narrador y poeta. Es tambi√©n un viajero incansable, un fot√≥grafo fuera de lo com√ļn y, cuando le apetece, hace cine, escribe cine e incluso act√ļa en √©l. Hoy quisi√©ramos presentarlo en su faceta de infatigable viajero y promotor de su tierra natal. Para eso les presentamos un ramillete de im√°genes que, bajo el t√≠tulo de Angola, √Āmala o D√©jala en Paz, nos acaba de enviar por correo desde su amada √Āfrica.

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Mi amistad con el gran fot√≥grafo argentino afincado en Par√≠s Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) data de hace casi quince a√Īos y nos hemos acompa√Īado por tantos rincones de √©ste y de aquel lado del Atl√°ntico que su est√©ril recuento desafiar√≠a nuestra memoria conjunta. Esa larga complicidad nos llev√≥ a plasmar en un libro com√ļn, El Refugio del Fuego, nuestras correr√≠as por la ladera del volc√°n de Colima, en M√©xico, a fines de los a√Īos noventas y principios del 2000.
Daniel se ha forjado una brillante carrera como fot√≥grafo profesional. Adem√°s de colaborar en los m√°s importantes peri√≥dicos y semanarios europeos, lleva una docena de libros publicados y las exposiciones de su trabajos se han venido realizando, cito de memoria s√≥lo de las que me he enterado, en distintas ciudades de M√©xico, Colombia, Argentina, Portugal, Espa√Īa, Francia y Rusia.
Dado que este es un blog literario, Daniel ha tenido la bondad de corresponder a mi invitación enviándonos las fotos de algunos de sus poetas preferidos.

Comenzamos con una espectacular e in√©dita de quien alguna vez asegur√≥ que ‚Äúcitar es citarse‚ÄĚ, Jorge Luis Borges (‚ÄúEl hoy fugaz es leve y es eterno / otro cielo no busques / ni otro infierno‚ÄĚ). Tal vez al enfrentar rodeado de autores la lente de su joven paisano, el poeta razonara que, si citar es citarse, fotografiar debe por fuerza ser fotografiarse.

Porque Mordzinski capta en aquellos que retrata algo muy hondo de s√≠ mismo. Como si su c√°mara accionara un mecanismo de diapasones que hicieran vibrar al mismo tiempo y en la misma frecuencia a las personas en ambos lados del objetivo. Es √©l entonces, Mordzinski, quien se recarga al ropero atestado de libros de Olga Orozco (‚Äúcomo aquellas que saben que la vida es ausencia amordazada, / y el silencio una boca cosida que simula olvido‚ÄĚ).

Es √©l quien busca en el mapa los verdes tigres del mar y no William Ospina (‚Äúnadie sino yo los ha visto. A nadie he contado que existen. / Volver√≠an a decir que estoy loco, que mi madre muri√≥ en un asilo, / que mi padre era un borracho sin remedio‚ÄĚ).

Y nos observa a trav√©s de la ventana por donde asoma Roberto Juarroz (‚Äúdebemos conseguir que el texto que leemos / nos lea. / Debemos conseguir que la m√ļsica que escuchamos / nos oiga. / Debemos conseguir que aquello que amamos / parezca por lo menos amarnos‚ÄĚ).

√Čl se esconde tras el hermoso y pensativo perfil de Lauren Mendinueta (‚Äú¬Ņc√≥mo interpretar las se√Īales / si los clavos son tan de este mundo?‚ÄĚ).

Es suya esa sonrisa entre ir√≥nica y tierna que apenas curva los labios de Carmen Y√°√Īez (‚Äúas√≠ comenz√≥ la escritura el mudo. / Llov√≠a a c√°ntaros. / De la tierra surgieron los seres / y hablaban por √©l‚ÄĚ).

Contempla al ni√Īo sentado en la pelota con los ojos de Mario Benedetti (‚Äúte dejo frente al mar / descifr√°ndote sola / sin mi pregunta a ciegas / sin mi respuesta rota‚ÄĚ)

y nos mira recostado en el sof√° donde yace Gonzalo Rojas (‚Äú¬Ņqu√© se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte?‚ÄĚ).

Es el propio rostro de Daniel el que se refleja ante el espejo al que se mira Chantal Maillard (‚Äúdoy un paso y despierto al agua / a punto de ser agua, / se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto / de ser negra‚Ķ‚ÄĚ)

y, en esa playa de Saint Mal√≥, son √©l y Maqrol el gaviero quienes comparten la apariencia de √Ālvaro Mutis (‚Äúa la vuelta de la esquina / te seguir√° esperando / ese que nunca fuiste, ese que se muri√≥ / de tanto ser t√ļ mismo lo que eres‚ÄĚ).

Es otra vez Daniel Mordzinski quien acompa√Īa los pasos de la ni√Īa por la escalinata y no Blanca Varela (‚Äúdigamos que ganaste la carrera / y que el premio / era otra carrera‚ÄĚ)

y podemos ver su sombra recortada a contraluz en el balc√≥n de Antonio Gamoneda (‚Äúllevo colgados de mi coraz√≥n / los ojos de una perra y, m√°s abajo / una carta de madre campesina‚ÄĚ).

Es de nuevo √©l, en M√©xico, de pie en esa esquina de la colonia Condesa donde vive el flamante ganador del premio Cervantes, Juan Gelman (‚Äúa este oficio me obligan los dolores ajenos, / las l√°grimas, los pa√Īuelos saludadores, / las promesas en medio del oto√Īo o del fuego‚ÄĚ),

y observa hacia una alta ventana medio oculta tras el follaje en lugar de Dar√≠o Jaramillo (‚Äúese otro que tambi√©n me habita / acaso propietario, invasor quiz√°s o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos‚ÄĚ).

¬ŅPero no es ah√≠ donde reside el arte: en expresar mejor la humanidad de otros expresando al mismo tiempo la parte m√°s humana y mejor de nosotros mismos? Y ese claroscuro per√≠metro, en el que Mordzinski se mimetisa y hasta podr√≠a intercambiarse con cada uno de sus sujetos es la prueba definitiva de su talento y universalidad como artista.

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